viernes, septiembre 09, 2022

Eiléan Ní Chuilleanáin / El segundo viaje



Odiseo se apoyó en su remo y observó
la frente rugosa de las olas,
como saurios, despedazando el pasado; hundió 1
el remo entre sus fauces y escudriñó el mar revuelto
donde garabatos de algas indicaban
una imprecisa profundidad, y los escasos peces avanzaban
en fatal formación, y pensó
                                               si hubiera una simple
traza de decencia en estas olas, estarían amansadas,
holladas y marcadas con los golpes que han tenido,
y podríamos nombrarlas como Adán nombró a las bestias,
saludando una nueva con temor, o una notable
con admiración; nos mirarían pasar
y nuestro naufragio sería su regocijo; pero éstas
tienen menos orgullo que las ovejas y exigen más paciencia.

Yo sé lo que haré, dijo,
anclaré en el seno de un largo muelle
(y te llevaré conmigo, le dijo al remo),
iré hacia la tierra que se alza, lejos
de la costa, remontando los ríos
donde las garzas parcelan las millas de la corriente,
por las quebradas en las colinas, por cálidos
valles silenciosos, y cuando encuentre un labriego
que se atreva a mirarme a los ojos como diciendo
"¿adónde vas con esa largo abanico al hombro?"
me detendré y te plantaré igual que a un poste o una estaca
y te dejaré como jalón. Entonces podré volver
y organizar mi casa.
                                             Pero los hondos 
valles abiertos del océano lo sitiaban todavía.
Sólo el remo los mantenía a distancia
mientras el mar crepitaba bajo la borda.
Pensó en nenúfares, y en fuentes
salpicando alrededor, como los sauces, en plazas vacías,
el bastoncillo de agua que golpetea al llenar la pava,
bajíos recortando los juncos por la mitad. Recordó
los sapos y las arañas manteniendo su casa a orillas del camino,
chorrillos marrones sobre un lecho de barro,
el abrevadero, el albañal, los pálidos cisnes del atardecer:
su rostro se humedeció con lágrimas que sabían
como su propio sudor o las ofensas del mar.

[The Second Voyage, 1977]

Eiléan Ní Chuilleanáin (Cork, Irlanda, 1942), Poesía irlandesa contemporánea, traducción y notas de Jorge Fondebrider y Gerardo Gambolini, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999

1 Una traducción más fiel del tercer verso ("crocodiling and mincing past...") podría ser: "cuarteando y despedazando el pasado". Pero en castellano "cuartear" -o sinónimos- desvirtúa el juego de imágenes que permite el equivalente inglés "crocodile", presentes en "la frente rugosa de las olas" (como imagen del mare), en el verbo "despedazar" y en la mención de "fauces". De allí su omisión y la licencia del agregado "como saurios". [Nota del traductor]



The Second Voyage

Odysseus rested on his oar and saw
The ruffled foreheads of the waves
Crocodiling and mincing past: he rammed
The oar between their jaws and looked down
In the simmering sea where scribbles of weed defined
Uncertain depth, and the slim fishes progressed
In fatal formation, and thought
                                                       If there was a single
Streak of decency in these waves now, they’d be ridged
Pocked and dented with the battering they’ve had,
And we could name them as Adam named the beasts,
Saluting a new one with dismay, or a notorious one
With admiration; they’d notice us passing
And rejoice at our shipwreck, but these
Have less character than sheep and need more patience.

I know what I’ll do he said;
I’ll park my ship in the crook of a long pier
(and I’ll take you with me he said to the oar)
I’ll face the rising ground and walk away
From tidal waters, up riverbeds
Where herons parcel out the miles of stream,
Over gaps in the hills, through warm
Silent valleys, and when I meet a farmer
Bold enough to look me in the eye
With ‘where are you off to with that long
Winnowing fan over your shoulder?’
There I will stand still
And I’ll plant you for a gatepost or a hitching-post
And leave you as a tidemark. I can go back
And organize my house then.
                                          But the profound
Unfenced valleys of the ocean still held him;
He had only the oar to make them keep their distance;
The sea was still frying under the ship’s side.
He considered the water-lilies, and thought about fountains
Spraying as wide as willows in empty squares,
The sugarstick of water clattering into the kettle,
The flat lakes bisecting the rushes. He remembered spiders and frogs
Housekeeping at the roadside in brown trickles floored with mud,
Horsetroughs, the black canal, pale swans at dark:
His face grew damp with tears that tasted
Like his own sweat or the insults of the sea.

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