martes, junio 30, 2009

Jonio González / Fragmentos


El templo
(Fragmentos)

la luz que atraviesa la vidriera
muere en la cara del que acude
en busca de los hechos

no hay camino a esa hora
que no conduzca al destierro

*

la primera mañana
inclinado sobre el plano
de la ciudad desconocida:
quien se marcha
lo hace sin piedad:
la dádiva secreta
se escurre entre sus dedos
igual que la venganza

*

escarba entre los restos del saqueo
en la fosa del desastre

separa la carne de los huesos
el temor de la insidia
el sueño del engaño

en la red sólo hay un pez
pero bastará para saciarnos

*

hay cielos distintos
de este cielo
pastos segados por el agua
pájaros que anidan sobre estacas
otra luz aprendida
otro aire
que reseca los pulmones
un castigo nuevo
para el mismo pecado

Jonio González (Buenos Aires, 1954), Ganar el desierto, inédito

Foto: González Barcelona Review

lunes, junio 29, 2009

José Kozer / Tres poemas




Abraham Marcus Materim

Abraham Marcus Materim
cuenta que vio a los bolcheviques entrar a Varsovia
mucho antes de que la obesidad le destruyera la memoria.
Dice que en el traspatio de su casa se escuchaban los cañones,
que él hundió la cabeza en el Talmud
por si algún estallido atravesaba la ventana.
Muchos años más tarde se hizo autor de libros
que varios refugiados comentaron,
se hizo cajista, imprimió varias odas,
fieramente aduladas por la comunidad hebrea.
Salió en los periódicos, del brazo de sus colegas,
la camisa por fuera, las gafas empañadas,
la portañuela abierta con su erudición.
Abraham Marcus Materim
impresor de libros en hebreo,
cayó por su propio peso bajo las garras de su gordura,
agonizó unas horas escupiendo tetragramas por la boca.


El filósofo Mo Tse

Para Juan Pedro Castañeda

El filósofo Mo Tse enseña: refutarme es como tirar huevos a una roca.
Se pueden agotar todos huevos pero la roca permanece incólume.
El filósofo Wo agota los huevos del mundo contra una roca
y la conquista.
Primero, al hacerla memorable.
Segundo, porque en lo adelante y dada su amarillez excesiva,
quienes acuden a la roca
confunden la luna y los caballos.
Y tercero, aun más importante: un veredicto actúa sobre otro veredicto,
anula la obsesión de sus palabras.


Recomendaciones a mi hijo varón
que está por nacer


Primero, hijo, la camisa por dentro.
Hablar poco,
y si hablas de ti, decirlo todo escuetamente,
como cuando lo mejor que escribió tu padre.
Mucho respeto a tu madre,
y alzarle la voz lo menos posible.
Un beso a tu padre cuando llega del trabajo:
nada de apretón de manos.
No matar, no ir a la guerra,
tener siempre un par de pesos guardados en el banco,
y jamás, hijo mío, jamás,
hipotecar la casa.
Ten buró, pon tus cosas en la gaveta,
no renuncies al tabaco.
Si tienes hijos, ni adviertas ni impongas.
El día de la muerte abre por fin tu libro,
coloca la cabeza bajo el tajo,
no te quites.

José Kozer (La Habana, 1940), Jorge Rodríguez Padrón, Antología de poesía hispanoamericana (1915-1980), Espasa Calpe, Madrid, 1984

Foto: Kozer Jacquet Magazine

domingo, junio 28, 2009

Vachel Lindsay / Dos poemas


Euclides

El viejo Euclides trazó un círculo
En la arena, hace mucho.
Lo limitó y circundó.
Con ángulos así y así.

Un conjunto de ancianos solemnes
Asintió y discutió mucho
Sobre arcos y circunferencias,
Diámetros y lo demás.

Un niño permaneció cerca,
De pie, en silencio, toda la mañana,
Para verles dibujar tan deliciosas
Imágenes redondas de la luna.


Cuando Lincoln vino a Springfield...

Cuando Lincoln vino a Springfield
En los primeros tiempos
Eran raras las calles y el trazado,
Quedándose perplejo.

Dejó la cabaña de troncos
Por las calles barrosas de este lugar,
El dolor por Anne Rutledge
Se quemaba en su rostro.

Arrojó la sucia montura
En el piso de John Spedd,
Se sacó su viejo sombrero
Y observó la tienda.

Sacudió su larga cabellera
En su cabeza de bisonte,
Tomó asiento en el mostrador
Y dijo: "Spedd, me he mudado".

Vachel Lindsay (Springfield, Illinois, 1879-1931)

"Euclídes": Alfredo Weiss, Poesía estadounidense, Ediciones Continental, Avellaneda, 1944; "Cuando Lincoln...": Alfredo Cassey, Dos siglos de poesía norteamericana, Antonio Zamora, Buenos Aires, 1969 (ediciones no bilingües)

Foto: Lindsay, c.1928 Universidad de Illinois / Modern American Poetry

Silvia Camerotto / Tren


Tren a Lübeck

Más de 1000 kilómetros buscando el invierno.
El ciclo del frío en un mundo de miniaturas.
Camiones que levantan la nieve de las calles.
Los hombres bebiendo hasta el amanecer
y mujeres caminando al trabajo en zapatillas,
cada cual con su bolsa de papel.
Quién sabe lo que guardan,
la simetría de las casas,
ornamentos,
el ensayo del hotel en que te amé.

Año tras año vuelvo a Lübeck con o sin cuerpo.
Ahora he descubierto que en las bolsas hay pañuelos,
un diario arrugado con las noticias de ayer
y anotaciones al margen
de una pregunta hecha en el momento
en que no teníamos la palabra justa y necesaria.

Entonces tomo el tren
para ver cómo los patos que olvidaron emigrar
se bañan en la fuente del municipio
e inician la ceremonia del invierno
que todo lo congela.

Silvia Camerotto (Buenos Aires, 1959)

Ilustración: La estación de Saint-Lazare, Claude Monet, 1877, Museo d'Orsay, París

sábado, junio 27, 2009

Dante Alighieri / Comedia, Infierno, 4


Infierno, Canto cuarto

[El Limbo]

Rompió el alto sueño en la cabeza
un grave trueno, tal que me repuse
como persona a la fuerza despertada,

y el ojo recobrado moví en torno,
derechamente levantado, miré fijo
para saber del lugar en donde estaba.

Verdad es que en el borde me encontraba
del valle del abismo doloroso
que el trueno acoge de infinitos ayes.

Oscuro y profundo era y nebuloso,
tanto que, pese a fijar la vista a fondo,
yo no discernía cosa alguna.

"Descendamos ahora al ciego mundo",
comenzó el poeta, mortalmente pálido,
"yo iré primero, tú lo harás segundo".

Y yo, que su color había percibido,
dije: "¿Cómo querría, si tú temes,
y eres el que a mis dudas das consuelo?"

Y él a mí: "La angustia de las gentes
de allá abajo en el rostro me pinta
la piedad que tú por temor sientes.

"¡Vamos, que larga ruta nos reclama!"
Así movióse, y así hizo que entrara
en el primer círculo que al abismo ciñe.

Allí, según escuchar pude,
no había llanto, pero sí suspiros
que hacían temblar el aire eterno.

Provenían de dolor sin martirio
que tenía la turba mucha y grande
de niños, de mujeres y varones.

El buen maestro a mí: "¿Tú no preguntas
qué espíritus son estos que tú ves?
Quiero que sepas antes que más andes

"que no pecaron; y si hubieron méritos,
no basta, porque no tuvieron el bautismo
que es puerta de la fe en la que tú crees.

"Y si fueron anteriores al Cristianismo,
no adoraron debidamente a Dios;
y de estos tales soy yo mismo.

"Por tal defecto, y no por otro mal,
somos perdidos, y por eso sólo ofensos,
y, sin esperanza, vivimos en deseo."

Gran dolor me tomó el corazón cuando lo supe,
puesto que gentes de mucho valor
vi que en ese limbo eran suspensas.

"Dime maestro mío, dime señor",
comencé yo, por querer estar cierto,
de aquella fe que vence todo error;

"¿salió alguno de aquí que por su mérito
o por el de otro, después fuera beato?"
Y éste, que entendió mi hablar cubierto, *

respondió: "Yo era nuevo en este estado
cuando vi venir un poderoso
con signos de victoria coronado.

"Llevó la sombra del primer padre,
de Abel, su hijo, y la de Noé,
de Moisés legislador y obediente;

"Abraham padre y David rey,
Israel con su padre y sus nacidos,
y con Raquel, por quien tanto hizo;

y muchos otros, y los volvió beatos:
y quiero que sepas que antes de ésos,
no eran salvados espíritus humanos."

No dejábamos de andar porque él hablara,
pero andábamos la selva todavía.
La selva, digo, de espíritus formada.

No era lejano aún nuestro camino
de donde desperté, cuando vi un fuego
que al hemisferio de tinieblas doblegaba.

Lejos estábamos todavía un poco,
pero no tanto que no viera en parte
que gente honorable pisaba aquel lugar.

"¡Oh tú, que das honor a ciencia y arte,
¿quiénes son estos de tanta honra
que de tal modo de los otros los separa?"

Y aquél a mí: "La honrada nombradía
que de ellos resuena allá en tu vida,
gracia adquiere en el cielo, y los señala."

En tanto una voz fue por mí oída:
"Honren al altísimo poeta,
su sombra regresa, que era ida."

Luego que la voz fue callada y quieta
vi cuatro grandes sombras que venían:
ni triste ni alegre tenían el semblante.

El buen maestro comenzó a decir:
"Mira aquel, con espada en la mano,
que viene delante como sire.

"Ese es Homero, poeta soberano,
el otro, Horacio satírico que viene.
Ovidio es el tercero, el último, Lucano.

"Pero a cada uno como a mí conviene
el nombre que sonó en una sola voz,
me hacen honor con eso, y hacen bien." **

Así vi reunirse la bella escuela
de aquel señor de canto altísimo
que como águila sobre los otros vuela.

Cuando hubieron razonado algo juntos,
se volvieron a mí con amigable gesto,
en tanto sonreía mi maestro.

Y más honor aun me concedieron,
pues me hicieron formar parte de su grupo
y fui el sexto entre aquellos genios.

Así anduvimos hacia aquella luz,
hablando de cosas que callar es bello,
tal como hablarlas lo era donde estaba.

Llegamos al pie de un noble castillo,
siete veces cercado de alto muro,
rodeado por un bello riachuelo.

Lo pasamos igual que tierra dura,
por siete puertas entré con estos sabios;
alcanzamos un verde y fresco prado.

Gente había de ojos lentos, graves,
de gran autoridad en sus semblantes:
hablaban poco, con voces suaves.

Nos pusimos a uno de los lados,
en lugar abierto, luminoso y alto,
que se podía ver a todos ellos.

Allá derecho, sobre el verde esmalte,
me fueron mostrados los espíritus magnos,
que por verlos, en mí mismo los exalto.

