jueves, marzo 07, 2024

Jorge Fondebrider / Hans Schulz





Un día me llamaron.
Dijeron que te habían encontrado
tirado en el jardín, que ya no estás. Pero volvés,
frecuentemente pienso que volvés;
vale decir, estás siempre presente.
Destino muy curioso el de los muertos:
estar, pero no estar
vivir en la memoria de los vivos.

[inédito]

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956)


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Foto: Jorge Fondebrider, Salón del Libro de París, 2012

miércoles, marzo 06, 2024

Cesare Pavese / Revelación



El hombre solitario vuelve a ver al muchacho de magro
corazón absorto en escrutar a la mujer que ríe.
El muchacho alzaba la mirada hacia aquellos ojos,
cuyas rápidas miradas se estremecían, desnudas
y distintas. El muchacho recogía un secreto
en aquellos ojos, un secreto como el regazo escondido.

El hombre solitario oprime en el corazón el recuerdo.
Los ojos ignotos ardían como arde la carne,
vivos de una húmeda vida. La dulzura del regazo,
palpitante de cálida ansiedad, se traslucía
en aquellos ojos. Brotaba angustioso el secreto,
como una sangre. Cada cosa se volvía tremenda
en la luz tranquila de las plantas y del cielo.

El muchacho lloraba en la noche tranquila
raras lágrimas mudas, como si ya fuese hombre.
El hombre solitario encuentra bajo el cielo remoto
esa mirada contenida que la mujer pone
sobre el muchacho. Y ve aquellos ojos y aquel rostro
recomponerse tranquilos en una sonrisa habitual.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969; Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García, Del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino


Rivelazione

L'uomo solo rivede il ragazzo dal magro
cuore assorto a scrutare la donna ridente.
Il ragazzo levava lo sguardo a quegli occhi,
dove i rapidi sguardi trasalivano nudi
e diversi. Il ragazzo raccoglieva un segreto
in quegli occhi, un segreto come il grembo nascosto.

L'uomo solo si preme nel cuore il ricordo.
Gli occhi ignoti bruciavano como brucia la carne,
vivi d' umida vita. La dolcezza del grembo
palpitante di calda ansietà traspariva
in quegli occhi. Sbocciava angoscioso il segreto
come un sangue. Ogni cosa era fatta tremenda
nella luce tranquilla delle piante e il cielo.

Il ragazzo piangeva nella sera sommessa
rade lacrime mute, come fosse già uomo.
L'uomo solo ritrova sotto il cielo remoto
quello sguardo raccolto che la donna depone
sul ragazzo. E rivede quegli occhi e quel volto
ricomporsi sommessi al sorriso consueto.

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Foto: El perfil de Cesare Pavese en la ficha policial de su arresto y confinamiento en Calabria, 1935

martes, marzo 05, 2024

Eugenio Montale / De "Después de una fuga", 2



Estaban los abedules, numerosos, para esconder
el sanatorio donde una enferma
por demasiado amor a la vida, en vilo
entre todo y la nada, se aburría.
Cantaba un grillo perfectamente incluido
en el proyecto clínico,
junto con el cucú que ya habías oído
en Indonesia, a menor precio.
Estaban los abedules, una enfermera suiza,
tres o cuatro mentecatos en el patio,
sobre la mesita de luz un álbum de pájaros exóticos,
el teléfono y algunos chocolatines.
Y estaba yo, naturalmente, y otros
secantes que querían darte ese consuelo 
que podías repartirnos a montones,
si hubiésemos tenido ojos para verlo. Yo los tenía.

Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896 - Milán, Italia, 1981), "Satura",1971, Tutte le poesie, Mondadori, Milán 2004
Versión de Jorge Aulicino

La poesía de Eugenio Montale en Otra Iglesia Es Imposible



Dopo una fuga

C'erano le betulle, folte, per nascondere
il sanatorio dove una malata
per troppo amore della vita, in bilico
tra tutto e il nulla si annoiava.
Cantava un grillo perfettamente incluso
nella progettazione clinica
insieme col cucú da te già udito
in Indonesia a minore prezzo.
C'erano le betulle, un'infermiera svizzera,
tre o quattro mentecatti nel cortile,
sul tavolino un album di uccelli esotici,
il telefono e qualche cioccolatino.
E c'ero anch'io, naturalmente, e altri
seccatori per darti quel conforto
che tu potevi distribuirci a iosa
solo che avessimo gli occhi. Io li avevo.
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Foto: Eugenio Montale en su casa durante una entrevista, Milán, 1973 Giorgio Lotti / Mondadori / Getty Images

lunes, marzo 04, 2024

Georges Perec / Me acuerdo



(Fragmentos)

8. Me acuerdo de un inglés manco que le ganaba a todo el mundo al ping-pong en el Châteaux d'Oex.

36. Me acuerdo de que la ciudad de Argel se extiende entre la punta Pescade y el cabo Matifou.

47. Me acuerdo de las radios a galena.

48. Me acuerdo de que había comenzado una colección de cajitas de fósforos y de marquillas de cigarrillos.

86. Me acuerdo de que Alain Delon era empleado de fiambrería (¿o aprendiz de carnicero?) en Montrouge.

102. Me acuerdo de Xavier Cugat.

115. Me acuerdo de las terceras clases en los ferrocarriles.

117. Me acuerdo de que Jean Gabin, antes de la guerra, por contrato, tenía que morir al final de cada película.

148. Me acuerdo de que Fidel Castro era abogado.

174. Me acuerdo de mayo de 1968.

175. Me acuerdo de Biafra.

177. Me acuerdo de Yuri Gagarin.

179. Me acuerdo de que al día siguiente de la muerte de Gide, Mauriac recibió un telegrama: "Infierno no existe. Podés divertirte. Stop. Gide".

