domingo, julio 31, 2016

Fernando del Paso / En llegando y abriéndome las ancas...










IX

En llegando y abriéndome las ancas
más ancas y más recias del yeguado,
es abordo a corcel por tuerto lado,
que no atrofios mis manos, que no mancas.

Si ataduras te pongo a dos mis trancas,
recular y venablo arremangado
en la grupa se hincando, y de menguado
oh, se aparta, y sólo otras potrancas.

Ay, cuatralba, mi aquella dulce yegua
yuntamiento, te dame crin volanda
de los muslos, de belfos a una legua:

la tizona si merma, es tal la vianda,
que lengua espuelas tengo y no da tregua,
y por lamer tu grupa se desanda.

Fernando del Paso (Ciudad de México, 1935), "Sonetos de lo diario", Sonetos del amor y de lo diario, El Colegio Nacional, Ciudad de México, 2016 (primera edición: 1997)





sábado, julio 30, 2016

Lucas Soares / Esta cosa y el pequeño emperador











(Fragmentos)

"esta cosa"
le dicen a la mente
los maestros zen




en China
al hijo único
se lo llama
el pequeño emperador


2

"esta cosa" es el gato
que mira fijo las venas
de agua que se forman
fuera de la bañera
en dirección a la rejilla




el pequeño emperador
rechina las palabras
hasta dormirse
con el ruido


10

"esta cosa" es el diálogo
anodino de un film
de cine independiente

¿hablás en serio?
bueno, supongo que sí




el pequeño emperador se duerme
en el micro con la prolongación
agónica del televisor
fuera de señal

Lucas Soares (Buenos Aires, 1974)



La sorda y el pudor,
Mansalva,
Buenos Aires, 2016















viernes, julio 29, 2016

Constantino Cavafis / Dos poemas











La prórroga de Nerón

Nerón no se inmutó al escuchar
el vaticinio del Oráculo Délfico:
"Cuídate de la edad de setenta y tres".
Hay mucho tiempo para divertirse:
apenas tiene treinta. La prórroga
que el dios le ha concedido
es más que suficiente
para olvidarse de futuros peligros.

Ahora, un poco fatigado, volverá a Roma,
maravillosamente fatigado
tras un viaje
que consagró al placer:
fiestas en el jardín, teatros, estadios...
Noches en las ciudades de Acaya...
Sobre todo el deleite de los cuerpos desnudos...

Eso cree Nerón. Pero, en Hispania, Galba
en secreto reúne y ejercita sus tropas.
El viejo Galba
que hace ya tres cumplió
los setenta años.


Anduve

Querían atarme. Me solté y anduve.
Anduve por la noche constelada.
Encontré goces que eran mitad reales;
la otra mitad, denuedos de mi alma.
Bebí el áspero vino que reservan,
para el placer, los bravos.

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Una noche, versiones ("aproximación") de José Emilio Pacheco, prólogo de Minerva Margarita Villarreal, Colección El Oro de los Tigres III, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2011



jueves, julio 28, 2016

Dolores Etchecopar / Entonces vi que la ciudad se hundía...











entonces vi que la ciudad se hundía
y grité después       mucho después
un grito que me llevó de mí hasta el tiempo
y no se oyó
dónde era que yo rogaba por nosotros
los que íbamos
íbamos
con las aguas y las flores y los restos
de una frase a medio decir
porque el No alumbraba ese lugar inmenso
donde el viento de las palabras
soplaba sin cesar
y nos apagaba

Dolores Etchecopar (Buenos Aires, 1956)




El cielo una sola vez,
Hilos Editora,
Buenos Aires, 2016












miércoles, julio 27, 2016

Pedro Serrano / Dos poemas

















Golondrinas

Enganchadas al cable como pinzas de ropa,
gaviotas de madera diminutas,
ágiles y minúsculas contra la brutalidad del azul,
fijas al mediodía cayendo una tras otra,
moviendo ropas, brazos, sonrisas,
el pecho blanco, la capucha negra,
las alas afiladas y en lista, mínima agitación.
Hasta que vuelan todas excepto una,
que se plantó un momento y arañó el regreso,
como una ligerísima despedida,
axila de golpe la mañana.
Quedan los cables, el cielo en abandono intenso,
como una boda de domingo de pueblo,
después nada.


Sa Tuna

Hacia sí misma la cala se recoge,
lanza luces desde la coda del invierno,
varas en inquieto abandono.
Entre la madera turbia y las barcas
gira un aire de aceite crudo,
de luz desmantelada.
Sonreímos y nos abrazamos.
Caminamos entre mesas y gente
en el hervidero y el pescado.
Eso que fuimos.
Hoy la terraza es un garaje abierto
sin nada más que nosotros
y una bicicleta roja recargada en el muro.

Pedro Serrano (Montreal, Canadá, 1957), Ronda del Mig, Parentalia, Ciudad de México, 2015





martes, julio 26, 2016

Nuno Júdice / La crisis griega










Fue en las islas griegas donde vi el Mediterráneo
completamente azul, sin sombra de transparencia. "Y
felizmente es así", me dijo la muchacha griega que
servía cafés a la orilla de las rocas. "Conocí a algunos que
quisieron rasgar el mar para ver lo que escondía
y nunca más volvieron". Entendí lo que quería: que
yo rasgara la superficie del mar, y bajase los peldaños
del abismo que nos cautiva hasta la eternidad. "Si vienes
detrás de mí, y me traes de vuelta, haré lo que
deseas". Pero ella fingió no entender mi
lengua, aunque hablásemos un inglés de aeropuerto.

