martes, abril 21, 2015

Néstor Groppa / Mis anteojos perdidos














Qué estarán mirando mis anteojos.
Sin mis ojos, ya no sirven.
Vacíos y con un solo paisaje fijo, son ciegos
perdidos un en maizal de letras y otro maizal
de cosas. Mendigan paisajes
de este mundo y de los demás.
Qué estarán dejando mirar y desde qué ángulo.
Aunque sus cristales entiendan y corrijan
les faltará el corazón que les encienda
una fiesta más la primera lluvia de la primavera,
la glicina de la nostalgia, los pétalos de los afectos,
las conclusiones constantes.
Porque ya nadie podrá cantar tras ellos
lo perdurable que enhebran los días.
Sus distancias quedarán en dibujos que nadie entienda.

Serán idioma que se irá apagando. Puras nieblas de acecho.
Alejados de mí, huérfanos de mis ojos
de espíritu mirador,
y lector,
ninguno podrá con ellos enamorar y besar el corazón
de las cosas.
Pobre mis anteojos con esa inútil
vaguedad verdosa, con su único paisaje helado
de muerte, para el resto del tiempo.
Y sus cristales sin ojos
como una ventana abierta a la que nadie asoma,
en la que de vez en cuando aparece un ciego
gesticulando al paredón del mundo:
“Para qué quiere el ciego
casa pintada;
ventanas a la calle
si no ve nada”
                                       dice el cantar

                                       Para qué mis anteojos
                                       al que los halló
                                       si esos vidrios sólo hablan
                                       cuando miro yo.

Néstor Groppa (Laborde, Córdoba, Argentina, 1928 -San Salvador de Jujuy, Argentina, 2011), Antología poética, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2004
Envío de Eduardo Ainbinder

lunes, abril 20, 2015

Alejandro Romualdo / Cosa corriente









Si me volteo para ver qué pasa,
pasa un río de sangre bajo el puente.
De arriba a abajo. Rasa la corriente,
bramadora de sangre y de sanguaza.

Y si salgo a la calle, con la masa
hambreada, aprendo al tiro, mortalmente,
que la sangre es igual: cosa corriente,
arriba, bajo el puente y en la plaza.

Igual. Cosa corriente, en este valle
de sangre, en donde un hombre tira al blanco,
al negro, al rojo, y barre de la calle

al mendigo sentado junto a un Banco
de sangre y soledad. Y es un detalle
que quien no queda cojo quede manco.

Alejandro Romualdo (Trujillo, Perú, 1926-Lima, 2008), Como Dios manda, Editorial Joaquín Mortiz, México, 1967
Envío de Eduardo Ainbinder

domingo, abril 19, 2015

Estela Figueroa / Principios de febrero















No.
El hermoso verano
no ha terminado aún.
Nos queda un mes para estarse en los patios
y descalzarnos
mientras charlamos
de esto y aquello
sin ton ni son.
Todavía habrá hombres de brazos tostados
en las calles
de la ciudad envuelta por la noche
brotada toda
como un lazo de amor.

No.
No me sostengas que no voy a caerme.
Sólo se caen las estrellas fugaces
y yo -te dije-
quiero permanecer.

Un hombre es bueno para una noche.
Cuando amanece es un reflejo dorado
sobre la cama donde se toma café.
Y es agradable el olor que deja.
Dura todo un día.
Pero no toda la vida.

Luego hay que descansar.
El libro de Kavafis y el de Pavese
sobre la mesa de luz.
Hay que aminorar la marcha.
Sentarse un rato a solas
en el sillón del patio.
Mujeres: tendríamos
que aprender de los gatos.
¡Cómo agradecen el tazón
que rebosa de leche!

Falta para el otoño.
Que nos encuentre intactas.
Sin habernos negado
a estas pasiones
que cada tanto
asaltan.

