miércoles, mayo 06, 2020

Ana Arzoumanian / Dos poemas















La Jesenská

Madre hacía cerámicas. No el Keramikós, el Cerámico al que se accede por la calle Ermou. El barrio de los alfareros atenienses cuya parte exterior se consagró como cementerio militar. Fluía allí el río que nacía en el monte Likavitós. Calles solitarias, silenciosas, frecuentadas sólo por gatos. La mayor necrópolis del país donde el sol pega fuerte y apenas hay algunas sombras para refugiarse. Por una de sus puertas, la procesión de los misterios de Eleusis. Los participantes iban a pie hacia la ciudad agitando ramos y gritando procacidades. Madre hacía cerámicas, una alfarera, madre un camposanto donde se depositaban los restos. Madre, un dormitorio donde los cuerpos esperaban su resurreción. Madre, cubierta con tierra santa de Jerusalén. Madre prohibiendo encender cirios y pasar la noche entre sepulturas a las mujeres. Madre, la cripta, el nicho, las capillas y los altares.
Nebly to moje deti *

* En checo: No eran mis hijos

La Jesenská, Paradiso, Buenos Aires, 2019


La granada

Buscame en el paredón. Allí, en las murallas de la ciudad de Kaffa; allí donde los tártaros capturan cadáveres infectados; allí en el año 1346. Buscame donde se arrojaban las cabezas de los soldados cautivos; sobre los muros de las fortificaciones. En la ejecución. Cerca del fusilero de montaña; pero del otro lado. Cerca del soldado de infantería. Del otro lado. En el charco. Descruzo las piernas, la blandura abundante de la pared no te retiene. Hay un derrame como de saliva aspirada. Descruzo las piernas. Me bajo de la cama. Se evapora. El charco que limpio con un trapo. Sobre el piso. Buscame en el paredón. En el charco sobre el piso, como práctica fenicia adorando el sexo del sacerdote. Y un derrame de saliva, y la muerte de los cristianos en el año 203, y los pies que se nos enfrían. ¿Acaso, ese charco, lo habremos hecho juntos?

La granada, Tsé Tsé, Buenos Aires, 2003

Ana Arzoumanian (Buenos Aires, 1962)


lunes, mayo 04, 2020

Robinson Jeffers / Borrasca abrileña




















Belleza intensa y terrible, ¿cómo pudo la estirpe humana, con leves
     nervios desnudos,
guiar aguas abajo su nave pequeña desde aquel varadero lejano?
Ahora, sólo porque sopla el nordeste y ondula, densa, la hierba,
y el Oeste mellan los grandes mares y sobre el granito
se emblanquecen, rebosa la nave, y tiene pasión excesiva la danza
     del mundo.
Si una borrasca de abril tanto llena el espíritu,
¿quién osaría vivir, aunque, como en la Tierra, tuviera recios
     los huesos, arcos de un monte?
Aunque fuese su sangre como los ríos y tuviese férrea carne,
¿cómo osaría vivir? Fuerte uno ha nacido, ¿cómo aguantan
     los débiles?

Se reclinan los fuertes sobre la muerte como sobre una roca:
ochenta años, y luego se encuentra cobijo y cubre los nervios desnudos
     un hondo sosiego.
¡Sigue, sigue, oh belleza del mundo! ¡Oh tortura
de intenso alborozo! Ya he pasado con creces mi tiempo;
a Dios le he dado las gracias y mi labor ha acabado,
en la tiniebla me envuelven milenarias raíces de árboles;
el viento del noroeste agita sus cimas, pero no llega, no, a las raíces,
     y me he trasladado
de una belleza a otra belleza: a la paz, al esplendor de la noche.

Robinson Jeffers (Pittsburgh, Estados Unidos, 1887-Carmel, Estados Unidos, 1962), Poesía norteamericana del siglo XX, selección de Mario Mortales y Eugenio Lynch, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1970
Versión de M. Manent

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Foto: Universidad de California

domingo, mayo 03, 2020

Carl Sandburg / Cuatro poemas























Mag

Que Dios hubiera impedido nuestro encuentro, Mag.
Que nunca hubieras abandonado tu trabajo por venirte conmigo.
Que nunca hubieras tenido permiso ni vestido blanco
para casarte el día que perseguimos al juez
y le dijimos que nos amaríamos y nos cuidaríamos
siempre y tanto como perduran el sol y la lluvia.
Sí, ahora deseo que tú vivieras lejos,
y que yo fuera un bulto entre puñetazos
a mil quinientos kilómetros de aquí, muerto
y despedazado.

       Que los niños nunca hubieran venido.
       Nunca hubiera pagado por la casa, el carbón.
       la ropa. Que nunca hubiera visto al abarrotero
       cobrando frijoles y ciruelas.
       Que Dios nunca me hubiera dejado verte, Mag.
       Que Dios les hubiera impedido nacer a los niños.



El pasto

Amontonen los cuerpos en Austerlitz y Waterloo.
Remuévanlos con una pala y déjenme trabajar —
Yo soy el pasto. Todo lo cubro.

Amontonen los cuerpos en Gettysburg, Ypres y Verdun.
Remuévanlos con una pala y déjenme trabajar.

Pasarán dos o diez años y los pasajeros
preguntarán al conductor:

                         ¿Qué lugar es éste?
                         ¿Dónde estamos?

                         Yo soy el pasto.
                         Déjenme trabajar.