Y cuando llegamos al gran anfiteatro, bajo
las colinas de los pinos rodenos y los bosques de
cipreses, el cielo estaba completamente limpio, como si
los dioses ya hubieran dejado de existir. Recité
un verso en griego clásico, poniendo a las aves en
desbandada. "¿Ves lo que has hecho?", me gritó la muchacha
griega. "¡Llenaste el cielo con una nube de pájaros!"
Y nos pusimos a mirarlos, a la espera de saber para
dónde se dirigían. Pero se hacía tarde para tomar
el barco. Las islas me dan claustrofobia, dijo
la muchacha griega. Y me puse a correr hacia el barco que
ya tenía los motores en marcha, sin pagarle el café.

Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, Portugal, 1949), selecciòn del autor en Aurora Boreal, 2012
Traducciones de Diego Valverde Villena


A CRISE GREGA

 Foi nas ilhas gregas que vi o mediterrâneo
completamente azul, sem sombra de transparência. «E
ainda bem que é assim», disse-me a rapariga grega que
servia cafés à beira das rochas. «Conheci alguns que
quiseram rasgar o mar para ver o que ele escondia,
e nunca mais voltaram.» Percebi o que ela queria: que
eu rasgasse a superfície do mar, e descesse os degraus
do abismo que nos prende até à eternidade. «Se vieres
atrás de mim, e me puxares de volta, farei o que
desejas.» Mas ela fingiu que não percebia a minha
língua, embora falássemos num inglês de aeroporto.


E quando chegámos ao grande anfiteatro, debaixo
das colinas de pinheiros bravos e dos bosques de
ciprestes, o céu estava completamente limpo, como se
os deuses já tivessem deixado de existir. Ainda recitei
um verso em grego antigo, pondo as aves em
debandada. «Vês o que fizeste?», gritou-me a rapariga
grega. «Encheste o céu com uma nuvem de pássaros!»
E ficámos a olhar para eles, à espera de saber para
onde se dirigiam. Mas fazia-se tarde para apanhar
o barco. As ilhas fazem-me claustrofobia, disse
à rapariga grega. E entrei a correr para o barco que
já tinha os motores a trabalhar, sem lhe pagar o café.







lunes, julio 25, 2016

Vahan Tekeyan / Llueve, hijo mío


Llueve, hijo mío... El otoño es húmedo,
húmedo como los ojos de un pobre amor engañado...
Ve, cierra la ventana y la puerta,
después ven a mi lado, ven, siéntate frente a mí

en un silencio supremo... Llueve, hijo mío.
¿Llueve también a veces en tu alma?
¿Se estremece también tu corazón? ¿Tiemblas
al pensar en el brillante y pasado sol

detrás de una de las puertas cerradas del destino?
Pero lloras, hijo mío... En la oscuridad, enseguida
brotan lágrimas de tus ojos húmedos, de tus ojos húmedos...

Derrama, derrama las lágrimas de la inocencia pronto perdida;
llora sin saber, mi pobre, imprudente hijo,
la pobre víctima de la vida; llora que puedes crecer.

Vahan Tekeyan (Constantinopla, 1878-El Cairo, 1945), Selected poems, Edmond Ayadian, editor; traducción del armenio al inglés de Gerald Papasian; The Press at California State University, Fresno, 2014
Traducción del inglés, Jonio González



IT’S RAINING MY SON

It's raining my son.... The autumn is wet,
Wet like the eyes of a poor beguiled love....
Go, close the window, and close the door,
Then come beside me, come, face me seated

In silence supreme.... It's raining my son.
Does it rain sometimes also in your soul?
Does your heart chill too? and do you shiver
Reflecting on the bright and bygone sun

Behind one of the closed doors of destiny?
But you weep my son.... In darkness, at once
Heavy tears outflow from your wet, wet eyes....

Weep, weep the tears of soon lost innocence;
Weep without knowing, my poor unwise son,
The poor prey of life; weep that you may grow.  



domingo, julio 24, 2016

Milo De Angelis / Cercana al alma está la línea vertical










Cercana al alma está la línea vertical.
La tarde nos arrastró suburbanos en un canto,
el instante se volvió desnudez
y el poder griego del llegar: somos suplicantes
permanecidos para escuchar, el cielo que nace
en cada uno de nosotros, bandadas de muchachos
enamorados del número justo,
la hermosa epopeya, el peso mortal de una pelota.

Milo De Angelis (Milán, Italia, 1951), Esplendor en las sombras. Tres voces italianas contemporáneas, selección, traducción y notas de Elena Tardonato Faliere y María Cecilia Micetich, Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2015
Traducción de Elena Tardonato Faliere



Vicina all’anima è la linea verticale./ Il pomeriggio ci portò suburbani
in un canto,/ l’attimo divenne nudità/ e potenza greca del finale: siamo i
supplici/ rimasti ad ascoltare, il cielo che nasce/ in ognuno di noi, pattuglia
di ragazzi/ innamorati del numero giusto,/ la bella epopea, il peso mortale
di un pallone.




sábado, julio 23, 2016

Gwendolyn MacEwen / La luz del sol en la esquina de Sherbourne y Bloor










Ya muy tarde mi bicicleta me lleva a través de la ciudad.
Me pregunto como nosotros
amoldamos nuestras vidas, estos desórdenes brillantes,
estos finos errores inspirados cuando – Mira –

El futuro está totalmente implícito en el presente,
el presente es el resultado lógico

De todos los puntos en el pasado y ese edificio al cruzar la calle

su construcción que viene desde Siempre.
Todo lo que hacemos hoy contiene las semillas de su propia transformación.
El puente yace sobre la quebrada honda.

Algo me dice: Nunca harás nada más vital, más
profundo, más perfecto o más necesario que

lo que estás haciendo en estos momentos.

Hoy ha sido Viernes, ese era su nombre – Viernes – y
la luz del sol en Sherbourne y Bloor complementa la ciudad.