Estela Figueroa (Santa Fe, Argentina, 1946-2022), La forastera, Recovecos, Córdoba, Argentina, 2007

Más poemas del mismo libro en La infancia del procedimiento

Foto: Estela Figueroa en Bajo la Rosa China
---
act. 2022

sábado, abril 18, 2015

Marianne Moore / Cuando compro cuadros










o, lo que es más exacto,
cuando miro aquello de lo que puedo considerarme dueña
imaginaria,
elijo lo que en mi cotidianidad podría darme gozo:
la sátira de una curiosidad en la que solo se discierne
la intensidad del estado anímico;
o bien lo opuesto: el viejo objeto, la sombrerera medieval
decorada
con galgos de cintura estrecha como la de un reloj de arena,
y ciervos y pájaros y gente sentada;
puede ser solo un cuadro de marquetería; quizá la biografía literal,
con letras ubicadas a un lado sobre un espacio como de
pergamino;
una alcachofa con seis matices de azul; las patas de agachadiza
en un jeroglífico triple;
la valla de plata protegiendo la tumba de Adán o Miguel cogiendo
a Adán por la muñeca.
El énfasis demasiado intelectual sobre esta o aquella cualidad
disminuye el goce.
No debe pretender demostrar nada; ni puede exaltarse el triunfo
fácilmente concedido:
eso que es grande porque otra cosa es pequeña.
Se reduce a esto: de la clase que sea, la obra
debe estar “iluminada con penetrantes destellos en la vida de las
cosas”.
debe confirmar la fuerza espiritual que la creó.

Marianne Moore (Kirkwood, Estados Unidos, 1887-Nueva York, Estados Unidos, 1972), Poesía reunida 1915-1951, Hiperión, Madrid, 1996
Traducción de Lidia Taillefer de Haya
Envío de Jonio González

viernes, abril 17, 2015

Patrizia Cavalli / De "Sempre aperto teatro", 2













La estación me invita. ¿Qué estación
es esta que me invita? Me extravié
en la plaza cerrada del mercado.
El mercado centellea cada mañana
temprano, pero luego la fruta se opaca,
fruta tardía, yo me abro camino,
con paso de primavera cansado,
entre toda esa mercancía que me invita,
saludo, luego saludo y luego saludo,
abro el corazón y la boca y luego los cierro.
el corazón se abre mucho, es más: sube,
ah demasiado sube y heme aquí perdida
dentro de una lejanísima mañana.
sin embargo tan cercana, mi hermana
de otro tiempo, gemela, pero siempre
atenta, mies que curva su maleable
espalda, que hacia mí se alarga,
yo no la tomo, pero ella se obstina
en caminarme al lado. Es una mañana
de rendida luz, casi vencida:
cuando no se la ve, se la adivina.
Estaba en esa mañana y me esparcía,
la mirada no mentirosa o verdadera,
y veía juntas felicidad y ruina.

Patrizia Cavalli (Todi, Italia, 1947), Sempre aperto teatro, Einaudi, Turín, 1999
Versión de Jorge Aulicino


La stagione mi invita. Che stagione
è questa che mi invita? Ero sparita
nella piazza conclusa del mercato.
Il mercato scintilla ogni mattina
presto, ma poi la frutta si fa opaca,
frutta tardiva, io mi faccio strada,
il passo primavera stanco,
fra tutta quella merce che mi invita,
saluto e poi saluto e poi saluto
apro il cuore e la bocca e poi li chiudo,
il cuore si apre molto, anzi sale,
ah troppo sale e eccomi smarrita
dentro una lontanissima mattina,
pure cosí vicina, mia sorella
d’altri tempi gemella, eppure sempre
attenta, messe che curva cedevole
il suo dorso, che verso me si tende,
io non la colgo, e invece lei si ostina
a camminarmi accanto. E’ una mattina
di arrendevole luce, quasi vinta,
che quando non si vede s’indovina.
Ero in questa mattina e mi spargevo,
lo sguardo non bugiardo o veritiero
vedevo insieme felicità e rovina.

jueves, abril 16, 2015

Susana Thénon / Algún instante vuelve...





















Algún instante vuelve con sus palabras
llenas de sal, murmuradas,
indescifrables como entonces,
con su mismo latir: no son aquellas voces
las que murieron, inundadas por sonidos extraños
bajo el hosco sol de una despedida.
El recuerdo no existe, sólo su ángel:
viene de un mar sin tiempo
con la urdimbre y el árbol de sus voces.

Susana Thénon (Buenos Aires, 1935-1991), De lugares extraños, Carmina, Buenos Aires, 1967
Envío de Jonio González

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Foto: Susana Thénon en Corregidor

miércoles, abril 15, 2015

Eduardo Mileo / Caída de un bretel a mediodía











                      



 A Gabriela Franco

Amanece bajo un cielo de sombra.
Los pájaros saludan a la luz.
En los ojos inquietos
las nubes pasan
como carrozas de agua.

