viernes, febrero 09, 2018

Nicholas Laughlin / Lámparas, relojes, espejos, mapas















Lámparas, relojes, espejos, mapas,
etc., utilería adormecida por el crepúsculo.
Las ventanas atadas para que sigan abiertas, la brisa afuera
lanzando breves arias de hojas y bolsas plásticas.

Encontré tu lista apretada dentro de un libro intacto
(nadie lee poemas, ningún libro sería tan seguro),
todos los nombres tachados.

                               Tantos mapas
–islas, vecindarios, puentes, árboles.
torres, colores, huellas de pulgares, colinas,
círculos de piedra y piedras solitarias,
y los caminos de ciudadanos particulares:
los seguros, los amables, los jóvenes recelosos,
hombres con escaleras, mujeres con sogas–
arrugados, agujereados, manchados.

Con cada despliegue, la ciudad paciente allá afuera
se reformula: una calle es revelada,
se desencadena un parque, rueda una fuente.
Aún vas de regreso a casa,
las ocupaciones en mente, y mira cómo ha llovido.
Cerca del río: pájaros,
una especie que no conocen los mapas.

Nicholas Laughlin (1975, Port of Spain), Los años extraños de mi vida, Peepal Tree Press, UK, 2015
Periódico de Poesía n° 105, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), diciembre de 2017
Traducción de Adalber Salas Hernández

Ref.:
Nicholas Laughlin's Blog etc.
Buenos Aires Poetry
International Literature Showcase
Peepal Tree Press


Lamps, Clocks, Mirrors, Maps

Lamps, clocks, mirrors, maps,
etc., props all drowsy with dusk.
The windows roped open, the breeze outside
launching brief arias of leaves and plastic bags.

I found your list snug in an unread book
(no one reads poems, no book could be safer),
the names crossed out.

                        So many maps—
islands, boroughs, bridges, trees,
towers, colours, thumbprints, hills,
rings of stones and single stones,
and the paths of particular citizens:
the certain, the gentle, the wary young,
men with ladders, women with ropes—
creased, pinpricked, stained.

With every unfolding the patient city outside
rewords itself: a street revealed,
a park unleashed, a fountain wheels.
You are still making your way back home,
errands remembered, and look how it hasn’t rained.
Near the river: birds,
a species the maps don’t know.

jueves, febrero 08, 2018

Micaela Chirif / La luz desciende













la luz desciende
agujerea la piedra
agujerea
tu cabeza desciende
nunca había sido la que fui
nunca
aquella cuando la luz
hizo fantasmas de nosotros
hizo fantasmas tu cabeza
y la piedra
para hacernos reír
hizo fantasmas
bajo una luz ordinaria

Micaela Chirif (Lima, 1973), Sobre mi almohada una cabeza, Pre-Textos, Valencia, 2012

Ref.:
Pre-Textos
Arcadia

miércoles, febrero 07, 2018

Howard Phillips Lovecraft / Expectación
















No sabría decir por qué algunas cosas me producen
Una sensación de maravillas inexploradas por venir,
O de grieta en el muro del horizonte
Que se abre a mundos donde sólo los dioses pueden vivir.
Es una expectación vaga, sin aliento,
Como de grandes pompas antiguas que recuerdo a medias,
O de aventuras salvajes, incorpóreas,
Plenas de éxtasis y libres como un ensueño.

La encuentro en puestas de sol y en extrañas agujas urbanas,
En viejos pueblos y bosques y cañadas brumosas,
En los vientos del Sur, en el mar, en collados y ciudades iluminadas,
En viejos jardines, en canciones entreoídas y en los fuegos de la luna.
Pero aunque sólo por su encanto vale la pena vivir la vida
Nadie alcanza ni adivina el don que insinúa

[1929-1930]

Howard Phillips Lovecraft (Providencia, Estados Unidos, 1890-1937), Hongos de Yuggoth y otros poemas fantásticos, Valdemar, Madrid, 1994
Traducción de Sonia Tribaldos y Juan Antonio Santos
Envío de Jonio González


XXVIII. Expectancy

I cannot tell why some things hold for me
A sense of unplumbed marvels to befall,
Or of a rift in the horizon’s wall
Opening to worlds where only gods can be.
There is a breathless, vague expectancy,
As of vast ancient pomps I half recall,
Or wild adventures, uncorporeal,
Ecstasy-fraught, and as a day-dream free.

It is in sunsets and strange city spires,
Old villages and woods and misty downs,
South winds, the sea, low hills, and lighted towns,
Old gardens, half-heard songs, and the moon’s fires.
But though its lure alone makes life worth living,
None gains or guesses what it hints at giving.

-Fungi from Yuggoth, The H.P. Lovecraft Archive
---
Foto: s/d

martes, febrero 06, 2018

Robert Hass / De "Home movies"



Símil heroico

Cuando el guerrero cayó en Los siete samuráis de Kurosawa
bajo la lluvia gris,
y la dinastía Tokugawa y en Cinemascope,
cayó recto como un pino, cayó
como Ayax cae en Homero
en dáctilos cantados y el árbol era tan enorme
que el leñador debió volver dos días seguidos
a ese sitio afortunado para acabar de serruchar
y en el tercer día llevó a su tío.

Apilaron troncos en el aire resinoso
cortando a hachazos las pequeñas ramas,
atando esos haces por separado.
Cortaban en cuatro los bloques próximos a la raíz
y aun así eran incómodamente grandes;
partieron en dos los troncos del medio:
diez haces y cuatro grandes pilas de madera fragante,
lunas, cuartos de luna y medias lunas
acanaladas por los dientes de la sierra.

El leñador y el viejo, su tío,
están parados en medio del bosque
sobre un suelo embarrado de pino y primavera.
Han dejado de trabajar
porque están cansados y porque
no he imaginado ni un animal de carga
ni un carro primitivo. Son demasiado astutos
para llamar a los vecinos y regresar a casa
con unos pocos troncos después de tres días de trabajo.
Están esperando que yo haga algo
o que el capataz del Gran Señor
venga y los arreste.

¡Qué pacientes son!
El viejo fuma en una pipa y escupe.
El joven está pensando que sería rico
si ya fuera rico y tuviera una mula.
Diez días de acarreo
y en el séptimo día probablemente
los atrapen, vuelvan a casa con las manos vacías
o peor. No sé
si son japoneses o micénicos
y no puedo hacer nada.
El camino de aquí a esa aldea
no está traducido. Un héroe que muere
entrega su quietud al aire.
Un hombre y una mujer caminan desde el cine
a casa en el silencio de lealtades separadas.
La imaginación tiene sus límites.

[1979]


Música tenue

Quizás necesites escribir un poema sobre la gracia.