Ejército Expedicionario de los Estados Unidos  

Colgaremos en la pared un rifle oxidado, corazón,
con ranuras onduladas y escamitas de óxido.
Durante la oscuridad una araña tejerá su nido plateado
en el hueco más tibio de ese rifle.
También habrá óxido en el gatillo y en la mira.
Ninguna mano pulirá ese rifle colgado en la pared.
Los dedos índices y pulgares, distraídamente,
apuntarán, por pura casualidad, cerca del rifle.
Se hablará de las cosas medio olvidadas en el deseo de olvidar.
Le dirán a la araña: sigue, sigue, estás haciendo
muy buen trabajo.


Enrojecer

Enrojece el lento rescoldo en la punta
del cigarro. La ceniza, gris, almidona
y cubre todo el silencio del fuego.
(Un gran hombre, amigo mío, está muerto;
   y, mientras yace en su ataúd su
   flama apagada, yo estoy sentado
   entre sombras que me oprimen, y
   fumo observando que mis pensamientos
   vienen y van)

Carl Sandburg (Galesburg, Estados Unidos, 1878-Fiat Rock, Estados Unidos, 1967), Material de Lectura n° 151, selección, traducción y nota introductoria de José Vicente Anaya, UNAM, México, 2012

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Foto: Carl Sandburg, 1963 Poetry Foundation/ Bettmann/ Getty Images

http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/302-151-carl-sandburg

sábado, mayo 02, 2020

Saito Fumi / Cuatro tankas


abandonados en el campo
los guantes negros
se alzan
los dedos se vuelven amarillos
mientras dejan salir las flores









*

violencia
como ésta es maravillosa
viviendo en el mundo
todo el día canto
mis canciones de cuna

*

decorando
una ventana abierta
flores pintadas
que morirán
con los colores pastel

*

al llegar a una montaña
abro mis blancos brazos
para convertirme en una vela
el fuerte viento es
la canción de un ladrón marino

Saito Fumi (Fumi Saito) (Tokio, 1909-2002), Lynx, vol. XXIV, nº 3, octubre de 2009 / White Letter Poems, AHA Books, 1998
Traducción del japonés al inglés: Hatsue Kawamura y Jane Reichhold
Versiones en castellano de Jonio González

AHA Poetry - The Japan Times - NeverEnding Story

Ilustración: Portada de White Letter Poems en AHA Poetry © Jane Reichhold 1998


left in the field
even black gloves
rise up
the fingers turn yellow
as they let the flowers out

*

violence
like this is beautiful
living in the world
all day long I sing
my nursery songs

*

decorating
a display window
painted flowers
which will die out
with the pastel colors

*

coming to a hill
I unfurl my white arms
to become a sail
the vigorous wind is
the song of a sea robber

viernes, mayo 01, 2020

Antonio Cisneros / Apéndice del poema sobre Jonás y los desalienados

     
                                             














                                         
                                                       Para Ricardo Luna

Y hallándome en días tan difíciles decidí alimentar
a la ballena que entonces me albergaba:
Tuve jornadas que excedían en mucho a las 12 horas
y mis sueños fueron oficios rigurosos, mi fatiga
engordaba como el vientre de la ballena:
qué trabajo dar caza a los animales más robustos,
desplumarlos de todas sus escamas y una vez abiertos
arrancarles la hiel y el espinazo,
                               y mi casa engordaba.

(Fue la última vez que estuve duro: insulté a la ballena,
recogí mis escasas pertenencias para buscar
alguna habitación en otras aguas, y ya me aprestaba
a construir un periscopio
cuando en el techo vi hincharse como 2 soles sus pulmones
-iguales a los nuestros
pero estirados sobre el horizonte-, sus omóplatos
remaban contra todos los vientos,
                                y yo solo,
con mi camisa azul marino en una gran pradera
donde podían abalearme desde cualquier ventana: yo el conejo,
y los perros veloces atrás, y ningún agujero).

Y hallándome en días tan difíciles
me acomodé entre las zonas más blandas y apestosas de la ballena.

Antonio Cisneros (Lima, 1942-2012), Canto ceremonial contra un oso hormiguero, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1968

Otra Iglesia Es Imposible - UNAM - Cátedra de Poesía Hispanoamericana - A Media Voz - Terra IgneaVallejo & Co. - Letralia - Letras Libres
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Foto: Universidad de Talca

jueves, abril 30, 2020

Álvaro Luquín / De "Hubo fiestas"

















*

¿Recuerdas aquel día
cuando vimos El Año Pasado en Marienbad
y observaste mis cicatrices
cuando intenté alcanzar el cenicero?

Te confieso, no he vuelto a ver
esa película y, por más que lo intento,
me es imposible releer La Invención de Morel.
No puedo más con las sospechas.
Muero, envejezco en otra habitación,
y así continuamente.

Ayúdame. No digas nada.
Te propongo un trato.

*

Posee un estilo Keats,
a thing of beauty
is a joy forever,
fusión de Joe Strummer,
Edith Piaf
y Peter Murphy.

Su entonación es
maravillosa. Más arriesgada
y trendy que el último
bel canto del ruiseñor.

Pero despierta creyendo
que es su tuberculosis

(el más tierno y soñado
deseo punk)

el precio de una vida sensible
en la fiesta
veloz
de un tiempo
a cuenta gotas.

Álvaro Luquín (Guadalajara, México, 1984)

Hubo fiestas,
Ediciones Cinosargo,
México, 2020









Cinosargo - Álvaro Luquín/Facebook - Es lo Cotidiano - Vallejo & Co. - Milenio - Informador Mx - Carruaje de Pájaros - Anestesia - Cráneo de Pangea - El Poeta Ocasional

Foto: Álvaro Luquín/Facebook

miércoles, abril 29, 2020

A. E. Stallings / La lógica del cuento de hadas



Los cuentos de hadas están llenos de tareas imposibles:
recoger los pelos de la barba de un macho cabrío antropófago,
o cruzar un mar sulfúrico en una barca que hace agua,
elegir el príncipe de una hilera de máscaras idénticas,
acercarse de puntillas adonde un dragón toma el sol
y robarle su hueso; contar motas de polvo, una a una,
o aprenderse de memoria la guía telefónica.
Lo que alguien pide siempre es imposible.

