viernes, julio 30, 2010

Dante Alighieri / Divina Comedia, Purgatorio, 9




Purgatorio, Canto noveno

La concubina de Titón antiguo
ya empalidecía en el balcón de oriente,
fuera de los brazos de su dulce amigo;

de gemas su frente estaba engalanada,
con la forma de ese animal frío
que con su cola hiere a los humanos;

y la noche, de los pasos con que sube,
había dado dos en dónde estábamos,
y el tercero las alas inclinaba,

cuando yo, que cargo algo de Adán,
vencido de sueño, me recosté en la hierba
donde los cinco estábamos sentados.

Cuando comienza su triste piar
la golondrina a la mañana,
tal vez recordando sus antiguas quejas, *

y cuando nuestra mente, peregrina,
menos presa de la carne y de la idea,
es casi celestial en sus visiones, **

en el sueño me pareció ver suspendida
un águila en el cielo, con plumas de oro,
abiertas las alas y a bajar dispuesta;

y me parecía estar allá, donde
Ganímedes abandonó a los suyos,
cuando fue raptado al sumo consistorio.

Entre mí, pensaba: "Quizá ésta hiere
aquí sólo por hábito, y en otro lugar
desdeña llevar presa entre sus garras".

Luego me pareció que, tras girar un poco,
terrible como fulgor bajaba
y me raptaba hacia el lugar del fuego.

Allí me parecía que ardíamos ella y yo;
y de tal modo el incendio me quemaba,
que convino que el sueño se rompiese.

No distintamente al despertar Aquiles,
dio vueltas en torno los ojos desvelados,
no sabiendo en dónde se encontraba,

cuando la madre de Quirón a Esciros
lo transportó durmiendo entre sus brazos,
de donde después los griegos lo llevaron;

así me desperté, cuando de la cara
escapó el sueño, y me puse pálido,
como el hombre al que el espanto hiela.

A mi lado estaba sólo mi consuelo,
y había subido el sol más de dos horas,
y tenía el rostro a la marina vuelto.

"Temor no haya", dijo mi señor,
"siéntete seguro, que bien estamos:
no se contraiga tu vigor: alárgalo.

"Acabas de llegar al purgatorio:
mira el peñasco que lo cierra en torno,
mira la entrada donde parece roto.

"Antes, en el tramonto que precede al día,
cuando el alma dormía dentro tuyo,
sobre las flores que allá abajo adornan,

"vino una dama y dijo: 'Soy Lucía,
déjame tomar a este que duerme;
más ágil lo llevaré por su sendero'.

"Sordello quedó, y las otras formas.
Ella te tomó, y al clarear el día,
subió hasta aquí, y yo detrás de ella.

"Aquí te posó, pero antes me mostraron
sus bellos ojos aquella entrada abierta;
luego, ella y el sueño se marcharon".

Como hombre que su duda aclara,
y que cambia por alivio su pavura,
cuando la verdad es descubierta,

así cambié yo, y como sin cura
me vio el duca mío, por el peñasco
se movió, y yo atrás, hacia la altura.

Lector, ves bien como yo ensalzo
mi materia; mas por mayor arte
no te asombres, si la afianzo. ***

Nos apuramos, y allí en la parte
donde primero me pareció roto
como por una hendidura el muro,

vi una puerta, y tres escalones,
para subir a ella, de color diverso,
y un guardián que no decía nada.

Y como más y más abrí los ojos,
lo vi sentado en la grada soberana,
y con tal cara que no la toleraba;

y una espada desnuda sostenía
que los rayos hacia nosotros reflejaba,
tal que yo alzaba la mirada en vano.

"Digan desde allí: ¿qué quieren?",
comenzó a decir: "¿dónde está la escolta?
Cuidado: que el venir no pese."

"Señora del cielo, que sabe de estas cosas",
repuso el maestro, "hace apenas un momento
nos dijo: Vayan allí, que está la entrada."

