jueves, mayo 31, 2012

Paolo Conte / Naufragio en Milán




Naufragio en Milán

Integración, palabra amarga,
ubicación... en medio del cemento,
horario fijo y barullo en la cabeza.
Este es un pueblo contable, razonable... *
Hombres, mujeres, niños,
todos razonan a toda hora.

Pero cómo puedo razonar,
cómo puedo razonar...
Si razono me vienen ganas de llorar cien mil lágrimas...
Debo olvidar el sol, el mar y el agua clara,
debo olvidar la hierba y la voz antigua del silencio
en el callejón, y la caccavella y el putipú **. Pero cómo puedo razonar...

Ah este naufragio en Milán, sin barca, incluso sin mar...

Y tú dices: esta noche nos vamos, ¿y adónde?
Avenidas desconocidas, figuras ignotas, lámparas de neón, querida Carmela,
volvamos a la cucha, esto no me gusta.

Y a callar sin razonar... Pero cómo puedo razonar...
Si razono los ojos lloran cien mil lágrimas...
No nos queda más que el amor, este desesperado eterno amor,
se apagan las luces, el catre chirría en la madrugada fría...
Todos nuestros males van a pasar... Pero cómo puedo razonar...

Este naufragio en Milán
tiene un nombre: Inmigración.
Inmigración significa terrone, ***
y terrone quiere decir hambre,
quiere decir cansancio, quiere decir hijos,
quiere decir pueblo borrado, quiere decir nostalgia.

Cómo puedo razonar, cómo puedo razonar...

(Paolo Conte, Asti, Piamonte, 1937), Paolo Conte, 1975, RCA, Italia
Versión de Jorge Aulicino

* a mi entender, hay un juego con el término, napolitano en este caso, raggiuniere: contable -en italiano oficial ragioniere-, que permite luego desarrollar el leit motiv "cómo puedo razonar" (raggiunà)
** caccavella y putipú: instrumentos napolitanos de música popular, muy parecidos, consistentes en agregar a un tamboril una lengua de madera o una caña que atraviesa el parche y bate internamente
*** terrone: italiano del sur

En youtube, un mensaje anota: "El napolitano de Conte no tiene pretensiones filológicas, y por otra parte el partenopeo (napolitano) es complejísimo y ni siquiera todos los autóctonos lo hablan bien. ¡En uno de Asti (ciudad de origen de Conte) se perdona!" (Il napoletano di Conte è senza pretese filologiche, d'altronde il partenopeo è complessissimo... e neanche tutti gli autoctoni lo parlano bene. Un astigiano si perdona!)

La canción, aquí

Naufragio a Milano

Integrazione, parola amara
collacamento... miezz'o'ciemento,
orario fisso e frastuono dint'a capa
Chist'è o'paese e'rraggiuniere,
uommene, fimmene, creature
tutti raggiunano a tutte quante l'ore.

Io comme puozzo raggiunà
e comme puozzo raggiunà,
si raggiuno l'uocchie chiagne fora milleciento lagreme
i m'aggi'a scurdà o'sole, i m'aggi'a scurdà o' mare e l'acque chiare
i m'aggi'a scurdà l'erba e a'voce antica d'o'silenzio
miezz'o'vico e a'caccavella e o'putipù - E come puozzo raggiunà.

Ah, stu naufragio dint'a Melano senza na varca e pure senza o'mare...
e tu me dici «stasera usciamo» e dove?
Vie scanisciute e figure ignote, lampade al neon - Carmela cara,
torniamo a cuccia, oiné, ca nun è cosa -

E zitti senza raggiunà, e commo puozzo raggiunà,
si raggiuono l'uocchie chiagne fora milleciento lagreme,
nun ce resta che l'ammore, nu disperato, antico, eterno ammore,
se smorza a'luce a'branda cigolando int'a nuttata fridda,
tutti i mali nosti fa passà... - E comme puozzo raggiunà ...

E stu naufragio dint'a Melano
se chiamma un nome: Immigrazione,
immigrazione signiffica terrone -
E poi terrone vuol dire fame,
vuol dire suonno vuol dire figli,
vuol dire paese volato via, vuole dire nustalgia.

Eh, comme puozzo raggionà, e comme puozzo raggiunà...

Ilustración: Portada de Paolo Conte, 1975

Marcelo Daniel Díaz / La mañana




La mañana

Le gané por cansancio a la felicidad,
horas y horas practicando el ejercicio del abandono
como quien se deshace de una piedra
que carga a sus espaldas.
El azar quiso que me encontrara en esta pieza,
es mentira que la escritura nos salva.
Mi infancia fue un país amargo y sin sol,
señal de que soy un desconocido,
una forma incompleta
alrededor de una experiencia imposible.


Marcelo Daniel Díaz  (Villa Mercedes, San Luis, 1981, vive en Río Cuarto), Newton y yo, Editorial Nudista, Cosquín, 2011

Foto: Marcelo Daniel Díaz, en Editorial Nudista

miércoles, mayo 30, 2012

René Char / ¡Hiciste bien en irte Arthur Rimbaud!...




¡Hiciste bien en irte Arthur Rimbaud!...

¡Hiciste bien en irte Arthur Rimbaud! Tus dieciocho años refractarios
a la amistad, a la malevolencia, a la zoncera de los poetas de París y
al ronroneo de abeja estéril de tu familia ardenense un poco loca:
hiciste bien en dispersarlos al viento de los confines, en arrojarlos
al cuchillo de su precoz guillotina. Tuviste razón al abandonar el
bulevar de los perezosos, las fondas de los mea-liras, a cambio del
infierno de las bestias, del comercio de los astutos y del saludo de
los simples.
¡Ese impulso absurdo del cuerpo y del alma, esa bala de cañón que
alcanza su blanco haciéndolo estallar, sí, es eso la vida de un
hombre! No se puede, al salir de la infancia, indefinidamente
estrangular al prójimo. Aunque los volcanes poco cambien de lugar, su
lava recorre el gran vacío del mundo y le lleva virtudes que cantan en
sus heridas.
¡Hiciste bien en irte Arthur Rimbaud! Somos unos pocos en creer sin
pruebas que la felicidad es posible junto a vos.

René Char (L'Isle-sur-Sorgue, Vaucluse, 1907-París, 1988), La fontaine narrative, 1947
Versión de Magdalena Cámpora

Tu as bien fait de partir Arthur Rimbaud! Tes dix-huit ans
réfractaires à l’amitié, à la malveillance, à la sottise des poètes de
Paris ainsi qu’au ronronnement d’abeille stérile de ta famille
ardennaise un peu folle, tu as bien fait de les éparpiller aux vents
du large, de les jeter sous le couteau de leur précoce guillotine. Tu
as eu raison d’abandonner le boulevard des paresseux, les estaminets
des pisse-lyres, pour l’enfer des bêtes, pour le commerce des rusés et
le bonjour des simples.
Cet élan absurde du corps et de l’âme, ce boulet de canon qui atteint
sa cible en la faisant éclater, oui, c’est bien là la vie d’un homme !
On ne peut pas, au sortir de l’enfance, indéfiniment étrangler son
prochain. Si les volcans changent peu de place, leur lave parcourt le
grand vide du monde et lui apporte des vertus qui chantent dans ses
plaies.
Tu as bien fait de partir, Arthur Rimbaud ! Nous sommes quelques-uns à
croire sans preuve le bonheur possible avec toi.

Foto: René Char en New Directions

Wallace Stevens / Dos poemas







De la superficie de las cosas

I

En mi habitación, el mundo está más allá de mi entendimiento;
Pero cuando camino veo que consiste en tres o cuatro colinas y una nube.

II

Desde mi balcón, examino el aire amarillo.
Leyendo donde he escrito,
“La primavera es como una beldad desvistiéndose.”

III

El árbol dorado es azul.
El cantante se ha echado la capa sobre la cabeza,
La luna está en los pliegues de la capa.

Teoría

Soy lo que me rodea.

Las mujeres entienden esto.
No se es una duquesa
A cien yardas de un carruaje.

Estos, entonces, son retratos:
Un vestíbulo negro:
Una cama alta protegida por cortinas .

Se trata de meros ejemplos.

Tatuaje

La luz es como una araña.
Se arrastra sobre el agua.
Se arrastra sobre los bordes de la nieve.
Se arrastra bajo tus párpados
Y despliega allí sus telas;
Sus dos telas.

Las telarañas de tus ojos
Se sujetan a tu carne y tus huesos
Como a vigas o a hierba.

Hay filamentos de tus ojos
En la superficie del agua
Y en los bordes de la nieve.

Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania, 1879-Hartford, Connecticut, 1955), Harmonium (1923), Faber and Faber, Londres, 2001
Versiones de Jonio González


Of the surface of things

I

In my room, the world is beyond my understanding;
But when I walk I see that it consists of three or four hills and a cloud.

II

From my balcony, I survey the yelloy air,
Reading where I have written,
“The spring is like a belle undressing.”