Yo vi a Electra con muchos compañeros,
entre los que conocí a Héctor y a Eneas,
César armado, con ojos de aguilucho.

Vi a Camila y a la Pantesilea,
del otro lado, y vi al rey Latino,
que con Lavina su hija se sentaba.

Vi a aquel Bruto que echó a Tarquino,
Lucrecia, Julia, Marcia y Cornelia,
y solo aparte vi a a Saladino.

Cuando levanté un poco más las cejas,
vi al maestro de aquellos que saben ***
sentado entre la filosófica familia.

Todos lo miran, todos honor le hacen,
allí vi yo a Sócrates y Platón,
que ante los otros más cerca de él estaban.

Demócrito, que el mundo pone en duda,
Diógenes, Anaxágoras y Tales,
Empédocles, Heráclito y Zenón;

y vi al buen catador de la cualidad,
Dioscórides, digo; y vi a Orfeo,
y Tulio, y Lino, y Séneca moral.

Euclídes geómetra y Tolomeo,
Hipócrates, Avicena y Galeno,
Averroes, el gran comentador.

Yo no puedo de todos referir a pleno,
porque tanto embarga el largo tema
que ante el hecho va el decir a menos.

La compañía de seis en dos se queda;
por otra vía me lleva el sabio duca,
fuera de la calma, al aura que tiembla:
y nada hay allí que resplandezca.


Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia
Versión de J. Aulicino

* Dice "parlar coperto" porque no declara que está interrogando a Virgilio sobre el descenso de Cristo al Hades. La discutida bajada de Cristo al antiguo infierno, que para los cristianos será el limbo -un lugar ni de castigo ni de gloria-, se basa sólo en una referencia de La Biblia: "su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción" (Hechos, 2:31), lo que supone que Cristo estuvo en el Hades antes de ser resucitado.

** Se suele interpretar que Virgilio se refiere a que, al honrarlo, los poetas no muestran envidia.

*** Aristóteles.

Ver el original en
Dante Alighieri en la Web
Intratext

Ilustración: "Così vidi adunar la bella scuola", Gustave Doré, 1861

viernes, junio 26, 2009

Adrienne Rich / Instantánea




1
Tú, otrora una belleza en Shreveport
con cabello coloreado con alheña,
la piel como yema de durazno,
aún tienes tus vestidos copiados de aquella época
y tocas un preludio de Chopin,
llamado por Cortot: "Deliciosos recuerdos
flotan como perfume a través de la memoria."

Tu mente ahora, moldeada como una torta de boda,
pesada de inútiles experiencias, rica
de suspicacia, chismes, fantasía,
desmenuzada bajo el filo de los meros hechos.
En la flor de tu edad.

Nerviosa, enojada, tu hija seca
las cucharas de té, crece de otra forma.

Adrienne Rich (Baltimore,1929) de Snapshots of a daughter-in-law (Instantánea de una nuera)
Versión J. Aulicino

1.
You, once a belle in Shreveport,/ with henna-colored hair, skin like a peachbud,/ still have your dresses copied from that time,/ and play a Chopin prelude /called by Cortot: "Delicious recollections/ float like perfume through the memory."// Your mind now, moldering like wedding-cake,/ heavy with useless experience, rich/ with suspicion, rumor, fantasy,/ crumbling to pieces under the knife-edge/ of mere fact. In the prime of your life.// Nervy, glowering, your daughter/ wipes the teaspoons, grows another way
. PoemHunter

Foto: Adrienne Rich SFGate/Robert Giard

miércoles, junio 24, 2009

Fabio Scotto / Festo


Festos

Escaleras no para subir: para sentarse
El teatro más antiguo del mundo domina la colina
en el llano de Messarà
Parecen escucharse todavía las voces de viajeros
que incitan a la compra de productos
(allá, el horno para la cerámica;
aquí, el herrero, maestro del bronce...)
La sala de los reyes mira hacia el norte
Al monte Ida donde cada nueve años
Radamanto encuentra a su hermano Zeus
Juntos velan sobre el Hades
poder sobre los vivos y sobre los muertos
Al lado la reina habla con las esclavas
en una pax minoica
Con todo en la mañana que quema
un halcón planea por lo alto
inaprensible
Su vuelo es como el Discto de Festo
No descifrado
indescifrable texto
Sello secreto

Fabio Scotto (La Spezia, 1959), Diego Bentivegna, Viaggio in Italia, ediciones Sigamos Enamoradas, Buenos Aires, 2009

Scale non da salire ma per sedere / Il teatro piú antico del mondo domina la collina / nella piana di Messarà / Pare ancora di sentire le voci dei viandanti / fervere lo sacambio delle merci / (là la fornace per le ceramiche;/ qui il fabbro, maestro del bronzo...) / L'appartamento reale guarda a settentrione / al Monte Ida dove ogni nove anni / Radamanto incontra il fratello Zeus / Insieme vegliano sull' Ade / potere sui vivi e sui morti / Accanto la regina parla con le ancelle / in una pax minoica / Eppure nel mattino infuocato / un falco galleggia alto / inprendibili / Il suo volo è come il Disco di Festo / indecifrabile testo / Segreto sigillo

Foto: Scotto Italian Poetry

martes, junio 23, 2009

Wallace Stevens / Peter Quince


Peter Quince en el clave

I
Así como mis dedos en estas teclas
Hacen música, así también esos mismos
Sonidos en mi espíritu hacen una música.

La música es sensación, entonces, no sonido;
Y eso es lo que siento,
Aquí, en este cuarto, deseándote;

Pensar en tu seda sombreada de azul,
Es música. Es como la melodía
Que despertaba en los viejos Susana;

En un verde atardecer, claro y cálido,
La joven se bañaba en su tranquilo jardín, mientras
Los viejos de ojos inyectados, mirándola, sentían

Los bajos de su ser latir
En hechizantes acordes, y su sangre floja
Pulsar pizzicati de Hosannas.


II
En el agua verde, clara y cálida,
Susana se bañaba.
Buscaba
El toque de los manantiales,
Y encontró
Ocultas fantasías.
Suspiró,
Ante tanta melodía.

Sobre la orilla, se paró
En el fresco
De pasadas emociones,
Entre las hojas sintió
El rocío
De viejas devociones.

Caminó sobre la hierba,
Aún temblorosa.
Los vientos eran como sus doncellas,
Sobre tímidos pies,
Trayéndole sus chales tejidos,
Todavía flotantes.

Un soplo sobre su mano
Acalló la noche.
Giró -
Un címbalo sonó,
Y rugientes cuernos.


III
Enseguida, con un ruido de mazurcas,
Llegaron sus sirvientas turcas.

Se preguntaban por qué Susana lloraba
Mientras aquellos ancianos la rodeaban;

Y el estribillo de sus susurros sonaba
Como sauce al que la lluvia castigara.

Entonces, sus lámparas de elevada llama
Revelaron la vergüenza de Susana.

Y luego, entre tontas risitas, las turcas
Se fueron, con un ruido de mazurcas.


IV
La belleza es momentánea en la mente.
El calco discontinuo de un portal.
Pero, en persona, es inmortal.

El cuerpo muere; la belleza del cuerpo vive.
Así mueren las tardes, en su verde pasar,
Una ola que fluye interminable.
Así mueren los jardines, perfumando con su manso aliento
La capucha del invierno, hecha de arrepentimiento.
Así mueren las doncellas, a la celebración
Matinal de un coral de doncellas.

La música de Susana tocaba las procaces cuerdas
De esos blancos ancianos; pero, al escapar,
Dejaba el irónico rasguido de la muerte.
Ahora, en su inmortalidad, la música suena
En la clara viola de su memoria,
Y hace un constante sacramento de alabanza.


Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania, 1879 - Hartford, Connecticut, 1955), “Harmonium”, 1923, Collected Poetry & Prose, The Library of America, Nueva York, 1997

Versión: Salvetti & Aulicino
Ver versión anterior de la parte IV, por J. Aulicino


Enciclopedia:

Peter Quince: personaje secundario de Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare

Susana: en la Biblia católica, mujer difamada y calumniada como adúltera que fue librada de la muerte por el joven profeta Daniel. Tras repudiar a dos ancianos que la intentaron seducir, Susana fue acusada de infidelidad por aquéllos. Resultó condenada, pero Daniel la salvó del castigo al dejar en evidencia las discrepancias que existían en los testimonios de los denunciantes, los cuales, acto seguido, fueron ejecutados.

Peter Quince at the Clavier
I
JUST as my fingers on these keys/ Make music, so the self-same sounds/ On my spirit make a music, too.// Music is feeling, then, not sound; /And thus it is that what I feel,/ Here in this room, desiring you,// Thinking of your blue-shadowed silk,/ Is music. It is like the strain/ Waked in the elders by Susanna:// Of a green evening, clear and warm,/ She bathed in her still garden, while/ The red-eyed elders, watching, felt/ The basses of their beings throb/ In witching chords, and their thin blood/ Pulse pizzicati of Hosanna.
II
In the green water, clear and warm,/ Susanna lay./ She searched/ The torch of Springs,/ And found /Concealed imaginings./ She sighed,/ For so much melody.// Upon the bank, she stood/ In the cool/ Of spent emotions./ She felt, among the leaves,/ The dew/ Of old devotions.// She walked upon the grass,/ Still quavering./ The winds were like her maids,/ On timid feet,/ Fetching her woven scarves,/ Yet wavering.// A breath upon her hand/ Muted the night./ She turned-/ A cymbal crashed,/ And roaring horns.
III
Soon, with a noise like tambourines,/ Came her attendant Byzantines.// They wondered why Susanna cried/ Against the elders by her side;// And as they whispered, the refrain/ Was like a willow swept by rain.// Anon, their lamps' uplifted flame/ Revealed Susanna and her shame.// And then, the simpering Byzantines,/ Fled, with a noise like tambourines.
IV
Beauty is momentary in the mind -/The fitful tracing of a portal;/ But in the flesh it is immortal.// The body dies; the body's beauty lives,/ So evenings die, in their green going,/A wave, interminably flowing./ So gardens die, their meek breath scenting/ The cowl of Winter, done repenting./ So maidens die, to the auroral/ Celebration of a maiden's choral.// Susanna's music touched the bawdy strings/ Of those white elders; but, escaping,/ Left only Death's ironic scrapings./ Now, in its immortality, it plays/ On the clear viol of her memory,/ And makes a constant sacrament of praise.


Ilustración: El manantial, Gustav Courbet, 1868 Museo de Orsay, París

lunes, junio 22, 2009

Federica Rosenfeld / Tres poemas


La telaraña

La última telaraña es retirada con cuidado
a la hora ocho puntualísima de los criados.
La última telaraña del cuadro
obra maestra recién terminada.
A la hora ocho de los carniceros
y de los vitalísimos comienzos.


El vendedor de Florencia

Bajó la cabeza,
movió los dedos,
y halló en la caoba la voz
para responder
al que podría ser el rostro,
la encarnación rosada
de la verdad.
Y halló una boquilla,
raíz de ámbar,
oscura la veta de enebro
y la noche muda.