Tras la ventana duermen
ignorantes del día.
Amparados
en la horqueta del abrazo.

Cae su bretel
como la noche.
Su hombro de luna
embriagado de azul.

Pero, ¿cómo?
Si es mediodía y suspiran
sus párpados de humo.

Con los ojos cerrados
busca la puerta.
Hay una leve
imitación del aliento.

Ningún detalle más,
nada que pedir:
que llovizne sobre el vidrio,
que el agua cante
su tango ciego.

(Inédito)

Eduardo Mileo (Buenos Aires, 1953)

Foto: Eduardo Mileo en FB

martes, abril 14, 2015

Vassily Kandinsky / Ver











Lo azul, lo azul se elevó, se elevó y cayó.
Lo puntiagudo, lo sutil silbó y penetró, pero no perforó.
En todos los rincones retumbó.
Lo pardo espeso permaneció suspendido aparentemente por
    toda la eternidad.
Aparentemente, aparentemente.
Debes separar más tus brazos.
Separarlos más. Separarlos más.
Y cubre tu cara con rojo paño.
Puede que ello no se perturbe en modo alguno y que sólo tú
    te perturbes.
Blanco salto, después de blanco salto.
Y después de ese blanco salto, un blanco salto.
No está precisamente bien que no veas lo turbio: en lo turbio
estribas justamente eso.
Pues allí comienza todo —
— reventó

Vassily Kandinsky (Moscú, 1886-Neuilly-sur-Seine, Francia, 1944), Mirada retrospectiva y otros textos 1912-1922, Emecé Editores, Buenos Aires, 1979
En francés en el original. Traducción de Alcira Nélida Baixio
Envío de Jonio González

lunes, abril 13, 2015

Vittorio Bodini / Muerta en Puglia




Cuando supo el aumento del precio de los tomates
comprendió que el tiempo de los latidos había terminado.
Aprendió a rezongar
y a meter las manos en la lavandina hirviente.
En la casa blanqueada hacía poco
ardía sobre una pared
una ristra de ajíes para los machos.
Al amanecer un albañil salió tosiendo
y cerró la puerta de la casa,
las hojas de limonero en el cojín
recordaron un sol de amarillo óseo.
Muerta, no mueras más.
Acuérdate de las aceitunas negras.
Lustra los picaportes y riega los claveles.
Olvida que los vidrios de las ventanas
se lavan con agua y vinagre;
que las manchas sobre la ropa oscura
se quitan con la borra del café.
No es más tu mano la que destina a otro uso
la cera aún blanda de los candelabros
o que calienta sobre el gas el chocolate de los muertos.
Resurge en lo Inútil, muerta de la Puglia:
en los corales del mar o en el ulular del viento
en tu tierra de ostras y licántropos.

Vittorio Bodini (Bari, Italia, 1914-Roma, 1970), "La luna dei Borboni e altre poesie" [1962], Poesie 1939-1970, Mondadori, Milán, 1983
vía Antonio Bux
Versión de Jorge Aulicino

MORTA IN PUGLIA

Quando seppe l'aumento del prezzo dei pomodori
capì che il tempo dei palpiti era finito. 
Imparò a brontolare
e a mettere le mani nella liscivia bollente.
Nella casa imbiancata da poco tempo
ardeva su una parete
un serto di pepe diavolo per i maschi.
All'alba un muratore uscì tossendo
e chiuse l'uscio di casa, 
le foglie di limone dentro il cuscino 
ricordarono un sole di giallo d'ossa.
Morta, non morire di più. 
Ricordati delle ulive nere. 
Lucida le maniglie e annaffia i garofani.
Dimentica che i vetri delle finestre 
si lavano con acqua e aceto;
che le macchie sui vestiti scuri 
si tolgono con la posa del caffe. 
Non è più la tua mano che destina ad altro uso
la cera ancora molle dei candelieri
o che scalda sul gas la cioccolata dei morti. 
Risorgi nell'Inutile, morta in Puglia: 
nei coralli del mare o negli urli del vento 
nella tua terra d'ostriche e di lupi mannari.