Gwendolyn MacEwen (Toronto, 1941-1987), traducción de Lidia García Garay, Zocalo Poets, 26 de junio de 2011
Envío de Jonio González



Sunlight at Sherbourne and Bloor 

Late afternoon my bike takes me across the city. I wonder how we
fashion our lives, these brilliant disorders, these fine, inspired errors when

– look – the future is utterly implicit in the present, the present is the logical outcome

Of all points in the past, and that building going up across the
street has been going up forever. Everything we do now contains the
seeds of its own unfolding.  The bridge eases over the deep ravine.

Something tells me:

You will never do anything more vital, more profound, more perfect or more
Necessary than what you are doing right now.

Today has been Friday, that was its name – Friday – and  the
Sunlight at Sherbourne and Bloor completes the city.




viernes, julio 22, 2016

John Donne / El indiferente











Puedo al mismo tiempo amar a la rubia y a la morena,
A la que la riqueza doblega, y a la que la necesidad traiciona,
A la que ama la soledad, y a la que gusta de juegos y ficciones,
A la formada en el campo, y a la formada en la ciudad,
A la que cree , y a la que trata de hacerlo,
A la que todavía llora con ojos cual esponjas,
Y a la que, corcho seco, nunca llora;
Puedo amar a esta y aquella, y a ti, y a ti,
Puedo amar a cualquiera, aunque no me sea fiel.

¿No habrá otro vicio que te satisfaga?
¿No te divertiría hacer como tus antepasados?
¿O es que agotados tus antiguos vicios, quisieras hallar otros?
¿O el temor de que los hombres te sean infieles, te atormenta?
Déjame conocer otras veinte y haz tú lo mismo,
Despójame, pero no me aprisiones, y déjame ir.
¿Debo yo, que por ti conocí el dolor,
Estar sujeto a ti, sólo porque me eres fiel?

Venus me escuchó suspirar esta canción,
Y por la parte más dulce del amor: la variedad,
Juró no haber oído jamás y que nunca oiría cosa igual.
Fue, observó, y dijo al volver:
¡Ay! Son algunos -dos o tres-
Pobres heréticos del amor,
Que piensan implantar una constancia peligrosa.
Mas yo les dije: "Puesto que quieren ser fieles,
Lo serán con quienes no lo son con vosotros".

John Donne (Londres, c.1572-1631), Poemas de John Donne, versiones de William Shand y Alberto Girri, Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, 1953


The indifferent

I can love both faire and browne, 
Her whom abundance melts, and her whom want betraies, 
Her who loves lonenesse best, and her who maskses and plaies, 
Her whom the country form'd, and whom the town, 
Her who beleeves, and her who tries, 
Her who still weeps with spungie eyes, 
And her who is dry corke, and never cries; 
I can love her, and her, and you, and you, 
I can love any, so she be not true. 

Will no other vice content you? 
Will it not serve your turn to do as did your mothers? 
Or have you all old vices spent, and now would finde out others? 
Or doth a feare that men are true torment you? 
O we are not, be not you so; 
Let me, and do you, twenty know. 
Rob mee, but binde me not, and let me goe. 
Must I, who came to travaile thorow you, 
Grow your fixt subject, because you are true? 

Venus heard me sigh this song, 
And by Loves sweetest Part, Variety, she swore, 
She heard not this till now; and that it should be so no more. 
She went, examin´d, and return'd ere long, 
And said, alas! some two or three 
Poor Heretiques in love there bee, 
Which thinke to stablish dangerous constancie. 
But I have told them, since you will be true, 
You shall be true to them who 'are false to you.

Ilustración: Retrato de Donne (detalle) por un artista desconocido, c. 1595. National Portrait Gallery, Londres




jueves, julio 21, 2016

Alberto Szpunberg / Adivinanza del mirlo










                                                                    A Flavia

Ni siquiera la palabra mirlo puede ser el silbido del mirlo,
ni siquiera la belleza, entre escombros, decirlo: mirlo,
no sólo esa cadencia en el balanceo de las ramas,
sino el silencio al oído que anida en el mirlo
para que el silbido sea solamente mirlo:
es el temblor de las sílabas únicas en los labios,
la claridad del aire como si sus alas me rozaran.

Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940), "Y si el silbido del mirlo"






El nombre revelado,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2016













miércoles, julio 20, 2016

César Fernández Moreno / Nada que decir










nos hemos quedado sin nada
sin arte ciencia filosofía religión magia

conservamos lo primero
vida por cierto tiempo
y varios impulsos
que de vez en cuando parten en falso

no tengo nada que decir
un verso es tan superfluo como un hombre
para qué bebo este café
calle Corrientes para qué

la placentera sensación
que el lápiz trasmite a mis dedos
mientras lo conduzco sobre el papel
a lo largo de esta escritura vacía

["Veinte años después", Sentimientos completos, 1982]

César Fernández Moreno (Buenos Aires, 1919-París, 1985), Poemas cortos, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2015




martes, julio 19, 2016

César Fernández Moreno / Sorpréndeme paisaje









sorpréndeme paisaje
cae sobre mí

ahora que volcado sobre ideas
giro un poco la cabeza hacia tu lado
como quien distraído mueve algo
¡ahora!

lateralmente velozmente
en el resquicio
introduce tu hoja delgada
aséstame tu verdor súbito
tu circulación silenciosa
tu incorruptible exterioridad


["Veinte años después", Sentimientos completos, 1982]

César Fernández Moreno (Buenos Aires, 1919-París, 1985)





Poemas cortos,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2015









lunes, julio 18, 2016

Miroslav Holub / Breve reflexión sobre una anciana con carrito





Dados una anciana y un carrito,
es decir, el sistema de una anciana A y un carrito C,

el sistema se mueve del umbral U a la esquina E,
de la esquina E a la piedra P, de la piedra P
al bosque B, del bosque B al horizonte H.