Locomotoras que pinta Lozano

Los hermosos jirones de variados colores
que tu mejor sociabilidad
arranca de sí
dan la aceleración del tiempo.

Tu astucia agrega ruedas cada vez más pequeñas.
Todas las risas buenas viajan.
Los llorones quedamos despidiendo amores,
muchos amores que concibes.

Carboneros ocultos en su profundo sueño
van diciendo el ritmo:
ignoramos sabemos, ignoramos sabemos.


Federica Rosenfeld (Buenos Aires, 1910-1998), Cerco, Editorial Botella al Mar, Buenos Aires, 1978
Raúl Gustavo Aguirre, Antología de la poesía argentina, Ediciones Librería Fausto, Buenos Aires, 1979

Ilustración: Ovalo, Antonio Seguí, 1987 Galería Rubbers, Buenos Aires

domingo, junio 21, 2009

Dante Alighieri / Comedia, Infierno, 34


Infierno, Canto trigesimocuarto

"Vexilla regis prodeunt Inferni *
hacia nosotros; por lo tanto, mira delante",
dijo mi maestro, "a ver si lo disciernes".

Como cuando una gran niebla se extiende,
o cuando en nuestro hemisferio anochece,
y lejos un molino parece mover sus aspas,

ver me pareció entonces una tal máquina;
enseguida, por el viento, me refugié detrás
de mi duca; no había por allí otra gruta.

Ya estaba, y con pavor lo pongo en verso,
allá donde todas las sombras eran cubiertas
y transparentaban, como briznas en vidrio.

Unas sombras yacen, otras están erguidas,
aquella de cabeza, y esta sobre las plantas,
otra, como un arco, el rostro sobre los pies.

Cuando hubimos avanzado tanto
que a mi maestro le plugo mostrarme
el ser que tuvo el bello rostro,

delante de mí se puso y me detuvo,
"Aquí Dite", diciendo, "y este el sitio **
donde conviene de fortaleza armarte."

Cómo entonces volvíme helado y mudo,
no preguntes, lector que no lo escribo
porque todo lo que dijese sería poco.

Yo no morí, y tampoco quedé vivo,
piensa ahora por ti mismo, si tienes flor de ingenio,
cómo devine de la una y de la otra privado.

El emperador del doloroso reino
medio pecho sacaba de la masa helada,
y más con un gigante me comparo

que los gigantes no con esos brazos:
juzga pues cuánto debe ser el todo
que a parte así hecha se convenga.

Si él fue tan bello como ahora feo,
y contra su Creador alzó las cejas,
bien debe de él venir toda desgracia.

¡Oh, cómo me pareció gran maravilla
cuando vi tres caras en su cabeza!
Una, delante, y ésta era bermeja;

las otras eran dos, unidas a aquella
por arriba de una y otra espalda,
y se reunían en el sitio de la cresta;

y parecía la derecha entre blanca y amarilla;
la izquierda era a la vista como la de aquellos
que vienen de donde el Nilo se abalanza.

Debajo de cada una salían dos grandes alas,
como correspondía a pájaro tan grande:
velas de mar no vi yo como estas tales.

No tenían plumas: como de murciélago
era su aspecto; y se agitaban tanto
que tres vientos de ellas se movían;

a causa de eso todo el Cocito se helaba.***
Con seis ojos lloraba, y por tres barbas
corría el llanto y sanguinolienta baba.

En cada boca trituraba con los dientes
a un pecador, como una máquina,****
y a tres a un tiempo hacía allí sufrientes.

Al de adelante, la mordida le era nada,
frente al arañazo, que muchas veces
la espalda le dejaba desollada.

"Aquella alma arriba que sufre mayor pena",
dijo el maestro, "es Judas Iscariote,
que dentro tiene la cabeza y mueve piernas fuera.

"De los otros dos que están cabeza abajo,
el que pende de los negros belfos es Bruto;
¡mira como se retuerce, pero ni palabra!

Y el otro es Casio, que parece tan membrudo.
Pero la noche resurge; y ya es hora
de partir, que lo hemos visto todo."

Tal como quiso, a su cuello me abracé,
y él eligió el tiempo y el lugar precisos,
y cuando las alas estuvieron bien abiertas,

se aferró a las velludas costillas:
y de vello en vello descendió después,
entre pelaje hirsuto y heladas costras.

Cuando llegamos allí en donde el muslo
justo se vuelve el grueso de las ancas,
el duca, con fatiga y con angustia,

volvió la cabeza hacia las zancas,
y se agarró al pelo como quien sube,
tal que al Infierno creí tornar también.

"Sujétate bien, que por esta escala",
dijo el maestro jadeando muy cansado,
"es preciso partir de tantos males."

Luego salió por el hueco de una roca,
y me dejó sentado sobre el borde;
y puso junto a mí su pie seguro. *****

Yo levanté los ojos y creí que vería
a Lucifer como lo habíamos dejado,
y lo vi con las patas para arriba.

Si yo quedé entonces confundido,
es la gente tosca quien no entiende
cuál era el punto que había atravesado.

"Levántate", dijo el maestro, "de pie,
el viaje es largo y el camino malo,
y el sol en medio de la tercia cae." ******

No era el pasillo de un palacio
allí donde estábamos, sino un buraco
de suelo magro y de luz escaso.

"Antes que del abismo me separe,
maestro mío", dije al levantarme,
"para salir de error, un poco háblame.

"¿Dónde está el hielo? ¿Y cómo se ha vuelto éste
de arriba a abajo? ¿Y cómo en tan pocas horas,
de la noche a la mañana, el sol ha caminado?"

Y él a mí: "Imaginas que te encuentras todavía
allá en el centro, donde me agarré
al pelo del gusano vil que orada el mundo.

"De allá te fuiste cuando descendí;
cuando me volví, cruzaste el punto
al que se atraen los pesos de ambas partes.

"Y ahora estás bajo el hemisferio
opuesto a aquel que el gran desierto
cubre, y bajo cuyo ápice fue muerto

"el hombre que nació y vivió sin mácula;
tienes los pies sobre la pequeña esfera
que la otra cara hace de Judea.

"Aquí es de mañana cuando allá es de noche,
y éste, que nos hizo escalera con el pelo,
sigue parado allí, como estaba antes.

"Por esta parte cayó del cielo abajo;
y la tierra que aquí entonces se mostraba,
por miedo a él, del mar hizo su velo,

"y llegó al hemisferio nuestro; y tal vez,
por huir de él, dejó aquí este lugar vacío
la que por aquí aparece, y arriba se repliega." *******

Lugar hay abajo de Lucifer, remoto,
tanto cuanto su tumba se dilata,
que no se nota por la vista, sino por el sonido

de un arroyito que hasta alli desciende
por la grieta de una piedra que ha cavado
con su curso que se enrosca, y poco pende.

Mi duca y yo, por ese camino oculto
entramos para volver al mundo claro;
y sin cuidado de hallar algún reposo,

subimos él primero y yo segundo,
hasta que divisé las cosas bellas
del cielo, por un redondo hueco;

y salimos a ver de nuevo las estrellas.


Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia
Versión de J. Aulicino

* "Los estandartes del rey del Infierno avanzan": paráfrasis de un himno religioso, interpretada como una ironía sobre su sentido, o como sarcasmo de Virgilio acerca de la penuria del diablo

** Dite: Lucifer, quien fuera el más hermoso de los ángeles. Dis Pater es sobrenombre de Plutón en la mitología romana

*** Cocito: Uno de los ríos del Hades

**** El término que usa Dante es machiula, agramadera: máquina para machacar el cáñamo

***** Este pasaje es de discutido sentido, incluso entre los exégetas italianos. Desde que appresso puede ser, como preposición, junto, al lado, y como adverbio después, se puede entender así: "después me puso (me instruyó) en el sagaz paso" -la palabra traducida aquí como firme (accorto), tiene también las acepciones de cauto, prudente y sagaz-. De modo que Virgilio estaría aleccionando a Dante sobre la maniobra que habían hecho, cosa que no sucede hasta varios versos más abajo

****** Los romanos contaban las horas a partir del amanecer y hasta la noche, es decir que dividían el día diurno en doce. La regla conventual para las oraciones en parte mantiene las denominación romana; la prima viene después de laudes, que se celebra antes del amanecer. Mitad de la tercia es mitad de la mañana. Virgilio había dicho que llegaba la noche cuando estaban en el otro hemisferio

******* Se interpreta como alusión a que la tierra que desplazó Lucifer en su caída se alza como colina del Purgatorio en el mismo hemisferio, el austral, que por entonces se consideraba todo cubierto de mar. Quiso Dios que la colina del Purgatorio se elevase en las exactas antípodas de la colina en la que murió Jesús.

Ver el texto original en
Dante Alighieri en la Web
Filosófico Net
Intratext

Ilustración: Lucifer, por Gustav Doré

sábado, junio 20, 2009

Matías Heer / Apollinario


Apollinario
Apollinario


Miro a mis pies en el pasto donde
un movimiento miscroscópico me relaja:
el detritus de presentes y sinapsis
da cuenta de que el cadáver se propagó.
Ahora, cada una de las partículas
se mueve para reunirse o continuar disociándose.
Por lo tanto, la literatura ya fue. Fue el misterio, fue el patero
y fue el chating love. Pero la palabra que sigue en uso
destellando lo que no existe y, como 'perfección',
antologa lo que no se puede ver, y quizás
en esa antítesis se dé una existencia prematura
como un organismo táctil ideal prodría muscular
la trama que se extiende por detrás de lo que el juego
de pulseada china con el clítoris deja ver.

El juego está en nombrar las posibilidades
para realizarlas, batacazo monolipiteto excluviente sortmás.

El batacazo de la noche me halla monolipiteto
excluviente a la música y el mate, después de una siesta
sortmás.

Barracuda! Barracuda!

Refulge el porno horse por la cam.

Y la muerte, de ser una palabra mal significada
se volverá un adverbio de la difusión y propagación
de partículas más específicas e inagotables en sus perspectivas
que en su flujo componen el movimiento silábico
infinito en degradaciones prismáticas, onda
unas cristalizaciones que chispean
en las comisuras de las plantas arrastradas
por una oruga... y aun así... en la obsesión
por la vida del otro nos volvemos
un animal de baba que descompone
su intimidad.

Pasan
aviones vacíos y el viento que agita a más
trompeando el pasto que traga la luz de las colinas
mientras la reposera imantada al suelo
imita una calma veraniega en sus líneas amarillas

y al sentarme

no me interpreta.


