jueves, diciembre 07, 2017

Javier Cófreces / El submarino















                 El ARA San Juan está desaparecido
                desde el pasado miércoles.
                                   Diaro Perfil, 18/11/2017

               Con vida los llevaron con vida los queremos.
                                  Madres de Plaza de Mayo


En la Argentina durante la dictadura
desaparecieron 30.000 personas.
A cuarenta años del genocidio
desaparece un submarino
de la fuerza armada nacional
que más contribuyó al exterminio.
Su práctica de tortura más usual
se denominaba “el submarino”
(los verdugos sumergían en un piletón con agua
la cabeza del detenido, para procurar confesiones).

En el ARA San Juan hay 44 tripulantes,
No están ni vivos ni muertos, son desaparecidos.*
Esta vez se conocen sus nombres
y se sabe que están presos en el navío,
quizás bajo el Mar Argentino,
donde se arrojaban los cuerpos
de los desaparecidos que jamás fueron hallados.

¡Aparición con vida…!

*Jorge Rafael Videla, conferencia de prensa en 1979

[inédito]

Javier Cófreces (Buenos Aires, 1957)

Ediciones en Danza - Página 12 - La Nación - Campeones TV

miércoles, diciembre 06, 2017

Pablo Ananía / La última conversación de un poeta


               
               











                 Ahora tú conversas, padre mío, despierto
                                                          José Portogalo


Bebe, se resigna. Su vida era la rima.
Oye, levísima, una respiración a sus espaldas:
es la tortura física lo que lo aterra.
Habla de las razones de su existencia,
las razones de la locura solidaria que lo acompaña,
la locura que lo acompaña con su música seductora,
con su música seductora a sus espaldas.
"¿Rima, escribe, habla?", le pregunto.

Si vida era la rima, su vida era la rima.

"¿Mueren los afectos también?", me pregunta.
"Es una buena versión", digo.
Nada lo complace, hábitos que ha adquirido con el tiempo,
hábitos de lenguaje, torturas que se complace en reiterar,
hábitos de vida miserable,
sutiles ejercicios de la palabra,
solitarios ejercicios para su rima.

Bebe, se resigna, Oye, levísima,
una respiración a sus espaldas,
entrecortada, una respiración audible.
"¿Rima, rima, rima?"
Se exalta, lo aterra la tortura física.
Si vida era la rima.

Pablo Ananía (Rosario, Argentina, 1942), Juan Carlos Martini Real, Los mejores poemas de la poesía argentina, Corregidor, Buenos Aires, 1974

Ref.:
La Idea Fija
Página 12
Blog del Amasijo


martes, diciembre 05, 2017

Carlos Drummond de Andrade / Caso lluvioso

La lluvia me irritaba. Hasta que un día
descubrí que era maría que llovía.

La lluvia era maría. Y cada pringo
de maría empapaba mi domingo.

Y mis huesos mojando, me dejaba
como tierra que la lluvia labra y lava

Yo era todo barro, sin verdura...
maría, ¡lluviosísima criatura!

Ella llovía en mí, en cada gesto,
pensamiento, deseo, sueño, y el resto.

Era lluvia finita y lluvia copiosa,
matinal y nocturna, activa…¡Qué cosa!

No me lluevas, maría, más que lo justo
llovizna de un momento, apenas susto.

No me inundes de tu líquido plasma,
¡No seas tan acuático fantasma!

Yo le decía en vano -ya que maría
cuanto más yo rogaba, más llovía.

Y chaparreando atroz en mi camino.
lo dejaba bañado en triste vino.

que no calienta pues el agua de lluvia
mosto es de ceniza, no de buena uva.

¡Lluviadera maría, lluviadona,
lluvinienta, lluvil, pluvimiedona!

Yo le gritaba:¡Pará! Y ella seguía lloviendo,
Charcos de agua helada iba tejiendo.

Y hubo tanta maría en mi casa
que la correntada creó alas

y un río se formó, o mar, no sé,
Sé apenas que en él me anegué.

Y cuanto más las olas me llevaban,
las fuentes de maría más lluviaban,

de suerte que con poco, y sin recurso,
las cosas prosiguieron su curso,

y aquí es el mundo mojado y sumido
bajo aquel siniestro y oscuro llovido.

Los seres más extraños juntándose
en la misma acuosa pasta quejándose

contra esa lluvia estúpida y mortal
catarata (jamás hubo otra igual).

Cantos anti-ad petendam se oyeran.
¡Nada! Las cuerdas de agua más enloquecieran,

y maría, canilla desatada,
más deja salir la correntada.

Los navíos sozobran. Los continentes
sucumben con todos los vivientes,

y maría lloviendo. Fue que a esa altura,
diluida y fluida la humana estructura,

y la tierra no sufriendo tal lluviencia,
se conmovió la Divina Providencia,

y Dios, piadoso y enérgico, bramó:
¡No llueva más, maría! - y ella paró.

Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Brasil, 1902-Río de Janeiro, Brasil, 1987), Antologia poética. Organizada pelo autor, Companhia Das Letras, São Paulo, 2012
Traducción: Silvina Elena Guala y Carles Tàvec

Jornal do Brasil - Escritores Org - El Placard


CASO PLUVIOSO 

A chuva me irritava. Até que um dia
descobri que maria é que chovia.

