martes, enero 29, 2008


Aún permanece aquí un material para los cursos de Pregrado de la Universidad de Chile, al parecer utilizado en el segundo semestre de 2003. Refiere a la relación del alcohol con la literatura en términos tales como "relación fructífera, la que ha producido textos literarios de incuestionable calidad". El artículo se centra en la cultura estadounidense, a tal punto impregnada de alcohol desde su fundación, según el apunte, que:
"Pese a estos esfuerzos (la censura religiosa de los tiempos heroicos), el alcohol se quedó para siempre 'en la sangre' de los escritores norteamericanos. Como muestra, un botón: de sus 7 premios Nóbel, 5 de ellos eran alcohólicos (Sinclair Lewis, Eugene O’neill, Wiliam Faulkner, Ernest Hemingway y John Steinbeck). Otros autores, sin embargo, continuaron demostrando el hecho de que, aparentemente, el alcoholismo era la enfermedad de los escritores americanos; entre ellos conocidos escritores como: Jack London, F. S. Fitzgerald, Hart Crane, Thomas Wolfe, Dashiell Hammett, Djuna Barnes, Tennessee Williams, Carson McCullers, John Cheever, Truman Capote, Raymond Carver, Robert Lowell, etc. La mayoría de ellos siempre creyendo, sinceramente, que la forma correcta de acercarse a las 'musas' era bebiendo constantemente."
Hubo debido a ello -sostiene la monografía- obras del alcohol y también obras de la "temperancia", entre éstas, las de Thoreau o Whitman. La monografía da cuenta de la utilización de los discursos de la temperancia para sacar partido literario de ellos: "Para Herman Melville, los discursos irónico y oscuro (de la temperancia) eran paradigmas culturales útiles mediante los cuales se sumergió en la duplicidad y en la ambigüedad humana. Hawthorne exploró las paradojas al (quiere decir 'en el') interior de la temperancia oscura y del modo irónico". La temperancia oscura alude a las campañas sensacionalistas que ponían énfasis en los desastres del alcohol, especialmente en el delirium tremens. La temperancia irónica en cambio aludía a la doble moral del común de los norteamericanos, cuya vida se dividía entre el puritanismo y el exceso alcohólico.
El trabajo pasa por la generación perdida y la exaltación del alcohol como consumo ligado al buen estilo. "Durante estas décadas (1920-1930) el beber grandes cantidades era reconocido por muchos como una señal inequívoca de dedicación al arte lo que reforzaba la expresión 'buenos escritores son escritores bebedores' (good writers are drinking writers). Sin embargo, (Scott) Fitzgerald había estado muriendo como escritor desde el año 1933 (tuvo 2 internaciones en el hospital ese año, 2 en 1934 y 4 entre 1935 y 1936), el mismo tipo de declive literario que sufrió (William) Faulkner después de 1942. (Entre 1935 y 1936, Fitzgerald bebía entre 20 y 30 botellas de cerveza para poder continuar escribiendo, con lo que obviamente, había perdido cualquier capacidad de autocrítica en torno a sus creaciones)."
(...) "Con el tiempo, después, vendrán nombres como Charles Bukowski, que es mucho mejor bebedor que escritor o Raymond Carver, mucho mejor escritor que bebedor".
No es entonces fructífera la relación de la literatura con el alcohol, sino con la mitología del alcohol.
El mito insiste, y probablemente contenga una verdad, como todos los mitos, a contramano de que hay millones de alcohólicos que no son buenos escritores y que no terminan siquiera como Faulkner o Fitzgerald: alcohólicos, pero con el saldo de obras de gran calidad, de los tiempos en que sus neuronas aún desafiaban al mito.
Apoteósis del mito alcohólico, el universal merchandising, claro.

El que cruzó sin mirar


XXIII

El que cruzó
la calle
sin mirar
el que rompió
la cuerda del violín
o pisó ese grillo
que chillaba
en el piso.
El que negligente
se perdió
ese crepúsculo
sin contar
que no es el primero
ni tampoco
será el último
que pierda.

Jorge Isaías (Los Quirquinchos, Santa Fe, 1946), Donde supura el aire. Nos y otros editores, Madrid, 2007.

miércoles, enero 23, 2008

El Administrador ha publicado un libro hasta ahora inédito en Viejo Smoking.

Llego, entro, prendo la luz de la cocina


Luz y oscuridad

Llego, entro, prendo la luz de la cocina
y sorprendo a las hormigas coloradas
puliendo los platos y cargando
todos los restos de comida.
No me molestan, pero mentalmente
las advierto sobre la superpoblación:
hasta ahora, el ecosistema se mantiene.
Sin embargo, si consigo trabajo
comeré más, vendrán amigos y mujeres,
habrá más restos, ustedes crecerán
y tendré que echar insecticida.
Sólo esta pobreza puede mantenernos
delicadamente unidos.

