jueves, enero 07, 2010

Cesare Pavese / Tierras quemadas


Tierras quemadas

Habla el joven esmirriado que ha estado en Turín.
El gran mar se extiende, oculto por rocas,
y da al cielo un azul pálido. Relucen los ojos
de todos los que escuchan.

A Turín se llega de noche
y se ven enseguida por la calle las mujeres
maliciosas, vestidas para los ojos, que caminan solas.
Allá, todas trabajan por la ropa que visten,
pero la adaptan a cada luz. Hay colores
para la mañana, colores para salir a las avenidas,
para gustar de noche. Las mujeres, que esperan
y se sientan solas, conocen a fondo la vida.
Son libres. A ellas no se les discute nada.

Siento el mar que bate y rebate fatigado en la orilla.
Veo los ojos profundos de estos muchachos
relampaguear. A dos pasos, la fila de higueras
desesperada se aburre sobre la roca rojiza.

Son tan libres que fuman solas.
Se las encuentra de noche y se las deja de mañana
en el café, como amigos. Son jóvenes siempre.
Quieren ojos y presteza en el hombre y que bromee
y que sea siempre fino. Basta salir a las colinas
y que llueva: se rinden como niñas,
pero saben gozar el amor. Más expertas que un hombre.
Son vivaces y lanzadas y, aun desnudas, charlan
con ese brío que tienen siempre.

Lo escucho.
He mirado las ojeras del joven esmirriado
tan atentas. Han visto también ellas un vez aquel verde.
Fumaré en la noche oscura, ignorando hasta el mar.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969

Versión de J. Aulicino




Terre bruciate
Parla il giovane smilzo che è stato a Torino. / Il gran mare se stende, nascosto da rocce, / e dà in cielo un azurro slavato. Rilucono gli occhi / da ciascuno che ascolta. // A Torino si arriva di sera / e si vedono subito per la strada le donne / maliziose, vestite per gli occhi, che camminano sole. / Là, ciascuna lavora per le veste che indossa, / ma l' adatta a ogni luce. Ci sono colori / da matino, colori per uscire nei viali, / per piacere di notte. Le donne, che aspettano / e si senteno sole, conoscono a fondo la vita. / Sono libere. A loro non rifutano nulla. // Sento il mare che batte e ribatte sposatto alla riva. / Vedo gli occhi profondi di questi ragazzi / lampeggiare. A due passi il filari di fichi / disperato s' annoia sulla roccia rossastra. // Ce ne sono di libere che fumano sole. / Ci si trova la sera e abbandona al matino / al café, come amici. Sono giovani sempre. // Voglion occhi e prontezza nell' uomo e che scherzi / e chi sia sempre fine. Basta uscire in collina / e che piova: si piegano come bambine, ma si sano godere l' amore. Più esperte di un uomo. / Sono vive e slanciate e, anche nude, discorrono / con quel brio che hanno sempre. // Lo ascolto. / Ho fissato le occhiaie del giovane smilzo / tutte intente. Han veduto anche loro una volta quel verde. / Fumerò a notte buia, ignorando anche il mare.

Ilustración: El manto azul, c. 1910, Xavier Gosé

5 comentarios:

  1. Siempre maravilla el genial Pavese, y de la mano de Auli, más.
    Cariños!
    GG

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  2. Hermoso, muy hermoso poema. Comentario aparte: se puede observar que el tipo c... con las mujeres solas pero en verdad se fija en lo muchachio. Teoría nada personal, si es que las hay. Mi saludo, Irene

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  3. ah de pavese y la mujer como síntoma.

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  4. Que tenga un buen año Don Auli! Todavia no puedo ponerme al día con la lectura de los posts =)
    Me quedo leyendo! Saludos!

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  5. QUÉ BUENO HABER LLEGADO HASTA AQUÍ!
    !TE FELICITO, JORGE!!

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