miércoles, enero 11, 2023

Hugo Diz / Secuencias de Mayo




Ha ido gente, va, seguirá yendo.
Canastos, bolsos de nylon, huecos
más o menos
estandarizados a la zaga. 

A la zaga
        una remolacha forcejea,
el apio forcejea con la remolacha
la señora con los verduleros. 

Ha ido gente, va, seguirá yendo.
Ha ido un padre con un niño rubio.
Ha ido gente, va, seguirá yendo. 

Míranse, háblanse, dícense cosas
sin conocerse
o conociéndose
o amándose,
míranse
como perdidos o encontrados
míranse buscándose.

Mírese desde el piso duodécimo la ciudad;
véase cuanta gente ha ido, va, seguirá yendo
al hormiguero comercial, truequista, colorido.

Míranse, háblanse, dícense cosas.
        Algunos se conocen. 

               Nadie se conoce
               y parece que sí
               que se conocen. 

Era, súpose, un día de Mayo, el 17. 

El sol, rojizo, no cae por soberbia. 

La ciudad, véase, es sobresaltada,
hora de cese de tareas, de los vespertinos,
véase, hora de bajar las persianas; así pasa
en los cines, el fin, las luces
que se encienden
algo parecido
                     sucede en todas las ciudades. 

Aquí en la olvidada, en la mercantilista
en la autofundada
diríase
           es la hora de llegada. 

Era, súpose, un día de Mayo, el 17. 

Únense en la ciudad atmósfera, indignación.
        -Ellas no se conocen- 
Hay gente aquí indignada, véase hombres
y mujeres, niños de brazos, niños de mama todavía,
          véase comunión
          de hombres y mujeres
          indignados. 

“¡Han muerto un Compañero!” 

Véase comunión
de hombres y mujeres
indignados.

“¡El compañero tiene la palabra!”

Dícense
        cosas

              desde una tribuna
              denúncianse torturas,

dícense
        cosas

              denúnciase una muerte. 

Pocos escuchan lo que dícese
todos entienden lo que dícese. 

Era, súpose, un día de Mayo, el 17. 

        Algo
se mueve entre la multitud
se mueve como tortugas filmadas
a 8 cuadros por segundo, algo se mueve,
una marea de brazos, una marea pétrea
        enlutada.

¿Son dos mil?
¿Tres mil?
¿Cinco mil?

Amas de casa dejan a su marido sin cena, dejan
los bancos los bancarios, los ferreteros las
ferreterías.

               ¿son dos mil?
               ¿tres mil?
               ¿cinco mil?

       Míranse
       háblanse
       dícense cosas,
       algunos se conocen.

“¡Ha muerto un compañero!”, “¿vamos
a quedarnos aquí, de brazos cruzados?
No, compañeros, no”.

Era, súpose, un día de Mayo, el 17.
 
Alguien dice que vienen
        montados a caballo,
alguien dice que escucha
        que son detonaciones,
alguien dice que tiran:
        -es para intimidarnos-
alguien dice 
        ordenando:

"¡Hacer frente, carajo!"


Se hace frente
        se corre
               se atropella
                     se insulta
                              se pisa
        se apedrea
                  se patea 
                         se escupe
                             se desgarra
 

se corre
        hay un encierro
                     se corre;
                             hay otro encierro
se busca
        hay una galería
                     se internan:
                                sin salida.

Era, súpose, un día de Mayo, el 17.

Resuena
un estampido
en el corredor si salida, 
un policía
dispara por disparar, 
tira por cobardía.

El ruido paraliza.
 
Mientras la muerte deja color espeso,
el color espeso un nombre,
el nombre una bandera.

        Era, súpose, un día de Mayo, el 17.

Ha quedado en algunos lugares
ropa caída, un zapato, sangre,
madera mitad marrón o mitad negra,
maderas humeantes todavía, húmedas,
ojos irritados todavía, húmedos.