Debes combatir la magia con la magia. Has de creer
que guardas en la manga algo imposible,
el lenguaje de las serpientes, quizás, un manto invisible,
un ejército de hormigas a tu disposición, o una broma mortal,
el deseo de hacer lo que deba hacerse:
casarse con un monstruo. Entregar a tu primogénito.

A. E. Stallings (Decatour, Estados Unidos, 1968), Olives, Northwestern University Press, Evanston, Illinois, Estados Unidos, 2012
Versiones de Jonio González

A. E. Stallings - FacebookPoetry Foundation - Poetry International ArchivesThe Poem Tree - Women's Voices For Change - The Objective Standard - Literary Hub - Letras Libres


FAIRY-TALE LOGI

Fairy tales are full of impossible tasks:
Gather the chin hairs of a man-eating goat,
Or cross a sulphuric lake in a leaky boat,
Select the prince from a row of identical masks,
Tiptoe up to a dragon where it basks
And snatch its bone; count dust specks, mote by mote,
Or learn the phone directory by rote.
Always it’s impossible what someone asks—

You have to fight magic with magic. You have to believe
That you have something impossible up your sleeve,
The language of snakes, perhaps, an invisible cloak,
An army of ants at your beck, or a lethal joke,
The will to do whatever must be done:
Marry a monster. Hand over your firstborn son.

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martes, abril 28, 2020

Juan Carlos Bustriazo Ortiz / En el helado mar, lejos la muerte















ya no respiro, no ya no respiro
ahogado estoy, ahogado melodioso
las aguas de mi amor son esta agua
terribles del morir acá lejoso
los peces espiarán o no mi muerte
verdor de mi verdor, el mar curioso
los peces si es que están no sé no veo
las aguas de mi fin fatal viscoso
la racha del estruendo azul ardiente
los barcos del sonar su alud rabioso
mis ojos de no ver así inundados
tu hermosa hermosidad mi amor hermoso
ya no respiro no ya no respiro
ahogado estoy ahogado melodioso

Herejía bermeja, 2008

Juan Carlos Bustriazo Ortiz (Santa Rosa, Argentina, 1929-2010)

Cuarentena y 25 poetas en Danza,
selección y prólogo de Javier Cófreces,
Libros Electrónicos, Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2020








Otra Iglesia Es Imposible - Ediciones en Danza - La ArenaLamás Médula - Página de Poesía - Vallejo & Co. - Clarín - Página 12 - CFI/El Faro - El Vendedor de Tierra

Foto: Clarín

lunes, abril 27, 2020

Antonio Moro / La belleza enseña a la pasión













Los senderos de la hormiga.
El descanso en la rama de la urraca.
Le hiedra del pensamiento que cubre el árbol,
Los gorriones jugando
en esa enredadera de tiempos.
Las estaciones del día, del año, sucediéndonos.
Los hechos que creemos haber decidido.
El deseo en las manos tímidas.
La alegría de una mirada con horizonte.
El recuerdo de un peñasco sobre el abismo.
La sombra del nogal para un ojo ávido.

Nos enseña
a descubrir con el silencio
las palabras que vendrán,
a decirnos:
"He olvidado las mordeduras del tiempo,
he olvidado las monedas de lo oportuno,
olvidé la casa vacía de tu espalda."

Antonio Moro (Córdoba, Argentina, 1955), Mano de cielo, Argos, Córdoba, Argentina, 2003

CFI/Antología Federal de Poesía - Aromito - Blog del Amasijo - La Unión - Poetas Siglo XXI

Foto: Feria del Libro de Buenos Aires

domingo, abril 26, 2020

Javier Cófreces / De "El fulgor"




















CANAREGGIO     
                               
              Venecia es un inmenso barco en cuarentena.
                                                                 Bruno Barilli
                                                                                                 

Por la nave que avanza
Emergen cientos de islas
Damas adriáticas
sin merced
posta imposible
al paso invasor
La ciénaga
de poder naval
impone la marea
de barro y sangre
sobre la costa
Entonces
le temen


Por la nave que avanza
En ruta de cuerpo húmedo
por naturaleza
guerrera y líquida
Incontrolable
Ingobernable
como un furor
de dominio ciego
y conquistador
Le temen
Le temen
a la Serenísima
con su arsenal
de espolón mortal


Por la nave que avanza
Sucumbió la guerrera
La bestia de alarde náutico
templó su reposo
Exhaló su feroz combate
La Soberana trocó
su tinta mortal
dominadora
Los restos de aquello
son estos fulgores
incontenibles
como un antiguo trirreme


Por la nave que avanza
El vaporetto
va por Lido
y por Murano
va por Rialto
y San Michele
Por la Gran Laguna va
por agua negra
y marca judía
va por Ghetto
Cruza el canal
un traghetto
Bruma y vapor
en su esqueleto


Por la nave que avanza
El motor del vaporetto
aturde a bordo
el agua salpica
a estribor
Sus cabos se amarran
a una sombra física
que detiene
la fuerza del barco
Abordan pasajeros
que se mojan
de otra forma


Por la nave que avanza
El agua bombea dentro
de un corazón oceánico
La geografía marina
sopla un ventrículo
que late íntimo
El pulso de un respiro
perdido en el tiempo

Javier Cófreces (Buenos Aires, 1957)

El fulgor (poemas venecianos),
Ediciones en Danza, Libros Digitales,
Buenos Aires, 2020










