viernes, octubre 05, 2012

Tony Hoagland / Adán y Eva















Adán y Eva

Quise pegarle en la boca y esa es la verdad.

Después de todo, habíamos pasado de la estación de las miradas furtivas
a la estación de las bocas hambrientas,
de la orilla de las polleras y los jeans desteñidos
al océano de la piel en libertad,
de la cumbre peligrosa de los escalones del departamento
al valle santificado de la cama −

la vela oscilaba en la cómoda, la pequeña espada amarilla
soltaba su aroma a humo y cera,
y yo podía oler el deseo de ella
como una nube húmeda sobre el campo,

cuando en el momento crucial, en el momento fundamental,
en el momento de atención firmes,

agitó su mano blanquísima
delante de la entrada a su cuerpo y dijo No,

y mi cerebro estalló en llamas.

Si no pude hundirme en ella como una lanza oscura
o disolverme en ella como un coágulo tirado al río,

¿puedo llegar hasta el final y decir
que quise pegarle en la cara?
¿Me dan permiso de decir eso, que quería pegarle en la cara blanda?

¿O decir esto es otra instancia de la rapacidad,
otra manera de hacer lo que quería hacer entonces,
al decirlo?

¿Acaso un hombre es solamente un animal, y acaso una mujer no es un animal?
¿Es el nombre del animal poder?
¿Es verdad que el hombre quiere ver a la mujer
herida por su propio placer

y la mujer quiere ver en la cara del hombre la expresión
de alguien que cae desde una gran altura,
que la mujer se emociona con el poder de su debilidad
y el hombre se asombra con la debilidad de su poder?

¿Es la cacería sexual una caza en la que el animal interno
arrastra al humano
a una jungla hecha de vocales,
una maleza de pelos y sudor,

o es esta una idea obsoleta
alojada como un fósil
en el cerebro del mono
que vive dentro del hombre?

¿Puede el fósil ser removido quirúrgicamente
o disuelto, o rediseñado
para que el hombre pueda ser humano como la mujer?

¿Es que la mujer ve al hombre como una casa
donde vivir a salvo,
y es que el hombre ve a la mujer como a una puerta
a través de donde escaparse
de la odiosa prisión de sí mismo,

y si la puerta está cerrada,
es que él odia a la puerta entonces?
¿Es que aprende a odiar todas las puertas?

He visto a la lluvia volverse nieve y otra vez volverse lluvia,
y he visto al amor volverse sexo
y otra vez volverse amor,
y nadie se cubrió la cara de vergüenza,
y nadie se levantó para adentrarse en las fauces solitarias de la noche.

¿Pero adónde, de hecho, se podría haber ido?
¿Es acaso mejor que algunas cosas queden sin decir?
¿Debería decirles el nombre de ella?
¿Puedo decir otra vez,
que quise pegarle en la cara?

Hasta que digamos la verdad, no puede haber ternura.
Mientras haya deseo, no estaremos a salvo.

Tony Hoagland (Fort Bragg, Carolina del Norte, 1953-Santa Fe, Estados Unidos, 2018), Donkey Gospel, Graywolf Press, Minneapolis, 1998
Traducción de Inés Garland

Adam and Eve

I wanted to punch her right in the mouth and that’s the truth.

After all, we had gotten from the station of the flickering glances
to the station of the hungry mouths,
from the shoreline of skirts and faded jeans
to the ocean of unencumbered skin,
from the perilous mountaintop of the apartment steps
to the sanctified valley of the bed −

the candle fluttering upon the dresser top, its little yellow blade
sending up its whiff of waxy smoke,
and I could smell her readiness
like a dank cloud above a field,

when at the crucial moment, the all-important moment,
the moment standing at attention,

she held her milk white hand agitatedly
over the entrance to her body and said No,

and my brain burst to flame.

If I couldn’t sink myself in her like a dark spur
or dissolve into her like a clod thrown in a river,

can I go all the way in the saying, and say
I wanted to punch her right in the face?
Am I allowed to say that,
that I wanted to punch her right in her soft face?

Or is the saying just another instance of rapaciousness,
just another way of doing what I wanted then,
by saying it?

Is a man just an animal, and is a woman not an animal?
Is the name of the animal power?
Is it true that the man wishes to see the woman
hurt with her own pleasure

and the woman wants to see the expression on the man’s face 
of someone falling from great height,
that the woman thrills with the power of her weakness
and the man is astonished by the weakness of his power?

Is the sexual chase a hunt where the animal inside 
drags the human down
into a jungle made of vowels,
hormonal undergrowth of sweat and hair,

or is this an obsolete idea
lodged like a fossil
in the brain of the ape
who lives inside the man?

Can the fossil be surgically removed
or dissolved, or redesigned
so the man can be a human being, like a woman?

