lunes, mayo 31, 2010

Jacobo Regen / Los residuos




El tobogán

A Baltazar Dávalos

En un edificio de la ciudad
he visto cómo sus moradores
arrojaban por el tobogán,
desde lo alto de sus altos pisos,
los residuos del día y de la noche
de la semana, de los siglos.
La basura caía, dando tumbos,
entre las llamas cariciosas del incinerador.
Y un sabio dijo: "La ceniza es pura".

En la acera de enfrente
una desmemoriada vieja
barre con su mirada los umbrales
en busca de sobras que siempre le faltaron.
Y el sabio mira,
reflexiona,
dice:
"Con el ojo derecho veo la sombra del izquierdo;
con el izquierdo, nada".

Jacobo Regen (Campo Quijano, Salta, 1935), 200 años de poesía argentina. Selección y prólogo de Jorge Monteleone, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2010

Foto: Leopoldo Castilla y Jacobo Regen El Vendedor de Tierra

Baldomero Fernández Moreno / Soneto




Soneto a tus vísceras

Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.

Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.

Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.

Baldomero Fernández Moreno (Buenos Aires, 1886-1950), 200 años de poesía argentina. Selección y prólogo de Jorge Monteleone, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2010

Ilustración: Ulyssis Aldrovandi, "Draconis Alati Figura ex Patco", Historiæ Serpentum et Draconum, Boloña, siglo XVI

domingo, mayo 30, 2010

Estanislao del Campo / "¡Viera al Diablo!..."




FAUSTO:
(Impresiones del gaucho Anastasio El Pollo)



I

En un overo rosao,
Flete nuevo y parejito,
Caía al bajo, al trotecito,
Y lindamente sentao,
Un paisano del Bragao,
De apelativo Laguna:
Mozo jinetazo ¡ahijuna!,
Como creo que no hay otro,
Capaz de llevar un potro
A sofrenarlo en la luna.

¡Ah criollo! si parecía
Pegao en el animal,
Que aunque era medio bagual,
A la rienda obedecía
De suerte, que se creería
Ser no sólo arrocinao,
Sino tamién del recao
De alguna moza pueblera.
¡Ah Cristo! ¡quién lo tuviera!...
¡Lindo el overo rosao!

Como que era escarciador,
Vivaracho y coscojero,
Le iba sonando al overo
La plata que era un primor;
Pues eran plata el fiador,
Pretal, espuelas, virolas
Y en las cabezadas solas
Traiba el hombre un Potosí:
¡Qué!... Si traía, para mí,
Hasta de plata las bolas.
En fin, como iba a contar,
Laguna al río llegó,
Contra una tosca se apió
Y empezó a desensillar.
En esto, dentró a orejiar
Y a resollar el overo,
Y jué que vido un sombrero
Que del viento se volaba
De entre una ropa, que estaba
Más allá, contra un apero.

Dió güelta y dijo el paisano:
-¡Vaya Záfiro! ¿qué es eso?
Y le acarició el pescuezo
Con la palma de la mano.
Un relincho soberano
Pegó el overo que vía,
A un paisano que salía
Del agua, en un colorao,
Que al mesmo overo rosao
Nada le desmerecía.

Cuando el flete relinchó,
Media güelta dió Laguna,
Y ya pegó el grito: -¡Ahijuna!
¿No es el Pollo?
-Pollo, no,
Ese tiempo se pasó.
(contestó el otro paisano),
Ya soy jaca vieja, hermano,
Con las púas como anzuelo,
Y a quien ya le niega el suelo
Hasta el más remoto grano.

Se apió el Pollo y se pegaron
Tal abrazo con Laguna,
Que sus dos almas en una
Acaso se misturaron.
Cuando se desenredaron,
Después de haber lagrimiao
El overito rosao
Una oreja se rascaba
Visto que la refregaba
En la clin del colorao.

-Velay, tienda el cojinillo
Don Laguna, sientesé
Y un ratito aguardemé
Mientras maneo el potrillo:
Vaya armando un cigarrillo,
Si es que el vicio no ha olvidao,
Ahí tiene contra el recao
Cuchillo, papel y un naco:
Yo siempre pico el tabaco
Por no pitarlo aventao.

-Vaya amigo, le haré gasto...
-¿No quiere maniar su overo?
-Dejeló a mi parejero
Que es como mata de pasto.
Ya una vez, cuando el abasto,
Mi cuñao se desmayó;
A los tres días volvió
Del insulto, y crea amigo,
Peligra lo que le digo:
El flete ni se movió.

-¡Bien haiga gaucho embustero!
¿Sabe que no me esperaba
Que soltase una guayaba
De ese tamaño, aparcero?
Ya colijo que su overo
Está tan bien enseñao,
Que si en vez de desmayao
El otro hubiera estao muerto,
El fin del mundo, por cierto,
Me lo encuentra allí parao.

-Vean como le buscó
La güelta... ¡Bien haiga el Pollo!
Siempre larga todo el rollo
De su lazo...
-¡Y cómo no!
¿O se ha figurao que yo
Asina nomás las trago?
¡Hágase cargo!...
-Ya me hago...
-Prieste el juego.
-Tómelo.
-Y aura le pregunto yo
¿Qué anda haciendo en este pago?
-Hace como una semana
Que he bajao a la ciudá,
Pues tengo necesidá
De ver si cobro una lana,
Pero me andan con mañana
Y no hay plata, y venga luego.
Hoy no más cuasi le pego
En las aspas con la argolla
A un gringo, que aunque es de embrolla
Ya le he maliciao el juego.

-Con el cuento de la guerra
Andan matreros los cobres,
-Vamos a morir de pobres
Los paisanos de esta tierra.
Yo cuasi he ganao la sierra
De puro desesperao...
-Yo me encuentro tan cortao
Que a veces se me hace cierto
Que hasta ando jediendo a muerto...
-Pues yo me hallo hasta empeñao.

-¡Vaya un lamentarse! ¡Ahijuna!...
Y eso es de vicio, aparcero:
A usté lo ha hecho su ternero
La vaca de la fortuna.
Y no llore, Don Laguna,
No me lo castigue Dios:
Si no comparemolós
Mis tientos con su chapiao,
Y así en limpio habrá quedao,
El más pobre de los dos.

-¡Vean si es escarbador
Este Pollo! ¡Virgen mía!
Si es pura chafalonía...
-Eso sí, ¡siempre pintor!
-Se la gané a un jugador
Que vino a echarla de güeno.
Primero le gané el freno
Con riendas y cabezadas,
Y en otras cuantas jugadas
Perdió el hombre hasta lo ajeno.

¿Y sabe lo que decía
Cuando se vía en la mala?
El que me ha pelao la chala
Debe tener brujería.
A la cuenta se creería
Que el Diablo y yo...
-¡Callesé!
¿Amigo, no sabe usté
Que la otra noche lo he visto
Al demonio?
-¡Jesucristo!
-Hace bien, santigüesé,

-¡Pues no me he de santiguar!
Con esas cosas no juego;
Pero no importa, le ruego
Que me dentre a relatar
El cómo llegó a topar
Con el malo. ¡Virgen santa!
Sólo el pensarlo me espanta...
-Güeno, le voy a contar
Pero antes voy a buscar
Con qué mojar la garganta.

El Pollo se levantó
Y se jué en su colorao,
Y en el overo rosao
Laguna al agua dentró.
Todo el baño que le dió
Jué dentrada por salida
Y a la tosca consabida
Don Laguna se volvió
Ande a Don Pollo lo halló
Con un frasco de bebida.

-Larguesé al suelo, cuñao
Y vaya haciéndose cargo,
Que puede ser más que largo
El cuento que le he ofertao.
Desmanée el colorao,
Desate su maniador,
Y en ancas, haga el favor
De acollararlos...
-Al grito:
¿Es manso el coloradito?
-¡Ese es un trebo de olor!

-Ya están acollaraditos...
-Dele un beso a esa giñebra:
Yo le hice sonar de una hebra
Lo menos diez golgoritos...
-Pero esos son muy poquitos
Para un criollo como usté,
Capaz de prenderselé
A una pipa de lejía...
-Hubo un tiempo en que solía...
-Vaya, amigo, larguesé.





II

-Como a eso de la oración
Aura cuatro o cinco noches,
Vide una fila de coches
Contra el tiatro de Colón.

La gente en el corredor,
como hacienda amontonada,
Pujaba desesperada
Por llegar al mostrador.

Allí a juerza de sudar,
Y a punta de hombro y de codo,
Hice, amigaso, de modo
Que al fin me pude arrimar.

Cuando compré mi dentrada
Y di güelta... ¡Cristo mío!
Estaba pior el gentío
Que una mar alborotada.

Era a causa de una vieja
Que le había dao el mal...
-Y si es chico ese corral,
¿ A qué encierran tanta oveja?

-Ahí verá: por fin, cuñao,
A juerza de arrempujón,
Salí como mancarrón
Que lo sueltan trasijao.

Mis botas nuevas quedaron
Lo propio que picadillo,
Y el fleco del calzoncillo
Hilo a hilo me sacaron.

Y para colmo, cuñao
De toda esta desventura,
El puñal, de la cintura,
Me lo habían refalao.

-Algún gringo como luz
Para la uña, ha de haber sido.
-¡Y no haberlo yo sentido!
En fin, ya le hice la cruz.

Medio cansao y tristón
Por la pérdida, dentré
Y una escalera trepé
Con ciento y un escalón.

Llegué a un alto finalmente,
Ande va la paisanada,
Que era la última camada
En la estiba de la gente.

Ni bien me había sentao,
Rompió de golpe la banda,
Que detrás de una baranda
La habían acomodao.

Y ya tamién se corrió
Un lienzo grande, de modo
Que a dentrar con flete y todo
Me aventa, creameló.

Atrás de aquel cortinao
Un Dotor apareció,
Que asigún oí decir yo,
Era un tal Fausto mentao.

-¿Dotor dice? Coronel
De la otra banda, amigaso;
Lo conozco a ese criollaso
Porque he servido con él.

-Yo tamién lo conocí
Pero el pobre ya murió.
¡Bastantes veces montó
Un zaino que yo le di!

Dejeló al que está en el cielo
Que es otro Fausto el que digo,
Pues bien puede haber, amigo,
Dos burros del mesmo pelo.

-No he visto gaucho más quiebra,
Para retrucar ¡ahijuna!...
-Dejemé hacer, Don Laguna,
Dos gárgaras de giñebra.

Pues como le iba diciendo,
El Dotor apareció,
Y en público se quejó
De que andaba padeciendo.

Dijo que nada podía
Con la cencia que estudió,
Que él a una rubia quería,
Pero que a él la rubia no.

Que al ñudo la pastoriaba
Dende el nacer de la aurora,
Pues de noche y a toda hora
Siempre tras de ella lloraba.

Que de mañana a ordeñar
Salía muy currutaca,
Que él le maniaba la vaca,
Pero pare de contar.