Otra Iglesia Es Imposible - Ediciones en Danza - Poesía del Mondongo - La Caína - De Sibilas y Pitias - La Infancia del Procedimiento - Clarín - Sudeste - La Capital

Foto: Javier Cófreces, Feria del Libro de Buenos Aires, 2017 - Archivo del Autor

sábado, abril 25, 2020

Alfredo Giuliani / Dos poemas















Resurrección tras la lluvia

Fue en la calma resurrección que sucedió a la lluvia
el asfalto reflejaba todas nuestras manchas
un largo adiós voló como un acróbata
desde la plaza al monte
y el instante se desvaneció de rostro en rostro
se encendieron los faroles y se alzó la oscura torre
contra nuestra debilidad

los siglos no nos han deshecho


Cuando vi el sauce

Cuando vi el sauce sacudir sus tristes plumas
en el jardín del hospital, me hirió una esquirla
de la hora murmurante en la cascada de los montes
de la costa lejana; la luz compuesta
yació sin párpados en el confín de la hierba.

Y en el recuerdo vi la torre al viento en la escollera,
su parche verde y el damero desvaído. *
Y vi que todo es bello y es igual:
ala de piedra, espuma de mar, invierno...

Alfredo Giuliani (Mombaroccio, Italia, 1924–Roma, 2007) Poetas italianos del siglo XX, selección y traducción de Horacio Armani, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1973

* Interpreto que el "parche verde" es el musgo que crece sobre las piedras rectangulares o cuadradas de la torre, de color desvaído, que impresionan como un damero. (Nota del traductor)

Italian Poetry - Interno Poesia - Nazione Indiana - Literary - La Presenza di Èrato - Babel Matrix - Poetas Siglo XXI

Foto: Italian Poetry

Resurrezione dopo la pioggia 

Fu nella calma resurrezione dopo la pioggia
l’asfalto rifletteva tutte le nostre macchie
un lungo addio volò come un acrobata
dalla piazza al monte
e l’attimo sparì di volto in volto
s’accesero i fanali e si levò la buia torre
contro la nostra debolezza
i secoli non ci hanno disfatti


Quando vidi il salice

Quando vidi il salice scuotere le sue tristi piume
nel giardino dell’ospedale, mi ferì una scheggia
dell’ora mormorante per la cascata dei colli
dalla casa lontana; la composta luce
giacque senza palpebre sul confine dell’erba.

E vidi nel ricordo la torre al vento della scogliera,
la sua toppa verde e la scacchiera spallidita.
e vidi che tutto è bello e uguale:
ala di pietra spuma di mare inverno…

viernes, abril 24, 2020

Eugenio Montale / De un lago suizo















Mi zorra, yo también fui el "poeta
asesinado" en el bosque de avellanos
raso, en donde hizo gruta el fuego;
irisaba tu rostro un círculo de oro
al fondo de aquella madriguera;
lento bajaba por su vía hasta tocar
un nimbo y disolverse; ansioso, yo
invocaba el final sobre ese hondo
signo de tu vida abierta, amarga,
atrozmente frágil y tan fuerte.
¿Serías quien brilló en lo oscuro? En el surco
palpitante, en una cuesta enardecida,
atento sobre el trazo de tu leve
zarpa de predador (una huella casi
invisible, una estrella), yo, extranjero,
aun me abalanzo; y alzado en vuelo un pato
negro, desde el hondo lago hacia el nuevo
incendio me conduce, donde arde.

[1956]

Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896-Milán, Italia, 1981), "La bufera e altro", 1956, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2004
Versión de Jorge Aulicino

N. del T.: El poema es un acróstico: las letras iniciales de cada verso forman el nombre de la poeta María Luisa Spaziani (1922-2014). Con alguna maniobra táctica, el acróstico se mantuvo en castellano, sin lastimar, a mi entender, la construcción de cada verso

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Da un lago svizzero

Mia volpe, un giorno fui anch’io il “poeta
assassinato”: là nel noccioleto
raso, dove fa grotta, da un falò;
in quella tana un tondo di zecchino
accendeva il tuo viso, poi calava
lento per la sua via fino a toccare
un nimbo, ove stemprarsi; ed io ansioso
invocavo la fine su quel fondo
segno della tua vita aperta, amara,
atrocemente fragile e pur forte.
Sei tu che brilli al buio? Entro quel solco
pulsante, in una pista arroventata,
àlacre sulla traccia del tuo lieve
zampetto di predace (un’orma quasi
invisibile, a stella) io, straniero,
ancora piombo; e a volo alzata un’anitra
nera, dal fondolago, fino al nuovo
incendio mi fa strada, per bruciarsi.
---
Foto: Maria Luisa Spaziani y Eugenio Montale Il Messaggero. La imagen ilustra la portada de Montale e la volpe. Ricordi di una lunga amicizia, de María Luisa Spaziani, Mondadori, 2011

jueves, abril 23, 2020

Alicia Silva Rey / MOLESKINE – Distopías














Kafka, según Max Brod, con la boca apresada en el pico del cuervo
dice:
 “Somos pensamientos de suicidio
aflorando en la mente de Dios. *

Byung-Chul Han, estudiante de metalurgia en Corea, **
responde en alemán, un siglo y medio después:
- La indignación digital no es pensamiento, no es canto,
no es novela, es incapaz de acción.
Lo que no es pensamiento ni acción,
es aforismo, agonía del Eros, cansancio de lo igual.

Kafka sabe que toda multitud es de por sí indignada
y dispersa, también rota y fugaz
y, aunque banalizada en la naturaleza del conjunto,
multitud es fuerza que gravita.
- Culturalmente hablando, es política -agrega-.
Y luego, ardido de irrealidad:
- La política de Dios es pura, Byung- Chul Han.
Crea toda clase de lazos mas ninguno de sangre.
La Internet será literatura menor, salvaje o fuera de propósito;
pero

nada es más parecido a la mente de un dios.