El horizonte H lugar es donde termina la visión
y empieza la memoria.

Sin embargo el sistema se mueve
a velocidad constante v,
por una vía constante,
por un mundo constante y
por un destino constante,
reanudando su impulso y su sentido
por sí mismo.

Es un sistema relativamente independiente,
en los parajes de horizonte a horizonte,
siempre una anciana con carrito.

Y así se forma de una vez para siempre
aquella unidad geodésica,
unidad de la peregrinación de ida y vuelta,
unidad del otoño,
unidad del pan nuestro de cada día,
unidad del viento y del bajo cielo,
unidad del hogar en la distancia,
unidad así como nosotros perdonamos,
unidad del anochecer,
unidad de las huellas y el polvo,
unidad de la vida cumplida amén.

Miroslav Holub (Pilsen, República Checa, 1923-Praga, 1998), Poemas, traducción der Carlos Cid Abasolo y Šárka Grauová, Cátedra, Madrid, 1990
Envío de Jonio González

Imagen: Miroslav Holub YouTube



domingo, julio 17, 2016

Desmond O'Grady / El poeta de edad avanzada pescando al atardecer











               Para Ezra Pound

Llega el momento
en el que hasta las ideas viejas y familiares
flotan  fuera del alcance de los anzuelos de la mente,
y la plenitud del alma
se ha escurrido como un pez  a través del que fuera el dique alto
de una confianza achacosa. Oh, ¿dónde están los libros
sobre esta forma de muerte?

Erguido como amor
en la punta más lejana de una roca,
el mar desenredándose del ojo,
la línea como el nervio
tensando hacia atrás el atardecer del reloj,
él se funde por un tiempo en la mentira

de su propia silueta.

Desmond O'Grady (Limerick, Irlanda, 1935-Cork, Irlanda, 2014), Reilly, The Phoenix Press, Londres, 1961
Versión: Marina Kohon en Ogham



The Poet in Old Age Fishing at Evening

               For Ezra Pound

Comes a time
When even the old and familiar ideas
Float out of reach of the mind’s hooks,
And the soul’s prime
Has slipped like a fish through the once high weirs
Of an ailing confidence.  O where are the books
On this kind of death?

Upright as love
Out on the tip of a tail of rock,
The sea raveling off from the eye,
The line like the nerve
Straining the evening back from the clock,
He merges awhile into the lie

Of his own silhouette.




sábado, julio 16, 2016

Sergio Bizzio / Dos nenitas










Pensaba que estar mal es esto:
"... la luna, falsa en todas sus fases,
una humareda aplastada las nubes,
un velero de velas nipón, niponas..."
-un crawl por esos fracasos del lenguaje-,
cuando una sombrilla empezó a rodar hacia la costa
seguida por una rubiecita de gorro azul,

y vi una pelirroja de 5 años en el agua
(del mar, casi al mismo tiempo) con una vincha dorada
y una pulsera fosforescente en el
tobillo, donde podía leerse one
cada vez que saltaba las antipáticas
y limpias olas sin espuma -y

me dije: "A lo mejor son las mujeres que amé,
de nuevo nacidas. Si puedo confiar
en la primera impresión, ellas
restablecieron el equilibrio del día.
¿Por qué levantar contra el viento
la estúpida cabeza?"

Sergio Bizzio (Ramallo, Argentina, 1956), Te desafío a correr como un idiota por el jardín, editorial Mansalva, Buenos Aires, 2008




viernes, julio 15, 2016

Raúl González Tuñón / Último poema a Ricardo Güiraldes

 









                                               para Martín Fierro


Eras tan sabio que contigo nació o murió la palabra.
Eras tan bueno que contigo nacieron y murieron
los crepúsculos tiernos.

Yo era joven y tenía los ojos llenos de Rusia.
Recién nacidos al mundo y arañados de panoramas extranjeros.
Tú los vaciaste y los llenaste de Pampa.
Tu corazón de grande no cabía en la Pampa.
Tu casa estaba a unos metros tan solo de la Pampa.

Ayer ha muerto Don Segundo Sombra.
Los arados están a media asta.
El cielo está a medio horizonte
y a media vidalita la guitarra.

Inútil que volvamos al resplandor del hueco de tus manos
a la digna mansedumbre de tus ojos aindiados
de tanto barajar los horizontes de tu Patria y la mía tan querida.
Pero estás en nosotros repartido como la luz del sol está en el mundo.
Inútil que pronuncien tu nombre los que ayer vapulearon tu talento,
Tu nombre que se atrevió a romper un silencio de cretinos,
perfumándolo y santificándolo.

Tú eres de nosotros como lo es la tierra florecida
y la ciudad que tú también amabas lanceando el cielo
con sus enormes edificios –Sólo tu corazón era tan alto.

Cuando cantabas con la guitarra
lindo jilguero pampeano
un crespón para la guitarra
y la canción a media mano.
Yo, poeta de Buenos Aires
ordeno que se haga el ocaso
sobre la ciudad y que nadie
pretenda modular un canto.

Al canto lo llevó a la muerte
el gaucho Ricardo Güiraldes!

Inútil que volvamos a golpear en tu pecho luminoso.


Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), “Homenaje a Ricardo Güiraldes”, revista Martín Fierro, proyecto de número, diciembre de 1927, editado por la Peña del Libro Trenti Rocamora, Buenos Aires, 10 de noviembre de 2007
Envío de Jonio González




jueves, julio 14, 2016

Philip Larkin / Mr. Bleaney









"En este cuarto vivió Mr. Bleaney
durante mucho tiempo,
después lo trasladaron".
Cortinas estampadas y descoloridas
más largas que la línea del alféizar.
La única ventana da a un basural.