A chuva era maria. E cada pingo
de maria ensopava o meu domingo.

E meus ossos molhando, me deixava
como terra que a chuva lavra e lava.

Eu era todo barro, sem verdura…
maria, chuvosíssima criatura!

Ela chovia em mim, em cada gesto,
pensamento, desejo, sono, e o resto.

Era chuva fininha e chuva grossa,
matinal e noturna, ativa…Nossa!

Não me chovas, maria, mais que o justo
chuvisco de um momento, apenas susto.

Não me inundes de teu líquido plasma,
não sejas tão aquático fantasma!

Eu lhe dizia em vão – pois que maria
quanto mais eu rogava, mais chovia.

E chuveirando atroz em meu caminho,
o deixava banhado em triste vinho,

que não aquece, pois água de chuva
mosto é de cinza, não de boa uva.

Chuvadeira maria, chuvadonha,
chuvinhenta, chuvil, pluvimedonha!

Eu lhe gritava: Para! e ela chovendo,
Poças d´água gelada ia tecendo.

Choveu tanto maria em minha casa
que a correnteza forte criou asa

e um rio se formou, ou mar, não sei,
sei apenas que nele me afundei.

E quanto mais as ondas me levavam,
as fontes de maria mais chuvavam,

de sorte que com pouco, e sem recurso,
as coisas se lançaram no seu curso,

e eis o mundo molhado e sovertido
sob aquele sinistro e atro chuvido.

Os seres mais estranhos se juntando
na mesma aquosa pasta iam clamando

contra essa chuva estúpida e mortal
catarata (jamais houve outra igual).

Anti-petendam cânticos se ouviram.
Que nada! As cordas d´água mais deliram,

e maria, torneira desatada,
mais se dilata em sua chuvarada.

Os navios soçobram. Continentes
já submergem com todos os viventes,

e maria chovendo. Eis que a essa altura,
delida e fluida a humana enfibratura,

e a terra não sofrendo tal chuvência,
comoveu-se a Divina Providência,

e Deus, piedoso e enérgico, bradou:
Não chove mais, maria! – e ela parou.
---
Foto: s/d

lunes, diciembre 04, 2017

Laura Wittner / Dos poemas















Año

El viento abrió las puertas del balcón
y en un segundo hizo volar por el living
un río de escombros, todo lo que está suelto
todo lo apoyado en superficies:
cartas de Cars, peladuras de lápiz
expensas, papel crepé en bollitos
dibujos con y sin dedicatoria
un estíquer, un clip desenrollado.
Rugía, ese viento, traía lluvia frenética:
salimos a gritar al balcón
mis dos hijos y yo, porque fue un año duro
y pensé que nos lo merecíamos.


Exhibición de atrocidades

Alguien pescó, cortó y dejó
en la orilla esta cabeza de pescado
unida simplemente a su intestino.
La veo y siento mi propia cabeza
cómo se continúa en la garganta
y más allá. Con el mar hasta el culo
se besa la pareja enamorada.
La joven pareja enamorada.
También estuve ahí, sí, claro,
¿quién no? Una mujer sin pelo
entra al agua con determinación.
Apelmazado de sal un perro suelto
olisquea por sorpresa la entrepierna
de una chica en bikini: “¡Salí,
perro de mierda!” (cito textual). Si tres
granos de arena secos son capaces
sobre la roca, al viento, de variar
en dibujos infinitos, ¿cuán atroz
puede ser la variación de esta escultura
que en arena dura y húmeda sugiere
un castillo, un torso femenino,
unas montañas, un circo, una frontera?
¿Qué se arrasa por dentro de los moldes
y convulsiona y en lo químico muta
mientras una tan campante veranea?



Laura Wittner (Buenos Aires, 1967)
"La altura", 2016,
Lugares donde una no está - poemas 1996-2016,
Gog y Magog,
Buenos Aires, 2017






Foto: FB

domingo, diciembre 03, 2017

Xavier Amorós / Pradell















En el pueblo de mi padre,
Pradell, Baix Priorat (hoy,
cuatrocientos habitantes),
no mataron a nadie durante la guerra.

Muertos hubo
más lejos, en las batallas;
muertos de Pradell que entre todos lloramos,
azotados por la tragedia sin rostro.

En el pueblo de mi padre
nadie tiene padrinos;
cuando llueve, llueve para todos.
No es muy lejos,
Pradell, Baix Priorat (hoy,
cuatrocientos habitantes),
avellanas y vino
y una cantera de yeso,
buena agua y buena sangre.

Xavier Amorós (Reus, Cataluña, 1923-2022), Poemes 1959-1964, Edicions 62, Barcelona, 1983
Versión de Jonio González

Foto: s/d

PRADELL

Al poble del meu pare,
Pradell, Baix Priorat (avui,
quatre-cents habitants),
no van matar ningú durant la guerra.
De morts, n'hi hagué
més lluny, a les batalles;
morts de Pradell que van plorar entre tots,
batuts per la tragèdia sense rostre.
Al poble del meu pare,
ningú no té padrins;
quan plou, plou per tothom.
No és gaire lluny.
Pradell, Baix Priorat (avui:
quatre-cents habitants),
avellanes i vi
i una guixera.
Bona aigua i bona sang.

