jueves, febrero 09, 2023

W.H. Auden / Lo primero es lo primero



Desvelado, yací en los brazos de mi propio calor y escuché
una tormenta que paladeaba su condición de tormenta en la oscuridad invernal
hasta que mi oído, como ocurre cuando estoy medio dormido o medio sobrio,
se afanó en desentrañar ese alboroto exclamativo,
trocando sus etéreas vocales y acuosas consonantes
en un discurso de amor indicativo de un Nombre Propio.

Difícilmente la lengua que hubiera escogido yo, y sin embargo, en la medida
en que lo permitían la estridencia y la torpeza, te elogiaba,
reconociéndote como una criatura divina de la Luna y el Viento del Oeste
con poder para domar monstruos reales e imaginarios,
comparando tu aplomo vital con un condado montañés,
verde a posta por aquí, por allá puro azul por si trajera suerte.

A pesar de lo estruendoso que era, a solas como sin duda me encontró,
reconstruyó un día de silencio peculiar
en que un estornudo podría haberse oído a una milla, y me permitió caminar
sobre un promontorio de lava a tu lado, la ocasión tan eterna
como la mirada de cualquier rosa, tu presencia exactamente
tan singular, tan valiosa, tan allí, tan ahora.

Todo ello, además, a una hora en la que más a menudo de lo que quisiera
un diablo sonriente me molesta en hermoso inglés,
prediciendo un mundo en el que todo lugar sagrado
es un yacimiento cubierto de arena al que acuden todos los tejanos cultos,
desinformados y desplumados por sus guías,
y todos los corazones mansos se han extinguido cual Obispos Hegelianos.

Agradecido, dormí hasta una mañana que no dijo
cuanto creía de lo que, según yo, había dicho la tormenta
sino que discretamente hizo que me fijara en lo que había hecho
-unos cuantos metros cúbicos más en mi cisterna
contra un verano leonino-, estableciendo prioridades:
miles han vivido sin amor, nadie sin agua.

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Zenda, 20 de enero de 2020
Traducción de Eduardo Iriarte



First Things First

by W. H. Auden

Woken, I lay in the arms of my own warmth and listened
To a storm enjoying its storminess in the winter dark
Till my ear, as it can when half-asleep or half-sober,
Set to work to unscramble that interjectory uproar,
Construing its airy vowels and watery consonants
Into a love-speech indicative of a Proper Name. 

Scarcely the tongue I should have chosen, yet, as well
As harshness and clumsiness would allow, it spoke in your praise,
Kenning you a god-child of the Moon and the West Wind
With power to tame both real and imaginary monsters,
Likening your poise of being to an upland county,
Here green on purpose, there pure blue for luck. 

Loud though it was, alone as it certainly found me,
It reconstructed a day of peculiar silence
When a sneeze could be heard a mile off, and had me walking
On a headland of lava beside you, the occasion as ageless
As the stare of any rose, your presence exactly
So once, so valuable, so very now. 

This, moreover, at an hour when only to often
A smirking devil annoys me in beautiful English,
Predicting a world where every sacred location
Is a sand-buried site all cultured Texans do,
Misinformed and thoroughly fleeced by their guides,
And gentle hearts are extinct like Hegelian Bishops. 

Grateful, I slept till a morning that would not say
How much it believed of what I said the storm had said
But quetly drew my attention to what had been done
—So many cubic metres the more in my cistern
Against a leonine summer—, putting first things first:
Thousands have lived without love, not one without water.
---

miércoles, febrero 08, 2023

William Carlos Williams / Dolencia



Me llaman y voy.
Es un camino congelado
pasada la medianoche, nieve
menuda atrapada en las rígidas roderas.
Se abre la puerta.
Sonrío, entro y
me sacudo el frío.
Hay una mujer corpulenta
acostada de lado en la cama.
Está enferma,
quizá tiene vómitos,
quizá sufre dolores
para dar a luz
a su décimo hijo. ¡Alegría! ¡Alegría!
¡La noche es una habitación
oscurecida para amantes,
a través de las persianas el sol
ha enviado una aguja dorada!
Le aparto el cabello de los ojos
y contemplo su sufrimiento
con compasión.

William Carlos Williams (Rutherford, Nueva Jersey, Estados Unidos, 1883-1963), "The Sour Grapes" (1921), The Collected Poems of William Carlos Williams, vol. I, 1909-1939, edición a cargo de A. Walton Litz y Christopher MacGowan, New Directions, Nueva York, 1986
Versión de Jonio González.