[Je me souviens,  1978]

Georges Perec (París, 1936 - Ivry, Francia, 1982), "Dossier / Georges Perec, instrucciones de uso", Diario de Poesía, n° 21, Buenos Aires, 1991-92
Traducción de Jorge Fondebrider

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Foto: Georges Perec y su gato Délo, c. 1978 Anne De Brunhoff/L'Express

domingo, marzo 03, 2024

Luis Hernández / De "Vox horrísona"




La majestad de los días pasados

La majestad de los días pasados
Presta al tiempo sus caminos
En la grava.
La majestad del aire
Dona a la luz
Su secreta magnificencia.
El fluir eterno de la Armonía
En la trampa conocida
De la luz
Cuando desciende en notas
En el Misterio del recuerdo,
Que jamás confundirás
Con la trama accesoria
De las cosas.

Sólo el crujir
De las ramas del árbol
Es ya el árbol,
El torrente, el vidrio
Y un amor. La majestad
De los días 
Ya pasados
No puede ocultarse
En el olvido.


Tres haikus

1
Otoño es una flor
Que se adormece
En la neblina
Otoño es una flor

2
El profundo valle
Poblado de pinos
Y misteriosas plantas

Reposa como una
Inimaginable esmeralda

En el Desierto

3
El farol del parque
Llena de líneas de luz
La noche dolorida
Entre el murmullo
De hojas y flores
El farol del parque.


La playa inexistente

Bajo la neblina
Encima de las rocas
Surge el mar

Azul. Bajo el sol
Entre los jardines
De las algas
Hay una claridad
Tan real

Que conduce
A la playa inexistente
Por un sendero
Arpeggiando

Para dar la imagen
De la nostalgia
Que comprende

Para llorar
El amor de la tierra
Es necesario: los cromáticos
Yates surcan el mar
De La Herradura

Surcan el mar azul prusia
de La Herradura

Nuevamente arpeggiando

Luis Hernández (Lima 1941 - Buenos Aires, 1977), Vox horrísona, 1970, 1978, 1983; "Vox Horrísona", Diario de Poesía n° 18, Buenos Aires, otoño de 1991. Selección de Daniel García Helder

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sábado, marzo 02, 2024

Santiago Sylvester / De "Tal vez llegue caminando"



(sobre el viaje inconcluso)

Si me cuesta dormir 
y si he aprendido a estar solo
es porque el viaje ha sido largo;
si a veces me desencuentro o trato de no estar
es porque el viaje ha sido largo.
No me quejo del frío en verano, del calor en invierno, 
ni de mis 37º de temperatura, que siendo idénticos ya no son los 
     mismos.

                       Cuando el viaje ha sido largo 
las verdades pasan como un bostezo de visita,
las historias viejas se repiten con actores nuevos;
lo que se ha ido quiere volver, y vuelve con recuerdos.
 
Con el viaje ya largo,
no me gustan el vino artesanal, la ostentación, las comidas de 
     mucha gente,
y en cambio me gusta la relectura: soy lector de detalles;
creo en la sintaxis, en las buenas maneras,
me aburren los milagros 
y estoy atento a los matices. 

                                  El viaje ha sido largo y su ganancia 
es la variedad: si se suman las partes
el resultado no es el mismo siempre.
Lo que en cambio no importa es el viaje concluido:
ya no varía, ya no tiene curiosidad


(la calle vacía)

Llegan risas, la arenga del predicador, la discusión en la taberna.
Los pasos son rápidos o lentos, pero no se sabe dónde están: 
hay huellas que esperan su momento, siempre a punto de  explicarse
y siempre sin explicación.

Las cosas 
tienen nombre para evitar la confusión, pero las palabras no
explican lo que dicen;
en alguna parte llueve
pero qué hacer con una lluvia que no moja;
alguien mira desde donde no hay nadie;
y si no se sabe quién habla ni quién contesta
es porque ignoramos demasiadas cosas.

La ciudad manda señales como un barco en apuro;
y yo voy tanteando la pared como un ciego,
rodeando el farol como la niebla,
pero todo lo que sucede
no sucede aquí.


(posible explicación de la tortuga)

Es un mapa que camina 
con el pasado escrito en su caparazón:
un territorio que se mueve;
                                                   trae noticias 
del que inventó el hacha, descubrió el fuego, el uso de los vientos:
mensajes anteriores a cualquier memoria.

                               Imperturbable y
con algo de ceremonia, como si fuese suyo todo lo que toca,
tiene la perseverancia del que camina sin mirar el horizonte: 
                               una pirca en movimiento
que atraviesa la historia del mundo, desde el caos originario, 
y llegará al futuro.

Con una lentitud que es enseñanza
medita sobre lo que no vemos 
y sigue caminando.