"Mr. Bleaney se ocupaba personalmente
del jardincito".
Cama, silla recta, bombita de 60 W

nada de perchas detrás de la puerta
ni lugar para bolsas o libros.
"La alquilo", digo, y resulta
que me tumbo en la que fue su cama,
apago los cigarrillos en su cenicero

y me tapono con algodones para evitar
el estruendo del televisor que se hizo comprar.
Sé sus horarios precisos, que prefería las salsas
al jugo, y que salía muy poco.

Siempre lo mismo: verano en lo de los Frinton
y navidad en lo de su hermana, en Stoke.

Ahora, si se quedaba inmóvil frente al viento
gélido que desgarraba las nubes, o si metido
en su camita pensaba que eso era el hogar,
sin dejar de temblar, aterrorizado con la idea
de que somos lo que vivimos y cómo vivimos,
y que a esa altura de su vida alquilar un cuarto
era todo lo que merecía, bueno, nunca lo sabré.

Philip Larkin (Coventry, Inglaterra, 1922- Hull, Inglaterra, 1985),  Las bodas de Pentecostés y otros poemas, traducción de Santiago Espel, La Carta de Oliver, Buenos Aires, 2014



miércoles, julio 13, 2016

Ugo Foscolo / De los sepulcros





(Fragmento)

¿Pero por qué antes de tiempo el mortal
envidiaría la ilusión que, ya apagado,
lo detiene ante el umbral de Dite? *
¿Acaso no vive también él debajo de la tierra, cuando
le será muda la armonía del día,
si puede despertarla con cuidados suaves
en el recuerdo de los suyos? Celestial es esa
correspondencia de amorosos sentidos,
celestial don es en los humanos; y a menudo,
uno vive gracias a ella con el amigo extinto
y el extinto con uno, si la piadosa tierra
que lo recogía siendo infante y lo nutría,
dando en su seno materno asilo
último, vuelve sagradas las reliquias
a la ira del clima y al profano
pie del vulgo, y conserva una piedra el nombre,
y la flor perfumada, amiga del árbol,
consuela las cenizas bajo las sombras débiles.

Solo aquel que no deja una herencia de afectos
goza poco de las urnas; y sin en algún caso observa
después de la exequias, ve deambular su espíritu
entre el gemido de los templos de Aqueronte, **
o ve refugiarse debajo de las grandes alas
del perdón de Dios: pero su polvo
deja a las ortigas de la desierta tierra
donde ni mujer enamorada rece,
ni el pasajero solitario oiga el suspiro
que desde el túmulo nos envía la Naturaleza.

Ugo Foscolo (Zante, Grecia, 1778-Londres, 1827), De los sepulcros, traducción de Diego Bentivegna, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2015

Notas del traductor:
* Dite, el griego Hades: divinidad de los infiernos.
** En el infierno, donde corre según la mitología el río Aqueronte.

Nota del administrador:
Como recuerda en el prólogo de esta traducción Diego Bentivegna, Foscolo escribe Dei sepolcri (De los sepulcros) dos años después de que Napoleón dictara en 1804 en Saint Cloud un edicto por el cual los cementerios debían establecerse extramuros. Disponía asimismo que las lápidas fueran de igual tamaño y calidad. El edicto comprendía al entonces napoleónico reino de Italia. Foscolo discute con Ippolito Pindemonte en un salón de la nobleza véneta; Pindemonte rechaza el edicto y plasma su rechazo cultural y filosófico en un poema; Foscolo es revolucionario y bonapartista y, aunque defiende el edicto, su poema es lo suficientemente oscuro y bello como para que Pindemonte, a quien está dedicado, lo respete. No es la primera polémica cívica en verso en la historia de la poesía, pero sí quizá una de las pocas en que se discute cuál debe ser la relación de los vivos con los muertos en el plano material, urbano y simbólico. El poema de Pindemonte, Los cementerios, y el de Foscolo, De los sepulcros, fueron publicados juntos en 1807.



Ma perché pria del tempo a sé il mortale
invidierà l'illusïon che spento
pur lo sofferma al limitar di Dite?
Non vive ei forse anche sotterra, quando
gli sarà muta l'armonia del giorno,
se può destarla con soavi cure
nella mente de' suoi? Celeste è questa
corrispondenza d'amorosi sensi,
celeste dote è negli umani; e spesso
per lei si vive con l'amico estinto
e l'estinto con noi, se pia la terra
che lo raccolse infante e lo nutriva,
nel suo grembo materno ultimo asilo
porgendo, sacre le reliquie renda
dall'insultar de' nembi e dal profano
piede del vulgo, e serbi un sasso il nome,
e di fiori odorata arbore amica
le ceneri di molli ombre consoli.

      Sol chi non lascia eredità d'affetti
poca gioia ha dell'urna; e se pur mira
dopo l'esequie, errar vede il suo spirto
fra 'l compianto de' templi acherontei,
o ricovrarsi sotto le grandi ale
del perdono d'lddio: ma la sua polve
lascia alle ortiche di deserta gleba
ove né donna innamorata preghi,
né passeggier solingo oda il sospiro
che dal tumulo a noi manda Natura.


Ilustración: Retrato de Ugo Foscolo por François-Xavier Fabre, 1813 (detalle)



martes, julio 12, 2016

José Ioskyn / Indolencia









Gaius Plinius
caballero provinciano
casó tres veces.
La primera por inconsciencia
la segunda por interés
la tercera por amor.
No tuvo hijos.
Conversaba con sus amigos
por correspondencia.
Cuando su tercera esposa enfermó
se convirtió a la desidia, al ocio.
Su desencanto hizo escuela
en funcionarios y poetas
que languidecen
y se suicidan
casi sin darse cuenta.