Does the woman see the man as a house
where she might live in safety,
and does the man see the woman as a door
through which he might escape
the hated prison of himself,

and when the door is locked,
does he hate the door instead?
Does he learn to hate all doors?

I’ve seen rain turn into snow then back to rain,
and I’ve seen making love turn into fucking
then back to making love,
and no one covered up their faces out of shame,
no one rose and walked into the lonely maw of night.

But where was there, in fact, to go?
Are some things better left unsaid?
Shall I tell you her name?
Can I say it again,
that I wanted to punch her right in the face?

Until we say the truth, there can be no tenderness.
As long as there is desire, we will not be safe.


Foto: Tony Hoagland en High Volumes

act. 2021

Roberto Raschella / Y la pala, el oro sutil, no cesan



Y la pala, el oro sutil, no cesan:
bajo una luz de Rembrandt,
flacos, miserables,
sin venas, sin banderas,
avanzan como un río revelado;
el músculo de la noche a la deriva
es un amor misterioso,
círculo al que hemos sido arrojados,
pozo de los cerezos negros
donde descubrí
el abandono,
yesos soplados, barro de rosas,
pies de los arbustos salvajes,
cantorías lúgubres y togadas.
Lo negro no es negro,
lo blanco no es blanco.
Hay animales desolados de rabia,
meditaciones sobre la sal,
misas sajadas, una miel servil.
En los límites de la agonía,
mujeres muy blancas
y con la única profundidad religiosa del sexo,
seudónimos de asesinos,
una resbalada lentitud,
viscosos laberintos, el delirio duro
de los puros, la niebla, la carne.

Roberto Raschella (Buenos Aires, 1930), Antología poética, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2012

Foto: Poesía en la Escuela

jueves, octubre 04, 2012

H. W. Longfellow / Barcos que pasan en la noche


















Barcos que pasan en la noche, y se hablan el uno al otro al cruzarse;
sólo dan una señal, una voz distante en la oscuridad;
también en el océano de la vida, pasamos y nos hablamos,
sólo una mirada y una voz, luego oscuridad otra vez y silencio.

H. W Longfellow (Portland, 1807-Cambridge, 1882), Tales of a Wayside Inn, 1863
Versión de Marina Kohon

Ships that pass in the night, and speak each other in passing;
Only a signal shown, and a distant voice in the darkness;
So on the ocean of life, we pass and speak one another,
Only a look and a voice, then darkness again and a silence. 

Foto: Henry Wadsworth Longfellow, 1868, por Julia Margaret Cameron Wikimedia Commons

miércoles, octubre 03, 2012

Tiffany Atkinson / Querida Kate




Querida Kate:

Las veredas de fin de semana son para las chicas pálidas. Todas esas hijas
de nuestro pueblo, alimentadas con leche, salen; sus párpados de neón
brillan. Están asustando a los gatos
y haciendo sonar las alarmas —

descaradas con sus cigarrillos y sus tampones,
pasándose brillo en los labios, con tiras de pastillas diminutas.
Absurdamente desenvueltas al besar. Siempre
besando, oh, a alguien —

y Rufus, paseando por la costanera, dice
hola, Kirsty. Jess, te ves impresionante. ¡Sam!
Casi no te… ¿cuándo te volviste tan…?
Qué culto de histéricas.

Pero más tarde, cuando chapalean pasadas de lágrimas, o
llevan a casa gaviotas heridas en cajas de cartón
o comparten una colilla en la costanera, no puedo
dejar de pensar en ellas

a nuestra edad: engordando en el callejón sin salida
de matrimonios destartalados —peor— disecándose
sobre hojas de cálculo. ¿De qué lado estamos ahora, Kate?
Pd. ¿Café? ¿Pronto?

Tiffany Atkinson (Berlín, 1972, vive en Cardiff), Catulla et all, Bloodaxe, 2011
Versión de Silvia Camerotto


Dear Kate,
Weekend pavements are for pale girls. All the milkfed/ daughters of
our town are out, their neon/ eyelids flashing. They are scaring cats
/and setting off alarms –//are brazen with their cigarettes and tampons,
/ passing lip-glossround with strips of teeny pills. /Absurdly fluent 
in their kissing.Always/kissing, oh, someone – / and Rufus, strolling 
on the promenade, says/ hello, Kirsty. Jess, you’re looking stunning. 
Sam!/ I almostdidn’t…when did you become so…?/ What a cult of shrieks. 
//But later, when they clatter past in tears, or/ carry injured seagulls 
home inchip-cartons/ or share a fag-end on the prom, I cannot/ stop to think
of them// at our age: thickening in the cul-de-sacs /of clapped-out
marriages – worse – dessicating /over spreadsheets. Which side are we
on now, Kate? /P.S. Coffee? Soon?