Cuando todo lo roto esté roto,
y todo lo muerto esté muerto,
y el héroe se haya mirado al espejo con completo desprecio,
y la heroína se haya estudiado el rostro y sus defectos
despiadadamente, y el dolor que pensaron podría,
como una señal de la seriedad de ambos, liberarlos de ellos mismos
haya perdido su novedad y no los haya liberado,
y hayan comenzado a pensar, amablemente y a distancia,
viendo a los otros pasar sus días
       - gustos y aversiones, motivos, hábitos, miedos -
que el amor propio es el único tallo cubierto de maleza
de todo ser humano que florece, y hayan entendido,
entonces, por qué habían estado, todas sus vidas,
defendiéndolo con tanta furia, y que nunca nadie
       - excepto algún santo inconcebible en su charco
de pobreza y silencio - puede escapar de este violento, automático
compañero de vida, quizás entonces, la luz ordinaria,
la tenue música bajo las cosas, algo en suspenso, como la gracia,
       aparezca.

Como en esa historia que contó un amigo sobre la vez
que intentó matarse. Su novia lo había dejado.
Abejas en el corazón, luego escorpiones, gusanos, luego ceniza.
Se trepó a la baranda del puente,
del lado de la bahía, una lúcida tarde azul.
Y en el aire salino pensó en la palabra mariscos,
en que había algo ligeramente ridículo en ella.
Nadie decía tierriscos. Pensó que era degradante para la trucha
       arcoíris
que había sacado del agua reluciendo desde el acantilado, la
       perca negra,
escamas como carbón pulido, en bancos de algas
a lo largo de la costa  - y se dio cuenta de que el motivo de la palabra
eran los cangrejos, o mejillones, almejas. Si no
los restaurantes podrían poner simplemente pescado en sus
       carteles,
y cuando despertó - había estado horas dormido, acurrucado
en la viga como un niño - el sol estaba cayendo
y se sentía un poco mejor, y con miedo. Se puso la chaqueta
que había usado de almohada, trepó sobre la baranda
cuidadosamente, y manejó hasta su casa vacía.

Había una bombacha de ella, color amarillo limón,
colgando del picaporte. La observó en detalle. Muy gastada.
Un rojizo tenue en la entrepierna lo enfermó
de rabia y de dolor. Más o menos sabía
donde estaba ella. Un departamento en algún lugar de Russian Hill.
Recién habrían terminado de hacer el amor. Ella tendría lágrimas
en los ojos y agradecida le acariciaría el mentón. “Dios”,
diría ella, “sos justo para mí”. Luces titilantes,
una vista brumosa cuesta abajo hacia el puerto y la bahía.
“Estás triste”, diría él. “Sí.” “¿Estás pensando en Nick?”
“Sí”, diría ella y lloraría. “Me esforcé tanto”, ya sollozando,
“realmente me esforcé tanto”. Y entonces él la abrazaría por un rato
      - en la pared tapices que él había traído de su trabajo en
       Guatemala -
y entonces cogerían de nuevo, y ella lloraría un poco más,
y se quedaría dormida.
       Y él, él se imaginaría esa escena
sólo una vez, una vez y media, y se diría a sí mismo
que llevaría esa escena consigo por mucho tiempo
y que no habría nada que pudiera hacer
más que llevarla consigo. Salió a la galería, y escuchó
el bosque en la oscuridad del verano, la corteza del madroño
resquebrajándose, combándose cuando empezaba a hacer frío.

No se trata de la historia sin embargo, ni del amigo
que se inclina hacia vos, diciendo “Y entonces me di cuenta…”
que es la parte de la historia que uno nunca cree del todo.
Yo tenía la idea de que el mundo está tan lleno de dolor
que a veces debe componer una especie de canto.
Y que la secuencia ayuda, tanto como el orden ayuda:
primero un ego, y luego el dolor, y luego el canto.

[versiones de Silvina López Medin]

Robert Hass (San Francisco, Estados Unidos, 1941), Home movies, selección de Silvina López Medin; traducciones de Mirta Rosenberg, Alejandro Crotto, Liliana García Carril y Silvina López Medin; Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2016

Zindo & Gafuri - Slate - Letras Libres - Otra Parte

Foto: Margaretta K. Mitchell/The New York Times


Heroic Simile  

When the swordsman fell in Kurosawa’s Seven Samurai 
in the gray rain, 
in the Cinemascope and the Tokugawa dynasty, 
he fell straight as a pine, he fell 
as Ajax fell in Homer 
in chanted dactyls and the tree was so huge 
the woodsman returned for two days 
to that lucky place before he was done with the sawing 
and on the third day he brought his uncle. 

They stacked logs in the resinous air, 
hacking the small limbs off, 
tying those bundles separately. 
The slabs near the root 
were quartered and still they were awkwardly large; 
the logs from the midtree they halved: 
ten bundles and four great piles of fragrant wood, 
moons and quarter moons and half moons 
ridged by the saw’s tooth. 

The woodsman and the old man his uncle 
are standing in midforest 
on a floor of pine silt and spring mud. 
They have stopped working 
because they are tired and because 
I have imagined no pack animal   
or primitive wagon. They are too canny 
to call in neighbors and come home 
with a few logs after three days’ work. 
They are waiting for me to do something   
or for the overseer of the Great Lord 
to come and arrest them. 

How patient they are! 
The old man smokes a pipe and spits. 
The young man is thinking he would be rich 
if he were already rich and had a mule. 
Ten days of hauling 
and on the seventh day they’ll probably 
be caught, go home empty-handed 
or worse. I don’t know 
whether they’re Japanese or Mycenaean 
and there’s nothing I can do. 
The path from here to that village 
is not translated. A hero, dying, 
gives off stillness to the air. 
A man and a woman walk from the movies 
to the house in the silence of separate fidelities. 
There are limits to imagination.

[Praise. © Robert Hass, 1979]


Faint Music

Maybe you need to write a poem about grace.

When everything broken is broken,   
and everything dead is dead,
and the hero has looked into the mirror with complete contempt,
and the heroine has studied her face and its defects
remorselessly, and the pain they thought might,
as a token of their earnestness, release them from themselves
has lost its novelty and not released them,
and they have begun to think, kindly and distantly,
watching the others go about their days—
likes and dislikes, reasons, habits, fears—
that self-love is the one weedy stalk
of every human blossoming, and understood,
therefore, why they had been, all their lives,   
in such a fury to defend it, and that no one—
except some almost inconceivable saint in his pool
of poverty and silence—can escape this violent, automatic
life’s companion ever, maybe then, ordinary light,
faint music under things, a hovering like grace appears.