Que cansado de sufrir,
Y cansado de llorar,
Al fin se iba a envenenar
Porque eso no era vivir.

El hombre allí renegó,
Tiró contra el suelo el gorro,
Y, por fin, en su socorro
Al mesmo Diablo llamó.

¡Nunca lo hubiera llamao!
¡Viera sustaso, por Cristo!
¡Ahí mesmo jediendo a misto,
Se apareció el condenao

Hace bien: persinesé
Que lo mesmito hice yo.
-¿Y cómo no disparó?
-Yo mesmo no sé por qué.

¡Viera al Diablo! Uñas de gato,
Flacón, un sable largote,
Gorro con pluma, capote
Y una barba de chivato.

Medias hasta la berija,
Con cada ojo como un charco,
Y cada ceja era un arco
Para correr la sortija.

"Aquí estoy a su mandao,
Cuente con un servidor",
Le dijo el Diablo al Dotor,
Que estaba medio asonsao.

"Mi Dotor, no se me asuste
Que yo lo vengo a servir.
Pida lo que ha de pedir
Y ordenemé lo que guste".

El Dotor, medio asustao,
Le contestó que se juese...
-Hizo bien, ¿no le parece?
-Dejuramente, cuñao.

Pero el Diablo comenzó
A alegar gastos de viaje
Y a medio darle coraje
Hasta que lo engatusó.

-¿No era un Dotor muy projundo?
¿Cómo se dejó engañar?
-Mandinga es capaz de dar
Diez güeltas a medio mundo.

El Diablo volvió a decir:
"Mi dotor, no se me asuste,
Ordenemé en lo que guste,
Pida lo que ha de pedir.

Si quiere plata, tendrá:
Mi bolsa siempre está llena,
Y más rico que Anchorena,
Con decir quiero, será."

"No es por la plata que lloro",
Don Fausto le contestó:
"Otra cosa quiero yo
Mil veces mejor que el oro."

"Yo todo lo puedo dar",
Retrucó el Ray del Infierno,
"Diga: ¿quiere ser Gobierno?
Pues no tiene más que hablar".

"No quiero plata ni mando",
Dijo Don Fausto, "yo quiero
El corazón todo entero
De quien me tiene penando."

No bien esto el Diablo oyó,
Soltó una risa tan fiera,
Que toda la noche entera
En mis orejas sonó.

Dio en el suelo una patada,
Una paré se partió,
Y el Dotor, fulo, miró
A su prenda idolatrada.

-¡Canejo!... ¿será verdá?
¿Sabe que se me hace cuento?
-No crea que yo le miento:
Lo ha visto media ciudá.

¡Ah, Don Laguna! ¡si viera
Qué rubia!... Creameló:
Creí que estaba viendo yo
Alguna virgen de cera.

Vestido azul, medio alzao,
Se apareció la muchacha:
Pelo de oro, como hilacha
De choclo recién cortao.

Blanca como una cuajada,
Y celeste la pollera,
Don Laguna, si aquello era
Mirar a la Inmaculada.

Era cada ojo un lucero,
Sus dientes, perlas del mar,
Y un clavel al reventar
Era su boca, aparcero.

Ya enderezó como loco
El Dotor cuando la vió,
Pero el Diablo lo atajó
Diciendolé: "Poco a poco:

Si quiere, hagamos un pato;
Usté su alma me ha de dar
Y en todo lo he de ayudar.
¿Le parece bien el trato?"

Como el Dotor consintió,
El Diablo sacó un papel
Y lo hizo firmar en él
Cuanto la gana le dió.

-¡Dotor, y hacer ese trato!
-¿Qué quiere hacerle, cuñao?,
Si se topó ese abogao
Con la horma de su zapato.

Ha de saber que el Dotor
Era dentrao en edá,
Asina es que estaba ya
Bichoco para el amor.

Por eso, al dir a entregar
La contrata consabida,
Dijo: "¿Habrá alguna bebida
Que me pueda remozar?"

Yo no sé qué brujería,
Misto, mágica o polvito
Le echó el Diablo y... ¡ Dios bendito!
¡Quién demonios lo creería!

¿Nunca ha visto usté a un gusano
Volverse una mariposa?
Pues allí la mesma cosa
le pasó al Dotor, paisano.

Canas, gorro y casacón
De pronto se vaporaron
Y en el Dotor ver dejaron
A un donoso mocetón.

-¿Qué dice?... ¡barbaridá!...
¡Cristo padre!... ¿Será cierto?
-Mire: que me caiga muerto
Si no es la pura verdá.

El Diablo entonces mandó
A la rubia que se juese
Y que la paré se uniese,
Y la cortina cayó.

A juerza de tanto hablar
Se me ha secao el garguero:
Pase el frasco, compañero.
-¡Pues no se lo he de pasar!




III

-Vea los pingos...
-¡Ah, hijitos!
Son dos fletes soberanos.
-¡Como si jueran hermanos
Bebiendo la agua juntitos!

-¿Sabe que es linda la mar?
-¡La viera de mañanita
Cuando a gatas la puntita
Del sol comienza a asomar!

Usté ve venir a esa hora,
Roncando la marejada,
Y ve la espuma encrespada
Los colores de la aurora.

A veces con viento en la anca,
Y con la vela al solsito,
Se ve cruzar un barquito
Como una paloma blanca.

Otras, usté ve, patente,
Venir boyando un islote,
Y es que trai a un camalote
Cabrestiando la corriente.

Y con un campo quebrao,
Bien se puede comparar,
Cuando el lomo empieza a hinchar
El río medio alterao.

Las olas chicas, cansadas,
A la playa a gatas vienen,
Y allí en lamber se entretienen
Las arenitas labradas.

Es lindo ver en los ratos
En que la mar ha bajao,
Cair volando al desplayao
Gaviotas, garzas y patos.

Y en las toscas, es divino,
Mirar las olas quebrarse,
Como al fin viene a estrellarse
El hombre con su destino.

Y no sé qué da el mirar
Cuando barrosa y bramando,
Sierras de agua viene alzando
Embravecida la mar.

Parece que el Dios del cielo
Se amostrase retobao,
Al mirar tanto pecao
Como se ve en este suelo.

Y es cosa de bendecir,
Cuando el Señor la serena,
Sobre ancha cama de arena
Obligándola a dormir.

Y es muy lindo ver nadando
A flor de agua algún pescao:
Van, como plata, cuñao,
Las escamas relumbrando.

-¡Ah, Pollo! Ya comenzó
A meniar taba: ¿y el caso?
-Dice muy bien amigaso:
Seguiré contandoló.

El lienzo otra vez alzaron
Y apareció un bodegón,
Ande se armó una runión
En que algunos se mamaron.

Un don Valentín, velay,
Se hallaba allí en la ocasión,
Capitán muy guapetón
Que iba a dir al Paraguay.

Era hermano, el ya nombrao,
De la rubia y conversaba
Con otro mozo que andaba
Viendo de hacerlo cuñao.

Don Silverio o cosa así,
Se llamaba este individuo,
Que me pareció medio ido
O sonso cuanto lo vi.

Don Valentín le pedía
Que a la rubia la sirviera
En su ausencia...
-¡Pues, sonsera!
¡El otro qué más quería!

-El Capitán con su vaso,
A los presentes brindó,
Y en esto se apareció
De nuevo el Diablo, amigaso.

Dijo que si lo almitían
Tamién echaría un trago,
Que era por no ser del pago
Que allí no lo conocían.

Dentrando en conversación
Dijo el Diablo que era brujo:
Pidió un ajenjo, y lo trujo
El mozo del bodegón.

"No tomo bebida sola",
Dijo el Diablo; se subió
A un banco y vi que le echó
Agua de una cuarterola.

Como un tiro de jusil
Entre la copa sonó,
Y a echar llamas comenzó
Como si juera un candil.

Todo el mundo reculó.
Pero el Diablo sin turbarse
Les dijo: "No hay que asustarse",
Y la copa se empinó.

-¡Qué buche! ¡Dios soberano!
-Por no parecer morao
El capitán jué, cuñao,
Y le dio al Diablo la mano.

Satanás le registró
Los dedos con grande afán
Y le dijo: "Capitán,
Pronto muere, crealó."

El Capitán, retobao,
Peló la lata, y Luzbel
No quiso ser menos que él
Y peló un amojosao.

Antes de cruzar su acero,
El Diablo el suelo rayó:
¡Viera el juego que salió!
-¡Qué sable para yesquero!

-¿Qué dice? ¡Había de oler
El jedor que iba largando
Mientras estaba chispiando
El sable de Lucifer!

No bien a tocarse van
Las hojas, creameló,
La mitá al suelo cayó,
Del sable del Capitán.

"¡Este es el Diablo en figura
De hombre!", el Capitán gritó
Y al grito le presentó
La cruz de la empuñadura.

¡Viera al Diablo retorcerse
Como culebra, aparcero!
-¡Oiganlé!...
-Mordió el acero
Y comenzó a estremecerse.

Los otros se aprovecharon
Y se apretaron el gorro:
Sin duda a pedir socorro
O a dar parte dispararon.

En esto don Fausto entró
Y conforme al Diablo vido,
Le dijo: "¿Qué ha sucedido?"
Pero él se desentendió.

El Dotor volvió a clamar
Por su rubia, y Lucifer,
Valido de su poder,
Se la volvió a presentar.

Pues que golpeando en el suelo.
En un baile apareció
Y don Fausto le pidió
Que lo acompañase a un cielo.

No hubo forma que bailara:
La rubia se encaprichó;
De balde el Dotor clamó
Por que no lo desairara.

Cansao ya de redetirse
Le contó al Demonio el caso;
Pero él le dijo: "Amigaso,
No tiene porqué afligirse:

Si en el beile no ha alcanzao
El poderla arrocinar,
Deje, le hemos de buscar
La güelta por otro lao.

Y mañana, a más tardar,
Gozará de sus amores.
Que otras mil veces mejores
Las he visto cabrestiar."

¡Balsa general! gritó
El bastonero mamao;
Pero en esto el cortinao
Por segundo vez cayó.

Armemos un cigarrillo
Si le parece...
-¡Pues no!
-Tome el naco, piqueló,
Usté tiene mi cuchillo.

IV

Ya se me quiere cansar
El flete de mi relato...
-Priendalé guasca otro rato:
Recién comienza a sudar.

-No se apure: aguardesé:
¿Cómo anda el frasco?...
-Tuavía
Hay con que hacer medio día:
Ahí lo tiene, prendalé.

-¿Sabe que este giñebrón
No es para beberlo solo?
Si alvierto, traigo un chicholo
O un cacho de salchichón.

-Vaya, no le ande aflojando,
Dele trago y domeló,
Que a reiz de las carnes yo
Me lo estoy acomodando.

-¿Qué tuavía no ha almorzao?
-Ando en ayunas, don Pollo:
Porque, ¿a qué contar un bollo
Y un cimarrón aguachao?

