jueves, junio 26, 2014

Ignacio Uranga / Dos poemas a Juan Gelman











vos que viste, Señora de la noche, pueblos
levantados, odio, la niñez en uso: también
cada noche el rostro triste de este hombre:
y diste a su pesar, sí, palabras cada vez
sonos a paliar dolor: la su bendición fue
dar belleza al mundo entre venenos: no
obstante he aquí el su castigo a la vez:
pues no puede, no, embellecerse en su
belleza: Chora vio la luna en la China
hace siglos: no estando ya la luna para
Chora en lado alguno: y hubo que Chora
olvidó la luna, olvidos que en Chora, pues
devuélvenle lo urdido: al punto que olvida
Chora la luna, vuelve la luna, sí, a brillarle
cada iris: danos hoy, entonces, Señora, no
nos dejes en veneno sin belleza, Señora de
la noche, no cese en el hombre tu canto a cantar:
hay venenos: la belleza inútil es urgente, necesaria




al resplandor de su niñez / la su niñez intacta, pues:
está el mundo envenenado / el mundo en venenos, sí
y él pone sin embargo / a la mitad del mundo un árbol
a la mitad del mundo un mundo/ entre venenos su árbol
pone al mundo un árbol que hace sol / dase a la tarea de
lleno de hojas, hacer al sol / incluso entre venenos su
lleno de hojas árbol hace al sol/ juega su niñez al sol
cada día brilla al resplandor de su niñez el árbol/ ante
el mundo envenenado / de hojas lleno incansable el sol:
un pájaro azul de vuelo en alza / horizontal / tal un cerrado
horizonte es pájaro azul lo lejos / el horizonte azul de pá-
jaro volando el mundo entre venenos / pero he aquí, pues
un árbol / el árbol puesto a crecer el sol / juega al sol
la su niñez aún / lleno de hojas danos hoy el sol y siempre
el nuestro siempre tuyo sol de cada día / en tu niñez al sol:
hace el árbol sol a tu niñez / es pájaro azul el horizonte
el mundo en su venenos y / sin embargo / tu sol a diario


Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982), inéditos

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