miércoles, octubre 31, 2012

Antonio Cisneros / De "Como higuera en campo de golf"




De visita (Galería Ufficci)

Verás la casa cuando llegues al bosque de cipreses.
Tiene la puerta rota y ha costado
tantas generaciones como días llevas sin comer.
No seas como el viento que revuelve
todos los techos de las siete provincias en una sola noche.
Sé calmo peregrino.
Amarra tu caballo no en el sol
y lejos de los ladrones camineros,
remueve el polvo de tu ropa,
la sal de tus zapatos,
visita al morador.
Si te ofrece comida no las aceptes y escucha sus historias
que ni sabias serán ni muy gentiles
pero en algo aprovechan.
Y de ojos sé discreto, no los claves
en la mesa de palo donde pastan
el aire y las arañas,
ni en la lata de atún:
granero abierto desde el último otoño
                                                y oxidado.


Antonio Cisneros (Lima, 1942-2012), Como higuera en campo de golf  [1972], Kriller 71 Ediciones, Barcelona, 2012


Foto: Antonio Cisneros en La República, Perú

martes, octubre 30, 2012

Maria Rosa Maldonado / Otras visiones





De "otras visiones"

II

tsara'ath  lepros!

luminiscencias  peligrosas  en la noche oscura de la mar
mar   mare  nostrum   harto de  muertos  a  la  deriva  

peste    negra     linfática  o  neumónica  

pecado
      pecado

            en brotes repentinos
                                y  letales

- ámbar     tungsteno
                      crisoberilo  de  la   nada:   en el fondo del pozo

la hermética alcoba de las nupcias -

roedores salvajes   noctilucas de la descomposición  

esos ciertos animales de insomnio

sueltan sus tigres
                  sobre el pecho del día

(no te acerques  
               esa  mujer  se hunde por su propia molicie:

apuntala su cuerpo  en el abismo)


III

para ti
       la mesa colmada de pasas de korintho
higos de esmirna y aceite de romero

no paquetes de hachís: resina libanesa
polvo dorado
            apretadito en planchas  y  envuelto en algodón
negro
     del medio oriente  verde oscuro de marruecos

o más negro -como brea retorcida- del nepal

tallos blandos del cáñamo
sumidades floridas

hechas
     nieblas amorosas
llenando por la boca los alvéolos del pecho

alcaloides abiertos a todos los espejismos de la anunciada saciedad

para ti
       hierbas del paraíso -peces  y chocolate-

a la gran molicie de la sabiduría
                                 se entra
con larga toga cándida o

simple desnudez de anacoreta


María Rosa Maldonado (Barcelona, 1944, reside en Buenos Aires), Atzavara, Kriller 71 Ediciones, Barcelona, 2012

Foto: María Rosa Maldonado en Kriller 71

lunes, octubre 29, 2012

Valerio Magrelli / De "Nature e venature", 2




Pasado cierto tiempo, la leche

Pasado cierto tiempo, la leche
se pone mala, como si avanzara
hacia el mal, hacia su maldad,
se contrae, se cuaja,
abandona su estado líquido
y comienza a darse forma.
La sustancia dura
toma cuerpo, resucita
en una carne nueva y compacta, extraída
de la bestia. Es queso, metamorfosis
del animal secreto, el fruto
muerto de una planta viva,
satisfecha criatura pálida y lunar.



Si la fuerza de gravedad

Si la fuerza de gravedad,
la vertical, es la memoria
de la tierra que llama
hacia sí las cosas para recordarlas,
el ansia es mi memoria,
fuerza que no es amor,
sino vocación de asedio.
Siento su presión
cernirse mientras la angustia
me aprieta en una morsa
donde golpe a golpe soy
martillado fierro
forjado. Es el choque
del tiempo atraído por mí,
precipitándose
en el latido del pulso
negro, yunque
imantado.



La luz de la luna es trabajada como arte

La luz de la luna es trabajada como arte,
una materia prima pulida, torneada
hasta que se convierte en pedernal,
llama mineral,
pero llama débil, muerta, como hierba
que se deja crecer en la oscuridad,
la pálida, ritual hierba mala,
que da la claridad fosforescente,
fría y subacuática
del acetileno.

Valerio Magrelli (Roma, 1957), "Nature e venature", Poesie (1980-1992) e altre poesie, Einaudi, Turín, 1996
Versiones de Jorge Aulicino


Passato qualche tempo tutto il latte
va a male, come se andasse verso
il male, la sua cattività,
si contrae, si rapprende,
abbandona el proprio stato liquido
e inizia a farsi forma.
La sostanza rafferma
prende corpo, resuscita
in una carne nuova e compatta, estratta
dalla bestia. È cacio, metamorfosi
del secreto animale, il frutto
morto di una pianta viva,
sazia creatura pallida e lunare.


Se la forza di gravità,
la verticale, è la memoria
della terra che chiama
a sè le cose per ricordarle,
l'ansia è la mia memoria,
forza che non è amore
ma vocazione all'assedio.
Ne sento la pressione
incombere mentre la stretta
mi serra in una morsa
dove colpo su colpo sto
martellato ferro
battuto. Ecco l'urto
del tempo attratto su di me,
precipitante
nel battito del polso
nero, incudine
calamitata.


La luce della luna è lavorata ad arte,
un materia prima profilata, tornita
fino ad essere pietra
focaia, fiamma minerale,
ma fiamma fioca, morta, come l'erba
fatta crescere al buio,
la pallida, rituale veccia,
che dà il chiarore fosforescente,
freddo e subacqueo
dell'acetilene.



Ilustración: Mondaufgang über dem Meer, c.1821, Caspar David Friedrich

domingo, octubre 28, 2012

John Ashbery / El pintor




El pintor

Sentado, entre el mar y los edificios
disfrutaba pintar el retrato del mar
pero al igual que los niños imaginan una plegaria
sólo como silencio, él esperaba que su tema
se deslizara por la arena, y, tomando un pincel,
cubriera su propio retrato sobre el lienzo.

entonces, nunca hubo una pintura sobre su lienzo
hasta que la gente que vivía en los edificios
lo puso a trabajar: “trate de usar el pincel
como un medio para alcanzar un final. Elija, para un retrato
algo menos enojado y amplio, y más atado
al humor de un pintor, o quizás, a una plegaria”

¿Cómo podía él explicarles su plegaria,
que la naturaleza, no el arte, podría usurpar el lienzo?
Eligió como nuevo tema a su esposa,
haciéndola inmensa, como edificios en ruinas
como si, olvidándose de sí mismo, el retrato
se hubiera expresado sin pincel.

Levemente animado, hundió su pincel
en el mar, murmurando una sentida plegaria:
“Alma mía, cuando pinte el siguiente retrato
debes ser tú quien arruine el lienzo”
La noticia se esparció como fuego arrasador por los edificios:
él había vuelto al mar buscando su tema.

Imagínense a un pintor crucificado por su tema!
demasiado exhausto hasta para tomar su pincel,
provocó que algunos artistas se inclinaran desde los edificios
para hacer comentarios maliciosos: “¡No tenemos una plegaria
ahora, para ponernos nosotros en el lienzo,
o lograr que el mar se siente para ser un retrato!”

Otros lo declararon un auto-retrato.
Finalmente, todas las indicios de un tema
comenzaron a extinguirse, dejando al lienzo
perfectamente blanco. Él dejó el pincel.
de inmediato un alarido, que también era una plegaria,
nació de los repletos edificios.

Lo lanzaron, al retrato, del más alto de los edificios;
y el mar devoró el lienzo y el pincel
como si su tema hubiera decidido permanecer como plegaria.

John Ashbery (Nueva York, 1927), Some Trees, 1956
Versión: Marina Kohon


The Painter

Sitting between the sea and the buildings 
He enjoyed painting the sea’s portrait. 
But just as children imagine a prayer 
Is merely silence, he expected his subject 
To rush up the sand, and, seizing a brush, 
Plaster its own portrait on the canvas.

So there was never any paint on his canvas 
Until the people who lived in the buildings 
Put him to work: “Try using the brush 
As a means to an end. Select, for a portrait, 
Something less angry and large, and more subject 
To a painter’s moods, or, perhaps, to a prayer.”

How could he explain to them his prayer 
That nature, not art, might usurp the canvas? 
He chose his wife for a new subject, 
Making her vast, like ruined buildings, 
As if, forgetting itself, the portrait 
Had expressed itself without a brush.

Slightly encouraged, he dipped his brush 
In the sea, murmuring a heartfelt prayer: 
“My soul, when I paint this next portrait 
Let it be you who wrecks the canvas.” 
The news spread like wildfire through the buildings: 
He had gone back to the sea for his subject.