domingo, abril 12, 2015

Mara Pastor / Déjense de excusas














Los profesores nos volvieron locos
                     Nicanor Parra

Los estudiantes saben
las arañas en la luna pero alegan
que es mejor saber si pasan hambre
por culpa de los zares muertos
que cantaban con la boca llena.
Fue Gioconda quien se hizo los bigotes.
No hay gerundios cuando se está en guerra
ni te sangra la nariz en el Amazonas.
Un mandala es un apóstol de la forma.
Flaubert pensó en los mayas cuando fue a Egipto.
No hay ilustrador que haya hecho a Cide Hamete.
Lo importante es que Goliat era un gigante,
la filosofía un holograma de la historia
y una churuata yekuana es una bóveda al cielo.
Irnos, irnos, irnos desde entonces.
Todos dirán que los estudiantes
sabían de la historia su lápiz roto
hablándole sin devociones
con la infidelidad frágil al evento.
Así iban con mezclilla y pancarta
como que estamos a comienzos de siglo.
Tenían todo por lo que molestarse
molestándolos de esa manera
sobre todo por lo inconfesable:
a qué tanta manía policíaca
¡Tanta crueldad en el vacío más negro!

(fragmento)

Mara Pastor (San Juan, Puerto Rico, 1980), 1.000 millones. Poesía en lengua española del siglo XXI, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, Argentina, 2014
Vía revista Ñ

Foto: Mara Pastor About en español

sábado, abril 11, 2015

Leopoldo Marechal / de "Poema de la física"

















28

¿Qué lectura, Ezequiel, y cuál mensaje?
Todo en la Creación es "relativo",
   desde el átomo al ángel:
se manifiesta en relación con "algo",
porque no tiene su "principio" en sí.
Las perfecciones de la criatura
se limitan ya en el Tiempo ya en el Espacio
ya en otras condiciones "restrictivas"
   que hacen llorar al ser.
Y llora al ser atado a sus fronteras
porque leyó en el Libro su "relatividad",
y la mira en razón de un Absoluto
que se le impone como "necesario".
Todo efecto, Ezequiel, "necesita" su causa:
es una relación de vida o muerte.
De tal modo, si atenta es la lectura,
bajo el rostro mudable de las cosas
brilla la cara eterna del Autor.
   Y el Libro restaurado
ya quiere ser un Templo.

(fragmento)

Leopoldo Marechal (Buenos Aires, 1900-1970), "Poema de la física", 1979, póstumo
La Guacha, N° 36, Buenos Aires, septiembre, 2011

viernes, abril 10, 2015

Luisa Futoransky / Foto de frente





La foto
vulgariza la muerte.
Con el tiempo, las tragedias amarillean y pierden patetismo,
como certificado de autenticidad permanece el dentado de sus bordes.
Implacables, las fotos se apolillan, borran personajes,
confunden fecha y procedencia.
Con el polvillo abandonado en la contienda
se rellenan pavorreales, tesis
agujeros en las suelas
y colmatan sollozos en la voz.

Los inviernos que nos restan
son duros de mirar y de guardar.

Luisa Futoransky (Buenos Aires, 1939), "Pintura rupestre", 2014, Poesía Argentina Contemporánea, Tomo I-Parte Vigesimoprimera, Vinciguerra-Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 2014

miércoles, abril 08, 2015

Chales Simic / La explicación parcial













Parece que hubiera pasado mucho tiempo
Desde que el camarero tomó mi pedido.
Mugriento, pequeño bar de comidas,
Fuera cae la nieve.

Parece como si hubiera oscurecido
Desde que oí por última vez la puerta de la cocina
Detrás de mí
Desde que vi
Que alguien pasaba por la calle.

Un vaso de agua helada
Me hace compañía
En esta mesa que he elegido
Nada más entrar.

Y un deseo intenso
Increíblemente intenso
De escuchar furtivamente
La conversación
De los cocineros.

Charles Simic (Belgrado, Serbia, 1938), Selected Early Poems, George Braziller Publishers, Nueva York, 1999).
Versión de Jonio González


THE PARTIAL EXPLANATION

Seems like a long time
Since the waiter took my order.
Grimy little luncheonette,
The snow falling outside.

Seems like it has grown darker
Since I last heard the kitchen door
Behind my back
Since I last noticed
Anyone pass on the street.

A glass of ice-water 
Keeps me company 
At this table I chose myself
Upon entering. 

And a longing,
Incredible longing
To eavesdrop
On the conversation
Of cooks.

