miércoles, septiembre 30, 2009

Angel Faretta / El invierno y la ira



Estar la puerta cerrada

Señor:
Rezamos hasta las tres de la mañana,
Ninguno de nosotros sabía lo que pedía,
Fuera retumbaba el frío viento del norte,
La congoja, la nieve y la oscuridad...
Así llegó la madrugada. Flores azules
Se esparcieron por sobre la nieve, ya hielo;
Ninguno de nosotros dejó de orar; pasaron
Las horas y recorrimos las desiertas calles
De la ciudad, sus salones vetustos
-guirnaldas amarillentas, confeti marchito-
libélulas destrozadas por las llamas.
Entonces uno de ellos salió a nuestro encuentro,
Después fue otro y otro más que abandonaron sus casas
E iban hacia nosotros dando gritos de júbilo
Y alegría. En poco tiempo la plaza estuvo llena,
Y en dos días más todo el mundo alabó a Dios y a su obra.
Felices pasaron los días, varias semanas...
La Gloria aparecía en todo su esplendor:
Con la temprana primavera nos pareció
Que súbitamente un nuevo mundo florecía...
Pero –mi mano se hiela al intentar escribirlo-
Después volvieron a sus antiguas costumbres:
De lo dicho por nosotros sólo tomaron
La palabra, como un adorno fatuo
O unas pocas figuras retóricas con las cuales
Alimentar todavía más su antigua vanidad.
Un crimen sucedió a otro, y hubo muchos más...
Algunos de nuestros hermanos se contagiaron,
Volvió el invierno y con él la ira,
El fraude, la sospecha, y la prevaricación.
La nieve volvió a cubrir la ciudad y el campo:
Sólo una flor azul se obstina en mostrarse
A través de mi última y sucia ventana.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito

Ilustración: El Juicio Final (detalle), Fra Angelico, 1435-1440

De Faretta en este blog:
Temple
A un Malvolio local

martes, septiembre 29, 2009

Raúl González Tuñón/ De "Todos bailan", 2



Blues de Río Gallegos

Te amo a doce grados bajo cero
en un pueblo de soles indecisos, de gruesas lluvias
y de perros lentos,
frente al mar que trae disputas de brújulas y vientos.
Este es el auténtico corazón de la soledad
y la mañana se ha tirado en el puerto
contra barcos alcohólicos, dormidos, fatigados,
que vienen de los países de los mapas gastados,
los alevosos asesinatos, las suntuosas pieles,
los jugadores fulleros y los zorros colorados.
Este es el auténtico corazón de la soledad y de los desencuentros.
Sin embargo aquí encontré a un viejo amigo
sentado al piano con un tango antiguo
-“la vieja está en la cueva
los pajaritos cantan
bien puede ser que llueva
las nubes se levantan”.
Bien puede ser que con estas bellas cosas que te digo
escriba una canción, ahora, cuando nadie escribe canciones.
Aquí se vive de la lana y de los cazadores trashumantes.
aquí se muere, hija mía, y por la noche
mi espectro ha recorrido los prostíbulos,
mi gran alma canalla, ha conversado con mujeres torpes
de roncas voces y de ojos rasgados,
que conocieron a Sebastián Elcano.
La asamblea de los pingüinos prometía otras latitudes
desde el avión, muchacha.
Pero yo te envío mi amor a doce grados bajo cero
y la señorita del correo no sabe nada,
mientras los obreros,
ah, los obreros envejecen en los frigoríficos
y la veletas,
ah, las veletas en los tejados rojos enloquecen
y en la calle ancha,
ah, en la calle ancha debe estar esperando la muerte.

Patagonia 1932

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), Todos bailan, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987

Ilustración: Paisaje frío, Rubén Bello Traverso, 2009 RBT

De Tuñón en este blog:
"Me moriré en París"
Los seis hermanos Rápidos Dedos en el Gatillo / Blues de los pequeños deshollinadores
Escrito sobre una mesa en Montparnasse y Lluvia, Antología votada de poesía argentina

Carlos Drummond de Andrade / Dos poemas





Pandilla

Joâo amaba a Teresa que amaba a Raimundo
que amaba a Maria que amaba a Joaquim que amaba a Lili
que no amaba a nadie.
Joâo se fue a Estados Unidos, Teresa al convento,
Raimundo murió en un accidente, Maria se quedó soltera,
Joaquim se suicidó y Lili se casó con J. Pinto Fernandes
que no tenía nada que ver con esta historia.

Versión de Carlos Vitale


Tus hombros soportan el mundo

Llega un tiempo en que no se dice más: mi Dios.
Tiempo de absoluta depuración.
Tiempo en que no se dice más: mi amor.
Porque el amor resultó inutil.
Y los ojos no lloran.
Y las manos tejen apenas el rudo trabajo.
Y el corazón está seco.

En vano mujeres golpean la puerta, no abrirás.
Quedaste solo, la luz se apagó,
pero en la sombra tus ojos resplandecen enormes.
Eres todo certeza, ya no sabes sufrir.
Y nada esperas de tus amigos.

Poco importa la vejez, ¿qué es la vejez?
Tus hombros soportan el mundo
y no pesa más que la mano de un niño.
La guerra, las hambres, las discusiones dentro de los edificios
prueban apenas que la vida prosigue
y no todos se liberaron aún.
Algunos, hallando bárbaro el espectáculo,
preferirían (los delicados) morir.
Llegó un tiempo en que nada se gana con morir.
Llegó un tiempo en que la vida es una orden.
La vida apenas, sin mistificación.

Sentimento do mundo, Irmãos Pongetti, Rio de Janeiro, 1940; Nova reunião, José Olympio Editora, Rio de Janeiro, 1985
Versión de J. Aulicino

Carlos Drummond de Andrade (Itabira, 1902-Río de Janeiro, 1987)


Quadrilha
João amava Teresa que amava Raimundo/ que amava Maria que amava Joaquim que amava Lili/ que não amava ninguém. /João foi para os Estados Unidos, Teresa para o convento,/ Raimundo morreu de desastre, Maria ficou para tia./ Joaquim se suicidou e Lili casou com J. Pinto Fernandes/ que não tinha entrado na história.


Os ombros suportam o mundo
Chega um tempo em que não se diz mais: meu Deus./ Tempo de absoluta depuração./ Tempo em que não se diz mais: meu amor./ Porque o amor resultou inútil./ E os olhos não choram./ E as mãos tecem apenas o rude trabalho./ E o coração está seco.// Em vão mulheres batem à porta, não abrirás./ Ficaste sozinho, a luz apagou-se,/ mas na sombra teus olhos resplandecem enormes./ És todo certeza, já não sabes sofrer./ E nada esperas de teus amigos.// Pouco importa venha a velhice, que é a velhice?/ Teu ombros suportam o mundo/ e ele não pesa mais que a mão de uma criança./ As guerras, as fomes, as discussões dentro dos edifícios/ provam apenas que a vida prossegue/ e nem todos se libertaram ainda./ Alguns, achando bárbaro o espetáculo,/ prefeririam (os delicados) morrer./ Chegou um tempo em que não adianta morrer./ Chegou um tempo em que a vida é uma ordem./ A vida apenas, sem mistificação.


Foto: Drummond de Andrade Agencia Riff

Otros poemas de Drummond de Andrade en este blog:
Pasaje del año
También ya fui brasileño
En medio del camino

lunes, septiembre 28, 2009

Marianne Moore / Bastante




Suficiente1969

¿Soy yo una fanática? Lo opuesto.
¿Y dónde me gustaría estar?
Sentada bajo el olivo de Platón
o apoyada en su viejo tronco grueso,

lejos de la controversia
o de cualquier colérico.

Si quieres ver piedras bien puestas, no amenazadas
por la argamasa (los albañiles dicen "barro"),
cuadradas y lisas, levántalas como se debe,
dijo Ben Jonson, o lo aludió.

En "Descubrimientos" también dijo:
"Representa la verdad. Es suficiente."


Marianne Moore (Kirkwood, Missouri, 1887-Nueva York, 1972), "Hitherto Uncollected", Complete Poems, Macmillian Publishing Company/Penguin Books, Nueva York, 1994
Versión de J. Aulicino


Enough
1969
Am I fanatic? The opposite. / And where would I like to be?/ Sitting under Plato's olive tree/ or propped against its thick old trunk, // away from controversy/ or anyone choleric.// If you would see stones set right, unthreatened/ by mortar (masons say "mud"),/ squared and smooth, let hem rise as the should,/ Ben Jonson said, or he implied. // In "Discoveries" he then said,/ "Stand for truth. It's enough."