---
act. 2022

viernes, diciembre 01, 2017

William Shakespeare / Soneto 8
















Si tú eres música, ¿te apena oírla?
Si el dulce es dulce y es gozoso el gozo,
¿por qué amas lo que tomas con inquina
y tomas con placer lo ignominioso?

Si no te es grato oír el maridaje
de notas que armonizan y se suman
es porque te regañan con voz suave:
no es sólo para ti esta partitura.

Las cuerdas, como sabes, se disponen
por melodiosos pares y al pulsarlas,
al tiempo que nos cantan un acorde,

parecen padre, hijo y madre amada.
Y su canción, sin letra y con donaire,
te canta: "Tú, solista, no eres nadie."

William Shakespeare (Stratford-upon-Avon, Inglaterra, 1564-1616), Poesías, Andreu Jaume, ed., Penguin Clásicos, Barcelona, 2016
Traducción de Andrés Ehrenhaus
Envío de Jonio González

Imagen: William Shakespeare, retrato pintado durante el reinado de Carlos II (1660-1685) y atribuido a Gerard Soest (detalle) CBS/AFP/National Portrait Gallery

Ref.: Shakespeare Sonnets Com


VIII

Music to hear, why hear'st thou music sadly?
Sweets with sweets war not, joy delights in joy:
Why lov'st thou that which thou receiv'st not gladly,
Or else receiv'st with pleasure thine annoy?
If the true concord of well-tuned sounds,
By unions married, do offend thine ear,
They do but sweetly chide thee, who confounds
In singleness the parts that thou shouldst bear. 
Mark how one string, sweet husband to another,
Strikes each in each by mutual ordering;
Resembling sire and child and happy mother,
Who, all in one, one pleasing note do sing:
   Whose speechless song being many, seeming one,
   Sings this to thee: 'Thou single wilt prove none.'

jueves, noviembre 30, 2017

Oscar Hermes Villordo / La alcantarilla















Párate y oye el agua de insomne alcantarilla:
líquido grillo criba la sombra sin ruidos
-hueca garganta lúgubre, gruta de maravilla-
y abre brocales tímidos de brillos y sonidos.

Herrumbra sordo el sapo; cruje agria la rana;
duerme, casi en el sueño de la noche, y se derrumba...
Ojos, manos y boca gritan lo que se ama.
el grito vuelve, hiere: remota voz, retumba...

Es turbio el mundo y mides, con la sombra, el destierro
del sapo y de la rana, ¡y en la noche tu suela
pisa libre la música del agua sobre el hierro
y ves la alcantarilla que canta y que consuela!

Oscar Hermes Villordo (Machagai, Argentina, 1928-Buenos Aires, 1994), Poemas de la calle, Ateneo Popular de La Boca, 1953; Editorial Tres + Uno, Buenos Aires, 1993


Ref.:
Infobae
Norte
Caína Bella
La Nación
Biblioteca Virtual LGTB


miércoles, noviembre 29, 2017

Lauri García Dueñas / XI Linaje-Estirpe















Sábado 10 de agosto de agosto de 2013, aeropuerto de Nairobi, Kenya.

Está sujeto a su linaje: 
no le es dado, como a personas sin valor, 
darse gusto a sí mismo
Hamlet, William Shakespeare


Imágenes entrecortadas de diferente natura
largas horas de espera en la autopista del territorio que no cesa
trazos de un hombre
jirones en una habitación pequeña
más horas
cuántas horas son necesarias para decir
linaje
estirpe
y que el ideal de una belleza primitiva/repentina
se resquebraje hasta que un caballo negro muerda mi mano derecha
y me dibuje una herida con la forma de una mancha
que coincide
con las de las jirafas Masai
ayer.

Un charco de cosas cargándose sin conexión
sin relación
un atrincherarse a la Tierra porque era necesario
un temblor de aire
un temblor continuo
de esa sustancia blanda que algunos llaman alma
charco en el principio del esternón
enfermedades de otros                       no es mía la enfermedad
accidentes de otros                     no deseo mi propio accidente
los miles de kilómetros hicieron crecer el pozo
y provocaron el terror de que alguien remueva la prótesis del alfabeto
confirmo que la excesiva búsqueda de sentido ocasiona una irrupción insalvable en la traducción
no es mi enfermedad, repito
loading
lost in translation
solo mi estirpe que se conectó telúricamente con
el canto el baile los siglos
el rechazo
el tiempo se distorsionó y las niñas que escucharon palabras en otra lengua confesaron -sin cabellos- el arrebato ante el código
olor a engrudo           siglos de no oler (eso)
que ya no nos pertenece
ese diferente sudor ácido lo invade todo alrededor
estirpe linaje
susurro quedamente
imposibilidad/ cierta tristeza por las fiestas de los familiares olvidados
el dorado de los pastizales
la sabana           la montaña las piedras las moscas que taladraron la paciencia y las curvas
a la vista del felino arde el estómago de esos-siglos
todo desaparece
se desvía el lenguaje ante ese felino a secas en la hojarasca prodigando manchas (usted)
ver un animal salvaje es ahorcar la tuerca de un conocimiento a medias
conocimiento empapado en ese olor incomprensible
en ese tiempo y abandono al que fuimos sometidos
pero
los niños dijeron adiós con la mano a la orilla de las carreteras
las mujeres crecieron del asfalto en fotogramas de colores
las bicicletas pidieron perdón por la falta de agua
el pozo fue la alegría de los poblados rumbo a la ciudad
el cielo se desplomó en su tibieza deslucida
bailé con ese fuego antiguo que me devino rastrojo
(palmas que se zurcen)
¿el zurcido del sexo?
la oscuridad desde dentro con la distancia y el anonimato zumbando en el Dados Hotel subrayó la fortuna
y si alguien me dio la luz
y si no sé para qué
tal vez he de apretar mandíbulas
y sobre las cenizas de una terminal intercontinental
clavar a la tierra el flujo sanguíneo que palpita
aún frente al lago ennegrecido
aún a pesar de las maldiciones y peces muertos
porque la sangre del linaje y la estirpe
quedará intacta aun cuando termine
este doloroso desplazamiento
al que me entregué con la vehemencia que una se entrega a un desconocido.