José Ioskyn (La Plata, Argentina, 1962)
Foto: José Ioskyn por Gabi Salomone





Acerca de un imperio,
Ediciones Del Dock,
colección "La verdad se mueve",
Buenos Aires, 2016










lunes, julio 11, 2016

Louise Glück / Terror mundano










Estaba junto a la puerta de una ciudad rica.
Tenía todo lo que los dioses exigían;
estaba preparada; el esfuerzo
para prepararme había sido largo.
Y el momento era el momento adecuado,
el momento asignado para mí.

¿Por qué tenías miedo?

El momento era el momento adecuado;
la respuesta debía estar lista.
En mis labios
temblaban unas palabras que eran
las palabras adecuadas. Temblaban

y yo sabía que si no lograba contestar
con suficiente rapidez, sería rechazada.

Louise Glück (Nueva York, Estados Unidos, 1943), Vita Nova, traducción de Mariano Peyrou, Pre-textos, Valencia, 2014




Earthly Terror

I stood at the gate of a rich city.
I had everything the gods required;
I was ready; the burdens
of preparation had been long.
And the moment was the right moment,
the moment assigned to me.

Why were you afraid?

The moment was the right moment;
response must be ready.
On my lips,
the words trembled that were
the right words. Trembled-

And I knew that if I failed to answer
quickly enough, I would be turned away. 





domingo, julio 10, 2016

Valentino Zeichen / A preguntas mal propuestas iguales respuestas











Aun alardeando de un verosímil
y honorable servicio
la verdad no soporta que demasiadas veces
se le dirijan las mismas preguntas.

Y replica como guante que al quitárselo
deja que su revés
se tome por el derecho.

Debiendo satisfacer
de manera diversificada
los interrogantes de muchas generaciones.

Valentino Zeichen (Fiume, actual Rijeka, Croacia, 1938-Roma, 2016), Area di rigore, Cooperativa Scrittori, Roma, 1974
Versión de Carlos Vitale
ViaSole



A DOMANDE MAL POSTE UGUALI RISPOSTE

Pur vantando verosimile
ed onorevole servizio
la verità non sopporta che per troppe volte
le si rivolgano le stesse domande.

E replica da guanto che sfilandosi
lascia che il suo rovescio
venga scambiato per il dritto.

Dovendo soddisfare
in maniera diversificata
gli interrogativi di molte generazioni.




sábado, julio 09, 2016

Nichita Stănescu / La tentación de lo real









Jamás me enfadé jamás con las manzanas
porque fueran manzanas, ni con las hojas porque fueran hojas,
ni con la sombra porque fuera sombra, ni con los pájaros
porque fueran pájaros.
Pero manzanas, hojas, sombras, pájaros
se enfadaron de pronto conmigo.
Heme conducido ante el tribunal de las hojas,
ante el tribunal de las sombras, de las manzanas, de los pájaros, tribunales redondos,
/tribunales aéreos,
tribunales tenues, refrescantes.
Heme condenado por el no saber,
por el tedio, por la intranquilidad,
por la inmovilidad.
Sentencias redactadas en el idioma de las pepitas.
Actas de acusación selladas
con vísceras de pájaro,
refrescantes penitencias grises decididas para mí.
Estoy de pie, con la cabeza descubierta,
trato de descifrar lo que se merece
mi ignorancia…
y no puedo, no puedo descifrar
nada,
y este estado de espíritu, él mismo
se enfada conmigo
y me condena, indescifrable,
a una perpetua espera,
a una concentración de los significados en sí mismos,
hasta que adopte la forma de las manzanas, de las hojas,
de las sombras,
de los pájaros.

Nichita Stănescu (Ploiesti, Rumania, 1933-Bucarest, 1983), Once elegías, la última cena, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2000
 Trad. de Ioana Zlotescu y José María Bermejo
Envío de Jonio González




viernes, julio 08, 2016

Diane di Prima / Cuatro tomas, un mismo haiku











                           a Tigger Beauparlant 


Primera tormenta de otoño
y el sendero está sembrado
de capullos de fucsia caídos

***

Un colibrí busca en
los capullos de fucsia caídos:
primera tormenta de otoño

***

Tras esta primera tormenta
los colibríes lloran
las fucsias caídas en el suelo mojado

***

Fucsias rotas en
el suelo mojado; colibríes hambrientos
comienzan las tormentas de otoño



Diane di Prima (Nueva York, Estados Unidos, 1934), Pieces of a Song: Selected Poems, City Lights Books, San Francisco, 1990
Versiones de Jonio González



4 TAKES, SAME HAIKU

          for Tigger Beauparlant


First storm of autumn
and the path is strewn
with fallen fuchsia blossoms


***

Hummingbird seeking
the fallen fuchsia blossoms:
first autumn storm

***

After this first storm
the hummingbirds mourn
fallen fuchsias on wet ground


***

Fuchsias broken on
wet ground; hummingbirds hungry
Autumn storms begin




jueves, julio 07, 2016

Cristina Annino / Ella ahora elegante










Ella, ahora elegante,
vistosa como las madres,
se despega de la nada y ríe. Algo
de vientos, de urgencia, una fuga,
un retorno, me liga
a ella, tanto que daría
todo el cuerpo por esa carcajada.
Ha subido
con el pecho alto hacia el éxtasis de las nubes,
a esa distancia más negras que nunca; luego
ha descendido; llovía. Ha saltado la soga
con los pies llameantes de una santa y en el cuello
perlas verdaderas.