III

The old tree is blue.
The singer has pulled his cloak over his head.
The moon is in the folds of the cloak.

*
Theory

I am what is around me.

Women understand this.
One is not duchess
A hundred yards from a carriage.

These, then are portraits:
A black vestibule;
A hight bed sheltered by curtains.

These are merely instances.

*
Tattoo

The light is like a spider.
It crawls over the water.
It crawls over the edges of the snow.
It crawls under your eyelids
And spreads its webs there-
Its two webs.

The webs of your eyes
Are fastened
To the flesh and bones of you
As to rafters or grass.

There are filaments of your eyes
On the surface of the water
And the edges of the snow.


Ilustración: Early Sunday Morning, 1930, Edward Hopper

martes, mayo 29, 2012

Franco Buffoni / Guerra, La antinomia del mentiroso




Guerra

Si comen carne
Las tortuguitas
Se vuelven malas
Se hacen carnívoras,
Verás que se disparan
Desde el fondo del jardín
Si la pones allí,
Sobre la baldosa, en vez de la
Rodajita de banana
De la lechuguita...


La antinomia del mentiroso

El hijo de Macalister tomó un pez, le cortó un cuadradito de carne del costado para 
hacerle un cebo a su amo. Luego tiró el cuerpo mutilado, todavía vivo, al mar.
 (V. Woolf, Al faro)

Todavía vivo el cuerpo mutilado en el mar
Abandonado sin indicaciones
Sin filologías
Como inyecciones de médicos de Aquisgrán
En los ojos de un chico vivo
Para prueba de arianidad;
Como un grano que entra por la fisura
En la carne para producir
Después de milenios la perla
Del llanto secreto;
Como la jaula con el cebo
Bajada al lavadero
Para asfixiar sin ensuciar
Al animal que roba el grano;
Como aquellos dientes unidos
Y aquellas uñas iguales
Rendidas a la ideología
Sobre bancas de mármol;
Como la víbora de Zacarías
Enroscada en la vara
Inmersa a la fuerza en la botella
De alcohol puro;
Como las quemaduras de cigarrillo
Y las fracturas ocasionales
Restituidas por medio de enmienda
A la historia verdadera en seis años
Antinomia del mentiroso
Que dice no vale la pena
Que dice vale la pena.

Franco Buffoni (Gallarate, 1948), Poesie 1975-2012, Mondadori, 2012
En Poesia, di Luigia Sorrentino, RaiNews
Versiones de Jorge Aulicino


Guerra

Se mangiano carne
Le tartarughine
Diventano cattive
Diventano carnivore,
Le vedi che scattano
Dal fondo del giardino
Se gliela metti lì
Sulla piastrella invece della
Fettina di banana
Della lattughina…


L’antinomia del mentitore

Il figlio di Macalister prese un pesce, gli tagliò un quadratino di polpa dal fianco
per farne esca al suo amo. Poi buttò il corpo mutilato, ancora vivo, nel mare”.
                                                      (V. Woolf, Al faro)

Ancora vivo il corpo mutilato nel mare
Lasciato senza ingiunzioni
Senza filologie
Come iniezioni di medici di Aquisgrana
Negli occhi di un bimbo vivo
Per prova di arianità;
Come un granello per la fessura
Nella carne a produrre
Dopo millenni la perla
Di pianto secreto;
Come la gabbia con l’esca
Calata nel lavatoio
Per affogare senza sporcare
L’animale che ruba il grano;
Come quei denti uniti
E quelle unghie uguali
Resi all’ideologia
Sui banchi di marmo;
Come la vipera di Zaccaria
Attorcigliata al bastoncino
Immersa a forza nella bottiglia
Dell’alcool puro;
Come le ustioni da sigaretta
E le fratture occasionali
Rese per mezzo di correzione
Dentro la storia vera a sei anni
Antinomia del mentitore
Che dice non vale la pena
Che dice che vale la pena.



Foto: Buffoni en Poesia, di Luigia Sorrentino, RaiNews



Antonella Anedda / Cabezas cortadas




30.

    (Es el mismo autor *). ¿De quién son estos ojos, de quién estas cabezas cortadas?
    Un terror detallado.  Mete la mirada en las imágenes como meterías la mano en un pellejo descosido.

    Hormiguea, pero es una boca abierta de par en par.
    Parece temblar, pero no puede, está muerta.

    Anticipa una bolsa de Burri y el trapo con el que un enfermero de la ambulancia ayer ha taponado la sangre de un hombre en un accidente.


* Amaba tanto los detalles que pintó un cuadro hecho solo de particularidades, un grumo de puños, una nada.


[En otra página] Soluciones, 30: Théodore Géricault, Cabezas cortadas, 1818.

Antonella Anedda (Roma, 1958), "Ritagliare", La vita dei detagli, Donzelli Editore, Roma, 2009
Versión de Jorge Aulicino

Nota: El Burri aludido es seguramente el pintor Alberto Burri (Città di Castello, 1915-Niza, 1995), que utilizó a partir de 1950 las técnicas de collage, ensamblaje e incorporación de materiales diversos a las telas, desde chapas y alquitrán hasta bolsas de arpillera y pedazos de papel quemado.

Ilustración: Detalle de Cabezas cortadas, o Cabezas de ajusticiados, de Géricault, más o menos como se reproduce en el libro de Anedda.

30.

    (È lo stesso autore *). Di chi sono questi occhi, de chi queste teste mozzate?
    Un terrore dettagliato. Infila lo sguardo nell'immagine come infileresti la mano in una pelliccia scucita.

    Brulica ma è una bocca spalancata.
    Sembra tremare ma non può, è morta.

    Anticipa un sacco di Burri e il panno con cui un infermiere dell'ambulanza ieri ha tamponato il sangue di un uomo in un incidente. 



* Amava tanto i dettagli che dipinse un quadro fatto di soli particolare, un grumo di pugni, un niente

[En otra página] Soluzioni, 30: Théodore Géricault, Teste mozzate, 1818.

lunes, mayo 28, 2012

Juan José Saer / Tres borradores inéditos




Hai-ku

El otoño es de oro y fuego
y un viento limpio viene del sur.
No hay sin embargo para mí
una estación propicia

Hai-ku

El olor de las flores húmedas
carga de luz azul el viento de marzo.
La belleza es la sombra de algo entrevisto y desconocido.

Cuaderno 'Avon': cuentos y varios (1964-1965)


El gusto por narrar

Subió hasta mí, por mis párpados,
el sagrado rumor, y la entrañable
presencia relumbró nítida; amplio exterminio
hizo fuego sobre mi piel única, y ahora
en lenta locura tiendo a diagramar un llameante
destello. El gusto por narrar,
reducir parrales y ríos a largas voces mudas,
me ha promovido, oh lector, y lucho
contra él, cada noche. Nunca, haciendo
de mí la transparencia más ardiente,
el mundo combatió tanto la pasión inclinada
a soportar su extraño aliento. ¡Que amanezcan *
el verbo, su material, en mi noche negra, y el fogonazo
perdure como una mañana única, perfecta!

Pero nuestros trabajos, también las llamas,
los ordena el infierno.

                                               1967

* palabra de lectura dudosa en el manuscrito

Cuaderno 'Fragata': poemas, ensayos, traducciones (1967-1984)

Juan José Saer (Serodino, 1937-París, 2005), Papeles de trabajo. Borradores inéditos, Seix Barral, Buenos Aires, 2012

Ilustración: Autunno al mare (detalle), 1927, Carlo Carrà

domingo, mayo 27, 2012

Paolo Conte / Un viejo error




Un viejo error

Un viejo error quiere seguirme
y encadenarme y arrastrarme delante
de cada espejo para decirme: mírate.
Yo no me miro, la vista giro...
Sé de memoria toda esta historia
y da lo mismo que sea o no sea...
Lo prueba el espejo al engullir
en la apariencia
el orgullo -es lo que quiero-
de mi ausencia.

Vea, he pagado ya mi precio de verdad...
Un viejo error pagado caro... Un gesto avaro...
Tenía duro el corazón... Era más amargo,
era más joven.

Nada de excusas, explica a la gente,
qué quiere decir, qué quiere decir amar el amor
sin cometer nunca ni siquiera un error...
Lo prueba el espejo al engullir en su agua oscura
no la apariencia sino el rostro
ajado por la ausencia.

Paolo Conte (Asti, Piamonte, 1937),  Parole d'amore scritte a macchina, textos, música y arreglos de Paolo Conte, Platinum SRL, 1990
La canción, aquí

Un vecchio errore

Un vecchio errore vuole inseguirmi
e incatenarmi e trascinarmi lì davanti
ad ogni specchio per dirmi: guardati...
Io non mi guardo, giro lo sguardo...
La so a memoria troppo questa storia
è uguale che non ci sia o che ci sia...
Ci provi lo specchio ad inghiottire
nell' apparenza
l'orgoglio -è quello che voglio-
della mia assenza.
Vedi, ho pagato già il mio soldo di verità...
Un vecchio errore pagato caro, un gesto avaro,
avevo il cuore duro allora... Ero più amaro...
Ero più giovane...
Niente di niente... Spiega alla gente
cosa vuol dire, cosa vuol dire amare l'amore,
senza mai fare neanche un errore...
Ci provi lo specchio ad inghiottire
nella sua acqua cupa,
non l'apparenza, ma il volto
che l'assenza sciupa...