Lauri García Dueñas (San Salvador, 1980), Periódico de Poesía, UNAM, n° 103, octubre de 2017

Ref.:
Skribalia
El Faro
Festival de Poesía de Medellín
Festival Poesía y Movimiento
Analecta Literaria


martes, noviembre 28, 2017

Roque Dalton / Lo que me dijo un loco


Me contaste que tu padre era un pequeño mar.

Que los ángeles son unos estupidillos
pero por las noches hacen mucho daño con sus uñas de cola de cometa.

Me contaste que en tu casa la lluvia naufraga
y tus hermanas castran furiosas los almendros.
Me contaste que los sedientos son la gran esperanza.

Que silbar en los parques es confesarse impotente
de recuperar el vino de las palabras que uno dice de niño.

Me contaste que la mujer gorda te era desconocida
y que por eso odiabas los gestos de su espalda.

Me contaste que era mejor no salir a la calle
porque a cierta edad es obtuso hacer víctimas.

Me contaste que hay algo que se llama luz
imposible de explicar con las manos.

Me contaste que los árboles no son los principales enemigos
y que no debería creer nada de lo que hablan
desde el otro lado de las rejas.

Roque Dalton (San Salvador, 1935-1975), Poesía escogida, Editorial Universitaria Centroamericana, San José, Costa Rica, 1983
Envío de Jonio González

Círculo de Poesía - Telesur - Literatura Us - Cuba Debate

lunes, noviembre 27, 2017

Georges Schehadé / Dos poemas

















Hay jardines que no tienen países
Y que están solos con el agua
Los atraviesan palomas azules y sin nido
Pero la luna es un cristal de placer
Y el niño se acuerda de un gran desorden claro.

*

Mis amigos morían curiosamente
En los meses de los grandes sueños
Si ella duerme que duerma con la cosecha
Que duerma con los relámpagos
Al lado de la flor de la distancia
Extraviada como la edad de oro.

Georges Schehadé (Alejandría, Egipto, 1905-París, 1989), Antología de la poesía surrealista, Argonauta, Barcelona, 1981
Traducción de Aldo Pellegrini
Envío de Jonio González

La Jornada -Letras Libres

Foto: Georges Schehadé, 1987 Wikipedia

domingo, noviembre 26, 2017

Damsi Figueroa / Si fuese la judía
















Si fuese la judía
abriría las puertas de la ciudad
de un soplo
Soportaría la injuria del cautiverio
Viuda y virgen sería a la vez
Devoradora de ejércitos
Y le bastaría ser hombre
para caminar erguida sobre sus muertos
Pero a la judía le bastó ser mujer
para beber en exceso
para comer en exceso
y pasear por los sueños desnudos
de los asirios
Inventiva solitaria
Amamantadora universal
Razón del tiempo y de la historia
Si fuese la judía
levantaría con su belleza
los templos caídos de la Tierra
cortaría la cabeza de Holofernes
para saltar a la luz
desde su cueva
Pero es Judith la que espera
por el espejo encorvado de su destino
Nuestra Judith aún no está bendita
y envejece a la par
de los cortejos de Eleofonte
el tejedor de cantos opacos
como el aura
de su propio culo reseco

Damsi Figueroa (Talcahuano, Chile, 1976), Judith y Eleofonte, Editorial Letra Nueva, Concepción, 1994

Club de Traductores Literarios de Buenos Aires - Descontexto - Valija Cultural


Foto: Damsi Figueroa, Valdivia, Chile, 2017 by Otra Iglesia Es Imposible

sábado, noviembre 25, 2017

Carlos López Beltrán / Dos poemas




El hombre que llegó a las manos

                      And he carries the reminders of every fist
                                        that laid him down or cut him.
                                                                     Paul Simon


Se sorprendió de encontrar un paisaje tan áspero.
Esos nudillos tan anudillados esos puños
tan empuñados. Las correas venosas apuntándole
desde lo alto y el sudor tan sedoso y tan espeso.
El hedor hosco de la adrenalina.

A pesar del estilete de la brisa sobre la cara
y la cizalla sobre la arista de piedra
se sorprendió del silencio que encontró
en las manos como aleteo de tumba...

Y comenzó a bajar muy despacito
sin mirar hacia arriba ni hacia abajo
aferrándose a las grietas con los dedos
llagados y apoyando bien los pies.


