domingo, septiembre 27, 2015

Llyr Gwyn Lewis / Libertad











Apago la radio digital, me vuelvo
hacia el pequeño aparato de longitud de onda larga; giro
el dial, de modo que la voz RP*  se atenúa en
una tormenta de espléndidos zumbidos. En esa nieve sonora,
en la neblina de lo analógico, las

ondas se expanden y yo, por mi parte,
exhalo un suspiro de alivio,
libre de las líneas rectas de lo digital.
Y descubro, entre las estaciones, que
la radio se deleita
en la ambigüedad de las ondas.

Ahí, en la amplitud entre chasquido
y crujido, hay un solo átomo
del nacimiento del universo,
que no puedo ver ni escuchar sino
como de fondo del fondo, o como
si viera en la mañana, sin mis anteojos.

No hay nadie ahí que escuche ese átomo
excepto yo en mi escritorio en la profundidad de la noche,
el átomo que vibra, para
persuadirme que el ayer no está en decadencia,
que las edades del universo están acá y que
el mañana ya es culpable. En este átomo

está cada amor que tuve alguna vez
en una larga lista enmarcada prolijamente,
en el asombro de las primeras luces. Más allá
de cada elección y decisión, me alimento

de cada segundo de posibilidad,
me embriago de todo lo que hiciste y
que no hice, y de todos los demás también. Y a través
de los zumbidos y crujidos, veo
los átomos de las ondas que continúan reflejando las edades,
apago la radio, y escucho el ruido
de la tormenta sobre la superficie del sol.

Llŷr Gwyn Lewis (Caernarfon, Gales, Reino Unido, 1987)
Traducción directa del galés de Luciana Cordo Russo

Poesía galesa contemporánea, traducción y prólogo de Jorge Fondebrider, Pedro Serrano y Verónica Zondek; con Luciana Cordo Russo y Rhiannon Gwyn. Editará Trilce, México DF

* Se conoce como received pronunciation  al acento estándar del inglés británico tal y como se habla en el sur de Inglaterra, de uso común en los medios de comunicación (Nota de los editores de esta antología)



Rhyddid

Dwi’n diffod y radio digidol, yn dod yn f’ôl
at y set fach donfedd hir; yn troi’r
olwyn, fel bod y llais RP yn pylu’n
storm o hisian braf. Yn yr eira clywedol
hwnnw, yn niwl yr analog, mae’r

tonfeddi’n ymestyn, a minnau’n
anadlu ochenaid o ryddhad,
yn rhydd o linellau syth y digidol.
A chaf, rhwng gorsafoedd, fod
y radio’n ymhyfrydu
yn amwysedd y tonfeddi.

Yno, yn yr ehangder rhwng cracl
a gwich, mae un gronyn
o eni’r bydysawd,
na alla i mo’i weld na’i glywed, ond
fel cefndir i gefndir, neu fel
be wela’ i’n y bore, heb by sbectol.

Does ‘na neb a glyw’r gronyn hwnnw
ond fi wrth fy nesg yn nyfnder nos,
y gronyn sy’n dirgrynu, i’m
darbwyllo nad ydi ddoe ar drai,
bod oesoedd y bydysawd yma, a bod
fory eisoes ar fai. Yn y gronyn hwn

yr erys pob cariad fu gen i erioed,
yn un rhes hir wedi’i fframio’n dwt, yn
rhyfeddod y golau cyntaf. Tu hwnt
i bob dewis a phenderfyniad, caf
giniawa ar bob eiliad o bosibilrwydd,

gloddesta ar bopeth wnest ti, ac
na wnes, a’r lleill i gyd hefyd. A thrwy’r
hisian a’r gwichian, dwi’n gweld
gronynnau’r tonfeddi’n dal drych i’r oesoedd
yn diffodd y radio, ac yn clywed swn
storm ar wyneb yr haul.



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