(Repite) Vedi, vedi... Ho pagato gia' il mio soldo di verità...
(etc.)


Ilustración: Cubierta de Parole d'amore scritte a macchina, por Hugo Pratt

sábado, mayo 26, 2012

Irene Gruss / De "La pared", 2






XVII

De luto
frente a esta pared:
restos descansan, dice.
De quién, de qué resta hablar
a la pared.
Destruir dice. Reparar, acusa el coro,
lo ido o lo deshecho, restos
de quién, qué ashes
citan de profundis; réquiem por esa pared. Paráfrasis,
no volverán las golondrinas
ni padres ni el benteveo que percute la divina partitura:
haya paz,
descansen, descansen en paz;
la pared se derrumba al ritmo de un metrónomo: tac-tac // tac-tac
notas negras, pide el Director:
¿No lo veis? Cristo yace, y lo demás ha partido con batuta
de doble filo: ya,
nada que lamentar,
ni un solo quejido ahora: chito.

Escucha el murmullo eterno del No;
es más claro que el agua.

* la cita en cursiva pertenece a Marguerite Duras.

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950), La pared, Editorial Nudista, Córdoba, 2012

Foto en la portada de La pared, por Juan Cruz Sánchez Delgado

viernes, mayo 25, 2012

Robinson Jeffers / Morro Bay




Morro Bay

Hermosos años fueron cuando ella estaba conmigo y visitábamos
cada roca y cala de la costa.
Ella daba vida desde sus ojos. Ahora, la bahía es de un café estancado
con algas pudriéndose, y botes pesqueros encallados
hieden al sol; pero aún la gran piedra cuelga como la nube de una tormenta
sobre la rancia niebla y la mar en calma.
Dicen que pululan las serpientes de cascabel -correcto-, son los rayos guardados
en la nube de piedra. Guardadla bien, víboras.
Aquella normanda cabeza de piedra de Mont St. Michel puede haber sido tan bella como ésta
alguna vez, hace mucho, antes de que construyeran en ella.

Robinson Jeffers (Pittsburgh, 1887- Carmel, 1962), "Hungerfield", 1948-1953, Antología, versiones de Alberto López Fernández y Pablo Soler Frost, Libros del Umbral, Tlalpan, México, Distrito Federal, 1999

Morro Bay

Beautiful years when she was by me and we visited
Every rock and creek of the coast–
She gave life from her eyes. Now the bay is brown-stagnant
With rotting weed, and the stranded fish-boats
Reek in the sun; but still the great rock hangs like a thuindercloud
Over the stale mist and still sea.
They say that it swarms with rattlenakes–right–the stored lightnings
In the stone cloud. Guard it well, vipers.
That Norman rockhead Mont St. Michel may have been as beautiful as this one
Once, long ago, before it was built on.


Ilustración: Tang of the Sea, 1913, George Bellows

jueves, mayo 24, 2012

Count Baseball / Miss Lilly Higgins sings shimmy in Mississippi's spring




Miss Lilly Higgins sings shimmy in Mississippi's spring
(La señorita Liliana Higgins... sings shimmy in Mississippi's spring)

Papa, batata, barata, dirán.
Tanta pavada taraba a un titán.
Vida para tribu,
estúpido bidet se traba.
Tipa brava dura
daba prioridad.
Tapa pava hervida,
probará varón tu piba.
Trapo obtura entrada,
vivir a pan.

Count Baseball (s/d)

Traducción del título y la letra: Marcos Mundstock, Santa Fe, Argentina, 1942; Carlos Núñez Cortés, Buenos Aires, 1942; Carlos López Puccio, Rosario, 1946; Daniel Ravinovich, Buenos Aires, 1943; Jorge Maronna, Bahía Blanca, 1948; Ernesto Acher, Buenos Aires, 1939; Gerardo Masana, Bandfield, 1937-Buenos Aires, 1973; Les Luthiers, Volumen 3, Trova, Buenos Aires, 1973

Interpretación de este poema por Les Luthiers, con instrumentos informales, aquí. "Hemos grabado esta obra en sucesivas sobregrabaciones, exclusivamente con instrumentos informales y base rítmica. La formación utilizada fue la siguiente: 3 gom-horns, 3 tubófonos, 4 yerbomatófonos, 2 alt-pipe, 1 bass-pipe, 1 cuarteto vocal. Base rítmica: guitarra, banjo, batería." (Texto en la carátula de Volumen 3)

Comentario del señor Marcos Mundstock: "El título de esta pieza, en su deliberada ingenuidad, es una reacción contra el erotismo que campea en los clásicos títulos de jazz, como por ejemplo 'No puedo darte más que amor', 'Nena, por favor vuelve a casa', 'Polvo de estrellas', etc..". (Versión teatral, octubre de 1974)

Foto. Les Luthiers, 1973, por Alberto Libone, en la carátula de Volumen 3

miércoles, mayo 23, 2012

E.L.T. Mesens / Equivocado o no




Equivocado o no

Equivocado o no
Los tesoros están siempre ocultos
A dos pasos de las canciones sentadas

Quiere usted un tesoro oculto
He aquí cinco dedos
He aquí una mano
He aquí cinco dedos y cinco caminos
Y he aquí cinco tesoros ocultos

Quiere usted cinco tesoros perdidos
He aquí diez dedos
He aquí cinco manos
Y cien cabelleras sueltas

No confíe en sus diez dedos
Los cien caminos de una cabellera
Pues los caballos de mi razón
Se han muerto por buscar en vano
En tus cabellos mi tesoro cierto.

Femme complète [1933]

E.L.T. Mesens (Bruselas, 1903-1971), Antología de la poesía surrealista de lengua francesa, estudio, selección, notas y traducciones de Aldo Pellegrini, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2006 (edición no bilingüe)


 A tort ou à raison 

A tort ou à raison
Les trésors sont toujours cachés
A deux pas des chansons assises

Voulez-vous un trésor caché
Voici cinq doigts
Voici une main
Voici cinq doigts et cinq chemins
Et voici cinq trésors cachés

Voulez-vous cinq trésors perdus
Voici cinq doigts
Voici cinq mains
Et cent chevelures dénouées

Ne comptez pas sur vos dix doigtd
Le cent chemins d'une chevelure
Car les chevaux de ma raison
Sont morts dâvoir foulé en vain
Tes cheveux mon trésor certain.


Fuente: Catherine Popa-Roy


Foto: E.L.T. Mesens, 1958, por Ida Kar web André Breton

martes, mayo 22, 2012

Juan Gil-Albert / La siesta






La siesta
                 A Antonio Díaz Zamora

Si alguien me preguntara cuando un día
llegue al confín secreto: ¿Qué es la tierra?
diría que un lugar en que hace frío
en el que el fuerte oprime, el débil llora,
y en el que como sombra, la injusticia,
va con su capa abierta recogiendo
el óbolo del rico y la tragedia
del desahuciado: un sitio abrupto.
Pero también diría que otras veces,
en claras situaciones alternantes,
cuando llega el estío y los países
parecen dispensar la somnolencia
de un no saber por qué se está cansado,
mientras vibra en lo alto, alucinante,
un cielo azul, los frutos se suceden
sobre las mesas blancas, y entornados
los ventanales, frescos de penumbra,
buscamos un rincón donde rendirnos
al dulce peso, entonces sí, diría
que la tierra es un bien irreemplazable,
un fluido feliz, un toque absorto.
Como una tentación sin precedentes
hecha a la vez de ardor y de renuncia.
Una inmersión gustosa, un filtro lento.
 
Juan Gil-Albert (Alcoy, 1904-Valencia,1994), Obra poética completa, Pre-Textos, Valencia, 1981

Foto: Juan Gil-Albert en Sala de Exposiciones, Orihuela

lunes, mayo 21, 2012

Patrizia Cavalli / Un gato que duerme la siesta, Terapia




Un gato que duerme la siesta...

Un gato que duerme la siesta
en el amplísimo lecho de su dueño,
en un punto cualquiera, pero cómodo,
que se despierta a una hora cualquiera
porque alguien pasa y lo acaricia,
no se despierta del todo ni se pregunta
quién lo acaricia, sino que se asoma
del sueño sólo un poco
y se estira en su flexible largura
para que dure más aquella caricia.
Tal vez así podría ser el amor.


Terapia

Ah denme un cuarto en un hotel
un cuartito un cuartito en un hotel
sí, un cuarto un cuarto en un hotel
un cuartito un cuartito en un hotel...

(... y así continuamente
sin detenerse nunca,
hasta que aburrido o exhausto
se cae aturdido
sobre cualquier lecho
mugriento y deshecho).