Cita en el 16eme

Era yo, viniendo hacia mí, pero de canto
En un ángulo triste e imposible
Desde el fondo del ojal en la penumbra
De aquel pasillo astroso parisino
Apresurado hacia aquí hacia nosotros
Que temerosos del encuentro ya escapábamos
Sin saber si era un reflejo o un demonio
Aglomerado de mala pus, encabronado
Pero era yo asiluetado e irascible
Menesteroso, cruel, semiencarnado
Pisando fuerte desde lo oscuro del espanto
Era yo musitando al acercarme
Desdentados reclamos y rencores
Como piedras de dolor en las arterias
Envejecido por la grava y la intemperie
El que se puso a caminar cuando de niño
Perdió el abrazo y la gracia de mi madre.

Carlos López Beltrán (Minatitlán, México, 1957), Hembras desarboladas y otros hombres fuera de lugar, Universidad del Claustro de Sor Juana y Ediciones Sin Nombre, Ciudad de México, 2014

Otra Iglesia Es Imposible - Club de Traductores Literarios de Buenos Aires - Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM - Fractal - Círculo de Poesía


act. jul 2020

viernes, noviembre 24, 2017

Louise Glück / Mitad del verano













En noches como ésta solíamos nadar en la presa,
los chicos inventando juegos que requerían rasgarle la ropa a las chicas
y  las chicas cooperando, porque tenían cuerpos nuevos desde el verano anterior
y querían exhibirlos, las valientes
saltando de las rocas altas, cuerpos que llenaban el agua.

Las noches eran húmedas, tranquilas. La piedra estaba  fresca y mojada
mármol para las tumbas, para edificios que nunca vimos,
edificios en ciudades distantes.

En las noches nubladas, estabas ciego. Esas noches las rocas se volvían peligrosas,
pero de otra manera todo era peligroso, que era lo que perseguíamos.
El verano comenzó. Luego los chicos y chicas empezaron a formar parejas
pero al final siempre quedaban algunos solos - algunas veces observaban,
otras pretendían partir con el otro,
¿pero qué podían hacer allí, en los bosques? Nadie quería ser ellos.
Pero venían de todas formas, como si alguna noche su suerte fuera a cambiar,
el destino sería un destino distinto.

No obstante, al principio y al final, todos estábamos juntos.
Después de las tareas de la tarde, luego que los más pequeños iban a la cama,
entonces éramos libres. Nadie decía nada pero sabíamos qué noches nos encontraríamos
    y las que no.
Una o dos veces, al final del verano,
podíamos darnos cuenta que de todos esos besos un bebé iba a venir.

Y para esos dos era terrible, tan terrible como estar solo.
El juego había acabado. Nos sentábamos en las rocas a fumar cigarrillos,
preocupándonos por los que no estaban allí.

Y luego finalmente caminar a casa por los campos
porque siempre había trabajo al día siguiente.
Y al día siguiente, éramos chicos otra vez, sentándonos en los escalones de la mañana
comiendo un durazno. Sólo eso, pero parecía un honor tener una boca.

Y luego ir a trabajar, trabajar en los campos.
Un chico trabajó para una anciana, haciendo estantes.
La casa era muy vieja, quizá del tiempo en que nació la montaña.

Y luego el día se extinguía. Estábamos soñando, esperando la noche.
Parados en la puerta principal frente al ocaso, viendo las sombras alargarse.
Y una voz en la cocina siempre se quejaba por el calor,
pidiendo que el calor cesara.

Luego el calor cesaba, la noche estaba despejada.
Y pensabas en el chico o chica que verías más tarde.
Y pensabas en caminar en el bosque y tenderte,
practicando todas esas cosas que habías aprendido en el agua.
Y aunque algunas veces no podías ver a la persona con la que estabas
no había sustituto para esa persona.

La noche de verano brillaba; en el campo destellaban luciérnagas
y para aquellos que entendían esas cosas, las estrellas mandaban mensajes:
Dejarás el pueblo donde has nacido
y te volverás muy rico, muy poderoso, en otro país
pero siempre lamentarás algo que dejaste atrás, aunque
no puedas decir qué es,
y  eventualmente retornarás para buscarlo.

Louise Glück (Nueva York, Estados Unidos, 1943), A Village Life, Farrar, Straus, Giroux, Nueva York, 2009
Versión: Marina Kohon

Ref.:
Stanford University
Academy of Achievement
Academy of Achievement-YouTube
Letras Libres
El Placard
Getty Images


Midsummer

On nights like this we used to swim in the quarry,   
the boys making up games requiring them to tear off  the girls’ clothes   
and the girls cooperating, because they had new bodies since last summer
and they wanted to exhibit them, the brave ones   
leaping off  the high rocks — bodies crowding the water.

The nights were humid, still. The stone was cool and wet,
marble for  graveyards, for buildings that we never saw,   
buildings in cities far away.

On cloudy nights, you were blind. Those nights the rocks were dangerous,   
but in another way it was all dangerous, that was what we were after.   
The summer started. Then the boys and girls began to pair off   
but always there were a few left at the end — sometimes they’d keep watch,
sometimes they’d pretend to go off  with each other like the rest,
but what could they do there, in the woods? No one wanted to be them.   
But they’d show up anyway, as though some night their luck would change,   
fate would be a different fate.