Imagine a painter crucified by his subject! 
Too exhausted even to lift his brush, 
He provoked some artists leaning from the buildings 
To malicious mirth: “We haven’t a prayer 
Now, of putting ourselves on canvas, 
Or getting the sea to sit for a portrait!”

Others declared it a self-portrait. 
Finally all indications of a subject 
Began to fade, leaving the canvas 
Perfectly white. He put down the brush. 
At once a howl, that was also a prayer, 
Arose from the overcrowded buildings.

They tossed him, the portrait, from the tallest of the buildings; 
And the sea devoured the canvas and the brush 
As though his subject had decided to remain a prayer.


Copyright © 1956 by John Ashbery


Ilustración: The Beach Newport, 1919, George Bellows

sábado, octubre 27, 2012

Giacomo Leopardi / Las remembranzas, 5




Las remembranzas

(Quinta parte)

Ya en el primer juvenil tumulto
de contentos, angustias y deseos,
a la muerte llamé más largamente,
me senté allí junto a la fuente
pensando cesar dentro esas aguas
mi esperanza y dolor. Luego por ciego
malor *, llevado de la vida a fuerza,
lloré la bella juventud, la flor
de mis pobres días que al tiempo
caía, a menudo en la hora tarda, sentado
en sabio lecho, dolorosamente
junto a la mórbida ** luz poetizando,
lamenté con el silencio y la noche
el fugitivo espíritu, y a mí mismo,
en languidez, canté fúnebre canto.


Giacomo Leopardi (Recanati, 1798-Nápoles, 1837)
Versión de Ángel Faretta

Notas del traductor
*: dejo “malor”, así en el original, puesto que es un apócope, posiblemente creado por el propio Leopardi, siendo una figura a la que la lengua italiana se presta con maravillosa plasticidad (v. g. amor/e, dolor/e) que suma “malora” y “malore”. La primera es “irse al diablo” y el segundo un “ataque súbito” o un “soponcio”. “Malora” habrá pasado al castellano como apócope, a su vez, de “en mala hora”.
 Habría que dejar siquiera apuntado, que la vida y la obra poética de Leopardi (1798-1837) es paralela al despliegue de la corriente del “bel canto”, que músicos como Bellini, Donizetti y Rossini llevaron a su cima expresiva. Ese mismo estilo -el primero de los tres modos operísticos italianos del siglo diecinueve y comienzos del veinte, junto al romántico (Verdi) y al verista (Puccini)-, fue aquel que por razones eufónicas empleara en sus textos líricos más decididamente esta figura estilística.

**: En el original, fioca. Nota bene inevitable para argentinos: “Fioca” es “mórbido”, “blando”, “enfermizo”, por la blandura que conllevan las fiebres, por ejemplo. De allí pasó derecho viejo a nuestro lunfardo como hombre mantenido por las mujeres, en especial las prostitutas. Este “fioca” derivó luego en “fiolo”, donde todavía más o menos sobrevive en la mediatarde del acerbo prostibulario, ya diluido en la globalización sexual.



E già nel primo giovanil tumulto
di contenti, d'angosce e di desio,
morte chiamai più volte, e lungamente
mi sedetti colà su la fontana
pensoso di cessar dentro quell'acque
la speme e il dolor mio. Poscia, per cieco
malor, condotto della vita in forse,
piansi la bella giovanezza, e il fiore
de' miei poveri dì, che sì per tempo
cadeva: e spesso all'ore tarde, assiso
sul conscio letto, dolorosamente
alla fioca lucerna poetando,
lamentai co' silenzi e con la notte
il fuggitivo spirto, ed a me stesso
in sul languir cantai funereo canto.


Ilustración: Arboles en el Gein y luna llena, 1907, Piet Mondrian

viernes, octubre 26, 2012

Osvaldo Ballina / naranjos relucientes en el aire calcinado







naranjos relucientes en el aire calcinado
de la tierra vacante de miserias
todo vive, hueco y repleto,
la anónima inminencia
de pies desnudos en las ásperas piedras
árboles de ojos abiertos
y caídos muros

Osvaldo Ballina (La Plata, 1942), Memoria de la India, Ediciones al Margen, La Plata, 2012

Ilustración: Vor dem Blitz (antes de los bombardeos), 1923, Paul Klee

jueves, octubre 25, 2012

Sergio Solmi / Canto de mujer




Canto de mujer

Voz de mujer que se sabe no vista
tras cerrados postigos, canto ronco
agitado por lánguidos desmayos
y escalofríos bruscos, hecho
de vacías palabras que yo no comprendo.
Oh voz absorta, tempestuosa y dulce,
llena de sueños,
la que un tiempo raptaba navegantes
sobre los mares, canto de sirena.
Voz del deseo que no sabe si
quiere o teme, y jamás dice otra cosa
sino su oscuridad, su tembloroso
amor. Acaso la encendida carne
habla como tú, y, asombrada,
se escucha existir.

Sergio Solmi (Rieti, 1899–Milán, 1981), Poesía italiana contemporánea, traducciones de Vintila Horia y Jesús López Pacheco, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1959


Canto di donna

Canto di donna che si sa non vista
dietro le chiuse imposte, voce roca,
di languenti abbandoni e d’improvvisi
brividi scorsa, di vuote parole
fatta, ch’io non discerno.
O voce assorta, procellosa e dolce,
folta di sogni,
quale rapiva i marinai in mezzo
al mare, un tempo, canto di sirena.
Voce del desiderio, che non sa
se vuole o teme, ed altra non ridice
cosa che sé, che il suo buio, tremante
amore. Come te l’accesa carne
parla talora, e ascolta
sé stupefatta esistere.

[de Fine di stagione, 1933]

Foto: Sergio Solmi y Eugenio Montale, s/d

miércoles, octubre 24, 2012

Antonella Anedda / ¿El miedo nos hace más fuertes?



Coro
¿El miedo nos hace más fuertes?

Somos mortales mortalmente aterrorizados
temblamos como zorros y perros,
nos volvemos la jauría de nosotros mismos
Basta un sueño errado
y la luz roe donde no hay reparo.
Derrapamos entre los objetos esperando que sean verdaderos.
Apretamos los párpados intentando dormir en pleno día
diciendo: aqui, y pensando allá
ofreciendo sacrificios mientras desplazamos muebles
y tronchamos con las tijeras los geranios.
A la noche alargamos las mesas para los húespedes
y con la madera comenzamos a marchitarnos.
Ponemos con cuidado las servilletas y desde el lino se elevan los demonios.
Volviendo la cabeza aquí, pensamos: allá,
como sucede en verdad a todo perseguido.
Abrimos ventanas de par en par con la excusa del humo. El viento huele a basura
pero es una tregua. El propio viento en la belleza es una ruina.
La sabiduría nos confunde como cera.
Respiramos con dificultad.
Nos quedamos inmóviles
la sangre se acelera entre la nuca y la espalda
nos volvemos serpientes
que se limpian entrelazándose.


Antonella Anedda (Roma, 1958), Salva con nome, Mondadori, Milán, 2012, en Terres de femmes
Versión de Jorge Aulicino

Coro
La paura ci rende più forti ?

Siamo mortali mortalmente spaventati
tremiamo come volpi e cani
diventando la muta di noi stessi
Basta un sogno sbagliato
e la luce rode dove non c'è riparo.
Sbandiamo tra gli oggetti sperando siano veri.
Stringiamo gli occhi provando a dormire in pieno giorno
dicendo: qui e pensando là
offrendo sacrifici mentre spostiamo mobili
e tronchiamo con le forbici i gerani.
La sera allunghiamo i tavoli per gli ospiti
e dal legno cominciamo ad appassire.
Posiamo con cura i tovaglioli e dal lino si sollevano demoni.
Voltando la testa qui, pensiamo: là
come succede davvero a ogni inseguito.
Spalanchiamo finestre con la scusa del fumo. Il vento sa d’immondizia
ma è una tregua. Lo stesso vento nella bellezza è una rovina.
La saggezza ci confonde come cera.
Stentiamo a respirare.
Restiamo immobili
il sangue scatta tra la nuca e la schiena
torniamo serpi
ci puliamo intrecciandoci.



Ilustración: Gli ospiti dimenticati, 1930, Alberto Savinio

martes, octubre 23, 2012

Leonardo Sinisgalli / Monedas rojas




Los niños tiran las monedas rojas

Los niños tiran las monedas rojas
contra la pared. (Caen esparcidas
por el suelo con un dulce rumor.) Gritan
a voz en cuello con ardor de guerra.
Se intercambian magníficos apodos
y dulcísimos insultos. La tarde
incendia las frentes, encrespa los cabellos.
En el suelo caliente es como sangre.
La plaza queda en calma.
Una moneda lanzada se para
junto a otra a un palmo de distancia.
El niño aprieta contra la tierra
su mano victoriosa.