El silencio deja oír:
un perro gime, llora, se lamenta a lo lejos
un ford ronronea acatarrado, perdiéndose

        ¿Cuántas puertas
        se abrieron oportunamente?
        ¿Cuántas respondieron
        a febriles llamados?
        
        La ciudad tuvo dueños.
        La ciudad fue tomada.

Una madre pide por su hija
un padre pide por su hijo
100 madres piden por sus hijas,
100 padres piden por sus hijos,
una madre pide por su hija
        la jefatura local
        no atiende, no trabaja;
un padre pide por su hijo 
        la jefatura local
        no atiende, no trabaja.

              La radio
     comunica un comunicado:

        “Por un hecho fortuito, involuntario
        perdió la vida un joven estudiante.»

Duérmese la ciudad olvidada, mercantil,
duérmese cuando amanece, duérmese al mediodía
duérmese tranquila bajo el sol, sol
                  tranquilo de Mayo. 

Un jeep, suena una sirena, patrullan
las calles perros y metralletas. Mientras
                  la ciudad
duérmese tranquila bajo el sol, el sol
                     tranquilo de Mayo. 

Apesta una infección; la peste pasa
vestidos de civil, preguntan.

Los mismos que golpearon, los mismos
los mismos que mataron, los mismos
vestidos de civil preguntan.

        Era, súpose, un día de Mayo, el 19.

               Luce
          deslucido
      el national city bank
el alquitrán es una cabellera colgante
                 luce
            un mamarracho
         el national city bank,
     el bronce fue tapado, el bronce
           de las puertas
         y de las ventanas,
              quísose
tapar el dólar, más véase, el dólar
es un gato salvaje; se defiende, es defendido,
el dólar es un gato panza arriba, se defiende,
         es defendido.

         Era, súpose, un día de Mayo, el 20.

Dícese, no lejos de aquí el viento mece
unas hojas débiles, no lejos un obispo
corta papel higiénico, no lejos unas hojas
amarillas, secas, tocan tierra, no lejos
un botón oprimido arrastra cosas.

Ha ido gente, va, seguirá yendo

Un multitud decorosa mírase
sin hablar, háblese sin mirar
la multitud dícese cosas sin hablar.
 
Una patrulla pasa
        a chorros moja
                 con agua tinta

                                       roja.

¿A otros han querido manchar?
¿Han querido quitarse de sus ropas
el color espeso, la sangre incomprensible
de la víspera?

A chorros moja
       con agua tinta

                            roja.

Los que miran, los que son mojados
        ignoran
              el agua tinta

                                  roja.

        Algo
prepárase en la tarde; el sol cae,
no se sabe
algo trae la oscuridad, una multitud
apacible, pulcra, inofensiva, viene y va,
mira y sigue
            algo trae la oscuridad
no se sabe; algo viene.

        Era, súpose, un día de Mayo, el 21.

Los bancarios han dejado los bancos,
los ferreteros las ferreterías, los
tenderos las tiendas

Diríase
       que un aire de rebelión
           viene y va,
                     mira y sigue.

        Un grito toca tierra:
Una columna avanza desde el río!

La calle del paseo obligado efervece.

Paso a paso avanza una columna que
viene desde el río, una columna humana
que viene con hombres y mujeres
desde el río.

               Traen
               troncos
               maderas
               líquidos
               escondidos

Van paso a paso
estrechando filas.

Es angosta la calle
quizás angosto el río.

         Véase
         Véalos
         cargando fósforos y vocales
           fósforos y líquidos,
           troncos y botellas,
la mayoría entonan estribillos.

        Véase
        véalos:

-Oíd el ruido de rotas cadenas
ved el trono a la noble igualdad-

En la noche bajan de los edificios,
otrora, en la invasión, aceite hirviendo.

        Era, súpose, un día de Mayo, el 21.

Una sirena taladra los oídos, lanzan gases,
a lo lejos disparos, más cerca disparos,
la peste trata, intimida, la peste cumple.
Míranse sin hablar, háblanse sin mirar,
        dícense cosas, ordénanse…

        El gas

              hace llorar

                          solamente.