At the beginning and at the end, though, we were all together.
After the evening chores, after the smaller children were in bed,   
then we were free. Nobody said anything, but we knew the nights we’d meet   
and the nights we wouldn’t. Once or twice, at the end of summer,   
we could see a baby was going to come out of all that kissing.

And for those two, it was terrible, as terrible as being alone.   
The game was over. We’d sit on the rocks smoking cigarettes,   
worrying about the ones who weren’t there.

And then finally walk home through the fields,   
because there was always work the next day.   
And the next day, we were kids again, sitting on the front steps in the morning,   
eating a peach.  Just that, but it seemed an honor to have a mouth.   
And then going to work, which meant helping out in the fields.   
One boy worked for an old lady, building shelves.   
The house was very old, maybe built when the mountain was built.

And then the day faded. We were dreaming, waiting for night.   
Standing at the front door at twilight, watching the shadows lengthen.   
And a voice in the kitchen was always complaining about the heat,
wanting the heat to break.

Then the heat broke, the night was clear.   
And you thought of  the boy or girl you’d be meeting later.   
And you thought of  walking into the woods and lying down,   
practicing all those things you were learning in the water.   
And though sometimes you couldn’t see the person you were with,
there was no substitute for that person.

The summer night glowed; in the field, fireflies were glinting.
And for those who understood such things, the stars were sending messages:   
You will leave the village where you were born   
and in another country you’ll become very rich, very powerful,
but always you will mourn something you left behind, even though   
you can’t say what it was,
and eventually you will return to seek it.

Poetry Foundation
 © Louise Glück

jueves, noviembre 23, 2017

Alejandro Schmidt / En un puño oscuro














Sobre un desierto ardiente
así
quise vivir

hubo rosas en mi fin del mundo
y en un puño oscuro
la más bella luz

en la silla del odio me senté
en el rincón helado
con el completo corazón
quemado en sus asombros

una y otra vez
fueron a su estrella las palabras
llevaban
mi última fortuna

sin embargo
la ceniza del cielo perfumado
unía
mi corazón al fervor

como un puño que guarda su alimento
en pobres bolsillos
en noches tormentosas

pude vivir
quise vivir.

Alejandro Schmidt (Villa María, Argentina, 1955-Córdoba, Argentina, 2021), En un puño oscuro (segunda edición corregida), Editorial Universitaria de Villa María, EDUVIM, 2017

miércoles, noviembre 22, 2017

María Laura Decésare / Retrato
















El espejo se rompe
y avanza la imagen de lo pequeño
que olvidamos hace tiempo.
Con asombro vemos unos ojos
de mirada limpia
que casi no podemos reconocer.
Ha pasado tanto
sobre nuestras cabezas
que el claro de esos ojos nos toca
y es mejor
estarse quieta por un rato.

María Laura Decésare (Rufino, Argentina, 1969)

La hija menor,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2017







martes, noviembre 21, 2017

Jorie Graham / Santo Sepulcro

En esta luz azul
    Puedo llevarte ahí
nieve que me hizo
    un mundo de hueso
que se ve a través de. Esta
   es mi casa,

mi sección de pared etrusca,
     los limoneros de
mi vecino, y, justo debajo,
    la iglesia baja,
la fábrica de aviones.
    Un gallo

canta todo el día desde la neblina
     afuera de los muros,
Hay leche en el aire
     hielo sobre la piel
aceitosa de los limones. Qué tan
     clara la mente está,

tumba sagrada. Es esta la chica
   de Piero
della Francesca, desabrochando
   su vestido azul
su manto de tiempo
    que entra en

parto.Vení, podemos pasar.
   Sucede antes
del nacimiento de dios. Nadie
todavía se alzó
en los museos, en las líneas
    de montaje —cuerpos

y alas— en el aire libre
del mercado. Esto es
lo que vivimos: pasar.
Es un camino largo.
Y el vestido se sigue abriendo
    desde la eternidad

a la privacidad, acelerando.
   Adentro, en el corazón,
está la tragedia, el momento del presente
   nació muerto para siempre
pero todavía sigue, cada aliento
    es un botón

deshaciéndose, algo muy
hábil ágil
que encuentra todas las paradas.

Jorie Graham (Nueva York, Estados Unidos, 1950), Poetry Foundation, The Dream of the Unified Field: Selected Poems 1974-1994, HarperCollins Publishers, Nueva York, 1995
Traducción: Noelia Torres


San Sepolcro

In this blue light
       I can take you there,
snow having made me
       a world of bone   
seen through to. This
       is my house,

my section of Etruscan
       wall, my neighbor’s   
lemontrees, and, just below
       the lower church,   
the airplane factory.
       A rooster

crows all day from mist
       outside the walls.   
There’s milk on the air,
       ice on the oily
lemonskins. How clean   
       the mind is,

holy grave. It is this girl
       by Piero
della Francesca, unbuttoning   
       her blue dress,
her mantle of weather,
       to go into

labor. Come, we can go in.   
       It is before
the birth of god. No one
       has risen yet
to the museums, to the assembly   
       line—bodies

and wings—to the open air
       market. This is
what the living do: go in.
       It’s a long way.
And the dress keeps opening
       from eternity

to privacy, quickening.
       Inside, at the heart,
is tragedy, the present moment   
       forever stillborn,
but going in, each breath
       is a button

coming undone, something terribly   
       nimble-fingered   
finding all of the stops.
---
Foto: Jorie Graham Dino Ignani/Flickriver

lunes, noviembre 20, 2017

Basil Bunting / De "Chomei en Toyama"





[Fragmentos]

El rocío de mis sesenta años se evapora,
he construido mi última casa, o casucha,
campamento de cazador, la vieja
crisálida del gusano de seda:
diez pies por diez pies, siete de alto: y yo
tomándolo por habitación de paso, no por domicilio,
me salté las tradiciones ceremonias fundacionales.