Patrizia Cavalli (Todi, 1947), Sempre aperto teatro, Einaudi, Turín, 1999


Un gatto che dorme il pomeriggio
nel larghissimo letto padronale
in un punto qualunque, però comodo,
che si sveglia in un'ora qualunque
perché qualcuno passa e lo carezza,
non si sveglia del tutto né si chiede
chi è che lo carezza, ma si sporge
del sonno solo un po'
per stirarsi in arrendevole lunghezza
perché duri di più quella carezza.
Forse cosí potrebbe essere l'amore.


Terapia

Ah, datemi una stanza in un albergo
una stanzetta una stanzetta in un albergo
sí, una stanza una stanza in un albergo
una stanzetta una stanzetta in un albergo...

(... e via cosí di seguito
senza fermarsi mai,
finché annoiati o esausti
si cade tramortiti
sopra un qualunque letto
anche se sfatto e lercio).


Ilustración: Sleeping Girl, 1964, Roy Lichtenstein



domingo, mayo 20, 2012

Jorge Leonidas Escudero / Restos



Restos

Este es, este es el sillón solitario
donde una vez te sentaste, pusiste
los talones encima de la mesa
para descansar, dijiste, y sí
tus hermosas piernas ante yo aquella vez
en que todavía no llegaba el momento.

Después,
aquí es ahora veo el sillón desierto
y la mesa es la misma, sin embargo
la soledad ha puesto sobre ella un manto
que me lo pongo a ver cómo me queda
y no puede ser de otra manera que como un
sudario.

O tal vez no sea para tanto,
pero es que no sé cómo referirme
a lo que hace con nosotros el tiempo.

Jorge Leonidas Escudero (San Juan, 1920), Atisbos, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2012

Ilustración: Danseuse dans le fauteuil, sol en damier, 1942, Henri Matisse

sábado, mayo 19, 2012

Jorge Leonidas Escudero / Aquel guía serrano



Aquel guía serrano

"Lo veo Hugo Egaña sentadito en su mula
llevando a hombros rosas del atardecer"
y ahora lo vuelvo a ver así,
tal como quedó en aquellos versos míos
de hace mucho y hasta no sé cuándo.

Ayer me dieron noticia de que allá
murió en un viaje desos que hacía como guía
de quienes buscábamos minerales
en la Cordillera o en el Tontal.

Joven vino de Chile
y quedó en Calingasta en una casa amiga.
Trabajó en lo que pudo: pastoreo, y así
se hizo conocedor de toda la serranía.

Recuerdo aquella vez de la gran nevada
y aquella otra cuando un toro en Ansilta.
Y para qué decir más, Egaña,
si basta con que ahora te recuerde
cabalgar adelante
llevando a hombros el cielo de las cumbres.

Jorge Leonidas Escudero (San Juan, 1920), Atisbos, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2012

Ilustración: Paisaje romántico, 1911, Vassily Kandinsky

viernes, mayo 18, 2012

Cesare Pavese / Poggio Reale



Poggio Reale

Una breve ventana en el cielo tranquilo
calma el corazón; alguno ha muerto contento.
Afuera están las plantas y las nubes, la tierra
y también el cielo. Llega aquí arriba el murmullo:
los sonidos de toda la vida.

La ventana vacía
no revela que, bajo las plantas, hay colinas
y que un río serpentea, lejos, desnudo.
El agua es límpida como el soplo del viento,
pero nadie se da cuenta.

Aparece una nube
sólida y blanca, que se demora en el cuadrado del cielo.
Vislumbra casas azoradas y colinas, cada cosa
que el aire transparenta, ve pájaros perdidos
deslizarse en al aire. Viandantes tranquilos
van a lo largo de río y nadie se percata
de la pequeña nube.

Ahora está vacío el azul
en la breve ventana: se desploma el chillido
de un pájaro, que rompe el rumor. Aquella nube
quizá toca las plantas o desciende hacia el río.
El hombre tendido en el prado debería sentirla
en la respiración de la hierba. Pero no mueve la vista,
solo la hierba se mueve. Debe de estar muerto.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

Poggio Reale

Una breve finestra nel cielo tranquillo
calma il cuore; qualcuno c'è morto contento.
Fuori, sono le piante e le nubi, la terra
e anche il cielo. Ne giunge quassù il mormorio:
i clamori de tutta la vita.

La vuota finestra
non rivela che, sotto le piante, ci sono colline
e che un fiume serpeggia lontano, scoperto.
L'acqua è limpida come il respiro del vento,
ma nessuno ci bada.

Compare una nube
soda e bianca, che indugia, nel quadrato del cielo.
Scorge case stupite e colline, ogni cosa
che traspare nell'aria, vede uchelli smarritti
scivolare nell'aria. Viandanti tranquilli
vanno lungo quel fiume e nessuno s'accorge
della picola nube.

Ora è vuoto l'azzurro
nella breve finestra: vi piomba lo strido
de un ucello, che spezza il brusio. Quella nube
forse tocca le piante o discende nel fiume.
L'uomo steso nel prato dovrebbe sentirla
nel respiro dell'erba. Ma non muove lo sguardo,
l'erba sola si muove. Dev'essere morto.

Ilustración: Paisaje, 1922, Cesar Domela

jueves, mayo 17, 2012

Paul Muldoon / Versión extraordinaria



Versión extraordinaria

I

Te devolví mi reclamo sobre el pueblo minero
y  la rica veta que una vez trabajamos
el colapso
de una represa que te fastidiaba
tanto, la trocha angosta
que se  abrió  a todos
cuando se agotó en el desembarcadero
más allá de las cataratas
Te devolví vigas de roble
paneles machimbrados, tirantes hachados
de los que colgaban galletas
en una bolsa de arpillera, que supongo
rompió sus costuras
la última noche que nos recostamos a la vera del viejo desvío.

II
Me devolviste tu ceño fruncido
y la responsabilidad que habías eludido más recientemente
junto con algo de tu renombre
por haber saltado de una jaula elevadora  justo antes que se sacudiera                    
hasta quedar inmóvil, tu  locura salvaje
que disparabas con baratijas plateadas
la velocidad de esa jaula  que caía
y  la firmeza  de las paredes de nuestro cañón.
Me devolviste cielos de lagos
fallos de poleas, desfiladeros, el reflejo
de dos jarros y  platos de latón  en la caseta,
los ecos de suspiros
y   gritos de amor
las paredes de nuestro cañón ya han cedido.

Paul Muldoon (condado de Armagh, Irlanda del Norte, 1951), Maggot, 2010
Traducción: Marina Kohon, para Otra Iglesia es Imposible


Extraordinary Rendition

I gave you back my claim on the mining town
and the rich vein we once worked,
the tumble down
from a sluice box that irked

you so much, the narrow gauge
that opened up to one and all
when it ran out at the landing stage
beyond the falls.

I gave you back oak ties,
bully flitches, the hand-hewn crossbeams
from which hung hardtack

in a burlap bag that, I’d surmise,
had burst its seams
the last night we lay by the old spur track.

II.

You gave me back your frown
and the most recent responsibility you’d shirked
along with something of your renown
for having jumped from a cage just before it jerked

to a standstill, your wild rampage
shot through with silver falderals,
the speed of that falling cage
and the staidness of our canyon walls.

You gave me back lake skies,
pulley glitches, gully pitches, the reflected gleams
of two tin plates and mugs in the shack,

the echoes of love sighs
and love screams
our canyon walls had already given back.

Ilustración: Meeting Point, 1965, Laurence Stephen Lowry

miércoles, mayo 16, 2012

Giacomo Leopardi / Las remembranzas, 3



La primera parte de este poema, aquí
La segunda parte, aquí

Las remembranzas
de Leopardi

Versión de Angel Faretta

(Tercera parte)

El viento trae el sonido de la hora
Desde la torre del burgo. Era consuelo,
me acuerdo, este sonido a mis noches
Cuando muchacho, en la oscura estancia
por asiduos terrores yo vigilaba
Anhelando la mañana. Aquí no hay cosa
Que vea o sienta donde una imagen dentro
No regrese, y un dulce recordar no surja.
Dulce por sí, pero con dolor implique
El pensar del presente, un vano deseo
Del pasado, todavía triste y decir: fui.
Aquella logia allá, vuelta a los últimos
Rayos del día; estos muros pintados,
Esas fintas manadas, el sol que nace
Sobre el campo vacío, a mis ocios
Daban mil deleites mientras al flanco,
Susurrando, iba mi más profundo error
donde fuere. En estas viejas salas,
Al claror de las nieves, junto a estas
Amplias ventanas si ululaba el viento
Resonando en mi solaz y gratas
Voces, cuando el acerbo e indigno
Misterio de las cosas se nos muestra
Pleno de dulzura; intonsa y completa,
El mozuelo, como inexperto amante,
a su propia vida engañosa adorna
Y la celeste beldad fingiendo admira.

