domingo, julio 18, 2010

Dante Alighieri / Divina Comedia, Purgatorio, 3




Purgatorio, Canto Tercero

Aunque la repentina fuga
a todos dispersó por la campaña,
hacia el monte donde talla la Justicia,

yo me estreché a la fiel compañía:
¿y cómo habría seguido yo, sin él, el curso?
¿quién me habría llevado arriba, a la montaña?

Me pareció consigo mismo contrariado:
¡oh digna conciencia y clara,
cómo te resulta amargo un breve fallo!

Cuando sus pies dejaron la prisa
que priva de lucimiento a todo acto,
mi mente, que estaba embelesada,

la atención extendió, deseosa,
y volvió mi rostro hacia la colina
que hacia el más alto cielo se levanta.

El sol que detrás llameaba, rojo,
roto era delante por mi sombra,
pues sus rayos se posaban sobre mí.

Me volví en el acto con pavura
de ser abandonado cuando vi
sólo delante de mí la tierra oscura;

y mi consuelo: "¿Por qué desconfías?",
a decir comenzó, hacia mí vuelto,
"¿no crees que me tienes y te guío?

"La tarde es allá donde está sepulto
el cuerpo dentro del cual hacía sombra:
Nápoles lo tiene, y de Brindisi fue sacado. *

“Ahora, si delante de mí nada se ensombrece,
no te maravilles más que de los cielos,
donde uno al otro los rayos no se estorban.

"A sufrir tormentos, fríos y calientes,
similares cuerpos la Virtud dispone,
y cómo lo hace no quiere revelarnos.

"Loco es quien espera que la razón
pueda recorrer la infinita vía
que tiene su sustancia en tres personas.

"Se conforme la humana gente con el quía; **
que si podido hubiese ver el todo,
menester no era que diese a luz María;

"y desear viste, sin que dieran fruto,
a tales que tendrían aquietado su deseo
que eternamente llevan como luto:

"por Aristóteles y por Platón lo digo,
y tantos otros"; y aquí inclinó la frente,
y más no habló, y se quedó turbado.

Llegamos, en tanto, al pie del monte;
allí encontramos un escarpada roca,
y vanas hubiesen sido piernas prontas.

Entre Lerici y Turbía, la más desierta,
la más rota ruina es una escala,
comparada con esta, ágil y abierta.

"¿Quién sabe de qué mano el borde cala",
dijo mi maestro deteniendo el paso,
"tal que pueda subir quien va sin ala?"

Y mientras él, teniendo el rostro bajo,
a la mente sobre el camino interrogaba,
y yo miraba hacia arriba aquel peñasco,

por la izquierda apareció un gentío
de almas que movían hacia nos el pie,
y no lo parecía, tan lentos caminaban.

"Levanta", dije, "maestro, tus ojos:
hay alguien aquí que nos dará consejo,
si no puedes tomarlo de ti mismo".

Miró entonces, y, como liberado,
respondió: "Vamos allá, que andan despacio,
y refuerza la esperanza, dulce hijo".

Aún estaba aquel pueblo lejano, digo,
después de haber dado mil pasos,
que un buen lanzador lo habría alcanzado,

cuando se apretaron todos en dura masa,
en la alta orilla, y se quedaron quietos
cual se detiene a mirar quien va dudando.

"Oh buenos finados, oh espíritus electos",
Virgilio comenzó, "por aquella paz
que creo van buscando,

"dígannos dónde la montaña yace,
tal que posible sea andar sobre ella;
que perder tiempo a quien más sabe menos place".

Como las ovejitas salen del encierro,
de a una, de a dos, de a tres, y las otras
se quedan, tímidas, bajando ojo y hocico,

y lo que hace la primera, hacen todas,
pegándose a ella, si ella se para,
simples y quietas, y el porqué ignoran,

tal vi moverse hacia nosotros la primera
de aquel rebaño afortunado, entonces,
púdica la cara, y en el andar, honesta.

Como los de adelante vieron rota
la luz en tierra a mi costado diestro,
tal que sombra había entre mí y la roca,

se pararon, y retrocedieron,
y todos los otros que venían detrás,
sin saber por qué, lo mismo hicieron.

"Sin que pregunten lo confieso:
es cuerpo humano el que están mirando,
tal que la luz del sol quiebra en el suelo.