Ilustración: Natura morta nello studio, 1931, Filippo De Pisis

martes, octubre 02, 2012

Federico García Lorca / Oda a Walt Whitman



Por el East River y el  Bronx
los muchachos cantaban enseñando sus cinturas.
con la rueda, el aceite, el cuero v el martillo.
Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas
y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.

Pero ninguno se dormía,
ninguno quería ser el río,
ninguno amaba las hojas grandes,
ninguno la lengua azul de la playa.

Por el East River y el Queensborough
los muchachos luchaban con la industria,
y los judíos vendían al fauno del río
la rosa de la circuncisión
y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados
manadas de bisontes empujadas por el viento.

Pero ninguno se detenía,
ninguno quería ser nube,
ninguno buscaba los helechos
ni la rueda amarilla del tamboril.

Cuando la luna salga
las poleas rodarán para turbar el cielo;
un límite de agujas cercará la memoria
y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.
Nueva York de cieno,
Nueva York de alambres y de muerte.

¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?
¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?
¿Quién el sueño terrible de tus anémonas manchadas?

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Withman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un sólo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.
Ni un solo momento, Adán de sangre, macho.
hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupados en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffeurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Withman, te soñaban.

¡También ése! ¡También! Y se despeñan
sobre tu barba luminosa y casta,
rubios del norte, negros de la arena,
muchedumbres de gritos y ademanes,
como gatos y como las serpientes,
los maricas, Walt Withman, los maricas
turbios de lágrimas, carne para  fusta,
bota o mordisco de los domadores.

¡También ése! ¡También! Dedos teñidos
apuntan a la orilla de tu sueño
cuando el amigo come tu manzana
con un leve sabor de gasolina
y el sol canta por los ombligos
de los muchachos que juegan bajo los puentes.

Pero tú no buscabas los ojos arañados,
ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,
ni la saliva helada,
ni las curvas heridas como panza de sapo
que llevan los maricas en coches y terrazas
mientras la luna los azota por las esquinas del  terror.

Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,
toro y suelo que junte la rueda con el alga,
padre de tu agonía, camelia de tu muerte,
y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.

Porque es justo que el hombre no busque su deleite
en la selva de sangre de la mañana próxima.
El cielo tiene playas donde evitar la vida
y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.

Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Este es el mundo, amigo, agonía, agonía.
Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
los ricos dan a sus queridas
pequeños moribundos iluminados,
y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.
Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
por vena de coral o celeste desnudo.
Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
una brisa que viene dormida por las ramas.

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.

Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de La Habana,
Jotos de México,
Sarasas de Cádiz,
Apios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Fioras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.

¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.

¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.

Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las manos abiertas,
Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.

Duerme, no queda nada,
Una danza de muros agita las praderas
y América se anega de máquinas y llanto.
Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
quite flores y letras del arco donde duermes
y un niño negro anuncie a los blancos del oro
la llegada del reino de la espiga.

Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, España, 1898-Granada, España, 1936), "Poeta en Nueva York", 1929-1930, Antología poética, Losada, Buenos Aires, 1967
---
Ilustración: Club Night, 1907, George Bellows

Gerard Vergés / Hablo de un río mítico y rumoroso




Hablo de un río mítico y rumoroso

A menudo pienso que mi infancia
tiene un dulce y secreto rumor de agua.
Hablo del verdor de un delta inmenso;
hablo del vuelo de los ibis (miles de ibis
como copos vivos de la nieve más blanca)
y del flamenco rosa (del íntimo rosa
de un seno de muchacha apenas entrevisto).
Y hablo del azulón zumbando por el aire
como la piedra lanzada por la honda,
de la anguila sutil como la serpiente,
la tenca plateada de los estanques.
Hablo del largo silencio donde se fundían
el agua dulce del río, el mar amargo.

Hablo de un río entre cañaverales, doméstico;
hablo -Virgilio amigo- del huerto ufano,
de los naranjos en flor, del apio tierno,
de la azada y la hoz, del perro en la era.
(Lejos, por el cielo claro, va un vuelo dorado de garzas.)

Hablo de un río antiguo, surcado todavía
por los viejos laúdes*: los últimos, legendarios
laúdes, tan agudos como una espada,
y cargados de vino, de lana, de cebada,
y con marineros cantando en la popa.

Hablo de un lento crepúsculo que ponía
oro en el agua enternecida,
puntos de luz en las alas de los insectos,
reflejos solares en los puentes lejanos.

Dulce rumor del agua en el recuerdo.

Gerard Vergés (Tortosa, 1931), Long play per a una ànima trista, Edicions Proa, Barcelona, 1986
Versión de Jonio González
 
* La palabra "laúd" se emplea aquí en su acepción de embarcación pequeña de un solo palo, propia del Mediterráneo. (N. del T.)