He sellado los marcos con greda,
puesto bisagras en las esquinas;
fácil de desarmar y partir a otra parte
cuando me aburra de este lugar.
Dos carretillas de basura
y el costo de un hombre para cargarlo,
ningún problema.

Desde que piso la montaña Hino
el mediodía cae a través del toldo
sobre mi balcón de bambú, el atardecer
brilló sobre Amida.
He puesto mis libros sobre la ventana,
el laúd y la mandolina a mano,
apilado helechos y paja para acostarme,
un buen escritorio donde da la luz, cocina a leña.
Junté y acomodé piedras
para una cisterna, instalé
cañerías de bambú. Sin leñera,
hay madera suficiente en el bosque.

Toyama, ¡cómodo entre las enredaderas!
Toyama, profundo en la densa quebrada, abierta
al oeste donde los muerto salen del Edén
agachados sobre las nubes azules de las glicinas.

(...)

Prisionera de ningún paisaje
de ninguna estación
la mente se mueve en una cosecha
ilimitada.

Vine por un mes
hace cinco años.
Hay musgo en mi techo.

Basil Bunting (Scotswood-on-Tyne, Inglaterra, 1900-Hexham, Inglaterra, 1985), Chomei* en Toyama, Lecturas Ediciones, Santiago de Chile, 2017
Traducción de Kurt Folch

Vía Revista Ñ, n° 738, 18.11.2017

* Kamo no Chomei (Kamo, Japón, 1154 ó 55- Monte Hino, Japón, 1216), poeta, músico y ermitaño. Su Hojoki (Escritos de la choza o La choza de diez pies) es un texto tradicional de la literatura budista. (Nota del Administrador)

Otra Iglesia Es ImposiblePoetry Foundation - Buenos Aires Poetry - The New Yorker - El Imparcial - LaKomuna

Foto: Poetry Foundation

Chomei at Toyama

(Kamo-no-Chomei, born at Kamo 1154, died at Toyama on Mount Hino, 24th June 1216)

(...)

The dew evaporates from my sixty years,
I have built my last house, or hovel,
a hunter’s bivouac, an old
silkworm’s cocoon:
ten feet by ten, seven high: and I,
reckoning it a lodging not a dwelling,
omitted the usual foundation ceremony.

I have filled the frames with clay,
set hinges at the corners;
easy to take it down and carry it away
when I get bored with this place.
Two barrowloads of junk
and the cost of a man to shove the barrow,
no trouble at all.

Since I have trodden Hino mountain
noon has beaten through the awning
over my bamboo balcony, evening
shone on Amida.
I have shelved my books above the window,
lute and mandolin near at hand,
piled bracken and a little straw for bedding,
a smooth desk where the light falls, stove for bramblewood.
I have gathered stones, fitted
stones for a cistern, laid bamboo
pipes. No woodstack,
wood enough in the thicket.

Toyama, snug in the creepers!
Toyama, deep in the dense gully, open
westward whence the dead ride out of Eden
squatting on blue clouds of wistaria.

(...)

Neither closed in one landscape
nor in one season
the mind moving in illimitable
recollection.

I came here for a month
five years ago.
There’s moss on the roof.

-Poetry Magazine Septiembre de 1933 Volumen XLII Número VI

domingo, noviembre 19, 2017

Mahadevi Varma / Un enigma
















¡Amada, yo también soy un enigma!
De todas las dulzuras, de todas las sonrisas,
de todo el hechizo de tus ojos,
de todo el llanto, de todo el hastío,
de todo el veneno del pulso del mundo
     he participado como un devoto,
     siempre sediento de pena.
¡Y también me divierto en el río del júbilo!

De todo mi ser simultáneamente fluye
un fuego que quema y un manantial que refresca,
atracción y aversión que buscándose entre sí
mantienen el fluir de mi aliento.
     ¡Amada, mi educación
     fue limitada
y sin embargo juego con lo infinito!

Mahadevi Varma (Farrujābād, India, 1907-Allahabad, India, 1987), Alberto Girri, Versiones, Corregidor, Buenos Aires, 1974

India Today - Encyclopedia Britannica


An enigma

Helmed! I too am an enigma.
Of all the sweetness, of all the smiles,
Of all the enchantment of yours eves,
Of all the weeping, of all the boredom,
Of all the poison in the pulsing of the world
     I have partaken, an addict,
    Ever thirsty for sorrow
And I also disport my self in the river of joy!

From every pan of me simulteneously flow
Fire that burns and streams that cool.
Attraction and aversion, seeking each other,
Maintain the flow of my breath.
     Beloved! My upbringing
    Has been circumscribed
Yet I play with the unconfined!