Tenía hecha la intención
De ir a la fonda de un gringo
Después de bañar el pingo.
-Pues vámonos del tirón.

-Aunque ando medio delgao
Don Pollo, no le permito
Que me merme ni un chiquito
Del cuento que ha comenzao.

-Pues entonces allá va:
Otra vez el lienzo alzaron
Y hasta mis ojos dudaron
Lo que vi... ¡barbaridá!

¡Qué quinta! ¡Virgen bendita!
¡Viera, amigaso, el jardín!
Allí se vía el jazmín,
El clavel, la margarita,

El toronjil, la retama,
Y hasta estuatas, compañero,
Al lao de ésa, era un chiquero
La quinta de don Lezama.

Entre tanta maravilla
Que allí había y medio a un lao
Habían edificao
Una preciosa casilla.

Allí la rubia vivía
Entre las flores como ella,
Allí brillaba esa estrella
Que el pobre Dotor seguía.

Y digo pobre Dotor,
Porque pienso, Don Laguna,
Que no hay desgracia ninguna
Como un desdichao amor.

-Puede ser; pero, amigaso,
Yo en las cuartas no me enriedo,
Y en un lance en que no puedo,
Hago de mi alma un cedaso.

Por hembras yo no me pierdo:
La que me empaca su amor
Pasa por el cernidor
Y... si te vi, no me acuerdo.

Lo demás, es calentarse
El mate al divino ñudo...
-¡Feliz quien tenga ese escudo
Con qué poder rejuardarse!

Pero usté habla, don Laguna,
Como un hombre que ha vivido
Sin haber nunca querido
Con alma y vida a ninguna.

Cuando un verdadero amor
Se estrella en un alma ingrata,
Más vale el fierro que mata,
Que el fuego devorador,

Siempre ese amor lo persigue
Adonde quiera que va:
Es una fatalidá
Que a todas partes lo sigue.

Si usté en su rancho se queda,
O si sale para un viage,
Es de balde: no hay parage
Ande olvidarla usté pueda.

Cuando duerme todo el mundo,
Usté, sobre su recao,
Se da güelta, desvelao,
Pensando en su amor projundo.

Y si el viento hace sonar
Su pobre techo de paja,
Cree usté que es ella que baja
Sus lágrimas a secar.

Y si en alguna lomada
Tiene que dormir al raso,
Pensando en ella, amigaso,
Lo hallará la madrugada.

Allí acostao sobre abrojos,
Y entre cardos, Don Laguna,
Verá su cara en la luna,
Y en las estrellas sus ojos.

¿Qué habrá que no le recuerde
Al bien de su alma querido,
Si hasta cree ver su vestido
En la nube que se pierde?

Asina sufre en la ausiencia
Quien sin ser querido quiere:
Aura verá cómo muere
De su prenda en la presencia.

Si en frente de esa deidad
En alguna parte se halla,
Es otra nueva batalla
Que el pobre corazón da.

Si con la luz de sus ojos
Le alumbra la triste frente,
Usté, Don Laguna, siente
El corazón entre abrojos.

Su sangre comienza alzarse
A la cabeza en tropel,
Y cree que quiere esa cruel
En su amargura gozarse.

Y si la ingrata le niega
Esa ligera mirada,
Queda su alma abandonada
Entre el dolor que la aniega.

Y usté, firme en su pasión...
Y van los tiempos pasando.
Un hondo surco dejando
En su infeliz corazón.

-Güeno, amigo, así será,
Pero me ha sentao el cuento.
-¡Qué quiere! Es un sentimiento...
Tiene razón, allá va:

Pues, señor, con gran misterio,
Traindo en la mano una cinta,
Se apareció entre la quinta
El sonso de don Silverio.

Sin duda alguna saltó
Las dos zanjas de la güerta,
Pues esa noche su puerta
La mesma rubia cerró.

Rastriándolo se vinieron
El Demonio y el Doctor
Y tras del árbol mayor el
A aguaitarlo se escondieron.

Con las flores de la güerta
Y la cinta, un ramo armó
Don Silverio, y lo dejó
Sobre el umbral de la puerta.

-¡Que no cairle una centella!
-¿A quién? ¿Al sonso?
-¡Pues digo!...
¡Venir a osequiarla, amigo,
Con las mesmas flores de ella.

-Ni bien acomodó el guacho
Ya rumbió...
-¡Miren qué hazaña!
Eso es ser más que lagaña
Y hasta da rabia, caracho!

-El Diablo entonces salió
Con el Dotor y le dijo
"Esta vez priende de fijo
La vacuna, crealó."

Y el capote haciendo a un lao,
desenvainó allí un baulito
Y jué y lo puso juntito
Al ramo del abombao.

-No me hable de ese mulita:
¡Que apunte para una banca!
¿A que era mágica blanca
Lo que trujo en la cajita?

-Era algo más eficaz
Para las hembras, cuñao,
Verá si las ha calao
De lo lindo Satanás.

Tras del árbol se escondieron
Ni bien cargaron la mina,
Y más que nunca, divina,
Venir a la rubia vieron.

La pobre, sin alvertir,
En un banco se sentó,
Y un par de medias sacó
Y las comenzó a surcir.

Cinco minutos, por junto,
En las medias trabajó,
Por lo que carculo yo
Que tendrían solo un punto.

Dentró a espulgar a un rosal,
Por la hormiga consumido.
Y entonces jué cuando vido
Caja y ramo en el umbral.

Al ramo no le hizo caso,
Enderezó a la cajita,
Y sacó... ¡Virgen bendita!
¡Viera qué cosa, amigaso!

¡Qué anillo, que prendedor!
¡Qué rosetas soberanas!
¡Qué collar! ¡Qué carabanas!
-¡Vea el Diablo tentador!

-¿No le dije, don Laguna?
La rubia allí se colgó
Las prendas, y aparecio
Más platiada que la luna.

En la caja, Lucifer
Había puesto un espejo...
-¿Sabe que el Diablo, canejo,
La conoce a la mujer?

-Cuando la rubia gastaba
Tanto mirarse la luna,
Se apareció, don Laguna,
La vieja que la cuidaba.

¡Viera la cara, cuñao,
De la vieja al ver brillar
Como reliquias de altar
Las prendas del condenao!

"¡Diaónde este lujo sacás!"
La vieja, fula, decía,
Cuando gritó: "¡Avemaría!"
En la puerta, Satanás.

-"¡Sin pecao! ¡Dentre, señor!"
-"¿No hay perros?" "¡Ya los ataron!"
Y ya también se colaron
El Demonio y el Dotor.

El Diablo allí comenzó
A enamorar a la vieja
Y el dotorcito a la oreja
De la rubia se pegó.

-¡Vea al Diablo haciendo gancho!
-El caso jué que logró
Reducirla y la llevó
A que le amostrase un chancho.

-¿Por supuesto, el Dotorcito
Se quedó allí mano a mano?
-Dejuro, ya verá, hermano,
La liendre que era el mocito.

Corcobió la rubiecita
Pero al fin se sosegó,
Cuando el Dotor le contó
Que él era el de la cajita.

Asigún lo que presumo,
La rubia aflojaba laso,
Porque el Dotor, amigaso,
Se le quería ir al humo.

La rubia lo malició
Y por entre las macetas
Le hizo unas cuantas gambetas
Y la casilla ganó.

El Diablo tras de un rosal,
Sin la vieja apareció..
-¡A la cuenta la largó
Jediendo entre algún maizal!

-La rubia, en vez de acostarse
Se lo pasó en la ventana,
Y allí aguardó la mañana
Sin pensar en desnudarse.

Ya la luna se escondía
Y el lucero se apagaba,
Y ya también comenzaba
A venir clariando el día.

¿No ha visto usté de un yesquero
Loca una chispa salir,
Como dos varas seguir
Y de ahí perderse, aparcero?

Pues de ese modo cuñao,
Caminaban las estrellas
A morir, sin quedar de ellas
Ni un triste rastro borrao.

De los campos el aliento
Como sahumerio venía,
Y alegre ya se ponía
El ganao en movimiento.

En los verdes arbolitos,
Gotas de cristal brillaban,
Y al suelo se descolgaban
Cantando los pajaritos

Y era, amigaso, un contento
Ver los junquillos doblarse
Y los claveles cimbrarse
Al soplo del manso viento.

Y al tiempo de reventar
El botón de alguna rosa,
Venir una mariposa
Y comenzarlo a chupar.

Y si se pudiera al cielo
Con un pingo comparar.
Tamién podría afirmar
Que estaba mudando pelo.

-¡No sea bárbaro canejo!
¡Qué comparancia tan fiera!
-No hay tal: pues de zaino que era
Se iba poniendo azulejo.

¿Cuando ha dao un madrugón
No ha visto usté, embelesao,
Ponerse blanco-azulao
El más negro ñubarrón?

-Dice bien, pero su caso
Se ha hecho medio empacador...
-Aura viene lo mejor,
Pare la oreja, amigaso.

El Diablo dentró a retar
Al Dotor, y entre el responso,
Le dijo: "¿Sabe que es sonso?
¿Pa qué la dejó escapar?"

"Ahí la tiene en la ventana:
Por suerte no tiene reja,
Y antes que venga la vieja
Aproveche la mañana".

Don Fausto ya atropelló
Diciendo "¡Basta de ardiles!"
La cazó de los cuadriles
Y ella... ¡también lo abrazó!

-¡Oiganlé a la dura!
-En esto
Bajaron el cortinao:
Alcance el frasco, cuñao.
-A gatas le queda un resto.




V

-Al rato el lienzo subió
Y deshecha y lagrimiando,
Contra una máquina hilando,
La rubia se apareció.

La pobre dentró a quejarse
Tan amargamente allí,
Que yo a mis ojos sentí
Dos lágrimas asomarse

-¡Qué vergüenza!
-Puede ser:
Pero, amigaso, confiese
Que a usté tamién lo enternece
El llanto de una mujer.

Cuando a usté un hombre lo ofiende,
Ya sin mirar para atrás,
Pela el flamenco y ¡sas! ¡tras!
Dos puñaladas le priende.

Y cuando la autoridá
La partida le ha soltao,
Usté en su overo rosao
Bebiendo los vientos va.

Naides de usté se despega
Porque se haiga desgraciao,
Y es muy bien agasajao
En cualquier rancho a que llega.

Si es hombre trabajador
Ande quiera gana el pan:
Para eso con usté van
Bolas, lazo y maniador.

Pasa el tiempo, vuelve al pago
Y cuanto más larga ha sido
Su ausencia, usté es recebido
Con más gusto y más halago.

Engaña usté a una infeliz,
Y para mayor vergüenza,
Va y le cerdea la trenza,
Antes de hacerse perdiz.

La ata, si le da la gana
En la cola de su overo
Y le amuestra al mundo entero
La trenza de ña Julana.

Si ella tuviese un hermano,
Y en su rancho miserable
Hubiera colgao un sable,
Juera otra cosa, paisano.