Ilustración: Códice atlántico, manuscritos de Leonardo Da Vinci, Milán, Biblioteca Ambrosiana, siglo XVI


domingo, septiembre 27, 2009

Ernesto Lumbreras / Dos poemas


Una mañana en el jardín

Para Eduardo Langagne


Hay un gato en la barda del jardín de la casa.
El resplandor de la hierba igual que un cubo de agua
lo tensa y acobarda. Un círculo de pájaros
entre migas de pan despierta en su nariz
una alegría de alas. Si no estuviera un perro
absorto en el movimiento de ir y no ir por su almuerzo
otro gallo cantara. Como una gota de agua
en un terrón de azúcar el gato se consume
en preparar su salto. Nunca lo hará, lo sabe
de cierto y con mayúsculas. Tal vez la historia cambie,
añora el bigotón, cuando un muchacho tome
su cuaderno y su lápiz y dibuje esta fábula.


La sequía

En un árbol de tres ramas, el cielo
su mar reposa, plácido y sin islas.
Un caserío en ruinas se renueva
a la vez que de polvo de fantasmas.
Tiembla el camaleón toda la noche
como un borbotón de agua bajo el suelo.
Una almendra es el llano, un fuego de almas:
junto a la noria yace roto un cántaro.

Ernesto Lumbreras (Ahualulco de Mercado, 1966), "Espuela para demorar el viaje", 1993, Caballos en praderas magentas. Poesía 1986-1998, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Editorial Aldus, México D.F., 2008

Foto: XVII Festival Internacional de Poesía Rosario

sábado, septiembre 26, 2009

Rodolfo Edwards / de "Mingus o muerte"


Fiestas Deleite (últimos sábados de cada mes, Zona Congreso)

Bailé como loco, tomé como pocos. Actrices, azafatas, profesoras de yoga, pijirindinguis, maracas extranjeras, discos monoaurales, cerveza artesanal de origen bonaerense, una cantante de chanson, hija de un diputado, blanca como un papel, el paraguas que usó Perla Caron en la peli "Mosaico". ¡Oh Luchino! ¡Luchino Visconti! Pastor de los arrabales del alma, siempre amable en tu alta desdicha. La muerte es perezosa, demora, pospone, prorroga. Amanece, y en la azotea hay una paloma muerta, un broche azul y un pucho con restos de carmín (tres de un par perfecto). No recuerdo cómo volví a casa.

Rodolfo Edwards (Buenos Aires, 1962), Mingus o muerte, Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2009

Ilustración: Ornamentos en la llanura, Marcelo Pombo, 2008 artnet

De Edwards en este blog:
Ataque 77
El viejo árbol

viernes, septiembre 25, 2009

Max Jacob / Mendigos



Exito de la confesión

Sobre el camino que conduce a un campo de carreras había un mendigo parecido a un criado: “Tenga piedad de mí”, decía, “soy vicioso e iré a jugar el dinero que me den ustedes”. Y así, en este estilo, seguía su confesión. El mendigo tenía un gran éxito, y lo merecía.

De El cubilete de dados. Traducción de Guillermo de Torre, Losada, Buenos Aires, 2006


La mendiga de Nápoles

Cuando yo vivía en Nápoles, había en la puerta de mi palacio una mendiga a la que yo arrojaba monedas, antes de subir al coche. Un día sorprendido de que nunca me diera las gracias, miré a la mendiga; entonces vi que lo que había tomado por una mendiga más bien era un cajón de madera, pintado de verde, que contenía tierra colorada y algunas bananas medio podridas.

De Cuentos breves y extraordinarios. Traducción de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, Santiago Rueda Editor, Buenos Aires, 1968

Max Jacob (Quimper, 1876 - Drancy, 1944)

Ilustración: Max Jacob Literatura Francesa y Traducciones

jueves, septiembre 24, 2009

Pablo Aguirre / de "Catán"






La canción del arquero Shulze

Acá nos tienen, entrenando al pedo bajo un sol que parte,
Preguntándome: ¿cuándo volveremos a jugar en Primera?
Aquí estamos por haber osado jugar contra Boca:
Si no teníamos ni para empezar...
Bostezamos, hacemos pases, la tocamos,
Cuando el entrenador grita "Arriba", todos empiezan a llorar.
Tristeza y también egoísmo:
creo que nadie se bancaría que transfirieran a alguno.
Seguimos meta pases.
Parece que se cayó el auspicio de Fernet.
Algunos se preguntan: ¿cuándo cobraremos octubre?
¿qué pasará con el club?
El deporte no garpa: la estamos pasando como el orto.
Pero ¿para qué amargarnos? Quizá nunca volvamos a Primera.
¿Qué clubes están en los medios?
¿Qué jugadores están saliendo con modelos?
Los otros, siempre los otros.
Estamos como caballos cansados.
No tenemos descanso: ¡tres partidos perdidos en un mes!
Los botines están nuevos y estrenamos indumentaria hace un mes,
lo que está fallando hace rato somos nosotros.
El peor enemigo del club no es Boca o River,
sino nosotros mismos.
Cuando empezamos esta campaña, la cancha estaba hermosa,
el pasto verde como para comérselo.
Ahora la tierra está pelada y dura:
el pasto muerto y el polvo vuelan con el viento.
Los muchachos se mueven lentamente,
sedientos y también con hambre.
Nuestras mentes están reunidas en un lugar desolado,
pero ¿quién sabrá nuestro pesar?

Pablo Aguirre, Catán *, Colección Chapita, Buenos Aires, 2009

* Reescritura de Cathay, de Ezra Pound, el que a su vez está compuesto de versiones libres de poemas de Li Po (Rihaku, en Japón) y otros poetas chinos, escritas a partir de bosquejos de Ernest Fenollosa: "con igual justicia y probabilidad podría este libro llegar a ser de Fenollosa, Aguirre o del propio Rihaku", señala el prólogo de Catán.

Nota: El poema "La canción del arquero Shulze" corresponde al que Pound publicó en Cathay bajo el título "Song of the Bowman of Shu", atribuido a Bunno, cuyo texto es el que sigue:
Here we are, picking the first fern-shoots/ And saying: When shall we get back to our country?/ Here we are because we have the Ken-nin for our foemen,/ We have no comfort because of these Mongols./ We grub the soft fern-shoots,/ When anyone says 'Return', the others are full of sorrow./ Sorrowful minds, sorrow is strong, we are hungry and thirsty./ Our defense is not yet made sure, no one can let his friend return./ We grub the old fern-stalks./ We say: Will we be let to go back in October?/ There is no ease in royal affairs, we have no comfort./ Our sorrow is bitter, but we would not return to our country./ What flower has come into blossom?/ Whose chariot? The General's./ Horses, his horses even, are tired. They were strong./ We have no rest, three battles a month./ By heaven, his horses are tired./ The generals are on them, the soldiers are by them./ The horses are well trained, the generals have ivory arrows and/ quivers ornamented with fish-skin./ The enemy is swift, we must be careful./ When we set out, the willows were drooping with spring,/ We come back in the snow,/ We go slowly, we are hungry and thirsty,/ Our mind is full of sorrow, who will know of our grief? by Bunno — Reputedly 1100 B.C.

Ilustración: Imagen del juego de estrategia The Asian Dynasties, segunda expansión de Age of Empires III, desarrollada por Ensemble Studios y Big Huge Games para Microsoft.

miércoles, septiembre 23, 2009

Jack Spicer / de "Quince proposiciones falsas contra dios"


I

Ya no es real el yo
no como la soledad,
esta enorme, grandísima soledad
que sacrifica en sí
todo de una persona.
Los más grandes,
estoy seguro, supieron dominarla.
"La belleza es cosa rara" canta Pound
"Tan pocos beben de mi fuente"


V

Cuando cae la casa te preguntás
si alguna vez habrá poesía
y temblás entre tablas preguntando
si alguna vez habrá poesía.
Cuando cae la casa temblás
en el aserradero vacío de tu poesía.
La belleza es cosa rara, cantó Pound.
Tan pocos beben de mi fuente.

Jack Spicer (Los Angeles, 1925 -San Francisco, 1965), Quince proposiciones falsas contra Dios, versiones de Francisco Bitar, Colección Chapita, Buenos Aires, 2009

I
The self is no longer real / It is not like loneliness/ This big huge loneliness. Sacrificing/ All of the person with it. / Bigger people/ I'm sure have mastered it. / "Beauty is so rare a thing", Pound sings / "So few drink at my fountain".

V
When the house falls you wonder/ If there will ever be poetry/ And you shiver in the timbers wondering/ If there will ever be poetry/ When the house falls you shiver/ In the vacant lumber of your poetry. / Beauty is so rare a thing, Pound sang/ So few drink at my fountain.


Foto: Spicer Jacket Magazine

De Spicer en este blog: Versiones de Un cuaderno de música

martes, septiembre 22, 2009

Emily Dickinson / Después de un gran dolor


Después de un gran dolor, uno se hace formal

Después de un gran dolor, uno se hace formal -
Los Nervios se apoltronan, como Tumbas-
El Corazón ya tieso se pregunta
Si fue El quien lo pudo soportar,
Si fue Ayer o hace Siglos.