Leonardo Sinisgalli (Montemurro, Lucania, 1908-Roma, 1981), Poesía italiana contemporánea, traducciones de Vintila Horia y Jesús López Pacheco, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1959


I fanciulli battono le monete rosse
contro il muro. (Cadono distanti
per terra con dolce rumore.) Gridano
a squarciagola in un fuoco di guerra.
Si scambiano motti superbi
e dolcissime ingiurie. La sera 
incendia le fronti, infuria i capelli. 
Sulle selci calda è come sangue. 
Il piazzale torna calmo. 
Una moneta battuta si posa
vicino all'altra alla misura di un palmo.
Il fanciullo preme sulla terra
la sua mano vittoriosa.

Ilustración: La casa rossa, 1917, Carlo Carrà

lunes, octubre 22, 2012

Verónica Zondek / De "La ciudad que habito"





V

Esta ciudad amasada y tanto
                    por manos de agua
                    por pies de barro
agitada mucho por temblores de intestino bullente
arrasada una vez y mil por pasión de fuegos
conquistada
destruida
pensada y abusada por dejar atrás los vientos
y ganarle tiempo al tiempo
carga
créanme
ojos de habitantes hueros de sueños
porque más vale el que tiene y puede
que el que es y vive
y siempre gana el que hila fino y por debajo de las polleras
y el que no
pues mira su verde
mira el vuelo de las aves
y cómo es que baten palmas las alas
y camina tranqui al compás de flujos en silencio
y mañana
quién sabe
espántase el alero voluptuoso de unas aguas arrebatadas
y respira profundo en medio de la ventolera
y sobre su bombilla frente a las llamas aprisionadas en la estufa
y empuja sus hombros bajo manta gruesa
porque resiste a pesar de
y sabe que lo suyo queda para mirar
y ve lo que escucha y silba
y palpa lo que el otro agota hasta el abandono
y sabe
que en el tiempo que no es el del reloj
todo respira y permanece
porque el impulso vital es hacerle collera a la muerte
y crecer crepitando en medio del desastre
por sí solo
para sí mismo.


Verónica Zondek (Santiago de Chile, 1953, reside en Valdivia), La ciudad que habito, Corporación Cultural Municipal Valdivia, Valdivia, 2012

Ilustración: Feuerquelle, 1938, Paul Klee

domingo, octubre 21, 2012

Antonio Ferres / Dos poemas




Las ciudades de la sed

Las aspas chirrían con el viento
Y el agua sube desde la tierra en sombra
Hasta el charco de luz
Donde apagar la sed
La siesta interminable
Mis ojos y yo mismo en el espejo
Ofreciéndome caminos
Hacia ciudades nuevas
Aún no nacidas
Relámpagos en el cielo nublado
De la tarde
Allá donde tú existías
-tan joven-
Llegada de otra parte
Como el recuerdo de otra vida
Donde andábamos sedientos.

de París y otras ciudades encontradas, Gadir, Madrid, 2010



El instante

                   A Lana

En este instante
está deshaciéndose la nieve
en el tejado de este año

está tan tibio el sol
en este instante
que vienen conmigo hombres
como recién resucitados

y mujeres con sudarios blancos.

En este instante
canta un gorrión en el tejado
y está deshaciéndose la nieve

mientras la tierra brilla como fuego
en este instante

mientras hay caminos
con hombres iguales que nosotros

y ciudades donde aún no he nacido.
 
de La urraca y los días iluminados, Gadir, Madrid, 2012

Antonio Ferres (Madrid, 1924)
Envío de Jonio González


Foto: Antonio Ferres por M.G. Castro / Público.es

sábado, octubre 20, 2012

Giuseppe Belli / In vino veribus






In vino veribus *

Escucha esta que es nueva. Hoy el párroco
que fue al brindis del bautismo,
después de once vasos, al duodécimo,
con el cerebro ya recalentado,

ha dicho: "¡Qué carajo! ¡A un cura porque nació
como latino se le permite putañear
pero casoriarse no! ¡Lo mismo
que para un griego es virtud, para mí es pecado!"

Y seguía diciendo: "¿Quién me lo puede explicar?
¿Quién puede deshacer este acertijo?
Ni siquiera San José con el serrucho. **

¿De qué hay que hablar cuando se friega?
¿Qué diferencia hay si miro a una mujer
de la concha latina o de la griega?"

Giuseppe Gioachino Belli (Roma, 1791-1863), Sonetti erotici e meditativi, Adelphi, Milán 2012
Versión de J. Aulicino

* Juego intencional con el latinazgo "In vino veritas"

** Sega en el original: la sierra de San José, carpintero, o la masturbación, en vulgar



In vino veribus

 Senti questa ch’è nnova. Oggi er curato
Ch’è vvenuto ar rifresco der battesimo,
Doppo unisci bbicchieri, ar dodiscesimo
Ch’er cervello je s’era ariscallato,
           
 Ha ddetto: «Oh ccazzo! A un prete, perch’è nnato
In latino, è ppermesso er puttanesimo,
E ll’ammojjasse nò! Cquello medesimo
Che ppe un Grego è vvertú, ppe mmé è ppeccato!».
           
 E sseguitava a ddí: «Cchi mme lo spiega
St’indovinello cqua? cchi lo pò ssciojje?
Nemmanco san Giuseppe co la sega.
           
 Cosa sc’entra er parlà cquanno se frega?
Che ddiferenza sc’è rriguardo a mmojje
Da la freggna latina a cquella grega?».

3 aprile 1835


Ilustración: La venere d'Urbino, 1538, Tiziano

viernes, octubre 19, 2012

William Carlos Williams / Paterson, 7



Libro 1

Los delineamientos de los gigantes 

II

No hay dirección. ¿A dónde? No
puedo decirlo. No puedo decir
más que cómo. El cómo (el aullido) sólo
está a mi disposición (propuesta): observando—
más frío que una piedra .

un capullo siempre verde,
fuertemente enroscado, sobre el pavimento, perfecto
en líquido y sustancia pero divorciado, divorciado
de sus compañeros, caído bajo—

El divorcio es
el signo del conocimiento en nuestra época,
¡divorcio! ¡divorcio!

con el bramido del río
siempre en nuestros oídos (atrasos)
induciendo sueño y silencio, el bramido
del sueño eterno . . desafiando
nuestro despertar—

—deseo inexperto, irresponsable, inmaduro,
más frío al tacto que una piedra,
desprevenido —desafiando nuestro despertar:

Dos chicas a medio crecer exaltando la santa Pascua,
(una inversión de todo el exterior) entretejiendo
sobre sí mismas, desde abajo
del aire denso, espirales de densas transparencias
brotaron, separándolas,
aisladas de la luz: cabezas
desnudas, su cabello claro colgando—

Dos—
distintas entre las
aguas que caen de sus cabellos en el que nada se
funde—

dos, unidas por el instinto de ser la misma:
lazos, cortados de una pieza,
rosa cereza, sujetando sus cabellos: una—
una ramita de sauce arrancada de un arbusto
enano en flor, sin hojas, en su mano,
(¡o anguilas o una luna!)
lo sostiene, el ramillete recogido,
alto en el aire, el aire derramado,
acariciando la piel suave—

¿No son hermosas?

Por supuesto no soy un petirrojo ni un erudito,
ni Erasmo ni pájaro regresando al mismo
suelo año tras año. O si lo soy . .
el suelo ha sufrido
una leve transformación, su identidad alterada.

¡Indios!

¿Por qué hablar de ‘Yo’ siquiera, él sueña, lo
que me interesa poco y nada?

El tema
según se demuestra: dormido, no identificado—
todo de una pieza, solo
en un viento que no mueve a los demás—
de ese modo: un modo de pasar
una tarde de domingo mientras el arbusto verde se agita.

. . una masa de detalles
para interrelacionarse en nuevo suelo, con dificultad;
una asonancia, una homologación
apiladas en tres
uniendo las diferencias para clarificar
y condensar

el río, encrespado, pleno —¡como un arbusto se agita
y una grulla blanca volará
y se posará más tarde! Blanca, en
los llanos entre las flores azules
de los camalotes, en verano, verano! si es que viene
alguna vez, en agua poco profunda!

En el malecón un pequeño
cono compacto (enebro),
que tiembla frenético
en el vendaval indiferente: viril—permanece
enraizado allí .