Giacomo Leopardi (Recanati, 1798-Nápoles, 1837)


Viene il vento recando il suon dell'ora    
Dalla torre del borgo. Era conforto               
Questo suon, mi rimembra, alle mie notti,
Quando fanciullo, nella buia stanza,         
Per assidui terrori io vigilava,
Sospirando il mattin. Qui non è cosa
Ch'io vegga o senta, onde un'immagin dentro
Non torni, e un dolce rimembrar non sorga.    
Dolce per se; ma con dolor sottentra
Il pensier del presente, un van desio
Del passato, ancor tristo, e il dire: io fui.
Quella loggia colà, volta agli estremi
Raggi del dì; queste dipinte mura,                   
Quei figurati armenti, e il Sol che nasce
Su romita campagna, agli ozi miei
Porser mille diletti allor che al fianco
M'era, parlando, il mio possente errore
Sempre, ov'io fossi. In queste sale antiche,     
Al chiaror delle nevi, intorno a queste
Ampie finestre sibilando il vento,                   
Rimbombaro i sollazzi e le festose
Mie voci al tempo che l'acerbo, indegno
Mistero delle cose a noi si mostra
Pien di dolcezza; indelibata, intera
Il garzoncel, come inesperto amante,              
La sua vita ingannevole vagheggia,          
E celeste beltà fingendo ammira



Ilustración: La foce del Cinquale, 1928, Carlo Carrà

martes, mayo 15, 2012

Jacques Prevert / Bárbara





Bárbara

Acordate Bárbara
Llovía sin parar ese día en Brest
Y vos ibas sonriente
Alegre radiante empapada
Bajo la lluvia
Acordate Bárbara
Llovía sin parar en Brest
Y te crucé en la calle Siam
Sonreías
Y yo sonreía también
Vos a quien no conocía
Vos que no me conocías
Acordate
Acordate pese a todo de ese día
No te olvides
Un hombre refugiado en un zaguán
Gritó tu nombre
Bárbara
Y corriste hacia él bajo la lluvia
Empapada alegre radiante
Y te arrojaste a sus brazos
De eso, Bárbara, acordate
Y si te tuteo no te enojes
Yo tuteo a todos los que quiero
Aunque los haya visto una sola vez
Yo tuteo a todos los que se aman
Aunque no los conozca
Acordate Bárbara
No te olvides
De esa lluvia serena y feliz
Sobre tu rostro feliz
Sobre esa ciudad feliz
Esa lluvia sobre el mar
Sobre el arsenal
Sobre el barco de Ouessant
Ah Bárbara
La guerra qué boludez
Ahora dónde estarás
Bajo esta lluvia de hierro
De sangre de acero de fuego
Y el que te apretaba en sus brazos
Amorosamente
Estará muerto desaparecido vivo quizá
Ah Bárbara
Sobre Brest llueve sin parar
Como llovía sin parar
Pero todo está herido no es igual
Cae una lluvia de duelo terrible desolada
No es ni siquiera la tormenta
De sangre de fuego de acero
Son simplemente las nubes
Que revientan como perros
Los perros que desaparecen
Por la orilla de Brest
Y van a pudrirse lejos
Lejos muy lejos de Brest
Donde no queda nada ya

Jacques Prevert (Neuilly-sur-Seine, 1900-Omonville-la-Petite,1977), Paroles, Gallimard, 1976
Versión libre de J. Aulicino

Barbara

Rappelle-toi Barbara
Il pleuvait sans cesse sur Brest ce jour-là
Et tu marchais souriante
Épanouie ravie ruisselante
Sous la pluie
Rappelle-toi Barbara
Il pleuvait sans cesse sur Brest
Et je t'ai croisée rue de Siam
Tu souriais
Et moi je souriais de même
Rappelle-toi Barbara
Toi que je ne connaissais pas
Toi qui ne me connaissais pas
Rappelle-toi
Rappelle-toi quand même ce jour-là
N'oublie pas
Un homme sous un porche s'abritait
Et il a crié ton nom
Barbara
Et tu as couru vers lui sous la pluie
Ruisselante ravie épanouie
Et tu t'es jetée dans ses bras
Rappelle-toi cela Barbara
Et ne m'en veux pas si je te tutoie
Je dis tu a tous ceux que j'aime
Même si je ne les ai vus qu'une seule fois
Je dis tu a tous ceux qui s'aiment
Même si je ne les connais pas
Rappelle-toi Barbara
N'oublie pas
Cette pluie sage et heureuse
Sur ton visage heureux
Sur cette ville heureuse
Cette pluie sur la mer
Sur l'arsenal
Sur le bateau d'Ouessant
Oh Barbara
Quelle connerie la guerre
Qu'es-tu devenue maintenant
Sous cette pluie de fer
De feu d'acier de sang
Et celui qui te serrait dans ses bras
Amoureusement
Est-il mort disparu ou bien encore vivant
Oh Barbara
Il pleut sans cesse sur Brest
Comme il pleuvait avant
Mais ce n'est plus pareil et tout est abîmé
C'est une pluie de deuil terrible et désolée
Ce n'est même plus l'orage
De fer d'acier de sang
Tout simplement des nuages
Qui crèvent comme des chiens
Des chiens qui disparaissent
Au fil de l'eau sur Brest
Et vont pourrir au loin
Au loin très loin de Brest
Dont il ne reste rien.

Foto: Jacques Prevert en Writers and Kitties

lunes, mayo 14, 2012

Cesare Pavese / Paternidad






Paternidad

Hombre solo, delante del mar inútil,
esperando la noche, esperando la mañana.
Los chicos juegan, pero este hombre querría
tener él un chico y mirarlo jugar.
Grandes nubes forman un edificio sobre el agua,
que cada día se desploma y resurge, y colorea
la cara de los chicos. Estará siempre el mar.

La mañana hiere. Sobre esta húmeda playa
se desliza el sol y se aferra a las redes y las piedras.
Sale el hombre por el turbio sol y camina
a lo largo del mar. No mira la húmeda espuma
que corre por la orilla y no tiene nunca paz.
A esta hora, los chicos dormitan todavía
en la tibieza de la cama. A esta hora, dormita
dentro de la cama una mujer, que haría el amor
si no estuviese sola. Lento, el hombre se queda
desnudo, como la mujer lejana, y desciende al mar.

Después, de noche, cuando el mar se desvanece, se oye
el gran vacío debajo de las estrellas. Los chicos
en las casas enrojecidas se van cayendo de sueño
y alguno llora. El hombre, cansado de esperar,
levanta los ojos a las estrellas, que no oyen nada.
Hay mujeres, a esta hora, que desvisten a un chico
y lo hacen dormir. Hay alguna en una cama,
abrazada a un hombre. Por la negra ventana,
entra un jadeo ronco, y nadie lo escucha
sino el hombre, que conoce todo el tedio del mar.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

Paternità

Uomo solo dinanzi all'inutile mare
attendendo la sera, attendendo il mattino.
I bambini vi giocano, ma quest'uomo vorrebbe
lui averlo un bambino e guardarlo giocare.
Grandi nuvole fanno un palazzo sull'aqua
che ogni giorno rovina e risorge, e colora
i bambini nel viso. Ci sarà sempre il mare.

Il mattino ferisce. Su quest'umida spiaggia
striscia il sole, aggrappato alle reti e alle pietre.
Esce l'uomo nel torbido sole e cammina
lungo il mare. Non guarda le madide schiume
che trascorrono a riva e non hano più pace.
A quest'ora i bambini sonnecchiano ancora
nel tepore del letto. A quest'ora sonnecchia
dentro il letto una donna, che farebbe l'amore
se non fose lei sola. Lento, l'uomo si spoglia
nudo come la donna lontana, e discende nel mare.

Poi la notte, che il mare svanisce, si ascolta
il gran vuoto ch'è sotto le stelle. I bambini
nella case arrossate van cadendo dal sonno
e qualcuno piangendo. L'uomo, stanco di attesa,
leve gli occhi alle stelle, che non odono nulla.
Ci son donne a quest'ora che spogliano un bimbo
e lo fanno dormire. C'è qualcuna in un letto
abbracciata ad un uomo. Dalla nera finestra
entra un ansito rauco, e nessuno l'ascolta
se non l'uomo che sa tutto il tedio del mare.

Ilustración: Nudo, Aligi Sassu

domingo, mayo 13, 2012

Fabio Morábito / Jirafa




Jirafa

                   A Nacho Helguera

Tú hablas de tú
a los árboles,
penetras con tu gran pregunta
entre las ramas,
no quieres nada de los pájaros,
no quieres nada de la hierba;
quieres solo lo que sabe
a verde sin tristezas,
quieres el verde más inalcanzable.

Eres la gran apasionada de las hojas,
la agran apasionada de lo intacto,
buscas el verde que no existe en esta tierra,
eres la gran platónica.

