domingo, septiembre 12, 2010

Dante Alighieri / Divina Comedia, Paraíso, 1



Paraíso, Canto primero

La gloria de aquel que todo mueve
en el universo penetra y resplandece
en una parte más y en otras menos.

Al cielo que más su luz adquiere
fui yo, y vi cosas que decirlas
no sabe ni puede quien desciende;

porque aferrándose a su palabra
nuestro intelecto se ahonda tanto
que no puede ir detrás de la memoria.

En verdad cuanto yo del reino santo
en mi mente pude hacer tesoro,
será ahora materia de mi canto.

Oh buen Apolo, para este último trabajo
hazme de tu valor tan labrado vaso
como demande el dar tu amado lauro.

Hasta aquí, un collado del Parnaso
bastante fue; pero ahora con ambos
me es preciso entrar en este tramo.

Entra en mi pecho y exhálame
como cuando a Marsias sacaste *
de la funda de sus miembros.

Oh divina virtud, si te me das,
tanto que la sombra del beato reino
signada en mi cabeza manifieste,

me verás al pie de tu dilecto leño
llegar, y coronarme con las hojas
de las que me harán digno el tema y tú.

Tan raras veces, padre, se las toma
en el triunfo, como césar o poeta,
por culpa y vergüenza de humana voluntad,

que parir delicia sobre la delicia
debería la hija de Peneo en la délfica **
deidad, si alguien tiene sed de ellas.

A poca chispa, gran llama secunda;
tal vez después de mí con mejor voz
se rogará a Cirra para que responda.

Por diversos huecos da luz a los mortales
la lámpara del mundo; pero de aquel
que cuatro círculos une con tres cruces, ***

con mejor curso y mejor estrella
sale conjunta, y la mundana cera
más a su modo atempera y sella.

Había hecho allá mañana y aquí noche
ese pasaje, y casi todo era blanco
en aquel hemisferio, y negra la otra parte,

cuando a Beatriz hacia el lado izquierdo
vi vuelta, y contemplando el sol:
un águila nunca lo miró tan fijo.

Y así como un segundo rayo suele
surgir de uno e ir hacia arriba,
como peregrino que quiere regresar,

así de su acto, por los ojos entrado
en la imagen mía, el mío lo hizo,
y fijé los ojos sin ningún cuidado.

Mucho es lícito allá que aquí no rige
a nuestra virtud, gracias al lugar
que fue creado para la humana especie.

No lo resistí tanto, ni tan poco,
que no lo viese centellear en torno,
como fierro candente sale del fuego;

y de pronto pareció un día a otro
estar unido, como si aquel que puede
hubiese el cielo ornado de otro sol.

Beatriz, toda en las eternas ruedas
fija con los ojos era; y yo a ella
mis luces dirigí, ya de arriba alejadas.

En su aspecto tan profundo me interné,
como Glauco en el mar, al gustar la hierba ****
que lo hizo compañero de los dioses.

El transhumanar explicar per verba *****
no se podría; pero el ejemplo baste
a quien la gracia le brinde esta experiencia.

Si de mí quedaba sólo aquello que creaste
en último lugar, amor que el cielo gobiernas,
tú lo sabes, que con tu luz me elevaste.

Cuando ganó toda mi atención la rueda
en que tú, sempiterno, mueves al deseo
y la armonía que temperas y disciernes,

vi encendida tanta amplitud del cielo
por la llama del sol, que lluvia o río
no hicieron nunca lago tan extenso.

La novedad del son y las grandes luces
de saber su causa encendieron un deseo
jamás sentido tan agudamente.

Y ella, que veía en mí como yo mismo,
para aquietarme el ánimo conmovido,
antes que preguntara yo, abrió su boca,

y comenzó: "Tú mismo te haces obtuso
con falsa imaginación, tal que no ves
lo que verías, si la hubieras sacudido.

"No estás en la tierra, como crees;
pero un rayo, huyendo de su sitio,
no corre como tú, volviendo a él".

Si de mi primera duda fui desvestido
por las sonrientes palabritas breves,
una nueva me capturó por dentro,

y dije: "Ya contento requievi ******
de gran admiración, pero ahora admiro
cómo atravieso a estos cuerpos leves".

Por lo que ella, luego de pío suspiro,
los ojos llevó a verme, con semblante
de un madre ante la fiebre de su hijo;

y comenzó: "Todas estas cosas delante,
tienen orden entre sí, y esta es la forma
que el Universo a Dios hace semejante.

"Aquí ven las altas criaturas la huella
del valor eterno, el cual es fin
para el que fue hecha aquella norma.

"En el orden que digo son sujetas
todas las naturas, por diversas suertes,
más o menos de su principio cerca;

"y se mueven a diversos puertos
por el gran mar del ser, cada una
con el instinto otorgado que la lleva.

"Éste dirige el fuego hacia la luna;
éste es motor de los mortales corazones;
éste la tierra estrecha y aúna;

"y no sólo a las criaturas privadas
de razón ese arco flecha: también
a las que tienen amor e inteligencia.

"La providencia que de tal modo ordena,
en su luz mantiene el cielo quieto,
en el que gira el que tiene mayor prisa;

"y allí, como sitio establecido,
se transporta la virtud de aquella cuerda
que lo que lanza lleva a feliz blanco.

"Cierto es que, como forma no se acuerda
muchas veces a la intención del arte,
porque a responder la materia es sorda,

"así, de este camino se aparta
a veces la criatura, que tiene poder
de torcer aquel impulso hacia otra parte;

"y tal como se puede ver caer
fuego de la nube, el ímpetu primero
la abate en tierra de falso placer.

"No debes admirarte, si bien estimo,
de tu subida, más que de un arroyo
que del alto monte desciende al llano.

"Maravilla sería en ti si, liberado
de impedimento, te quedaras quieto
como en tierra quieto el fuego vivo".
Y aquí, volvió el rostro hacia lo alto.


Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino


* El presuntuoso sátiro Marsias, quien desafió a Apolo a medirse en con él en tocar la lira, fue vencido y Apolo lo despellejó, de un solo tirón.

** Se alude a Dafne, hija de Peneo, convertida en laurel, y al dios Apolo, cuyo templo mayor estaba en Delfos. La trabajada imagen puede entenderse así: que cuando alguien está ávido de alcanzar el laurel, Dafne debería prodigarlo felizmente en el feliz Apolo. Cirra, que enseguida se nombra, es la elevación del Parnaso consagrada a aquel dios.

*** Los cuatro círculos son, de acuerdo con los comentaristas, el horizonte, el Zodíaco, el ecuador y el meridiano equinoccial. Este último cruza a los otros tres, formando las "tres cruces". La mejor estrella: Aries, comienzo de la primavera en el hemisferio boreal.

**** El pescador Glauco, que comió hierba sagrada y se convirtió él mismo en deidad marina.

***** Per verba: mediante palabras. Dante no puede explicar con palabras su nueva experiencia, que designa con un término nuevo, transhumanar, trascender lo humano. Si esto significa convertirse en "lo creado en último lugar", el alma, sólo lo sabe Dios. Beatriz dará una explicación, en los versos siguientes, del ascenso de Dante a los cielos.

****** Latinismo por "mi acquetai", me tranquilicé.


Texto original: Mediasoft.it

Ilustración: Paraíso, canto 1, Salvador Dalí

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