Regresa el pensamiento: ¿Por qué no
imaginé belleza allí donde no existe
o no está disponible, desde que
me puse voluntariamente en el camino de la muerte?


Podrido como el aliento de una ballena: ¡aliento!

¡Aliento!


William Carlos Williams (Rutherford, 1883-1963), Paterson, New Directions, New York, 1963
Versión de Silvia Camerotto


The delineaments of the giants II
II. There is no direction. Whither? I /cannot say. I cannot say /more than how. The how (the howl) only /is at my disposal (proposal): watching— /colder than stone  . //a bud forever green, /tight-curled, upon the pavement, perfect /in juice and substance but divorced, divorced /from its fellows, fallen low— //Divorce is /the sign of knowledge in our time, /divorce! divorce! //with the roar of the river /forever in our ears (arrears) /inducing sleep and silence, the roar /of eternal sleep  .  .  challenging /our walking— //—unfledged desire, irresponsible, green, /colder to the hand than stone /unready—challenging our walking: //Two halfgrown girls hailing hallowed Easter, /(an inversion of all out-of-doors) weaving /about themselves, from under /the heavy air, whorls of thick translucencies /poured down, cleaving them away, /shut from the light: bare- /headed, their clear hair dangling— //Two— /disparate among the pouring /waters of their hair in which nothing is /molten— //two, bound by an instinct to be the same: /ribbons, cut from a piece,  /cerise pink, binding their hair: one— /a willow twig pulled from a low /leafless bush in full bud in her hand, /(or eels or a moon!) /holds it, the gathered spray,   /upright in the air, the pouring air, /strokes the soft fur— //Ain’t they beautiful! //Certainly I am not  a robin nor erudite, /No Erasmus nor bird that returns to the same /ground year by year. Or if I am  .  . /the ground has undergone /a subtle transformation, its identity altered. //Indians! //Why even speak of “I”, he dreams, which /interests me almost not at all? //The theme /is as it may prove: asleep, unrecognized— /all of a piece, alone /in a wind that does not  move the others— /in that way: a way to spend /a Sunday afternoon while the green bush shakes.  //.  .  a mass of detail /to interrelate on  a new ground, difficultly; /an assonance, a homologue //triple piled //pulling the disparate together to clarify /and compress //the river, curling, full—as a bush shake /and a white crane will fly /and settle later! White, in /the shallows among the blue-flowered /pickerel-weed, in summer, summer! if it should /ever come, in the shallow water! //On the embankment a short, /compact cone (juniper) /that trembles frantically /in the indifferent gale: male—stands /rooted there . //The thought returns: Why have I not /but for imagined beauty where there is none /or none available, long since /put myself deliberately in the way of death? //Stale as a whale’s breath: breath! //Breath!

Ilustración: Évocation d'ùne ile, 1870, Victor Hugo

jueves, octubre 18, 2012

Guillermo Boido / Desiertos




Desiertos 

Hay tanto dolor en tanta poca vida
para que todo suceda.

Pero al cabo de las muertes y los días
todo sucede
como si nada sucediera.

Pues en la aridez del dolor
nada sucede.                                                                        

                            A Jorge Aulicino


Guillermo Boido (Buenos Aires, 1941), inédito


Ilustración: Concetto spaziale, 1961, Lucio Fontana

miércoles, octubre 17, 2012

Angel Faretta / Lontana II




Lontana II

      a Rafael Cippolini

Mi Italia no es la tuya
compañero o correligionario.
No.
Mi Italia es otra
en parte deseo
en parte sueño.

Mi Italia está hecha
de traducciones
de escolia y nota bene
a esas traducciones.

Es una Italia
en parte dialectal
en parte florentina,
en parte romana,
en parte bizantina.

Tiene diversas caras
y una sola faz,
es guerra y paz,
falta de medios para el pasaje
o de oportunidad histórica
para el exilio o el raje,
digo esto en argentino,
tal vez más cristalino
que mi italiano hablado
o leído.

No, mi Italia no es la tuya,
güelfo o gibelino
es de un argentino
para quien Italia
no es una patria
o geografía
sino una idea.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito

Ilustración: Paesaggio umbro, 1940, Carlo Carrà

martes, octubre 16, 2012

Elizabeth Bishop / Un milagro en el desayuno




Un milagro en el desayuno

A las seis de la mañana esperábamos el café,
esperábamos el café y la benévola migaja
que iban a servirnos desde cierto balcón
—como los reyes de antaño, o como un milagro—.
Todavía estaba oscuro. Un pie del sol
se asentaba sobre una larga onda del río.

El primer ferry del día acababa de cruzar el río.
Hacía tanto frío que esperábamos que el café
estuviera muy caliente, viendo que el sol
no iba a calentarnos; y que la migaja
fuera una hogaza para cada uno, enmantecada, por milagro.
A las siete un hombre salió al balcón.

Permaneció por un minuto solo en el balcón
mirando por sobre nuestras cabezas el río.
Un criado le entregó los ingredientes de un milagro,
consistentes en una solitaria taza de café
y un panecillo, que él convirtió en migajas,
con su cabeza, por así decirlo, en las nubes… junto con el sol.

¿El hombre estaba loco? ¡Qué pretendía hacer bajo el sol,
allá arriba, en ese balcón!
Cada hombre recibió una dura migaja,
que algunos arrojaron despectivamente al río,
y, en una taza, una gota de café.
Algunos nos quedamos allí, esperando el milagro.

Diré lo que vi a continuación; no era un milagro.
Una bella villa se erguía al sol
y de sus puertas salía aroma a humeante café
En la fachada, barroco, de yeso blanco, un balcón
añadido por los pájaros que anidan junto al río
—vi eso sin despegar los ojos de mi migaja—,

y galerías y recámaras de mármol. Mi migaja
era mi mansión, hecha para mí por milagro,
a lo largo de los siglos, por insectos, pájaros y el río
que talla la piedra. Cada día, al sol,
a la hora del desayuno me siento en mi balcón
con los pies en alto, y tomo litros de café.

Lamimos la migaja y tragamos el café.
Del otro lado del río, una ventana se encendió con el sol
como si el milagro se hubiera equivocado de balcón.

Elizabeth Bishop (Worcester, 1911—Boston, 1979), traducción de Mirta Rosenberg, "Conversos", El paisaje inerior, inédito

A Miracle for Breakfast

At six o’clock we were waiting for coffee.
waiting for coffee and the charitable crumb
that was going to be served from a certain balcony,
—like kings of old, or like a miracle.
It was still dark. One foot of the sun
steadied itself on a long ripple in the river.

The first ferry of the day had just crossed the river.
It was so cold we hoped that the coffee
would be very hot, seeing that the sun
was not going to warm us; and that the crumb
would be a loaf each, buttered, by a miracle.
At seven a man stepped out on the balcony.

He stood for a minute alone on the balcony
looking over our heads towards the river.
A servant handed him the making of a miracle,
consisting of one lone cup of coffee
and one roll, which he proceeded to crumb,
his head, so to speak, in the clouds —along with the sun.

Was the man crazy? What under the sun
was he trying to do, up there on his balcony!
Each man received one rather hard crumb,
which some flicked scornfully into the river.
and, in a cup, one drop of coffee.
Some of us stood around, waiting for the miracle.

I can tell what I saw next; it was not a miracle.
A beautiful villa stood in the sun
and from its door came the smell of hot coffee.
In front, a baroque white plaster balcony
added by birds, who nest along the river,
—I saw it with one eye close to the crumb—,

and galleries and marble chambers. My crumb
my mansion, made for me by a miracle,
through ages, by insects, birds and the river
working the stone. Every day, in the sun,
at breakfast time I sit on my balcony
With my feet up, and drink gallons of coffee.

We licked up the crumb and swallowed the coffee.
A window across the river caught the sun
as if the miracle were working on the wrong balcony.


Foto: Elizabeth Bishop en phillycom / The Philadelphia Inquirer

lunes, octubre 15, 2012

Juan Meneguín / Puentes de alma calada



Puentes de alma calada

Busco algunos puentes que ya no existen,
de piedra y de madera, puentes de fierro.
Grandes naves quietas en la espesura de los montes
mientras abajo corren las aguas frías.
Busco algunos caminos que los años perdieron en mapas amarillentos.
Caminos sepultados por las arenas y luego por los pastizales
a donde volverían cérvidos de altas cornamentas.
En sueños veo aquellos arenales
surcados por arroyos de aguas claras y verdes
y remolinos de peces en los remolinos.