Alfredo Marino / El ciruja













[Tango]

Como con bronca, y junando
de rabo de ojo a un costado,
sus pasos ha encaminado
derecho pa'l arrabal.
Lo lleva el presentimiento
de que, en aquel potrerito,
no existe ya el bulincito
que fue su único ideal.

Recordaba aquellas horas de garufa
cuando minga de laburo se pasaba,
meta punguia, al codillo escolaseaba
y en los burros se ligaba un metejón;
cuando no era tan junao por los tiras,
la lanceaba sin tener el manyamiento,
una mina le solfeaba todo el vento
y jugó con su pasión.

Era un mosaico diquero
que yugaba de quemera,
hija de una curandera,
mechera de profesión;
pero vivía engrupida
de un cafiolo vidalita
y le pasaba la guita
que le shacaba al matón.

Frente a frente, dando muestras de coraje,
los dos guapos se trenzaron en el bajo,
y el ciruja, que era listo para el tajo,
al cafiolo le cobró caro su amor.

Hoy, ya libre'e la gayola y sin la mina,
campaneando un cacho’e sol en la vedera,
piensa un rato en el amor de su quemera
y solloza en su dolor.

[1926]

Alfredo Marino (Buenos Aires, 1904-1973)

Foto: Alfredo Marino Álbum familiar/Todo Tango

El ciruja, orquesta Alfredo de Angelis con Julio Martel, 1949

martes, abril 07, 2015

Bruno Di Benedetto / Aquiles no alcanza a esa maldita tortuga













La falla no está en el talón ni
en la flecha que muerde
dos veces el mismo río:
somos griegos que se vuelven chinos,
pero el acertijo no cambia:
cuatro patas, dos patas,
la tercera
nos crece de noche: caballos
de patas improbables, rellenos
de alpiste,
decí, decí.
Troya gira
como una calesita que arderá
por los siglos de los siglos.

Bruno Di Benedetto (Avellaneda, Argentina,1955; vive en Puerto Madryn, Argentina), Cine de trasnoche, inédito

---
Foto: Bruno Di Benedetto FB

lunes, abril 06, 2015

Jarkko Laine / Nacimiento del mito











El discurso del agua, ese mascullar angustiado, afligido.
Los muertos y los no nacidos nos murmuran palabras
a las que no logramos dar forma ni significado.

Justo cuando el azul del cielo refleja su color en el agua. Justo
cuando la evidencia no tiene propósito. Justo cuando uno
está solo consigo, y ya no es nadie.

Jarkko Laine (Tuku, Finlandia, 1947-2006), Poesía finlandesa actual, Icaria, Barcelona, 1993
Traducción de Jarkko Sirén y Juana Ruiz
Envío de Jonio González


domingo, abril 05, 2015

Richard Gwyn / Ciudades no visitadas












Aunque nunca vivió en Alejandría, leyó todos los libros. De joven, conoció bastante del Levante como para creer que sabía qué esperar, y se inventó el resto a partir de Cavafis, Forster, Durrell y Pynchon. Sentado en la terraza de un café en el puerto de Paros, se puso a conversar con un especialista en acontecimientos inesperados y juntos fabularon una entrega de mercadería ilícita del Líbano al Pireo, con un depósito en Chipre. Su interlocutor, un ruso que en otros tiempos había capitaneado un trasatlántico, ordenó champán. Empezaba a oscurecer. ¿Fue allí, o en otra parte, donde decidió que nunca iba a ser más feliz que en un puerto levantino, a la caída del sol? Más adelante, cuando fue la figura internacional de la intriga a la que estaba destinado a convertirse, finalmente visitó la ciudad sobre la que había fantaseado años atrás. Su decepción fue intensa y a la vez contradictoria. Atribulado por pensamientos suicidas, experimentó una epifanía: no era Alejandría lo que él buscaba, sino otra ciudad, un lugar que tendría que inventar. Fue casi un alivio.

