FINGE DENTRO DE SI UN INFIERNO
CUYAS PENAS PROCURA MITIGAR, COMO ORFEO,
CON LA MÚSICA DE SU CANTO, PERO SIN PROVECHO
A todas partes que me vuelvo veo
las amenazas de la llama ardiente,
y en cualquiera lugar tengo presente
tormento esquivo y burlador deseo.
La vida es mi prisión, y no lo creo;
y al son del hierro, que perpetuamente
pesado arrastro, y humedezco ausente,
dentro en mí propio pruebo a ser Orfeo.
Hay en mi corazón furias y penas;
en él es el amor fuego y tirano,
y yo padezco en mí la culpa mía.
¡Oh dueño sin piedad que tal ordenas,
pues, del castigo de enemiga mano,
no es precio ni rescate l'armonía!
De Quevedo y Villegas
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