(mirando hacia fuera)

Ese pájaro que vuela contribuye al paisaje;
mira los cerros desde arriba, el cerco de tunas, 
los meandros del río que oigo desde aquí:
viaja entre dos árboles y sube con el viento;
                                                                 pero no sabe 
que yo escribo este poema en la cocina con vista a una morera:
no le interesa lo que hago ni quiere acompañarme.

Ningún resentimiento por esta falta de reciprocidad.

Santiago Sylvester (Salta, Argentina, 1942)

Tal vez llegue caminando
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2024









Santiago Sylvester en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Santiago Sylvester, Mendoza, 2013 Camila Toledo/El Desaguadero

viernes, marzo 01, 2024

Adalber Salas Hernández / (San John Coltrane en los infiernos)




Prefiere todas aquí, aunque haya pésima
acústica y apenas se escuche la respiración
rugosa del saxofón. Prefiere montarse en escena a pesar
del micrófono dañado, la mala ventilación, los tragos
sin hielo. Aquí, a tan solo quince minutos
de la eternidad, si no menos, entre yonquis
y las putas trasnochadas, entre los condenados por anfibios
o ambidiestros, por faltos de simetría, aquí, bien lejos,
de los coros celestiales, donde ya no queda espacio
para un ascenso más. Porque esta música solamente
puede subir, fue hecha con esas cosas que se derrumban
sin un crujido, sin pedir perdón. No separa la carne del día
de los huesos de la noche, no se sienta a la diestra
de nadie. Lluvia dura, viento de hojalata, cielo
inconcluso y terco, música que lleva en el costado
una herida que no sangra, luz que busca
hacerse polvo entre las manos.

Adalber Salas Hernández (Caracas, 1987), De ningún viaje se vuelve, Mantis Editores, Guadalajara, 2019
Envío de Darío Jaramillo Agudelo 
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jueves, febrero 29, 2024

W. B. Yeats / Cuando Helena vivía



Hemos gritado desesperados
que los hombres abandonan,
por algún asunto trivial
o una ruidosa e insolente diversión,
la belleza que hemos obtenido
de las horas amargas;
y aún así, si hubiésemos andado
entre aquellas torres desmochadas
por las que Helena caminó con su chico,
habríamos recibido como el resto
de los hombres y mujeres de Troya
una palabra y una burla.

William Butler Yeats (Dublín, 1865 - Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1939), "Responsabilidades" [1914], Poesía reunida, Pre-Textos, Valencia, 2010
Traducción de Antonio Rivero Taravillo

Más poemas de W. B. Yeats en Otra Iglesia Es Imposible


When Helen Lived

We have cried in our despair
That men desert,
For some trivial affair
Or noisy, insolent sport,
Beauty that we have won
From bitterest hours;
Yet we, had we walked within
Those topless towers
Where Helen waked with her boy,
Had given but as the rest
Of the men and women of Troy,
A word and a jest.

---

miércoles, febrero 28, 2024

Vicki Feaver / El hogar es aquí, ahora




El hogar es aquí, ahora
en esta mesa con su arañada
y rayada madera

donde estoy pelando
una naranja — el rocío
de la cáscara me provoca

escalofríos en la nariz,
y la brillante piel
cae en un largo bucle.

Es el momento de tranquilidad
al final del día:
ningún pájaro canta, nada de viento;

sólo el ritmo de mi respiración
y el lento desgarro de la capa blanca
separándose de la pulpa.

Vicki Feaver (Nottingham, Inglaterra, 1943), I Want! I Want!, Jonathan Cape, Londres, 2019
Versión de Jonio González


HOME IS HERE, NOW

Home is here now
at this table with its gouged
and scratched wood

where I’m peeling
an orange – the spray
from the zest sending

shivers up my nose,
and the bright rind
falling in a long curl.

It’s the quiet time
at the end of the day:
no bird song, no wind;

just my in-and-out breaths
and the faint tearing of pith
parting from flesh.

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martes, febrero 27, 2024

César Bisso /de "Andares"



Estado de ánimo

Ah la lluvia de marzo…

Borra nombres, huellas,
rememora calendarios,
exalta viejas dolencias.
Guarnece a los cobardes. 

Esta lluvia sin tiempo
debilita la pira,
apacigua tempestades,
desala el fondo del mar,
inmola dioses y relatos.

Vivifica la historia 
mientras mece la cuna
de la infamia.

Lava hojas, cadáveres…


El viaje

El duende se desliza por las escaleras del morro
bajo el sordo desamparo de la noche.
De pronto encuentra la estación de autobuses
y rodeado de murciélagos aguarda la hora
cuando la lluvia vomita sobre la tierra.
Antes, lo vieron vaciar bolsos malolientes
en busca de un poema extraviado, alguna vez,
entre la ropa pegajosa de los pobres.
Aquí no hay nada -le dicen- sólo dolor disperso
en alcantarillas. ¿Sólo dolor? pregunta, moroso de frío.
¿Y cómo regreso a casa? ¿Cuál es la boletería?
El autobús, a punto de partir al país más profundo,
demora la marcha hasta que leven sus pequeños pasos.
Llega a sentarse en la última fila, donde el mar
ya no escucha a las gaviotas
y la tierra se transforma en un cielo azul, inefable.                             