Foto: William Carlos Williams en su casa, Rutherford, Nueva Jersey, c.1955 Graphic House/Archive Photos/Getty Images

COMPLAINT

They call me and I go. 
It is a frozen road 
past midnight, a dust 
of snow caught 
in the rigid wheeltracks. 
The door opens. 
I smile, enter and 
shake off the cold. 
Here is a great woman 
on her side in the bed. 
She is sick, 
perhaps vomiting, 
perhaps laboring 
to give birth to 
a tenth child. Joy! Joy! 
Night is a room 
darkened for lovers, 
through the jalousies the sun 
has sent one gold needle! 
I pick the hair from her eyes 
and watch her misery 
with compassion.

martes, febrero 07, 2023

Azucena Salpeter / La ceniza que deja el espiral




La ceniza que deja el espiral
encendido frente a la puerta de la cocina
recuerda a las sibilas del pantano
sin embargo es metódica como un monje
se comporta como un perro viejo
arremolinado sobre sí mismo
pero claro
ella no lo sabe
es ceniza
apenas un producto de consumo para los mosquitos
de pronto entra una brisa leve
tiemblan las cortinas y se desconcierta
igual que los sentimientos
amarrados a la mesa
entonces la mujer vieja
se apoya en el pedernal de Isaías
se pone de pie suavemente
igual que un león 
confiesa
la soledad es el modo que pasas por el mundo
a nadie le importa la poesía. 

Azucena Salpeter (Formosa, Argentina, 1942), Facebook/Azucena Salpeter, 5 de febrero de 2023

lunes, febrero 06, 2023

Diego Bentivegna / De "El pozo y la pirámide"




Restos de una elegía

Quién podrá escucharnos, preguntabas.
Al costado del camino
el lago apenas se movía
con una leve brisa
que para la región, en noviembre,
era más bien benévola.
Ahora entre el coro de los ángeles.
A unos pocos kilómetros estaban
esas cosas tremendas: el aire
transparente,
la luz plena de los cerros.


Hechos de Mascardi

En el fondo viajaban unos suecos.
En verdad, no sé bien si eran suecos, daneses
o novios de una Islandia remota
con rostros como de las películas del Ártico.
Subimos a la combi
junto a un chico medio hippie con barba y cantimplora
y con una mujer joven,
alguien de la zona, con rasgos de alemana,
como nacida del bosque,
como una leñadora.
Ella y su esposo nos habían visto hacía un rato en el sendero
mientras caminábamos uno junto al otro
debajo de los pinos, de las araucarias,
sin decirnos nada;
sin cruzar
una palabra,
como en los caracoles de los cerros.
Las armas, los prefectos. Un helicóptero
quebraba para siempre
el aire claro.
Cada uno caminaba
encerrado en su pequeño mundo,
y ninguno había oído
ni gritos ni disparos.
Nadie.


Botánica y zoología

Mi memoria, pensaba, es mucho más precaria.
Cuando era chico me internaba
en el manual de botánica que usaban mis hermanas.
Ese libro
tenía ya el olor de los objetos viejos, el olor
de las cosas que no se han del todo muerto.
Venía
de un mundo amarillento
que en algunos de los rincones de la casa existía.
En cambio, su hermano mellizo
nunca me había atraído demasiado.
El de zoología mostraba
sin pudor dibujos de mamíferos abiertos,
conejos con las vísceras expuestas,
como los sapos aplastados en la ruta.
Como los pájaros fusilados,
esos que vimos en las colecciones del Museo.
Aquellas aves que encontramos en los muebles antiguos
cuando nos perdimos
por los pasillos del subsuelo,
con su olor a formol, el fantasma del monstruo
de las aguas que rondaba,
el terror de quedarnos
para siempre en las entrañas.

