jueves, marzo 02, 2017

Edward Hirsch / Domingo por la mañana temprano















Solía burlarme de mi padre y sus compinches
por levantarse temprano los domingos por la mañana
y beber café en un área de estacionamiento del lugar
pero ahora yo soy uno de esos compinches.

A nadie le importan mis viejas humillaciones
pero ellas continúan arrastrándose por mi sueño
como una ristra de latas vacías que resonaran
detrás de un coche abandonado.

La cosa es así: justo cuando crees
que te has olvidado de aquella muchacha pelirroja
que te dejó varado en un parking
cuarenta años atrás, te despiertas

lo bastante temprano para verla desaparecer
a la vuelta de la esquina de tu sueño
en la motocicleta de otro
rugiendo por la autopista hacia la salida del sol.

Y así, ahora estoy sentado en un café
débilmente iluminado lleno de madrugadores
cuyas ventanas están cubiertas de hollín
y el café es tibio y amargo.


Edward Hirsch (Chicago, Estados Unidos, 1950), The Living Fire, Knopf, Nueva York, 2010.
Versión de Jonio González


EARLY SUNDAY MORNING
   
I used to mock my father and his chums 
 for getting up early on Sunday morning 
 and drinking coffee at a local spot 
 but now I’m one of those chumps.

 No one cares about my old humiliations 
 but they go on dragging through my sleep 
 like a string of empty tin cans rattling 
 behind an abandoned car.

 It’s like this: just when you think 
 you have forgotten that red-haired girl 
 who left you stranded in a parking lot 
 forty years ago, you wake up

 early enough to see her disappearing 
 around the corner of your dream 
 on someone else’s motorcycle 
 roaring onto the highway at sunrise.

 And so now I’m sitting in a dimly lit 
 café full of early morning risers 
 where the windows are covered with soot 
 and the coffee is warm and bitter.

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