                                                           a Ledo Ivo

César Bisso (Coronda, Argentina, 1952)

Andares
,
Ediciones La Yunta,
Buenos Aires, 2023









Más poemas de César Bisso en Otra Iglesia Es Imposible

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lunes, febrero 26, 2024

Eduardo Chirinos / Puerta de Atocha-Estación de los Desamparados

             
       Váca mi estómago, váca mi yeyuno
                                       César Vallejo

1

Paradojas del movimiento. En el interior del tren
el paisaje se percibe desde la quietud. Todo
lo sólido se desvanece en el aire, deja partículas
de polvo, su estela multicolor en la retina.
En el exterior, en cambio, el paisaje es inmóvil.
El tren perfora la quietud como una aguja en la
arteria, como la sangre que circula en un cuerpo
inerte pero todavía vivo. Y el sol. El sol benéfico
que arde en los metales, en la memoria que
agradece la llegada del tren. Y me adormece. 

2

Ahora, por ejemplo, veo paisajes con vacas.
¿Por qué el tren me hace pensar en paisajes
con vacas? Del soporte de fierro cuelgan bolsas
como ubres. Están conectadas a mi cuerpo y mi
cuerpo, callado, las recibe. Miro sin entusiasmo
las ubres de las vacas. Su leche rosada y salina
que ha de llegar hasta mí. Una enfermera entra
a la habitación y pide mi boleto. Las vacas pastan
en las laderas de los Andes, vuelan por los tejados
de Madrid, aterrizan sin alas a orillas del Jocko.
Yo bebo su leche, palpo las ubres que cuelgan del
soporte de fierro. Siempre de pie, junto a mi cama. 

3

Estación de los Desamparados, mayo de 1973.
Todo está en orden: el sol, el río, los asientos
numerados. Domingo familiar en las afueras
de Lima. Escucho la algarabía del tren, su
insistente y frágil traqueteo. ¿Quién hace
tanta bulla? Quiero descansar, pero tampoco
quiero que se vayan. Me hace bien tanto
alboroto, tanto laberinto. La enfermera
me pide mi boleto. No lo tengo, pregúntele
a mis padres, tal vez esté escondido entre
las sábanas. El tren partió con media hora
de retraso. Miro las aguas del río. Ellas
también viajan, pero en sentido contrario.
Conforme suben se tornan más limpias,
más violentas, menos habladoras.

4

Silencio. Lo que necesito es silencio. Cierro
los ojos, acomodo la cabeza en la almohada
y trato de dormir. Pero no puedo. En cada
estación los ambulantes ofrecen sus productos:
bolsitas de cancha, de camote frito, de maní
tostado. Artesanía barata para turistas pobres.
La enfermera me trae la comida en una bandeja
de aluminio. Dice que volverá en dos horas.
Se llama Eulalia como la santa del pueblo,
como la marquesa de Darío que ríe y ríe y ríe. 

5

Estación de Atocha, septiembre de 1986.
Frente a nosotros viaja una familia de gitanos.
El compartimento es pequeño y huele mal.
Aquí no hay cante jondo, ni romance con luna,
ni sangre de cuchillos. Con una navaja el padre
corta un queso. La niña duerme en faldas de la
madre, el niño me ofrece revistas pornográficas
por tres duros. El destino se aleja a la velocidad
del tren, se adentra en la noche, se hunde sin
piedad en la pupila del lobo. Me aferro a los
barrotes de la cama (“váca mi estómago, váca
mi yeyuno”). En la próxima estación se bajan
los gitanos. Y yo debería irme con ellos.

6

Imagina un tren que parte de una estación
cualquiera. Imagina que en cada estación el
tren se multiplica. Que lo que fue al comienzo
un tren solitario y reluciente son ahora miles
circulando sin control. Invadiendo lentamente
y en silencio cada vía sana y libre de tu cuerpo.

7

Infiernillo es rojo y da miedo. Estoy hablando
de mi primer viaje en tren (Lima-Jauja, 1967).
Atrás quedó Desamparados, la cuesta amable
de Chosica, Matucana, San Mateo. Mejor no
mires, advierte mi madre. Estelas de sal en los
rieles podridos de la Oroya (3,700 m.s.n.m.).
El tren perfora la montaña y la divide en dos
en tres, en cuatro. La enfermera pregunta
si he comido ancas de rana. Hace tiempo me
arrodillé ante la Señora de los Desamparados,
me preguntó si leía revistas pornográficas.
No supe contestarle. Me perturban los ojos
del niño gitano, su insoportable olor a queso.
Mejor no mires, advierte mi madre. Abajo
camiones pequeñitos transportan minerales
a una fundición. Me siento mareado. Mejor no
mires, advierte mi madre. Mejor no mires.

8

Eulalia entra a la habitación y pide mi boleto.
Volteo nerviosamente los bolsillos, reviso una
y otra vez la billetera, rebusco entre las sábanas.
Si no lo encuentro tendré que bajarme en la
próxima estación. No te preocupes, me dice
un pasajero. Ahora ya eres uno de los nuestros. 

9

El tren es una mancha que enturbia la pureza
del paisaje. Perfora la quietud como una aguja
en la arteria, como la sangre que circula en un
cuerpo inerte, pero todavía vivo. Y el sol. El sol
benéfico que arde en los metales, en la memoria
que agradece la llegada del tren. Y me despierta.