Diego Bentivegna (Munro, Vicente López, Argentina, 1973)

El pozo y la pirámide
,
Audisea,
Buenos Aires, 2022











domingo, febrero 05, 2023

Flavia Soldano Deheza / De "Pampa Stalingrado"



Undertierra Stalingrado 
a voces la congoja 

silba chiripá    soplos de aguardiente roen chañares    huincas 
gritan huincas    avestruces rastrillan desovando tabas caracuses 
huyen aguas
simulacro: Stalingrado es pampa 

hacia proa 
Undertierra 

asonada fugan estremecen piaras enjambres de picos corvos 
manan y berrean como guachos mamones su desmadre

acribille grito    desploma el cuerpo del agua 
oremos 
matreros oremos sombríos    hirsutas redes las del sauce alambran 
con púas cadáveres de charca


*

                                                       “golpea el polvo de la tierra”
                                                                                     Éxodo 8:18

cuántas versiones hay?

archivo de letras    caracoles caravanas espejismos sicomoros 
errantes arameos caminan hacia los ásperos confines de la lente 
túneles de catalejo enfocan destellos zarzas voces adelfas    almas 
del desierto donde anidan aguas muertas allí beben dromedarios 
náufragos nómades siluetas sin sombra

golpes de vara en el polvo y avanzan langostas    golpes al cielo 
engendran tinieblas plagas pueblos primogénitos calan camellos en 
las cavernas del viento

por la orilla del cierzo traman pieles 
siroco seca la estaca 
Stalingrado cruje la nieve 
astillas de artilleros tapan la tierra    un manto de saurios tajos entre 
pampas áridas se precipita por saturadas trincheras 
filtra una guerra esteparia en pingües planicies violentas
 
                                                                            hay otros desiertos

Flavia Soldano Deheza (Estación Unzué, Argentina, 1961), Pampa Stalingrado, Ediciones Lamás Médula, Buenos Aires, 2017


sábado, febrero 04, 2023

José Villa / De "El estilo verdadero", 2




Habrá final tranquilo

La viga
tiene números escritos con un pedazo de ladrillo:
o un dos o un tres, su pata se estira
e irisa hacia el borde
duplicada, veleta, mano, dios
Cormorán saliendo
de escombros para ir tirando de ella que no quería
ir a ninguna parte,
al día de la luz con testigos


Cartógrafo,

gotas, torre, navegación,
silla, carne, alhaja, boca, hollín

peces, con su aire seco, estructuras
orilleras recogiéndose, zapatos, gusanos,
sachets y abombados médanos de vidrio roto

inercia, resina, molicie

Hueco donde buchean las palomas,
en este pseudónimo de plegaria
y regreso

José Villa (Martín Coronado, Argentina, 1966)

El estilo verdadero
Ediciones Lux, 
Bahía Blanca, 2021










viernes, febrero 03, 2023

Ramona de Jesús / De "Dos metros cuadrados de piel"



Estudio comparativo de la anatomía de las manos en la representación
de la pintura inglesa de comienzos del siglo XIX

existían hombres de ideas auténticas
y sinceras. dueños de jardines de pájaros
exóticos, de botellas de láudano junto
a los pinceles. hombres de un profundo
desagrado por lo convencional. Algunos
de ellos, para estudiar la naturaleza,
cerraban —con las manos de su amante
en el marco—, la puerta. nacía la pintura:
Beatriz y sus dos ramilletes descompuestos
que no cavan un hueco, no se lamen
un dedo, no levantan, no empuñan,
ni tallan la piedra. por esos hombres o en su contra,
vino mi padre a enseñarnos a pintar casas,
a resanar paredes. era un buen hombre.
renunció a ser poeta. poseía como aquellos,
un profundo desagrado por lo convencional
y una selección de fotos de Lady Diana
en las que nunca se le vieron las manos.


Consideraciones sobre la destrucción de Roma I

no culpo al gallo de fuego chino por nuestro incendio
no veo augurios en las mellas del anillo
ni busco respuestas en los cachitos de uña 
que escupimos en los ceniceros
me rehúso a leer un vaticinio en ese sueño donde los gatos
franqueaban laberintos y escaleras
a ser de aquellos que esperan que doce cornejas caigan muertas 
antes de firmar la hipoteca

todo lo humano también es divino solo porque es humano
y existe un efecto transcendente en el acto de no cruzar 
ciertos litorales

para que la vida no le haga golpe de estado a las palabras
o para que un verso no le haga golpe de estado al sexo 
hemos de conformarnos con contemplar la iglesia en llamas 
desde las escaleras
no porque seamos ateos no porque no tengamos miedo 
sino porque es suficiente dejar el sexo en el sexo
el horóscopo en la billetera
y en el poema los acertijos del incendio

Ramona de Jesús (Medellín, Colombia, 1990)