Los Pies, igual a autómatas, recorren -
En el Suelo, en el Aire, en el Vacío -
Un sendero del Bosque
Que ha nacido al descuido,
Resignación de Cuarzo, como piedra -

Es la Hora del Plomo -
Si se la sobrevive, es recordada
Como quien soportó Nieves glaciales -
Frío-al principio-luego Aturdimiento -
Después dejarse ir-

Emily Elizabeth Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830 - 1886), Por ínfimas finuras, selección, prólogo y versiones de Ricardo H. Herrera, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2009

After great pain a formal feeling comes...
After great pain a formal feeling comes- /The Nerves sit ceremonious like Tombs -/ The stiff Heart questions was it He, that bore,/ And Yesterday, or Centuries before? // The Feet, mechanical, go round-/ Of Ground, or Air, or Ought-/ A wooden way/ Regardless grown,/ A Quartz contentment, like a stone.// This is the Hour of Lead -/ Remembered, if outlived,/ As Freezing persons, recollect the Snow -/ First- Chill- then Stupor - then the letting go-

Ilustración: daguerrotipo de Dickinson c. 1850 New World Encyclopedia

De Emily Dickinson en este blog:
Nos gusta marzo...

lunes, septiembre 21, 2009

Darío Rojo / de "Una explicación para todo"


En el lujo inadvertido de poder determinar

la estación que lo contiene,
el tenista se concentra en su revés paralelo
para con su golpe transformar un cristal de memoria
donde una plaga de langostas oscurece el cielo por completo,
en una proyección de hechos intermedios
de algo que alguien fue en algún tiempo.
En aquella indeterminación el mecanismo de los peces y el vino
abandona su voluntad lúdica, y al reflejar un águila bifronte
en cada espejo improvisado, pervierte la comodidad adquirida
y sin anunciantes da comienzo al interminable viaje en trineo:
el ruido de los perros golpeando la nieve, la intermitente
visión de las montañas y el cielo
desfigurando la posición gravitacional del individuo
que frente a la inminente tormenta inaugura
la imperiosa necesidad de reconciliar la convulsión de la carne
con un estado de severa inmovilidad, sintetizada erróneamente
en las uñas que están creciendo sin recibir esmalte o acetona.
Y sin esperar el desenlace, los hechos siguientes se ocultan
como una frutilla de plástico en el puño del señor Marasco.
El que al cerrar lentamente un paraguas
expuso, sin querer, el matiz general de toda perfección.

Darío Rojo (Eduardo Castex, 1964), "La Sexta armonía", Una explicación para todo. Poemas reunidos, Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2009

Ilustración: Maurice Biais, Partie de tennis, Biblioteca Nacional de Francia

Otros poemas de Rojo en este blog
Convictos de su majestad
El primer peinado Leyendecker
Presentación del motivo

domingo, septiembre 20, 2009

Ernest Hemingway / Bayoneta


Muertos del Piave - Julio 8 -1918

El deseo y
Todos los dulces dolores punzantes
Y la suavidad hiriente
Que tú fuiste,
Desaparecieron en la hosca oscuridad.
Ahora en la noche llegas adusta
Para yacer conmigo
Una sorda, fría, rígida bayoneta
En mi alma inflamada, palpitante.

Ernest Miller Hemingway (Oak Park, 1899 - Ketchum, 1961)
Versión de J. Aulicino

Killed Paive - July 8 - 1918
Desire and/ All the sweet pulsing aches/ And gentle hurtings/ That were you,/ Are gone into the sullen dark./ Now in the night you come unsmiling/ To lie with me/ A dull, cold, rigid bayonet/ On my hot-swollen, throbbing soul
. Old Poetry

Foto: Hemingway, conductor de ambulancias de la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial Great Warr Individual Photos

sábado, septiembre 19, 2009

Marianne Moore / Una cosa encantada


El espíritu es una cosa encantadora

es una cosa encantada
al igual que el lustre en un
ala de chicharra
subdividida por el sol
hastas que las redes son legión.
Al igual que Gieseking tocando Scarlatti;
al igual que la lezna del ápterix
como un pico o el
chal para la lluvia de kiwi
con sus plumas peludas, el espíritu
avanza tanteando como un ciego,
sigue su marcha con los ojos fijos en el suelo.
Tiene el oído de la memoria
que puede escuchar sin
tener que escuchar.
Al igual que la caída del giróscopo,
realmente inequívoca
porque la certifica una certeza reinante,
es un poder de
enérgico hechizo. Es
como el cuello
de la paloma animado por
el sol; es el ojo de la memoria.
Es una concienzuda inconsistencia.
Arranca el velo; rasga
la tentación, la
bruma que lleva el corazón,
en sus ojos; siempre que el corazón
tenga cara; desarma
el abatimiento. Es fuego en el cuello irisdicente
de la paloma; en las
inconsecuencias
de Scarlatti.
La no-confusión pone
a prueba su confusión; no
es un juramento de Herodes que no se puede cambiar.

Marianne Moore (Kirkwood, Missouri, 1887-Nueva York, 1972), Poetas norteamericanos contemporáneos, traducción de E.L. Revol, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1976 (de Nevertheless, 1944)

The Mind is an Enchanting Thing
is an enchanted thing/ like the glaze on a / katydid-wing/ subdivided by sun/ till the nettings are legion./ Like Giesking playing Scarlatti;// like the apteryx-awl/ as a beak, or the / kiwi's rain-shawl/ of haired feathers, the mind/ feeling its way as though blind,/ walks along with its eyes on the ground.// It has memory's ear/ that can hear without/ having to hear./ Like the gyroscope's fall,/ truly equivocal/ because trued by regnant certainty,// it is a power of strong enchantment. It / is like the dove-/ neck animated by/ sun; it is memory's eye;/ it's conscientious inconsistency.// It tears off the veil; tears/ the temptation, the / mist the heart wears,/ from its eyes - if the heart/ has a face; it takes apart/ dejection. It's fire in the dove-neck's// iridescence; in the inconsistencies / of Scarlatti./ Unconfusion submits / its confusion to proof; it's/ not a Herod's oath that cannot change.


Ilustración: René Magritte, La condición humana (detalle), 1933

viernes, septiembre 18, 2009

Homero Pumarol / Antillas


Caribbean Ants

Uno se imagina el mar caribe
Como un hormiguero que devora las antillas

Y las antillas como botellas
De distintos tamaños donde
Se conserva todo el ron del mundo

Y el mundo como una pelota
Que vuela sobre los techos de Boston

Y Boston es la imagen que muestran los satélites
Cuando el Big Papi trota lentamente por segunda,
Saludando a los blichers, acariciando la media luna con los spikes

Y los spikes del Big Papi son unas yolas Puma
Donde viajan cuatro mil indocumentados
Burlando los radares de los guardacostas gringos hasta Borinquen
Y de Borinquen a Michigan o a Nueva York

Y todo el mundo tiene un primo en el Canal de la Mona

Y una mona es un gallo manilo que se usa para entrenar gallos de pelea
En Bayahíbe por ejemplo hay una gallera discoteca
Donde los gallos pelean bajo un discoball
Y los turistas bailan con espuelas salpicando plumas y sangre
Y los gallos apuestan a los turistas
Y los turistas se enamoran de los gallos
Y al final hay un gallo o un turista muerto
Y un turista que se casa con el gallo ganador.

Todo lo que tiene que ver con enormes olas de sanki pankis
Bajando por la espalda de una familia europea o gringa
Y con enormes olas de motores setenta
Subiendo carreteras de arroz y habichuelas
Entre hormigas caribe y botellas de ron.

Homero Pumarol (Santo Domingo, 1971)

Texto y foto: XVII Festival Internacional de Poesía Rosario

Jean Portante / Todos los fuegos...


TODOS LOS FUEGOS SE EXTINGUIERON y el viento cierto viento
como cuando habla el ahogo o la sed
o el cielo obliga a tantear
a lo largo de las casas
al puerta a puerta madera fatigada de arder
qué sabrá de la ceguera

la noche cae no lejos de allí
y nosotros la velamos como se vela
a una sombra que desciende
o a un abrigo que uno se pone
o tira o regala

o a un telón que cae cuando la historia ha terminado
y que aplaudan en la sala
y partan las últimas mil manos
pero qué haces tú en esta noche tan perfecta

qué hacemos salvo acercarnos
al árbol de cerezas negras
a la colina de árboles negros
al paisaje de colinas negras

Jean Portante (Luxemburgo, 1950), de Point, Editions Phi, Luxemburgo, 1999
Traducción: Daniel Samoilovich


tous les feux sont éteints et le vent un certain vent / comme quand parle l’essoufflement ou la soif / ou le ciel oblige au tâtonnement / le long des maisons / au porte à porte bois fatigué de brûler / que sait-il de l’aveuglement // la nuit tombe non loin de là / et nous la veillons comme on veille / une ombre qui descend / ou un manteau que l’on met / ou qu’on jette ou qu’on donne // ou un rideau qui tombe quand l’histoire est finie / et qu’applaudissent dans la salle / et partent les mille dernières mains / mais que fais-tu dans cette nuit si parfaite // que faisons-nous sinon nous rapprocher / de l’arbre aux cerises noires / de la colline aux arbres noirs / du paysage aux collines noires

Textos y foto: XVII Festival Internacional de Poesía Rosario

jueves, septiembre 17, 2009

Marcelo Ahumada / Oscuridad


Yo soy la Oscuridad

IX

trepar la escalera de la noche
cambiar el foco
mi jaula es como una cabeza
la llenan leones solos

media hora en el baño
la verdad es decir la verdad
el piso en el que duermo
Es un viaje a la noche en taxi

Todo lo que soy es alambrada

me faltó coraje para bajarme
arrojarme al forraje de espinos
camino a tu casa la ruta oscura

el foco da una luz enfermiza
servirá si hago fuego
Si me alumbro con unas verdades:

(no me ves
existo si no me muevo en la repisa
si te divierto
si digo ser más feliz)

hacharé mi cabeza
para que salgan plantas
veré los vasos sobre la mesa

¿ya pasó? ¿te hice feliz?