: Verano 1971

Veo puentes de hierro ferrocarrilero sobre un monte en brumas.
Veo la noche en aquellos puentes atravesados por el claro de luna.
Veo un puente rojo que una tormenta de tarariras y sarandices
descalzó una noche y cayó finalmente
descabezando un camino que nadie usaba ya
porque era un camino sin cereales y sin camiones.
Los pilares hundidos en las arenas, los arbotantes
enterrados en una espesura de campanillas y enredaderas sin nombre.
Pero veo también un puente de madera, un puente hermosamente vacío
y colgado del cielo por obenques de repollitos de agua
y abajo y adentro un agua con sabor a cedrón y carqueja.
un agua de berros y culantrillos entre las piedras,
cuando de solera y capelina, una recién casada
sale del frío de lo verde y ríe con algodón mojado transparente
que copia la levitación de sus pechos,
y entre las vigas de quebracho de un puente de madera
alguna vez tuve doce años, y con un mediomundo
me sumergí en la sombra de un remolino
habitado por sabalitos y chanchitas, dientudos y mojarras,
ardiendo por culpa del verano y el sol de las primeras eróticas.


: Invierno 1941

Puentes de alma calada, rendidos ante una tormenta subfluvial,
una noche en que desaparecía un ejército de zapadores
bajo las olas turbias de las grandes crecientes,
ahogados soldaditos por el peso de los fusiles, mochilas, campamentos,
mientras arriba cruzaba el último carguero,
ciego entre relámpagos, hipoacúsico en el espanto,
como un redoble de tambores en doble fila sobre los rieles,
la síncopa de sus pistones empujando un cronómetro lejano.

¿Dónde quedan esas imágenes? ¿Quién
registró la lenta historia de aquellos puentes entrerrianos?
¿En qué oficinas con fantasmas siguen muriendo
reglas de cálculo y medidas inglesas
para aquellas ingenierías sin sistema métrico decimal
en cuyas crónicas de planos cruzaban los convoyes de áridos?
Sobre ondas de trigales, bajo el viento y la llovizna
pasaban las últimas locomotoras
y entraban a los puentes perdidos en tajamares y lagunas,
porque hubieron puentes sin doseles ni barandas
para que los cormoranes de agua dulce,
y desde un lento mirador de fierro con remaches,
escrutaran mejor el fondo de aguas verdes.


: Otoño 1983

Pero un puente blanco cruza sobre buques contenedores
y el río se detiene en camalotes.
Amanece y hay niebla allá abajo, y entre la niebla
viejas embarcaciones buscan una isla, y un amarradero.
El río es un viajero silencioso cuando se va en la niebla;
los sauces en la orilla son filigranas de niebla,
los sarandices en la orilla son las ramas y las hojas de la niebla
y hay culebras en los grandes embalsados,
hay una garza de ojos colorados que mira
y el río apenas marcha con sus barcos extranjeros
mientras un lento carguero, allá arriba,
cruza como levitando por un monte de olores de rocío.
Y es una fina escarcha de verdes traslúcidos la mañana.


: Primavera 2009

Tres motocicletas cruzan un puente blanco:
las máquinas quietas como en paradoja cuántica,
porque cuando hay un arroyo de aguas oscuras
siempre es un puente blanco lo que viaja, y cruza.

Juan Meneguín (Concordia, 1958), Cuando mi padre comía flores y otros poemas, Ediciones Río de los Pájaros, Concordia, Entre Ríos, 2012


Foto: Juan Meneguín en Autores de Concordia


domingo, octubre 14, 2012

Maria Luisa Vezzali / lengua roca


lengua roca

en las prisiones o en la cabeza
o bajo la arena gris de los desiertos
las palabras pueden morir
como los hombres
una vez arrancado
el tejido que las contiene
abierto el barranco que las precipita
entre los átomos que se estremecen al contacto
la materia harta se retrae y se hace añicos
como en una espece de lluvia de pedregullo
solo el modo (a plomo)
con la espuma del agua en las orejas
solo el peso (el estorbo)
la lengua roca
que se enrosca en la boca
succionando inarticuladas
denegaciones

solo la cosa sin flexión
las perífrasis que andan a tientas
entre los sonidos como lazos

    y nosotros fatiga y ruego *
    y el habla en la noche
    al otro lado del tajo del canal frío

como triangulando con las estrellas
y la casa muy encendida en el recuerdo
llena de pasos de invernáculo de espera
la articulación de horizonte sobre los labios
la tetera silba el canto entre los techos
el olor de la piel de la mano
que es como una tierra de arribo
al volver
   
     pero volver
     es difícl
     permanecer es difícil
     mi tiempo te lo doy
     la espalda el cuerpo te lo doy
     a cambio de un cucurucho
     pero no la cara la expresión de los ojos
     la boca

     si quieres disparar dispara al cielo
     nosotros no somos
     pájaros

 
* Este texto nace del impacto provocado por las entrevistas con trabajadores extra comunitarios, heridos durante los desordenes en la pequeña ciudad calabresa de Rosarno en enero de 2010. La última estrofa es una cita textual.

Maria Luisa Vezzali (Boloña, 1964), inédito
Versión de Jorge Aulicino

lingua sasso

dentro le gabbie o nella testa
o sotto la sabbia grigia dei deserti
le parole possono morire
come gli uomini
una volta strappato
il tessuto che le contiene
una volta strappato via
aperto il burrone che le fa cadere
tra gli atomi che rabbrividiscono al contatto
la materia nauseata si ritrae e frantuma
come una specie di pioggia di pietrisco
solo il modo (a piombo)
con la schiuma dell’acqua nelle orecchie
solo il peso (l’ingombro)
la lingua sasso
che si rotola in bocca
succhiando inarticolati
respingimenti

solo la cosa senza flessione
le perifrasi che brancolano tra
i suoni come lacci

e noi fatica e prega* 
e parla nella notte
di là dal taglio del canale freddo

come triangolando con le stelle
e la casa troppo accesa nel ricordo
piena di passi di serra d’attesa
lo snodo d’orizzonte sulle labbra
la teiera fischia il canto tra i tetti
l’odore della pelle della mano
che è come una terra d’approdo
all’indietro

ma tornare indietro
è difiscile
stare qui
difiscile
il mio tempo te lo do
la schiena il corpo te lo do
in cambio di un cartoccio
ma la faccia l’espressione degli occhi
la bocca 

se vuoi sparare spara in cielo
noi non siamo
uccelli

2010 (inedito)

* Questo testo nasce dall’impatto con le interviste dei lavoratori extracomunitari feriti durante i disordini avvenuti nella cittadina calabrese di Rosarno nel gennaio del 2010. L’ultima strofa è una citazione letterale.

Foto: Facebook

Sylvia Plath / Dos poemas




Espejo

Soy plateado y exacto, no tengo ideas preconcebidas,
Cuanto ves, me lo trago de inmediato,
Tal como es, sin sombra de amor o aversión.
No soy cruel sino sincero:
El ojo de un pequeño dios, cuadrangular.
Me paso la mayor parte del tiempo meditando en la pared opuesta.
Es rosada, con motas. La observo desde hace tanto
Que creo que forma parte de mi corazón. Pero parpadea.
Rostros y oscuridad nos separan una y otra vez.
Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
Buscando en mi extensión lo que es realmente.
Después se vuelve hacia esas mentirosas, las velas o la luna.
Veo su espalda, y la reflejo fielmente.
Ella me recompensa con lágrimas y un estremecimiento de manos.
Soy importante para ella. Viene y va.
Cada mañana es su rostro lo que reemplaza la oscuridad.
En mí ha ahogado a una muchacha, y en mí una anciana
Se eleva hacia ella día tras día, como un pez terrible.


Suceso

    ¡Cómo se solidifican los elementos!;
El claro de luna, ese risco gredoso
En cuya grieta yacemos

    Espalda contra espalda. Oigo un búho chillar
Desde su frío añil.
Insoportables vocales penetran en mi corazón.

    El niño en la cuna blanca se revuelve y suspira,
Ahora abre la boca, exigente.
Su pequeño rostro está tallado en madera roja, dolorida.

    Además, están las estrellas: inextirpables, firmes.
Un toque: quema y da asco.
No puedo ver tus ojos.

    Donde la manzana en flor enfría la noche
Camino trazando un círculo,
Un surco de viejas culpas, profundo y amargo.

    El amor no puede venir aquí.
Un negro hueco se revela.
En el labio opuesto

    Un alma pequeña y blanca hace señas, un gusano pequeño y blanco.
Mis miembros también me han abandonado.
¿Quién nos ha desmembrado?

    La oscuridad se disuelve. Nos tocamos como mutilados.