Matías Heer (Buenos Aires, 1984), De irrisoria complexión, Colección Chapita, Buenos Aires, 2008

Foto: Heer (derecha) con Daniel Durand Clara Muschietti / Una tarea imposible

viernes, junio 19, 2009

Antonella Anedda / Poema


Música

No son nobles las cosas que nombro con poesía:
están debajo del paladar, atentas, conscientes sólo del calor,
ignorando la lengua.
Se escuchan, oyen el movimiento, la onda de un eco,
que lleva rojas letras, destinos y un remolino de voces
perdidas -como siempre- en lo que es sombrío y profundo.
Digo luego otra vez: árboles, o mejor, plátanos,
atraídos por el agua y aferrados a la superficie de las piedras.
Esto sí que es difícil: cantar lentamente su milagro,
ese peso de luz, esa sombra
que se cruza con el viento y se expande en el olor del prado.
Todo es un cuerpo donde el alma llega con restraso
pero resplandece el otoño en los rincones y la palabra se forma
con su ritmo justo: en grumos, en vacío,
a saltos, dentro de los siglos.
Y no es la música lo que nombras sino un ruido de vajilla, de granizo
/que castiga las paredes.

Antonella Anedda (Roma, 1958), de Il catalogo della gioia.
Diego Bentivegna, Viaggio in Italia. Ocho poetas italianos contemporáneos, ediciones Sigamos Enamoradas, Buenos Aires, 2009

Musica
No son nobili le cose che nomino in poesia: / stanno sotto il palato, attente, coscienti solo del caldo / ignare della lingua. / Se ascoltano, sentono il moto, l'onda di un 'eco / che porta rosse lettere, destini, e un turbine di voce / smarrite -como sempre- in ciò che è cupo e cavo. / Dunque di nuovo dico: alberi -anzi- platani /attirati dall'acqua e sostenutti ai bordi dalle pietre. / Questo sì è difficile: cantarne piano il miracolo / quel peso nella luce, quell' ombra /che s' incrocia col tempo e divampa sull' odore del prato. / Tutto è corpo che l' anima raggiunge con ritardo / ma sfolgora l'autunno in cantuccio e la paralola si forma / con il ritmo che deve: a grummi, a vuoti /a scatti dentro i secoli. / E non è la muscia che dici, ma un rombo di stoviglie, di grandine che batte contro i muri.

Foto: Antonella Anedda er cicle ezine

jueves, junio 18, 2009

Francisco Madariaga / Tres poemas



Empalme de caminos

Suave como las moscas o las ratas de la colina,
así cantaba el leproso Hilarión contra su sangre.
Una avispa alazana le bordeaba el vino
y el hurón de un gitano le rondaba la carne.

¡Ah tiempos, en Julio!
Un mendigo en la helada forastera.


Su ataúd es la alborada

El tiempo arrasará todas las rosas:
las florecidas,
las heridas,
las que tienen los labios del verano
como cortaderas carmesíes,
pero volverá el amor de las recolectoras de las rosas,
y la caridad encendida del color del horizonte,
donde se prenden las lámparas de las palmeras al paso del ferrocarril,
oloroso de ciudades y de esteros.
Pasa el entierro del cuerpo de un sueño,
pero su ataúd es la alborada.


Lluvia en Las Pirquitas

a Leonardo Martínez

Va a seguir siendo mía la lluvia cuando yo muera,
todo va a seguir siendo mío,
el trueno conservará intacto su sonido casi negro
y el árbol a orillas del corral gozará con ese trueno,
mientras el olor a presencia de la tierra en la lluvia
será el mismo olor de mi ausencia.
Así le sucede y le sucederá a todo lo que es pertenencia del planeta.
Entonces, a no gemir, mi lejano palmar cuando yo muera,
porque somos un pormenor de presencia de lo inmortal.

Francisco Madariaga (Buenos Aires, 1927-2000), Un palmar sin orillas. Antología poética, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009

Foto: Madariaga Rincón del Infinito

miércoles, junio 17, 2009

Dante Alighieri / Comedia, Infierno, 21


Infierno, Canto vigésimo primero


Así, de puente en puente, hablando
de cosas que a mi Comedia no la ocupan,
fuimos, y alcanzamos la cima cuando

paramos para ver la otra fisura
de Malebolge y los otros llantos vanos;
y la vi, maravillosamente oscura.

Como en el arsenal de los venecianos
bulle en invierno la pez tenaz
para reparar los barcos averiados

que no pueden navegar; y a la vez
uno hace su barco nuevo, otro calafatea
los costados del que hizo más viajes;

quién recorre la proa, quién la popa;
otros hacen remos, otros retuercen sogas;
quién trinquete y artimón retoca,

tal, no por fuego, sino por divinas artes,
bullía allá abajo una pez espesa
que enviscaba la orilla en todas partes.

Yo miraba, pero no veía en ella
más que borbotones que el hervor alzaba,
e hincharse toda, y caer prieta.

Mientras allá fijamente miraba,
mi duca, diciendo: "¡Cuidado!",
me atrajo hacia sí de donde estaba.

Me volví, como el que se demora
en ver aquello de lo que conviene irse,
y a quien súbita pavura debilita

y luego, por mirar, ya no se retrasa:
y vi, tras de nosotros, un diablo negro
venir corriendo por encima de la roca.

¡Ah, qué feroz era su aspecto
y cuán en el acto me pareció acerbo,
con alas abiertas, sobre sus pies ligeros!

Su hombro, que era agudo y soberbio,
cargaba un pecador con ambas ancas,
de quien tenía, de los pies, asido el nervio.

Desde el puente dijo: "¡Oh Malebranche,*
aquí va uno de los viejos de Santa Zita!
Llévalo abajo, que vuelvo a buscar otro

"a esa tierra, que me sé tan bien provista:
todos son estafadores, salvo Bonturo;
del 'no', por el dinero, allí hacen 'ita'".**

Abajo lo tiró, y por el peñasco duro
se volvió; y jamás fue un mastín suelto
a seguir un ladrón con tanto apuro.

Aquél se hundió, y emergió convulso,
pero los demonios resguardados en el puente,
gritaron: "¡Este no es el lugar del Santo Rostro!

"¡Aquí se nada distinto que en el Serchio!
Si no quieres saber de nuestros garfios,
no te asomes de la resina demasiado."

Después de pinchar con más de cien arpones,
dicen: "Cubierto conviene que aquí bailes,
de modo que, si puedes, ocultamente robes."

No distintamente los cocineros a sus ayudantes
hacen sumergir en medio de la caldera
la carne con los ganchos para que no flote.

Y el buen maestro: "A fin de que no sepan
que tú estás aquí", me dijo", "te ocultas
tras una roca que algún abrigo ofrezca;

"y por ninguna ofensa que me sea hecha
debes temer, que tengo cosas vistas
y otra vez estuve en refriega parecida."

Enseguida pasó del puente a la otra orilla,
y cuando llegó a la sexta bolsa,
menester le fue mostrar frente segura.

Con la ferocidad y con la borrasca
con que salen los perros sobre el pobrecito
que de pronto mendiga donde para,

salieron del puente los demonios
y contra él volvieron los arpones;
pero les gritó: "¡No se atreva ninguno!

"Antes que cualquier gancho me toque,
venga adelante uno que me oiga
y después decidan si deben escardarme."

Todos gritaron: "¡Que vaya Malacoda!" ***
Uno se movió entre los otros, quietos,
y fue hacia él diciendo: "¿Qué te trae?"

"¿Crees, Malacoda, que podrías
verme aquí", dijo mi maestro,
"a salvo de todas estas armas

"sin voluntad divina y hado diestro?
Déjame ir, que en el cielo es querido
que yo enseñe a otro este camino."

Entonces quedó su orgullo tan caído
que dejó rodar el gancho a tierra,
y les dijo a los demás: "No sea herido".

Y el duca mío a mí: "¡Oh tú, que estás
tras las rocas del puente, acurrucado,
seguramente a mí puedes acercarte!"

No bien yo me moví hacía él, rápido,
los diablos se echaron todos adelante,
y temí que rompieran lo pactado.

Así vi yo temer a los infantes
que salían tras el pacto de Caprona,
viéndose rodeados de rivales.

Yo me pegué con toda mi persona
a mi duca, y no sacaba la mirada
de la cara de ellos, nada buena.

Movían los ganchos y: "¿Quieres que lo pinche
en las ancas?", se decían el uno al otro,
Y respondían: "Sí, que se le frunza."

Pero el demonio que parlamentaba
con mi duca, se volvió súbitamente
y dijo: "¡Quieto, quieto, Scarmiglione!"

Luego nos dijo: "Ir muy lejos
por aquí no se puede, porque yace
todo roto, en el fondo, el arco sexto.

"Y si seguir adelante aún les place,
más bien vayan por aquí, por esta gruta;
cerca hay otro escollo, que consiente.

"Ayer, cinco horas pasada esta hora,
mil doscientos sesenta y seis años
se cumplieron de que se hundió la vía. ****

"Yo mando allá a varios de los míos
a vigilar si alguno no se airea:
vayan con ellos, no les harán nada.

"Adelante, Allichino y Calcabrina", *****
comenzó a decir, "y tú, Cagnazzo,
y Barbariccia que guíe la decena.

"Libicocco va también, y Draghignazzo,
Ciriatto, el dientudo, y Graffiacane,
y Farfarello y Rubicante, el loco.

"Vigilen en torno del hirviente pan;
éstos lleguen salvos al siguiente escollo
que va sobre las otras madrigueras."

"¡Ay, maestro, ¿qué estoy viendo?",
dije yo. "Sin escolta andemos solos
si tú sabes ir; yo no la demando.

"Si eres tan prudente como sueles,
¿no ves que rechinan con los dientes
y que el entrecejo amenaza males?"

Y él a mí: "No quiero que te espantes,
déjalos que rechinen cuanto quieran:
lo hacen por los que están en el aceite."

Por el lado izquierdo dieron vuelta;
pero antes cada uno apretó la lengua
con los dientes, como seña hacia su duca;
y éste hizo del culo una trompeta.


Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia
Versión de J. Aulicino


* Se traduce como "malas garras"

** En los antiguos documentos públicos, anotación afirmativa. Todo este pasaje alude a los escribanos de Luca, cuya patrona es Santa Zita y donde se venera el Santo Rostro.

*** Significa "mala cola".

**** Alude a la muerte de Cristo: "y la tierra tembló y las rocas se partieron" (Mateo, 27:52). Ubica, para los comentaristas, la fecha en que transcurre la acción de este Canto y permite inferir el día en que, en la ficción, Dante entró al infierno.

***** Los nombres de los demonios significan: Allichino: que hace inclinar a otros; Calcabrina: que pisa el rocío; Cagnazzo: perro malo; Barbariccia: barba crespa; Libiocco: lividinoso; Draghignazzo: dragón ponzoñoso; Ciriatto: jabalí; Grafficcane: perro que araña; Rubicante: inflamado (siguiendo las notas de Cristóforo Laudino, siglo XV). Farfarello significa espíritu maligno.