Fabio Morábito (Alejandría, 1955, radicado en México), "Lunes todo el año", 1992, Ventanas encendidas. Antología poética, Visor, Madrid, 2012

Ilustración: Green on Green, 1938, Paul Klee

sábado, mayo 12, 2012

Jackie Kay / Entierro de mi padre africano




El entierro de mi padre africano

Ahora que he caminado el largo camino por                                              
la tierra colorada hasta llegar a Nzagha

y visto los lagartos y las lagartijas                                                        
y las cabras y todas las criaturas de Dios
   
y caminé junto a las cortaderas                                                                
los plátanos, bananos y mandioca
                                                               
entré por la portón a tu caserío                                                                
frente al cartel que decía Aquí Salón Barbero

y sostuve el pequeño bebé de dos semanas                                      
de tu primo segundo, y dije Odimma

a su tímida Kedu, y me detuve afuera de                                                    
tu casa y espié por las persianas,

en la habitación del hotel, te recordaba bien                                    
hilando y rezando hace años en Abuja

cuando me dijiste que no revelarías                                                    
el nombre de tu pueblo, de tus hijos y tu hija.

Ahora que he llegado al fin, sin ti,                                                          
al hogar de los ancestros, me puedo despedir, Adiós.
                     
Debo, con mi lapicera negra – en vez de pala -                                  
despedir las cenizas, de polvo eres,

años antes de estar muerto de veras,                                                  
tengo que enterrarte aquí en mi cabeza.


Jackie Kay (Edimburgo, 1961), Fiere, Picador, Londres, 2011
Versión de Andrew Graham-Yooll


Burying My African Father
                                                   
Now that I have walked all the way down
the red dust road and into Nzagha

and seen the lizards and geckos
and goats and all God’s creatures

and walked beside the elephant grasses
the plantain, banana and cassava

through the gate of your compound
past the sign that read Barbing Saloon here

and held the tiny two-week.old baby
of your second cousin, and said Odimma

to her shy Kedu, and stood outside
your house and peered through the shutters,

and in the hotel room, I remembered you well
spinning and praying years ago in Abuja

when you told me you wouldn’t reveal
the name of your village, your sons or your daughter.

Now that I have finally arrived, without you,
to the home of the ancestors, I can bid you farewell, Adieu.

For I must, with my own black pen – instead of a spade –
ashes to ashes and dust to dust,

and years before you are actually dead,
bury you right here in my head.


Foto: Jackie Kay y su traductor, Andrew Graham-Yooll

viernes, mayo 11, 2012

Fernando Noy / Dos poemas






Bañado

Nunca pude sentirme solo frente al río
Brilla una luz perpetua entre sus aguas
Si me acompaña es porque no ostenta cicatrices
ya que su piel convence de perfecta
por siempre intuyo que al fondo
                      muy al fondo
oculta un laberinto de heridas
                      que no cierran
Ahora vuelvo después de tanto tiempo
Quién no regresaría sabiendo que lo espera
una arquitectura azul amante de las lanchas
Esta procesión de fuego
          estremeciendo ocasos
           con la tenura de su espuma blanca
Quien no volvería sabiendo que la lluvia
por el propio deseo de acariciar sus aguas
al fin se ahoga
          en nuestro
             Río Negro

                                        a mi madre



Nunca

Jamás
       las hojas del otoño
                  ensucian el camino

Al contrario
       lo enjoyan
       ya cansado de barro

Todo
       estará muerto
           alguna vez

Menos
       esta imagen
               que
                     te
                           toca

Fernando Noy (San Antonio Oeste, 1951), Piedra en flor, Ediciones del Paraíso, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Paesaggio urbano, 1945, Mario Sironi

jueves, mayo 10, 2012

Joan Vinyoli / Dos poemas






A las tres copas digo esto

Los niños que juegan y la gente
del bar son mis amigos. Pasa una mujer
deprisa con su hijo, entra un hombre azul oscuro
con un claro designio: jugaremos a las cartas
o al dominó, somos tres.
    He decidido escribir
poesías concretas. Envejezco, se necesitan
realidades, no humo.
                  Y sin embargo un humo
me nubla la vista, se interpone, suavemente,
entre la Cosa y yo, y todas las aristas
pule: el mundo ya casi no hace mal.

A las tres copas digo esto: fíate,
barca de san Pedro, bajo
cansadamente por las aguas
de otro tiempo. Me llegan hasta las rodillas.



Plaza vieja

Mi kiosco, mi farol,
son los de esta plaza. Restaurante
económico con soportales y platos a diez pesetas,
el ruido de las motos, la cruz de la farmacia
y la camisa colgada en el balcón
como un ahorcado cabeza abajo.
Conozco un matrimonio
bien avenido, dueños del bar, gente gorda,
que se divierte bastante, bajo las sábanas,
honestamente, por la noche. Al despertar piensan
que el negocio prospera: ayer heladera nueva,
de las eléctricas. Y buenos clientes
las mañanas soleadas y las tardes lluviosas.
Entre la mujer, él y el padre se las arreglan;
todo queda en familia. Ciertamente,
exige sacrificios tener un bar y, sobre todo, las tapas
calientes, variadas, requieren mucho cuidado
y no descansar nunca. Pero que al menos el día
de fiesta a la semana no nos lo quiten:
en el barrio viejo todos están de acuerdo,
y yo también.
   Ya estamos en otoño.
No tiene sentido aquí hablar de hojas secas,
pues el único árbol es el farol, pero
yo voy cayendo poco a poco dentro
de mí mismo, del otro que hay debajo,
muy lejos, detrás de muchas capas
de tiempo; lo veo como por un árbol,
se dirige desde el sueño
hasta la fría mancha
morada del alba,
donde, legañoso, el día se restrega los ojos.


Joan Vinyoli (Barcelona, 1914-1984), Obra poètica completa, Edicions 62, Barcelona, 2001)
Versiones de Jonio González



A les tres copes dic això
 
Els nens que juguen i la gent 
del bar em són amics. Passa una dona 
de pressa amb el seu fill, entra un home blau fosc 
amb clar designi: jugarem a cartes 
o al dòmino, som tres. 
                                        He decidit escriure 
poesies concretes. Envelleixo, calen 
realitats, no fum. 
                             I tanmateix, un fum 
ara m’entela, s’interposa, fluix, 
entre la Cosa i jo, que totes les arestes 
afina: ja el món quasi no fa mal. 


A les tres copes dic això: refia’t, 
la barca de sant Pere, baixo 

cansadament per les aigües 
de l’altre temps. M’arriben als genolls.


Plaça vella
 
El meu quiosc, el meu fanal, 
són els d’aquesta plaça. Restaurant 
econòmic amb porxos i plats a deu pessetes, 
el soroll de les motos, la creu de la farmàcia, 
i la camisa estesa en el balcó, 
com un penjat cap per avall. 
Conec un matrimoni 
ben avingut, amos del bar, gent grassa, 
que es diverteixen prou, sota els llençols, 
honestament, de nit. En despertar-se pensen 
que prospera el negoci: nevera nova ahir, 
de les elèctriques. I bons clients 
als matins solellats, a les tardes plujoses. 
Entre la dona i ell i el pare s’ho arreglen; 
tot queda a la família. Certament, 
vol sacrificis tenir un bar i, sobretot, les tapes 
calentes, variades, demanen molta cura 
i mai no reposar. Però que, almenys, el dia 
de festa a la setmana, no ens el treguin; 
al barri vell tothom hi està d’acord, 
i jo també. 
                   Ja som a la tardor. 
No val ací parlar de fulles seques, 
que l’únic arbre és el fanal, però 
jo vaig caient a poc a poc a dins 
de mi mateix, de l’altre que hi ha sota, 
molt lluny, darrera moltes capes 
de temps; el veig com per un arbre 
s’enfila des del son 
cap a la freda taca 
morada de l’alba, 
on, lleganyós, el dia es frega els ulls.

Foto: Joan Vinyoli en el ABC de Madrid


miércoles, mayo 09, 2012

Rocco Scotellaro / Ya se siente oler las manzanas...






Ya se siente oler las manzanas...

Ya se siente oler las manzanas
y puedes dormir tus tranquilos sueños,
no entra mariposa
a girar en torno de la lámpara.
Pero nunca he oído tantas voces
insólitas subir a mí desde la calle
en los últimos días de octubre;
el padre me clavaba la caja,
la hermana me cosía el saco
¡y yo debía irme a estudiar
en la ciudad desconocida!
Y sentí mi alma hacerse leche
con las palabras de los compañeros
allí en las puertas, púdicos y solos.

Quizá deba marcharme calladito,
sin volver la vista a ninguno;
iré a buscar cualquier empleo.
Un andrajo flota sobre los cables
y vienen a caer las hojas
desde las manzanas que perfuman,
sobre mi cabeza.

