domingo, agosto 02, 2009

Cesare Pavese / Antepasados




Antepasados
Aturdido por el mundo me llegó una edad
en que tiraba golpes al aire y lloraba solo.
Escuchar los discursos de hombres y mujeres
sin saber responder, es poca alegría.
Pero aun esto pasó: no estoy más solo
y, si no sé responder, sé arreglarme sin eso.
He encontrado compañeros encontrándome a mí mismo.

He descubierto que, antes de nacer, he vivido
siempre en hombres sólidos, señores de sí,
y ninguno sabía responder y todos eran calmos.
Dos cuñados han abierto un negocio -la primera fortuna
de nuestra familia- y el extraño era serio,
calculador, despiadado, mezquino: una mujer.
El otro, el nuestro, en el negocio leía novelas
-en provincia era mucho- y los clientes que entraban
se oían responder con breves palabras
que azúcar no, que sulfato tampoco,
que estaba todo agotado. Y ocurrió más tarde
que este último dio una mano al cuñado quebrado.

Al pensar en esta gente me siento más fuerte
que delante del espejo alzando las espaldas
y armando en los labios una sonrisa solemne.
Ha habido un abuelo mío, remoto en los tiempos,
que fue estafado por un campesino suyo
y entonces zapó él mismo las viñas -en verano-
sólo para ver un trabajo bien hecho. Así
he vivido siempre y siempre he tenido
una cara segura y pagado al contado.

Y las mujeres no cuentan en la familia.
Quiero decir, nuestras mujeres están en casa
y nos traen al mundo y no dicen nada
y nada cuentan y no las recordamos.
Cada mujer nos infunde en la sangre algo nuevo,
pero todas se anulan en la obra y nosotros,
renovados de ese modo, somos los que duramos.
Estamos llenos de vicios, de antojos y de horrores
-nosotros, los hombres, los padres- alguno se mató,
pero una sola vergüenza nunca nos ha tocado,
no seremos nunca mujeres, nunca sombras de nadie.

He encontrado una tierra encontrando compañeros,
mala tierra, donde es un privilegio
no hacer nada, pensando en el futuro.
Porque el solo trabajo no nos basta a mí y a los míos;
sabemos rompernos, pero el sueño más grande
de mis padres fue siempre no hacer nada útil.
Hemos nacido para vagar por esas colinas,
sin mujeres, con las manos en la espalda.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), Lavorare stanca, 1936, 1943
Versión de J. Aulicino

Antenati
Stupefatto del mondo mi giunge un'età/ che tiravo dei pugni nell'aria e piangevo da solo./ Ascoltare i discorsi di uomini e donne/ non sapendo rispondere, è poca allegria./ Ma anche questa è passata: non sono più solo/ e, se non so rispondere, so farne a meno./ Ho trovato compagni trovando me stesso.// Ho scoperto che, prima di nascere, sono vissuto/ sempre in uomini saldi, signori di sè,/ e nessuno sapeva rispondere e tutti eran calmi./ Due cognati hanno aperto un negozio la prima fortuna/ della nostra famiglia e l'estraneo era serio,/ calcolante, spietato, meschino: una donna./ L'altro, il nostro, in negozio leggeva romanzi/ -in paese era molto- e i clienti che entravano/ si sentivan rispondere a brevi parole/ che lo zucchero no, che il solfato neppure,/ che era tutto esaurito. È accaduto più tardi/ che quest'ultimo ha dato una mano al cognato fallito.// A pensar questa gente mi sento più forte/ che a guardare lo specchio gonfiando le spalle/ e atteggiando le labbra a un sorriso solenne./ È vissuto un mio nonno, remoto nei tempi,/ che si fece truffare da un suo contadino/ e allora zappò lui le vigne -d'estate-/ per vedere un lavoro ben fatto. Così/ sono sempre vissuto e ho sempre tenuto/ una faccia sicura e pagato di mano.// E le donne non contano nella famiglia./ Voglio dire, le donne da noi stanno in casa/ e ci mettono al mondo e non dicono nulla/ e non contano nulla e non le ricordiamo./ Ogni donna c'infonde nel sangue qualcosa di nuovo,/ ma s'annullano tutte nell'opera e noi,/ rinnovati così, siamo i soli a durare./ Siamo pieni di vizi, di ticchi e di orrori/ -noi, gli uomini, i padri - qualcuno si è ucciso,/ ma una sola vergogna non ci ha mai toccato,/ non saremo mai donne, mai ombre a nessuno.// Ho trovato una terra trovando i compagni,/ una terra cattiva, dov'è un privilegio/ non far nulla, pensando al futuro./ Perché il solo lavoro non basta a me e ai miei;/ noi sappiamo schiantarci, ma il sogno più grande/ dei miei padri fu sempre un far nulla da bravi./ Siamo nati per girovagare su quelle colline,/ senza donne, e le mani tenercele dietro la schiena.


