viernes, marzo 15, 2013

Cesare Pavese / Ciudad en el campo




Ciudad en el campo

Papá bebe a  la mesa rodeado de parrales verdes
y el muchacho se aburre sentado. El caballo se aburre,
cubierto de moscas: el muchacho querría cazarlas,
pero Papá lo tiene bajo el ojo. Las parras dan al vacío,
sobre el valle. El muchacho no mira más hacia abajo:
le dan ganas de dar un gran salto. Alza los ojos:
no hay más lindas nubes; los cúmulos resplandecientes
se cerraron para esconder el fresco del cielo.

Se lamenta, Papá, de que hay que sufrir más calor
en el viaje, para vender la uva, que segando el grano.
Quién ha visto alguna vez en setiembre este sol candente
y que haya que parar al regreso, en la fonda,
porque de otro modo revienta el caballo. Pero la uva está vendida;
los otros pensarán en eso, de aquí a la vendimia:
aunque granice, el precio está hecho. El muchacho se aburre;
su trago, Papá ya se lo ha hecho beber.
No hay más que mirar ese blanco maligno,
bajo el negro bochorno, y confiar en el agua.

Las calles frescas a media mañana estaban llenas de portales
y de gente. Gritaban en la plaza. Iba y venía el helado
blanco y rosado: parecía las nubes sólidas en el cielo.
Si hacía ese calor en la ciudad, se quedaban a almorzar
en la fonda. La polvareda y el calor no ensucian las paredes
en la ciudad: a lo largo de las avenidas las casas son blancas.
El muchacho alza los ojos a las nubes horribles.
En la ciudad están al fresco sin hacer nada, pero compran uva,
la trabajan en grandes bodegas y se hacen ricos.
Si se quedaban más tiempo, veían en medio de los árboles,
a la noche, cada avenida con una fila de luces.

Entre las parras, se levanta un gran viento. El caballo se sacude.
Y Papá mira el aire. Allá abajo en el valle
está la casa en el prado y la viña madura.
En un segundo, hace frío y las hojas se caen
y el polvo vuela. Papá bebe siempre.
El muchacho alza los ojos a las nubes horribles.
Sobre el valle hay todavía una mancha de sol.
Si se quedan aquí, comerán en la fonda.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino


Città in campagna

Papà beve al tavolo avvolto da pergole verdi
e il ragazzo s'annoia seduto. Il cavallo s'annoia
posseduto da mosche: il ragazzo vorrebbe acchiaparne,
ma Papà l'ha sott'occhio. Le pergole dànno nel vuoto
sulla valle. Il ragazzo non guarda più al fondo,
perché ha voglia di fare un gran salto. Alza gli occhi:
non c'è più di belle nuvole: gli ammassi splendenti
si son chiusi a nascondere il fresco del cielo.

Si lamenta, Papà, che ci sia da patire più caldo
nella gita per vendere l'uva, che a mietere il grano.
Chi ha mai visto in settembre quel sole rovente
e doversi fermare al ritorno, dall'oste,
altrimenti gli crepa il cavallo. Ma l'uva è venduta;
qualcun altro ci pensa, di qui alla vendemmia:
se anche grandina, il prezzo è già fatto. Il ragazzo s'annoia,
il suo soro Papà gliel'ha già fatto bere.
Non c'è più che guardare quel bianco maligno,
sotto il nero dell'afa, e sperare nell'acqua.

Le vie fresche di mezza mattina eran piene di portici
e di gente. Gridavano in piazza. Girava il gelato
bianco e rosa: pareva le nuvole sode nel cielo.
Se faceva sto caldo in città, si fermavano a pranzo
nell'albergo. La polvere e il caldo non sporcano i murri
in città: lungo i viali le case son bianche.
Il ragazzo alza glio occhi alle nuvole orribili.
In città stanno al fresco a far niente, ma comprano l'uva,
la lavorano in grandi cantine e diventano ricchi.
Se restavano ancora, vedevano in mezzo alle piante,
nella sera, ogni viale una fila di luci.

Tra le pergole nasce un gran vento. Il cavallo si scuote
e Papà guarda in aria. Laggiù nella valle
c'è la casa nel prato e la vigna matura.
Tutt'a un tratto fa freddo e le foglie si stacanno
e la polvere vola. Papà beve sempre.
Il ragazzo alza glio occhi alle nuvole orribili.
Sulla valle c'è ancora una chiazza di sole.
Se si fermano qui, mangeranno dall'oste.


Ilustración: Scorcio di paese, 1916, Domenico Valinotti

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