 Parlo d'un riu mític i remorós 

Tot sovint penso que la meva infància 
té una dolça i secreta remor d'aigua. 
Parlo de la verdor d'un delta immens; 
parlo dels vols dels ibis (milers d'ibis 
com volves vives de la neu més blanca) 
i del flamenc rosat (de l'íntim rosa 
d'un pit de noia gairebé entrevist). 
I parlo del coll-verd brunzint per l'aire 
com la pedra llançada per la fona, 
de l'anguila subtil com la serpent, 
la tenca platejada de les basses. 
Parlo del llarg silenci on es fonien 
l'aigua dolça del riu, la mar amarga. 

Parlo d'un riu entre canyars, domèstic; 
parlo -Virgili amic- de l'horta ufana, 
dels tarongers florits i l'api tendre, 
de l'aixada i la falç, del gos a l'era. 
(Lluny, pel cel clar, va un vol daurat de garses.) 

Parlo d'un riu antic, solcat encara 
pels vells llaguts: els últims, llegendaris 
llaguts, tan afuats com una espasa, 
i carregats de vi, de llana, d'ordi, 
i amb mariners cantant sobre la popa. 

Parlo d'un lent crepuscle que posava 
or tremolós a l'aigua amorosida, 
punts de llum a les ales dels insectes, 
solars reflectiments als ponts llunyans. 

Dolça remor de l'aigua en el record.

---
Foto: Gerard Vergés en lainformacion.com

lunes, octubre 01, 2012

Carlos Battilana / Los pájaros se acercan



*

Los pájaros se acercan
al jardín: sobre todo
gorriones, pero también
calandrias, jilgueros,
cabecitas negras, algún
hornero. Caminan
por el pasto
mueven sus cabezas
absorben
los minerales de la tierra
están preparados
ante el menor descuido.
Los pájaros
se demoran
en el conurbano
profundo
husmean
los beneficios del jardín:

¿padecerán el recuerdo
de un bosque
oscuro?

Como un resto
de otro resto
la tierra
mezcla
o articula
el residuo
de lo civil.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, 1964), Velocidad crucero, inédito

Ilustración: Todo lo que cuelga, 1930, Paul Klee

domingo, septiembre 30, 2012

Jorge Fondebrider / Conversación




Conversación

Adentro no pasan cosas importantes.
Por eso salimos al crepúsculo y prende un cigarrillo.
Me dice qué cosa que es la noche.
La miro apoyado en la baranda
pensando que tal vez todo es así
porque la vida es eso y no hay fisura,
apenas un rostro a contraluz
y entonces pasa el río que va por otro cauce y me doy cuenta
de que acaso hay un abismo
y un vértigo también.
No hay duda de que estamos
profundamente solos,
ajenos en la fe como en la carne
y apenas nos rige una ilusión
y no es la misma.

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956), inédito

Ilustración: Two People Walking, c.1965, Laurence Stephen Lowry

sábado, septiembre 29, 2012

Juan Gelman / lamento por el sapo de stanley hook




stanley hook llegó a Melody Spring un jueves de noche con un sapo en la mano
"oh sapo" le decía "sapito mío íntimo mortal y moral y coral
no preocupado por esta finitud
no sacudido por la triste condición furiosa" le decía

"oh caballito cantor de la humedad oh pedazo esmeralda"
le decía stanley hook al sapo que llevaba en la mano
y todos comprendieron que él amaba al sapo que llevaba en la mano
más allá de accidentes geográficos sociológicos demográficos climáticos
más allá de cualquier condición

"oye mío" decía "hay muerte y vida y noche y sombra y luz"
decía stanley hook "y sin embargo te amo sapo
como amaba a las rosas tempranas esa mujer de Lesbos
pero más y tu olor es más bello porque te puedo oler"

decía stanley hook y se tocaba la garganta
como raspándose el crepúsculo que entraba y avanzaba y le ponía el pecho gris
gris la memoria feo el corazón
"oye sapo" decía mostrándole el suelo
"los parientes de abajo están divididos ni siquiera se hablan"
decía stanley hook "qué bárbara tristeza" decía ante el asombro popular
los brillos del silencio popular
que se ponía como el sol

esa noche naturalmente stanley hook se murió
antes dio terribles puñetazos a las paredes de su cuarto en representación de sí mismo
mientras el sapo sólo el sapo todo el sapo
seguía con su jueves

todo esto es verdad
hay quien vive como si fuera inmortal
otros se cuidan como si valieran la pena
y el sapo de stanley hook se quedó solo

Juan Gelman (Buenos Aires, 1930-México, 2014), Traducciones III. Los poemas de Sidney West (1968-1969), Editorial Galerna, Buenos Aires, 1969