Ilustración: Vincent Van Gogh, Campesina junto al fuego, 1885

8 comentarios:

  1. Más Pavese todavía! Me gustó menos que el otro. Ahora hay que fundamentar. Me molesta la subjetiva del "paterfamilias" y del machismo un poco anacrónica (salvo que consideremos que Berlusconi es "moderno").
    Si alguna vez fuimos sólidos, si alguna vez fuimos "los que durábamos", ahora es al revés: La mujer parece durar mucho más que el hombre. Y tener más iniciativa y energía. Y, a veces, lleva toda la carga, pero a pleno sol.
    Así que las mujeres son lo único que cuenta, no para los antepasados de Pavese.
    Para los hombres heterosexuales, claro.
    ¿No será que ahora somos nosotros las sombras?
    Podemos vagar por las colinas con los amigos, solos, sin mujeres y hasta podemos
    disfrutarlo...¿durante cuánto tiempo?
    Un abrazo, Jorge.

    ResponderEliminar
  2. "no seremos nunca mujeres, nunca sombras de nadie."
    Ahí lo tiene, amigo: y lo parafraseo, esa mujer es literariamente penetrable.
    Altri tempi.
    Buen laburo, don. Gratzie, Irene

    ResponderEliminar
  3. Por otra parte, ahora que lo pienso un poco más, "Antepasados", presenta una visión de la mujer opuesta a la de "Mujer que baila", donde la mujer -joven- está mucho más viva que los hombres -viejos- y (menos literalmente), más viva, que los hombres jóvenes que algún día serán padres y que también la miran con una "alegría profunda". Como si esa alegría dependiera exclusivamente de la presencia de la mujer. Pero, bueno, supongo que Pavese, al igual que Whitman, pueden permitirse ser contradictorios, no Jorge?

    ResponderEliminar
  4. Perdón, me olvidé de agregar esto: "bravi", otra difícil decisión al traducirla. Ojo, no busco roña; pienso. Se entiende, ¿no? Gracias, Irene

    ResponderEliminar
  5. La misoginia en un ambiente intelectual como el que conoció pavese en turín y roma no era tampoco bien vista, marcelo. no creo que pavese sea contradictorio sino que habla de lo que conoció muy bien. no creo que este poema sea biográfico. no sé quién es el personaje que tiró puños al aire y agradecía no ser mujer.
    en cuanto a "bravi", irene, mis capacidades dan hasta aquí. gracias por todo

    ResponderEliminar
  6. ¡No!, no hablo de capacidades sino de elección de acepciones. Usted elige "útil". Y me resultó bueno, corajuda esa decisión. Ya sabía yo que no iba a entender el tono, qué cosa, Irene

    ResponderEliminar
  7. Eduardo Alvarez Tuñón dijo: La coherencia y la no contradicción son solo virtudes de la razón y no de la poesía. Como Pessoa podría decir "Soy religioso y mistico al anochecer, cuando la oscuridad cubre la tierra y ateo materialista al mediodia cuando el sol todo lo inunda y no me contradigo". La poesia no tiene esas exigencias. En cuando a las traducciones, me parecieron perfectas. Ni "Bel nudo" ni "bravi" deberían desvelarnos. Un abrazo y muy bueno todo.

    ResponderEliminar
  8. disculpe, irene, tal vez no entendí su tono, es verdad. no sé si la elección es corajuda, me resultó la más adecuada a la idea de "bravo" cuyas primeras acpciones en italiano refieren a lo hecho con maestría, bien, correctamente, y en el contexto alude, en plural, a los que hacen algo bien, con empeño. en cuanto a la observación de eduardo: la valoro, pero insisto: el énfasis "machista" puesto por pavese en este poema no creo que forme parte de su coherencia, o de sus contradicciones, aunque tal vez fuera él un poco misógino, pero también un enfermo de amor por las mujeres, un romántico. creo que aquí toma la voz de la tierra, de sus ancestros, de lo que conoce bien. puede ser referido a su propia vida, si uno ha leído sus diarios, lo que dice en cuanto a la lección de aplomo, silencio y "machismo" que aprendió de sus mayores, que en contadas ocasiones tal vez le ayudó a equilibrar su carácter. en el final, unió el misterio de la tierra al de la "condición femenina", en una libro que francamente tira por tierra la poética que había construido en sus novelas y en "trabajar cansa".

    ResponderEliminar