lunes, septiembre 20, 2010

Juan Rodolfo Wilcock / De "La parola morte", 1




23.

"Piensa, hombre civil, que eres el último
hombre que queda sobre la tierra y piensa:
todos los diamantes se han vuelto piedras,
eres el rey de América y de Rusia,
con las esterlinas te puedes limpiar el culo,
¿pero por quién deberías ahora limpiártelo?
¿por un escrúpulo hacia los gusanos?
Y como el falo busca la vulva ausente,
tu lengua va en busca de una oreja,
te pones la máscara de oro de Agamenón
y te miras al espejo, pero no te habla,
buscas la Esfinge, pero no te interroga,
lees los diarios viejos para reencontrar
la voz imunda de la raza desaparecida,
avara, hipócrita, asesina y ladrona,
pero que al menos te hablaba, no como ahora,
te mentía, te odiaba, te escarnecía,
pero te hablaba, y a veces, te escuchaba,
extrañas al juez, al esbirro, al verdugo,
que te reflejaban con la máscara,
pero aquellos labios de oro te hablaban,
no como las riquezas de la tierra
que sin las palabras son polvo,
cenizas, andrajos, piedras, papel y metales.
Puedes hacer lo que quieras, quien está solo está muerto".

Pero aquel hombre civil que era el último
hombre que quedaba sobre la tierra, se puso
sobre la cara la máscara de Agamenón
y se tumbó en el sepulcro en Micenas
esperando que Alguien lo viese.


24.

Quien no se quema como un bonzo,
no por eso se salva de las llamas,
cintas de fuego lo envuelven cada día,
deberes y deshonras lo rocían de nafta,
y en sus sueños galopa como un diablo
azotado por otros diablos que repiten
"dos veces siete liras son seis liras"
"una señora no se rasca el culo"
"el que tiene tres chanchos verdes sube la escalera",
girando con la piel agrietada,
lamido por liras en combustión,
abatido porque tiene un solo chancho verde,
hasta que se le encienden los cabellos
y cae envuelto en lenguas de fuego,
para rodar buscando apagarlo
y hacer durar lo que el bonzo hace rápido.


Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "La parola morte", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
Versiones: Jorge Aulicino

23.
"Pensa, uomo civile, che sei l'ultimo / uomo rimasto sulla terra e pensa: / tutti i diamanti sono tornati sassi, / sei il re dell'America e della Russia, / con le sterline puoi pulirte il culo / ma per chi mai dovresti ormai puliterlo, / per uno scrupolo verso i vermi? / E come il fallo cerca la vulva assente, / la tua lingua va in cerca di un orecchio, / metti la maschera d'oro di Agamennone / e ti guardi allo specchio, ma non ti parla, / cerchi la Sfinge, ma non ti fa domande, / leggi i giornali vecchi per ritrovare / la voce immonda della razza scomparsa, / avara, ipocrita, assasina e ladra, / ma almeno ti parlava, non come adesso, / ti mentiva, ti odiava, ti dileggiaba, / ma ti parlava e a volte ti ascoltava, / rimpiangi il giudice, lo sbirro, il boia, / che erano te specchiato con la maschera, / ma quelle labbra d'oro ti parlavano, / non come le ricchezze della terra / che senza le parole sono polvere, / ceneri, cenci, sassi, carte e metalli. / Poui fare quel che vuoi, chi è solo è morto". // Ma quell'uomo civile che era l'ultimo / uomo rimasto sulla terra si mise / sulla faccia la maschera di Agamennone / e si sdraiò nel sepolcro a Micene / sperando che Qualcuno lo vedesse.

24.
Chi non si fa bruciare come un bonzo, / non per questo si salva dalle fiamme, / nastri di fuoco lo avvolgono di giorno, / doveri e onte cosparsi di benzina, / e nei suoi sogni galoppa come un diavolo / frustrato da altri diavoli che ripeteno / "due volte sette lire sono sei lire" / "una signora non si gratta il culo" / "chi ha tre maiali verdi sale la scala", / girando con la pelle screpolata, / lambito dalle lire in combustione, / affranto perché ha un solo maiale verde, / finché non gli si incendiano i capelli / e cade avvolto nelle lingue di fuoco / a rotolarsi cercando di spegnerle, / per far durare quel che il bonzo fa subito.


Ilustración: La llamada "máscara de Agamenón", siglo XVI a.C., Museo de Arqueología de Atenas

1 comentario:

  1. ¡Qué poemas! Los había olvidado. Impresionantes. Je je, yo estuve en Micenas, pero ya no está la máscara de oro en el pórtico de entrada a la ciudad destruida. Leer estas cosas hacen renovar la confianza en el espíritu del hombre, y ¡sacan las ganas de escribir! VR

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