As in the story a friend told once about the time   
he tried to kill himself. His girl had left him.
Bees in the heart, then scorpions, maggots, and then ash.   
He climbed onto the jumping girder of the bridge,   
the bay side, a blue, lucid afternoon.
And in the salt air he thought about the word “seafood,”
that there was something faintly ridiculous about it.
No one said “landfood.” He thought it was degrading to the rainbow perch
he’d reeled in gleaming from the cliffs, the black rockbass,   
scales like polished carbon, in beds of kelp
along the coast—and he realized that the reason for the word   
was crabs, or mussels, clams. Otherwise
the restaurants could just put “fish” up on their signs,   
and when he woke—he’d slept for hours, curled up   
on the girder like a child—the sun was going down
and he felt a little better, and afraid. He put on the jacket   
he’d used for a pillow, climbed over the railing   
carefully, and drove home to an empty house.

There was a pair of her lemon yellow panties
hanging on a doorknob. He studied them. Much-washed.   
A faint russet in the crotch that made him sick   
with rage and grief. He knew more or less
where she was. A flat somewhere on Russian Hill.   
They’d have just finished making love. She’d have tears   
in her eyes and touch his jawbone gratefully. “God,”   
she’d say, “you are so good for me.” Winking lights,   
a foggy view downhill toward the harbor and the bay.   
“You’re sad,” he’d say. “Yes.” “Thinking about Nick?”
“Yes,” she’d say and cry. “I tried so hard,” sobbing now,
“I really tried so hard.” And then he’d hold her for a while—
Guatemalan weavings from his fieldwork on the wall—
and then they’d fuck again, and she would cry some more,   
and go to sleep.
                        And he, he would play that scene
once only, once and a half, and tell himself
that he was going to carry it for a very long time
and that there was nothing he could do
but carry it. He went out onto the porch, and listened   
to the forest in the summer dark, madrone bark
cracking and curling as the cold came up.

It’s not the story though, not the friend
leaning toward you, saying “And then I realized—,”
which is the part of stories one never quite believes.   
I had the idea that the world’s so full of pain
it must sometimes make a kind of singing.
And that the sequence helps, as much as order helps—
First an ego, and then pain, and then the singing.

[Sun Under Wood. © Robert Hass, 1996]

lunes, febrero 05, 2018

Pedro Salinas / De "Poema del Mío Cid puesto en romance vulgar y lenguaje moderno"
















[Fragmentos]


3
El Cid entra en Burgos

Ya por la ciudad de Burgos el Cid Ruy Díaz entró.
Sesenta pendones lleva detrás el Campeador.
Todos salían a verle, niño, mujer y varón,
a las ventanas de Burgos mucha gente se asomó.
¡Cuántos ojos que lloraban de grande que era el dolor!
Y de los labios de todos sale la misma razón:
“¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor!”

4
Nadie hospeda al Cid.

  Sólo una niña le dirige la palabra para mandarle alejarse.
El Cid se ve obligado a acampar fuera de la población, en la glera.

De grado le albergarían, pero ninguno lo osaba,
que a Ruy Díaz de Vivar le tiene el rey mucha saña.
La noche pasada a Burgos llevaron una real carta
con severas prevenciones y fuertemente sellada
mandando que a Mío Cid nadie le diese posada,
que si alguno se la da sepa lo que le esperaba:
sus haberes perdería, más los ojos de la cara,
y además se perdería salvación de cuerpo y alma.
Gran dolor tienen en Burgos todas las gentes cristianas
de Mío Cid se escondían: no pueden decirle nada.
Se dirige Mío Cid adonde siempre paraba;
cuando a la puerta llegó se la encuentra bien cerrada.
Por miedo del rey Alfonso acordaron los de casa
que como el Cid no la rompa no se la abrirán por nada.
La gente de Mío Cid a grandes voces llamaba,
los de dentro no querían contestar una palabra.
Mío Cid picó el caballo, a la puerta se acercaba,
el pie sacó del estribo, y con él gran golpe daba,
pero no se abrió la puerta, que estaba muy bien cerrada.
La niña de nueve años muy cerca del Cid se para:
“Campeador que en bendita hora ceñiste la espada,
el rey lo ha vedado, anoche a Burgos llegó su carta,
con severas prevenciones y fuertemente sellada.
No nos atrevemos, Cid, a darte asilo por nada,
porque si no perderíamos los haberes y las casas,
perderíamos también los ojos de nuestras caras.
Cid, en el mal de nosotros vos no vais ganando nada.
Seguid y que os proteja Dios con sus virtudes santas.”
Esto le dijo la niña y se volvió hacia su casa.
Bien claro ha visto Ruy Díaz que del rey no espere gracia.
De allí se aparta, por Burgos a buen paso atravesaba,
a Santa María llega, del caballo descabalga,
las rodillas hinca en tierra y de corazón rogaba.
Cuando acabó su oración el Cid otra vez cabalga,
de las murallas salió, el río Arlanzón cruzaba.
Junto a Burgos, esa villa, en el arenal posaba,
las tiendas mandó plantar y del caballo se baja.
Mío Cid el de Vivar que en buen hora ciñó espada
en un arenal posó, que nadie le abre su casa.
Pero en torno suyo hay guerreros que le acompañan.
Así acampó Mío Cid cual si anduviera en montaña.
Prohibido tiene el rey que en Burgos le vendan nada
de todas aquellas cosas que le sirvan de vianda.
No se atreven a venderle ni la ración más menguada.

Pedro Salinas (Madrid, 1891-Boston, Estados Unidos, 1951), Poema de Mio Cid, puesto en romance vulgar y lenguaje moderno, Ed. Revista de Occidente, Madrid, [1926] 1965

Hathi Trust
https://catalog.hathitrust.org/Record/007129015
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes


3

Mio Çid Ruy Diaz | por Burgos entrava,
en su compaña | .lx. pendones levava.
Exien lo ver | mugieres e varones,
burgeses e burgesas | por las finiestras son,
plorando de los ojos | tanto avien el dolor.
De las sus bocas | todos dizian una razon:
«¡Dios, que buen vassalo! | ¡Si oviesse buen señor!»