Yo fui feliz

desenchufé la noche
hallaras las estrellas en las cubeteras
con el humo desnudo manchadas
malgastaré en una ruta todo lo que aposté
hasta desaparecer

Marcelo Ahumada (Catamarca, 1971)

Texto y foto: XVII Festival Internacional de Poesía Rosario

Thomas McCarthy / Trenes


Los trenes detenidos


y pensé qué maravilloso perder
las conecciones de uno;
pronto voy a perderlas
para siempre

Louis MacNeice: The Strings are False


Por las ventanas de los trenes detenidos
se puede juzgar la labor artística de nuestra pobre República.
Las prominentes ruinas que hacen que Limerick Junction
se parezca a Dresde en 1945
y los vagones desvencijados en Mallow Station,
los desvíos herrumbrados en Charleville,
costaron años de pensamiento independiente.
Toma décadas destruir un sistema
de estaciones. Por otro lado, unas pocas
señales bien puestas pueden destruir todo
un modo de vida, una red de felicidad.
¡Esta es nuestra propia República! O Memoria,
O Patria, la vergüenza de empalmes silenciados.
El tiempo supo que arrancábamos los rieles, que vendíamos
boletos de emigrantes llegando incluso a dejar vacía
la boletería. Los trenes detenidos
del futuro fueron puestos contra un paredón.

Dos gallinas picotean semillas de la luminosa plataforma,
gallinas se asan en el señalero.
Los carteles bilingües que causaron un debate en el Senado
fueron arrancados y usados como puertas:
ahora es el fin del verano en esta estación muerta.
Cuando tenía doce años sacaron los rieles.
Ahora sólo está el espectro de mi padre,
de pie cerca del hangar con su espectral
valija. Cuando me ve caminar hacia él
se trastorna. ¡No pares aquí!, grita.
¡Sigue, sigue! Este lugar está muerto.

Thomas McCarthy (Cappoquin Co. Waterford, 1954), Poesía irlandesa contemporánea, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999
Versión de Jorge Fondebrider



The standing trains

…and I thought how wonderful to miss/ one's connections;/ soon I shall miss them/ all the time

Louis MacNeice: The Strings are False

From the windows of a standing train/ you can judge the artwork of our poor Republic./ The prominent ruins that make Limerick Junction/ seem like Dresden in 1945/ and the beaten-up coaches at Mallow Station,/ the rusted side-tracks at Charleville,/ have taken years of Independet though./ It takes decades to destroy a system/ of stations. On the other hand, a few/ well-placed hand-signals can destroy a whole/ mode of life, a network of happiness./ This is our own Republic! O Memory,/ O Patria, the shame of silenced junctions./ Time knew we'd rip the rails apart, we'd sell/ emigrant tickets even while stripping/ the ticket-office bare. The standing trains/ of the future were backed against a wall.// Two hens peck seed from the bright platform,/ hens roost in the signal-box./ Bilingual signs that caused a debate in the Senate/ have been unbolted and used as gates:/ it's late summer now in this dead station./ When I was twelve they unbolted the rails./ Now there's only the ghost of my father,/ standing by the parcel-shed with his ghostly/ suitcase. When he sees me walking towards him/ he becomes upset. Don't stop here! he cries/ Keep going, keep goin g! This place is dead.


Foto: McCarthy Kennys ie.

Sobre Francisco Urondo


El don de la sobriedad

Uno de los rasgos centrales de la actividad pública de Francisco Urondo (Santa Fe, 1930-Mendoza, 1976) fue su rol de mediador entre las corrientes literarias de la época.
Se vincula con Poesía Buenos Aires, el emprendimiento editorial de Raúl Gustavo Aguirre, antes de trasladarse desde Santa Fe a Buenos Aires, y en 1956 publica con ese sello su primer libro. En los 60, crea Zona de la Poesía Americana. La actividad editorial y la militancia política corren paralelas en esos años.
Su poesía está cada vez más recorrida por las inflexiones y la métrica coloquiales desde la publicación de "Del otro lado" (1960-65).
Hemos puesto a las corrientes de la época nombres que entonces no debían resultar tan prácticos: coloquialismo, invencionismo, surrealismo.
La vanguardia reagrupada en Poesía Buenos Aires no debía considerarse a sí misma invencionista; los coloquialistas no se llamaban así y sólo los surrealistas adscribían a una vieja escuela, la de André Breton, como tallos renovados.
Había cierta íntima discordia entre vanguardia y poesía política, rotos los lazos del surrealismo y de la vanguardia inicial con el comunismo.
Urondo se sitúa en la época como hábil entretejedor de esos conflictos; no lo hace sólo en su oficio de periodista y de editor, sino que su poesía, de ágiles imágenes concretas, tributaria de René Char, en ciertos aspectos, sobre todo al comienzo, se va tornando fluida y abarcadora.
El capital intelectual de Urondo era enorme, y en esta base se afirmó para dar una versión posible de la vida contemporánea, ya que su tema era la vida, personal y política.
Quiero decir con esto que en cierto sentido fue extremadamente literario, y extremosamente hedonista, si este último término no hubiese caído en descrédito últimamente.
Literario porque, subjetivo e intimista en muchas zonas de su poesía, lo es no desde sí, sino hablando de sí.
Lo discursivo, suelto, exacto, solvente, y sobre todo, discreto, constituye su discurso y es lo mejor de su discurso.
Ninguna novedad sobre sí mismo y sobre el día dejará de tener la cualidad de cosa narrada, de cosa dicha, de cosa referida, conversada. La cualidad central de ese discurso poético es la sobriedad, junto con la vivacidad, el dinamismo.
Urondo es esencialmente sobrio. Un hombre que se hace oír, sobre todo porque no grita. No muestra metáforas rutilantes, conversa con el lenguaje de su época, el mismo que usaba en los medios, el mismo de los medios de su época: el de una persona culta que quiere darse a entender y que otorga funcionalidad, y paradojalmente, mayor riqueza, a los términos más graves de la poesía tradicional, como abismo, amor, muerte
En el concierto de las voces de los sesenta, la poesía de Urondo debió llegarnos en sordina, más lentamente. Pero al mismo tiempo fue hondamente impregnante. La sentimos hoy en las tramas más que en los términos de mucha poesía posterior.
Por otro lado, era y es un encanto escucharla. En su placer en la palabra se concentra aquel hedonismo, y esa otra cosa que también ha perdido prensa y consenso: amor a lo estético, tanto por lo menos como a lo sensual. No hay otro modo de decir la unión de la vida política de Urondo y su final, acribillado, que no sea el que ya fue dicho: por la belleza se alza uno contra el agobio de la opresión, sobre todo cuando ese amor estético y sensual es también vital. Así se transita de lo íntimo a la plaza pública; construyendo, diríamos, esta privada lógica moral y estética.
Si la poesía de Urondo es síntesis de época como lo fue él mismo por su actividad cultural y periodística, la historia viva no puede menos que recordarlo.
Siendo su poesía comentario general de su propia vida, y de la historia, muchos poemas de Urondo tomados al azar dicen mejor las cosas a las que me refiero.
La sobriedad encantadora de su poesía, su paradoja, deviene de que el autor se sitúa, periodísticamente, políticamente, como comentador. Esta instancia, este género, merece el mayor de los respetos. Por varios motivos: no carece de dignidad literaria el comentario; por el contrario, cualquier hombre que quiera referir su experiencia de modo convincente, ha de apelar a la empatía o al comentario inteligente. La discreción del comentario, del apunte, parece contradictoria con la sensualidad que atrapa y deslumbra a Urondo. No lo es, por cuanto su talento le permite referir esta última de manera que parece objetiva constatación de un terremoto inocultable. La revolución, en esta perspectiva, es necesaria en tanto reordenamiento deslumbrante.