Eduardo Chirinos (Lima, 1960 - Missoula, Montana, Estados Unidos, 2016), Medicinas para quebrantamientos del halcón, Pre-Textos, Valencia, 2014


Poemas de Eduardo Chirinos en Otra Iglesia Es Imposible
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domingo, febrero 25, 2024

Liliane Wouters / Al final del amor




Al final del amor está el amor.
Al final del deseo está la nada.
El amor no tiene comienzo ni fin.
Él no nace, resucita.
Él no encuentra, reconoce.
Él se despierta como después de un sueño
donde la memoria ha perdido las llaves.
Se despierta con los ojos claros
y se dispone a vivir su jornada.
Pero el deseo insomne muere con el alba
después de haber luchado toda la noche. 

Algunas veces el amor y el deseo duermen abrazados.
En esas noches se ven la luna y el sol.

Liliane Wouters (Ixelles, Bélgica, 1930 - Gilly, Bélgica, 2016), Círculo de Poesía, 30 de enero de 2012
Traducción de Valeria Guzmán
Envío de Jonio González


Au bout de l’amour il y a l’amour.

Au bout du désir il n’y a rien.
L’amour n’a ni commencement ni fin.
Il ne naît pas, il ressuscite.
Il ne rencontre pas, il reconnaît.
Il se réveille comme après un songe
dont la mémoire aurait perdu les clefs.
Il se réveille les yeux clairs
et prêts à vivre sa journée.
Mais le désir insomniaque meurt à l’aube
Après avoir lutté toute la nuit. 

Parfois l’amour et le désir dorment ensemble.
En ces nuits-là on voit la lune et le soleil.

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Foto: Le Soir

sábado, febrero 24, 2024

Susana Szwarc / De "Ahora Bárbara dice:"




Ráfaga

Pero la sombra de la vela
mitiga el nombre. En su luz
se deletrea. Y como de un incendio
la red del alambrado se abre:

jardín de cuerpos
hasta mi ojo.


La gacela del emperador

Soy, a veces,
irreal, como  un fantasma que sale de sí mismo.
Bailo y río en sitios desconocidos
con esas mujeres –siempre-
más jóvenes que yo: incluso en mi infancia.

Ellas no son irreales 
porque están
donde están. Sin embargo hablamos,
reparto mis aspirinas y ellas 
mueven las cabezas
agradeciendo.

El dolor no las detiene
en su ir y venir entre perfumes
a algún sitio cercano
a desvestirse, a jadear,
a mostrar sus ojos,
las uñas rojas de los pies en cada extremo
de las habitaciones

¿No soy irreal para ellas?


Al borde

Un cliente cae 
al borde de la piedra, en  mi
escalera.
Yace completamente. (¡Tu cabeza,
 tu cabeza! ¡Mis vecinos!)
 
No está muerto –pienso,  
me alegro –porque se queja. 
No es grave, le digo: no se inundó
el rancho, no te torturan.

Sin embargo sale de su boca
un espanto tras otro
como si la piedra crujiera
de certezas. 

Y lo real que lastima
y el cuerpo en posición fetal.

Susana Szwarc (Quitilipi, Argentina, 1954)

Ahora Bárbara dice:, 
Polibea, 
Buenos Aires, 2023     









Poemas de Susana Szwarc en Otra Iglesia Es Imposible     

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Foto: El Litoral, Santa Fe, Argentina                                      

viernes, febrero 23, 2024

Mary Oliver / Desperté




Desperté
y me deslicé
como un gato

con pasos silenciosos
en mi propia casa- 
para

mirarte
mientras dormías,
tu pelo

disperso sobre la almohada,
tus ojos
cerrados,

tu cuerpo
a salvo y solitario,
y mis puertas

cerradas para tu seguridad
y tu comodidad.
Lo hice

pensando que me entrometía,
pero deseando ver
la cosa más maravillosa

que jamás ha habido en mi casa.

MAry Oliver (Maple Heights, Estados Unidos, 1935 - Hobe Sound, Estados Unidos, 2019), Blue Horses, Penguin Press, Nueva York, 2014
Versión de Jonio González

Más poemas de Mary Oliver en Otra Iglesia Es Imposible


I WOKE 

I woke
and crept
like a cat

on silent feet
about my own house—
to look

at you
while you were sleeping,
your hair

sprayed on the pillow,
your eyes
closed,

your body
safe and solitary,
and my doors

shut for your safety
and your comfort.
I did this

thinking I was intruding,
yet wanting to see
the most beautiful thing

that has ever been in my house.

---

jueves, febrero 22, 2024

María del Carmen Suárez / Nos encontramos




Nos encontramos muchas veces y charlamos 
a pesar de nuestra libertad de perdernos en los bosques 
para volver convertidos en ciudadanos dispuestos a la noche 
y en ese preciso momento la visión de tantas calles 
sonrisas y cinematógrafos y residuos 
y la comida exhibiéndose como algo tan extraño 
y esas aves que no cesaban de mirarnos 
nos parecieron 
remotisimos pájaros surgiendo a la vida 
como un aviso retenido largo tiempo. 