"Y ella vuestros pasos por el bien avance",
continuó el portero, cortés;
"vengan pues, a nuestras gradas adelante."

Allá fuimos, y el escalón primero
era de mármol tan pulido y terso,
que me reflejé en él tal cual parezco.

El segundo, tinto más que rojinegro,
de un pedrusco áspero y reseco,
con grietas a lo ancho y a lo largo.

El tercero, en lo alto de la escala,
pórfido parecía, tan llameante,
como sangre que brota de una vena.

Sobre éste tenía las dos plantas
el ángel de Dios, sentado en el umbral
que me parecía roca de diamante.

Con buen ánimo, las tres gradas arriba
me llevó mi duca diciendo: "Pide,
humildemente, que el cerrojo corra."

Devoto me arrojé a los santos pies:
pedí que me abriera por misericordia;
y tres golpes me di en el pecho, antes.

Siete P escribió en mi frente
con la espada, y dijo "Haz que lave
estas marcas cuando entre."

Ceniza o tierra seca que se excave
tendrían el color de sus vestidos;
y, de bajo déstos, sacó dos llaves.

Una era de oro y la otra era de plata:
con la blanca, y con la amarilla luego,
hizo en la puerta tal, que me alegró.

"Cada vez que una de éstas falla,
y bien no gira en la cerradura",
nos dijo, "esta entrada no se abre.

"Más rica es una, pero la otra exige
arte e ingenio antes que descorra,
porque ésta es la que el nudo bate.

"Me las dio Pedro, y dijo que yerre
antes en abrir que en mantener cerrado,
con tal que la gente se prosterne".

Dio el empujón a la puerta sagrada,
diciendo: "Entren, pero estén atentos
a que vuelve a salir el que atrás aguaita."

Y cuando hizo girar los goznes
en los cantos de aquella puerta sacra,
que son de metal resonante y fuerte,

no rugió así ni se mostró tan dura
Tarpeya, cuando despojaron al buen ****
Metelo, y entonces quedó magra.

Me volví atento al primer sonido,
y Te Deum laudamus me pareció
oír, en mezclada voz y dulce tono.

La imagen que al punto me causó
lo que oía, fue como la que suele
provocar el canto con el órgano,
que las palabras se entienden y no entienden.

Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino

* Alude a Procne, hermana de Filomela, una convertida en golondrina y la otra en ruiseñor, luego de haberse aliado para matar al hijo de la primera, en venganza contra Tereo, marido de Procne, quien violó a su cuñada, Filomela

** Reitera Dante la creencia antigua de que los sueños matutinos son de carácter oracular, o divino.

*** A partir de esta advertencia, el canto despliega acciones que parecen reclamar interpretación religiosa y han dado lugar a muchas y diversas: el guardián del Purgatorio preguntará por la "escolta", que debería ser el ángel que acompaña a las almas, según algunos comentaristas; los escalones y las llaves merecieron asimismo variados escolios, entre ellos que los primeros representan las tres etapas de la confesión, o bien un triángulo de índole poco clara, cuando no la Trinidad, y, las segundas, un doble significado en la apertura de la puerta de los sitios sagrados (por ejemplo, las distintas potestades de la divinidad y el ministro). Los tres golpes que se da Dante en el pecho son, de antiguo, símbolo de arrepentimiento, declaración de culpa. Las siete P representan, evidentemente, los pecados capitales.

**** Sobre la roca Tarpeya se alzó el templo a Saturno, donde se guardaba el tesoro de Roma. Julio César se llevó el tesoro, en 49 a.C., pese a la oposición del tribuno Cecilio Metelo. Se alude, de acuerdo con algunos alegoristas, a que el chirrido de los goznes da paso al tesoro de la vida eterna.

Texto del original: Mediasoft.it

Ilustración: Purgatorio, Canto 9, 1960-64, Salvador Dalí

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