Jorge Aulicino,
leído en la mesa "El sentido actual de la poesía de Francisco Urondo", por Jorge Aulicino y Marcelo Díaz, 15 de setiembre de 2009, C.C. Bernardino Rivadavia, Rosario, XVII Festival Internacional de Poesía Rosario.

miércoles, septiembre 16, 2009

Ariel Williams / Ascensión


Cuerpo de “nosotros”


9
como subiendo en corrientes profundas
de peces del cielo
por tajos azules o violetas, y en el aire
como subiendo con peces de bocas
gangrenadas
aunque no fuera hacia la aurora
y aunque
sus luces cayeran contra plásticos
deformes
como subiendo en el dios
que no vimos
subir
y como queriendo ser y no ser
brazos manos piernas y axilas
de muchachas muertas
en accidentes
que suben con sus carteras y sus labios
todavía pintados
de rojo
y con sus ojos inocentes de pestañas largas
cerrados

las muchachas que suben
meditando

Ariel Williams (Trelew, 1967)

Texto y foto: XVII Festival Internacional de Poesía Rosario

Juana Bignozzi / En medio de...


En medio de mi furia y mi tristeza...


En medio de mi furia y mi tristeza
vuelven para decirme
hasta cuándo resistirás
con esta poesía dura y guerrera
que mantiene el desconcierto aún en la vejez
ya nadie sabe de qué hablás
todo es una historia ignorada e indescifrable
y ya sólo enamora para siempre a ese fantasma

siempre se escribe para un fantasma
para una cuenta pendiente y oculta
para un fantasma íntimo y secreto
su presencia hace a los poetas

sola con él cruzaré esa última plaza vacía.

Juana Bignozzi (Buenos Aires, 1937)

Texto: XVII Festival Internacional de Poesía Rosario

Foto: Bignozzi, 2009 Facundo Pechervsky/La Nación

Otros poemas de Juana Bignozzi en este blog:
Los hombres de mi familia y su ideología transplantada
Educada en el vicio de los hombres

Eli Tolaretxipi / Poema


V

Me despierto en un portal
en pleno centro de la ciudad vieja de B.
Trato de reparar en el hecho de que
no volveré a estar allí.
Anoto el suceso.
Me sacudo el polvo.
Sólo un amor en descomposición olería así.
Un animal muerto hace días
entre los peldaños de la escalera
de una historia como ésta
olería así.
"Así" significa olor a carne perdida
a descuido
a desperdicio.
En algún lugar del cuerpo
el paso de sus uñas, tan sucias
siempre, de pintura
de sangre seca.
Anoto mis manos.
La falda larga cubriéndole los tobillos.
Es fácil dejar de ocultar.
Desde fuera
nadie puede leer el desánimo.


Eli Tolaretxipi (San Sebastián, 1962)

Texto y foto: XVII Festival Internacional de Poesía Rosario

martes, septiembre 15, 2009

Pablo Melicchio / Haikus


Noche sin hojas.
Escribo pobres versos
en la memoria

Mi biblioteca
tiene memoria oculta:
lo subrayado

Copa de vino
donde las uvas nadan
sin vestiduras

Sobre el bastón
el anciano da cuerda
al nuevo día

El viejo ciego
esperando en la esquina
una mirada

Pablo Melicchio (Buenos Aires, 1969)

domingo, septiembre 13, 2009

Chus Pato / La voz

La voz era pánico...


La voz era pánico
y deseaba, insistía, tener hábito(s) en el poema
………………

pero no todo puede ser transportado (no la voz, desde luego)

sí el espíritu que invade al bardo, entre los brezos yertos

y porque llueve, los habitantes del poema han de abrir sus paraguas // sacan lo que llevan dentro y le buscan acomodo afuera

[sólo porque tú depositas la mirada sobre el texto, puedo empezar con las soluciones]

esto es lo que consigue Caballero Amable, hacer que seres alienados se presenten ante el mundo, y muy a su pesar, como personas libres

pero sólo la voz empasta las tres historias
la voz que la escritura no cobija

así pues, un poeta es un ser anciano.

Más que entrar el mundo dentro del poema
verter la escritura. Como una lava leve y transparente, muselina

tanto cielo
tanta primavera

ya ves, esto es un acto político: torcer la voluntad a quienes obedecen

pero falta el contexto.

¡Y qué decir de los soportes!, cuando ya el papel no aguanta y sólo se concibe una pared y la proyección de letras digitales (seguramente en un museo o en los paneles de la autopista) o esas mismas frases que envuelven como cintas luminosas los cuerpos de los viandantes que dialogan sobre el vuelo de las aves o los bucles de milanos que se mimetizan con los árboles cuando extienden sus alas como un nido

la teoría es esa violencia ética de lo intangible

y está el problema del yo, ¿cuántos?, y de las situaciones

prefiero mi pánico a entrar en librerías, excluyéndote a ti, que me abandonas en cualquier lugar, sin dinero, o dentro del coche sin freno de mano. Visitamos una ciudad para recordar los edificios de las ciudades

los sueños no son teoría, y ahora tenemos que quedarnos aquí porque tú no quieres despertar, en este palacete de urbanización privada, con muchos otros y otras de nuestra condición; esta noche nuestros asesinos están borrachos o encerrados en el váter

de una vez por todas nada hermético, ni críptico (que nosotros nunca escribimos) y ponlo ya en órbita, con todos nuestros espléndidos matorrales y carquesias
Y fíjate como se torna dulce la verdad, cuando descalza te mantienes ¿ingrávida? en la placenta de los alisos

**

las sinopsis vuelven, la inquietante floración de abril


Chus Pato (Orense, 1955)

Traducción del gallego: Iris Cochón

Texto y foto: XVII Festival Internacional de Poesía Rosario

sábado, septiembre 12, 2009

Joaquín Giannuzzi / de "Principios de incertidumbre"




Crimen perfecto

En mis fantasías nocturnas
un cisne blanco
es perpetuamente degollado
por un solo de hacha, exacto.
La operación es pulcra y esquemática,
un modelo de silencio
e instantánea guillotina horizontal
que corta el cuello idealmente
en mitad de la curva inferior.
El agua está inmóvil; el cisne
indiferente al jadeo inmediato del asesino.
Partido en dos, se disuelve fríamente
como un puñado de nieve, sin rastros
de muerte individual,
Ni una sola gota de sangre mancha el sueño
y es la ruptura del despertar
lo que me convierte en destructor especulativo
impune y vestido de correcto azul.


Alto pájaro cazado

Uno solo entre los perdigones instantáneos
inundó su blanco cerebro aéreo.
El plumaje se concentró, aspirando
una oscuridad artificial bajo las alas.
Una brusca asfixia
en la línea de vuelo determinó
esta caída libre fuera de la existencia
y del espacio injustificado.
Pero antes hubo el rastro azul
de una resolución
que la cacería quebró
en la plenitud de su parábola.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, 2004), "Principios de incertidumbre", 1980, Poesía completa, edición y prólogo de Jorge Fondebrider, Biblioteca Sibila-Fundación BBVA, Sevilla, 2009


Ilustración: Miquel Barceló, sin título. Acrílico sobre papel con plumas de ave y piedra de azufre en una caja de madera, 1978

viernes, septiembre 11, 2009

Alberto Girri / De "Elegías italianas", 2



Túmulos

que penden, absortos,
enhebrados
a la más vieja de las Italia
y respiran
eso mismo que encierran, lo oculto,
el instinto
que en el etrusco indujo
al misterio, a replegarse
en el frescor de las ciudades
pensadas como rituales,
plegarias, laberintos,
una lengua irreductible, sin clave,
protección
contra toda súplica de luz
y de memorias.
El viandante
no se da cuenta,
ve apenas
las herbosas superficies,
lagartos
filtrándose por las hendeduras
de la tierra, oscuramente
promiscua tierra,
solamente oye
algún grito que viene del valle,
que lo reclama
y pasa sin reconocer
cómo la inmutable
sonrisa vagando en cada muerto
acalla, flor para siempre, la dura
fugacidad de los días,
el apetito de ultratumba, el miedo.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), Elegías italianas, Editorial Sur, Buenos Aires, 1962

Ilustración: Detalle de un fresco en una tumba etrusca, Necrópolis Etrusca, Tarquinia, Viterbo

Fernando Molle / de "Del libro"





Del poema y su poeta, si coinciden

Envía sólo carta contestada,
a sí remite presto y va leyendo,
inserta en su buzón y la recibe,
y el gesto, hueco gesto espeja cero.

Escolta, reduplica, se proclama,
concuerda cuanto aclara, lo reincide;
no piensa en cómo habla cuando escribe,
ni piensa en cómo vive cuando habla.


Del poema y su balanza, si coinciden

Si "Frutas y Verduras" se pensara,
¿las "Frutas y verduras" escribiera
poeta verdulero y vendería
palabra por su plomo machucada,
balanza que uva fragua por sandía?

Palabra nunca pesa si es pesada,
ni canta y es profunda tontería.

