viernes, enero 03, 2014

Cesare Pavese / Paisaje V















Las colinas insensibles que llenan el cielo
están vivas al alba; después se quedan inmóviles
como si fueran siglos, y el sol las mira.
Recubrirlas de verde sería una dicha,
y en el verde, dispersas, la fruta y las casas.
Cada planta, al alba, sería un vida
prodigiosa, y las nubes tendrían un sentido.

Nos falta sólo un mar que resplandezca fuerte
y que inunde la playa con un ritmo monótono.
Sobre el mar no crecen plantas, no se mueven hojas:
cuando llueve sobre el mar, cada gota se pierde,
como el viento sobre estas colinas, que busca las hojas
y no encuentra más que piedras. Es un momento al alba:
se dibujan sobre la tierra las siluetas oscuras
y las manchas bermejas. Después, vuelve el silencio.

¿Tienen un sentido las cuestas arrojadas al cielo
como casas de una gran ciudad? Están desnudas.
Pasa a veces un aldeano tallado en el vacío,
tan absurdo que parece pasar sobre un techo
de la ciudad. Viene a la mente la estéril mole
de las casas amontonadas, que agarra la lluvia
y se seca al sol y no da ni un poco de hierba.

Para cubrir las casas y las piedras de verde
-y que el cielo tenga sentido- hace falta hundir
en la oscuridad raíces bien negras. Al volver el alba,
correría la luz dentro de la tierra
como un golpe. Toda la sangre estaría más viva:
también los cuerpos están hechos de venas negruzcas.
Y los aldeanos que pasan tendrían un sentido.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908- Turín, 1950), "Lavorare stanca", Poesie, Mondadori, Milán, 1969
Versión de Jorge Aulicino


Paesaggio V

Le colline insensibili che riempiono il ciel
sono vive nell'alba, poi restano immobili
come fossero secoli, e il sole le guarda.
Ricoprirle di verde sarebbe una gioia
e nel verde, disperse, le frutta e le case.
Ogni pianta nell'alba sarebbe una vita
prodigiosa e le novule avrebbero un senso.

Non ci manca che un mare a risplendere forte
e inondare la spiaggia in un ritmo monotono.
Su dal mare non sporgono piante, non muovono foglie:
quando piove sul mare, ogni goccia è perduta,
come il vento su queste colline, che cerca le foglie
e non trova che pietre. Nell'alba, è un istante:
si disegnano in terra le sagome nere
e le chiazze vermiglie. Poi torna il silenzio.

Hanno un senso le coste buttate nel cielo
come case di grande città? Sono nude.
Pasa a volta un villano stagliato nel vuoto,
cosí assurdo che pare passeggi su un tetto
di città. Viene in mente le sterile mole
delle case ammucchiate, che prende la pioggia
e si asciuga nel sole e non dà un filo d'erba.

Per coprire le case e e pietre di verde
-sí che il cielo abbia un senso- bisogna affondare
dentro il buio radici ben nere. Al tornare dell'alba
scorrerebbe la luce fin dentro la terra
come un urto. Ogni sangue sarebbe più vivo:
anche i corpi son fatti di vene nerastre.
E i villani che passano avrebbero un senso.

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