Rocco Scotellaro (Tricarico, Matera, 1923-Portici, Napoli, 1953), The Dawn Is Always News. Selected Poetry of Rocco Scotellaro [edición bilingüe], Princenton University, New Jersey, 1980
Versión de Jorge Aulicino


Già si senteno le mele odorare

Già si senteno le mele odorare
e pouoi dormire i tuoi sonni tranquilli,
no entra farfalla
a prendere il giro attorno al lume.
Ma non ho mai sentito tante voci
insolite salirmi dalla strada
i giorni ultimi di ottobre,
il padre m'inchiodava la cassa,,
la sorella mi cuciva le giubbe
ed io dovevo andarmene a studiare
nella città sconosciuta!
E mi sentivo l'anima di latte
alle dolci parole dei compagni
rimasti soli e pudichi alle porte.

Ora forse devo andarmene zitto
senza guardare indietro nessuno,
andrò a cercare un qualunque mestiere.
Qui uno straccio sventola sui fili
e le foglie mi vengono a cadere
delle meme que odorano sul capo.


(1947)


Ilustración: Il bersaglio, 1921, Carlo Carrà


martes, mayo 08, 2012

William Carlos Williams / Paterson, 4



Libro 1

Los delineamientos de los gigantes (4)

I (Continuación)

Si no era belleza, era una extrañeza y una audaz asociación de vida salvaje y vida culta que crecieron juntas en las Ramapos: dos fases.
En las colinas, donde la trucha común se deslizaba entre las piedras a poca profundidad, Ringwood —donde había estado la granja Ryerson— entre sus prados aterciopelados, rodeadas de árboles: el nogal blanco, el olmo, el olmo blanco, el castaño y la haya, los abedules, el tupelo, el liquidámbar, el cerezo silvestre y el arándano con su fruto pendiente.
Mientras las cabañas de los herreros se amontonaban en el bosque, los fogoneros, los que hornean la cal —ocultos para el hermoso Ringwood— donde el General Washington, embelleciendo cualquier poema llegado desde Pompton:  un descanso luego de la ejecución del traidor para estar tranquilos —armando los eslabones de la gran cadena a través de Hudson en West Point.
La violencia estalló en Tennessee, la masacre de los indios, ahorcamientos y exilio —esperando, parados en el cadalso, sesenta de ellos. Los Tuscorora, forzados a abandonar su tierra, las Seis Naciones los invitaron a unirse a ellas en el norte de Nueva York. Los hombres iban al frente, pero algunas mujeres y rezagados no llegaron más allá del angosto valle cercano a Suffern. Se fueron a las montañas donde se les unieron los desertores hessianos del ejército británico; entre ellos, un grupo de albinos, esclavos negros que habían huido,  y un montón de mujeres y sus niños liberados en Nueva York después de que los ingleses fueran obligados a retirarse. Allá, las tenían en la penitenciaría — un hombre llamado Jackson, contratado por el gobierno inglés para proveer de mujeres a los soldados norteamericanos, las levantó de Liverpool y otros lugares.
La mezcla se extendió por el bosque y fueron llamadas las blancas de Jackson por el  general. (También hubo algunas negras, mezcladas, negras de las Antillas, una carga que reemplazó a las blancas que se perdieron cuando su barco, uno de los seis provenientes de Inglaterra,  que se hundió en una tormenta en el mar. Debía compensarlo de algún modo y éste era el más rápido y económico).
La región se llamó Nueva Barbados.
Cromwell, a mediados del siglo diecisiete, embarcó unas miles de mujeres irlandesas y niños hacia Barbados para ser vendidas como esclavas. Obligadas por sus propietarios a acoplarse con los otros, estas desdichadas fueron sucedidas por algunas generaciones de negros y mulatos que hablaban irlandés. Y hoy día se dice comúnmente que los nativos de Barbados hablan con acento irlandés.

Recuerdo
una fotografía del Geographic, las 9 mujeres
de algún jefe africano, semidesnudas
sentadas en un tronco, se supone un tronco
oficial, cabezas a la izquierda:

Primero
inmóvil la más joven y reciente,
derecha, una reina orgullosa, consciente de su poder,
tapada de barro, su cabello monumental
cayendo sobre las cejas —contraídas con violencia.

Detrás de ella, apretadas
en una escala descendiente de frescura
se tensaban las otras

y después  .  .
la última, la primera esposa,
¡presentes! aguantando todo el resto que crece
desde ella —cuyos ojos están  intranquilos
serios, amenazantes—pero inmutable; pechos
caídos por el uso excesivo  .   .

Mientras que los pechos turgentes
de aquella otra, tensos, cargados de
presiones no liberadas
y expresando una pasión
evidente.

No es que los relámpagos
no atraviesen el misterio de un hombre
de punta a punta —y en el medio, no importa
cuánto tenga de jefe, sino sobre todo
por eso— para destruirlo en su casa

.  .  Femenina, una vaga sonrisa,
libre, flotando como una paloma
después de un largo vuelo hasta su nido.

La señora Sarah Cumming, consorte del reverendo Hopper Cumming, de Newark, era hija del difunto señor John Emmons, de Portland,  en el distrito de Maine… Llevaba dos meses de casada, y fue bendecida con la perspectiva favorable de una infrecuente participación en la felicidad y utilidad Temporal en la esfera que la Providencia le había asignado; pero, oh, qué incierta es la continuidad de todo goce terrenal.

William Carlos Williams (Rutherford, 1883-1963), Paterson, New Directions, New York, 1963
Versión de Silvia Camerotto

The delineaments of the giants I
 If there was no beauty, there was a strangeness and a bold association of wild and cultured life grew up together in the Ramapos: two phases.// In the hills, where the brown trout slithered among the shallow stones, Ringwood —where the old Ryerson farm had been— among its velvet lawns, was ringed with forest trees, the butternut, and the elm, the white oak, the chestnut and the beech, the birches, the tupelo, the sweet-gum, the wild cherry and the hackleberry with its red tumbling fruit. //While in the forest clustered the ironworkers’ cabins, the charcoal burners, the lime kiln workers —hidden from lovely Ringwood— where General Washington, gracing any poem, up from Pompton for rest after the traitors’ hanging could be at ease —and the links were made for the great chain across the Hudson at West Point. // Violence broke out in Tennessee, a massacre by the Indians, hangings and exile —standing there on the scaffold waiting, sixty of them. The Tuscaroras, forced to leave their country, were invited by the Six Nations to join them in Upper New York. The bucks went on ahead but some of the women and the stragglers got no further than the valley-cleft near Suffern. They took to the mountains there where they were joined by Hessian deserters from the British Army, a number of albinos among them, escaped negro slaves and a lot of women and their brats released in New York City after the British had been forced to leave. They had them in a pen there—picked up in Liverpool and elsewhere by a man named Jackson under contract with the British Government to provide women for the soldiers in America. //The mixture ran in the woods and took the general name, Jackson’s Whites. (There had been some blacks also, mixed in, some West Indian negresses, a ship-load, to replace the whites lost when their ship, one of six coming from England, had foundered in a storm at sea. He had to make it up somehow and that was the quickest and cheapest way). //New Barbados Neck, the region was called. //Cromwell, in the middle of the seventeenth century, shipped some thousands of Irish women and children to the Barbados to be sold as slaves. Forced by their owners to mate with the others these unfortunates were succeeded by a few generations of Irish speaking negroes and mulattoes. And it is commonly asserted to this day the natives of Barbados speak with an Irish brogue. //I remember /a Geographic picture, the 9 women /of some African chief semi-naked /astraddle a log, an official log to /be presumed, heads left: //Foremost /froze the young and latest, /erect, a proud queen, conscious of her power, /mud-caked, her monumental hair /slanted above the brows —violently frowning. //Behind her, packed tight up /in a descending scale of freshness  /stiffened the others//and then  .  .  /the last, the first wife, /present! Supporting all the rest growing /up from her —whose careworn eyes /serious, menacing —but unabashed; breasts /sagging from hard use . . .  //Whereas the uppointed breasts /of that other, tense, charged with /pressures unrelieved . /and the rekindling they bespoke /was evident. //Not that the lightnings /do not stab at the mystery of a man /from both ends —and the middle, no matter /how much a chief he may be, rather the more /because of it, to destroy him at home //.  .  Womanlike, a vague smile, /unattached, floating like a pigeon /after a long flight to his cote.  // Mrs. Sarah Cumming, consort of the Rev. Hopper Cumming, of Newark, was a daughter of the late Mr. John Emmons, of Portland, in the district of Maine… She had been married about two months, and was blessed with a flattering prospect of no common share of Temporal felicity and usefulness in the sphere which Providence had assigned her; but oh, how uncertain is the continuance of every earthly joy.

Ilustración: Totem Lesson, 1945, Jackson Pollock

lunes, mayo 07, 2012

Ramiro de Casasbellas / Dos poemas




Cámara oscura

gruesas gotas de amor me restituyen su semblante, huye
  por sus pupilas para tomar aliento.

arriesgar un parecer, un doloroso incendio. ella se pone
  de rodillas, me ve temblar, descolocado, inerte.

han llegado unos carros cargados de dolor.