Ilustración: Street Scene, 1958, Laurence Stephen Lowry

actualizado 2014

viernes, septiembre 28, 2012

Aníbal Cristobo / Una objeción




Una objeción

Objetos como estos potes, lociones de afeitar
correctamente etiquetadas y expresadas, colonias,
no son paradigmáticas, no sirven como recursos o ilustración de lo que
nos sucede

constantemente. No consiguen tampoco
crear un guión de nuestras actitudes: nos ponemos loción
y salimos; en el ascensor ya somos una incógnita
nueva, manchados por las dudas, o la desconfianza
ante un perro cuya mirada no puede comprenderse. Una mancha
de aceite, en la calle y un frasco de aceite, más tarde, en el
supermercado
establecen una relación necesaria; mentalmente
podemos regresar sobre esos datos: para imitarnos,

eliminamos las magnitudes despreciables; nos perfumamos
con actos improvisados, implorando
que ningún Jack Russell intente frotarse en nuestra pierna
mientras bajamos desde el 5to piso -y llamamos a esto

decisión: al parecer, compramos ese ticket
como quien adquiere una cadena infinita de consecuencias. Pero
no: el reverso, la frase se nos escapa y otra vez
reencarnamos en nuestro propio tránsito, aunque
éste no exista. La página que escribo ya dejó de existir, o bien
tenemos problemas con el navegador, interrumpidos
siempre por el ruido que hacemos al quitarnos las manchas, intentando
recuprerar alguna apariencia tras hacer el amor
con un perro, o quedarnos callados, fumando, con los dientes
perfectos, cuando llega un mensaje
y transforma por un momento algo importante

en algo irrelevante, y no lo percibimos.

Aníbal Cristobo (Buenos Aires, 1971), Krakatoa, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2012


Foto: Aníbal Cristobo en Facebook

jueves, septiembre 27, 2012

Piergiorgio Viti / La miope



(la miope)

No es raro que me equivoque,
confundo las entradas con las salidas,
los ómnibus que se van
con los que vienen;
confundí incluso un amor
con el de otro,
pero me di cuenta enseguida,
por el olor de la loción para después de afeitar
o porque el abrazo
no era igual.

No es raro que me equivoque,
pero me gusta,
prefiero escuchar,
desenredar las voces,
porque salen del pecho,
colmena del alma,
y si me dicen
por qué no me pongo anteojos
respondo que la realidad hace tanto mal
que a veces es mejor
imaginarla.

Piergiorgio Viti (Sulmona, L'Aquila, 1978), inédito


(la miope)

Non è raro che sbagli,
confondo le entrate con le uscite,
gli autobus che partono
con quelli che ritornano;
alcune volte ho scambiato con altri
perfino il mio amore,
ma me ne sono accorta subito,
dall’odore del dopobarba
o perché l’abbraccio
non era lo stesso.

Non è raro che sbagli,
però mi piace così,
preferisco ascoltare,
districarmi tra le voci,
perché partono dal petto,
alveare dell’anima,
e se mi chiedono
come mai non indosso occhiali,
rispondo che la realtà fa così male
che a volte è meglio 
immaginarla.

---
Ilustración: Porto di Marghera, 1983, Zoran Music

miércoles, septiembre 26, 2012

Aldo Oliva / Parábola




Parábola

Este lobo translúcido, este
lánguido andante de un ansia extinguida
no podrá ocultar el matorral
incierto,
la solapada corriente del dolor
donde, sin saberlo, deambula;
no busca el placer sino el ensueño
de existir, a ras del piso, arrastrado
por el alcohólico comezón de la angustia.

Sonríe, a veces, a la altura, sin embargo;
como abarcando un círculo de airado ópalo;
cúmulos temibles de cernidas
olas de fuego, berceuse vertida en pizzicatto,
tremando en la sima de la niñez.

Fueron entonces los momentos,
en que, exhibiendo su cuchillo,
lo hundió en las junturas de las piedras
de algunas coquetas callecitas;
amasó un cosmos de la tierra fascinada
en el prodigio del principio: con saliva
y orina fue creando la invención del amor.

Y quedó solo.