María del Carmen Suárez (Buenos Aires, 1943), La noche y los maleficios, La Loca Poesía, Buenos Aires, 1967
Envío de Jonio González

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miércoles, febrero 21, 2024

Alberto Cisnero / "De rayos negros"




1-

Por todas partes crecen flores y matas.
desprovistas de un propósito aleve 
requieren de la oscuridad, cobran forma 
entre el olor a humareda del carbón 
y las noticias viejas repetidas: violencia 
policíaca, subsidios de desempleo (literario). 
y se parecen tanto a la música que solían tocar 
en los burdeles durante noches todavía 
artificialmente iluminadas en algún recoveco 
de nuestros cerebros. sólo otro ruido 
distante y ajeno que el viento trae 
y se lleva para siempre. 


8-

¿Qué alegan, hechos mierda, en retirada,
bajo la errática luz del candil: un antiguo 
amor, una lata de salsa de tomate vacía 
y pisoteada, un subsidio municipal, respirar
(todo lo cercano se aleja), valor o congoja 
para cuando reciten otra épica de pleimóbiles, 
denodadas exégesis en suplementos literarios?
¿ya lo practicaron en sueños? ¿ya hicieron 
un mapa en la cancha? cof, cof. 


23-

Se imaginaban en un coche estacionado 
a kilómetros de distancia, frente a un teléfono 
público. en otra ciudad. hasta lear tuvo a su tonto 
y a su bufón. esperaban a que las luces se volviesen 
pequeñas y duras en el espejo retrovisor. para tener 
algo que recordar. allá afuera, en algún lugar, 
el tiempo comenzó a correr, allá afuera 
en algún lugar del fondo inmóvil de la noche, 
alejándose de los diversos colores de las estaciones 
y de los días (agreguemos silencio, cráteres y rocas 
sobre aquellas cabezas).

Alberto Cisnero (La Matanza, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1975)

De rayos negros,
Barnacle,
Buenos Aires, 2024









Poemas de Alberto Cisnero en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Alberto Cisnero por Merlina H. Cisnero

martes, febrero 20, 2024

W. B. Yeats / Sin otra Troya




¿Por qué la culparía de que colmara
Mis días de aflicción,
De que enseñara a hombres ignorantes
Caminos de violencia,
De que lanzara al débil contra el grande
Si aquél tenía valor equiparable a su ansia?
¿Qué podría haber traído paz a su cabeza
Que la nobleza hiciera elemental, como un fuego,
Y su belleza como un arco tenso 
-Algo no natural en estos tiempos-
Fuera severa, altiva, y solitaria?
Mas siendo lo que es, ¿qué podría haber hecho?
¿Había acaso otra Troya para que ella la incendiara?

William Butler Yeats (Dublín, 1865 - Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1939), "El yelmo verde y otros poemas" [1910], Antología poética, Selecciones Austral, Espasa Calpe, Madrid, 1984
Versiones de E. Caracciolo Trejo 

Nota del Ad.
Biógrafos y críticos señalaron que este poema alude a Maud Gonne McBride, feminista y nacionalista irlandesa, con quien Yeats tuvo una relación sentimental entre 1889 y 1916. Aquí la compara con la Helena griega, a quien atribuye la responsabilidad por la guerra de Troya y la caída de la ciudad, quizá unos 800 años antes de Cristo. Como la naturaleza de los conflictos con Maud Gonne McBride era política -ella esperaba mayor participación de Yeats en la lucha por la independencia de Irlanda y su conversión al catolicismo- no es extraño que la inspiradora del poema haya sido la militante irlandesa. Y que, en términos más amplios, Yeats se pregunte sobre una revolución radical. 


No Second Troy

Why should I blame her that she filled my days   
With misery, or that she would of late   
Have taught to ignorant men most violent ways,   
Or hurled the little streets upon the great,   
Had they but courage equal to desire?
What could have made her peaceful with a mind   
That nobleness made simple as a fire,   
With beauty like a tightened bow, a kind   
That is not natural in an age like this,   
Being high and solitary and most stern?
Why, what could she have done, being what she is?   
Was there another Troy for her to burn? 

Poetry Ireland Review Issue 116, Poetry Ireland

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Foto: W. B. Yeats, c.1910 Hulton Archive/Getty Images

lunes, febrero 19, 2024

Ignacio Di Tullio / De "Famiglia"




El arquitecto

Los domingos al mediodía
el hombre encendía el fuego.
Sus hijos tenían edad para conseguir sus alimentos
pero el hombre acomodaba cuidadosamente las ramas.
Medio cuerpo adentro de la parrilla
poco papel y mucha madera
las palabras brotaban del interior de la cueva
y dejar espacio para que respire el fuego. Eso decía.
Edificaba
una prolija vivienda inflamable.

Nosotros conocemos el resto de la historia:
incendiará palabras y casa
el holocausto de costumbre
y desde la mesa todos sentiremos lástima
al ver arder la bella casa.
Pero en el día del señor
esa es su ofrenda
el precio que le pone al hambre
que él mismo inventa.

¿Y si no agarra? preguntamos.
Sonríe.
Va a agarrar, responde.
Y enciende un fósforo.



Abuela

          Dichosos aquellos en quienes la edad produce el efecto del vino
          y que pierden la memoria cuando están saciados de días.
                                               FRANÇOIS DE CHATEAUBRIAND

Bajo el asilo de sombra
de un parque cubierto de hojas
me viste llegar. 

Tu silla de ruedas tembló con los espasmos
de los bebés cuando se sobresaltan. 

Con una sonrisa me acariciaste la cara.
Habías olvidado todas las palabras.
 