Pero sola y despreciada
En el mundo, ¿ qué ha de hacer?
¿A quién la cara volver?
¿Ande llevar la pisada?

Soltar al aire su queja
Será su solo consuelo,
Y empapar con llanto el pelo
Del hijo que usté le deja.

Pues ese dolor projundo
A la rubia la secaba
Y por eso se quejaba
Delante de todo el mundo.

Aura, confiese, cuñao,
Que el corazón más calludo
Y el gaucho más entrañudo
Allí habría lagrimiao.

¿Sabe que me ha sucedido
De lo lindo el corazón?
Vea, si no, el lagrimón
Que al oirlo se me ha salido!
-¡Oirganlé!
-Me ha redotao.
¡No guarde rencor, amigo!
-Si es en broma que le digo...
-Siga su cuento, cuñao.

-La rubia se arrebozó
Con un pañuelo ceniza,
Diciendo que se iba a misa
Y puerta ajuera salió.

Y crea usté lo que guste
Porque es cosa de dudar...
¡Quién había de esperar
Tan grande desbarajuste!

Todo el mundo estaba ageno
De lo que allí iba a pasar,
Cuando el Diablo hizo sonar
Como un pito de sereno.

Una iglesia apareció
En menos que canta un gallo.
-¡Vea si dentra a caballo!
-¡Me larga, creameló!

Creo que estaban alzando
En una misa cantada,
Cuando aquella desgraciada
Llegó a la puerta llorando.

Allí la pobre cayó
De rodillas sobre el suelo,
Alzó los ojos al cielo
Y cuatro credos rezó.

Nunca he sentido más pena
Que al mirar a esa mujer:
Amigo: aquello era ver
A la mesma Magalena.

De aquella rubia rosada
Ni rastro había quedao:
Era un clavel marchitao,
Una rosa deshojada.

Su frente que antes brilló
Tranquila como la luna,
Era un cristal, don Laguna,
Que la desgracia enturbió.

Ya de sus ojos hundidos
Las lágrimas se secaban
Y entretemblando rezaban
Sus labios descoloridos.

Pero el Diablo la uña afila,
Cuando está desocupao,
Y allí estaba el condenao
A una vara de la pila.

La rubia quiso dentrar,
Pero el Diablo la atajó,
Y tales cosas le habló
Que la obligó a disparar.

Cuasi le da el acidente
Cuando a su casa llegaba:
La suerte que le quedaba
En la vedera de enfrente.

Al rato el Diablo dentró
Con don Fausto muy del brazo
Y una guitarra, amigaso,
Ahí mesmo desenvainó.

-¿Qué me dice, amigo Pollo?
-Como lo oye, compañero;
El Diablo es tan guitarrero
Como el paisano más criollo.

El sol ya se iba poniendo,
La claridá se ahuyentaba
Y la noche se acercaba
Su negro poncho tendiendo.

Ya las estrellas brillantes
Una por una salían,
Y los montes parecían
Batallones de gigantes.

Ya las ovejas balaban
En el corral prisioneras,
Y ya las aves caseras
Sobre el alero ganaban.

El toque de la oración
triste los aires rompía
Y entre sombras se movia
El crespo sauce llorón.

Ya sobre el agua estancada
De silenciosa laguna,
Al asomarse, la luna,
Se miraba retratada.

Y haciendo un estraño ruido
En las hojas trompezaban
Los pájaros que volaban
A guarecerse en su nido.

Ya del sereno brillando
La hoja de la higuera estaba,
Y la lechuza pasaba
De trecho en trecho chillando.

La pobre rubia, sin duda,
En llanto se deshacía,
Y rezando a Dios pedía
Que le emprestase su ayuda.

Yo presumo que el Dotor,
Hostigao por Satanás,
Quería otras hojas más
De la desdichada flor.

A la ventana se arrima
Y le dice el condenao:
"Dele no más sin cuidao
Aunque reviente la prima".

El diablo a gatas tocó
Las clavijas, y al momento,
Como un arpa, el istrumento
De tan bien templao sonó.

-Tal vez lo traiba templao
Por echarla de baquiano...
-Todo puede ser, hermano,
Pero ¡oyese al condenao!

Al principio se florió
Con un lindo bordoneo
Y en ancas de aquel floreo
Una décima cantó.

No bien llegaba al final
De su canto, el condenao,
Cuando el Capitán, armao
Se apareció en el umbral.

-Pues yo en campaña lo hacía...
-Daba la casualidá
Que llegaba a la ciudá
En comisión, ese día.

-Por supuesto, hubo fandango...
-La lata ahí no más peló
Y al infierno le aventó
De un cintarazo el changango.

-¡Lindo el mozo!
-¡Pobrecito!
-¿Lo mataron?
-Ya verá:
Peló un corbo el Dotorcito
Y el Diablo... ¡barbaridá!

Desenvainó una espadita
Como un viento; lo embasó
Y allí no más ya cayó
El pobre...
-¡Anima bendita!

-A la trifulca y al ruido
En montón la gente vino...
-¿Y el Dotor y el asesino?
-Se habían escabullido.

La rubia tamién bajó
Y viera aflición, paisano,
Cuando el cuerpo de su hermano
Bañao en sangre miró.

A gatas medio alcanzaron
A darse una despedida,
Porque en el cielo, sin vida,
Sus dos ojos se clavaron.

Bajaron el cortinao,
De lo que yo me alegré:
-Tome el frasco, prendalé.
-Sírvase no más, cuñao.

VI

-¡Pobre rubia! Vea usté
Cuánto ha venido a sufrir:
Se le podía decir:
¡Quién te vido y quién te ve!

-Ansí es el mundo, amigaso:
Nada dura, don Laguna,
Hoy nos ríe la fortuna.
Mañana nos da un guascaso.

Las hembras en mi opinión
Train un destino más fiero
Y si quiere, compañero,
Le haré una comparación.

Nace una flor en el suelo,
Una delicia es cada hoja,
Y hasta el rocío la moja
Como un bautismo del cielo.

Allí está ufana la flor,
Linda, fresca y olorosa:
A ella va la mariposa,
A ella vuela el picaflor.

Hasta el viento pasajero
Se prenda al verla tan bella,
Y no pasa por sobre ella
Sin darle un beso primero.

¡Lástima causa esa flor
Al verla tan consentida!
Cree que es tan larga su vida
Como fragante su olor.

Nunca vio el rayo que raja
A la renegrida nube,
Ni ve al gusano que sube,
Ni al fuego del sol que baja.

Ningún temor en el seno
De la pobrecita cabe,
Pues que se hamaca, no sabe,
Entre el fuego y el veneno.

Sus tiernas hojas despliega
Sin la menor desconfianza,
Y el gusano ya la alcanza...
Y el sol de las doce llega...

Se va el sol abrasador,
Pasa a otra planta el gusano
Y la tarde encuentra, hermano,
El cadáver de la flor.

Piense en la rubia, cuñao,
Cuando entre flores vivía
Y diga si presumía
Destino tan desgraciao.

Usté que es alcanzador
Afijesé en su memoria
Y diga: ¿es igual la historia
De la rubia y de la flor?

-Se me hace tan parecida
Que ya más no puede ser.
-Y hay más: le falta que ver
A la rubia en la crujida

-¿Qué me cuenta? ¡Desdichada!
-Por última vez se alzó
El lienzo y aparecio
En la cárcel encerrada.

-¿Sabe que yo no colijo
El porqué de la prisión?
-Tanto penar, la razón
Se le jué y mató al hijo.

Ya la habían sentenciao
A muerte, a la pobrecita,
Y en una negra camita
Dormía un sueño alterao.

Ya redoblaba el tambor,
Y el cuadro ajuera formaban
Cuando al calabozo entraban
El Demonio y el Dotor.

-¡Veanló al Diablo si larga
Sus presas así no más!
¿A qué anduvo Satanás
Hasta oír sonar la descarga?

-Esta vez se le chingó
El cuete y ya lo verá..
-Priendalé al cuento, que ya
No lo vuelvo a atajar yo.

-Al dentrar hicieron ruido
Creo que con los cerrojos:
Abrió la rubia los ojos
Y allí contra ella los vido.

La infeliz ya trastornada
A causa de tanta herida,
Se encontraba en la crujida
Sin darse cuenta de nada.

Al ver venir al Dotor
Ya comenzó a disvariar,
Y hasta le quiso cantar
Unas décimas de amor.

La pobrecita soñaba
Con sus antiguos amores,
Y creía mirar sus flores
En los fierros que miraba.

Ella creía que como antes,
Al dir a regar su güerta,
Se encontraría en la puerta
Una caja con diamantes.

Sin ver que en su situación
La caja que la esperaba,
Era la que redoblaba
Antes de la ejecución.

Redepente se afijó
En la cara de Luzbel:
Sin duda al malo vio en él,
Porque allí muerta cayó.

Don Fausto al ver tal desgracia
De rodillas cayó al suelo,
Y dentró a pedir al cielo
La recibiese en su gracia.

Allí el hombre arrepentido
De tanto mal que había hecho,
Se daba golpes de pecho
Y lagrimeaba aflijido.

En dos pedazos se abrió
La paré de la crujida
Y no es cosa de esta vida
Lo que allí se apareció.

Y no crea que es historia:
Yo vi entre una nubecita,
La alma de la rubiecita
Que se subía a la gloria.

San Miguel en la ocasión
Vino entre nubes bajando
Con su escudo, y revoliando
Un sable tirabuzón.

Pero el Diablo que miró
El sable aquel y el escudo,
Lo mesmito que un peludo
Bajo la tierra ganó.

Cayó el lienzo finalmente
Y ahí tiene el cuento contao...
Prieste el pañuelo, cuñao:
Me está sudando la frente.

-Lo que almiro es su firmeza
Al ver esas brujerías.
-He andao cuatro o cinco días
Atacao de la cabeza.

-Ya es güeno dir ensillando...
-Tome ese último traguito
Y eche el frasco a ese pocito
Para que quede boyando.

Cuando los dos acabaron
De ensillar sus parejeros,
Como güenos compañeros,
Juntos al trote agarraron.

En una fonda se apiaron
Y pidieron de cenar:
Cuando ya iban a acabar,
Don Laguna sacó un rollo
Diciendo: "El gasto del Pollo
De aquí se lo han de cobrar".

1866



Estanislao del Campo (Buenos Aires, 1834-1880), Fausto, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1993

Ilustraciones:
Portada de la edición de Fausto ilustrada por Florencio Molina Campos, Kraft, Buenos Aires, 1942; "El overo rosado" y el diablo, en la misma edición
El bajo ruso Fiódor Chaliapin en el papel de Mefistófeles, en 1895
Estanislao del Campo, Historia de la Literatura Argentina Vol. I, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1968

sábado, mayo 29, 2010

Alfonsina Storni / Llamadas




Ultrateléfono

¿Con Horacio? -Ya sé que en la vejiga
tienes ahora un nido de palomas
y tu motocicleta de cristales
vuela sin hacer ruido por el cielo.