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000), "Ese general Belgrano y otros poemas", 2000, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003

Ilustración: Venezia d'oro, 1961, Lucio Fontana

martes, septiembre 25, 2012

Eugenio Montale / Paseo junto al lago


                      
                                      Campione

El pequeño halcón pescador
cayó en picada sobre un tiesto de terracota
entre los muchos puestos sobre un muro junto al lago.
Oculto entre los claveles era visible
lo suficiente como para hacer posible
un diálogo.
Eres el último ejemplar de una especie
que yo creía extinta, dije.
La sobreabundancia de vosotros
surtirá el mismo efecto, fue su respuesta.
Ahora aprendo, acoté, que se es demasiados o ninguno.
Con el privilegio dijo el halconcillo
de que alguno de vosotros asistirá al ballet final.
A menos, repliqué, que espacio y tiempo, fin y principio
sean tan sólo invenciones humanas
mientras que tú ya devoraste el Todo con tu pico.
Adiós, hombre, adiós halcón y olvídate tu pesca.
Y tú olvida la tuya sin picos y sin alas,
hombrecito, hombrezuelo.
                         Y el granuja
se eclipsa en un halo de púrpura y herrumbre.

Eugenio Montale (Génova, 1896-Milán, 1981), "Cuaderno de cuatro años", 1973-1977, Poesía completa, traducción de Fabio Morábito, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2006.


Lungolago

                       Campione

Il piccolo falco pescatore
sfrecciò e fini in un vaso di terracotta
fra i tanti di un muretto del lungolago.
Nascosto nei garofani era visibile
quel poco da non rendere impossibile
un dialogo.
Sei l'ultimo esemplare di una specie
che io credevo estinta, così dissi.
Ma la sovrabbondanza di vuoi uomini
sortirà eguale effetto mi fu risposto.
Ora apprendo osservai che si è troppi o nessuno.
Col privilegio vostro disse il falchetto
che qualcuno di voi vedrà il balletto finale.
A meno ribattei che tempo e spazio, fine
e principio non siano invenzioni umane
mentre tu col becco ha divorato il Tutto.
Addio uomo, addio falco dimentica la tua pesca.
E tu scorda la tua senza becco e senz'ali,
omiciattolo, ometto.
                     E il furfante dispare in un alone
de porpora e di ruggine.

---
Ilustración: Derniers messages, 1967, George Braque

lunes, septiembre 24, 2012

Germán Arens / Después de caminar casi nueve leguas...























Después de caminar casi nueve leguas...

Después de caminar casi nueve leguas
llegué a la ermita.
El niño estatua permanece en ella,
también su madre.

Río y altura mediantes
el pueblo está a mis pies.
En su apariencia todo está abandonado.

Llega la noche,
decido dormir en el lugar.

A pesar de ser octubre
las colonias están secas.

La luna está casi llena.
En el centro de Orión las Tres Marías.
Sobre el horizonte oeste
muy cerca de Venus distingo a Saturno,
el de los diecisiete satélites.
Venus, que es el Lucero, apenas si se ve.
Busco a Júpiter en el este.
¿Estará el Gordo en Ganímedes?...

Entro a mi bolsa de dormir,
una vieja Duvet de pluma de ganso.
Enciendo mi linterna
y me entrego a la lectura de
“Algunos discursos presidenciales desde la vuelta
de la democracia a nuestros días”.

Mañana cruzaré el puente negro.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), Siempre creí que los zombis eran los protagonistas de un subgénero del cine de terror clase B (publicará Vox, Bahia Blanca)
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Ilustración: The Big Moon, 1923, Marianne von Werefkin

domingo, septiembre 23, 2012

Basil Bunting / Coda





Coda (de Briggflatts)

Una vigorosa canción precipita
esa larga congoja del oído.
Ciegos, seguimos entonces
la pendiente de la lluvia, su rocío acariciante
sobre campos que ignoramos.

Noche, reflotándonos.
Viento costero, un quejido
que interpela al océano
sobre cuánto hemos perdido, cuánto hemos abandonado,
qué sonidos se fueron a pique,
qué coronas se alejan a la deriva.

¿Dónde estamos? ¿Quién sabe ya
de reyes que bebían
mientras el día agonizaba? ¿Quién,
sacudiendo al hacha
para deponer a los reyes, adivina
hacia donde nos retiramos?

Basil Bunting (Scotswood-on-Tyne, Northumberland, Inglaterra, 1900-Hexham, Northumberland, Inglaterra, 1985), Covers. 36 poetas en lengua inglesa, traducción de Armando Roa, Uqbar Editores, Santiago de Chile, 2010


Coda (from Briggflatts, 1965)

A strong song tows 
us, long earsick. 
Blind, we follow 
rain slant, spray flick 
to fields we do not know. 

Night, float us. 
Offshore wind, shout, 
ask the sea 
what’s lost, what’s left, 
what horn sunk, 
what crown adrift. 

Where we are who knows 
of kings who sup 
while day fails? Who, 
swinging his axe 
to fell kings, guesses 
where we go? 

viernes, septiembre 21, 2012

Milo De Angelis / De "Tema dell'addio"




Todo estaba ya en camino...