Sylvia Plath (Boston, 1932 - Londres, 1963), Crossing the Water, Faber and Faber, Londres, 1971
Versiones de Jonio González


Mirror

I am silver and exact. I have no preconceptions.
What ever you see I swallow immediately
Just as it is, unmisted by love or dislike.
I am not cruel, only truthful---
The eye of a little god, four-cornered.
Most of the time I meditate on the opposite wall.
It is pink, with speckles. I have looked at it so long
I think it is a part of my heart. But it flickers.
Faces and darkness separate us over and over.
Now I am a lake. A woman bends over me,
Searching my reaches for what she really is.
Then she turns to those liars, the candles or the moon.
I see her back, and reflect it faithfully.
She rewards me with tears and an agitation of hands.
I am important to her. She comes and goes.
Each morning it is her face that replaces the darkness.
In me she has drowned a young girl, and in me an old woman
Rises toward her day after day, like a terrible fish.


Event


    How the elements solidify!―
The moonlight, that chalk cliff
In whose rift we lie

    Back to back. I hear an awl cry
From its cold indigo.
Intolerable vowels enter my heart.

    The child in the white crib revolves and sighs,
Opens its mouth now, demanding.
His little face is carved in painted, red wood.

    Then there are the stars―ineradicable, hard.
One touch: it burns and sickens.
I cannot see your eyes.

    Where apple bloom ices the night
I walk in a ring,
A groove of old faults, deep and bitter.

    Love cannot come here.
A black gap discloses itself.
On the opposite lip

    A small white soul is waving, a small white maggot.
My limbs, also, have left me.
Who was dismembered us?

    The dark is melting. We touch like cripples.




Ilustración: Los patinadores, 1910, Marianne von Werefkin

sábado, octubre 13, 2012

Robert Lowell / Pielrroja




Pielrroja 

Desenvainada, inesperadamente te vuelves pielrroja,
salvo por dos antorchas blancas, frutos del verano,
faros de mujer que nos guían en la oscuridad
a amar el cuerpo, el único amor que es hombre.
Desvestidas, las mujeres lucen naturales, el hombre no,
equipado con su bate redentor y sus pelotas
—Renoir, paralizado, pintaba con el pene—.
Frases consecutivas sin final ni propósito…
La lluvia araña el tragaluz, mil uñas,
dedos helados, con mala circulación
goteando toda la noche desde el cielo a nuestra piel…
nuestro cuerpos enrojecidos bajo el vitral del amanecer…
Al despuntar la ira, cuando la tierra y el océano se funden,
¿quién quiere alzar su arma contra la ballena?

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York 1977), traducción de Mirta Rosenberg, "Conversos", El paisaje inerior, inédito

Redskin

Unsheathed, you unexpectedly go redskin,
except for two white torches, fruits of summer,
woman’s headlights to guide us through the dark
to love the body, the only love man is.
Women look natural stripped to flesh, not man
equipped with his redemptive bat and balls—
Renoir, paralyzed, painted with his penis. 
Endless, aimless consecutive sentences…
Rain claws the skylight, a thousand fingernails,
icy, poor circulating fingers
trickling all night from heaven to our skins…
our bodies sunburnt in the staining dawn…
At wrath-break, when earth and ocean merge,
who wants to hold his weapon to the whale?

Ilustración: Jawlensky and Werefkin, 1908-09, Gabriele Münter

viernes, octubre 12, 2012

Lorna Shaughnessy / Permiso




Permiso

Para Fiona

Sólo nos ha tomado cuatro horas
volver a encontrar nuestros pasos en el desierto,
la selva tropical y el pantano; tres continentes,
cuatro idiomas, nacimientos, casamiento y enfermedad,
hasta llegar a otra lengua.

A una historia puede tomarle
treinta y dos años ser oída: el lugar puede no ser correcto,
ni el momento, y hasta ahora ningún idioma
pareció apropiado para la tarea.

Te ha tomado todo este tiempo para contarme eso.

Eres la prueba viviente de un yo olvidado,
Tu presencia, el testigo que no tuve.
Mientras hablamos, recupero la fluidez
en un idioma que conocimos todo el tiempo, verme
a mí misma en tus recuerdos, y me parece
que me he quedado sin razones para no hablar.

Lorna Shaughnessy (Belfast), Witness Trees, Salmon Poetry, 2011
Traducción de Jorge Fondebrider

Permission
For Fiona
It has taken only tour hours/ to re-trace our steps across desert,/
rainforest and bog; three continents,/ four languages, births,
marriage and disease,/ until we come to another tongue.// It can take
thirty-two years/ for a story to be heard: the place may not be
right,/ nor te moment, and until now no language/ seemed up to the
task.// It has taken you this long to telmm me this.// You are living
proof of a forgotten self;/ your presence, the witness I lacked./ As
we talk, I recover fluency/ in a language we knew all along, eyeball/
myself in your memories, and find/ I’ve run out of reasons not to
speak.

Foto: Lorna Shaughnessy lee poemas de Witness Trees durante la presentación del libro en Galway. Junio 2011 / Salmon Poetry

jueves, octubre 11, 2012

Federico García Lorca / Preciosa y el aire




Preciosa y el aire

A Dámaso Alonso


Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

*    

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.

Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

*  

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.

¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

 *

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898-Granada, 1936) "Romancero gitano", 1924-1927, Antología, Losada, Buenos Aires, 1957

Ilustración: Rafael Alberti, Romancero gitano, Federico García Lorca, Editorial Filigrana, Madrid, 1977

miércoles, octubre 10, 2012

Joaquín Giannuzzi / De "Violín obligado", 2




Violín obligado


                              Obligado - Mús. Un obligado de tenor, trompa, violín, 
                              clarinete, etc., se entiende un pasaje destinado 
                              expresamente a tal voz o a tales instrumentos 
                              y que ninguno otro dice (Enciclopedia Espasa. V. 39). 



En tu cerebro harapiento entró Mozart:
una ética absoluta, fresco y antiguo.
Cuántas cosas desde el mundo lo ocupaban,
pesadas. Puertas, caminos,
y montañas de polvo que reclamaban
un orden para un significado.
Pero el violín circuló
y todas las desesperaciones lo seguían
en círculos, como perros que no alcanzan
el tema central, la intensidad secreta,
el solo de Mozart en su cielo obligado.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, 2004), Violín obligado, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1984


Ilustración: Violon et cruche, 1910, Georges Braque

martes, octubre 09, 2012

John Keats / Oh soledad, si debo vivir contigo




Oh soledad, si debo vivir contigo

Oh soledad, si debo vivir contigo que no sea
entre un montón enmarañado de edificios
sombríos; trepa conmigo la cuesta -mirador
de la naturaleza- desde donde el valle,

sus prados floridos y el flujo cristalino de su río
son un remanso; déjame guardar tus vigilias
entre el ramaje, donde el brinco veloz del ciervo
espanta a la abeja posada en la campanilla...

Con todo, aunque feliz descubra esas escenas
contigo, es el hablar dulce de una mente limpia,
cuya palabra es imagen de fino pensamiento,

el placer de mi alma; y casi seguro debe ser
la dicha más alta de los humanos, toda vez
que a tu morada vuelan dos espíritus afines.

John Keats (Londres, 1795-Roma, 1821), La poesía de la tierra, selección y traducción de Ana Bravo y Javier Adúriz, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2003


O solitude! if I must with thee dwell

O solitude! if I must with thee dwell,
let it not be among the jumbled heap
ff murky buildings; climb with me the steep,—
Nature’s observatory—whence the dell,

Its flowery slopes, its river’s crystal swell,       
may seem a span; let me thy vigils keep
’mongst boughs pavillion’d, where the deer’s swift leap
startles the wild bee from the fox-glove bell.

But though I’ll gladly trace these scenes with thee,
yet the sweet converse of an innocent mind,        
whose words are images of thoughts refin’d,

is my soul’s pleasure; and it sure must be
almost the highest bliss of human-kind,
when to thy haunts two kindred spirits flee.

Ilustración: Los almendros en flor, 1905, Darío de Regoyos

lunes, octubre 08, 2012

Cesare Pavese / Los mares del sur






Los mares del sur

Caminamos una tarde sobre la ladera de una colina,
en silencio. En la sombra del tardo crepúsculo
mi primo es un gigante vestido de blanco,
que se mueve tranquilo, el rostro bronceado,
taciturno. Callar es nuestra virtud.
Algún antepasado nuestro debe de haber estado muy solo,
un gran hombre entre idiotas o un pobre loco,
para enseñar a los suyos tanto silencio.