4

Conbidar le ien de grado| mas ninguno non osava;
el rey don Alfonsso | tanto avie la grand saña,
antes de la noche | en Burgos del entro su carta
con grand recabdo | e fuerte mientre sellada,
que a mio Çid Ruy Diaz | que nadi nol diesse(n) posada,
e aquel que gela diesse | sopiesse - vera palabra -
que perderie los averes | e mas los ojos de la cara
e aun demas | los cuerpos e las almas.
Grande duelo avien | las yentes christianas;
asconden se de mio Çid | ca nol osan dezir nada.
El Campeador | adeliño a su posada;
asi commo lego a la puerta | falola bien çerrada
por miedo del rey Alfonsso | que assi lo avien parado
que si non la quebrantas por fuerça | que non gela abriese nadi.
Los de mio Çid | a altas vozes laman,
los de dentro | non les querien tornar palabra.
Aguijo mio Çid, | a la puerta se legava,
saco el pie del estribera, | una feridal dava;
non se abre la puerta | ca bien era çerrada.
Una niña de nuef años| a ojo se parava:
«¡Ya Campeador | en buen ora çinxiestes espada!
El rey lo ha vedado, | anoch del entro su carta
con grant recabdo | e fuerte mientre sellada.
Non vos osariemos abrir | nin coger por nada;
si non, perderiemos | los averes e las casas
e demas | los ojos de las caras.
Çid, en el nuestro mal | vos non ganades nada;
mas ¡el Criador vos vala | con todas sus vertudes santas!»
Esto la niña dixo | e tornos pora su casa.
Ya lo vee el Çid | que del rey non avie graçia.
Partios de la puerta, | por Burgos aguijava,
lego a Santa Maria, | luego descavalga,
finco los inojos, | de coraçon rogava.
La oraçion fecha | luego cavalgava;
salio por la puerta | e (en) Arlançon p[a]sava.
Cabo essa villa | en la glera posava,
fincava la tienda | e luego descavalgava.
Mio Çid Ruy Diaz | el que en buen ora çinxo espada
poso en la glera | quando nol coge nadi en casa,
derredor del | una buena conpaña.
Assi poso mio Çid | commo si fuesse en montaña.
Vedada l'an compra | dentro en Burgos la casa
de todas cosas | quantas son de vianda;
non le osarien vender | al menos dinarada.
 
Poema del Mío Cid h.1140 Biblioteca Agustana

domingo, febrero 04, 2018

Federico García Lorca / Fábula y rueda de los tres amigos




















Enrique,
Emilio,
Lorenzo.

Estaban los tres helados:
Enrique por el mundo de las camas;
Emilio por el mundo de los ojos y las heridas de las manos,
Lorenzo por el mundo de las universidades sin tejados.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Estaban los tres quemados:
Lorenzo por el mundo de las hojas y las bolas de billar;
Emilio por el mundo de la sangre y los alfileres blancos,
Enrique por el mundo de los muertos y los periódicos abandonados.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Estaban los tres enterrados.
Lorenzo en un seno de Flora;
Emilio en la yerta ginebra que se olvida en el vaso,
Enrique en la hormiga, en el mar y en los ojos vacíos de los pájaros.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Fueron los tres en mis manos
tres montañas chinas,
tres sombras de caballo,
tres paisajes de nieve y una cabaña de azucenas
por los palomares donde la luna se pone plana bajo el gallo.

Uno
y uno
y uno.

Estaban los tres momificados.
Con las moscas del invierno,
con los tinteros que orina el perro y desprecia el vilano,
con la brisa que hiela el corazón de todas las madres,
por los blancos derribos de Júpiter donde meriendan muerte los borrachos.

Tres
y dos
y uno.

Los vi perderse llorando y cantando
por un huevo de gallina,
por la noche que enseñaba su esqueleto de tabaco,
por mi dolor lleno de rostros y punzantes esquirlas de luna,
por mi alegría de ruedas dentadas y látigos,
por mi pecho turbado por las palomas,
por mi muerte desierta con un solo paseante equivocado.

Yo había matado la quinta luna
y bebían agua por las fuentes los abanicos y los aplausos.
Tibia leche encerrada de las recién paridas
agitaba las rosas con un largo dolor blanco.

Enrique,
Emilio,
Lorenzo.

Diana es dura,
pero a veces tiene los pechos nublados.
Puede la piedra blanca latir en la sangre del ciervo
y el ciervo puede soñar por los ojos de un caballo.

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.

Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, España, 1898-Granada, España, 1936), "Poemas de la soledad en Columbia University", Poeta en Nueva York, 1929-1930, Obras completas, Aguilar, Madrid, 1953

Nota del Administrador: En varias oportunidades, se señaló este poema como premonitorio. Los tres esqueletos mencionados en el poema serían Lorca y las dos personas con que fue enterrado luego de su fusilamiento sin juicio, al comienzo de la guerra civil española de 1936-1939. Hasta ahora no se hallaron esos cuerpos, y esto también estaría anticipado, en el final del poema.

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Foto: García Lorca, 1935, Cervantes Virtual

sábado, febrero 03, 2018

William Carlos Williams / Paterson, 31

Libro Tres
La biblioteca
I (cont.)













Demos una vuelta por ahí para ver cómo es la ciudad

Indiferente, la indiferencia ante cierta muerte
o el acontecer de una cierta muerte
propone un enigma (a la manera joyceana–
o si no
es indistinto cuál)
El enigma del matrimonio:
Tanto hablar del lenguaje –cuando no hay oídos.

•        •        •          •         •       •       •     •                                                             
¿Qué se puede decir? salvo que
la belleza es ignorada      •    aunque está a la venta y
se compra con facilidad

Pero es cierto, que le temen más
que a la muerte

Cosa hermosa

–y casarse solo para destruir, en privado, en
su intimidad solo para destruir, para ocultar
(en el matrimonio)
que ellos pueden destruir y sin ser percibidos
al hacerlo –la destrucción

La muerte vendrá demasiado tarde para ayudarnos    • 

¿Qué otro fin sino el amor, que mira la muerte a los ojos?
Una ciudad, un matrimonio –que mira la muerte
a los ojos

El enigma de un hombre y una mujer

Porque qué hay sino amor, que mira la muerte
a los ojos, amor, engendrando matrimonio –
ni infamia, ni muerte

aunque el amor pareciera engendrar
solo muerte en las antiguas obras de teatro, solo muerte, como
si desearan la muerte antes que enfrentar
la infamia, la infamia de las viejas ciudades    • 


•    •    •    un mundo de ciudades corruptas,
nada más, esa muerte mirando a los ojos,
sin amor: ni palacios, ni jardines privados,
ni agua entre las piedras; las barandas de piedra
de las balaustradas, ahuecadas, con agua clara
corriendo, sin paz   • 

Las aguas
están secas. Es verano, ha       •    terminado

Cántame una canción para soportar la muerte, una canción
de un hombre y una mujer: el enigma de un hombre
y una mujer.
¿Qué lenguaje puede calmar nuestra sed,
qué viento nos eleva, qué inundaciones nos llevan
más allá de las derrotas
sino la canción, pero la canción inmortal?

La roca
casada con el río
no
hace ruido

Y el río
pasa –pero yo sigo
demandante
llamando sin cesar
a los pájaros
y las nubes
(escuchando)
¿Quién soy?