Todo estaba ya en camino. Desde entonces hasta aquí. Todo
el tiempo, luminoso, rozaba los labios. Todas
las respiraciones formaban el collar. Las sombras
de Lambrate cerraron la puerta. Toda la habitación,
absorta, devino el primer latido. El negro
de tus cabellos contra el amarillo del último rayo.
Desde entonces hasta aquí. Era el primer día de verano.
El silencio nos llenaba la frente. Todo estaba
ya en camino, desde entonces, todo estaba aquí, único
y perdido, nuestro y remoto, ardiente. Todo pedía
ser esperado, regresar a su verdadero nombre.

Milo De Angelis (Milán, 1951), Tema dell’addio, Mondadori, 2005
Versión de Jorge Aulicino


Tutto era già in cammino. Da allora a qui. Tutto 
il tempo, luminoso, sfiorava le labbra. Tutti 
i respiri si riunivano nella collana. Le ombre 
di Lambrate chiusero la porta. Tutta la stanza, 
assorta, diventò il primo battito. Il nero 
dei tuoi capelli contro il giallo dell’ultimo raggio. 
Da allora a qui. Era il primo giorno dell’estate. 
Il silenzio ci riempiva la fronte. Tutto era 
già in cammino, da allora, tutto era qui, unico 
e perduto, nostro e remoto, ardente. Tutto chiedeva 
di essere atteso, di tornare nel suo vero nome. 

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Ilustración: Naturaleza muerta sobre mesa azul, 1947, Henri Matisse

jueves, septiembre 20, 2012

Yu Jian / #320




#320

la suela gris de las nubes avanza por el cielo
y las oficinas se oscurecen, las pantallas emiten una fluorescencia fantasmal
los cuellos se cierran sobre las gargantas de los empleados
esas mujeres que atraviesan la calle financiera no deben ser provocadas
con celulares repletos de dinero           bufandas al viento
zozobran en tacos altos bajo las patas de gallo
los adolescentes dentro del ascensor
no son ninguna excepción           tres de ellos morirán pronto
en cuanto el tiempo empeore un poco           la ambulancia que transporta un cadáver
pasa aullando          el grito de los cuervos reparando el cielo
llega desde un obrador de los suburbios
el día toma una expresión cansada
deteniéndose           cada uno está inmerso
en sus propios asuntos           haciendo en secreto las cuentas de su vida
los hombres buscan cigarrillos           y fuman
las mujeres van al baño           a rehacer el maquillaje
este momento pasa rápido
las nubes oscuras           se dirigen hacia el estacionamiento
la electricidad regresa al mundo           ya más viejo

Yu Jian (Kunming, 1954), Un país mental. 100 poetas chinos contemporáneos, traducción de Miguel Angel Petrecca, Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2011

#320

这个时间乌云的灰鞋底踩着天空
公司黑暗           电脑鬼火荧光
白领向着职员们的喉结收紧
走过金融大街的女人都是惹不得
塞满硬币的手机           围巾变质
鞋跟尾随着鱼尾纹下垂
站在电梯里向上驶去的
年轻人也不例外           其中的三个人快要死了
只要天色稍微不好           运输尸体的快车
尖叫着驶过           乌鸦修理天空的声音从
郊区的一处工地传过来
日子就会神色疲惫
停下           各自想一想各自
的事情          把人生账目暗自盘点
男士拿出香烟           抽一支
女士去卫生间           补一补妆
这一刻很快过去了
乌云系好裤带           走向停车场
世界重新来电           已经老化

Foto: Yu Jian en Facebook

miércoles, septiembre 19, 2012

Olvido García Valdés / Poema


tenía la alegría de ir a verte, pensó
que le diría si no acudía a la cita, la sustancia
de los afectos, aun si hay error en
la valoración de las personas, es
a menudo diáfana

de lejos viene
el habla de los ancianos, ritmo, tendencia
parlanchina o silenciosa en la pareja, consabida
forma de acercarse a lo próximo

      la mirada
equívoca de la camarera a los clientes, amable y
coquetamente cálida y al tiempo distanciada
en la atención profesional, despectiva
y asqueada al transmitir luego las órdenes

                          era
octubre con un calor casi de agosto salvo en la
transparencia de azul atardecer, azul leve
hacia lo blanquecino, no desvaído sino
crecido en más diáfana luz, el cielo cerca debería
llamarse, se ve que es aire, sí, y el dolor
intransitivo, aunque la pena no

Olvido García Valdés (Pravia, Asturias, 1950), en XX Festival de Poesía de Rosario

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Foto: Olvido García Valdés por Su Alonso & Inés Marful

martes, septiembre 18, 2012

José María Pallaoro / De "Otro día"



Sillas 

Hay una silla en el sentar
de ahora está más
para fueguito de anoche.
¿Podrá el volver
sentarse en cuerina roja
como corazón que late?