Fernando Molle (Buenos Aires, 1968), Del libro, Ediciones Vox, Bahía Blanca, 2008

jueves, septiembre 10, 2009

Dylan Thomas / Negativa


Negativa a lamentar la muerte por fuego de una niña en Londres

Nunca antes de que el hombre creara
pájaro bestia y flor
y toda la humillante oscuridad
diga silenciosa la manifestación de la última luz naciente
y la hora quieta
llegue desde el mar cabalgando en su montura,

y yo deba entrar nuevamente en la circular
Zion de la gota de agua
y en la sinagoga de la espiga de maíz
he de dejar un rezo a la sombra de un sonido
o sembraré mi grano de sal
en el más recóndito valle de arpillera antes que lamentar

la majestad y la inflamada muerte de la niña.
No mataré
su humana partida con una grave verdad
ni blasfemaré sobre las estaciones del aliento
con una postrera
elegía de inocencia y juventud.

En la profundidad, junto a los primeros muertos, yace la hija de Londres
vestida por los viejos amigos,
los granos sin edad, las oscuras venas de su madre,
oculta bajo el agua sin duelo
del cabalgante Támesis.
Después de la primera muerte, no hay otra.

Dylan Marlais Thomas (Swansea, Gales, 1914 – Nueva York, 1953), de Death and Entrances, 1946.
Versión de Silvia Camerotto

A Refusal to Mourn the Death, by Fire, of a Child in London
Never until the mankind making/ Bird beast and flower/ Fathering and all humbling darkness/ Tells with silence the last light breaking/ And the still hour/ Is come of the sea tumbling in harness, //And I must enter again the round/ Zion of the water bead/ And the synagogue of the ear of corn/ Shall I let pray the shadow of a sound/ Or sow my salt seed/ In the least valley of sackcloth to mourn//The majesty and burning of the child's death./ I shall not murder/ The mankind of her going with a grave truth/ Nor blaspheme down the stations of the breath/ With any further/ Elegy of innocence and youth.// Deep with the first dead lies London's daughter,/ Robed in the long friends,/ The grains beyond age, the dark veins of her mother,/ Secret by the unmourning water/ Of the riding Thames./ After the first death, there is no other.

Foto: Dylan Thomas, durante un ensayo de Bajo el bosque de leche, Nueva York, 1953 Rollie McKenna/Grupo Buseta de Papel


De Dylan Thomas en este blog:




Tápame con tu rebozo



La Llorona

Todos me dicen el negro, Llorona, negro pero cariñoso.
Yo soy como el chile verde, Llorona, picante pero sabroso.

Dicen que no tengo duelo, Llorona, porque no me ven llorar.
Hay muertos que no hacen ruido, y es más grande su penar.

La pena y lo que no es pena, Llorona, todo es pena para mí;
Ayer lloraba por verte, ¡ay Llorona!, y hoy lloro porque te vi.

¡Ay de mí!, Llorona, Llorona, Llorona de un campo lirio;
el que no sabe de amores, Llorona, no sabe lo que es martirio.

Salías del templo un día, Llorona, cuando al pasar yo te vi;
hermoso güipil llevabas, Llorona, que la Vírgen te creí .

No sé qué tienen las flores, Llorona, las flores del campo santo,
que cuando las mueve el viento, Llorona, parece que están llorando.

¡Ay de mí!, Llorona, Llorona llévame al río;
tápame con tu rebozo, Llorona, porque me muero de frío.

Yo te soñaba dormida, Llorona, dormida te estabas quieta;
pero en llegando el olvido, Llorona, soñe que estabas despierta.

Dos besos llevo en el alma, Llorona que no se apartan de mí;
el último de mi madre, Llorona, y el primero que te di .

Dícen que el primer amor, Llorona, es grande y es verdadero
Pero el último es mejor, Llorona, y más grande que el primero.

Cada vez que entra la noche, Llorona, me pongo a pensar y digo:
De que me sirve la cama, Llorona, si tu no duermes conmigo.

¡Ay de mí!, Llorona, Llorona tú eres mi shunca.
Me quitarán de quererte, llorona, pero de olvidarte, nunca.

A un santo Cristo de fierro, Llorona, mis penas le conté yo.
Cuáles no serían mis penas, Llorona, que el Santo Cristo lloró.

Porque te quiero quieres, Llorona, quieres que te quiera más.
Si ya te he dado la vida, Llorona, qué más quieres. Quieres más.

Anónimo mexicano


Nota: Son istmeño, de número indeterminado de estrofas, cuya elección hace el intérprete.

Ilustración: Retrato de Angélica, 1947, David Alfaro Siqueiros

miércoles, septiembre 09, 2009

Ignacio Uranga / de "El ella real" II


Nihil aut de gemina elegeia: funus

Después de todas las teorías, Caroline
literarias, después de todos los
movimientos de avanzada, ahora, septiembre
dos mil seis, ahora que, la liter-
tura no existe, ahora, que el poema se nos vuel-
ve tan íntimo, porque, repito
hoy, ahora, la lit no existe, elijo el poema
para construir, así en la forma
como en el fondo, este signo, estético, que
muestra la nada que hay, hoy, en sus prin-
cipios, lo imposible que se vuelve el verso
para arar con el lenguaje la re-
presentación, Caroline, de tus ojos fe-
roces, por ejemplo, regresando
mansos, al presente, de las drogas; un a-
gravio, una imprudencia, un ultraje, el tu-
yo, Caroline, dejarme, así, como si nun-
ca, así, como si nada, así, como
hoy la lit, de suerte tal que deba, en nuestros
tiempos, recurrir a esto, lo que, ahora
septiembre, dos mil seis, no es, meramente, más
que, de momento, cicatriz, recuer-
do, esto que, hoy, no es, repito, ahora, septiembre, nue-
ve, dos mil seis, cuando la lit no exis-
te, y yo me lo apropio para, con la forma
decir, también, no hay, no queda, acá, nada

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982), El ella real, Hemisferio Derecho Ediciones, Bahía Blanca, 2009

De Ignacio Uranga en este blog: Interacción comunicacional

martes, septiembre 08, 2009

John Hewitt / Dos poemas


El cuerno del carnero

Me he vuelto hacia el paisaje porque los hombres me decepcionan:
el tronco de un árbol es orgulloso: cuando los leñadores lo derriban,
conserva una contenida, jónica solemnidad:
es un hecho rotundo que no necesita explicación.

Nunca me vi forzado a evitar el alba
porque oculte traición detrás de su rostro animado:
incluso el carnero que mira adusto en el pantano,
aunque símbolo del mal, avanzará con gracia por la hierba
/que arrastra el viento.

Animal, planta o insecto, piedra o agua,
son, cada minuto, ellos mismos; actúan conforme a la ley.
No hace falta que yo les encuentre motivo,
o que me rasgue el corazón para excusar a la rata en el heno.

Vivo a gusto en el paisaje, me siento cómodo allí;
el único problema que veo lo traje en la mano.
Miren, lo dejo caer con un crujir de tallos en las ortigas
y ni por un instante espero que ellas entiendan.


Substancia y sombra

Hay una austeridad en las imágenes
con que atempero el tiempo en defensa de mi mente;
conservan sus propios, sus obstinados secretos;
inútil enojarse con su reticencia:
la zambullida de un ibis, una garza junto a un estanque
una última corneja volando a su nido al caer el sol,
una araña acechando en una hoja de helecho,
y cardos en la corona borlada de un haz de maíz,
una roca, manchada de liquen, en la falda de una colina,
los destellos del sol sobre cálamos de hielo que gotean,
su perdurable significado contenido
en la textura, el color, la forma, y nada más.
Sobrios, magros, simples, naturales
de esta pequeña república que he presentado
como el terreno seguro donde mi percepción es firme,
mientras alrededor de sus límites se extienden los pedregales de la duda.

Mi lámpara alumbra la pava en el hornillo
y arroja su sombra contra la pared blanqueada,
como un perfil asirio con un yelmo
y una serpiente o un pájaro coronando la cimera;
pero sigue siendo una sombra; cuando cambio
la lámpara de sitio o muevo la pava, desaparece;
la substancia y la sombra escapan
del bronce preciso para encerrarlas, bronce o piedra.

John Hewitt (Belfast,1907-1987), Poesía irlandesa contemporánea, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999
Traducción de Gerardo Gambolini

The ram's horn
I have turned to the landscape because men disappoint me:/ the trunk of a tree is proud: when the woodmen fell it,/ it still has a contained ionic solemnity:/ it is a rounded event without the need to tell it.// I have never been compelled to turn away from the dawn/ because it carries treason behind its wakened face:/ even the horned ram, glowering over the bog hole,/ though symbol of evil, will step through the blown grass with grace.// Animal, plant, or insect, stone or water,/ are, every minute, themselves; they behave by law./ I am not required to discover motives for them,/ or strip my heart to forgive the rat in the straw.// I live my best in the landscape, being at ease there;/ the only trouble I find I have brought in my hand./ See, I let it fall with a rustle of stems in the nettles,/ and never for a moment suppose that they understand.