La ronda

salgo a recibir la noche como un insulto
como una sentencia de muerte

ausculto de reojo
el diario en el bolsillo con su cogote negro
y la raya del pantalón
esa frontera masculina

el resto es simplemente hablar en una calle
dragarse el alma con cierta tolerancia
porque galopa la madrugada
y se nos viene encima el día
y la vida de siempre
que manejamos a desgano

Ramiro de Casasbellas (Buenos Aires, 1936-1999), Antología interna (Bayley, Brascó, Casasbellas, César Fernández Moreno, Jitrik, Urondo, Vanasco), Ediciones Zona de la Poesía Americana, Buenos Aires, 1965

Foto: Ramiro de Casasbellas, Jorge Carrol, Raúl Gustavo Aguirre, Rodolfo Alonso y Nicolás Espiro. Avenida Corrientes, Buenos Aires, 1952 ó1953 I poeti nomadi

domingo, mayo 06, 2012

Robinson Jeffers / Carmel Point




Carmel Point

¡La extraodrinaria paciencia de las cosas!
Este hermoso lugar desfigurado por un brote de casas
 suburbanas -qué hermoso cuando por primera vez lo
 contemplamos,
campos sin fin de amapolas y de altramuces cercados con
 limpios acantilados;
ninguna intrusión, sino dos o tres caballos pastando
o una pocas vacas lecheras restregándose los flancos en las
 sobresalientes rocas-,
ahora, ha llegado el corruptor, ¿acaso le importa?
Ni remotamente. Tiene todo el tiempo. Sabe que la gente es
 una marea
que se desborda y luego refluye
y disuelve todas sus obras. Mientras la imagen de prístina
 belleza
vive en el grano mismo del granito,
segura como el mar inacabable que trepa por nuestro
 acantilado. Con respecto a nosotros:
debemos descentrar nuestra mente de nosotros mismos;
debemos deshumanizar nuestros puntos de vista un poco, y
 volvernos confiados
como la roca y el océano de que estamos hechos.

Robinson Jeffers (Pittsburgh, 1887- Carmel, 1962), "Hungerfield", 1948-1953, Antología, versiones de Alberto López Fernández y Pablo Soler Frost, Libros del Umbral, Tlalpan, México, Distrito Federal, 1999


Carmel Point

The extraordinary patience of things! 
This beautiful place defaced with a crop of surburban houses-
How beautiful when we first beheld it,
Unbroken field of poppy and lupin walled with clean cliffs;
No intrusion but two or three horses pasturing,
Or a few milch cows rubbing their flanks on the outcrop rockheads-
Now the spoiler has come: does it care?
Not faintly. It has all time. It knows the people are a tide
That swells and in time will ebb, and all
Their works dissolve. Meanwhile the image of the pristine beauty
Lives in the very grain of the granite,
Safe as the endless ocean that climbs our cliff.-As for us:
We must uncenter our minds from ourselves;
We must unhumanize our views a little, and become confident
As the rock and ocean that we were made from. 

Ilustración: Shore House, 1911, George Bellows

sábado, mayo 05, 2012

Juana Bignozzi / De "Si alguien tiene que ser después"




¿morirán las diferentes de aburrimiento?...

¿morirán las diferentes de aburrimiento
ante una mesa servida sin invitados?
anfitrionas de ellas mismas
seguirán teniendo el ánimo
de elegir condimentos
poner manteles leer el arte de recibir
cuando ya decidí abrir la puerta para nadie
o al menos para otros diferentes
y sobre todo nunca para nada
la sociedad ha llegado a la perfección
ya no necesita madres ni maridos
para matar a las diferentes
se mueren de aburrimiento
en un esquema social quebrado
de cuyo desinterés e incultura
de cuya comodidad de prescindentes
no quieren salir los domésticos satisfechos

Juana Bignozzi (Buenos Aires, 1937), Si alguien tiene que ser después, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2010

Ilustración: La danza de la vida, 1899, Edvard Munch

viernes, mayo 04, 2012

Giorgio Caproni / El gibón




El gibón
                   a Rina

No, no es este mi
pueblo. Acá
-entre tanta gente que viene,
tanta gente que va-
estoy lejano y solo
(extranjero) como
ángel en una iglesia
donde no hay Dios. Como,
en el zoo, el gibón.

En los huesos tengo otra ciudad
que me consume. Está allá.
La he perdido. Ciudad
gris de día y, de noche,
toda entera un centelleo
de luces -una luz
para cada vivo, como,
aquí, en el cementerio, una luz
para cada muerto. Ciudad
a la que nada, ni siquiera la muerte
-nunca-, me conducirá.

Giorgio Caproni (Livorno, 1912-Roma, 1990), "Congedo del viaggiatore cerimonioso & altre prosopopee", 1960-1964, Poesie 1932-1986, Garzanti, Milán, 1989
Versión de Jorge Aulicino

Il gibbone         
                      a Rina

No, non è questo il mio
paese. Qua
-fra tanta gente che viene,
tanta gente que va-
io sono lontano e solo
(straniero) come
l'angelo in chiesa dove
no c'è Dio. Come,
allo zoo, il gibbone.

Nell'ossa ho un'altra città
che mi strugge. È là.
L'ho perduta. Città
grigia di giorno e, a notte,
tutta una scintillazione
di lumi -un lume
per ogni vivo, come,
qui al cimitero, un lume
per ogni morto. Città
cui nulla, nemmeno la morte
-mai,- mi ricondurrà.

Ilustración: Periferia, 1922, Mario Sironi

jueves, mayo 03, 2012

Raúl González Tuñón / De "Canciones del Tercer Frente", 2





El vals del Emperador

Los rufianes lo bailan en los salones
bajo la luz helada, entre los naipes
(las sotas tienen ya las rodillas podridas
y los caballos sed, y los reyes murieron).

Las dulces niñas corrompidas,
ah corrompidas, corrompidas,
quieren bailar conmigo,
pero no puedo porque se deshacen.

La mujer del Coronel (bastante vieja)
ha encendido las antiguas lámparas
y todos están juntos, qué terrible,
todos están dormidos esta noche
y el Emperador, vacilante,
ordena a la orquesta levantando
su índice muerto.

Cada uno lleva su almohadilla,
la alhaja concedida a la muerte,
la papeleta del nicho
y algunos agónicos nardos.

Míralos en el fondo del espejo,
cerca de los paraguas y los sombreros solos,
la última carta del Primer Ministro,
la Gaceta de ayer,
en el punto donde se encuentran
los olores perdidos,
un guante, un diente de oro, una violeta.

Todos están juntos, qué terrible,
y en lugar de la luz,
del reflector del techo cae una baba silenciosa, fría.
Es la muerte pequeña, pequeña todavía.

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), "Canciones del Tercer Frente -  IV. Los caprichos de Juancito Caminador (1933-1939)", 1943, Poesía reunida, Seix Barral, Buenos Aires, 2011

Ilustración: El estudio rojo, 1911, Henri Matisse

miércoles, mayo 02, 2012

Philip Levine / Una fábrica abandonada, Detroit



Una fábrica abandonada, Detroit

Las puertas están encadenadas, la cerca de alambre de púas se mantiene en pie,
una autoridad de hierro contra la nieve,
y este gris monumento al sentido común
resiste la intemperie. Temores de manos desocupadas,
de protesta, hombres confabulados, y de la lenta
corrosión de sus mentes, todavía cargan contra esta cerca.
Más allá, a través de ventanas rotas se puede ver
donde las grandes prensas hacían una pausa entre un golpe y otro
y así permanecen, en el aire suspendido, atrapado
en el margen seguro de la eternidad.
Las ruedas de hierro fundido se han parado; uno cuenta los rayos
cuyo movimiento difuminaba, los puntales que combatió la inercia,
y calcula la pérdida de poder humano,
experto y lento, la pérdida de años,
la progresiva decadencia de la dignidad.
Vivieron hombres dentro de estas fundiciones, hora tras hora;
nada de lo que forjaron sobrevivió a los engranajes oxidados,
lo que podría haber servido para moler su elogio.

Philip Levine (Detroit, Estados Unidos, 1928), Selected Poems, Atheneum, Nueva York, 1984
Versión de Jonio González

An Abandoned Factory, Detroit

The gates are chained, the barbed-wire fencing stands, 
An iron authority against the snow, 
And this grey monument to common sense 
Resists the weather. Fears of idle hands, 
Of protest, men in league, and of the slow 
Corrosion of their minds, still charge this fence. 

Beyond, through broken windows one can see 
Where the great presses paused between their strokes 
And thus remain, in air suspended, caught 
In the sure margin of eternity. 
The cast-iron wheels have stopped; one counts the spokes 
Which movement blurred, the struts inertia fought, 

And estimates the loss of human power, 
Experienced and slow, the loss of years, 
The gradual decay of dignity. 
Men lived within these foundries, hour by hour; 
Nothing they forged outlived the rusted gears 
Which might have served to grind their eulogy. 

Ilustración: Freight Car at Truro, 1931, Edward Hopper