Mi primo habló esta tarde. Me pidió
que subiera con él: desde la cumbre se divisa
en las noches serenas el reflejo del faro,
lejano, de Turín. "Tú que vives en Turín
-me dijo-... pero tienes razón, la vida se vive
lejos de la tierra: se progresa y se goza;
luego, cuando se regresa, como yo, a los cuarenta,
se encuentra todo nuevo. Las Langas no se pierden".
Todo esto me dijo y no habla italiano
sino el lento dialecto que, como estas mismas piedras,
es tan áspero que veinte años de idiomas y de océanos diversos
no consiguieron pulirlo. Y camina por la cuesta
con la mirada ensimismada que vi, de chico,
en los campesinos un poco cansados.

Veinte años ha estado viajando por el mundo,
Se fue cuando yo era un nene en brazos de mujeres
y lo dieron por muerto. Sentí después hablar de él
a las mujeres, a veces, como en una fábula,
pero los hombres, más graves, lo olvidaron.
Un invierno, a mi padre, ya muerto, le llegó una postal
con una gran estampilla verdosa de naves en un puerto
y augurios de buena vendimia. Fue un gran estupor,
pero el muchacho, crecido, explicó ávidamente
que el billete venía de una isla llamada Tasmania
circundada de un mar muy azul, feroz de tiburones,
en el Pacífico, al sur de la Australia, y añadió
que, seguro, el primo pescaba perlas. Y guardó la estampilla.
Todos dieron su opinión, pero todos concluyeron
que si no había muerto, moriría.

Desde que jugué a los piratas malayos, ¡cuánto tiempo ha pasado!,
y desde la última vez que bajé a bañarme a un sitio mortal
y he seguido a un compañero de juegos sobre un árbol
quebrando hermosas ramas y le rompí la cabeza a un rival
y también me la dieron, cuánta vida transcurrió.
Otros días, otros juegos, otros sacudones de sangre
delante de rivales más evasivos: los pensamientos y los sueños.
La ciudad me ha enseñado infinitas pavuras,
una muchedumbre, una calle, me han hecho temblar;
un pensamiento, a veces, espiado sobre un rostro.
Todavía siento en los ojos esa luz burlona
de millares de faroles sobre el ruido de pasos.

Mi primo regresó terminada la guerra,
gigantesco como pocos. Y tenía dinero.
La parentela decía por lo bajo: "En un año,
por decir mucho, se lo comió todo y vuelve a vagar.
Así terminan los desesperados".
Mi primo tiene una cara rotunda. Compró un lote
en el pueblo y se hizo construir un garaje de cemento
con un flamante surtidor de nafta en el frente
y sobre la curva del puente, bien grande, un cartel metálico.
Después puso un mecánico adentro a cobrar el dinero
y él se dedicó a recorrer las Langas, fumando.
Se había casado. Tomó una chica rubia y delicada
como las extranjeras que seguramente conoció en el mundo.
Pero sale todavía solo, vestido de blanco,
con las manos atrás y el rostro bronceado;
por la mañana recorría las ferias, con aire cazurro,
negociando caballos. Después me explicó,
cuando fracasó el proyecto, que su plan
era quitarle al valle todas las bestias
y obligar a la gente a comprarle motores.
"Pero la bestia más grande de todas", decía,
"fui yo al pensarlo. Debí saber
que bueyes y personas son aquí la misma raza."

Caminamos más de media hora. La cima está cerca,
aumentan alrededor el susurro y el silbido del viento.
Mi primo se para de golpe y se da vuelta: "Este año
escribo en el cartel: Santo Stefano ha sido siempre
el primero en los festejos del valle del Belbo.
Y que chillen los de Canelli". Después, sigue la subida.
Un perfume de tierra y viento nos envuelve en lo oscuro.
algunas luces en la distancia, casitas, automóviles
que se oyen apenas. Y yo pienso en la fuerza
que me ha devuelto a este hombre, arrancándolo del mar,
de las tierras lejanas, del silencio que dura.
Mi primo no habla de los viajes que hizo; dice, seco,
que ha estado en este lugar, aquel otro,
y piensa en los motores.

Sólo un sueño le ha quedado en la sangre.
Se cruzó una vez, viajando como maquinista
de un pesquero holandés, con el cetáceo,
y ha visto volar los pesados arpones en el sol,
vio huir las ballenas entre espumarajos de sangre
y la persecución, y las colas alzadas y la lucha en la lanza.
Me lo recuerda a veces.

Pero cuando le digo que es de los elegidos que vieron la aurora
sobre las islas más bellas de la tierra,
sonríe al recordarlo y responde que el sol
se levantaba cuando el día era viejo para ellos.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino


I mari del Sud

Camminiamo una sera sul fianco di un colle,
in silenzio. Nell'ombra del tardo crepuscolo
mio cugino è un gigante vestito di bianco,
che si muove pacato, abbronzato nel volto,
taciturno. Tacere è la nostra virtù.
Qualche nostro antenato dev'essere stato ben solo
- un grand'uomo tra idioti o un povero folle -
per insegnare ai suoi tanto silenzio.

Mio cugino ha parlato stasera. Mi ha chiesto
se salivo con lui: dalla vetta si scorge
nelle notti serene il riflesso del faro
lontano, di Torino. "Tu che abiti a Torino... "
mi ha detto "...ma hai ragione. La vita va vissuta
lontano dal paese: si profitta e si gode
e poi, quando si torna, come me a quarant'anni,
si trova tutto nuovo. Le Langhe non si perdono".
Tutto questo mi ha detto e non parla italiano,
ma adopera lento il dialetto, che, come le pietre
di questo stesso colle, è scabro tanto
che vent'anni di idiomi e di oceani diversi
non gliel'hanno scalfito. E cammina per l'erta
con lo sguardo raccolto che ho visto, bambino,
usare ai contadini un poco stanchi.

Vent'anni è stato in giro per ii mondo.
Se n' andò ch'io ero ancora un bambino portato da donne
e lo dissero morto. Sentii poi parlarne
da donne, come in favola, talvolta;
uomini, più gravi, lo scordarono.
Un inverno a mio padre già morto arrivò un cartoncino
con un gran francobollo verdastro di navi in un porto
e auguri di buona vendemmia. Fu un grande stupore,
ma il bambino cresciuto spiegò avidamente
che il biglietto veniva da un'isola detta Tasmania
circondata da un mare più azzurro, feroce di squali,
nel Pacifico, a sud dell'Australia. E aggiunse che certo
il cugino pescava le perle. E staccò il francobollo.
Tutti diedero un loro parere, ma tutti conclusero
che, se non era morto, morirebbe.
Poi scordarono tutti e passò molto tempo.

Oh da quando ho giocato ai pirati malesi,
quanto tempo è trascorso. E dall'ultima volta
che son sceso a bagnarmi in un punto mortale
e ho inseguito un compagno di giochi su un albero
spaccandone i bei rami e ho rotta la testa
a un rivale e son stato picchiato,
quanta vita è trascorsa. Altri giorni, altri giochi,
altri squassi del sangue dinanzi a rivali
più elusivi: i pensieri ed i sogni.
La città mi ha insegnato infinite paure:
una folla, una strada mi han fatto tremare,
un pensiero talvolta, spiato su un viso.
Sento ancora negli occhi la luce beffarda
dei lampioni a migliaia sul gran scalpiccìo.

Mio cugino è tornato, finita la guerra,
gigantesco, tra i pochi. E aveva denaro.
I parenti dicevano piano: "Fra un anno, a dir molto,
se li è mangiati tutti e torna in giro.
I disperati muoiono cosi ".
Mio cugino ha una faccia recisa. Comprò un pianterreno
nel paese e ci fece riuscire un garage di cemento
con dinanzi fiammante la pila per dar la benzina
e sul ponte ben grossa alla curva una targa-rèclame.
Poi ci mise un meccanico dentro a ricevere i soldi
e lui girò tutte le Langhe fumando.
S'era intanto sposato, in paese. Pigliò una ragazza
esile e bionda come le straniere
che aveva certo un giorno incontrato nel mondo.
Ma usci ancora da solo. Vestito di bianco,
con le mani alla schiena e il volto abbronzato,
al mattino batteva le fiere e con aria sorniona
contrattava i cavalli. Spieghò poi a me,
quando fallì il disegno, che il suo piano
era stato di togliere tutte le bestie alla valle
e obbligare la gente a comprargli i motori.
"Ma la bestia" diceva "più grossa di tutte,
sono stato io a pensarlo. Dovevo sapere
che qui buoi e persone son tutta una razza".