(inédito)

Richard Gwyn (Pontypool, Gales, Reino Unido, 1956)
Versión de Jorge Fondebrider


Cities unvisited

Although he never lived in Alexandria, he had read all the books. As a young man, he visited enough of the Levant to think he knew what to expect, and concocted the rest from Cavafy, Forster, Durrell and Pynchon. Sitting outside a café in the port of Paros he fell into conversation with a specialist in unforeseen events and together they dreamed up a delivery of illicit merchandise from Lebanon to Piraeus, with a storage facility on Cyprus. His interlocutor, a Russian who in former times had skippered a cruise liner, ordered champagne. It started to grow dark. Was it there, or somewhere else, that he decided he was never happier than in a Levantine port, as the sun goes down? Later, when he was the international figure of intrigue he was destined to become, he finally visited the city he had fantasized about so many years before. His disappointment was both intense and contradictory. Suffering suicidal thoughts, he experienced an epiphany: it was not Alexandria he sought but another city, a place that he would have to invent. This almost came as a relief. 

sábado, abril 04, 2015

Santa Teresa de Jesús / Hermosura de Dios





¡Oh, Hermosura que excedéis
 a todas las hermosuras!
 Sin herir dolor hacéis,
 Y sin dolor deshacéis
 El amor de las criaturas.

 ¡Oh, nudo que así juntáis
 Dos cosas tan desiguales!
 No sé por qué os desatáis,
 Pues atado fuerza dais
 A tener por bien los males.

 Juntáis quien no tiene ser
 Con el Ser que no se acaba:
 Sin acabar acabáis,
 Sin tener que amar amáis,
 Engrandecéis vuestra nada.

Santa Teresa de Jesús (Ávila, España, 1515-Alba de Tormes, España, 1582), Poesías, Aguilar, Madrid, 1957
Envío de Jonio González

Retrato: Santa Teresa de Jesús, por Fray Juan de la Miseria, siglo XVI (detalle)

viernes, abril 03, 2015

Rubén Reches / Miro torvamente al cielo















                                                                      A Guillermo Boido

Miro torvamente al cielo y te cubro
como un mendigo sus fósforos y su botella,
tiempo nuestro,
bosque resplandeciente del que la luz parece ya no querer huir,
precisa suma de las manos
que sin cesar trasladan agua y fuego entre tus árboles,
de los rostros que, entre tus paredes de casa infinita,
sueltan sin tregua músicas y bruma
-todos al fin y al cabo amables cántaros que sólo crecen fuera de la tierra,
que sólo sobre la tierra dan pupilas-,
amada caja de contables brillos y oscuridades,
jardín del instante en donde hay viejos y niños y mujeres con las que hacer sal,
luz, luz que rueda y que desnuda
o luz de las lámparas, más amiga de la voz,
tiempo nuestro, solamente nuestro,
tus costumbres son las únicas justas,
tus ciudades los supremos cofres,
tus piedras las más mudas y grises.
Jamás el universo se hallará mejor que hoy,
ni el sol pesará tan dulcemente sobre la tierra,
ni la madera estuvo así a punto de hablar,
ni duraron tanto las mariposas.
Sólo tu barro se habrá sabido negro,
sólo tus árboles habrán intentado temblar,
sólo tus flores habrán oído pisadas.
Ningún pájaro volará más ágilmente que esta lluvia
y ningún muerto pensó más que está sombra.
El débil país de todas tus palabras,
que no circunda de ningún rumor a la tierra,
hace como los otros que encendían fósforos contra el silencio,
pero se ilumina solo además con el viento.
Por vientos y perfumes y animales desvelados
siempre harán saber las noches más oscuras
que en su sótano frutas penden de ramas,
pero sólo de la tuya se habrá contado que bajó
ella misma junto a quien se confundía y asustaba
a avisarle: "¡Calma! ¡No somos los siglos esfumados!"
"¡Aquí palpo los volúmenes de oro!"
 
 *

Pero nadie prepara tu defensa.
Tus vigías mendigos miran más de un instante al cielo y se duermen;
y se despiertan con la pereza de quien ha hablado con Alguien
que ya marchó sobre la hierba que cubrirá tus ciudades,
que oyó ruidos de insecto, tesoro que vas cayendo al pozo,
de cuando ya no haya pirata que te desentierre.