A veces te quedabas ciega
por una o dos horas.
¿Adónde ibas?

La última vez me miraste como enamorada.
Atravesé esa alegría hasta llegar
a la mácula lechosa de la niña a la que habías vuelto.

Conservo la postal
que me mandaste desde ese lugar, abuela:
una nena sentada bajo la sombra de un árbol.

Es primavera en la foto.

Ignacio Di Tullio (Villa Adelina, Argentina, 1982)

Famiglia
Del Dock
Buenos Aires, 2024
Segunda edición








Poemas de Ignacio Di Tullio en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Ignacio Di Tullio/Facebook

domingo, febrero 18, 2024

Giulia Catricalá / En los hospitales...




En los hospitales el revoque 
se cansa antes,
la luz es el encanto de los muertos
el lamento de los vivos.
Pocos pueden realmente volver,
pero ya es de noche,
la noche ya teje la trama y se iguala.
Divide sus preguntas en dos,
no respondo,
finjo el sueño en que sueño con gritar.

Giulia Catricalá (Roma, 1990), La rosa sbagliata, Fallone, Tarento, 2023
Versión de Jorge Aulicino



Negli ospedali l’intonaco
si stanca prima,
la luce è l’incanto dei morti
il rimpianto dei vivi.
Pochi possono veramente tornare
ma è già sera,
già la notte tesse la trama e si equivale.
Spacca in due le sue domande,
io non rispondo,
fingo il sonno dove sogno di urlare.

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Foto: L'Altro

sábado, febrero 17, 2024

Safo / Versiones de Pedro Ignacio Vicuña




Libro 1º [1]

2
Ese me parece igual a un dios,
ese hombre sentado frente a ti
que de cerca, mientras hablas con dulzura,
escucha

y también mientras ríes deseosa; eso 
hizo saltar mi corazón dentro del pecho;
porque si te miro a ti un instante, 
no me es posible hablar

mi lengua se hace trizas en silencio, un fuego
sutil me corre por debajo de la piel,
con los ojos nada veo, me zumban
los oídos,

me recorre un sudor frío y un temblor
me atrapa entera, y estoy más verde que la hierba
y me parece ya
que necesito morir.
Mas todo es soportable [así pobre como soy]*

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*Este verso no necesariamente corresponde al poema, aunque muchos autores lo incorporan y agregan la frase que está entre corchetes [N. del T.]


3
Alrededor de la hermosa luna los astros 
tienen que esconder su brillo 
cuando ella, plena, cubre
la tierra de plata 


4
el agua cantarina
rueda fría entre las ramas del manzano,
crepitan las hojas
y el sueño fluye


27
Unos dicen que un ejército a caballo; otros, que de infantería
y otros que de naves es lo más bello que hay sobre la negra tierra; 
yo, en cambio, 
digo que lo más bello es aquello que uno ama.

Y qué fácil es que todos 
lo comprendan, porque la más bella
entre todos los humanos, Helena,
abandonó a su hombre, el más sobresaliente,

y partió a Troya en una nave,
sin siquiera acordarse de sus padres
ni de su hija, arrebatada por 
la Cipria Afrodita…

ooo

El corazón cede tan fácilmente 
y anhela con urgencia lo que piensa. 
Eso me hace recordar a mi Anactoria 
ausente.

Quisiera ver su paso amable,
el luminoso brillo de su rostro
en vez de ver los carros lidios
y los soldados en batalla.

Pero no es posible a los hombres
la felicidad plena, quizás sólo un poco
en lo inesperado.*

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*Panagis Lekatsás incluye este fragmento como parte del poema; sin embargo, muchos autores, entre ellos el poeta Odysseas Elytis, lo consideran como un fragmento independiente. Dado que seguimos, en principio, la reconstrucción establecida por Panayís Lekatsás, incorporamos este fragmento al poema, aunque podría ser perfectamente un texto autónomo [N. del T.]


[1] En el ordenamiento de los fragmentos, sigo, en principio, el orden de Lekatsás [Lekatsás, Panayís (Λεκατσάς, Παναγής) Safo [obra] Completa. (Σαπφούς Άπαντα), Sociedad Científica de las letras griegas.] N. del T.



Del prólogo:

La Suda, una enciclopedia escrita en griego por eruditos de la época bizantina del siglo X, refiere que "Safo, hija de Simón -o, según otros, de Eunonimos o de Eurigio o de Ekrytos, o de Semos o de Kamon o de Etarchos o de Escamandrónimo- era hija de Cleide; era nativa de Ereso en la isla de Lesbos. Poeta lírica que floreció hacia la 42ª olimpiada (612 - 609 a. C.), tiempo en el que vivieron Alceo, Estesícoro y Pítaco. Tuvo tres hermanos: Láricos, Kharaxos y Eurigio. Casó con Kerkylas, un hombre muy rico de la isla de Andros, y tuvo una hija llamada Cleide. Tuvo tres compañeras o amigas: Atthis, Telesippa y Megara, la calumnia condenó sus relaciones. Sus alumnas fueron Anactoria de Mileto, Gongila de Colofón, Eunica de Salamina. Escribió 9 libros de cantos líricos y fue la inventora del plectro*"

*El plectro es el arco o herramienta para hacer sonar los instrumentos de cuerdas [N. del T.]