Inferno, Canto Ventunesimo
Così di ponte in ponte, altro parlando / che la mia comedìa cantar non cura,/ venimmo; e tenavamo il colmo, quando // restammo per veder l'altra fessura/ di Malebolge e li altri pianti vani;/ e vidila mirabilmente oscura.// Quale ne l'arzanà de' Viniziani / bolle l'inverno la tenace pece / a rimpalmare i legni lor non sani,// ché navicar non ponno - in quella vece /chi fa suo legno novo e chi ristoppa/ le coste a quel che più viaggi fece;// chi ribatte da proda e chi da poppa;/ altri fa remi e altri volge sarte;/ chi terzeruolo e artimon rintoppa -;// tal, non per foco, ma per divin'arte,/ bollia là giuso una pegola spessa,/ che 'nviscava la ripa d'ogne parte.// I' vedea lei, ma non vedea in essa / mai che le bolle che 'l bollor levava,/ e gonfiar tutta, e riseder compressa.// Mentr'io là giù fisamente mirava,/ lo duca mio, dicendo «Guarda, guarda!»,/ mi trasse a sé del loco dov'io stava.// Allor mi volsi come l'uom cui tarda/ di veder quel che li convien fuggire /e cui paura sùbita sgagliarda,// che, per veder, non indugia 'l partire:/ e vidi dietro a noi un diavol nero /correndo su per lo scoglio venire.// Ahi quant'elli era ne l'aspetto fero!/ e quanto mi parea ne l'atto acerbo,/ con l'ali aperte e sovra i piè leggero! // L'omero suo, ch'era aguto e superbo,/ arcava un peccator con ambo l'anche,/ e quei tenea de' piè ghermito 'l nerbo.// Del nostro ponte disse: «O Malebranche,/ ecco un de li anzian di Santa Zita!/Mettetel sotto, ch'i' torno per anche// a quella terra che n'è ben fornita:/ ogn'uom v'è barattier, fuor che Bonturo;/ del no, per li denar vi si fa ita»./ Là giù 'l buttò, e per lo scoglio duro/ si volse; e mai non fu mastino sciolto/ con tanta fretta a seguitar lo furo.// Quel s'attuffò, e tornò sù convolto;/ ma i demon che del ponte avean coperchio,/ gridar: «Qui non ha loco il Santo Volto:// qui si nuota altrimenti che nel Serchio!/ Però, se tu non vuo' di nostri graffi,/ non far sopra la pegola soverchio».// Poi l'addentar con più di cento raffi,/ disser: «Coverto convien che qui balli,/ sì che, se puoi, nascosamente accaffi».// Non altrimenti i cuoci a' lor vassalli/ fanno attuffare in mezzo la caldaia/ la carne con li uncin, perché non galli.// Lo buon maestro «Acciò che non si paia/ che tu ci sia», mi disse, «giù t'acquatta/dopo uno scheggio, ch'alcun schermo t'aia;// e per nulla offension che mi sia fatta,/ non temer tu, ch'i' ho le cose conte,/ perch'altra volta fui a tal baratta».// Poscia passò di là dal co del ponte;/ e com'el giunse in su la ripa sesta,/ mestier li fu d'aver sicura fronte.// Con quel furore e con quella tempesta/ ch'escono i cani a dosso al poverello/ che di sùbito chiede ove s'arresta,// usciron quei di sotto al ponticello,/ e volser contra lui tutt'i runcigli;/ ma el gridò: «Nessun di voi sia fello!// Innanzi che l'uncin vostro mi pigli,/ traggasi avante l'un di voi che m'oda,/ e poi d'arruncigliarmi si consigli». // Tutti gridaron: «Vada Malacoda!»;/ per ch'un si mosse - e li altri stetter fermi -,/e venne a lui dicendo: «Che li approda?».// «Credi tu, Malacoda, qui vedermi/ esser venuto», disse 'l mio maestro,/ «sicuro già da tutti vostri schermi,/ sanza voler divino e fato destro? // Lascian'andar, ché nel cielo è voluto /ch'i' mostri altrui questo cammin silvestro».// Allor li fu l'orgoglio sì caduto,/ ch'e' si lasciò cascar l'uncino a' piedi,/ e disse a li altri: «Omai non sia feruto».// E 'l duca mio a me: «O tu che siedi/ tra li scheggion del ponte quatto quatto,// sicuramente omai a me ti riedi».// Per ch'io mi mossi, e a lui venni ratto;/ e i diavoli si fecer tutti avanti,// sì ch'io temetti ch'ei tenesser patto;/ così vid'io già temer li fanti/ ch'uscivan patteggiati di Caprona,/veggendo sé tra nemici cotanti.// I' m'accostai con tutta la persona/ lungo 'l mio duca, e non torceva li occhi/ da la sembianza lor ch'era non buona.// Ei chinavan li raffi e «Vuo' che 'l tocchi»,/ diceva l'un con l'altro, «in sul groppone?»./ E rispondien: «Sì, fa che gliel'accocchi!».// Ma quel demonio che tenea sermone/ col duca mio, si volse tutto presto,/ e disse: «Posa, posa, Scarmiglione!».// Poi disse a noi: «Più oltre andar per questo/ iscoglio non si può, però che giace/ tutto spezzato al fondo l'arco sesto.// E se l'andare avante pur vi piace,/ andatevene su per questa grotta;/ presso è un altro scoglio che via face.// Ier, più oltre cinqu'ore che quest'otta,/ mille dugento con sessanta sei/ anni compié che qui la via fu rotta.// Io mando verso là di questi miei/ a riguardar s'alcun se ne sciorina;/ gite con lor, che non saranno rei».// «Tra'ti avante, Alichino, e Calcabrina»,/ cominciò elli a dire, «e tu, Cagnazzo;/ e Barbariccia guidi la decina.// Libicocco vegn'oltre e Draghignazzo,/ Ciriatto sannuto e Graffiacane/ e Farfarello e Rubicante pazzo.// Cercate 'ntorno le boglienti pane;/ costor sian salvi infino a l'altro scheggio/ che tutto intero va sovra le tane».// «Omè, maestro, che è quel ch'i' veggio?»,/ diss'io, «deh, sanza scorta andianci soli,/ se tu sa' ir; ch'i' per me non la cheggio.// Se tu se' sì accorto come suoli,/ non vedi tu ch'e' digrignan li denti,/ e con le ciglia ne minaccian duoli?».// Ed elli a me: «Non vo' che tu paventi;/ lasciali digrignar pur a lor senno,/ ch'e' fanno ciò per li lessi dolenti».// Per l'argine sinistro volta dienno;/ ma prima avea ciascun la lingua stretta/ coi denti, verso lor duca, per cenno;/ ed elli avea del cul fatto trombetta.


Ilustración: Allichino y Calcabrina. Gustav Doré

martes, junio 16, 2009

Dante Alighieri / Comedia, Infierno, 5


Infierno, Canto quinto

Así descendí del primer círculo
al segundo, que menos lugar comprende
y tanto más dolor, que punza al grito.

Allí, el horrible Minos, que rechina,
examina los pecados en la entrada,
juzga y ordena según como se lía.

Digo que cuando un alma mal nacida
se presenta, toda se confiesa;
y aquel conocedor de los pecados

ve qué lugar del Infierno es para ella;
se ciñe con la cola tantas vueltas
como grados quiere que allá sea mandada.

Siempre, delante de él, se encuentran muchas:
van esperando cada una el veredicto,
dicen y oyen, y después ruedan abajo.

"Oh tú que vienes al doloroso hospicio",
me dijo Minos, cuando me vio,
abandonando el alto acto de su oficio,

"¡mira cómo entras y en quién confías:
no te engañe el ancho de la puerta!"
Y mi duca a él: "¿Por qué siempre gritas?

"No impidas su fatal camino:
así se dispuso allá donde se puede
lo que se quiere. Y no preguntes más."

Ahora comienzan las dolientes notas
a hacérseme sentir; ahora he llegado
allá donde mucho llanto me golpea.

Llegué al sitio de toda luz privado,
que mugía como hace el mar en la tormenta
si los vientos contrarios lo combaten.

La tempestad infernal, que nunca cesa,
en su rapiña lleva y trae los espíritus;
volviendo y percutiendo los fastidia.

Cuando llegan delante de la ruina,
allí los gritos, la queja, el lamento;
allí blasfeman la virtud divina.

Entendí que a este tipo de tormento
eran condenados los pecadores de la carne
que la razón sometieron al talante.

Y como los estorninos van con sus alas,
en el frío, en bandadas largas y apretadas,
así aquel resuello a los espíritus malos

arriba, abajo, aquí y allá los lleva;
ninguna esperanza los consuela,
no de reposo, sino de menor pena.

Y como las grullas van cantando sus endechas
haciendo en el aire de sí una larga hilera,
así vi llegar, trayendo sus lamentos

sombras llevadas por aquella brega;
por lo que dije: "Maestro, ¿quiénes son ellas
a las que el aire negro así golpea?".

"La primera de quienes noticias
quieres saber", me dijo él entonces,
"fue emperatriz de muchas lenguas.

"Al vicio de la lujuria tanto se arrojó
que la lascivia permitió en sus leyes
para restar el desdoro a su conducta.

"Ella es Semiramis, de quien se lee
que sucedió a Nino y fue su esposa;
tuvo la tierra donde el Sultán gobierna.

"La otra es la que se mató enamorada
y quebró la fidelidad a las cenizas de Siqueo; *
después viene Cleopatra lujuriosa.

"A Elena mira, por la que tantos reos
el tiempo se cobró, y mira al gran Aquiles,
que combatió finalmente por amor.

"Mira a Paris, a Tristán"; y más de mil
sombras me mostró, y nombró, a dedo,
a los que amor arrojó de nuestra vida.

Después que hube a mi doctor oído **
nombrar las damas antiguas y los caballeros,
piedad me alcanzó, y fui casi extraviado .

Yo comencé: "Poeta, de buen grado
hablaría a esos dos que van juntos
y parecen en el viento tan ligeros."

Y él a mí: "Mejor verás cuando lleguen
más cerca de nosotros; entonces ruégales
por el amor que los lleva, y vendrán."

Tan pronto como el viento nos los trajo,
levanté la voz: "¡Oh almas afanosas,
vengan a hablarnos, si otros no lo niegan!".

Como palomas por el deseo llamadas
que con alas firmes al dulce nido
vuelan por el aire del querer llevadas,

así salieron del grupo en que estaba Dido,
hacia nosotros por el aire malo,
tan claro fue el afectuoso grito.

"Oh animal hecho de gracia y benigno
que vienes a vistar el aire condenado,
nosotros que teñinos sanguinoliento el mundo,

"si fuese nuestro amigo el rey del universo
le rogaríamos que la paz te concediera,
ya que te apiadas de nuestro mal perverso.

"De lo que oír y hablar te place,
nosotros hablaremos y oíremos,
mientras el viento, como ahora, calle.

"Está la tierra donde yo he nacido,
sobre la marina en que el Po desciende
para hacer paz con sus secuaces.

"Amor que al corazón gentil se prende,
prendó a éste del hermoso cuerpo
que me quitaron de modo aún me ofende.