Cristina Annino (Arezzo, Italia, 1941), Anatomie in fuga, Donzelli, Roma, 2016
Versión de Jorge Aulicino
Envío de Silvia Rosa


LEI ORA ELEGANTE

Lei ora elegante,
vistosa come le madri,
si stacca dal niente e ride. Qualcosa
dei venti, d’urgente, una fuga,
un ritorno, mi lega
a lei che darei
tutto il corpo per quella risata.
È salita
col petto in su verso l’estasi delle nubi
a quella distanza più nere che altro; poi
è scesa; pioveva. Ha saltato la corda
coi piedi fiammanti di santa e al collo
perle vere.



miércoles, julio 06, 2016

Dino Campana / Furibundo









Yo la había abrazado.
Mientras afanoso por las ciegas ebriedades
En el umbral ciego iba a tientas
Y rápidos golpes repetía
Sobre la puerta de los eternos deleites:
De pronto, sobre mi espalda
Se alzó y volvió a caer martilleando sordo
Y rítmico su pie. Fue el recuerdo
Del instante fugaz, en la plenitud
Fantástica el llamado de la muerte.
Ardiendo desesperadamente entonces
Redoblé mis fuerzas ante aquel llamado
Fatídico y jadeando traspasé
La morada de la nada y de la ebriedad, altivo
Penetré, con fervor, alta la frente
Empuñando la garganta de la mujer
Victorioso en la mística fortaleza
En mi patria antigua, en la gran nada.

Dino Campana (Marradi, Italia, 1885 – Scandicci, Italia, 1932), Cantos órficos y otros poemas, traducción de Carlos Vitale, DVD Ediciones, Barcelona, 1999


FURIBONDO

Abbracciata io l’aveva.
Mentre affannoso delle cieche ebbrezze
Sul limitare cieco brancolavo
E accelerati colpi replicavo
Sopra la porta di eterne dolcezze:
All’improvviso sopra la mia schiena
S’alzò e ricadde martellando sordo
E ritmico il suo piede. Fu il ricordo
Dell’attimo fuggente, nella piena
Fantastica l’appello della morte.
Ardendo disperatamente allora
Raddoppiai le mie forze a quell’appello
Fatidico e ansimando la dimora
Varcai del nulla e dell’ebbrezza, fiero
Penetrai, nel fervor alta la fronte
Impugnando la gola della donna
Vittorioso nel mistico maniero
Nella mia patria antica nel gran nulla.





martes, julio 05, 2016

Gianpaolo G. Mastropasqua / Dos poemas










Llama alquímica

Sobre la frente de la materia nunca detenida
que imperceptiblemente te oprime
como una arcaica madre obsesiva
yo bebo los albores de cada edad como
un perro callejero herido por las blasfemias
de los palacios, me hago el muerto
en tu olor a antimonio puro
para refugiarme en tu profecía
en el himno del ombligo mineral
remonto el cordón celeste de la sabiduría
furioso y mudo como Giordano en llamas.


Como alma fija

Me queda esta imagen rauca
clavada en equilibrios que nunca escribiré
y estos ojos de otoño, diseminados
en el florero, en una mañana sin espacios,
cuando ignoraba tus suicidios cotidianos
y no me importaba ser un piano
bajo tus dedos blandos como teclas negras:
has dejado este espejo, que cada noche
se encarna más, como alma fija.

Gianpaolo G. Mastropasqua (Bari, Italia, 1980), Danzas de amor y duende, edición bilingüe italiano-español, traducción de Francesca Corrias y Julio Pavanetti, Enkuadres, Valencia, 2016

Foto: Gianpaolo G. Mastropasqua en FB


Fiamma alchemica

Sulla fronte della materia mai ferma
che impercettibilmente ti sovrasta
come un’arcaica madre ossessiva
io bevo gli albori di ogni età come
un randagio ferito dalle bestemmie
dei palazzi, mi fingo morto
nel tuo odore di antimonio puro
per rifugiarmi nella tua profezia
nell’inno dell’ombelico minerale
ripercorro il cordone celeste della sapienza
furioso e muto come il Giordano tra le fiamme.


Come anima fissa

Mi resta questa immagine rauca
conficcata in equilibri che non scriverò mai
e questi occhi d’autunno, dispersi
nel portafiori, in un mattino senza spazi,
quando ignoravo i tuoi suicidi quotidiani
e non importava che essere un pianoforte
nelle tue dita morbide come tasti neri:
hai lasciato questo specchio, che ogni notte
s’incarna di più, come anima fissa.



lunes, julio 04, 2016

Pedro Lastra / Tres poemas










Por los poetas perdidos

Nosotros disputamos a otro reino sus nombres
a otros dioses sus cuerpos siempre ardientes
que arrastraron los sueños, el amor, cuanto existe
más acá del abismo,
abrimos las ventanas de ese reino
y hablamos con la voz del hermano perdido,
nosotros, que hoy amamos las mismas criaturas,
las terribles, veloces criaturas del mundo.


Ya hablaremos de nuestra juventud

Ya hablaremos de nuestra juventud,
ya hablaremos después, muertos o vivos
con tanto tiempo encima,
con años fantasmales que no fueron los nuestros
y días que vinieron del mar y regresaron
a su profunda permanencia.

Ya hablaremos de nuestra juventud
casi olvidándola,
confundiendo las noches y sus nombres,
lo que nos fue quitado, la presencia
de una turbia batalla con los sueños.

Hablaremos sentados en los parques
como veinte años antes, como treinta años antes,
indignados del mundo,
sin recordar palabra, quiénes fuimos,
dónde creció el amor,
en qué vagas ciudades habitamos.


Paraísos

El niño que construye
en el mundo visible
su pequeño paraíso

velozmente

se adelanta a los días
e instala en su memoria
el paraíso perdido

Pedro Lastra (Quillota, Chile, 1932), Poesía completa, Universidad de Valparaíso, 2016

Foto: Pedro Lastra La Tercera 31.5.2016








domingo, julio 03, 2016

Ed Sanders / Creeley como terapia










Publicó un aviso en la sección Salud
del periódico local:
“Cure sus crisis mentales con Creeley”

Y sabés qué
doce personas pagaron  c/u 175 dólares
para asistir a un taller durante ocho semanas

Suma suficiente para hacer algunos arreglos en la casa!!