Substance and shadow
There is a bareness in the images/ I temper time with in my mind's defense;/ they hold their own, their stubborn secrecies;/ no use to rage against their reticence:/ a gannet's plunge, a heron by a pond,/ a last rook homing as the sun goes down,/ a spider squatting on a bracken-frond,/ and thistles in a cornsheaf's tufted crown,/ a boulder on a hillside, lichen-stained,/ the sparks of sun on dripping icicles,/ their durable significance contained/ in texture, colour, shape, and nothing else./ All these are sharp, spare, simple, native to/ this small republic I have charted out/ as the sure acre where my sense is true,/ while round its boundaries sprawl the screes of doubt.// My lamp lights up the kettle on the stove/ and throws its shadow on the whitewashed wall,/ like some Assyrian profile with, above,/ a snake, or bird-prowed helmet crested tall;/ but this remains a shadow; when I shift/ the lamp or move the kettle it is gone,/ the substance and the shadow break adrift/ that needed bronze to lock them, bronze or stone.

Foto: Hewitt Universidad del Ulster

lunes, septiembre 07, 2009

Allen Tate / Cabeza




Homilía
Si tu ojo te ofende, arráncalo

Si tu cabeza cansada y silenciosa
Desgarra la sombra con mirada fija,
Enloquecida por la maldición de un brujo
Imaginado en algún lecho locuaz,
Y si en su escenario oscuro tu cabeza ensaya
El quinto acto de la noche de final de temporada,

Pues corta sus contactos, uno tras otro,
Y tira a la basura el duro cortex,
Y cuando te hayas maravillado de las guerras
Que teje en su interior, llena de humo sus corredores,
Rompe su cerrado pliegue con forma de gusano
Al que la muerte se arrastró, acorralada y furiosa.

Allen Tate (Winchester, 1899-Nashville, 1979), Poems 1922-1947 Google libros
Versión de J. Aulicino

Homily
"If thine eye offend thee, pluck in out"

If your tired unspeaking head / Rivet the dark with linear sight,/ Crazed by a warlock with his curse/ Dreamed up in some loquacious bed,/ And if the stage-dark head rehearse/ The fifth act of the closing night,// Why, cut it off, piece after piece,/ And throw the tough cortex away,/ And when you've marvelled on the wars/ That wove their interior smoke its way,/ Tear out the close vermiculate crease/ Where death crawled angrily at bay.
Tate en este sitio:

Foto: Tate 

Joaquín Valenzuela / de "Doméstico"





se la llevó el carlanco se le atoró en la glotis
epiglotis laringe faringitis se le trabó en la
tráquea en la parrilla respiratoria caja que
guarda y suena una hora una no hora un
ni muerto el tiempo se acabó la hora
un espacio general arqueológico un
cuarto de polvo volado del seso de la vaca
un cuadro a tiro
un hueco en el hueso de la hoja
acero algo en el detalle
de la cota
en la piedra

el carlanco se llevó un espacio
se llevó la flecha una
de mi mente donde espumabas hora
y en el puerto
un pez en yodo
que descanse un pez un tiempo ido

Joaquín Valenzuela Bellocq (Dolores, 1971), doméstico, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009

Foto: Valenzuela Ediciones en Danza

domingo, septiembre 06, 2009

Gary Snyder / Templo


Toji
Templo de Shington, Kioto

Hombres dormidos en calzoncillos
Diarios bajo sus cabezas
Debajo de los aleros de Toji,
Kobo Daishi, sólido hierro y diez pies de altura,
Cruza a zancadas, una paloma en el sombrero.

Atisbando a través de mallas de alambre
Polvorientas estatuas laminadas de oro
Un calmo Bodhisattva -tal vez Avalokita-
Cínica barriga redonda,
Bisexual y que ha probado todo, su peso en
Una pierna, aureolado de serpiente dorada,
Brilla a través de la sombra,
Una antigua sonrisa a la moda,
Cosquilleo de la India y del Tibet

Suelta de pechos una joven madre
Con sus chicos a la sombra
Del antiguo árbol del Templo,
Nadie te molesta en Toji;
Afuera el tranvía pasa rechinando.

Gary Snyder (San Francisco, 1930)
Versión de J. Aulicino

Toji
Shington temple, Kyoto
Men asleep in their underwear/ Newspaper under their heads/ Under the eaves of Toji,/ Kobo Daishi solid iron and ten feet tall/ Strides through, a pigeon on his hat. // Peering through chickenwire grates/ At dusty gold-leaf statues/ A cynical curving round-belly/ Cool Bodhisattva - maybe Avalokita -/ Bisexual and tried it all, weight on/ One leg, haloed in snake-hood gold/ Shines through the shadow/ An ancient hip smile/ Tingling of India and Tibet. // Loose-breasted young mother/ With her kids in the shade here/ Of old Temple tree,/ Nobody bothers you in Toji;/ The streetcar clanks by outside.

bogwebs.systime.dk
Foto. Snyder Minessota Public Radio/Shoemaker Hoard Publishing

W.D. Snodgrass / Barro


La ciénaga

Contiendas y nenúfares
se aquietan en las pesadas aguas;
una treintena de ranas
saltan a cada paso que das;
el vientre de un pez resplandece
confundido entre los podridos troncos.

Allá cerca de las rocas grisáceas
ratas almizcleras se sumergen y giran.
Saliendo de su contorno de limo
una negra babosa de agua se arrastra
invertida sobre la superficie
hacia aquel alimento que ha de elegir.

Tú alzas los ojos; mientras caminas
el sol se estremece y cae preso
en el cerco de cañas de los árboles,
entre sus tallos muertos.
¿Hurgas en el barro, viejo corazón,
qué estás haciendo aquí?


William De Witt Snodgrass (Wilkinsburg, Pennsylvania, 1926 – Nueva York, 2009), Alberto Girri, Versiones, Ediciones Corregidor, 1974

Foto: Snodgrass Melville House Publishing

sábado, septiembre 05, 2009

Claudiano / Sobre una mesa de piedra...



10

Sobre una mesa de piedra
Adornada con una flor
Se ha posado un águila.

La imagen del ave
Sobre la superficie pétrea
Sugiere una extraña figura:

La mesa en lo alto
Tomando vuelo, pesada y sin alas.

Claudio Claudiano (Alejandría, c. 370-Roma, c. 404), Los V latinos, versiones textos y notas de Javier Cófreces y Matías Mercuri, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2005

X
Mensa coloratis aquilae in alis, / quam floris dinstinguit honos, similisque figura,/ texitur: implumem mentitur gemma volatum.

Ilustración: Apoteósis de Claudio (detalle), Museo del Prado

Jacques Roubaud / Refugio en las mañanas negras



1983: enero. 1985: junio


El registro rítmico de la palabra me produce horror.

No consigo abrir un solo libro que contenga poesía.

Las horas de la noche tienen que ser aniquiladas.

Cuando me despierto está oscuro: siempre.

En los cientos de mañanas negras me he refugiado.

Leo prosa inofensiva.

Las piezas quedaron tal cual estaban: las sillas, las paredes, los postigos, las ropas, las puertas.

Cierro las puertas como si el silencio.

La luz me sale por las orejas.


Jacques Roubaud (Caluire, Rhône, 1932), de Quelque chose noir (1986)
Traducción de Jorge Fondebrider

1983: JANVIER. 1985: JUIN
Le registre rythmique de la parole me fait horreur.// Je ne parviens pas à ouvrir un seul livre contenant de la poésie.// Les heures du soir doivent être annihilées.// Quand je me réveille il fait noir : toujours.// Dans les centaines de matins noirs je me suis réfugié.// Je lis de la prose inoffensive.// Les pièces sont restées en l'état : les chaises, les murs, les volets, les vêtements, les portes.// Je ferme les portes comme si le silence.// La lumière me dépasse par les oreilles.

Foto: Roubaud (izq.), Nueva York, 2009 Charles Bernstein

De Roubaud en este blog:
Días tranquilos en la Porte d'Orleans

viernes, septiembre 04, 2009

Ausonio / Eunomo le diagnosticó...


4

Eunomo le diagnosticó al pálido y desfalleciente Gayo:
"Tu vida está en manos de los dioses".

Pasado el tiempo, el médico se cruzó con su paciente
Quien lucía el mismo rostro cadavérico de antaño.

"¿Eres tú?, preguntó Eunomo.
"Sí, soy Gayo", respondió el otro.
"¿Has sobrevivido?"
A lo que Gayo negó moviendo su cabeza.
"¿Qué haces aquí entonces?"
"Me enviaron los dioses a merodear entre los vivos
Para llevarme a los médicos al más allá."

Al oír esto, Eunomo comenzó a temblar.
Gayo continuó:
"No tienes por qué preocuparte,
Nadie que te conozca sospecharía que eres médico".

Magno Décimo Ausonio (Burdigala, actual Burdeos, c. 310-c.395), Los V latinos, versiones textos y notas de Javier Cófreces y Matías Mercuri, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2005

IV
Languentem Gaium moriturum dixerat olim / Eunomus: evasit fati ope, non medici./ Paulo post ipsum videt aut vidissi putavit/ pallentem et mula mortis in effigie./ "Quis tu"? "Gaius", ait. "Vivisne"? Hic abnuit. "Et quid/ nunc agis hic"? "Missu Ditis", ait, "venio/ ut, quit notitiam rerumque hominumque tenerem,/ accirem medicos". Eunomus obriguit./ Tum Gaius: "Metuas nihil, Eunome: dixi ego et omnes/ nullum qui saperet dicere te medicum".

jueves, septiembre 03, 2009

Paz Levinson / Dos poemas


Una visita

Sentada en casa la ventana se abre sola
entra algo que veo crecer
hacia los objetos desordenados:
ropa, libros, papeles
cosas que se van cerrando
como novelas televisivas por temporadas.
Los perros cruzan el puente colgante,
la corriente es fuerte, clara y helada.