–¡la voz!

–la voz se eleva, descuidado
(con su nuevo) el inquebrantable
lenguaje. ¿No hay ninguna liberación?

Ríndete. Abandónalo.  Deja de escribir.
“Santurrón” nunca
alejarás esa mancha de sentido,

una ofensa
al amor, el gusano de la mente devorando
el centro, insaciable

–nunca alejes esa mancha
de sentido de la masa inerte.       Nunca.
Nunca ese brillo

se cuarteó,
ni fue alcanzado por los símbolos       • 

Doctor, ¿cree usted en
“el pueblo”, en la Democracia? ¿Cree
aun – en este
chiquero de ciudades corruptas?
¿Sí, doctor? ¿Ahora?

Abandona
el poema. Abandona la imprecisión
del arte.

¿Qué espera, qué
espera USTED para concluir –
sobre un montón de trapos sucios?

¿tú
un poeta (expulsado) del Paraíso?

¿Es un libro sucio? Apuesto a que
es un libro sucio, dijo ella.

La muerte espera,
una hermana bondadosa –
llena de palabras perdidas,
las palabras nunca dichas–
una hermana bondadosa para los pobres.
La radiante esencia que
resiste la cristalización final

•          en la uraninita
la radiante esencia       •

Hubo un día anterior, de colores prismáticos   : cuando
llegó el inglés a Nueva Barbados    •

Así empezó   •

Por cierto no hay ningún misterio ante el hecho
de que el COSTO ASCIENDE ES ESPIRAL SEGÚN LAS FIGURAS–sabido
o no sabido, planeado o automático. El hecho
de la pobreza no es una cuestión argumental. El lenguaje
no es una provincia difusa. Hay poesía
del movimiento del costo, sabido o no sabido   •

El costo.    El costo

y ojos deslumbrados semidormidos
Cosa hermosa
de un animal confiado
que hace un templo
de su salvaje lugar de matanza
            •        •        •          •         •       •       •     •                   

Prueba otro libro. Atraviesa
el   aire seco del lugar

Un dios demente
                            –noches en un burdel
Si las tuviera        •
¿Qué?

   –¿hacer de los burdeles mi casa?
(Toulouse Lautrec
otra vez        •      )

Yo soy el locus
donde dos mujeres se encuentran

Una del quinto infierno
con un toque salvaje
y de tuberculosis
(una cicatriz en el muslo)
La otra           –             deseosa,
de una antigua cultura     •   
–y ofrecen el mismo plato
de diferentes modos     

Deja que los colores fluyan          •   

Toulouse Lautrec fue testigo:
miembros relajados
–todas las religiones
las excluyeron–   
en calma, los tendones
sin tensión        •   

Y así los registró

–una piedra
clavada en el pedernal
a través de cuya arenisca,
rota,
pero irrompible
construimos nuestras carreteras     •
– tartamudeamos y elegimos          •

Abandónalo. Abandona este lugar. Ve donde todas
las bocas son enjuagadas   : al río para
una respuesta
para aliviarse del “significado”

Se acerca un tornado (No tenemos
tornados en estas latitudes. ¿Qué, en
Cherry Hill?)

Llueve
sobre los techos de Paterson, rompe,
retuerce, tortuoso       :

una teja de madera incrustada hasta la mitad
en un roble
(el viento debe haberla
afilado, sosteniéndola con fuerza a ambos lados)

La iglesia
se movió 8 pulgadas a través de un arco, en sus
cimientos –

¡Fjuuu! ¡Fjuuu!

—el viento
donde descargaba sus pesados galones (sin mostrar
el rostro) desde el borde de la roca—

donde en la corriente,
en días de verano, los gavilanes pasan
y juegan
( en la corriente superior)
y la pobre veleta
de tela, sobre los techos, preparada para zambullirse
• mira hacia abajo
Escudriñando entre los libros; con la mente en otra parte
mirando hacia abajo 

Buscando.

William Carlos Williams(Rutherford, Estados Unindos, 1883-1963), Paterson, New Directions, New York, 1963
Versión © Silvia Camerotto

Ilustración: Paterson, New Directions, Nueva York, 1946-1958 Lorne Bair



Book Three

The library I

Let's take a ride around, to see what the town looks like 

Indifferent, the indifference of certain death 
or incident upon certain death 
propounds a riddle (in the Joyceian mode — 
or otherwise, 
it is indifferent which) 
A marriage riddle: 

So much talk of the language — when there are no 
ears. 

•        •        •          •         •       •       •     •                                                               
What is there to say? save that 
beauty is unheeded    •      tho’ for sale and 
bought glibly enough 

But it is. true, they fear 
it more than death, beauty is feared 
more than death, more than they fear death

Beautiful thing 

— and marry only to destroy, in private, in 
their privacy only to destroy, to hide 
(in marriage) 
that they may destroy and not be perceived 
in it — the destroying 

Death will be too late to bring us aid    •                 

What end but love, that stares death in the eye? 
A city, a marriage — that stares death 
in the eye 

The riddle of a man and a woman 

For what is there but love, that stares death 
in the eye, love, begetting marriage — 
not infamy, not death 

tho’ love seem to beget 
only death in the old plays, only death, it is 
as tho' they wished death rather than to face 
infamy, the infamy of old cities     •                


• • • a world of corrupt cities, 
nothing else, that death stares in the eye, 
lacking love: no palaces, no secluded gardens, 
no water among the stones; the stone rails 
of the balustrades, scooped out, running with 
clear water, no peace    •                

                                The waters 

are dry. It is summer, it is     •    ended 

Sing me a song to make death tolerable, a song 
of a man and a woman: the riddle of a man 
and a woman. 
What language could allay our thirsts, 
what winds lift us, what floods bear us 
past defeats 
but song but deathless song ? 

The rock
married to the river
makes
no sound

And the river
passes — but I remain
clamant
calling out ceaselessly
to the birds
and clouds
(listening) 

  Who am I? 

             — the voice! 



— the voice rises, neglected 
(with its new) the unfaltering 
language. Is there no release? 

Give it up. Quit it. Stop writing. 
"Saintlike" you will never 
separate that stain of sense, 

an offense 
to love, the mind's worm eating 
out the core, unappeased 

— never separate that stain 
of sense from the inert mass.  Never. 
Never that radiance 

quartered apart, 
unapproached by symbols 

Doctor, do you believe in 
"the people," the Democracy? Do 
you still believe — in this 
swill-hole of corrupt cities? 
Do you, Doctor? Now? 

                     Give up 
the poem. Give up the shilly- 
shally of art. 