Los hacía sentarse cómodamente
las sillas en un círculo
cada uno de ellos sosteniendo en su manos
la Poesía Completa de Robert Creeley 1975-2005
luego los hacía abrir  el volumen
                              / en una página cualquiera
leer en voz alta
                                                              y discutir
                                                              la sensación curativa
                                                              de las palabras
y cómo éstas se relacionaban
con la crisis personal del lector
                                 
Y funcionó!
Las sonrisas resquebrajaban el círculo
y algunas veces las lágrimas!

Le rogaron  que repitiera el taller
especialmente en esas fechas en que el año
se arrastra hacia
una triste Navidad


Ed Sanders (Kansas, Estados Unidos, 1939), alpialdelapalabra, 2012
Versión de Esteban Moore


Poemas de Robert Creeley aquí




sábado, julio 02, 2016

Theodore Roethke / En tiempos oscuros










En tiempos oscuros, el ojo comienza a ver,
encuentro mi sombra en la profundidad de la penumbra;
escucho mi eco en un bosque de ecos—
Un señor de la naturaleza llorando a un árbol.
Vivo entre la garza y el gorrión,
bestias de la colina y serpientes del escondrijo.

¿Qué es la locura sino la nobleza del alma
contrariada con la circunstancia? ¡El día está en llamas!
Conozco la pureza del desesperar puro,
mi sombra clavada en una pared sudada.
Aquel lugar entre las rocas- ¿Es una cueva,
o un camino devanado? El borde es lo que me queda.

¡Una tormenta firme de correspondencias!
Una noche fluente de aves, una luna harapienta,
¡Regresa la medianoche en pleno día!
Un hombre se acerca para averiguar qué es—
La muerte del ser en una noche larga, sin lágrimas,
todas las formas naturales resplandecen luz antinatural.

Oscura, oscura mi luz y más oscuro mi deseo.
Mi alma, como una mosca fuera de quicio por el calor del verano,
sigue zumbando en el umbral. ¿Cuál yo es yo?
Asciendo sobre mi miedo como un hombre caído.
La mente se penetra, y Dios a la mente,
y uno es Uno, libre en el viento desgarrador.

Theodore Roethke (Saginaw, Estados Unidos, 1908- Bainbridge Island, Estados Unidos, 1963), Periódico de Poesía N° 89, traducción de Cristian M. Torres, México, mayo de 2016


In a Dark Time

In a dark time, the eye begins to see,
I meet my shadow in the deepening shade;   
I hear my echo in the echoing wood—
A lord of nature weeping to a tree.
I live between the heron and the wren,   
Beasts of the hill and serpents of the den.

What’s madness but nobility of soul
At odds with circumstance? The day’s on fire!   
I know the purity of pure despair,
My shadow pinned against a sweating wall.   
That place among the rocks—is it a cave,   
Or winding path? The edge is what I have.

A steady storm of correspondences!
A night flowing with birds, a ragged moon,   
And in broad day the midnight come again!   
A man goes far to find out what he is—
Death of the self in a long, tearless night,   
All natural shapes blazing unnatural light.

Dark, dark my light, and darker my desire.   
My soul, like some heat-maddened summer fly,   
Keeps buzzing at the sill. Which I is I?
A fallen man, I climb out of my fear.   
The mind enters itself, and God the mind,   
And one is One, free in the tearing wind.






viernes, julio 01, 2016

Gabriel Chávez Casazola / Dos poemas










La Odisea, libro XVII

Ese mendigo que, estopa en crisma ves llegar,
ese despojo
que Atenea ha vestido
y a quien nadie conoce, ya cerca de casa,
al final del camino iniciado
veinte años ha,
es, sin embargo,
(lo has descubierto con un temblor de tus orejas)
el mismo apuesto doncel que te enseñara
a cazar ciervos y liebres por el monte
en aquellas tardes de libertad
cuando eras raudo y tu cuerpo elástico
y no esta
cosa
que yace hoy sobre el estiércol
(estopa en pelo, despojo también tú).
Mas, sin embargo,
-con la certeza instintiva que da la amistad
que profesan los de tu especie, no los de la nuestra-
en este alto mediodía eres el solo capaz de reconocer
(ni Eumeo ni Filetio ni tan siquiera Telémaco)
al astroso que llega y menearle el rabo
en penúltima señal de alegría
(veinte años ha el camino)
justo antes de ser a tu vez reconocido,
esbelto galgo de ayer,
por Ulises que retorna a habitar lo que es suyo
y atravesar de parte a parte a los traidores
pretendientes
que te dejaban morir en el estiércol
porque les recordabas
al amigo incómodo que se llevaron (pero no para siempre, lo intuías)
los mares,
y al que creían ya morador definitivo
de esotra orilla
donde seguramente nos reencontraremos contigo,
Argos,
en alguna de tus formas y tus nombres
de invariable aunque múltiple
complicidad
con nosotros, pobres hombres,
que no te merecemos.



Ya nada queda por descubrir a lo largo y ancho de esta tierra, todos
los cabos, las bahías, las penínsulas, los istmos,
los volcanes encendidos y los volcanes apagados,
los mares, los océanos,
incluso las corrientes submarinas y
hasta la última isla otrora ignota
todos
los puntos de la geografía y todas las geografías
han
perdido
su misterio.

Tienen
nombre
–es el problema–
y ahora que nada queda por nombrar, tampoco
quedan héroes, pioneros, descubridores, adelantados,
y ni siquiera
viajeros de aventuras.

Sólo
restan
los libros
y la
remota y siempre tentadora
posibilidad de un asalto a los transbordadores.

Gabriel Chávez Casazola (Sucre, Bolivia, 1972), Cámara de niebla, Plural Editores, La Paz, 2015