* Sobre Kafka, recuerdo de Max Brod
** Byung-Chul Han es un ensayista surcoreano experto en estudios culturales.

[inédito]

Alicia Silva Rey (Quilmes, Argentina, 1950)

Otra Iglesia Es Imposible - Editorial Barnacle - Añosluz Editora - Op. Cit. - Low-Fiardentía - El Infinito Viajar - Chubasco en Primavera - La Ficción del Olvido - El Placard - Las Letras del Quilmero
---
Foto: Maru Pé/Alicia Silva Rey/Facebook

miércoles, abril 22, 2020

Jack Kerouac / Cinco haikus



Vendavales de febrero: corriendo
hacia el oeste a través
de las nubes, la luna

*

Buscando a mi gato
en la maleza,
encuentro una mariposa

*

La polilla duerme;
no sabe
que las lámparas han vuelto a encenderse

*

Crepúsculo de febrero: escarcha
en el sendero
por el que fui y vine todo el invierno

*

Te sorprenderías
de lo poco que sabía
hasta ayer

Jack Kerouac (Lowell, Estados Unidos, 1922- St. Petersburg, Estados Unidos, 1969), Book of Haikus, Penguin, Nueva York, 2003
Versiones © Jonio González.

Otra Iglesia Es Imposible - Poetry Foundation - My Poetic Side - Best Poems - De Sibilas y Pitias - Alpialdelapalabra - Buenos Aires Poetry - Poémame - Historia Hoy

Foto: Jack Kerouac por Allen Ginsberg, Nueva York, 1953. Ginsberg anota al pie de la foto: "Jack Kerouac deambulando por East 7th Street después de visitar Burroughs en nuestro pad, pasando la estatua del congresista Samuel 'Sunset' Cox, 'The Letter-Carrier’s Friend' en Tompkins Square hacia la esquina de Avenue A, Lower East Side; está haciendo cara de  loco o de Dostoievsky de bajo ruso de be-bop Om, primero caminando por el vecindario, luego metido con The Subterraneans, lápices y libreta asoman en el bolsillo de su camisa de lana, otoño de 1953, Manhattan" Allen Ginsberg Project


February gales - racing
westward through
The clouds, te moon

*

Looking for my cat
in the weeds,
I found a butterfly

*

The sleeping moth-
he doesn't know
The lamps turned up again

*

February dawn - frost
on the path
Where I paced all winter

*

You'd be surprised
how little I knew
Even up to yesterday

martes, abril 21, 2020

Silvio Mattoni / De "Tanatocresis"





19

Pasan de a miles por el puente blanco
que cruza el río menor, no navegable,
de esta ciudad imprecisa: sin un mar
a menos de mil kilómetros de acá.
¿Los pueden ver? También ustedes pasan
como puntos de una línea imaginaria
que se construye en la ilusión de fechas
y en el vacío mágico de nombres.
No nombro la ciudad ni los recuerdo
más que por lo que hicieron: gestos, notas,
afectos, versos, deseos de marcar
un punto en esa hilera parpadeante.
Pero no hay líneas, todo se extingue
y estas estrellas sudamericanas
ya se apagaron cuando nos alumbran.
“¿Y cuántos son entonces, cómo suman
la gracia de escribirse en el momento
de disolverse? ¿Y el arte de enterrarlos
y negarlos y ahora convertirlos
en parlamentos?” Querrás decir relatos
de un teatro perverso, que no niega
los nombres, las imágenes, los rictus,
guiños perdidos de una luz que pasa.
Miro el puente que los está esperando
y pienso que tal vez nunca los vuelva
a escuchar. Ahora empieza mi propia
bajada al río. Hay una sombra, tinta
que mancha el tiempo de la hoja escrita
con todos los momentos de este día.
Palabras y palabras, les hago una promesa
que es sólo para mí: no dejaré
pasar el viento fresco de noviembre
sobre la casa, el campus o la cámara
teatral de papeles que se arrumban.
Y en lo que sopla escucharé una risa
que vuelve tarde del patio o del pasto
en la vieja casa o en la universidad,
los brazos llenos de libros, ¿la ven?,
y yo que todavía no podía escribir,
me fallaba la vista y no estaba
vivo ni muerto y no sabía nada
mirando el foco de luz, el silencio.

Silvio Mattoni (Córdoba, Argentina, 1969), Tanatocresis, Borde Perdido Editora, Córdoba, Argentina, 2018

Otra Iglesia Es Imposible - Borde Perdido Editora - Premios Nacionales - La Infancia del Procedimiento -  Buenos Aires Poetry - Nueva Provenza - Eterna Cadencia - El Infinito Viajar - 1 Poeta 10 Preguntas - Vallejo & Co. - La Voz - Borde Perdido Editora/Rodolfo Fogwill/YouTube

Foto: CETyCLI/Silvio Mattoni/Facebook

lunes, abril 20, 2020

Tomas Tranströmer / Prisión














Se juega fútbol;
desconcierto: balón
va sobre el muro.

*

Ruido se hace
para espantar el tiempo,
para apurarlo.

*

Las mal escritas vidas:
la belleza persiste
como tatuaje.

*

Ladrón cazado:
con los bolsillos llenos
de setas frescas.

*

Ruido de taller
y las torres pesadas
al bosque asombran.

*

Se abre la puerta;
en el hospicio estamos,
en nueva era.

*

La luz se enciende:
el aviador ve manchas
de irreal luz.

*

Noche: un camión
pasa, los internados
sueñan temblando.