             What can you, what 
can YOU hope to conclude — 
on a heap of dirty linen? 

                        — you 
a poet (ridded) from Paradise? 
Is it a dirty book? I'll bet 
it's a dirty book, she said. 

Death lies in wait, 
a kindly brother — 
full of the missing words, 
the words that never get said — 
a kindly brother to the poor. 
The radiant gist that 
resists the final crystallization 

•      in the pitch-blend 
the radiant gist    •                


There was an earlier day, of prismatic colors : whence 
to New Barbadoes came the Englishman     •                

                               Thus it began   •                

Certainly there is no mystery to the fact 
that Costs Spiral According to a Rebus — known 
or unknown, plotted or automatic. The fact 
of poverty is not a matter of argument. Language 
is not a vague province. There is a poetry 
of the movements of cost, known or unknown    •                

The cost. The cost 

and dazzled half sleepy eyes 
            Beautiful thing 
          of some trusting animal 
            makes a temple 
of its place of savage slaughter 

•   •   •   •    •    • 

Try another book. Break through 
the dry air of the place 

An insane god 
          —nights in a brothel 
          And if I had    •                
What then? 

— made brothels my home? 
         (Toulouse Lautrec 
          again. • ) 

Say I am the locus 
      where two women meet 

One from the backwoods 
   a touch of the savage 
   and of T.B. 
    (a scar on the thigh) 
The other — wanting, 
    from an old culture • 
   — and offer the same dish 
    different ways 

Let the colors run •

Toulouse Lautrec witnessed 
it: limbs relaxed 
 —all religions 
    have excluded it — 
at ease, the tendons 
untensed   •

And so he recorded them 

   — a stone 
thrust flint-blue 
up through the sandstone 
of which, broken, 
    but unbreakable 
we build our roads •

               -we stammer and elect •
        Quit it.    Quit this place.   Go where all
       Mouths are rinsed   :     to the river for
       an answer
  for relief from “meaning”

A tornado approaches (We don’t have
tornados in these latitudes.    What, at
Cherry Hill?)

It pours
over the roofs of Paterson, ripping,
twisting, tortuous     :

a wooden shingle driven half its length
into an oak
      (the wind must have steeled
it, held it hard on both sides)

The church
moved 8 inches through an arc, on its
foundations-

Hum, hum!
where it poured its heavy plaits (the face
unshowing) from the rock’s edge –

where in the updraft,
summer days, the red-shouldered hawks ride
and play
(in the up-draft)

and the poor cotton-
spinner, over the roofs, preparing to dive
    
•                  looks down
Searching among the books; the mind elsewhere
looking down

Seeking.

viernes, febrero 02, 2018

Reynaldo García Blanco / De "Esto es un disco de vinilo donde hay canciones rusas..."














ASÍ ERA EL GOBIERNO

La tragedia comenzó cuando llegó el telescopio a casa. Todos querían ver la nebulosa. Sobre la mesa, el mapa estelar, semejaba un campo de batalla. Mi padre puso orden y nuevos nombres. Mi madre, callada, tejía puntos de cruz. Mi hermana no sabía entonces. Odiar la astronomía puede ser como en ajedrez una defensa siciliana. Sobre el pretil de la noche los vecinos hacían  cola hasta perder la costumbre. Fumar era entonces un arte mayor. Un arte más interesante tal vez que adivinar la posición del lucero matinal. Así era el gobierno, la alcurnia que nos tocó cuando en una caja alargada, olorosa a cedro y alcanfor, llegó a casa el telescopio.


EJERCICIOS PARA NO PERDER LA PACIENCIA

Me gustaría hacer algunos ejercicios para ver mejor la realidad. Digamos abrir la ventana y quedarme extasiado con el basural del frente. Bajar cuatro pisos en pos de un pan y que el vecino se interese por mi salud. Dejar que el teléfono suene unas cinco veces y que al contestar una voz medio dormida indague por Moisés. Me gustaría hacer algunos ejercicios para no tener que escribir de la realidad. Digamos ir por aceite al mercado y descubrir que han cerrado los estanquillos de periódicos. Soportar al comprador de oro con su voz de ferretero sin trabajo. Me gustaría hacer algunos ejercicios para no perder la paciencia. Digamos abrir la ventana y quedarme extasiado con el basural del frente


FELICES COMO HORMIGAS

No pienses en nada grandioso. Lo que te propongo es muy simple. Dos elementos. Migajas y café. Migajas de esos tres panes nuestros que cada día nos traen por voluntad expresa. Café simple y demoledor para el ánimo. Nada grandioso te digo. Dejar que las porciones de pan en la baranda simulen piedrecillas que el viento eleva y hace estallar en las baldosas del vecino. Cuando vuelva a pasar el vendedor de caracolillo nos pondremos de acuerdo y lo invitaremos a una de esas tardes que nos vuelven felices como hormigas si es que las hormigas conocen esta estación. Es la teoría de los hechos y los objetos menores. Como si la tranquilidad fuera nuestra minimalista manera de salvarnos.

Reynaldo García Blanco (Venegas, Sancti Spíritus, Cuba, 1962), Esto es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa, Casa de las Américas, La Habana, 2017

La Ventana La Poesía Alcanza para Todos - Más Cuba - Desde el Pie - Grafoscopio

jueves, febrero 01, 2018

Achy Obejas / La colección














Tu promesa es el pétalo de rosa que en el alféizar
recuerda el jardín.

Lo hago girar como a un interruptor
y capto algo más:
una ventana empañada, clara tristeza.
Una lágrima, humedeciendo tu labio.

Es invierno y tu abrigo cruje.
Te encuentro bajo los sedimentos,
rígida como una monja, cálida.

Ahora te hablaré de mi promesa,
cómo guardo los pétalos
con precisión filatélica.

Achy Obejas (La Habana, 1961), This is what happened in our other life, A Midsummer Night's Press, Nueva York, 2007
Versión de Jonio González.

Viceversa - Poetry Foundation


THE COLLECTION

Your promise is the rose petal on the sill
remembering the garden.

I turn it, like a tried ignition,
and catch something else:
a window fog, clear sadness.
A tear, moist on your lip.

It's winter and your coat squeaks.
I find you under the layers,
stiff as a nun, warm.

