lunes, octubre 24, 2011

Cesare Pavese / Mediterránea




Mediterránea

Habla poco el amigo, y ese poco es diverso.
¿Vale la pena encontrarlo una mañana de viento?
Uno de los dos, al alba, ha dejado una mujer.
Se podría discurrir sobre el viento húmedo,
sobre la calma o un transeúnte, mirando la calle;
pero ninguno comienza. El amigo está ido,
y cuando fuma no piensa. No mira.

Fumaba
también el negro que vimos una mañana juntos,
firme, de pie en un rincón, bebiendo aquel vino
-afuera, el mar esperaba. Pero el rojo del vino
y la nube vagante no eran suyos:
no pensaba en los sabores. Tampoco la mañana
parecía una mañana de aquellas al alba;
era un día monótono, fuera de los días,
para el negro. La idea de una tierra lejana
le hacía de fondo. Pero él no cuadraba.

Había mujeres por la calle y una luz muy fresca,
y el aroma del mar corría por las avenidas.
Nosotros, ni mujeres ni vagar: bastaba
estar sentados y escuchar la vida y pensar que el mar
estaba allá, bajo el sol, todavía fresco de sueño.
Mujeres blancas, de las nuestras, pasaban frente al negro
que ni siquiera bajaba la mirada a las manos,
muy oscuras, y ni siquiera se movía al respirar.
Habíamos dejado una mujer, y cada cosa,
bajo el alba, sabía de nuestra pertenencia:
calma, calles y aquel vino.

Esta vez los transeúntes
me distraen y me olvido del amigo
que en el viento húmedo se ha puesto a fumar,
pero no parece que disfrute.

Al rato me dice:
¿Te acuerdas de aquel negro que fumaba y bebía?


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

Meditarranea

Parla poco l'amico e quel poco è diverso.
Val la pena incontrarlo un mattino di vento?
Di noi due uno, all'alba, ha lasciato una donna.
Si potrebbe discorrere del vento umidiccio,
della calma o di qualche passante, guardando la strada;
me nessuno comincia. L'amico è lontano
e a fumare non pensa. Non guarda.

Fumava
anche il negro, un mattino, che insieme vedemmo
fisso, in piedi, nell'angolo a bere quel vino
e la nuvola vaga non erano suoi:
non pensava ai sapori. Neanche il mattino
non pareva un mattino di quelli dell'alba;
era un giorno monotono fuori di giorni
per il negro. L'idea di una terra lontana
gli faceva da sfondo. Ma lui non quadrava.

C'era donne per strada e una luce più fresca,
e il sentore del marre correva le vie.
Noi, nemmeno le donne o girare: bastava
star seduti e ascoltare la vita e pensare che il mare
era là, sotto il sole ancor fresco di sonno.
Donne bianche passavano, nostre, sul negro
che nemmeno abbasava lo sguardo alle mani
troppo fosche, e nemmeno muoveva il respiro.
Avevamo lasciato una donna, e ogni cosa
sotto l'alba sapeva di nostro possesso:
calma, strade, e quel vino.
Stavolta i passanti
mi distraggono e più non ricordo l'amico
che nel vento bagnato si è messo a fumare,
ma non pare che goda.

Tra poco mi chiede:
Lo ricordi quel negro que fumava e beveva?


Ilustración: Naturaleza muerta, 1911, Juan Gris

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