"Amor, que a ningún amado amar perdona,
encendió por éste en mí placer tan fuerte
que, como ves, aún no me abandona.

"Amor nos llevó a una sola muerte:
la Caína espera al que nos cobró la vida." ***
Estas palabras ellos nos dijeron.

Cuando comprendí aquellas almas ofendidas,
incliné el rostro, y tanto así lo tuve,
que me dijo el poeta: "¿En qué piensas?"

Cuando respondí, comencé: "¡Oh miseria!
¡Que tan dulces pensamientos, tanto deseo,
llevaran a estos dos a la tragedia!"

Después me volví a ellos, y hablé,
y comencé: "Francisca, tus martirios
lagrimear me hacen, triste y pío.

"Pero dime: en la edad de los dulces suspiros,
¿por qué y cómo les concedió el amor
que conocieran los dudosos deseos?"

Y ella a mí: "No hay mayor dolor
que acordarse del tiempo venturoso
en la miseria; y eso lo sabe tu doctor. ****

"Pero si conocer la primera raíz
de nuestro amor quieres con afecto,
haré como aquel que llora y dice.

"Leíamos un día por deleite
de Lanzarote cómo amor lo hería:
solos estábamos, y sin ningún recelo.

"Muchas veces, nuestros ojos suspendieron
la lectura, y palideció el semblante,
pero al fin sólo nos venció un pasaje.

"Cuando leímos que la deseada risa
fuera besada por el gran amante,
éste, que jamás de mí será apartado,

"la boca me besó, todo tremante.
Galeoto fueron el autor y lo narrado; *****
ese día, la lectura no siguió adelante".

Mientras un espíritu esto decía,
el otro lloraba tanto, que de piedad
fui transportado como si muriese;
y caí, como cuerpo muerto cae.

Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia
Versión de J. Aulicino

* Dido, que se mató por amor a Eneas

** Alude a Virgilio, su compañero

*** La Caína es la primera zona del Noveno Círculo, en la que sufren los traidores a su sangre. El matador de Paolo y Francesca ha sido el marido de ella, hermano de Paolo - Cf. Canto Trigésimo Segundo

**** Se supone alusión a La Eneida, de Virgilio, Canto II, en que Eneas cuenta a Dido la destrucción de Troya

**** Galeoto ayudó a Lanzarote a conquistar los amores de Ginebra en la saga artúrica.

Inferno, Canto quinto
Così discesi del cerchio primaio / giù nel secondo, che men loco cinghia, / e tanto più dolor, che punge a guaio.// Stavvi Minòs orribilmente, e ringhia:/ essamina le colpe ne l'intrata;/ giudica e manda secondo ch'avvinghia.// Dico che quando l'anima mal nata/ li vien dinanzi, tutta si confessa;/ quel conoscitor de le peccata / vede qual loco d'inferno è da essa;/ cignesi con la coda tante volte/ quantunque gradi vuol che giù sia messa.// Sempre dinanzi a lui ne stanno molte;/ Vanno a vicenda ciascuna al giudizio;/ dicono e odono, e poi son giù volte.// «O tu che vieni al doloroso ospizio»,/ disse Minòs a me quando mi vide,/ lasciando l'atto di cotanto offizio,// «guarda com'entri e di cui tu ti fide;/ non t'inganni l'ampiezza de l'intrare!»./ E 'l duca mio a lui: «Perché pur gride? // Non impedir lo suo fatale andare:/ vuolsi così colà dove si puote/ ciò che si vuole, e più non dimandare».// Or incomincian le dolenti note/ a farmisi sentire; or son venuto/ là dove molto pianto mi percuote.// Io venni in loco d'ogne luce muto,/ che mugghia come fa mar per tempesta,/ se da contrari venti è combattuto.// La bufera infernal, che mai non resta,/ mena li spirti con la sua rapina;/ voltando e percotendo li molesta.// Quando giungon davanti a la ruina,/ quivi le strida, il compianto, il lamento;/ bestemmian quivi la virtù divina.// Intesi ch'a così fatto tormento/ enno dannati i peccator carnali,/ che la ragion sommettono al talento.// E come li stornei ne portan l'ali/ nel freddo tempo, a schiera larga e piena,/ così quel fiato li spiriti mali// di qua, di là, di giù, di sù li mena;/ nulla speranza li conforta mai,/ non che di posa, ma di minor pena.// E come i gru van cantando lor lai,/ faccendo in aere di sé lunga riga,/ così vid'io venir, traendo guai,// ombre portate da la detta briga;/ per ch'i' dissi: «Maestro, chi son quelle/ genti che l'aura nera sì gastiga?».// «La prima di color di cui novelle/ tu vuo' saper», mi disse quelli allotta,/ «fu imperadrice di molte favelle.// A vizio di lussuria fu sì rotta,/ che libito fé licito in sua legge,/ per tòrre il biasmo in che era condotta.// Ell'è Semiramìs, di cui si legge/ che succedette a Nino e fu sua sposa:/ tenne la terra che 'l Soldan corregge.// L'altra è colei che s'ancise amorosa,/ e ruppe fede al cener di Sicheo;/ poi è Cleopatràs lussuriosa.// Elena vedi, per cui tanto reo/ tempo si volse, e vedi 'l grande Achille,/ che con amore al fine combatteo.// Vedi Parìs, Tristano»; e più di mille/ ombre mostrommi e nominommi a dito,// ch'amor di nostra vita dipartille.// Poscia ch'io ebbi il mio dottore udito/ nomar le donne antiche e ' cavalieri,/ pietà mi giunse, e fui quasi smarrito.// I' cominciai: «Poeta, volontieri/ parlerei a quei due che 'nsieme vanno,/ e paion sì al vento esser leggieri».// Ed elli a me: «Vedrai quando saranno/ più presso a noi; e tu allor li priega/ per quello amor che i mena, ed ei verranno».// Sì tosto come il vento a noi li piega,/ mossi la voce: «O anime affannate,/ venite a noi parlar, s'altri nol niega!».// Quali colombe dal disio chiamate/ con l'ali alzate e ferme al dolce nido/ vegnon per l'aere, dal voler portate;// cotali uscir de la schiera ov'è Dido,/ a noi venendo per l'aere maligno,/ sì forte fu l'affettuoso grido.// «O animal grazioso e benigno/ che visitando vai per l'aere perso/ noi che tignemmo il mondo di sanguigno,// se fosse amico il re de l'universo,/ noi pregheremmo lui de la tua pace,/ poi c'hai pietà del nostro mal perverso.// Di quel che udire e che parlar vi piace,/ noi udiremo e parleremo a voi,/ mentre che 'l vento, come fa, ci tace./ Siede la terra dove nata fui/ su la marina dove 'l Po discende/ per aver pace co' seguaci sui.// Amor, ch'al cor gentil ratto s'apprende/ prese costui de la bella persona/ he mi fu tolta; e 'l modo ancor m'offende.// Amor, ch'a nullo amato amar perdona,/ mi prese del costui piacer sì forte,/ che, come vedi, ancor non m'abbandona.// Amor condusse noi ad una morte:/ Caina attende chi a vita ci spense»./ Queste parole da lor ci fuor porte.// Quand'io intesi quell'anime offense,/ china' il viso e tanto il tenni basso,/ fin che 'l poeta mi disse: «Che pense?».// Quando rispuosi, cominciai: «Oh lasso,/ quanti dolci pensier, quanto disio/ menò costoro al doloroso passo!».// Poi mi rivolsi a loro e parla' io,/ e cominciai: «Francesca, i tuoi martìri/ a lagrimar mi fanno tristo e pio./ Ma dimmi: al tempo de' dolci sospiri,/ a che e come concedette amore/ che conosceste i dubbiosi disiri?».// E quella a me: «Nessun maggior dolore/ che ricordarsi del tempo felice/ ne la miseria; e ciò sa 'l tuo dottore.// Ma s'a conoscer la prima radice/ del nostro amor tu hai cotanto affetto,/ dirò come colui che piange e dice.// Noi leggiavamo un giorno per diletto/ di Lancialotto come amor lo strinse;/ soli eravamo e sanza alcun sospetto.// Per più fiate li occhi ci sospinse/ quella lettura, e scolorocci il viso;/ ma solo un punto fu quel che ci vinse.// Quando leggemmo il disiato riso/ esser basciato da cotanto amante,/ questi, che mai da me non fia diviso,// la bocca mi basciò tutto tremante./ Galeotto fu 'l libro e chi lo scrisse:/ quel giorno più non vi leggemmo avante».// Mentre che l'uno spirto questo disse,/ l'altro piangea; sì che di pietade/ io venni men così com'io morisse./ E caddi come corpo morto cade.

Ilustración: "Stavvi Minòs orribilmente, e ringhia:/ essamina le colpe ne 'intrata;/ giudica e manda secondo ch'avvinghia". Gustav Doré, 1861

lunes, junio 15, 2009

Dante Alighieri / Comedia, Infierno, 3


Infierno, Canto tercero

"Por mí se va a la ciudad sufriente,
por mí se va al eterno dolor,
por mí se va a la perdida gente.

"Justicia movió a mi alto creador,
me hizo la divina potestad,
la sabiduría suma y el primer amor.

"No hubo antes de mí cosa creada,
sino las eternas, y yo eterno vivo;
dejen toda esperanza los que entran."

Estas palabras de color oscuro
vi escritas en lo alto de una puerta;
y dije: "Maestro, su sentido es duro".

Y él a mí, como persona experta:
"Te conviene aquí dejar todo recelo;
toda cobardía conviene sea muerta.

"Hemos llegado al sitio que te he dicho,
en el que verás a la gente dolorosa
que ha perdido el bien del intelecto."

Y después que su mano sobre la mía puso,
con alegre rostro que me confortó,
me llevó dentro de las secretas cosas.

Suspiros, llantos y gemidos
resonaban en un aire sin estrellas,
que fue entrar, y mis lágrimas cayeron.

Lenguas diversas, horrorosas blasfemias,
palabras de dolor, acentos de ira,
voces altas y roncas, y son de manos con ellas,

hacían un tumulto que giraba siempre
en aquel aire sin tiempo, oscuro,
como arena que el turbión arremolina.

Y yo, de horror tomada la cabeza,
dije: "Maestro, ¿qué es lo que oigo?
¿Y qué gente es ésta, por el dolor vencida?"

Y él a mí: "Este mísero destino
tienen las almas tristes de aquellos
que vivieron sin infamia y sin honor.

"Mezcladas están con el perverso coro
de ángeles que no se rebelaron
ni fueron fieles a Dios, y para sí vivieron.

"Los echa el Cielo para no ser menos bello
y el Infierno profundo no los quiere:
que alguna gloria los reos no tengan de ellos."

Y yo: "Maestro, ¿qué les pesa tanto
que los hace lamentarse así tan fuerte?"
Respondió: "Te lo diré muy breve.

"No tienen ni la esperanza de la muerte,
y su vida es ciega y es tan baja
que envidian cualquiera otra suerte.