Now I will tell you about my promise,
how I keep the petals
with philatelic precision.

miércoles, enero 31, 2018

Pedro Granados / Y otra vez aquella visión















Y otra vez aquella visión:
un jirón de cometa descolorido, abandonado,
sujeto a los cables de la calle de siempre.
Ayer hablé con tu madre -te llamé por amor-
pero me di al teléfono con tu madre.
Nunca he sentido tantísimo resentimiento en una sola voz.
Y entonces advertí que todo volvía a su lugar.
Como el invierno en Lima,
como el verano en Providence.
Ser peruano en cualquier parte del mundo es imposible.
Ser peruano huaco y católico, cachero y manatí. Ser peruano brujo.
Porque harto han andado la disuasión y el poder, por un lado;
y harto han andado la miseria y la pena, por el otro.
No hemos visto y olido y palpado
por gusto.
Un pedazo de noche huele como la tierra.
La realidad tiene el contorno de un talle
y es muy dulce la verdad.
Anochece en esta parte del mundo.
Anocheció.

Pedro Granados (Lima, 1955), Periódico de Poesía, n° 104, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), noviembre de 2017


Ref.:
Blog de Pedro Granados
Blog de Milia Gayoso
Cazador de Agua
Poetas Siglo XXI

martes, enero 30, 2018

Jehan Mayoux / Pasada la medianoche
















Pasada la medianoche la ciudad presenta su aspecto habitual si exceptuamos que recorren las aceras en todas direcciones un gran número de ruedas de bicicletas veladas, que van de tres en fondo la del medio erguida sobre su eje mayor mientras las otras dos tienen su centro de gravedad más abajo e inversamente ese silbido peculiar de los relojes cuando la casa está por incendiarse las acompaña no siendo uno de los menores encantos del espectáculo que yo contemplo solitario sentado sobre un montón de adoquines lo que me evita las complicaciones de la cortesía. No se puede juzgar un edificio sin demolerlo. El musgo cabalga las casas.

Trainoir [1935]

Jehan Mayoux (Cherves, Francia, 1904-Ussel, Francia, 1975), Antología de la poesía surrealista, selección y traducciones de Aldo Pellegrini, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2006 (Primera edición: Fabril Editora, Buenos aires, 1961)

Ref.:
El Batiscafo Rojo
Les Hommes sans Epaules
Le Maitron

lunes, enero 29, 2018

Francis Ponge / De "Cuaderno del bosque de pinos"















12 de agosto de 1940 - Noche

  El bosque de pinos es también una especie de hangar, está construido como un hangar, un galpón, o un cobertizo (hall).
  Mástiles seniles tocados de verdeantes tupés cónicos. A propósito de tupés, los abetos son peonzas verde oscuro (pero eso es otro asunto).

(...)

13 de agosto de 1940 - Atardecer

  En numerosos lugares del mundo se forman, crecen y robustecen incesantemente, según el mismo modelo, edificaciones más o menos vastas, una de las cuales intentaré describir:
  Cuentan con un piso bajo muy alto de techo (aunque este último término sea impropio), y, encima, una infinidad de pisos, o más bien una estructura complicada en extremo que constituye pisos superiores, techo y tejado.

  Hablando con propiedad, no más muros que techo: tienen más bien algo de cobertizo o galpón.
  Infinitas columnas sostienen esta ausencia de tejado.

Francis Ponge (Montepellier, 1899-Le Bar-sour-Loup, Francia,1988), Cuaderno del bosque de pinos, Tusquets, Barcelona, 1976
Traducción de Enrique Carrión

Op. Cit. - Télam - El País - Poetry Foundation


12 août 1940 - Le soir
  Le bois de pins est aussi une sorte de hangar, il est bâti comme un hangar, un préau, o une halle (hall).
  Mâts séniles coiffés de toupets coniques verdoyants. A propos de toupets, les sapins son des toupies vert foncé (mais c'est une autre histoire).

(...)

13 août 1940 -  Après midi
  Il se forme, grandit et épaissit incessamment sur le même type, en de nombreux endroits du monde, des bâtiment plus ou moins vastes dont je vais essayer de décrire un modèle:
  Ils comportent un rez-de-chaussée très haut de plafond (quoique ce dernier terme soit impropre), et au-dessus une infinité d'étages, ou plûtot une charpente compliquée à l'extrême qui constitue étages supérieurs, plafond et toiture.

  Pas plus de murs que de toit à proprement parler: ils tiennent plutôt de la halle ou du préau.
Une infinité de colonnes supportent cette absence de toiture.

domingo, enero 28, 2018

Michelangelo Buonarroti / A Dante















LVIII

Del cielo descendió, y con su cuerpo, luego
que visto hubo el infierno justo y el pío,
regresó vivo a contemplar a Dios,
para darnos de todo el sentido verdadero.

Luciente estrella que con sus rayos
hizo claro el turbio nido donde nací,
no fue un privilegio ver el mundo reo;
sólo Tú, que la creaste, puedes ser ella.

Hablo del Dante, que mal conocidas fueron
sus obras por aquel pueblo ingrato
que solo a los justos no celebra.

¡Hubiese nacido yo con tal fortuna!
Por haber ido a su áspero exilio y a su virtud
habría dado del mundo la ciudad más feliz.

Miguel Ángel Buonarroti (Caprese, Italia, 1475- Roma, 1564), Rime, a cura di Enzo Girardi, Laterza, Bari, 1960
Versión de Jorge Aulicino

Ilustración: Retrato inconcluso de Miguel Ángel, por Daniele da Volterra, c.1544, detalle

Ref.:
El País
Blog di Montale


LVIII

Dal ciel discese, e col mortal suo, poi
che visto ebbe l’inferno giusto e ’l pio
ritornò vivo a contemplare Dio,
per dar di tutto il vero lume a noi.
  Lucente stella, che co’ raggi suoi
fe’ chiaro a torto el nido ove nacq’io,
né sare’ ’l premio tutto ’l mondo rio;
tu sol, che la creasti, esser quel puoi.
  Di Dante dico, che mal conosciute
fur l’opre suo da quel popolo ingrato
che solo a’ iusti manca di salute.
 Fuss’io pur lui! c’a tal fortuna nato,
per l’aspro esilio suo, co’ la virtute,
dare’ del mondo il più felice stato.

sábado, enero 27, 2018

Jonio González / Historia natural III

















en la mesa del desayuno
el cuenco con diamantes 
junto al plato
la probabilidad que espera una respuesta
y el contexto que en ocasiones 
desvirtúa parte del día:

hacia el bosque sin embargo
internándose en él
el final de una época
y su comienzo
la armonía fragmentaria
donde se descubren razones

la aparición del deseo
mientras se cuentan los árboles

[inédito]

Jonio González (Buenos Aires, 1954)