-¿Papá? -He soñado que tu damajuana
está crecida como el Tupungato;
aún contiene tu cólera y mis versos.
Echa una gota. Gracias. Ya estoy buena.

Iré a veros muy pronto; recibidme
con aquel sapo que maté en la quinta
de San Juan ¡pobre sapo! y a pedradas.

Miraba como buey y mis dos primos
lo remataron; luego con sartenes
funeral tuvo; y rosas lo siguieron.

Alfonsina Storni (Sala Capriasca, 1892-Mar del Plata, 1938), 200 años de poesía argentina. Selección y prólogo de Jorge Monteleone, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2010

Foto: Storni Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Microensayo


El 45: Poesía y función
Por Jorge Aulicino
Donde se especula sobre la condición física de la poesía contemporánea y se explica el criterio de este blog.

Cualquier hecho histórico, en sus formas materiales, podría ser tomado como símbolo o como el ícono de una época, o de su comienzo, o de su final. De modo arbitrario, pero a mi juicio significativo, tomo como símbolo del final de una larga época los hongos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, en 1945. Estoy persuadido que esas dos flores dantescas cierran un período de la humanidad al que necesariamente debemos fijar un comienzo en la caída de Troya, el exilio de Eneas y la fundación mitológica de Roma. No es poco, pero es imposible no ver en el bombardeo de esas dos ciudades japonesas un suceso jamás concebido por ningún sistema de creencias o de imaginación, en toda la historia humana. Los hongos atómicos dicen a la vez muchas cosas. Que la vida puede desaparecer en masa. Que la naturaleza íntima de la materia es divisible. Que acaso todo ha surgido de un punto de concentración y calentamiento. Que el desarrollo de los imperios sigue la misma lógica de la explosión atómica. Que la humanidad es capaz de condenarse a vivir en un desierto radiactivo en un futuro no muy lejano. Que la sustancia del universo es de tipo gaseoso y árido, y que la vida es un accidente o un hecho mágico en el desarrollo de las cosas en la escala cósmica, si es que aún podemos utilizar la palabra desarrollo aplicada a sucesos más allá de un ínfimo organismo, como el organismo animal o vegetal.
Dadas estas circunstancias, y las inferencias arbitrarias, pero significativas, que de ellas pueden hacerse, yo leo la historia de la humanidad, y de la literatura toda, de otro modo a partir de 1945. Y creo no estar absolutamente separado de la realidad si digo que, con un tejido no homogéneo, la literatura presenta sin embargo ciertas características reconocibles a partir de la mitad del siglo pasado en todo el mundo y en todas las lenguas. Los poetas anteriores a la década de los cuarenta, pero más cercanos a esos años en el tiempo, nos parecen más afines que los que escribían, por ejemplo, a fines del siglo XIX y comienzos del XX. A medida que los poetas se aproximan a 1945, nos parecen aun más afines. Hemos nacido en los cuarenta. Me temo que muchos de los nacidos veinte o treinta años más tarde superan nuestro sistema de creencias. Y ese efecto doppler, que es el que produce la onda sonora de un automóvil, por ejemplo, cuando se acerca y se aleja, es aun más perceptible si pensamos en los que nacieron cuarenta años más tarde, alrededor de los 80. La frecuencia de onda ha variado y nuestro oído sabía de aquella que señalaba la aproximación del fenómeno; ignora esta otra, la del bólido que se aleja.
Hasta el final del siglo XIX, la poesía era un campo uniforme. Antigua, renacentista o romántica, procedía del mismo modo y tenía el mismo objetivo. Ese objetivo era el de emocionar por medio de la cadencia y la metáfora, usadas con fines de intensificar y embellecer el efecto de un mensaje inequívoco. No se concebía al poema como una imagen única y orgánica, ni siquiera como metáfora única, y como una única vibración -aunque en varios compases o intensidades- como empezó a proponerse a fines del XIX. Nadie, hasta, concretamente, las correspondencias de Baudelaire y su normativa, establecida por el creacionismo y el imaginismo, pensó que el poema era un evento, un suceso, diferente en el orden de los sucesos cotidianos -a los que no representaba, sino que se sumaba a ellos- y que la mal llamada "música" del poema pudiera ser la de una sola cuerda. Es decir que si algo decía el poema, lo decía con su propia estructura, no con recursos retóricos adicionales ni con sonidos adicionales. Y lo que el poema decía era el poema mismo. Diría Wallace Stevens, resumiendo: el poema es un meteoro. La teoría de cuerdas de la física astronómica vino a confirmar –metodológicamente, puesto que en el plano de la física moderna no existe posibilidad de confirmación empírica- lo que la poesía había establecido a lo largo del siglo XX: el campo unificado es una vibración universal, una función de onda, en cuyas intensidades se forman las galaxias, la materia inestable, atravesada por la entropía. El efecto doppler provoca que aquella poesía y esta teoría nos suenen cada vez más graves. La luz del objeto tiene una longitud de onda más amplia y, de este modo, sabemos que todo, la poesía y la física incluidas, se mueve en una de estas dos direcciones: hacia el límite de sus posibilidades de expansión, desde donde volverá a retraerse hacia un mundo infinito e inequívoco de masa pura; o hacia la expansión absoluta y la falta de calor y energía: la muerte térmica. Pero en el plano especulativo el cero absoluto no existe y entonces la más mínima expresión de calor persistirá en el universo y creará nuevos fenómenos.
Estamos lejos de saber qué otro lenguaje están produciendo las ciencias y la poesía, ya que la ciencia es imposible sin la palabra en estado lógico puro, sobre la base de un efecto de big bang producido por la expansión de la poesía y la teoría desde mediados del siglo XX.
En el blog Otra Iglesia es Imposible he * agrupado a los poetas de acuerdo con este criterio: poetas nacidos antes de 1940 y nuevos poetas, en el convencimiento de que alrededor de los 60-70 la poesía, nacida del big bang de las vanguardias, tenía un estado de onda corta, en el que los procesos se verificaban a muy breves distancias entre el núcleo significativo y sus alcances reales. A partir de allí, habría empezado una nueva historia, la historia del cosmos, la historia de la expansión, en la que la poesía se hizo indistinguible de lo que menciona. Es imposible, dicho en otros términos, asegurar si la poesía y la teoría nombran fenómenos o se designan a sí mismas. Del estado primitivo, que duró más de dos milenios y medio, la poesía pasó a expandirse del mismo modo en que lo hizo la materia, sin que sepamos -como no lo saben los físicos- cuál fue la fuerza, el motivo, de que un estado de densidad infinita, autosuficiente, en el que la física o la poesía no necesitaban interpretación, haya estallado para dar lugar a un universo que no sabemos si va hacia su extensión casi absoluta o hacia un nuevo repliegue en sí mismo.


* La agrupación de los autores en el blog cambió, para mejor organización visual del blog, pero no el criterio que, para el autor, sigue ubicando los 50 del siglo pasado como un punto de inflexión en la poesía moderna.

viernes, mayo 28, 2010

Juan Manuel Inchauspe / Trabajos




Trabajo nocturno

Temprano
esta mañana
encontré en el patio de casa
el cuerpo de una enorme rata
inmóvil.
Moscas de alas tornasoladas
zumbaban alrededor del cadáver
y se apretaban en los orificios de unas heridas
que había sido sin duda mortales.
Con bastante asco
la alcé con la pala y la enterré
en un rincón alejado
del jardín.

Al volverme
desde el matorral de hortensias florecidas
emergió mi gata dócil
desperezándose.
Su brillante pelaje estaba todavía
erizado por la electricidad de la noche.
Me miró
y después comenzó a seguirme
maullando suavemente
pidiéndome –como todas las mañanas–
su tazón de leche fresca
y pura.

Juan Manuel Inchauspe (Santa Fe, 1940-1991), Otro río que pasa. Un siglo de poesía argentina contemporánea (década de 1980-1990, a cargo de Diana Bellessi), Ediciones Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010

Ilustración: Le chat blanc, Pierre Bonnard

jueves, mayo 27, 2010

Patrizia Cavalli / Poemas, 1




Cuántas tentaciones atravieso
en el recorrido entre la pieza
y la cocina, entre la cocina
y el baño. Una mancha
en el pared, un pedazo de papel
caído en el piso, un vaso de agua,
un mirar por la ventana,
hola a la vecina,
una caricia a la gatita.
Así olvido siempre
la idea principal, me pierdo
por el camino, me desarmo
día a día, y en vano.


Ser testimonio de sí mismos
siempre en propia compañía
pero dejados solos en liviandad
tener que escucharse siempre
en cada acontecimiento físico químico
mental, es la gran prueba
la expiación, y este es el mal.


Yo sola, dueña de la casa
he cerrado la puerta
he bajado las cortinas.
Y afuera cuatro canarios
enjaulados parecían cuatro forestas
y las cuatro mil voces de los despertares
confusos en el retorno de la luz.
Pero más allá de la puerta
en los pasillos oscuros, en los cuartos
casi vacíos que capturan
los sonidos más lejanos
los pasos miserables de lánguidos regresos
a casa, se encendían nacimientos
y peligros, se consumaban
muertes sospechosas e indiferentes.


¿Y creías que yo no te había visto
morir en un rincón
con el vaso que se te caía de las manos
el cuello rojo e hinchado
avergonzándote un poco
por haber sido sorprendida
una vez más
después de tanto tiempo
en la misma posición en la misma condición
pálida temblorosa llena de excusas?

Patrizia Cavalli (Todi, 1947), Poesie, Einaudi, Florencia, 1999, en La poesía italiana del secondo Novecento
Versiones de J. Aulicino

Quante tentazioni attraverso / nel percorso tra la camera / e la cucina, tra la cucina / e il cesso. Una macchia / sul muro, un pezzo di carta / caduto in terra, un bicchiere d'acqua, / un guardar dalla finestra, / ciao alla vicina, / una carezza alla gattina. / Così dimentico sempre / l'idea principale, mi perdo / per strada, mi scompongo / giorno per giorno ed è vano

Esseri testimoni di se stessi / sempre in propria compagnia / mai lasciati soli in leggerezza / doversi ascoltare sempre / in ogni avvenimento fisico chimico / mentale, è questa la grande prova / l'espiazione, è questo il male.

Io sola padrona della casa / ho chiuso la porta / ho tirato le tende. / E fuori i quattro canarini / ingabbiati sembravano quattro foreste / e le quattromila voci dei risvegli / confuse dal ritorno della luce. / Ma al di là della porta / nei corridoi bui, nelle stanze / quasi vuote che catturano / i suoni più lontani / i passi miserabili di languidi ritorni / a casa, si accendevano nascite / e pericoli, si consumavano / morti losche e indifferenti.