Dos metros cuadrados de piel
,
Gog y Magog,
Buenos Aires, 2022










jueves, febrero 02, 2023

Constantino Cavafis / El dios abandona a Antonio



Si de pronto a medianoche escuchas
la comparsa invisible pasar
con músicas soberbias, con voces –
tu suerte que ya cede, tus obras
fracasadas, los planes de tu vida que
salieron todo engaño, no lamentes en vano.
Como preparado de hace tiempo, como un valiente
despídete de Alejandría que se va.
Sobre todo no te engañes, no digas que fue
un sueño, que una ilusión ha sido de tu oído.
No abrigues esas vanas esperanzas.
Como preparado de hace tiempo, como un valiente
a quien corresponde el honor de tener esa ciudad,
acércate a pie firme a la ventana
y escucha emocionado, pero sin
los ruegos ni las quejas propias de cobardes,
como último placer los sones,
los soberbios instrumentos de la invisible comparsa
y despídete de la Alejandría que pierdes.

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Letras de Grecia, 29 de mayo de 2015 
Traducción de Pedro Ignacio Vicuña


miércoles, febrero 01, 2023

Alfredo Veiravé / De "Laboratorio central"




Otros textos

Calímaco (1)

Como en los epigramas de Calímaco dejo esta breve
   frase
entre los dientes del gato: no me lloréis
  y buscadme en el jardín en tardes como esta
  cuando
el verano está quieto como un felino embalsamado
   entre las hojas.
Yo fui y soy lo que pude mientras viví en la tierra.
Ustedes saben que esta urna funeraria guarda cenizas
de recuerdos felices y de palabras felices
  que me hicieron volar fuera del espacio en otro tiempo
que volverá
cuando los extraterrestres desciendan otra vez sobre
Machu Picchu.


Cancionero de paloma

2) El glaciar Perito Moreno

Los turistas y otros miembros de la familia paterna y materna
han comenzado a llegar mientras la gata ahora mismo atraviesa
   mi estudio o sea el cuarto donde escribo estas
      crónicas
   ante la incertidumbre de que el glaciar se rompa
   uno de estos días y los viajes se posterguen y
   la flor del jazminero se ha abierto esta mañana:
   el tiempo de la gata gris es suyo y su andar pausado
   es semejante al tiempo de ruptura del glaciar Perito
                                                                                  Moreno
   a la ansiedad de todos los que la soñamos.
Seguramente las teorías de Einstein lo deben explicar
teniendo en cuenta que el tiempo de Paloma
es otro tiempo que se ha de comenzar a contar
a partir del momento en que ella se incorpore al mundo.
   Entre estos arquetipos metafísicos
   la seguimos esperando.


Quemar las naves

Al despertar me digo una vez más
   muy Cortesianamente
   "hay que quemar las naves"
pero cuando me dirijo hacia la playa
   veo blancos huesos de grandes pájaros prehistóricos
y parejas que han caído en el anillo del amor
    convertidas en pájaros del Japón /
miniaturas de tinta china
    que se mueven en el viento de una pasión cuaternaria
oigo una voz que adentro de mi cabeza
se mueve como los barcos de la costa
    esos galeones abandonados que contienen grandes
    cofres de joyas luminosas
que atraen mi codicia textual.

Alfredo Veiravé (Gualeguay, Argentina, 1928- Resistencia, Argentina, 1991), Laboratorio central, Ediciones del Dock, 1991

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martes, enero 31, 2023

Fernando Pessoa / Me meto adentro...



XLIX

Me meto adentro, y cierro la ventana.
Traen el candelabro y dan las buenas noches.
Y mi voz contenta da las buenas noches.
Ojalá mi vida sea siempre esto:
El día lleno de sol, o suave lluvia,
O tempestuoso como si se acabara el Mundo,
La tarde suave y las cuadrillas que pasan
Miradas con interés desde la ventana,
La última ojeada amiga al sosiego de los árboles,
Y después, cerrada la ventana, el candelabro encendido,
Sin leer nada, ni pensar en nada, ni dormir,
Sentir la vida correr en mí como un río por su lecho,
Y allá afuera un gran silencio como de un dios que duerme.

Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935), "Alberto Caeiro", Poemas, Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1972
Traducción de Rodolfo Alonso

Otra Iglesia Es Imposible - Archivo Pessoa - Eterna Cadencia -  Otra Parte - Infobae - Ensayo Pessoa - El Cultural - Fervor - Círculo de Poesía - De Sibilas y Pitias - UNAM - A Media Voz  


XLIX

Meto-me para dentro, e fecho a janela.
Trazem o candeeiro e dão as boas-noites.
E a minha voz contente dá as boas-noites.
Oxalá a minha vida seja sempre isto:
O dia cheio de sol, ou suave de chuva,
Ou tempestuoso como se acabasse o Mundo,
A tarde suave e os ranchos que passam
Fitados com interesse da janela,
O último olhar amigo dado ao sossego das árvores,
E depois, fechada a janela, o candeeiro aceso,
Sem ler nada, sem pensar em nada, nem dormir,
Sentir a vida correr por mim como um rio por seu leito,
E lá fora um grande silêncio como um deus que dorme.

Arquivo Pessoa: “O Guardador de Rebanhos”, 1ª publ. in Athena, nº 4. Lisboa: Jan. 1925
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Imagen: Hermenegildo Sábat, Anónimo transparente. Una interpretación gráfica de Fernando Pessoa, Ediciones Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, 2007

lunes, enero 30, 2023

Constantino Cavafis / Una noche




Era un cuarto corriente y miserable,
oculto en el desván de una taberna.
Su única vista daba a un callejón
sucio, asfixiante. Del local subían
las voces de los clientes que jugaban.

Pero en ese lugar abyecto y ruin
conocí el cuerpo del amor; sus labios
rojos, ebrios, intensos, voluptuosos;
a tal punto que ahora cuando escribo
después de tantos años y estoy solo
hasta mi casa vienen a embriagarme.

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Una noche. Aproximación de José Emilio Pacheco, prólogo de Minerva Margarita Villarreal, El Oro de los Tigres III, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2011


domingo, enero 29, 2023

Gabriela Bejerman / Chinchín



busco un cielo de té, cielo de hierbas
busco dos o tres palabras, las que ahí
sumergidas, calmen el silencio parlanchín
que persigue mi lamento desde ayer, busco
en la mañana gris, la verdad cantarina de unos pájaros
no les importa más que el alba, en una taza
grande y blanca, del color tangible de este día
están sirviendo lo que yo buscaba, chinchín

Gabriela Bejerman (Buenos Aires, 1973) Op. Cit. agosto 28, 2022

Pompa (obra reunida 1999-2022),
Mansalva, 
Buenos Aires, 2022










Foto: Eterna Cadencia

sábado, enero 28, 2023

Katherine Mansfield / Cuando fui pájaro



Me trepé al árbol de karaka 
y llegué hasta un nido hecho todo de hojas 
pero suaves como plumas. 
Inventé una canción que siguió cantándose sola 
y sin palabras, aunque se volvía triste al final. 
Había margaritas en el pasto bajo el árbol. 
Les dije, para ponerlas a prueba: 
"Les sacaré las cabezas de un mordisco 
para darles de comer a mis hijitos". 
Pero no creyeron que yo fuera un pájaro, 
y siguieron bien abiertas. 
El cielo parecía un nido azul con plumas blancas 
y el sol era la madre pájaro que lo mantenía tibio. 
Eso decía mi canción: aun sin palabras. 
Mi Hermanito llegó por el campo empujando su carretilla. 
Convertí mi vestido en alas y me quedé muy quieta. 
Y cuando estuvo cerca dije: "Pío, pío!" 
por un momento pareció sorprendido; 
luego dijo: "Bah, no sos un pájaro; se te ven las piernas". 
Pero las margaritas realmente no importaban, 
y mi Hermanito realmente no importaba; 
yo me sentía igual a un pájaro. 

Katherine Mansfield (Wellington, Nueva Zelanda, 1888-Fontainebleau, Francia, 1923), Vía Humo de Damasco, de Silvia Dabul, 25.1.14
Versión: Cristina Negri



When I was a Bird

I climbed up the karaka tree
Into a nest all made of leaves
But soft as feathers.
I made up a song that went on singing all by itself
And hadn't any words, but got sad at the end.
There were daisies in the grass under the tree.
I said just to try them :
“I'll bite off your heads and give them to my little children to eat.”
But they didn't believe I was a bird;
They stayed quite open.
The sky was like a blue nest with white feathers
And the sun was the mother bird keeping it warm.
That's what my song said : though it hadn't any words.
Little Brother came up the path, wheeling his barrow.
I made my dress into wings and kept very quiet.
Then when he was quite near I said : “Sweet, sweet !”
For a moment he looked quite startled;
Then he said : “Pooh, you're not a bird; I can see your legs.”
But the daisies didn't really matter,
And Little Brother didn't really matter;
I felt just like a bird.