- Tara Ali Baig, Women of India, Publications Division Ministry of Information and Broadcasting, Gov. of India, 1958

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Foto: JagranJosh

sábado, noviembre 18, 2017

Kateřina Rudčenková / Escombros



Comenzó con la esquizofrenia.
Una luz oblicua los despertaba cada día.
La casa se estremecía
con el estruendo de los tranvías.
Ya desde pequeños.

Nos vamos acomodando, hora tras hora.
Aquí, en esta escombrera, vivía con mi hermano.
En este lugar nos despabilaba el ruido.
Se erguía acá el árbol de navidad
y al lado, en la cocina, vivía la abuela.
Resonaban aquí los pasos,
el tintineo de los cubiertos,
el agua al correr, la risa,
el peine posado ante el espejo.
Solías tener el pelo largo.

Que de los escombros rescatarás libros,
fotos, cartas y joyas.
Que ahí encontrarás tus manos de niña,
tu cabeza, tu sueño y tu miedo.

A qué nos aferramos.
A la ruina, como siempre.
A qué volvemos.
A las paredes.

El polvo ya no hace ningún mal,
ya no lo limpies más.

Kateřina Rudčenková (Praga, 1976), Antología de poesía checa contemporánea, Pre-Textos, Valencia, 2012
Traducción de Patricia Gonzalo de Jesús
Envío de Jonio González

Emma Gunst - Lidovky - Centro Checo en Madrid

Foto: Kateřina Rudčenková © 2014 Jakub Hněvkovský/Magnesia Litera


SUTINY

Začalo to schizofrenií.
Šikmé světlo je denně budilo.
Dům se otřásal duněním tramvají.
Už odmala.
Zabydlujeme se, hodinu po hodině.
Zde v této haldě jsme žili s bratrem.
Tady nás budil hluk.
Stál tu vánoční strom
a vedle v kuchyni žila babička.
Zněly tu kroky,
cinkání příborů, puštěná voda, smích,
hřeben pokládaný před zrcadlo.
Mívala jsi dlouhé vlasy.

Že budeš ze sutin vytahovat knihy, fotky,
dopisy a šperky.
Že tam najdeš své dětské ruce, svou hlavu,
svůj spánek a strach.

K čemu se upínáme.
Ke zmaru jako vždy.
K čemu se vracíme.
Do zdí.

Prach už tomu neublíží,
už ho neutírej.

viernes, noviembre 17, 2017

Mary Oliver / El huerto
















He soñado
con el éxito.
He alimentado

la ambición.
He cambiado
noches de sueño

por horas de trabajo.
Ah, y he descubierto
cómo el brote suave

se convierte en fruta verde
que se convierte en fruta dulce.
Ah, y he descubierto

que todos los vientos son fríos
al final
y las hojas

tan lindas, tantas,
se evaporan
en el gran

envoltorio negro del tiempo
en el gran envoltorio negro
del deseo

y que la madurez
de la manzana
es su caída.

Mary Oliver (Maple Heights, Estados Unidos, 1935-Hobe Sound, Estados Unidos, 2019)
Versión de Natalia Leiderman y Patricio Foglia


El pájaro rojo,
Caleta Olivia Ediciones,
San Justo, Buenos Aires, 2017












The orchard

I have dreamed
of accomplishment.
I have fed

Ambition.
I have traded
Nights of sleep

for a length of work.
Lo, and I have discovered
How soft bloom

turns to green fruit
which turns to sweet fruit
Lo, and I have discovered

all winds blow cold
at last,
and the leaves,

ao pretty, so many,
vanish,
in the great, black

packet of time,
in the great, black
packet of ambition,

and the ripeness
of the apple
is its downfall.

Red Bird, Beacon Press, Boston, © 2008 Mary Oliver Google Books

---
Foto: Mary Oliver, 2012 Mariana Cook/Penguin Press/NPR Books

Actualización: ene. 2019

jueves, noviembre 16, 2017

Alfonso Gatto / Las cosas
















Un día golpearán en cada casa,
quien vive ya es culpable de tener
su vida a solas. Cuando baja oscura
la noche, uno se queda tras los vidrios
aguardando que llegue el vasto absurdo
de la quietud. Está en las mismas cosas
de siempre, siempre en su lugar, la nueva
mirada pétrea: la desierta esquina
pone a salvo al que huye o bien lo embate
de cara al pelotón. Parece un vano
delirio este creer aún en las cosas.

Alfonso Gatto (Salerno, Italia, 1909 – Orbetello, Italia, 1976), Giornale di due inverni (1943-44 e 1964-65), Mondadori, Milán, 1972
Versión de Pablo Anadón

Otra Iglesia Es ImposibleDizionario Biografico Treccani - Italian Poetry - PoeticusEl Trabajo de las Horas

Foto: Revista Quimera s/d

LE COSE

Un giorno busseranno ad ogni casa, 
chi vive è già colpevole d’avere 
la sua vita segreta. Scende il buio 
della notte, si resta dietro ai vetri 
ad aspettare come giunge il vasto 
assurdo della quiete. È nelle cose 
di sempre ferme al loro posto il nuovo 
sguardo impietrito: l’angolo deserto 
mette in salvo il fuggiasco o per lo scarto 
gli affaccia la sua muta. Sembra un vano 
delirio questo credere alle cose.