Safo (Mitilene, Grecia, VII a. C – probablemente Léucade, Grecia, VI a. C.), Lo que dispersó la aurora, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2024
Prólogo, notas y versiones de Pedro Ignacio Vicuña

Los poemas de Safo en Otra Iglesia Es Imposible


2
φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν
ἔμμεν᾽ὤνηρ, ὄττις ἐνάντιός τοι
ἰσδάνει καὶ πλάσιον ἄδυ φωνεί
σας ὐπακούει

καὶ γελαίσας ἰμέροεν, τὸ μ᾽ἧ μὰν
καρδίαν ἐν στήθεσι ἐπτόαισεν·
ὠς γὰρ ἐς σ᾽ἴδω βρόχε᾽ὤς με φώναι
σ᾽οὐδ᾽ἔν ἔτ᾽εἴκει,

ἀλλά κὰμ μὲν γλῶσσα ϝέαγε, λέπτον
δ᾽αὔτικα χρῶι πῦρ ὐπαδεδρόμακεν
ὀππάτεσι δ᾽οὐδ᾽ἔν ὄρρημμ᾽,ἐπιρρόμ
βεισι δ᾽ἄκουαι,

ἀ δε μ᾽ἴδρως κακχέεται, τρόμος δὲ
παίσαν ἄγρει, χλωροτέρα δε ποίας
ἔμμι, τεθνάκην δ᾽ ὀλίγω ᾽πίδευην
φαίνομ᾽ 
--
ἀλλά πὰν τόλματον ∪ ἐπεί καὶ πένητα ∪


3
ἄστερες μὲν ἀμφὶ κάλαν σελάνναν
ἄψ ἀπυκρύπτοισι φάεννον εἶδος,
ὄπποτα πλήθοισα μάλιστα λάμπης᾽ἀργυρία γᾶν


4
[]ἀμφὶ δ᾽ὔδωρ
[]ψῦχρον κελάδει δι᾽ὔσδων
μαλίνων, αἰθυσσομένων δε φύλλον
κῶμα κατάρρε


27
[Ο]ἰ μὲν ἰππίων στρότον οἰ δὲ πέσδον
οἰ δὲ νάων φαῖσ᾽ἐπ[ί] γᾶν μέλαιναν
[ἐ]μμεναι κάλλιστον, ἔγω δὲ κῆν ὄ
ττω τις ἔραται

[πά]γχυ δ᾽εὔμαρες σύνετον πόησαι
[π]άντι τ[ο]ῦτ᾽·ἄ γὰρ πόλυ περσκόπει[σ]α
[κάλ]λος [ἀνθ]ρώπων ᾽Ελενα [τὸ]ν ἄνδρα
[κρίννεν ἄρ]ιστον

[ὄσ τὸ πᾶν] σέβας Τροΐα[ς ὄς]λεσς]εν
[οὐδὲ π]αῖδος οὐδὲ φ[ί]λων το[κ]ήων
[οὖδεν] ἐμνἀσθ᾽, ἀ[λλὰ] παρά[γα]γ᾽αὔταν
[Κύπρις ἔραι]σαν.

[ἦ μάλ᾽εὔκ]αμπτον γὰρ [ἔφη βρότων κῆρ]
[καὶ μάτει] κούφως τ[όδ᾽, ὄ κε ν]οήσηι.
[ἀλ]λὰ νῦν ᾽Ανακτορί[ας γε] μ[έ]μναι·
[μ᾽οὐ] παρεοίσας,

[τᾶ]ς βολλοίομαν ἔρατόν τε βᾶμα
κἀμάρυ <γ>μα λάμπρον ἴδην προσώπω,
ἤ τὰ Λύδων ἄρματα κἂν ὄπλοισι
[πεσδομ]αχέντας.

[εὒ μὲν ἴδ]μεν οὐ δύνατον γένεσθαι
[λῳστ᾽] ὀν ἀνθρώπ[οις, π]εδέχην δ᾽ἄρασθαι
• • • • • •
β. τ᾽ἐξ ἀδοκή[το]

---
Imagen: Recorte de la Safo imaginada por Charles Mengin, 1877. También ilustra la tapa de esta edición de Lom

viernes, febrero 16, 2024

Genevieve Taggard / Círculo infinito





El árbol bajo el que nos acostamos,
el trueno, el trueno
de mi corazón, y tu asombro,
y nuestro llanto...

Ahora somos viejos, estamos rendidos, cansados de dormir.
Para toda pena hay un final: ha de haber un final para nuestro llanto.
Ven conmigo, vuela conmigo, encuentra conmigo, ríe y salta-

El árbol bajo el que nos acostamos,
el trueno, el trueno
de mi corazón, y tu asombro-
y nuestro llanto.

Genevieve Taggard (Waitsburg, Estados Unidos, 1894 - Nueva York, Estados Unidos, 1948), For Eager Lovers, HardPress Publishing, Los Ángeles, 2012
Versión de Jonio González.


ENDLESS CIRCLE

The tree we lay under
The thunder, the thunder
Of my heart, and your wonder
And our weeping...

Now we are old, we are worn, we are weary of sleeping;
There's an end to all sorrow, there must be an end to our weeping:
Come with me, run with me, find with me, laughing and leaping–

The tree we lay under,
The thunder, the thunder
Of my heart, and your wonder–
And our weeping.

---
Foto: Femilogue