lunes, noviembre 23, 2009

Cesare Pavese / El dios cabrón


El dios cabrón

La campaña es un lugar de verdes misterios
para el muchacho, que viene en el verano. A la cabra,
que muerde ciertas flores, se le hincha la panza y tiene que correr.
Cuando el hombre ha gozado con alguna muchacha
-tienen pelos ahí abajo- el chico le hincha la panza.
Pastando las cabras, se hacen bravatas y burlas,
pero en el crepúsculo cada uno comienza a cuidarse las espaldas.
Los muchachos saben cuándo ha pasado la culebra
por el rastro sinuoso que queda en la tierra.
Pero ninguno sabe si pasa la culebra
entre la hierba. Ahí están las cabras que van a pararse
sobre la culebra, en la hierba, y gozan de hacerse chupar.
Las muchachas también gozan, de hacerse tocar.

Al levantarse la luna, las cabras no pueden quedarse quietas,
es necesario reunirlas y arrearlas a casa,
si no, se alza el cabrón. Saltando en el prado
despanzurra todas las cabras y desaparece. Muchachas calientes
dentro de los bosques van solas, de noche,
y el cabrón, que bala tendido en la hierba, corre a su encuentro.
Pero que despunte la luna: se alza y las despanzurra.
Y las perras, que ladran bajo la luna,
es porque han sentido al cabrón que salta
sobre las colinas y han olisqueado el olor de la sangre.
Y las bestias se agitan en los establos.
Solamente los perrazos más fuertes muerden la cuerda,
y alguno se libera y corre a seguir al cabrón
que lo rocía y embriaga de una sangre más roja que el fuego,
y después balan todos, derechos y ululando a la luna.

Cuando, de día, el perrazo regresa pelado y gruñón,
los campesinos lo agarran a patadas en el traste.
Y a la hija, que pasea de noche, y al muchacho que regresa
cuando está oscuro, perdida una cabra, les parten el cuello.
Llenan mujeres, los campesinos, y las fatigan sin respeto.
Salen de día y de noche y no tienen miedo
de zapar incluso bajo la luna o de encender un fuego
de pastos en la oscuridad. Por eso, la tierra
es tan bella verde; y labrada tiene el color,
bajo el alba, de los rostros encendidos. Se va a la vendimia
y se come y se canta; se va a pelar las mazorcas
y se baila y se bebe. Se sienten muchachas que ríen,
porque alguno menciona al cabrón. Arriba, en la cima, en los bosques,
entre los bordes rocosos, los campesinos han visto
que buscaba la cabra y comía frutos de los troncos.
Porque, cuando una bestia no sabe trabajar
y se la tiene sólo de semental, le gusta destruir.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969

Versión de J. Aulicino

Il dio-caprone
La campagna è un paese di verdi misteri/ al ragazzo, che viene d'estate. La capra, che morde/ certi fiori, le gonfia la pancia e bisogna che corra./ Quando l'uomo ha goduto con qualche ragazza/ -hanno peli là sotto- il bambino le gonfia la pancia./ Pascolando le capre, si fanno bravate e sogghigni,/ ma al crepuscolo ognuno comincia a guardarsi alle spalle./ I ragazzi conoscono quando è passata la biscia/ dalla striscia sinuosa che resta per terra./ Ma nessuno conosce se passa la biscia/ dentro l'erba. Ci sono le capre che vanno a fermarsi/ sulla biscia, nell'erba, e che godono a farsi succhiare./ Le ragazze anche godono, a farsi toccare.// Al levar della luna le capre non stanno più chete,/ ma bisogna raccoglierle e spingerle a casa,/ altrimenti si drizza il caprone. Saltando nel prato/ sventra tutte le capre e scompare. Ragazze in calore/ dentro i boschi ci vengono sole, di notte,/ e il caprone, se belano stese nell'erba, le corre a trovare./ Ma, che spunti la luna: si drizza e le sventra./ E le cagne, che abbaiano sotto la luna,/ è perché hanno sentito il caprone che salta/ sulle cime dei colli e annusato l'odore del sangue./ E le bestie si scuotano dentro le stalle./ Solamente i cagnacci più forti dàn morsi alla corda/ e qualcuno si libera e corre a seguire il caprone,/ che li spruzza e ubriaca di un sangue più rosso del fuoco,/ e poi ballano tutti, tenendosi ritti e ululando alla luna.// Quando, a giorno, il cagnaccio ritorna spelato e ringhioso,/ i villani gli dànno la cagna a pedate di dietro./E alla figlia, che gira di sera, e ai figli, che tornano/ quand'è buio, smarrita una capra, gli fiaccano il collo./ Riempion donne, i villani, e faticano senza rispetto./ Vanno in giro di giorno e di notte e non hanno paura/ di zappare anche sotto la luna o di accendere un fuoco/ di gramigne nel buio. Per questo, la terra/ è cosi bella verde e, zappata, ha il colore,/ sotto l'alba, dei volti bruciati. Si va alla vendemmia/ e si mangia e si canta; si va a spannocchiare/ e si balla e si beve. Si sente ragazze che ridono,/ ché qualcuno ricorda il caprone. Su, in cima, nei boschi,/ tra le ripe sassose, i villani l'han visto/ che cercava la capra e picchiava zuccate nei tronchi./ Perché, quando una bestia non sa lavorare/ e si tiene soltanto da monta, gli piace distruggere.


Ilustración: Pan y Siringa, Nicolas Poussin, 1635

1 comentario:

  1. No habrá nada igual. Ni siquiera John Berger en "Puerca tierra" se le arrimaría. Esa comunión de Pavese. Gracias por esta traducción, Irene

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