viernes, febrero 01, 2013

Ted Kooser / Tres poemas




Después de años

Hoy, desde lejos, te vi
alejarte, y sin un sonido
la resplandeciente cara de un glaciar
se hundió en el mar. Un viejo roble
cayó en las Cumberlands, levantando apenas
un puñado de hojas, y una anciana
que esparcía maíz para sus gallinas levantó la mirada
por un instante. En el extremo opuesto
de la galaxia, una estrella treinta y cinco veces
mayor que nuestro sol explotó
y se desvaneció, dejando una pequeña mancha verde
en la retina del astrónomo
como si éste estuviera de pie en la gran cúpula abierta
de mi corazón sin nadie a quien contárselo.


En enero

Sólo una celda en la helada colmena de la noche
está iluminada, o eso nos parece:
este café vietnamita, con su luz grasienta,
sus olores, cuyas vistosas formas son como flores.
Riendo y hablando, el tictac de los palillos.
Más allá del cristal, la ciudad invernal
cruje como un viejo puente de madera.
Un gran viento sopla debajo de todos nosotros.
Cuanto más grande la ventana, más tiembla.


Un feliz cumpleaños

Esta tarde me senté junto a una ventana abierta
y leí hasta que la luz se hubo ido y el libro
no era más que una parte de la oscuridad.
Podría fácilmente haber encendido la lámpara,
pero quería cabalgar este día hasta la noche,
sentarme solo y acariciar la ilegible página
con el pálido y gris fantasma de mi mano.

Ted Kooser (Ames, Iowa, 1939), "Después de años" y "En enero" integran Fying at Night: Poems 1965-1985, University of Pittsburg Press, Pittsburg, 1980; "Un feliz cumpleaños", Delights and Shadows, Cooper Canyon Press, Port Townsend, Washington, 2004
Versiones de Jonio González


After Years 

Today, from a distance, I saw you
walking away, and without a sound
the glittering face of a glacier
slid into the sea. An ancient oak
fell in the Cumberlands, holding only
a handful of leaves, and an old woman
scattering corn to her chickens looked up
for an instant. At the other side
of the galaxy, a star thirty-five times
the size of our own sun exploded
and vanished, leaving a small green spot
on the astronomer's retina
as he stood on the great open dome
of my heart with no one to tell. 


In January 

Only one cell in the frozen hive of night
is lit, or so it seems to us:
this Vietnamese café, with its oily light,
its odors whose colorful shapes are like flowers.
Laughter and talking, the tick of chopsticks.
Beyond the glass, the wintry city
creaks like an ancient wooden bridge.
A great wind rushes under all of us.
The bigger the window, the more it trembles.


A Happy Birthday

This evening, I sat by an open window
and read till the light was gone and the book
was no more than a part of the darkness. 
I could easily have switched on a lamp, 
but I wanted to ride this day down into night,
to sit alone and smooth the unreadable page 
with the pale gray ghost of my hand.


Foto: Ted Kooser en University of Nebraska-Lincoln

1 comentario:

  1. Qué bueno...! En un instante de la tierra ocurren cataclismos estelares también en un instante. Una mancha, el relato también desaparece: No hay a quien contar el acontecimiento.

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