*

Él bebe leche
y se duerme en su celda,
madre de piedra.

Tomas Tranströmer (Estocolmo, 1931-2015), Fängelse: Nio haikudikter från Hällby ungdomsfängelse, 1959 (Fängelse, nueve jaicus del hospicio de jóvenes Hällby, 1959), Edda, Suecia, 2001
Re-creación del sueco al castellano de Roberto Mascaró

Nota a la edición sueca:

En 1959 visitó Tomas Tranströmer a su amigo, el psicólogo y poeta Åke Nordin, que por ese entonces era el jefe de la prisión para jóvenes Hällby, en las afueras de la ciudad de Eskilstuna. Como saludo de Año Nuevo, Tranströmer envió ocho haikus a  Åke Nordin y a su mujer, Ulla. Ahora se publican por primera vez, seguidos por un noveno haiku, que por algún motivo no llegó con la carta. (Envío de R. M.)

Otra Iglesia Es Imposible - Poetry Foundation - A Media Voz - El Cultural - Arcadia - El País - Función Lenguaje - El Placard - Vallejo & Co. - La Máquina de Pensar/YouTube

Foto: Laurent Denimal/Opale/El País

domingo, abril 19, 2020

Valeria Tentoni / De "Hologramas"






















En la sombra total

de la habitación que era tuya
ahora mismo, por ejemplo,
que debe estar cerrada con llave,
se guarda la que fue tu sombra
entre toda la sombra.


Los sacones, los pullóveres,

las polleras, los delantales,
el pijama, las bufandas,
toda la ropa
y sus colores
desparramados sobre la cama.

Yo elegí una cuchara, un plato
que colgabas de la pared

y ahora uso para comer en los días suaves.


Estábamos en el verbo

Vos solamente cruzabas
la sombra del limonero, volvías
de la cocina, criabas

jazmines en un florero, dejabas al olivo del fondo

en el fondo.


Avestruces

¿Qué hace el avestruz después de sacar la cabeza del hoyo,

qué es lo primero que olvidan los avestruces
de esa oscuridad en la que estuvieron
mientras afuera todo brillaba?

Valeria Tentoni (Bahía Blanca, Argentina, 1985)

Hologramas,
Hemisferio Derecho,
Bahía Blanca, 2019









Otra Iglesia Es Imposible - HD Ediciones -  Bestia Lectora - Poesía - Emma Gunst - Low-Fiardentía - Jámpster - Malón Malón - La Canción del País - Télam 
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Foto: Nexo Artes Culturas/Valeria Tentoni/Facebook

sábado, abril 18, 2020

Mario Benedetti / De "Umana gloria"



Después de todo

Esta mañana el cielo golpea la mano del temporal,
el hombre de los pagarés nos hizo estar aquí solo por ver
quien puede llegar a la puerta a hacer un gran barullo.
Las nubes se comen el infinito,
mandan a guardar toda la vista. Annina,
está en el arroyo de fango el palo recto que recuerda tu casa.
Tiene un techo de chapas,
con gruesas paredes y, una vez, solo las flores con Silvio que habla.
En la calle las sombras están bajo del asfalto,
se buscan los niños en los tubos de cemento del alcantarillado nuevo.
Detrás de los postigos grita la lengua de los padres. Detrás de los postigos
la carne de las chicas tuvo un patio lleno de golondrinas,
la tierra lo sostenía, no sé cómo decirlo, la arena y la hierba.
El sismo repentino
como el muerto que llevamos al hombro para hacernos sentir
imprevistamente la luna, la luna, la luna.

*

Pasos distantes, niños crespos en el aire fuerte,
el pequeño escalofrío de las manos que casi se toman. Oh, invierno.
En el frío, el cigarro de Vanni, la hierba blanca y dura, jugar.
Hemos aprendido a comer en nuestras casas.
Los techos, esos techos me dijeron que yo era mis ojos y no otros.
En el frío, ahora, tengo un poco de fiebre y aquí solo...
Una vez andaban luces antes de acostarse y era la abuela.
Había madera para preparar el carbón y Ernesta
tuvo que bajar a la posada para comprar toscanos.
La jarbe jenfri i claps ôr de strade.
La hierba entre las piedras al borde del camino.
La pequeña valla.
Ya no podemos bajar así.

Necesitamos mirar desde la distancia, pensar que miramos.

Una siesta plena de duermevela quiero tener.
Estar con las nubes firmes como una cosa blanca de las montañas.

En una ventana recordamos el viento entre las hojas.

"Me dices que no vienes, y creo
incluso que si vienes no te diré nada
pero si no hablo entenderás
que no te quiero".

Era una que se convertía en una. Oh, invierno

Mario Benedetti (Udine, Italia, 1955-Piadena, Italia, 2020), Umana gloria, Mondadori, Milán 2004 / Nuovi Argomenti, 15 de septiembre de 2017
Versiones de Jorge Aulicino

Otra Iglesia Es Imposible - Il Messaggero - Corriere della Sera - Nazione Indiana - Luigia Sorrentino/RAI News - Interno Poesia - Poetarum Silva - La Nación - Hablar de Poesía

Foto: Interno Poesia


In fondo al tempo

Stamattina il cielo batte la mano del temporale,
l’uomo delle cambiali è venuto a farci stare qui solo per guardare
chi può venire sulla porta a fare un grande rumore.
Le nuvole mangiano l’infinito,
mandano al gabinetto tutto lo sguardo. Annina,
è nel rivo di fango il bastone diritto che ricorda la tua casa.
Ha una volta il tetto di lamiera
con i muri grossi, e una volta solo i fiori con Silvio che parla.
Nella strada le ombre vanno sotto l’asfalto,
si cercano i bambini nei tubi di cemento della fognatura nuova.
Dietro gli scuri grida la lingua dei genitori. Dietro gli scuri
la carne delle bambine ha avuto un cortile pieno di rondini,
le teneva la terra, non so come dire, la sabbia e l’erba.
Il terremoto improvviso
come il morto che viene alla spalla per farci sentire
improvvisa la luna, la luna, la luna.