"No se maravillen, pero crean
que no sin virtud que del cielo baja
busca sobrepasar estas paredes".

Así el maestro; y aquella gente digna
"Vayan", dijeron, "delante de nosotros",
con el dorso de la mano haciendo seña.

Y una de ellos comenzó: "Quien quiera
seas, así andando vuelve la mirada:
piensa si allá me viste alguna vez".

Me volví hacia él y lo miré:
rubio era y bello y de gentil aspecto,
pero llevaba una ceja partida por un golpe.

Cuando hube negado humildemente
haberlo visto, él dijo: "Ahora mira";
y me mostró una llaga sobre el pecho.

Luego, sonriendo dijo: "Soy Manfredo, ***
nieto de Constanza emperatriz;
por lo que te pido que, cuando regreses,

"vayas a ver a mi bella hija, madre
del honor de Sicilia y Aragón,
y dile la verdad, si otra se dice.

"Después de que tuve herida la persona
por dos golpes mortales, me rendí,
llorando, a quien perdona.

"Horribles fueron mis pecados;
pero largos brazos tiene la infinita
bondad, y recibe a quien se vuelve a ella.

"Si el pastor de Cosenza, que a mi caza
fue enviado por Clemente entonces,
hubiese de Dios bien leído aquel aspecto,

"los huesos de mi cuerpo estarían todavía
en la cabeza del puente junto a Benevento,
bajo la guardia de la pesada roca.

"Ahora los moja la lluvia y mueve el viento
fuera del reino, casi junto al Verde,
donde los trasladó con apagada luz.

"Por su maldición, tal no se pierde,
que no pueda volver, el eterno amor,
mientras que la esperanza reverdece.

"Verdad es que, quien en contumacia muera
de la santa Iglesia, aunque se arrepienta,
conviene que esté de esta orilla fuera,

"por todo el tiempo que estuvo, treinta,
en esa presunción, si tal decreto más corto
por buenas plegarias no deviene.

"Considera si me puedes alegrar,
revelando a mi buena Constanza
cómo me has visto y aún estoy prohibido;
pues aquí, por los de allá, mucho se avanza.


Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino

* Virgilio murió en Brindisi y su cuerpo fue llevado a Nápoles. Prosigue Dante el registro del transcurrir del día: el sol ha avanzado aproximadamente tres horas hacia su cenit

** Alude a las dos instancias del conocimiento, según Aristóteles: quia y propter quod. La primera es reconocer los efectos, conocer el qué. La segunda implica deducir las causas de los efectos, crear un sistema: un porqué. Sigue una reflexión de Virgilio sobre esa imposibilidad y la desdicha que acarrea -pues priva de la contemplación beatífica-. Tanto Aristóteles y Platón como él mismo la han padecido: por esto, inclina la cabeza

*** Manfredo (1232-1266) fue hijo natural de Federico II y nieto de Enrique IV, emperadores de Alemania. Gobernó Sicilia y luchó contra Carlos de Anjou, a quien respaldaron los papas Urbano IV y Clemente IV (los dos de origen francés). Fue excomulgado y, ciertamente, apoyaba a los gibelinos. Murió en batalla, herido en la frente y en el pecho. Su cadáver fue primero sepultado fuera del campo santo, junto al puente de Benevento, pero luego trasladaron sus huesos a los confines del reino, por orden del Papa, ejecutada por el arzobispo de Cosenza, Bartolomé Pignatelli, quien había apoyado la guerra contra el príncipe alemán. La exhumación y el traslado se hicieron con sirios apagados: a lume spento (a luz apagada); tal el título del primer libro del poeta norteamericano Ezra Pound, publicado en 1908. La hija de Manfredo, llamada Constanza como su abuela paterna, fue esposa de Pedro III de Aragón. Manfredo está aún fuera del Purgatorio aunque se ha redimido de sus "horribles pecados" - uno de ellos, al parecer, fue el de la lujuria - por medio del arrepentimiento, según lo narra. Por eso en el último verso del canto señala la importancia de las plegarias de los vivos para progresar hacia la purificación.

Texto del original: Mediasoft.it

Ilustración: Purgatorio, Canto 3, 1960-64, Salvador Dalí

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