sábado, marzo 30, 2013

Ignacio Uranga / fue calar hasta lo imposible






fue calar hasta lo imposible, en vos, en mí
fantasía nuestra del imaginario que se gesta
en tensiones pretendidas del deseo, tal cual
las formas, las típicas cuestiones en que ábrese
ante el deseo la intemperie de lo ahora cerca:
soplarnos, acaso, tan próximos, lo que al fin
hizo ruinas antes del encuentro: coincidimos
lo dijimos una y otra vez, lo aclaramos hasta
persuadirnos: ninguno muere ya de amor:
lo dicho, lo pensado: hubo sin embargo
tras la ventana este milagro: bajo el árbol
flores al sol: un tallo blancoazul a contraluz
mínima pasa una mínima vida cuya masa
al mundo pequeña no carece de estructura
sistema digestivo o corazón: cruza el blanco
a contraluz vegetativo, lenta, tan lentamente:
hay el árbol: el fruto hará en la tierra humus
cúbrenlo himenópteros diversos, ya enzimas
por mykes secretadas pues habrán de absorber
moléculas resultantes del proceso digestivo:
a contemplar, inmenso y principal, el árbol:
hay el árbol, total a la intemperie, tal cual
la siempre estada en el mundo de los árboles:
a una cercanía, inverso en lo proporcional
tan falsas las noticias en que no importaron
alertando en Argentina múltiples catástrofes:
sabíamos algo: el fuerza económica hostil
lo que no está en nuestro sueño de la historia:
esta certidumbre dejó que respiremos cerca
tan gravemente de cerca esa vez, que no pude:
a imagen, a semejanza, Señor, quise también
la salvación del cambio posible, la permanencia:
una artificial generación de inóculo: micelio
sobre sustrato construido: ejemplo, en semillas
de trigo: pues tanto miedo, acaso, da amar:
el mismo miedo, Padre, podrías entenderme
vos que a orillas de la mar reuniste multitudes
tanta gente junta, y hubiste de subir a una barca
alta en la mar, bien lejos de la orilla, de la gente:
a semejanza e imagen, tal cual hiciste de la vida
urdo, sembrador, este microclima en que nada
pueda ya caer a lo largo de, sin aves, un camino
sin soles ni cardos que hagan inútil mi siembra:
ser como el grano de trigo, que cae en la tierra y
desaparece: quien tenga oídos para oír, qué oiga

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982), inédito




Ilustración: Composición suprematística en verde y negro, 1925, Nicolai Suetin

2 comentarios:

  1. Tampoco conocía a este poeta. El Museo es una genial idea maravillosamente realizada.Una se pregunta cómo vivió -y escribió- hasta ahora, sin haber leído a Uranga, a Mark Strand, a Jude Nutter, etcétera.Reenvío estos textos a poetas y artistas amigos y se sorprendem y a-prenden, como yo en este Sitio, que la Poesía es la Religio posible entre nosotros.
    Mi elogio alcanza a tu poesía, inteligentísima y bastantemente feroz, por cierto.

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  2. POETA NECESARIO EN LA JUNGLA.BÁSICO EN LOS ANALES MODERNOS DE LA POESÍA. ESTANDARTE ERGUIDO , OBSERVANDO Y EXPRESANDO LO FEROZ, NO TIENE ATADURAS EN EL DECIR.
    HOMBRE EN LA BAHIA INMENSA DEL SENTIR PROFUNDO, CUAJADO CON LETRAS DE GRAN ALCANCE.
    ESTA EN EL PÓRTICO O QUIZÁS EN EL UMBRAL DESCONOCIDO AÚN DE LA METÁFORA.
    POETA CASI AUSTRAL , INMERSO EN LA VORAGINE LITERARIA DEL MOMENTO Y EN CUALQUIER LUGAR..

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