*

Passi lontani, bambini crespi nell’aria forte,
il piccolo gelo delle mani tenute vicine a prendersi. Oh inverno.
Nel freddo, il sigaro di Vanni, l’erba bianca e dura, giocare.
Abbiamo imparato nelle nostre case il modo di mangiare.
I tetti, quei tetti mi dicevano che io ero i miei occhi e non altri.
Nel freddo, adesso, ho un po’ di febbre e qui da solo…
Una volta sono venute le luci prima di dormire e c’era la nonna.
C’era la legna da preparare per il carbone e Ernesta
doveva scendere alla locanda a comprare il toscano.
La jarbe jenfri i claps sul ôr de strade.
L’erba tra i sassi sull’orlo della strada.
La piccola staccionata.
Noi non possiamo scendere più così.

Servirebbe guardare da lontano, pensare che si guarda.

Pieno un pomeriggio di dormiveglia voglio stare.
Stare con le nuvole ferme come una cosa bianca delle montagne.

In una finestra si ricorda il vento tra le foglie.

«Mi dici che non vieni e così penso
se anche verrai non ti dirò niente
ma se non parlerò tu capirai
che non ti voglio.»

Era una che diventava una. Oh inverno.

viernes, abril 17, 2020

Robert Bly / Por qué no morimos




















A finales de septiembre muchas voces
te dicen que vas a morir.
Esas hojas lo dicen. Ese frío.
Todas tienen razón.

Nuestras muchas almas... ¿qué
pueden hacer al respecto?
Nada. Ya son parte
de lo invisible.

Nuestras almas anhelan
volver a casa
de todos modos. "Es tarde", dicen.
"Cierra la puerta, vamos." Pero

el cuerpo no está de acuerdo. Dice:
"Enterramos una bolita
de hierro debajo de aquel árbol.
Vamos a buscarla."

Robert Bly (Lac qui Parle, Minnesota, Estados Unidos, 1926), Stealing Sugar from the Castle, W. W. Norton, Nueva York, 2016
Versión de Jonio González

Otra Iglesia Es Imposible - Robert Bly Web Site - Poetry Foundation - NPR - Perros en la Playa - De Sibilas y Pitias - El Blog Alternativo - Poetas Siglo XXI - Página 12

Foto: Robert Bly, 1980 NPR/Alan Gilbert Purcell/Fairfax Media/Getty Images

jueves, abril 16, 2020

Irene Gruss / De "De piedad vine a sentir"













Postal

La canilla que gotea en realidad es la aguja
sistemática del reloj. Sigo con la mirada
los árboles allá en el bosque alado;
perduran.
El tema no es el tiempo sino el verde.


No hay el para qué

Late, corazón
de pájaro o persona,
no para volar ni caer, ni tener
o perder. No hay el para qué sino el cómo, y un sentido.

                                                                            A Matilda


Pasa

Y este plácido despejarse del cielo
como el viento, suave, en la cara,
y el reflejo del agua contra la pared en esa terracita, abajo,
y la copa del gomero que insiste, roza la cornisa
parece que cae y no, sube,
la noche contra el día,
y se ha vuelto a nublar, pasa, pasa.


Sal

Por volver la vista atrás
pude mirar fracaso tras fracaso tras fracaso,
fuegos vi, la ciudad hecha fuego,
convertida en un apocalipsis precoz. Y
mi nombre perdido hacia un desierto si volteo
la cabeza hacia adelante, hacia
lo que me espera:
soy a duras penas la mujer de Lot: mi necesidad
no tiene nombre.

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950-2018), De piedad vine a sentir, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2019

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Foto: Constanza Niscovolos/Página 12

miércoles, abril 15, 2020

Jotaele Andrade / De "Cuervo negro cuervo blanco"













Cuervo con grano de oro

*

La visión

yo, que soy enfermo y jubiloso
-es decir
que me habita un fuego que clama su ceniza-
vi al cuervo posado sobre el mármol
ondulante
de la niebla

no llamaré prodigio
a aquello que está más allá de ese fenómeno
pues verlo fue aceptar que se aferraba con tres patas
al celaje
y era como una espada negra
que de tan negra
oscurece la tiniebla

apenas
giró
un ojo
-acaso para verme
-acaso para rodearme como a una presa
y juzgar cuándo hendir el picotazo

y pude ver que su pico guardaba
un grano amarillo

semejaba la profundísima
vacía
nada
con un sol al fondo

como una luciérnaga rota
y todavía humeante
en la hierba confundida
de la noche

*

¿dónde estaba mi casa?

¿dónde el humo azul del día?

yo preguntaba por los sitios donde recrea el hombre
su cotidiano
común
misterio

preguntaba por la mano y no por el puño
preguntaba por la mano y no por el guante

por lo inasible
preguntaba

*

cada vez que movía la cabeza
una línea luminosa brotaba
de aquel grano
y recorría su pico

¿quién soy yo
-atiné a preguntar-
que puede ver esta circunstancia
del modo en que cualquiera ve pasar
un carro con heno
al sapo en su salto paticorto
el vestido ondulante que teje y desteje el agua del río?

después
el trípedo animal
alzó el vuelo
y barrió la niebla

ah sábanas del celaje desnudaron y cubrieron
aquello que era
y no era
mundo

blandos ropajes bajo los que se movía
el tumulto
de aquello que era
y no era

vaporosas lenguas
en que se dice lo que es
y no lo sabe

entonces dio su graznido
y dejó caer el grano de oro que llevaba

fue eterna y súbita su caída

*

a veces parecía que flotaba

y se transformaba en una luna pequeña y dorada
a lo lejos

fue cuando la noche se llenó de insectos
cuyas alas vibraban con el violento
ardor de órganos
que buscaban fundirse

luego morían
arrancados
por la lengua incesante del tiempo

*

¿qué vi
cuando vi
caer
ese grano de oro en la noche?

