martes, noviembre 18, 2014

Giovanni Giudici / De "Il ristorante dei morti", 2









El restaurante de los muertos

Miremos mínimamente a los otros.
Transitorio, Helvetius está de vuelta.
Tal vez no fue tan justo, un malentendido
Fuera llamado pro bono - o era
Yo el tonto en creer
Que es una especie de mago.
Temo que ni a él las cuentas le den.

Veámonos - y al punto
el restaurante a medio camino fue acordado.
Estuve allí -agrego- hace exactamente veintiún
Años con don Lorenzo Milani
La única vez que lo visité.
Y también Noventa -creo
Que vivía a dos pasos.

Nombro los nombres -
Cuánta historia me pasó por encima
A mí que soy un privado.
De uno con quien te encuentras puedes llegar a entender
Quién es -no en quién está por cambiar.
Pero si el poeta habló
Al futuro y al pasado, don Lorenzo
Que traía con él esa noche
La turbulenta escuadra
De los escolares de Barbiana - no,
Era todo presente, usaba a menudo
La vieja palabra "pueblo", alto hombre
Que tomaba al pie de la letra
Incluso la palabra "justicia".

Los muchachos que dieron vueltas
Por fábricas y despachos demandando al Rector
Por qué aquel hombre del rascacielos
Todo el día mandaba arriba y abajo el ascensor
Fueron llevados a la cama - y nosotros
Paseábamos por los márgenes del Parque
Bajo la suave lluvia.

De los proyectos futuros me puso al tanto -
Demostrar que la propiedad privada
De la cual goteamos
Era de los Padres de la Iglesia condenada.
Qué importancia tiene -
Repuse yo que en ese tiempo
Era todo teórica austeridad.

Miremos mínimamente a los de afuera, Helvetius -
Tú, explorador y científico del adentro.
Ríe -me has convocado al restaurante de los muertos.
Con tu relámpago de hielo azul rubio en el teléfono.
Cuánto de historia se comunica empero
Con nuestros indefensos recuerdos -
Pasó incluso Amelia, volaba como una túnica.


Giovanni Giudici (Le Grazie, Liguria, 1924-La Spezia, Liguria, 2011), Il ristorante dei morti, Mondadori, Milán, 1981


Il ristorante dei morti

Guardiamo un minimo agli altri.
Transitorio Helvetius si riaccosta.
Forse fu meno che giusto, un malinteso
Sia detto pro bono - o ero
Io lo sciocco a pensare
Che è una specie di mago.
Temo neppure a lui i conti tornino.

Vediamoci - e in breve
Il ristorante a mezza via è combinato.
Vi fui - soggiungo - fa essattamente ventuno
Anni con don Lorenzo Milani
La sola volta che lo avevo frequentato.
E poi Noventa - credo
Che lì a due passi abitava.

Nomino i nomi -
Quanto di storia è transitato addosso
A me che sono un privato.
Uno che incontri puoi anche capirlo
Chi è - non quel che è per diventare.
Ma se il poeta parlò
Al futuro e al passato, don Lorenzo
Che aveva con sé quella sera
La turbolenta schiera
Degli scolari di Barbiana - no
Era tutto al presente, usava spesso
La vecchia parola "popolo", uno alto
Che prendeva alla lettera
Persino la parola "giustizia".

I ragazi che avevano girato
Fabbriche e uffici, domandando al Rettore
Perché quell'uomo del grattacielo
Tuto il giorno a mandare su e giù l 'ascensore
Furoni messi a letto - e noi
Passeggiavamo proprio ai margini del Parco
Sotto la picola pioggia.

Dei progetti futuri mi ragguagliò -
Dimostrare che la proprietà privata
Della quale grondiamo
Era dai Padri della Chiesa condannata.
Quale importanza ha -
Risposi io che in quel tempo
Era tutto teorica austerità.

Guardiamo un minimo al di fuori, Helvetius -
Tu esploratore e scienziato del dentro.
Ridi - mi hai convocato al ristorante dei morti.
Con un tuo lampo di ghiaccio biondonlù nel telefono.
Quanto di storia però si comunica
Ai nostri indifesi ricordi -
Passò anche Amelia, volaba come una tunica.

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