Volver, volvimos

En el momento de volver,
el mundo se acomodó,
y volvimos

a la pobreza de las voces.


Nadie despierta vivo

En los días de atrás,
unos nueve o diez,
ayer que le dicen, no supe
por dónde andaba. La espalda
se retorcía en un dolor aguado,

eso creo recordar, sentado
siempre con la cabeza
gacha, con los ojos cerrados;
en el afuera
luces brillantes de los días

felices; tan extraño
como el exterior de mí,
como el interior de mí,
como un sueño del que
nunca despierto vivo.


José María Pallaoro (La Plata, 1959), Otro día, 2011

Foto: Facebook

lunes, septiembre 17, 2012

Roberto Roversi / De "Las treinta miserias de Italia"



De "Las treinta miserias de Italia"

XII

La miseria de la mísera Italia número doce
la cabeza en llamas la maraña
de la fiesta de los pensamientos paja que
se inflama arde entre ascuas humeantes.
Se consumen noticias mezcladas con el recuerdo
de viejos tiempos
el bagaje sobre el carro de la vida en marcha
es espacio de fresca primavera.
En otro lugar, polvo levantado por el auto
en el camino de campaña
huele a manzana mientras el mirlo se aleja
chilla fuerte en el hilo de hierba a lo largo del mar
cercos cercos cercos de adelfas abandonados y
pinos decapitados por vientos seculares
camino a la tierra.
¿Puede la muerte urdir su lacerante matanza
reducir a cenizas el delfín
el buque a fuego
la dominante nube en ciclón y
arrollar la vida?
¿El fervor es arrastrado al torbellino
lo existente en un instante desaparece
la juventud es luego recuerdo sobre el ojo cerrado
del cielo interminable de techos
y finalmente se olvidan las tumbas de los viejos héroes?
¿Cuántas primaveras los hombres fugitivos
ignoran las jóvenes alas que
llegan traídas por el viento?
Se puede considerar la oportunidad
de no resignarse
a quemar en el carro de los vencedores
incluso nuestras propias banderas.
Por favor.

Roberto Roversi (Boloña, 1923-2012), L'Italia sepolta sotto la neve, 1989
Versión de J. Aulicino

XII

La miseria della misera Italia numero
dodici
la testa in fiamme la sterpaglia
della festa dei pensieri paglia che
avvampa brucia fra braci di fumo.
Si consumano notizie mescolate al ricordo
di vecchie età
l'armamentario sul carro della vita
in corsa
è spazio di fresca primavera.
Altrove polvere sollevata dall'auto nella
strada di campagna
odora di mele mentre il merlo s'allontana
stride forte a filo dell'erba lungo il mare
siepi siepi siepi di oleandri abbandonati e
pini scavezzati dai venti secolari
camminano a terra.
Può la morte ordire il suo acuminato
massacro
ridurre in cenere il delfino
il vascello in fuoco
la sovrastante nuvola in ciclone e
travolgere la vita?
Il fervore trascinato in gorgo
l'esistente in un attimo è scomparso
giovinezza è il ricordo poi sull'occhio
chiuso
del cielo interminabile di tetti
e alla fine dimenticare la tomba
dei vecchi eroi?
Quante primavere gli uomini fuggitivi
abbandonano alle giovani ali che
arrivano portate dal garbino?
Si può considerare l'opportunità
di non rassegnarsi
bruciare il carro del vincitore
anche le nostre bandiere.
Per favore.

Foto Roberto Roversi en La Stampa

Agustín Delgado / Dos poemas






El primer hombre

El primer hombre
Que comparó a una mujer
Con una flor
Era un genio.
El segundo
Era un novísimo.

El tercer hombre
Descifró la batalla:
Los heridos se llamaban carabineros
Pues eran pobres.
Los hirientes se llamaban estudiantes
Pues eran delfines.
Reinaba, creo, Augusto.

Él, para más inri
No se escribía
Sino Pier y Paolo.

A saber
De qué lo flecharon.


En privado

Hace ya tiempo
Que no escribo poemas

Antes me gustaba
Tener la cuartilla delante de los ojos
Y mirar el atardecer.

Ahora
Se me llena por las noches la cabeza de ruido
Un ruido raro
Y veo palabras infinidad libélulas
Desaparecen revoloteando hasta perderse

Y me pierdo yo
Y caigo sin respiración en el anfiteatro de la noche
Y despierto
Con los músculos agarrotados.

Cuando voy a gritar
Una mano blanquísima baja lentamente
Y me tapa la boca.

Agustín Delgado (Rioseco de Tapia, León, España, 1941 - 2012), de Espíritu áspero. Poesía reunida (1965-2007), Trama Editorial, Madrid, 2010

Foto: Agustín Delgado por Lucía del Pozo Diario de León