viernes, octubre 21, 2011

Cesare Pavese / Retrato de autor




Retrato de autor

(a Leone) *

La ventana que mira el empedrado se ahonda,
siempre vacía. El azul del verano sobre la cabeza
parece en cambio más firme y despunta ahí una nube.
Aquí no despunta nadie. Y estamos sentados en el suelo.

El colega -que huele mal-, sentado conmigo
sobre la vía pública, sin mover el cuerpo
se sacó los pantalones. Yo me saco la camiseta.
Sobre la piedra está frío, y el colega disfruta
más que yo, que lo miro, y no pasa nadie.
La ventana, de pronto, contiene una mujer
de color claro. Tal vez sintió el mal olor
y nos mira. El colega está ya de pie y observa.
Tiene una barba, el colega, desde la cara a las piernas,
que le excusa estar sin pantalones y brota entre los agujeros
de la camiseta. Es una barba que se basta sola.
El colega ha saltado por esa ventana
dentro de la oscuridad, y la mujer desapareció. Se me van los ojos
a la franja de cielo, bien sólido, desnudo también.

Yo no huelo mal porque no tengo barba. Me hiela, la piedra,
esta espalda mía desnuda, que les gusta a las mujeres
porque es lisa: ¿qué cosa no les gusta a las mujeres?
Pero no pasan mujeres. Pasa, en cambio, una perra
seguida de un perro que seguro se mojó con la lluvia,
porque huele muy mal. La nube sola, en el cielo,
mira inmóvil: parece un montón de hojas.
El colega ha encontrado la cena esta vez.
Tratan bien, las mujeres, a quien está desnudo. Aparece
finalmente en la esquina un muchachito que fuma.
Tiene las piernas de anguila también, la cabeza rizada,
piel dura: las mujeres querrán desvestirlo
un buen día y olfatear si tiene buen olor.
Cuando llega, extiendo un pie. Se va al suelo
y le pido un pucho. Fumamos en silencio.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

* Leone Ginzburg (1909-1944), cofundador de la editorial Einaudi. Esposo de la escritora Natalia Ginzburg y padre del historiador Carlo Ginzburg. Murió tras ser torturado por la Gestapo en la prisión Regina Coeli, de Roma.

Ritratto d'autore


(a Leone)



La finestra che guarda il selciato sprofonda
sempre vuota. L'azzurro d'estate, sul capo,
pare invece più fermo e vi spunta una nuvola.
Qui non spunta nessuno. E noi siamo seduti per terra.


Il collega - che puzza - seduto con me
sulla pubblica strada, senza muovere il corpo
s'è levato i calzoni. Io mi levo la maglia.
Sulla pietra fa un gelo e il collega lo gode
più di me che lo guardo, ma non passa nessuno.
La finestra di botto contiene una donna
color chiaro. Magari ha sentito quel puzzo
e ci guarda. Il collega è già in piedi che fissa.
Ha una barba, il collega, dalle gambe alla faccia,
che gli scusa i calzoni e germoglia tra i buchi
della maglia. E' una barba che basta da sola.
Il collega è saltato per quella finestra,
dentro il buio, e la donna è scomparsa. Mi scappano gli occhi
alla striscia del cielo bel solido, nudo anche lui.


Io non puzzo perchè non ho barba. Mi gela, la pietra,
questa mia schiena nuda che piace alle donne
perchè  è liscia: che cosa non piace alle donne?
Ma non passano donne. Passa invece la cagna
inseguita da un cane che ha preso la pioggia
tanto puzza. La nuvola liscia, nel cielo,
guarda immobile: pare un ammasso di foglie.
Il collega ha trovato la cena stavolta.
Trattan bene, le donne, chi è nudo. Compare
finalmente alla svolta un gorbetta che fuma.
Ha le gambe d'anguilla anche lui, testa riccia,
pelle dura: le donne vorranno spogliarlo
un bel giorno e annusare se puzza di buono.
Quando è qui, stendo un piede. Va subito in terra
e gli chiedo una cicca. Fumiamo in silenzio.


Ilustración: Beso, 1892, Henri de Toulouse-Lautrec

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