"No quiere de éstos tener el mundo fama,
piedad y justicia los desdeñan:
no pensemos en ellos, mira y pasa."

Y yo que miraba, vi una enseña
que girando corría tan ligero
que parecía indigna de descanso;

y una turba tan grande la seguía
que de no haberla visto no creería
que la muerte hubiese deshecho a tantos.

Luego que hube reconocido a algunos,
miré y distinguí la sombra del que en vida *
hizo por cobardía el gran renunciamiento.

De inmediato entonces comprendí
que era la secta de los condenados
que no complacen a Dios ni a su enemigo.

Estos desgraciados, que nunca fueron vivos,
desnudos iban y picados mucho
por moscones y avispas que allá había.

Y les regaban de sangre el rostro,
la que, mezclada con sus lágrimas, a sus pies
repugnantes gusanos recogían.

Y cuando al mirar más allá me di,
vi gente a la orilla de un gran río;
por lo que dije: "Maestro, concédeme

que sepa quiénes son y por qué motivo
tan dispuestos a cruzar parecen,
según en esta poca luz discierno."

Y él a mí: "Las cosas te serán contadas
cuando detengamos nuestro paso
sobre la triste ribera del Aqueronte."

Entonces, con los ojos vergonzosos, bajos,
temiendo que mi decir lo molestara,
camino al río me privé de hablarle.

Y allí, hacia nosotros, vino bogando
un viejo encanecido de viejísimo pelo,
gritando: "¡Ay de ustedes, almas malvadas!

"¡No esperen nunca contemplar el cielo!
Vengo a llevarlos hasta la otra orilla,
a la tiniebla eterna, hielo y fuego.

"Y tú, que eres aún ánima viva,
apártate de éstos, que están muertos."
Y así que vio que yo no me alejaba:

"Por otras vías, por otros puertos,
verás la playa, no por aquí: para pasar,
barco más ligero conviene que te lleve."

Y el duca a él: "Caronte, no te enojes; **
así está dispuesto allá donde se puede
lo que se quiere, y nada más preguntes."

Se calmaron entonces las peludas mejillas
del barquero del pálido pantano,
de ojos rodeados por círculos de llamas.

Pero aquellas almas cansadas y desnudas
cambiaron de color y batieron dientes
cuando comprendieron las palabras crudas.

Maldecían a Dios y a sus parientes,
la especie humana, el lugar, el tiempo, la simiente,
que los sembró, y su propio nacimiento.

Después se retiraron todas juntas,
llorando fuertemente, a la orilla malvada
que espera al hombre que a Dios no teme.

Caronte, demonio con ojos de ascuas,
gesticulando se llevaba a todas,
golpeando con el remo a las rezagadas.

Como en otoño se van las hojas
una tras otra, hasta que las ramas
rinden a la tierra todos sus despojos,

de esta manera la simiente mala
de Adán se arrojaba de la costa una a una,
a las señas, como pájaro al reclamo.

Así se fueron por la onda bruna
y antes de que allá bajaran,
aquí, un nueva escuadra se reunía.

"Hijo mío", dijo el cortés maestro,
"los que mueren en la ira de Dios
llegan aquí desde todos los países:

"y están prontos a cruzar el río,
porque la divina justicia los espolea
tanto, que el temor cambia en deseo.

"Por aquí no pasa jamás ánima buena,
y por eso, si Caronte de ti se queja,
bien sabes ahora por qué truena."

Dicho esto, la sombría campaña
tembló tan fuerte, que de aquel espanto
la mente de sudor aún se me baña.

La tierra lagrimosa arrojó viento
y relampaguéo una luz bermeja
que me privó de todo sentimiento;
y caí como hombre tomado por el sueño.

Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia

Versión de Jorge Aulicino

* Refiere, según algunos, a Pilatos; según otros, a Diocleciano, que abdicó del Imperio, o a un jefe del ala de los Blancos en el partido de los güelfos de Florencia. Lo más probable -y por las defensas que ha suscitado, incluso- es que aluda a Celestino V, quien fue Papa por unos meses en 1294 y abdicó. Celestino V (el benedictino Pietro Angeleri di Murrone) reinó desde una celda, en Napoles, al abrigo del segundo Carlos de Anjou, rey de Nápoles, lejos de la riqueza de la que había abjurado al hacerse eremita. Rodeado de monjes "espirituales", su reinado duró apenas cinco meses, en una época de enormes luchas de poder, en la que el trono de San Pedro estuvo vacío durante más de dos años. Murió en 1296 en el confinamiento al que lo arrojó su sucesor, Bonifacio VIII. Dante tal vez consideraba la renuncia como una ofensa a la causa de Roma; sin embargo, Celestino no está entre los traidores, en los más hondo del Infierno, sino entre los que no toman partido. La Iglesia santificó a Celestino en 1313

** Duca designaba, antiguamente, al conductor político, no necesariamente titular de un ducado (dux, duque). Dante lo usa en este sentido para mencionar a Virgilio, y no como metáfora de guía espiritual o maestro, pues en el Canto Segundo le dice: "Tu duca, tu signore, tu maestro", con lo que el guía espiritual es identificado además como señor y condottiero. Por esto, se prefirió no traducir el término.

Inferno, Canto Terzo
«Per me si va ne la città dolente,/per me si va ne l'etterno dolore,/per me si va tra la perduta gente.// Giustizia mosse il mio alto fattore:/ fecemi la divina podestate,/ la somma sapienza e 'l primo amore.// Dinanzi a me non fuor cose create/ se non etterne, e io etterno duro./ Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate».// Queste parole di colore oscuro/ vid'io scritte al sommo d'una porta;/per ch'io: «Maestro, il senso lor m'è duro».// Ed elli a me, come persona accorta:/«Qui si convien lasciare ogne sospetto;/ogne viltà convien che qui sia morta.// Noi siam venuti al loco ov'i' t'ho detto/ che tu vedrai le genti dolorose /c'hanno perduto il ben de l'intelletto».// E poi che la sua mano a la mia puose/ con lieto volto, ond'io mi confortai,/ mi mise dentro a le segrete cose.// Quivi sospiri, pianti e alti guai/ risonavan per l'aere sanza stelle,/ per ch'io al cominciar ne lagrimai.// Diverse lingue, orribili favelle,/ parole di dolore, accenti d'ira,/ voci alte e fioche, e suon di man con elle// facevano un tumulto, il qual s'aggira/ sempre in quell'aura sanza tempo tinta,/ come la rena quando turbo spira.// E io ch'avea d'error la testa cinta,/ dissi: «Maestro, che è quel ch'i' odo?/ e che gent'è che par nel duol sì vinta?».// Ed elli a me: «Questo misero modo/ tegnon l'anime triste di coloro/ che visser sanza 'nfamia e sanza lodo.// Mischiate sono a quel cattivo coro/ de li angeli che non furon ribelli/ né fur fedeli a Dio, ma per sé fuoro.// Caccianli i ciel per non esser men belli,/ né lo profondo inferno li riceve,/ ch'alcuna gloria i rei avrebber d'elli».// E io: «Maestro, che è tanto greve/ a lor, che lamentar li fa sì forte?»./ Rispuose: «Dicerolti molto breve.// Questi non hanno speranza di morte/ e la lor cieca vita è tanto bassa,/ che 'nvidiosi son d'ogne altra sorte. //Fama di loro il mondo esser non lassa;/ misericordia e giustizia li sdegna:/ non ragioniam di lor, ma guarda e passa».// E io, che riguardai, vidi una 'nsegna /che girando correva tanto ratta, /che d'ogne posa mi parea indegna;/ e dietro le venìa sì lunga tratta /di gente, ch'i' non averei creduto/ che morte tanta n'avesse disfatta.// Poscia ch'io 'ebbi alcun riconosciuto,/ vidi e conobbi l'ombra di colui/ che fece per viltade il gran rifiuto.// Incontanente intesi e certo fui/ che questa era la setta d'i cattivi,/a Dio spiacenti e a' nemici sui.// Questi sciaurati, che mai non fur vivi,/ erano ignudi e stimolati molto /da mosconi e da vespe ch'eran ivi.// Elle rigavan lor di sangue il volto,/ che, mischiato di lagrime, a' lor piedi/ da fastidiosi vermi era ricolto. // E poi ch'a riguardar oltre mi diedi,/ vidi genti a la riva d'un gran fiume;/ per ch'io dissi: «Maestro, or mi concedi// ch'i' sappia quali sono, e qual costume/ le fa di trapassar parer sì pronte,/ com'io discerno per lo fioco lume».// Ed elli a me: «Le cose ti fier conte /quando noi fermerem li nostri passi/ su la trista riviera d'Acheronte».// Allor con li occhi vergognosi e bassi,/ temendo no 'l mio dir li fosse grave,/ infino al fiume del parlar mi trassi.// Ed ecco verso noi venir per nave/ un vecchio, bianco per antico pelo,/ gridando: «Guai a voi, anime prave!// Non isperate mai veder lo cielo:/ i' vegno per menarvi a l'altra riva/ ne le tenebre eterne, in caldo e 'n gelo. // E tu che se' costì, anima viva,/ pàrtiti da cotesti che son morti»./ Ma poi che vide ch'io non mi partiva, // disse: «Per altra via, per altri porti/ verrai a piaggia, non qui, per passare: /più lieve legno convien che ti porti».// E 'l duca lui: «Caron, non ti crucciare:/ vuolsi così colà dove si puote/ ciò che si vuole, e più non dimandare».// Quinci fuor quete le lanose gote/ al nocchier de la livida palude,/ che 'ntorno a li occhi avea di fiamme rote.// Ma quell'anime, ch'eran lasse e nude,/cangiar colore e dibattero i denti,/ ratto che 'nteser le parole crude.// Bestemmiavano Dio e lor parenti,/ l'umana spezie e 'l loco e 'l tempo e 'l seme/ di lor semenza e di lor nascimenti.// Poi si ritrasser tutte quante insieme,/ forte piangendo, a la riva malvagia/ ch'attende ciascun uom che Dio non teme.// Caron dimonio, con occhi di bragia,/ loro accennando, tutte le raccoglie;/ batte col remo qualunque s'adagia.// Come d'autunno si levan le foglie /l'una appresso de l'altra, fin che 'l ramo/ vede a la terra tutte le sue spoglie,// similemente il mal seme d'Adamo/ gittansi di quel lito ad una ad una,/ per cenni come augel per suo richiamo. // Così sen vanno su per l'onda bruna,/ e avanti che sien di là discese,/ anche di qua nuova schiera s'auna.// «Figliuol mio», disse 'l maestro cortese,/ «quelli che muoion ne l'ira di Dio /tutti convegnon qui d'ogne paese:// e pronti sono a trapassar lo rio,/ ché la divina giustizia li sprona,/ sì che la tema si volve in disio. // Quinci non passa mai anima buona;/ e però, se Caron di te si lagna,/ ben puoi sapere omai che 'l suo dir suona».// Finito questo, la buia campagna / tremò sì forte, che de lo spavento /la mente di sudore ancor mi bagna.// La terra lagrimosa diede vento,/ che balenò una luce vermiglia /la qual mi vinse ciascun sentimento;/ e caddi come l'uom cui sonno piglia.