La peste trabaja encarnizada, no vacila,
los palos que dan son palos que reciben.
La peste no entiende esta batalla, a sus
armas de guerra les responden zapallos,
botellas, zanahorias; la peste retrocede.

        Véase cuántos
     con sus papas, sus piedras.

Leña vuelve a juntarse, un fósforo, una llama.
Véase, la lucha es fuego, maderas, barricadas,
el pueblo tiene armas
               que son juego de niños
               esferas coloreadas.

Mírese nuevamente, véase caballos rodar
o patinadores ebrios, véase jinetes
lamer el asfalto, véase también
sablazos
        tajear, descoyuntar,
machetes,
        machacar, conmocionar,
gomas
        abrir
               heridas casi nuevas.

La ciudad tranquila véasela entorchada
en cada esquina, véasela brillante, luce
un fuego púrpura, azul, violeta, que llamea.

        Era, súpose, un día de Mayo, el 21.

Al enemigo véaselo al resguardo
al teléfono, en la retaguardia, mientras
sus autómatas: la peste
rapta, golpea, tortura o asesina legalmente.

Cumplen órdenes: 
        “mata antes que te maten”
        “dispara antes que te disparen”
        “golpea antes que te golpeen”

        La peste cumple órdenes
        que son casi placeres.

        Mata antes que los maten,
        dispara antes que les disparen,
        golpea antes que los golpeen.

Véase caballos rodar como patinadores ebrios,
véase jinetes lamer el asfalto, véase también
       pistolas disparar.
Mírese aquí
mírese atentamente
mírese a 36 cuadros por segundo:

Era, recuérdese, un día de Mayo, el 21.
        Un niño retuércese y cae,
        un calor derrítelo, voltéalo,
el niño sólo corría, temía no volver a su casa
a la fábrica,
el niño que no vuelve
               a su casa, a la fábrica.

Qué índice
        de qué matriz salido
        puede oprimir así
                        el gatillo?

(hay dos muertos y heridos dice el
informativo, no dice asesinados casi
en nuestras narices)

La teletipo informa a Buenos Aires:

“Una bala, al parecer perdida, ha
dado muerte a un joven de sólo 15 años”.

        Era, súpose, un día de Mayo, el 21.

Tómese lo pasado, reconstrúyalo,
véase normalmente, humanamente
véase a 24 cuadros por segundo:

A muertes impónese la calma, a muertes.

Aquí créase un vapor, una calma mortuoria
llueve una calma apenas, enterrar los caídos
esconder, rescatar los heridos, otras tareas.

Algo efervece en otras latitudes.
Aquí esperábase ciudades solidarias.

        Los muertos han muerto
para el registro de personas,
dícese que para los periódicos,
dícese que para los semanarios que
han impreso sus nombres, sus fotos.

Aquí esperábase ciudades solidarias.

        Los muertos, cuéntase, resucitan.

Ahora, sábese quién es el enemigo.

El enemigo es uno, tiene esbirros,
cerdos de buen tamaño, casi humanos,
los muertos, cuéntase, resucitan
de una y otra muerte, y de todas las muertes 
                                        resucitan.

Presúmese inminente la caída del fuerte,
el férreo, el inmutable.

Ahora, sábese, quien es el enemigo.

        Aquí
          llueve
     una calma mortuoria.
   La mercantilista, la olvidada
     la autofundada, duerme.

Ahora, sábese, quién es el enemigo.

Alguien despierta por los muertos,
por los otros que duermen, 
dícese
        que la ciudad céntrica,
es una hoguera grande
                             luminosa.

               Aquí
             comienza,

          la lucha continúa.

Hugo Diz (Rosario, Argentina, 1942-2022), "Manual de utilidades", 1976, Palabras a mano. Poemas escogidos Tomo I 1969/1983, Ciudad Gótica, Rosario, 2003


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Poemazo! Poesía política en carne viva. Gracias! Alfredo Lemon

Anónimo dijo...

Muy bueno! TinA Elorriaga