Sentada en casa, tocan el timbre por equivocación.


Agua

Mi papá como hijos tiene historias,
mi mamá tuvo hijos y después tuvo hijos adoptivos,
gatas y miles de hijos planta.

El agua cae, cada hoja tiene un sonido.
Con los ojos cerrados,
al final del verano
voy a poder distinguir cuál de las plantas estoy regando
como cuando alguien llama por teléfono cada tanto
y el timbre de la voz se graba en algún lugar de la mente.


Paz Levinson (Bariloche, 1978), Un catálogo de todo lo que hay, Gog y Magog, Buenos Aires, 2006

Héctor Pedro Blomberg / Un poema


Versos a María Kempenfeldt

¿Quién eras, oh María, misteriosa María,
la dueña de este libro que he encontrado al partir?
En la primera página, en alemán, decía
con letra temblorosa: "te quiero hasta morir".

Dulce María Kempenfeldt, aquí en este navío
que te llevaba lejos, ¿soñaste como yo?
¿Tu corazón sangraba nostalgias, como el mío?
¿Tampoco tu quimera de amor se realizó?

"Ich liebe Dich, Maria..." ¿En qué brumoso puerto,
en qué tierra lejana dejaste el corazón
que gimió en estas páginas, en este libro abierto
y olvidado en un barco, su ensueño y su pasión?

"Ich liebe Dich, María..." Yo guardo el libro, y leo
el verso que ha veinte años escribió en alemán
un hombre que te amaba, y en mis sueños veo
tu rostro rubio y tirste, y los barcos se van...


Héctor Pedro Blomberg (Buenos Aires, 1889-1955), de El pastor de estrellas, Editorial Tor, Buenos Aires, 1928

Ilustración: Joven rubia de ojos azules, Edouard Manet, 1878

De Blomberg en este blog:
Las dos irlandesas

miércoles, septiembre 02, 2009

Giuseppe Ungaretti / Cuatro versiones


Lucca
En mi casa, en Egipto, después de la cena, rezado el rosario,
/mi madre nos hablaba de estos sitios.
Mi infancia toda fue maravillada por ello.
La ciudad tiene un tráfico tímido y fanático.
Junto a estas paredes no se está más que de paso.
Aquí la meta es partir.
Me he sentado al fresco en la puerta de la hostería
/con gente que me habla de California como
/de una de sus propiedades.
Me descubro con terror en los rasgos de estas personas.
Ahora siento correr caliente en mis venas la sangre de mis muertos.
También yo he tomado una zapa.
Entre los muslos humeantes de la tierra me he descubierto riendo.
Adiós, deseos, nostalgias.
Sé del pasado y del porvenir cuanto un hombre puede saber.
Conozco ahora mi destino y mi origen.
No me queda ya nada que profanar, nada que soñar.
He gozado de todo, y sufrido.
No me resta más que resignarme a morir.
Criaré por lo tanto una prole.
Cuando un apetito maligno me empujaba a los amores mortales,
/elogiaba la vida.
Ahora que considero, también yo, el amor como una garantía
/de la especie, tengo en vista la muerte.

Cien poemas escogidos. Selección, traducción y prólogo de Rodolfo Alonso, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2009


Ironía

Esucho la primavera en las ramas negras doloridas.
Se puede seguir solo en esta hora, pasando entre
/las casas solas con los propios pensamientos.
Es la hora de las ventanas cerradas, pero esta tristeza
/de retornos me quitó el sueño.
Un velo de verde enternecerá mañana desde estos árboles,
/hace un rato, cuando sobrevino la noche, todavía secos.
Dios no concede descanso.
A esta hora, sólo a un raro soñador le es dado
/ el martirio de continuar su obra.
Esta noche, aunque sea de abril, nieva sobre la ciudad.
Ninguna violencia supera a la que tiene
/aspectos silenciosos y fríos.

La alegría. La tierra prometida. Traducción de Oreste Fattoni, Ediciones Librería Fausto, Buenos Aires, 1974


No griten más

Dejen de matar a los muertos,
no griten más, no griten
si los quieren todavía oír,
si confían en no perecer.

Tienen el imperceptible susurro,
no hacen más rumor
que la hierba cuando crece
alegre donde no pasa el hombre.

Il dolore, 1942-1946
la poesía.it
Versión de J. Aulicino


Agonía

Morir como las alondras sedientas
sobre el espejismo

O como la codorniz
pasado el mar,
en las primeras matas
porque de volar
no tiene más deseo

Pero no vivir de lamento
como un jilguero cegado

L'allegria, 1931
Antologia Virtuale della Poesia Italiana
Versión de J. Aulicino

Giuseppe Ungaretti (Alejandría, 1888-Roma, 1970)

Lucca
A casa mia, in Egitto, dopo cena, recitato il rosario, mia madre ci parlava di questi posti./ La mia infanzia ne fu tutta meravigliata./ La città ha un traffico timorato e fanatico./ In queste mura non ci si sta che di passaggio./ Qui la meta è partire./ Mi sono seduto al fresco sulla porta dell'osteria con della gente che mi parla di California come d'un suo podere. / Mi scopro con terrore nei connotati di queste persone. / Ora lo sento scorrere caldo nelle mie vene, il sangue dei miei morti./ Ho preso anch'io una zappa./ Nelle cosce fumanti della terra mi scopro a ridere./ Addio desideri, nostalgie./ So di passato e d'avvenire quanto un uomo può saperne./ Conosco ormai il mio destino, e la mia origine./ Non mi rimane che rassegnarmi a morire./ Alleverò dunque tranquillamente una prole./ Quando un appetito maligno mi spingeva negli amori mortali, lodavo la vita. / Ora che considero,
anch'io, l'amore come una garanzia della specie, ho in vista la morte.
patatonia.it

Ironia
Odo la primavera nei rami neri indolenziti. / Si pó seguire solo a quest'ora, passando tra le case soli con i propri pensieri. / È l'ora delle finestre chiuse, ma questa tristezza di ritorni m'ha tolto il sonno. / Un velo di verde intenerirà domattina da questi alberi, poco fa quando è sopraggiunta la notte, ancora secchi. / Id dio no si dà pace. / Solo a quest'ora è dato, a qualche raro sognatore, il martirio di seguirne l'opera. / Stanotte, benché sia d'aprile, nevica sulla città. / Nessuna violenza supera quella che a aspetti silenziosi e freddi.

Non gridate più
Cessate di uccidere i morti,/ non gridate più, non gridate / se li volete ancora udire,/ se sperate di non perire.// Hanno l'impercettibile sussurro,/ non fanno più rumore/ del crescere dell'erba,/ lieta dove non passa l'uomo.

Agonia
Morire come le allodole assetate / sul miraggio // O come la quaglia / passato il mare / nei primi cespugli / perché di volare / non ha più voglia // Ma non vivere di lamento / come un cardellino accecato


Foto: Ungaretti, soldado, en la Primera Guerra Mundial Freeway

De Ungaretti en este blog:
San Martino del Carso / En memoria
Todo he perdido... / La piedad (fragmento)

martes, septiembre 01, 2009

Aldo Oliva / Dos poemas


Rasgo fugaz

Lo que está debajo de la línea
urdida en la invención geológica,
violentamente quebrada en
inmensas aguas y dislocadas masas
de tierra es una magnitud
que se eleva como un cielo
de terrorífico misterio:
real como un sueño,
futura como la infinitud,
como la generación del
más remoto, insondable principio.

Pero un tablón de andamio,
cayendo con su obrero
o, tal vez, una azalea,
pisoteada por la torpeza (o la furia)
de un buen hombre,
abre la sospecha de que la
conjetura de un límite se ha derrumbado,
de que la línea se ha borrado,
de que son sólo espanto y exaltación,
de que la muerte y el saber son,
apenas, un ensayo de vida.


Fresno

Arrodíllate, Fresno: serás ejecutado;
profusas, humildes ramínculas,
tajeadas cortecitas, apagada flor,
retorcido recato
vedan tu médula corrupta
y sabotea lo natural la justicia.
Ya lo cantaban los azahares desde el alba:
“muerte a quien no da vigor
al amo de la renta sometida.
Te enmascaras Fresno, y simulas
tejerte en la bondad de las horas
que pasan; tienes astucia.
Pero la exhibición productiva
te arrasará. Lo simple caducará”.
¿Mienten, cantando, los azahares
desde el alba?

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000), Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, 2003

Foto: Oliva Poetas del Tercer Mundo

De Oliva en este blog: Fábula barrial: primavera