Poems by Katherine Mansfield, Constable & Co., Londres, 1923, 1930. Victoria University Wellington

viernes, enero 27, 2023

Alfredo Veiravé / de "El ángel y las redes"



La mano

Las líneas que cruzan la palma de la mano
tejen una alfombra de hilos cruzados,
triángulos y montes. Estos huesos cubiertos, 
los abismos y las venas, las tormentas
y el pergamino ajado y brillante de la piel,
allí, sobre la palma de la mano, parecen decir algo, 
llamarnos hacia el fondo de seres queridos,
de tardes anteriores, hacia el rostro
de la pequeña muerta
cuyas mejillas estarán ya caídas en el polvo;
y nos quedamos mirando allí
las hojas de la vida y de la muerte. El pálido
amarillo de las caras que ya no tenemos,
el odio o la miseria enredados
bajo estas aguas casi soñadas, bajo el tejido
astral y señalado que en un momento cae
como un relámpago sobre la memoria, y dice cosas
que ella sola descifra adentro del cuerpo,
de las distintas personas, de la sal, del agua,
y de la sangre
circulando por nosotros, y dice algo, algo
que ya hemos olvidado.
Una estrella se ha formado en la palma
de la mano, en la noche ha surgido
Y cruzando el cielo
ha desaparecido.


Los paraísos del cementerio de Gualeguay

Fuimos tomados de la mano, bajo los paraísos
al lugar donde un día enterrarán mi cuerpo,
sumergidos en preguntas y silencios, dulces aguas,
la vida sonreía, y el otoño 
derribaba sus hojas y sus flores
entre el canto de los pájaros.
Bella luz, gracia caída en medio de los cuerpos,
la muerte impulsa sus dedos victoriosos
sobre nuestros ojos, viajeros de la dicha.
Desde la infancia llevamos los días
como burbujas de inmensas llanuras,
de infinitos sueños, hasta que la infinitud
se abre, dentro nuestro.
Desde el nacimiento, desde los vientres germinados
esparcimos las semillas henchidas y fragantes, 
y el no morir del todo está en nosotros
como un grito, o el destello de un hambre insatisfecha
hasta el amor, como estos árboles eternos
que contemplan el suave descenso de las estaciones
sobre el canto de sus flores celestes,
caídas entre tumbas
y vueltas al vientre de la tierra creadora
y del Dios
que las convierte en lecho de nuestro sueño, en ella.


Oración en el alma del poeta

Oh, Señor, te ruego
envíes a mi alma, tan turbia a veces,
el aliento celeste de los linares
o la maravilla que limpia y purifica.
Y limpies, Señor, mis palabras y antes el pecho
de donde vienen, y que él sea manso y dulce
hasta restituir la perdida evidencia
de las cosas que nombra
cuando no reposa en el grave silencio.
Y así, Señor, quiero una canción de alabanza
no tan numerosa
como verdadera, y en ella estar siempre, siempre,
iluminado de amor, en cuerpo terrestre
y en verdor eterno.

Alfredo Veiravé (Gualeguay, Argentina, 1928- Resistencia, Argentina, 1991), vía Carles Tàvec

El ángel y las redes
,
Editorial Norte Argentino,
Resistencia, Chaco, 1959









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jueves, enero 26, 2023

Gili Haimovich / Dos poemas




Como el perdón

Aunque mis manos estén estropeadas
conservan su talento para sentir 
solamente se ha enturbiado su precisión
como quien deja su rastro entre las páginas 


Pétalos

Escudada en el letargo
cruzo el océano llameante
de los sueños impronunciados.
El lenguaje me abandona
con la edad
dejándome desnuda,
dejándome apenas
ser lo que soy,
testigo de aquello que fue expulsado de las palabras.
Caen los pétalos de su belleza.
Anhelo venganzas 
hacerle a alguien más
exactamente lo mismo
pero ya no queda nadie alrededor.

No como esa gata extraviada
clavándote las uñas al ritmo de tus caricias,
para que no fueras a abandonarla.
“Déjala en paz”, respondiste,
tu mano surcando el brillante pelaje,
como si también cruzara el océano entre tú y yo.

Gili Haimovich (Israel, 1974)
Traducciones de Gabriel Payares *

* Gili Haimovich escribe en hebreo e inglés. Estas traducciones son de poemas originariamente escritos en inglés (N. del Ad.)


Foto: Altazor