Al Canto Cuarto

Ilustración: "Similemente il mal seme d'Adamo/ gittansi di quel lito ad una ad una". Gustav Doré, 1861

domingo, junio 14, 2009

Wallace Stevens / Fuerza


La poesía es una fuerza destructora

De esto se trata la miseria:
No tener nada en el corazón.
Es tener o nada.

Es tener una cosa,
Un león, un buey en tu pecho,
Sentirlo respirar allí.

Corazón, robusto perro,
Joven buey, oso patas arqueadas,
Su sangre prueba, no escupe.

Es como un hombre
En el cuerpo de una bestia violenta.
Sus músculos se hacen suyos.

El león duerme al sol.
Su hocico está sobre sus garras.
Puede matar a un hombre.

Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania, 1879 - Hartford, Connecticut, 1955), "Parts of a world", 1942; Collected Poetry & Prose, The Library of America, Nueva York, 1997
Versión: J. Aulicino

Poetry Is a Destructive Force
That's what misery is,/ Nothing to have at heart. /It is to have or nothing.// It is a thing to have, /A lion, an ox in his breast, /To feel it breathing there.// Corazon, stout dog, / Young ox, bow-legged bear, /He tastes its blood, not spit. // He is like a man /In the body of a violent beast. /Its muscles are his own... /The lion sleeps in the sun./ Its nose is on its paws. /It can kill a man.


Foto: Stevens, c. 1931 Universidad de Illinois /Modern American Poetry

Ranas y charcos


Charla eventual con un cliente
(o de la construcción del haiku)


Usted sabe de la rana
que salta en un charco
y provoca un haiku japonés.
Sepa de la rana
que saltó por error
en la cacerola china y provocó
el desmayo de la cocinera.
Usted come ahora en cierto modo
sopa de rana. No pudimos rescatarla
(a la rana: la cocinera se repuso
satisfactoriamente).

Jaime Wong (Chang-hua, 1969), Poemas de Wong


Incidental chat with a customer
(or the construction of the haiku)

You know about the frog
who jumps in a puddle
and caused a Japanese haiku.
Learn about the frog
who jumped in error
in the Chinese pan and caused
fainting of the cook.
You eat now to some extent
frog soup. We could not rescue her
(the frog: the cook was recovered
satisfactorily).

sábado, junio 13, 2009

Hagiwara Sakutaro / Tren


Tren nocturno

La pálida luz del amanecer.
En las puertas de vidrio las impresiones digitales están frías,
y los apenas blancos bordes de las montañas
están quietos como el mercurio.
Los pasajeros aún no se despiertan,
sólo la lamparilla eléctrica late cansadamente.
El nauseabundo olor dulzón del barniz
y el humo indistinto de mi cigarro
atacan ásperamente mi garganta en el tren nocturno.
Cuánto peor ha de ser para ella, esposa de otro hombre.
¿No habremos pasado Yamashina todavía?
Ella abre la válvula de su almohada de aire
y observa cómo se desinfla gradualmente,
y de pronto, en medio de la tristeza,
nos sentimos atraídos el uno por el otro.
Cuando miro por la ventana, próximo ya el amanecer,
en una aldea de montaña, en un lugar desconocido,
blancas, empiezan a brotar las aguileñas.

Hagiwara Sakutaro (Maebashi, prefectura de Gunma, 1886-Tokio, 1942), Alberto Girri, Versiones, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1974


Night train
At dawn's light, the skies were lit pale,/On the window, the imprint of fingers, cold,/ The mountain's edge, whitish-turning, stood/ Like quicksilver, placidly still and yet,/ Travellers slept undisturbed; /Only the jaded lamps' jarring sighs, /Even the sweet shellacky smell,/ And so too, the vaguely tobacco-like fumes/ Tested a sore tongue on the night train; /But how long are the married wife's complaints to continue?/ Yamashina * has yet to pass by,/So she undoes the air-cushion's plug a wee,/ To watch it vent: such are the ways of women-kind. /Then man and wife snuggled up a-sudden, /And stared out the car window by the dawn,/ Where on a mountain village, whereabouts unknown, /So whitely bloomed the columbine ** flowers.

* Yamashina is a suburb of Kyoto, and the train station is the Tokaido Line connecting east and the west.
[Yamashina es un suburbio de Tokio y su estación de tren es la conexión de la Tokaido Line del este y el oeste].
** The odamaki or the Japanese columbine usually have purple flowers, not white. [La odamaki o columbine japonesa tiene usualmente flores púrpuras, no blancas].
Repository of Mythos & Poesy

Foto: Hagiwara Sakutaro Prefectura de Gunma

Edmond Jabès / Herencia


La herencia, I

Hay que atravesar toda la noche para llegar a la mañana.
Luchar contra cada sombra, no afrontándolas, sino asumiéndolas.
Dar vuelta hábilmente la dificultad.
Desbaratar sus maniobras.

Si, para el hombre la certidumbre es una necesidad, en sí, sólo es vaga respuesta a una anteúltima pregunta, permaneciendo la última en suspenso.
... vaga, tal como un baldío sobre el cual jamás se levantará un edificio cualquiera, porque, inmediatamente, se desmoronaría.

"Mi pluma es honesta, decía un sabio. Lástima, las palabras lo son menos."
"¿Qué es la pureza? -una pura impostura.
"La mentira, a veces, tiene la limpieza de la verdad", decía.
Y agregaba: "A causa de su transparencia las confundimos, la mayor parte del tiempo."
"¿Quién podría hablar en nombre del océano? ¿Quién podría jactarse de ser el portavoz del infinito?"
"La piedra sólo se dirige a la piedra, pero con palabras del universo.
"¿Acaso pretendí escribir movido por mis certezas? -decia un sabio.
"Escribo porque no tengo ninguna."
"Negación de nuestras cortantes afirmaciones, el desierto es pregunta al Todo y horizonte de nada."

Nunca una hoja de cuchillo terminará con una barra de acero.

Nunca la arena renegará de la arena.

Edmond Jabès (El Cairo, 1912- París, 1991), de Livre du partage, 1987. Jorge Fondebrider, Poesía francesa contemporánea 1940-1997. Edición bilingüe, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1997

L'heritage, I
Il y a toute la nuit à traverser pour arriver au matin. / Lutter contra chaque ombre, non pas en les affrontad mais en les assumant./ Tourner adroitement la difficulté./ Déjouer leurs manœuvres. // Si, pour l'homme, la certitude est un besoin, en soi, ell n'est que vague réponse à une avant-derniére question, l'ultime restant en suspens. // ... vague, tel un terrain vague sur lequel jamais ne s'élevara un quelconque édifice, car il tomberait, assitôt, en ruine. // "Ma plume est honnête, disait un sage. Hélas, les mots le sont moins."/ "Qu'est-ce que la pureté? -un pure imposture./ "Le mensonge a, parfois, la limpidité de la verité", disait-il. /Et il ajoutait: "C'est à cause de leur transparence que nous les confondons, la plupart du temps." // "Qui saurait parler aun nom de l'océan? Qui pourrait se targuer d'ètre le porte-parole de l'infinit?/ "Le caillou ne s'adresse qu'au caillou, mais avec des mots d'universe. /"Ai-je prétendu écrire, mû par mes certitudes? -disait un sage. / "J'ecris parece que je n'en ai aucune."/ "Négation de nos tranchantes affimations, le désert est question au Tout et horizont du rien." // Jamais une lame de couteau ne viendra à bout d'une barre d'acier. // Jamais le sable ne reniera le sable.

Foto: Jabès, por Jacques Robert EPC

De Jabès en este blog:

Rostro del presente, rostro del pasado

La eternidad de las piedras

viernes, junio 12, 2009

Miyazawa Kenji / Héroes


Tema 1063

Las nuestras son sencillas cercas estilo Ainu.
Parcelamos y volvimos a parcelar el moreral
en nuestra pulgada de jardín,
pero aun así no pudimos mantenernos.
En abril
era negra el agua de los arrozales,
minúsculos remolinos de aire oscuro
cayeron del cielo como gránulos,
y los pájaros volaron
con sus roncos llamados.
Estos campos llenos de agudas piedras,
donde retoñaron colas de caballo y ajenjo,
son cultivados por mujeres
que se alivian de sus cargas
remendando las ropas del hijo mayor,
que cocinan y hacen las tareas domésticas,
que cargan con los disgustos y deseos de la familia.
Sólo con un puñado de comida ordinaria
y seis horas de sueño todo el año.
Y aquí,
si uno planta dos arrobas de trigo salen cuatro.
¿Es esa gente -me gustaría saberlo-,
tan diferente
de los revolucionarios encerrados en las cárceles,
de los artistas que mueren de hambre por su sino,
esos héroes de nuestro tiempo?

Kenji Miyazawa (Hanamaki, 1896-1933), Alberto Girri, Versiones, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1974

Foto: Kenji RINPOO The Asia-Pacific Journal: Japan Focus

D.H. Lawrence / Dos poemas


Autocompasión

Jamás vi una bestia salvaje
Que fuera autocompasiva.
Un pequeño pájaro caerá congelado de una rama
Sin haber tenido jamás que disculparse a sí mismo.

Pax

Todo lo que importa es ser uno con el Dios viviente,
una criatura en la casa del Dios de la Vida.

En paz, como el gato dormido sobre una silla,
en paz,
y ser uno con el dueño de casa, con la dueña
en la casa, en la viviente montaña de la casa,
durmiendo junto al hogar, y grande frente al fuego.

Durmiendo con el hogar del mundo viviente,
girando en la casa ante el fuego de la vida
sintiendo la presencia del Dios viviente
como una gran afirmación
de una profunda calma en el corazón
una presencia
como la del dueño de casa sentado a la mesa
desde su propio, gran ser,
en la casa de la vida.

D.H. Lawrence (Eastwood, 1885-Vence, Francia, 1930), Poemas. Edición no bilingüe. Traducción de Mario Satz. Editorial Argonauta, Buenos Aires, 1990

Self-pity
I never saw a wild thing/ sorry for itself./ A small bird will drop frozen dead from a bough/ without ever having felt sorry for itself.

PoemHunter

Pax
All that matters is to be at one with the living God/ to be a creature in the house of the God of Life.// Like a cat asleep on a chair/ at peace, in peace/ and at one with the master of the house, with the mistress,/ at home, at home in the house of the living,/ sleeping on the hearth, and yawning before the fire. // Sleeping on the hearth of the living world/ yawning at home before the fire of life / feeling the presence of the living God/ like a great reassurance/ a deep calm in the heart/ a presence/ as of the master sitting at the board/ in his own and greater being,/ in the house of life.

The complete poems of D. H. Lawrence Google Books

Foto: Lawrence (derecha), con Aldous Huxley, en Bandol, 1929 FotoTop