E cosa credi che io non t'abbia visto / morire dietro un angolo / con il bicchiere che ti cadeva dalle mani / il collo rosso e gonfio / vergognandoti un poco / per essere stata sorpresa / ancora una volta / dopo tanto tempo / nella stessa posizione nella stessa condizione / pallida tremante piena di scuse?

Foto: Cavalli mentelalupula

miércoles, mayo 26, 2010

T. S. Eliot / de "Prufrock y Otras Observaciones"



Mr. Apollinax

¡Oh qué novedad! ¡Por Hércules, qué paradojas!
¡Qué hombre ocurrente!

Luciano

Cuando Mr. Apollinax visitó los Estados Unidos
su risa tintineó entre las tazas de té.
Yo pensé en Fragilion, esa tímida imagen entre los abedules,
y en Priapo entre los arbustos,
boquiabierto ante la dama del columpio.
En el palacio de Mrs. Phlaccus, en casa del profesor Channing-Cheetah,
se reía como un feto irresponsable.
Su risa era submarina y profunda
como la del viejo del mar
oculto bajo islas de coral
donde afligidos cuerpos de ahogados derivan en silencio verde,
cayendo desde dedos de oleaje.
Esperé ver la cabeza de Mr. Apollinax rodar bajo una silla.

O haciendo muecas sarcásticas sobre un biombo
con algas en el pelo.
Oí el galopar de cascos de centauros por la dura pista
en tanto que su seca y apasionada plática devoraba la tarde.
"Es un hombre encantador." "¿Pero que quiso decir después de todo? -
"Sus orejas en punta... Debe estar chiflado."
"Dijo algo a lo cual podría haberme opuesto."
De Mrs. Phlaccus, respetable matrona, y del profesor y Mrs. Cheetah
recuerdo una rodaja de limón y una pasta de almendras mordida.

T. S. Eliot (St. Louis, 1888-Londres, 1965), Retrato de una dama y otros poemas. Versión y notas de Alberto Girri y Enrique Pezzoni, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1983

Mr. Apollinax
Ω της καινοτητος 'Ηρακλεις, της παραδοξολογιας ευμηχανος ανθρωπος.
Luciano
WHEN Mr. Apollinax visited the United States / His laughter tinkled among the teacups. / I thought of Fragilion, that shy figure among the birch-trees, / And of Priapus in the shrubbery / Gaping at the lady in the swing. / In the palace of Mrs. Phlaccus, at Professor Channing-Cheetah’s / He laughed like an irresponsible foetus./ His laughter was submarine and profound / Like the old man of the sea’s / Hidden under coral islands /Where worried bodies of drowned men drift down in the green silence, / Dropping from fingers of surf. / I looked for the head of Mr. Apollinax rolling under a chair // Or grinning over a screen / With seaweed in its hair. / I heard the beat of centaur’s hoofs over the hard turf / As his dry and passionate talk devoured the afternoon. / “He is a charming man”—“But after all what did he mean?”— / “His pointed ears…. He must be unbalanced,”— / “There was something he said that I might have challenged.” / Of dowager Mrs. Phlaccus, and Professor and Mrs. Cheetah / I remember a slice of lemon, and a bitten macaroon.

Ilustración: Figuras tomando el té, Juan Battle Planas

martes, mayo 25, 2010

Franco Fortini / Paisajes




Hoja de ruta

Entonces, nada nuevo desde esta altura
Donde todavía un poco sin mirar se habla
Y en los cabellos el viento deja caer la noche.

Entonces, ningún camino para descender
Sino este del norte donde el sol no toca
Y son de agua las ramas de los árboles.

Entonces, dentro de poco, la boca sin palabras.
Y esta noche estaremos en el fondo del valle
Donde las fiestas apagaron todas las lámparas.

Donde una multitud calla y los amigos no nos reconocen.


El presente

Miro las aguas y las cañas
de un brazo de río y el sol
en el agua.

Miraba, era pero soy.
El barro se seca entre las raíces.
Mi verbo se conjuga en presente.
Este mundo, residuo de incendios,
quiere existir.
Insectos tienden
trampas milenarias.
Las efímeras se desvanecen. Se deshacen,
impresas en el dulce viento de la Arcadia.
Atraviesa el río una barca.
Es un sirviente del obispo Baudo.
Viene entre la paja de una choza
deshojada bajo muchas lunas.
Dicto mi ley irónica
a las hojas que zumban, al trasvuelo
nervioso del dragón-ciervo.
Encomiendo a las cañas, falsas eternas,
la gran estrategia de Yenán en Hopei.*
Sigo el signo que una mano armada graba
en la corteza del pino
y prepara el fuego del ámbar donde permaneceré invisible.


* Alude probablemente a la victoria del ejército revolucionario chino acantonado en Yenán, contra los japoneses, en 1941

Franco Fortini (Florencia, 1917-Milán, 1994), Una volta per sempre, poesie 1938-1973
Versiones de J. Aulicino

Foglio di via
Dunque nulla di nuovo da questa altezza / Dove ancora un poco senza guardare si parla / E nei capelli il vento cala la sera. // Dunque nessun cammino per discendere / Se non questo del nord dove il sole non tocca / E sono d'acqua i rami degli alberi. // Dunque fra poco senza parole la bocca. / E questa sera saremo in fondo alla valle / Dove le feste han spento tutte le lampade. // Dove una folla tace e gli amici non riconoscono.

Il presente
Guardo le acque e le canne / di un braccio di fiume e il sole / dentro l'acqua. // Guardavo, ero ma sono. / La melma si asciuga fra le radici. / Il mio verbo è al presente. / Questo mondo residuo d'incendi / vuole esistere. / Insetti tendono / trappole lunghe millenni. / Le effimere sfumano. Si sfanno / impresse nel dolce vento d'Arcadia. / Attraversa il fiume una barca. / E' un servo del vescovo Baudo. / Va tra la paglia d'una capanna / sfogliata sotto molte lune. / Detto la mia legge ironica / alle foglie che ronzano, al trasvolo / nervoso del drago-cervo. / Confido alle canne false eterne / la grande strategia da Yenan allo Hopei. / Seguo il segno che una mano armata incide / sulla scorza del pino / e prepara il fuoco dell'ambra dove starò invisibile.
La più grande antologia virtuale della poesia italiana

Ilustración: Paesaggio, 1997, Luigi Pignataro Firenze.art

Charles Simic / A los filósofos




Una carta

Queridos filósofos, pensar me entristece.
¿Os ocurre a vosotros lo mismo?
Justo cuando voy a hincarle el diente al noúmeno
alguna antigua novia viene a distraerme.
“¡Si ni siquiera está viva!”, clamo al cielo.

La luz invernal me señaló el camino.
Vi camas cubiertas con las mismas sábanas grises.
Vi hombres adustos sosteniendo a una mujer desnuda
mientras la rociaban con agua fría.
¿Se trataba de una cura para sus nervios o de un castigo?

Fui a visitar a mi amigo Bob, quien me dijo:
“Encontramos la realidad al superar la seducción de las imágenes”.
Estaba exultante de alegría, hasta que me di cuenta
de que nunca me sería posible tal abstinencia.
Me sorprendí mirando por la ventana.

El padre de Bob sacaba a pasear al perro.
Se movía con dificultad; el perro tenía que esperarle.
No había nadie en el parque,
sólo árboles desnudos con infinidad de formas trágicas
que hacían pensar con dificultad.

Charles Simic (Belgrado, 1938 -vive en Estados Unidos desde 1958), La voz a las tres de la madrugada, traducción de Martín López-Vega, DVD Ediciones, Barcelona, 2009

A Letter
Dear philosophers, I get sad when I think./ Is it the same with you? / Just as I'm about to sink my teeth into the noumenon, / Some old girlfriend comes to distract me. / "She's not even alive!" I yell to the skies.// The wintry light made me go that way. / I saw beds covered with identical gray blankets. / I saw grim-looking men holding a naked woman / While they hosed her with cold water. / Was that to calm her nerves, or was it punishment? // I went to visit my friend Bob, who said to me: / "We reach the real by overcoming the seduction of images." / I was overjoyed, until I realized / Such abstinence will never be possible for me. / I caught myself looking out the window. // Bob's father was taking their dog for a walk. / He moved with pain; the dog waited for him. / There was no one else in the park, / Only bare trees with an infinity of tragic shapes / To make thinking difficult.


Foto: Simic Richard Drew/AP/The Guardian Books Blog

lunes, mayo 24, 2010

Franco Fortini / Partida




La partida


Te reconozco, antigua mordedura, volverás
muchas veces, y luego, la última.

He recogido mi fajo de hojas,
preparado la carpeta con mis apuntes,
recordado quién no soy, quién soy,
el esquema del trabajo que no haré.
He saludado a mi mujer que respira
en el sueño siempre la vida pasada,
el dolor que apenas le he adormilado
con imperfecta, piadosa de sí, aterrada ternura.
He escrito algunas cartas a amigos
que no me perdonan y que no perdono.
Y ahora, a punto de dormir,
un dolor terrible me muerde
como hace mil años, cuando era niño
y lo llamaba Dios, y Dios es esta
aguja del mundo en mí.

Dentro de un rato, a la hora en que el aire humea
desde los patios, aún de noche, y sobre la ciudad
la brisa revuelve los plátanos, bajaré por el camino
hacia la estación de donde salen los trabajadores.
Contra ese río triste, de pechos vivo,
a través de la cambiante esperanza
que se ignora y resiste,
iré hacia mi tren.

Franco Fortini (Florencia, 1917-Milán, 1994), Una volta per sempre, poesie 1938-1973
Versión de J. Aulicino

La partenza
Ti riconosco, antico morso, ritornerai / tante volte e poi l'ultima. // Ho raccolto il mio fascio di fogli, / preparata la cartella con gli appunti, / ricordato chi non sono, chi sono, / lo schema del lavoro che non farò. / Ho salutato mia moglie che ora respira / nel sonno sempre la vita passata, / il dolore che appena le ho assopito / con imperfetta, di sé pietosa, atterrita tenerezza. / Ho scritto alcune lettere ad amici / che non mi perdonano e che non perdono. / E ora sul punto di dormire / un dolore terribile mi morde / come mille anni fa quando ero bambino / e lo chiamavo Iddio, e Iddio è questo / ago del mondo in me. // Fra poco, quando dai cortili l'aria / fuma ancora di notte e sulla città / la brezza capovolge i platani, scenderò per la via / verso la stazione dove escono gli operai. / Contro il loro fiume triste, di petti vivo, / attraverso la mobile speranza / che si ignora e resiste, / andrò verso il mio treno.

T. S. Eliot / de "Minor Poems", 1




Ejercicios para los cinco dedos

I. Versos a un gato persa

Los pájaros cantores del aire remontan
hacia los verdes prados de Russell Square.
Debajo de los árboles no hay alivio
para la mente ofuscada, los agudos deseos
y los ojos vivaces del Osito Lanudo.
No hay consuelo sino en el dolor.
Oh, ¿cuándo dejará de rechinar el corazón?
¿Cuándo brindará descanso la silla rota?
¿Por qué se demora el día estival?
¿Cuándo se alejará el fluir del Tiempo?