[inédito]

Rubén Reches (Buenos Aires, 1949-2018)
---
Foto: s/d

jueves, abril 02, 2015

Xavier Amorós / Tiempos extraños





He vivido tiempos extraños.
A decir verdad:
no he conocido otros.
Quizá nunca haya existido un tiempo normal,
al menos en nuestro país, pobre,
que da lástima.
Y tengo lástima, claro,
de nosotros mismos,
de los padres y de los abuelos,
y de todos.
Pero sólo quiero hablar de lo que he visto
o de lo que he oído contar
hace poco.
Por ejemplo,
de cuando Dios también era una cosa muy extraña,
una especie de ser mitológico,
supuestamente a la máxima potencia,
que siempre estaba a punto de fulminar
a todos aquellos que no querían adorarlo.
Cuando ganaron las izquierdas,
las primeras elecciones, en mil novecientos treinta y uno,
los Navarro hablaban de tinieblas
y del fin del mundo
si la suerte no se ponía
de parte de los adoradores.
Los Navarro
tenían presente las profecías
de la famosa madre Ràfols,
una monja nacida en Vilafranca
en la primera planta de una masía
que yo visité con los del colegio,
después de no jugar al fútbol
porque llovía.
Los Navarro
tenían unas cajas
de fósforos benditos
para atravesar las tinieblas vengativas.
Por entonces se hablaba
mucho de religión
y de fe pisoteada.
Yo asistía a misa todos los festivos;
fui a las monjas y después a los “padres”
recé muchísimas veces el rosario.
Del Evangelio
nunca oí decir
dos palabras
que valiesen la pena.

Xavier Amorós (Reus, Cataluña, España, 1923-2022), Poemes 1959-1964, Edicions 62, Barcelona, 1983.
Versión de Jonio González

Foto: Xavier Amorós, 2008 Wikimedia Commons


TEMPS ESTRANYS

He viscut temps estranys.
Per dir la veritat:
no n'he conegut d'altres.
Potser mai no ha existit el temps normal,
almenys al país nostre, pobre,
que fa llàstima.
I tinc llàstima, és clar,
de nosaltres mateixos,
dels pares i dels avis,
i de tots.
Però només vull parlar del que jo he vist
o del que he sentit contar
tot just passat.
Per exemple,
de quan Déu era també una cosa molt estranya,
una mena d'ésser mitològic,
suposat en la màxima potència,
que estava sempre a punt de fulminar
tots aquells qui no volien adorar-lo.
Quan guanyaren les esquerres,
les primeres eleccions, l'any trenta-u,
les Navarro parlaven de tenebres
i de la fi del món
si la sort no es tombava
cap als adoradors.
Les Navarro
tenien presents les profecies
de la famosa mare Ràfols,
una monja nascuda a Vilafranca
al primer pis d'una masia
que jo vaig visitar amb els del col·legi,
després de no jugar a futbol
perquè plovia.
Les Navarro
tenien unes capses
de «mistos» beneïts
per salvar les tenebres venjatives.
Llavors es parlava
molt de religió
i de fe trepitjada.
Jo anava a missa cada festa;
vaig anar a les monges i després als «padres»
vaig passar moltíssimes vegades el rosari.
De l'Evangeli
no en vaig sentir dir mai
dues paraules
que valguessin la pena.


act. 2022

miércoles, abril 01, 2015

Takako Arai / Cuando surge la luna











Es el turno de noche en la hilandería abandonada
en la que solo hay una bombilla
y los tornos de hilar giran solos
cachán, era el sonido
de las bobinas cuando las cambiaban
el lugar fue clausurado
hace ya una década
pero el trabajo empieza cuando sale la luna
su extraña automatización
dicen que poco después de la guerra
quedó atrapado en una máquina el cabello
de una obrera que así perdió la vida,
pero este no es trabajo de fantasmas
no,
aunque esas cosas flotan en el aire
aquí en la fábrica
donde hay hábitos peculiares
lo que quiero decir
es que quedan costumbres peculiares
la anciana que aquí hiló cuarenta y cuatro años
se moja aún la punta del índice y enrolla
ni en su lecho de muerte
pudo huir de ese gesto
y así en el otro mundo ha de seguir
pues son tan infinitamente delgados esos hilos
que se introducen en el cuerpo del operario
y lo poseen
y así
desde los dedos de la obrera
el hilo de seda cruda
jalado suavemente
danza luego sin fin
la fábrica es así también
el eje de la rueda cuando hila
recuerda
las moléculas de acero
cuelgan sus cabezas en la
dirección en que hilan
luego son atrapadas
garang,
se echan a andar,
cuando la luz de luna se derrama
no es la pleamar lo único colmado

garang,
               garang
los tornos de hilar giran
los hilos nadan
en la fábrica abandonada

Takako Arai (Kiryu, Japón, 1966), X Festival de Poesía de Buenos Aires
Traducción de Aurelio Asiain

Letras Libres, México-España, abril 2011