Camminiamo da più di mezz'ora. La vetta è vicina,
sempre aumenta d'intomno il frusciare e i fischiare del vento.
Mio cugino si ferma d'un tratto e si volge: "Quest'anno
scrivo sul manifesto: - Santo Stefano
è sempre stato il primo nelle feste
della valle del Belbo - e che la dicano
quei di Canelli ". Poi riprende l'erta.
Un profumo di terra e di vento ci avvolge nel buio,
qualche lume in distanza: cascine, automobili
che si sentono appena; e io penso alla forza
che mi ha reso quest'uomo, strappandolo al mare,
alle terre lontane, al silenzio che dura.
Mio cugino non parla dei viaggi compiuti .
Dice asciutto che è stato in quel luogo e in quell'altro
e pensa ai suoi motori.

Solo un sogno
gli è rimasto nel sangue: ha incrociato una volta,
da fuochista su un legno olandese da pesca, il cetaceo,
e ha veduto volare i ramponi pesanti nel sole,
ha veduto fuggire balene tra schiume di sangue
e inseguirle e innalzarsi le code e lottare alla lancia.
Me ne accenna talvolta.

Ma quando gli dico
ch'egli è tra i fortunati che han visto l'aurora
sulle isole più belle della terra,
al ricordo sorride e risponde che il sole
si levava che il giorno era vecchio per loro.

Ilustración: Thonier en mer, 1907, Maxime Maufra

domingo, octubre 07, 2012

Umberto Saba / Mediodía de invierno




Mediodía de invierno

En ese momento, en que ya era feliz
(Dios me perdone la palabra grande
y tremenda), ¿quién convirtió casi en llanto
mi breve dicha? Dirán ustedes: "Cierta
bella criatura que por allí pasaba
y te sonrió". Fue un globito, en cambio,
un globito azul oscuro errante
en el azul del aire, y el nativo cielo
nunca igual como en el claro y frío
mediodía de invierno refulgente.
Cielo con alguna nubecita blanca
y los vidrios de las casas encendidos por el sol
y el humo tenue de una chimenea o dos,
y sobre todas las cosas, las divinas
cosas, aquel globo de la mano incauta
de un chico escapado (él lloraba,
claro, en medio de la gente su dolor,
su gran dolor), entre el Palacio
de la Bolsa y el Café donde sentado
más allá de los vidrios admiraba yo con ojos
brillantes ora subir ora bajar su bien.

Umberto Saba (Trieste, 1883-Gorizia, 1957), "Cose leggere e vaganti", 1920, Il canzoniere, Einaudi, Turín, 2004
Versión de Jorge Aulicino

Mezzogiorno d'inverno

In quel momento ch'ero già felice
(Dio mi perdoni la parola grande
e tremenda) chi quasi al pianto spinse
mia breve gioia? Voi direte: "Certa
bella creatura che di là passava,
e ti sorrise". Un palloncino invece,
un turchino vagante palloncino
nell'azzurro dell'aria, ed il nativo
cielo non mai come nel chiaro e freddo
mezzogiorno d'inverno risplendente.
Cielo con qualche nuvoletta bianca,
e i vetri delle case al sol fiammanti,
e il fumo tenue d'uno due camini,
e su tutte le cose, le divine
cose, quel globo dalla mano incauta
d'un fanciullo sfuggito (egli piangeva
certo in mezzo alla folla il suo dolore,
il suo grande dolore) tra il Palazzo
della Borsa e il Caffè dove seduto
oltre i vetri ammiravo io con lucenti
occhi or salire or scendere il suo bene.



Ilustración: Blaue Nacht, 1937, Paul Klee

viernes, octubre 05, 2012

Tony Hoagland / Adán y Eva





Adán y Eva

Quise pegarle en la boca y esa es la verdad.

Después de todo, habíamos pasado de la estación de las miradas furtivas
a la estación de las bocas hambrientas,
de la orilla de las polleras y los jeans desteñidos
al océano de la piel en libertad,
de la cumbre peligrosa de los escalones del departamento
al valle santificado de la cama −

la vela oscilaba en la cómoda, la pequeña espada amarilla
soltaba su aroma a humo y cera,
y yo podía oler el deseo de ella
como una nube húmeda sobre el campo,

cuando en el momento crucial, en el momento fundamental,
en el momento de atención firmes,

agitó su mano blanquísima
delante de la entrada a su cuerpo y dijo No,

y mi cerebro estalló en llamas.

Si no pude hundirme en ella como una lanza oscura
o disolverme en ella como un coágulo tirado al río,

¿puedo llegar hasta el final y decir
que quise pegarle en la cara?
¿Me dan permiso de decir eso, que quería pegarle en la cara blanda?

¿O decir esto es otra instancia de la rapacidad,
otra manera de hacer lo que quería hacer entonces,
al decirlo?

¿Acaso un hombre es solamente un animal, y acaso una mujer no es un animal?
¿Es el nombre del animal poder?
¿Es verdad que el hombre quiere ver a la mujer
herida por su propio placer

y la mujer quiere ver en la cara del hombre la expresión
de alguien que cae desde una gran altura,
que la mujer se emociona con el poder de su debilidad
y el hombre se asombra con la debilidad de su poder?

¿Es la cacería sexual una caza en la que el animal interno
arrastra al humano
a una jungla hecha de vocales,
una maleza de pelos y sudor,

o es esta una idea obsoleta
alojada como un fósil
en el cerebro del mono
que vive dentro del hombre?

¿Puede el fósil ser removido quirúrgicamente
o disuelto, o rediseñado
para que el hombre pueda ser humano como la mujer?

¿Es que la mujer ve al hombre como una casa
donde vivir a salvo,
y es que el hombre ve a la mujer como a una puerta
a través de donde escaparse
de la odiosa prisión de sí mismo,

y si la puerta está cerrada,
es que él odia a la puerta entonces?
¿Es que aprende a odiar todas las puertas?

He visto a la lluvia volverse nieve y otra vez volverse lluvia,
y he visto al amor volverse sexo
y otra vez volverse amor,
y nadie se cubrió la cara de vergüenza,
y nadie se levantó para adentrarse en las fauces solitarias de la noche.

¿Pero adónde, de hecho, se podría haber ido?
¿Es acaso mejor que algunas cosas queden sin decir?
¿Debería decirles el nombre de ella?
¿Puedo decir otra vez,
que quise pegarle en la cara?

Hasta que digamos la verdad, no puede haber ternura.
Mientras haya deseo, no estaremos a salvo.

Tony Hoagland (Fort Bragg, Carolina del Norte, 1953), Donkey Gospel, Graywolf Press, Minneapolis, 1998
Traducción de Inés Garland

Adam and Eve

I wanted to punch her right in the mouth and that’s the truth.

After all, we had gotten from the station of the flickering glances
to the station of the hungry mouths,
from the shoreline of skirts and faded jeans
to the ocean of unencumbered skin,
from the perilous mountaintop of the apartment steps
to the sanctified valley of the bed −

the candle fluttering upon the dresser top, its little yellow blade
sending up its whiff of waxy smoke,
and I could smell her readiness
like a dank cloud above a field,

when at the crucial moment, the all-important moment,
the moment standing at attention,

she held her milk white hand agitatedly
over the entrance to her body and said No,

and my brain burst to flame.

If I couldn’t sink myself in her like a dark spur
or dissolve into her like a clod thrown in a river,

can I go all the way in the saying, and say
I wanted to punch her right in the face?
Am I allowed to say that,
that I wanted to punch her right in her soft face?

Or is the saying just another instance of rapaciousness,
just another way of doing what I wanted then,
by saying it?

Is a man just an animal, and is a woman not an animal?
Is the name of the animal power?
Is it true that the man wishes to see the woman
hurt with her own pleasure

and the woman wants to see the expression on the man’s face 
of someone falling from great height,
that the woman thrills with the power of her weakness
and the man is astonished by the weakness of his power?

Is the sexual chase a hunt where the animal inside 
drags the human down
into a jungle made of vowels,
hormonal undergrowth of sweat and hair,

or is this an obsolete idea
lodged like a fossil
in the brain of the ape
who lives inside the man?

Can the fossil be surgically removed
or dissolved, or redesigned
so the man can be a human being, like a woman?

Does the woman see the man as a house
where she might live in safety,
and does the man see the woman as a door
through which he might escape
the hated prison of himself,

and when the door is locked,
does he hate the door instead?
Does he learn to hate all doors?

I’ve seen rain turn into snow then back to rain,
and I’ve seen making love turn into fucking
then back to making love,
and no one covered up their faces out of shame,
no one rose and walked into the lonely maw of night.

But where was there, in fact, to go?
Are some things better left unsaid?
Shall I tell you her name?
Can I say it again,
that I wanted to punch her right in the face?

Until we say the truth, there can be no tenderness.
As long as there is desire, we will not be safe.


Foto: Tony Hoagland en High Volumes