II. Versos a un terrier de Yorkshire

En un campo parduzco se alzaba un árbol
y se lo veía retorcido y seco.
En un cielo oscuro, desde una nube verde,
gritaron, matraquearon, gruñeron sin parar.
El perrito estaba seguro y abrigado
debajo de un ededredón de cretona,
pero el campo estaba agrietado y parduzco,
y el árbol encogido y seco.
Perros y gatos de caramelo deben todos
gatos y perros de jalea deben todos
reducirse a polvo, como enterradores.
Perrito, aquí hago una pausa
levantando mis patas delanteras,
hago una pausa, y duermo interminablemente.


III. Versos a un ánade en el parque

La larga luz vibra a través del lago,
las fuerzas de la mañana tiemblan,
el amanecer se inclina sobre el césped,
aquí no hay lagartija o serpiente mortal
sino sólo un perezoso ánade y un pato.
He visto el resplandor de la mañana,
he tenido el Pan y el Vino,
he dejado que los mortales emplumados tomen
aquello a lo cual tienen mortal derecho,
pellizcando el pan y también el dedo,
presas más fáciles que el ondulante gusano;
porque yo sé, y también tú debieras saberlo,
que pronto el gusano inquisidor robará
nuestra bien conservada complacencia.


IV. Versos a Ralph Hodson, Esqre.

¡Qué placer conocerlo a Mr. Hodson!
(Todos quisieran conocerlo):
con su entonación musical y
su mastín de Baskerville
que, a una sola palabra de su amo,
nos seguirá más y más velozmente
y nos degarrará pedazo a pedazo.
¡Qué placer conocerlo a Mr. Hodson!
Adorado por todas las camareras
(lo consideran algo aparte),
mientras su refinado paladar exprime
el jugo de la torta de grosellas,
¡Qué placer conocerlo a Mr. Hodson!
(Todos quisieran conocerlo)
Tiene 999 canarios
y en torno de su cabeza pinzones y hadas
revolotean con jubiloso éxtasis.
¡Qué placer conocerlo a Mr. Hodson!
(Todos quisieran conocerlo).


V. Versos para Cuscus Caraway y Mirza Murad Alí Bag

¡Qué desagradable conocer a Mr. Eliot!
Con sus rasgos de corte clerical,
y su semblante tan torvo,
y su boca tan afectada,
y su conversación con tal primor
sujeta al Qué Precisamente
y al Supuesto Que y Tal Vez y Pero.
¡Qué desagradable conocer a Mr. Eliot!
Con su perro rabón bastardo
y un abrigo de piel
y un gato puercospín
y un sombrero de mafioso:
¡Qué desagradable conocer a Mr. Eliot!
(Tenga la boca abierta o cerrada)

T. S. Eliot (St. Louis, 1888-Londres, 1965), Retrato de una dama y otros poemas. Versión y notas de Alberto Girri y Enrique Pezzoni, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1983

Five-Finger Exercises

I. Lines to a Persian Cat
The songsters of the air repair / To the green fields of Russell Square. / Beneath the trees there is no ease / For the dull brain, the sharp desires / And the quick eyes of Woolly Bear. / There is no relief but in grief. / O when will the creaking heart cease? / When will the broken chair give ease? / When will Time flow away?

II. Lines to a Yorkshire Terrier
In a brown field stood a tree / And the tree was crookt and dry. / In a black sky, from a green cloud / Natural forces shriek'd aloud, / Screamed, rattled, muttered endlessly. / Little dog was safe and warm / Under a cretonne eiderdown, / Yet the field was cracked and brown / And the tree was cramped and dry. / Pollicle dogs and cats all must / Jellicle cats and dogs all must / Like undertakers, come to dust. / Here a little dog I pause / Heaving up my prior paws, / Pause, and sleep endlessly.

III. Lines to a Duck in the Park
The long light shakes across the lake, / The forces of the morning quake, / The dawn is slant across the lawn, / Here is no eft or mortal snake / But only sluggish duck and drake. / I have seen the morning shine, / I have had the Bread and Wine, / Let the feathered mortals take / That which is their mortal due, / Pinching bread and finger too, / Easier had than squirming worm; / For I know, and so should you / That soon the enquiring worm shall try / Our well-preserved complacency.

IV. Lines to Ralph Hodgson Esqre.
How delightful to meet Mr. Hodgson! / (Everyone wants to know
him) - / With his musical sound / And his Baskerville Hound / Which, just at a word from his master / Will follow you faster and faster / And tear you limb from limb. / How delightful to meet Mr. Hodgson! / Who is worshipped by all waitresses / (They regard him as something apart) / While on his palate fine he presses / The juice of the gooseberry tart. (How delightful to meet Mr. Hodgson! / (Everyone wants to know him), / He has 999 canaries / And round his head finches and fairies / In jubilant rapture skim. / How delightful to meet Mr. Hodgson! / (Everyone wants to meet him).

V. Lines for Cuscuscaraway and Mirza Murad Ali Beg
How unpleasant to meet Mr. Eliot! / With his features of clerical cut, / And his brow so grim / And his mouth so prim / And his conversation, so nicely / Restricted to What Precisely / And If and Perhaps and But. /How unpleasant to meet Mr. Eliot! / With a bobtail cur / In a coat of fur / And a porpentine cat / And a wopsical hat: / How unpleasant to meet Mr. Eliot! / (Whether his mouth be open or shut).


Ilustración: Avandoned Chair, Sally Ashbrook

domingo, mayo 23, 2010

Franco Fortini / Dos poemas




Traduciendo a Brecht

Un gran temporal
durante toda la tarde se enroscó
sobre los techos antes de romper en rayos, agua.
Fijaba versos de cemento y de vidrio
donde hubo gritos y llagas amuralladas y miembros
incluso míos, que sobrevivo. Con cautela,
mirando ora las tejas trajinadas, ora la página seca,
escuchaba morir
la palabra de un poeta o mudar
en otra, no ya para nosotros, voz. Los oprimidos
están oprimidos y tranquilos, los opresores tranquilos
hablan en los teléfonos, el odio es cortés, yo mismo
creo no saber ya de quién es la culpa.

Escribe, me digo, odia
a quien con dulzura guía a la nada
a los hombres y las mujeres que te acompañan
y creen no saber. Entre los nombres de los enemigos
escribe también el tuyo. El temporal
ha desaparecido con énfasis. La naturaleza
es muy débil para imitar las batallas. La poesía
no cambia nada. Nada es seguro, pero escribe.



Después de una matanza

de Lu Hsun

Las largas noches de primavera las paso ahora
con mujer e hijo. Débiles en las sienes los cabellos.
Veo en sueños imprecisas lágrimas de una madre.
Sobre la muralla han cambiado las grandes banderas imperiales.
Vidas de amigos devienen espectros, no resisto verlos.
En ira contra cercos de espadas, busco una pequeña poesía.
No lamentarse. Inclino la cabeza. No se puede escribir más.
Como agua la luna ilumina mi vestimenta oscura.

Franco Fortini (Florencia, 1917-Milán, 1994), Una volta per sempre, poesie 1938-1973
Versiones de J. Aulicino

Traducendo Brecht
Un grande temporale / per tutto il pomeriggio si è attorcigliato / sui tetti prima di rompere in lampi, acqua. / Fissavo versi di cemento e di vetro / dov'erano grida e piaghe murate e membra / anche di me, cui sopravvivo. Con cautela, guardando / ora i tegoli battagliati ora la pagina secca, / ascoltavo morire / la parola d'un poeta o mutarsi / in altra, non per noi più, voce. Gli oppressi / sono oppressi e tranquilli, gli oppressori tranquilli / parlano nei telefoni, l'odio è cortese, io stesso / credo di non sapere più di chi è la colpa. // Scrivi mi dico, odia / chi con dolcezza guida al niente / gli uomini e le donne che con te si accompagnano / e credono di non sapere. Fra quelli dei nemici / scrivi anche il tuo nome. Il temporale / è sparito con enfasi. La natura / per imitare le battaglie è troppo debole. La poesia / non muta nulla. Nulla è sicuro, ma scrivi.

Dopo una strage
da Lu Hsun
Le notti lunghe di primavera le passo ormai / con moglie e figlio. Fragili alle tempie i capelli./ Vedo in sogno imprecise lacrime di una madre. / Sulle mura hanno mutato le grandi bandiere imperiali. / Vite di amici diventano spettri, non resisto a vederle. / In ira contro siepi di spade cerco una piccola poesia. / Non lamentarsi. Chino il capo. Non si può scrivere più. / Come acqua la luna illumina la mia veste oscura.
La più grande antologia virtuale della poesia italiana

Foto: Fortini Universidad de Georgia

sábado, mayo 22, 2010

Frank O'Hara / Dos poemas




Autobiografía literaria

Cuando era un niño
jugaba conmigo mismo en un
rincón del patio escolar,
completamente solo.

Odiaba las muñecas y
odiaba los juegos, los animales
no eran amistosos y los pájaros
volaban lejos.

Si alguien me buscaba,
me escondía detrás de un
árbol y gritaba "Soy
un huérfano."

Y aquí estoy, ¡el
centro de toda belleza!
¡escribiendo estos poemas!
¡Imagina!


Desayuno melancólico

Desayuno melancólico
triste por arriba triste por abajo

El huevo piensa en silencio
y la oreja de la tostadora
eléctrica espera

las estrellas están en
"esa nube está oculta"

los elementos de la incredulidad son
muy fuertes a la mañana

Frank O'Hara (Baltimore, 1926-Fire Island, Nueva York, 1966)
Versiones de J. Aulicino

Autobiographia Literaria
When I was a child / I played by myself in a / corner of the schoolyard / all alone. // I hated dolls and I / hated games, animals were / not friendly and birds / flew away. // If anyone was looking / for me I hid behind a / tree and cried out "I am / an orphan." // And here I am, the / center of all beauty! / writing these poems! / Imagine!

Melancholy Breakfast
Melancholy breakfast / blue overhead blue underneath // the silent egg thinks / and the toaster's electrical / ear waits // the stars are in / "that cloud is hid" / the elements of disbelief are / very strong in the morning

PoemHunter

Foto: O'Hara s/d

De O'Hara en este blog:
¡Lana Turner ha colapsado!
Personismo: Un manifiesto

Frank O'Hara / "Uno no hace más que seguir su neviosismo"


Personismo. Un manifiesto
por Frank O'Hara

Todo está en el poema, pero, ante el riesgo de hablar como Allen Ginsberg de un pobre rico, te escribiré porque acabo de oír de labios de unos colegas poetas que un poema mío no puede captarse en una lectura porque yo también estaba confundido. Vamos, vamos. No creo en Dios, de modo que no debo formular y expresar estructuras elaboradas. Odio a Vachey Lindsay, siempre lo he odiado; ni siquiera me gusta el ritmo, la asonancia, todo eso. Uno no hace más que seguir su nerviosismo. Si alguien nos corre con un cuchillo por la calle, uno también corre, no se da vuelta en la esquina para gritar "¡dejá de perseguirme, en la secundaria fui una estrella de la pista de atletismo!".

