miércoles, junio 03, 2015

Raúl González Tuñón / La locura blanca










Hasta esos hombres lívidos, en las cámaras del fuselaje
o el óvalo perfecto, aceitado y flamante
de los alevosos submarinos,
o medio enterrados en el lodo de la trinchera temerosa
o el hoyo desconfiado, abierto por obuses,
o aquellos que anduvieron con Jim Morrison, de Illinois,
o los que vieron
el resplandor fugaz del hacha de Larsen, el Negro, que era blanco,
podrían comprender todo lo que hay de trágico
bajo la noche, en ese entierro,
entre la nieve del Gran Silencio Blanco.

Acosados por una locura que no es la vulgar,
ni la locura roja de la guerra,
ni la locura verde de la selva.
Por la locura blanca.
Locura de espejismo, de la Fata Morgana de las nieves eternas,
y del iceberg errante
y de los precipicios permanentes
y de los ventisqueros palpitantes.
Locura de sentirse alejados del mundo,
y hasta fuera del mundo y del recuerdo.
En medio del silencio que después de los siglos florecía
en la voz y en los gestos humanos. En la angustia.

Fue en la hora del entierro de un desventurado.
Murió aplastado por el hielo implacable,
al desprenderse de pronto la barquilla
(como de pronto se desprende y cae un sueño)
del aerostato poderoso
que el noble comandante Nóbile comandaba,
y en la misión piadosa y fraternal
había ido al país de la nieve, lejano,
y libre, y silencioso.

Habían apartado los escombros,
de la barquilla destrozada,
y los bloques del hielo, y de la sombra.
Y Vicenzo Pamella allí estaba tendido.
Un joven rubio y fuerte.
Con sus ojos cegados por la locura blanca.
Arrebatado por la blanca muerte.
Sus mismos camaradas la cavaron la fosa.
Era en el mismo corazón del Polo.
Y lo enterraron.
Y de la audacia y la pasión y el sacrificio hablaron.
Luego al volver los ojos al horizonte pálido,
fue como si miraran hacia adentro;
habíanse olvidado de mirar hacia afuera.

Estaban allí rígidos; estaban blancos, blancos,
en medio de la gran locura blanca
del Gran Silencio Blanco.

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), "A la sombra de otras latitudes", A la sombra de los barrios amados, Editorial Lautaro,  Buenos Aires, 1957



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