Foto: Jonio González por Daniel Mordzinski 

viernes, enero 26, 2018

Diego Colomba / Es poco lo que reclama mi hijo de su padre














Salgo del letargo por expresa indicación de mi hijo y de su madre
que me advierte que se aburre en la playa sin amigos y pide
que me hunda un poco más en este mar de mentira
donde flotan barquitos de colores
para jugar con la pelota hecha en China que hace poco compramos:
mi hijo la patea con ganas, provocándole diferentes comportamientos en el aire
hasta que yo la capturo —o intento hacerlo— sumergido hasta la cintura
con algún grado de dificultad.
En el último envío, por ejemplo, el balón se me ha escurrido entre las manos
y ahora se balancea entre dos canoas amarradas:
recuperarlo justificaría nadar en aguas donde no hago pie
pero un lugareño que respira con snorkel detrás de mí
(una de las pocas cosas, parece, que logra mantener a esta gente callada)
hace una pausa justo a tiempo para entender que necesito su ayuda
y se apura haciendo espuma con sus patas de rana
y en un santiamén consigue el balón y lo mantiene en alto como un trofeo
antes de devolverlo con fuerza a tierra firme.
No me queda más remedio que agradecerle con un pulgar extendido
y regresar a mi posición inicial
cuando una suerte de caverna cristalina se ha formado a mi alrededor
y pienso que sería un buen momento para rogar por mi salvación
pero apenas consigo hacer pie un nuevo pelotazo se aproxima:
ahora debo poner mis dos brazos en alto.

[inédito]

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)

Diego Colomba - Op. Cit. - El Poeta Ocasional

jueves, enero 25, 2018

Pablo Dema / Una amiga















I

Pasé frente a tu edificio esta mañana
y vi la ventana del departamento
en el que solíamos estudiar.

Si vivieras allí todavía,
si te hubieras quedado,
serías una autora
con un par de poemarios buenos;
pasarías frío en el invierno,
trabajarías de cualquier cosa
porque te cuesta dar las últimas materias,
ganarías poco
y no mucho más que eso
sería tu vida.

Pero te fuiste como todas
las estudiantes pueblerinas
para habitar una casa
con calefacción central,
un marido algo recio pero bueno
y unos niños que son
la luz de tus ojos.

Notarás que no abro juicios
ni hablo de chatura.
La aplanadora del tiempo
nos pasa por encima a todos,
a los que somos
y a los que quisimos ser.


II

Querías ser Alejandra
pero el furor lírico
te duró dos cuatrimestres.

Si escribieras todavía
serías
la loca de la familia,
pasarías con tu estampa etérea,
un buzo arratonado demasiado largo
y el pelo cortado a lo garçon.
Serías invisible en la calle
y un par de críticos distantes
te habrían dedicado
una reseña favorable.
Nos veríamos de vez en cuando
comentaríamos con amargura el estado
calamitoso de la nueva poesía
aunque no sabríamos ni por asomo
de qué estamos hablando.

Serías ella,
serías por fin vos misma,
no serías nadie
y estarías sola
con la poesía.


III

Al llegar, un poco de Satie o Leonard Cohen,
un par de tomates, naranjas
y una botella de agua bebida del pico.

Tu flacura blanca
desparramada en la cama,
el cigarrillo y un libro de poemas.

Toda la noche
haciendo la noche,
sólo vos
y tu cuaderno de notas;
a veces
una amante furtiva
despedida al poco tiempo
para producirte una llaga que lamer
en los días siguientes.

Harías
        una literatura salvaje
que haría
        estallar tu antigua furia
contra los paredones del mundo.
Si fueras así,
fotofóbica y neurótica,
adicta al café y a Emily Dickinson
tendrías tal vez
noticias mías.

Pablo Dema (General Cabrera, Argentina, 1979), Filos, Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2014

miércoles, enero 24, 2018

Aleksandr Pushkin / El profeta
















Padeciendo sed espiritual,
en las tinieblas del desierto me arrastraba
cuando un serafín seis veces alado
apareció ante mí donde cruzan los caminos.
Con sus dedos suaves como ensueño
mis pupilas rozó.
Las pupilas iluminadas se abrieron
como las del águila atemorizada.
Mis oídos rozó,
llenándolos de ruido y armonía:
y escuché el temblor del cielo
y el alto vuelo de los ángeles
y el nado de reptiles submarinos
y el crecer de las espigas en el valle.
Y se inclinó hacia mis labios
y arrancó mi lengua pecadora,
altiva y engañosa
y el aguijón de la serpiente de la ciencia
en mis labios inmóviles
insertó con su mano ensangrentada.
Y con su bronce el pecho me rasgó
y extrajo el corazón palpitante
y una brasa ardiendo en fuego
introdujo en el pecho abierto.
En el desierto yacía como un cadáver
cuando me llamó la voz de dios:
“Levántate profeta, mira y escucha
y recorriendo mar y tierra
enciende los corazones con el verbo.”

1826

Aleksandr S. Pushkin (Moscú, 1799-San Petersburgo, Rusia, 1837) "Profetas y navegantes: voces del romanticismo ruso",  Periódico de Poesía n° 104, México, noviembre de 2017
Traducción de Diego Ibañez

Ref.:
Russia Beyond

Imagen: Retrato de Pushkin por Orest Kiprenski, 1827, Galería Tretiakov, Moscú. Detalle


ПРОРОК

Духовной жаждою томим,
В пустыне мрачной я влачился, —
И шестикрылый серафим
На перепутье мне явился.
Перстами легкими как сон
Моих зениц коснулся он.
Отверзлись вещие зеницы,
Как у испуганной орлицы.
Моих ушей коснулся он, —
И их наполнил шум и звон:
И внял я неба содроганье,
И горний ангелов полет,
И гад морских подводный ход,
И дольней лозы прозябанье.
И он к устам моим приник,
И вырвал грешный мой язык,
И празднословный и лукавый,
И жало мудрыя змеи
В уста замершие мои
Вложил десницею кровавой.
И он мне грудь рассек мечом,
И сердце трепетное вынул,
И угль, пылающий огнем,
Во грудь отверстую водвинул.
Как труп в пустыне я лежал,
И бога глас ко мне воззвал:
«Восстань, пророк, и виждь, и внемли,
Исполнись волею моей,
И, обходя моря и земли,
Глаголом жги сердца людей».

martes, enero 23, 2018

Mariela Laudecina / De "El bosque de las mujeres amadas"














[Fragmento]

El mundo está en mí
No al revés
Lo único que crece
es mi pelo
Vive la forastera
y ha puesto el cuchillo
en el centro de las decisiones
Las palabras me dan forma
no al revés
Siempre me sangró la boca de ellas
di a beber
y así tomé de otros, las suyas
La noche comienza conmingo
No al revés
He quedado vacía
olvidé lo que me pertenece

Mariela Laudecina (Mendoza, Argentina, 1974)


El bosque de las mujeres amadas,
Colección Agalma, dirigida por Alejandro Schmidt,
Buena Vista Editores,
Córdoba, Argentina, 2017