Eso, en cuanto a lo que se refiere a escribir poemas. En cuanto a su recepción, suponete que estás enamorado y alguien te maltrata. Vos no le decís "¡hey, no podés herirme así, yo te quiero!". Sólo dejás caer los diferentes cuerpos donde caigan y todos caen siempre a los pocos meses. En primer lugar, sin embargo, no es por eso que te enamoraste, nada más que por aferrarte a la vida, de manera que debés arriesgarte y evitar ser lógico. El dolor siempre produce la lógica, lo que es muy malo para vos.

No estoy diciendo que prácticamente yo no tenga las mismas ideas elevadas de cualquiera de los que escriben hoy, pero, ¿qué importa? No son más que ideas... Lo único bueno es que, cuando me siento excelso, dejo de pensar y entonces llegan refrescos.

Ahora bien, ¿importa, en realidad, que alguien lo reescriba, entienda lo que quiere decir o los mejores? ¿Los mejores para qué, para la muerte? ¿Para qué hay que apresurarlos? Hay demasiados poetas que se portan como una madre de edad mediana que quiere que sus hijos coman mucha carne con papas y jugo (de lágrimas). Me importa un bledo que coman o no. Comer a la fuerza conduce a una delgadez excesiva (débil y decadente). Nadie debe sentir algo que no necesite sentir ni dejar que la poesía se aproveche de ellos. También me gusta el cine. Después de todo, de todos los poetas estadounidenses, sólo Whitman, Crane y Williams son mejores que el cine. En cuanto a la medida y el reto del aparato técnico, sólo basta el sentido común: si vas a comprar un par de pantalones, buscá los más ajustados para que todo el mundo quiera acostarse con vos. No hay nada metafísico en eso, a menos, por supuesto, que te halagues hasta sentir que lo que sentís es "un anhelo".

La abstracción en la poesía sobre la cual hace poco Allen Ginsberg hizo un comentario es intrigante. Creo que aparece sobre todo en los detalles diminutos cuando se hace necesario tomar una decisión. La abstracción (en la pintura) implica la desaparición personal del poeta. Por ejemplo, la decisión que implica optar entre la nostalgia "del" infinito y la nostalgia "por" el infinito define una actitud hacia un grado de abstracción. La nostalgia "del" infinito representa un grado mayor de abstracción y la capacidad negativa (como en Keats y en Mallarmé).

El Personismo, un movimiento que acabo de fundar y sobre el cual nadie sabe nada, me interesa muchísimo, pues es tan opuesto a esta clase de desaparición abstracta que, en realidad, se aproxima a la verdadera abstracción en la primera vez en la historia de la poesía. El Personismo es a Wallace Stevens lo que la "póesie pure" era a Béranger. El Personismo no tiene nada que ver con la filosofía: es todo arte. No tiene nada que ver con la personalidad o con la intimidad. ¡Por el contrario! Para darte una idea general, uno de sus aspectos mínimos radica en que se dirige a una persona (distinta del propio poeta) y, de esa forma, evoca una insinuación amorosa sin destruir esa vulgaridad del amor de despertar la vida y sustenta el sentimiento del poeta hacia su poema, al mismo tiempo que evita que el amor lo lleve a sentir algo hacia esa persona. Eso es parte del Personismo, fundado por mí después de un almuerzo con LeRoy Jones el 27 de agosto de 1959, día en que me estaba enamorando de alguien (incidentalmente, no de LeRoy sino de alguien rubio). Volví a casa a trabajar y escribí un poema para esta persona. Mientras lo escribía, me di cuenta de que, si quería, podía hablar por teléfono en vez de escribir el poema y así nació el Personismo.

Se trata de un movimiento muy excitante que, sin duda, tendrá un montón de adherentes. Ubica el poema directamente entre el poeta y la persona, al estilo de Lucky Pierre, y el poema queda gratificado. Por fin tenemos el poema entre dos personas y no entre dos páginas. Con toda modestia, confieso que puede ser la muerte de la literatura tal cual la conocemos. Si bien lo lamento de alguna manera, me alegro de haber llegado antes de Alain Robbe-Grillet. Como la poesía es más rápida y más segura que la prosa, resulta justo que sea la poesía la que acabe con la literatura. Durante un tiempo la gente pensaba que Artaud iba a lograr eso, pero, a pesar de toda su magnificiencia, sus escritos polémicos no están más fuera de la literatura que Bear Mountain del estado de Nueva York. Su relación no es más asombrosa que la de Dubuffet con la pintura.

¿Qué se puede esperar del Personismo (esto se está poniendo bueno ¿no?)? Todo, pero no lo tendremos. Es un movimiento demasiado bueno, demasiado vital para prometer nada. Sin embargo, igual que Africa, está en marcha. Será mejor que se cuiden tanto los residentes propagandistas de la técnica como los del contenido.

Revista Galera, Número 14. Abril-Mayo 2010, Buenos Aires (sin mención de traductor)


Personism: A Manifesto
by Frank O'Hara


Everything is in the poems, but at the risk of sounding like the poor wealthy man's Allen Ginsberg I will write to you because I just heard that one of my fellow poets thinks that a poem of mine that can't be got at one reading is because I was confused too. Now, come on. I don't believe in god, so I don't have to make elaborately sounded structures. I hate Vachel Lindsay, always have; I don't even like rhythm, assonance, all that stuff. You just go on your nerve. If someone's chasing you down the street with a knife you just run, you don't turn around and shout, "Give it up! I was a track star for Mineola Prep."

That's for the writing poems part. As for their reception, suppose you're in love and somebody's mistreating (mal aimé) you, you don't say, "Hey, you can't hurt me this way, I care!" you just let all the different bodies fall where they may, and they always do may after a few months. But that's not why you fell in love in the first place, just to hang onto life, so you have to take your chances and try to avoid being logical. Pain always produces logic, which is very bad for you.

I'm not saying that I don't have practically the most lofty ideas of anyone writing today, but what difference does that make? They're just ideas. The only good thing about it is that when I get lofty enough I've stopped thinking and that's when refreshment arrives.

But how then can you really care if anybody gets it, or gets what it means, or if it improves them. Improves them for what? For death? Why hurry them along? Too many poets act like a middle-aged mother trying to get her kids to eat too much cooked meat, and potatoes with drippings (tears). I don't give a damn whether they eat or not. Forced feeding leads to excessive thinness (effete). Nobody should experience anything they don't need to, if they don't need poetry bully for them. I like the movies too. And after all, only Whitman and Crane and Williams, of the American poets, are better than the movies. As for measure and other technical apparatus, that's just common sense: if you're going to buy a pair of pants you want them to be tight enough so everyone will want to go to bed with you. There's nothing metaphysical about it. Unless, of course, you flatter yourself into thinking that what you're experiencing is "yearning."

Abstraction in poetry, which Allen [Ginsberg] recently commented on in It Is, is intriguing. I think it appears mostly in the minute particulars where decision is necessary. Abstraction (in poetry, not painting) involves personal removal by the poet. For instance, the decision involved in the choice between "the nostalgia of the infinite" and "the nostalgia for the infinite" defines an attitude towards degree of abstraction. The nostalgia of the infinite representing the greater degree of abstraction, removal, and negative capability (as in Keats and Mallarmé).

Personism, a movement which I recently founded and which nobody knows about, interests me a great deal, being so totally opposed to this kind of abstract removal that it is verging on a true abstraction for the first time, really, in the history of poetry. Personism is to Wallace Stevens what la poési pure was to Béranger. Personism has nothing to do with philosophy, it's all art. It does not have to do with personality or intimacy, far from it! But to give you a vague idea, one of its minimal aspects is to address itself to one person (other than the poet himself), thus evoking overtones of love without destroying love's life-giving vulgarity, and sustaining the poet's feelings towards the poem while preventing love from distracting him into feeling about the person. That's part of Personism. It was founded by me after lunch with LeRoi Jones on August 27, 1959, a day in which I was in love with someone (not Roi, by the way, a blond). I went back to work and wrote a poem for this person. While I was writing it I was realizing that if I wanted to I could use the telephone instead of writing the poem, and so Personism was born. It's a very exciting movement which will undoubtedly have lots of adherents. It puts the poem squarely between the poet and the person, Lucky Pierre style, and the poem is correspondingly gratified. The poem is at last between two persons instead of two pages. In all modesty, I confess that it may be the death of literature as we know it. While I have certain regrets, I am still glad I got there before Alain Robbe-Grillet did. Poetry being quicker and surer than prose, it is only just that poetry finish literature off. For a time people thought that Artaud was going to accomplish this, but actually, for all their magnificence, his polemical writings are not more outside literature than Bear Mountain is outside New York State. His relation is no more astounding than Dubuffet's to painting.

What can we expect from Personism? (This is getting good, isn't it?) Everything, but we won't get it. It is too new, too vital a movement to promise anything. But it, like Africa, is on the way. The recent propagandists for technique on the one hand, and for content on the other, had better watch out.
September 3, 1959

Poets.org "Personism: A Manifesto," copyright © 2008 by Maureen Granville-Smith, from Selected Poems by Frank O'Hara, edited by Mark Ford. Used by permission of Alfred A. Knopf, a division of Random House, Inc. All rights reserved


Foto: O'Hara, 1965 Frank O'Hara.org

viernes, mayo 21, 2010

Edoardo Sanguinetti / Fragmentos




Erotopaegenia

en ti dormía como un fibroma seco, como una magra tenia, un sueño;
a veces pisotea los guijarros, a veces sacude la propia sombra; a veces chilla,
deglute, orina, habiendo esperado desde siempre el gusto
de la manzanilla, la temperatura de la liebre, el rumor del granizo,
la forma del techo, el color de la paja: sin remedio del tiempo
se ha dado vuelta hacia sus días; la tierra ofrece imágenes confusas;
¿sabrá reconocer la cabra, el campesino, el caño?
no esperaba realmente estas tijeras, no esta pera,
cuando temblaba en aquel saco tuyo de membranas opacas.

versión de Rodolfo Alonso, en Los mares del Sud y otros poemas. Poesía italiana del siglo XX, CEDAL, Buenos Aires, 1982


*

El primer vino:
pruebo cálida espuma
sobre tu lengua.

versión de J. Aulicino


È il primo vino:
calda schiuma che assaggio
sulla tua lingua.


de Corollario 1992-1996, Ed. Feltrinelli, Milán, 1997

Edoardo Sanguinetti (Génova, 1930-2010)

Foto: Sanguinetti sky.it

De Sanguinetti en este blog:
[bebía, y reía, y bebía
la periodista Gisela...]