¿vi entonces miles de embarcaciones
a través de la estela que dejaba?

¿vi gruesas cañas de bambú
piedras atadas con lonjas
de cuero
recién arrancado a un animal
los ojos de pescado de la muerte?

*

hombre
dije
o pensé
en la palabra hombre

qué había en esa palabra
qué formaba esa palabra

fue cuando golpeó la luz
y salió el Hombre a escena

*

Teatro de lo humano

“¡Damas y Caballeros! he aquí el hombre”
dijo
dando un salto hacia adelante
hacia la luz

agitando un sombrero del que comenzaron
a caer
pequeños homínidos
que gritaban asustados

y cada vez que uno caía
sonaba una fanfarria
y un pequeño haz de luz
lo rodeaba

He aquí al austrolopithecus

Aquí al homo habilis

Oh, este es el homo erectus

Este pobre es el homo neanderthal

y aquí tenemos a la estrella rutilante ¡el homo sapiens!

y cada ser representaba su papel
a la perfección.

Unos descubrían el fuego, la rueda
otros levantaban Tebas
con sus siete puertas
otros la incendiaban

más allá cruzaban flechas por el cielo
breve de la era

otros bailaban en barcas delgadas como flautas

y todo sucedía en la idea redonda de la existencia

y el Hombre relataba las eras con un megáfono

Oh la era de la piedra que culmina en polvo

la era de la madera que culmina en un incendio

la era del hierro que culmina en la carne

la era del oro que culmina en la codicia

la era del átomo que culmina en nada

entonces metió sus manos
en la boca
y fue quitando su ropaje de hombre y apareció el cuervo
majestuoso
que fue devorando
a cada uno tras su acto

*

El feligrés

yo vi al cuervo
y escribí su historia
y su canción
con una de sus plumas

no preguntes dónde se coció la tinta
en que lees estas cosas

ni cuáles sus ingredientes

yo andaba donde vida y muerte
entretejen
sus fronteras

un pie de un lado y del otro

y un pie sonaba a aleteo
y el otro a un fangoso temblor amputado

y ambos daban un paso que bailaba y tropezaba en un solo movimiento

*

La casa del feligrés

hice mi casa con plumas caídas
de su plumaje

y mi casa era negra
y sinuosa como la anguila

mi casa se confundía con la noche
y mis manos

y allá arriba cada tanto el golpe de la luz sobre el ojo
vigilante del cuervo
daba un parpadeo

corroborando acaso
que lo concerniente a la sombra
siguiera
en la sombra

*

comprendo ahora
que mi casa fue un nido

acaso allí se concibió la idea de un huevo

no la experiencia fáctica de lo que es

si no la posibilidad de algo

o acaso hubo un pensamiento vacío
dentro del huevo de la nada

¿digo la experiencia de la disolución
en lo vaciado?

o
apenas
el nido vacío
del misterio

*

Todo era el ojo del cuervo avistando todo

y cuando movió su ojo
una ráfaga
deshizo mi casa
la noción de abajo arriba
de ayer hoy mañana

pues su mirada
atravesaba las capas de la cebolla
del tiempo

en un mismo rechinar

en la misma fluctuación a través
del aire de las eras

y estaba en el zumbido y el destello

en el reflejo del agua
y en el agua

en cada punto del círculo

y fuera del círculo

todo era pupila abierta hacia adentro
y hacia afuera

*

y cuando iba a cantar cayó aquel grano de oro
de su sedoso pico

y estalló la luz


*

Inauguración de la coreografía del todo

como si se diseminara y diera
en el blando
espejo
por donde ocurre la múltiple
coreografía
de lo inerte y lo móvil
de lo que vuela y lo que repta
de lo que atraviesa
veloz
el polvo de las centurias
y el polvo posado sobre los muebles

y fuera hasta desembocar en la gran pupila
donde se mira por primera vez
la materia abisal de la vida

ocurrió
ocurrieron

el pato
el cáñamo
el oleoso interior del ajonjolí
la madriguera

maduraron los higos
carretas y bueyes
fueron borrando las sucesivas huellas
hasta dar con el camino

y charcas y astros y ranas
cantaron al unísono

un acto de inauguración
que duró lo que tardó en caer
ese grano de oro
que
todavía
cae

*

Ordalía

acostumbrándome
como se acostumbra el agua a las formas
que la contienen
di en mí
del modo en que despierta
la carne al dolor

la codicia en la moneda
el vuelo en la pluma

en la rosa agotada del hueso
desperté

¿lama sabactani?

¿quién me ha abandonado?

¿eloi eloi? ¿ecce mater tua?

Sanzuwu

Yatagarasu

Jīnwū

Samjok-o

es huérfana la carne

es triste la carne

un acto simultáneo de nacer y morir

Jotaele Andrade (La Plata, Argentina, 1974)

Cuervo negro
cuervo blanco,
Añosluz Editora,
Buenos Aires, 2020








Otra Iglesia Es Imposible - Añosluz - Buenos Aires Poetry - Op. Cit. - Télam - Poesía La Plata - Evaristo Cultural - Los Poetas no Van al Cielo

Foto: Facebook/Jotaele Andrade/La Violeta Colectiva de Arte