sábado, julio 09, 2016

Nichita Stănescu / La tentación de lo real









Jamás me enfadé jamás con las manzanas
porque fueran manzanas, ni con las hojas porque fueran hojas,
ni con la sombra porque fuera sombra, ni con los pájaros
porque fueran pájaros.
Pero manzanas, hojas, sombras, pájaros
se enfadaron de pronto conmigo.
Heme conducido ante el tribunal de las hojas,
ante el tribunal de las sombras, de las manzanas, de los pájaros, tribunales redondos,
/tribunales aéreos,
tribunales tenues, refrescantes.
Heme condenado por el no saber,
por el tedio, por la intranquilidad,
por la inmovilidad.
Sentencias redactadas en el idioma de las pepitas.
Actas de acusación selladas
con vísceras de pájaro,
refrescantes penitencias grises decididas para mí.
Estoy de pie, con la cabeza descubierta,
trato de descifrar lo que se merece
mi ignorancia…
y no puedo, no puedo descifrar
nada,
y este estado de espíritu, él mismo
se enfada conmigo
y me condena, indescifrable,
a una perpetua espera,
a una concentración de los significados en sí mismos,
hasta que adopte la forma de las manzanas, de las hojas,
de las sombras,
de los pájaros.

Nichita Stănescu (Ploiesti, Rumania, 1933-Bucarest, 1983), Once elegías, la última cena, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2000
 Trad. de Ioana Zlotescu y José María Bermejo
Envío de Jonio González




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