Otra vez

La fiesta se acabó. Las mujeres
más lindas se fueron primero,
después se fueron los amigos.
Ebrio, tambaleante
parado en el medio de la pista,
reconocí los primeros acordes
de una canción famosa en mi adolescencia
y decidí salir al frío cristalino de la calle.
Ahora espero el 65 agarrado al caño
de la parada, siempre lo mismo, sé
que estoy en una noche clónica
de aquella
en que las emociones fueron esenciales.

2/2

Susy está de blanco, adentro
de este calor de febrero, fresca,
le da la teta a su hijo de 20 días
que nació el mismo día de mi cumpleaños.

Y qué significa?

Nada, eso, que las enormes cosas del pasado
se transforman y reducen y concentran
y brillan en el presente
como una pequeña coincidencia.

Daniel Durand (Concordia, 1964), Ruta de la inversión. Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2007

martes, enero 22, 2008

Turno para leer

En el recital

En la tarima,
tras unos refulgentes vasos de agua,
nos encaran los poetas
(cuando su vista se posa distraídamente en mí
no les sostengo la mirada,
no sé cómo,
esbozaría una sonrisa idiota).
Helos ahí,
tan expectantes como el público
inverosímil que vino a escucharlos.
Nos separa un espacio de inacción
e incómodo silencio que aprovecho
para aprender algo de ellos.
¿Qué hacen con sus manos los poetas?
¿Cómo las domestican
para que estén sobre la mesa quietas,
bien portadas,
sin ostentar su íntimo alboroto?
¿Y qué hacen con su cara,
tan aparentemente calma e inspirada?
¿Cómo contienen
la delirante gesticulación
que a mí me asalta
cuando me escrutan las otras miradas?
¿Qué hacen los poetas con su cara?
Y las piernas,
que suele vedar un paño,
¿las cruzan y descruzan con apenas
controlado frenesí?
¿Sí?
Y cuando leen los otros,
¿los miran fijamente hasta bloquear
aquello que están leyendo
(no vaya a parecer que los desdeñan)?
¿Por qué ninguno de ellos se levanta,
arquea
su esqueleto y se deleita
con el tronar secreto de sus huesos?
¿Cómo es que los poetas,
ahí sentados,
esperando turno,
no eructan andanadas de improperios?
Les voy a preguntar,
lo estoy haciendo,
¿por qué no abren los brazos y aletean
–patéticos y bellos–
para escaparse volando?


Julio Trujillo
(Ciudad de México, 1969)

Vía Periódico de poesía de la UNAM

domingo, enero 20, 2008

Garbeld rompió con furia apenas disimulada todos los boletos que había jugado aquella tarde en un hipódromo. Me ha llamado siempre la atención que Garbeld fuera capaz de reflexionar en medio de sus pasiones.-El ego es un terrible problema -murmuró. La frase no parecía venir a cuento. -¿Siente usted su ego contrariado por la suerte? -pregunté. -Claro que sí. Por eso sostengo que el juego es la mejor disciplina contra el ego. No sólo frontalmente, sino por la serie de cuestiones laterales que provoca. Por ejemplo, el rechazo social. Sabe usted muy bien que miro a los costados cuando entro en este recinto; no quisiera que me viesen mis colegas. El juego es la muerte del ego, pero una muerte lenta en la que hay que educarse. -Sin embargo -dije- el turf goza aún de cierto prestigio. -Se necesita ser un rey para entrar al hipódromo a la descubierta y saludando a derecha e izquierda -respondió-. El resto, mal que lo oculte, viene aquí a desafiar sórdidamente a la suerte. Cierto es que se juega el ego entero en ello, pero si ganase, y si ganase, como sueña, una vez y para siempre, el ego crecería hasta superar los picos más altos de todas las cordilleras del mundo. En tanto no lo logra, decae. Va hacia el barro. Sucumbe entre las patas de los caballos. Roto ya por completo, intenta recuperarse en una sociedad filantrópica para jugadores compulsivos, de esas en las que se entra afirmando precisamente el otro yo adquirido, una diabólica segunda personalidad: Soy Fulano de Tal, soy jugador, pronuncia lentamente el íncubo.

Gustav Who, Crepúsculos de Garbeld, Mónaco, 1967

sábado, enero 19, 2008

Sandro Barrella / Violencia de las aguas



Fragmento

.................................

así
en los baldes
del carnaval
hacíamos violencia de las aguas
hasta que alguien decía
-volvamos, volvamos

-¿volver a Flandria?-

como quien vuelve
al amarillo.

así
y en los orines de la siesta
caían como en trampas para nutrias
las chicas
bañadas por las aguas

las chicas empapadas
corriendo en la siesta de Caseros
la lisura en sus remeras

mojada la ropa
y luego ir cambiarse para volver
a mojarlas

y nunca alcanzarían
cobijo en algún corredor
abierto de la cuadra.

íbamos a la carga
a las canillas
las bombitas

y en eso ellas volvían
para ser mojadas
otra vez

locas del agua las chicas de Caseros

sí, el carnaval y su azote
la malatía después de comer
ir a mojarse
con el estómago lleno

ruidos hacia el pasillo
y algunos de nosotros
en la recarga
como obreros formando fila
a las puertas del pañol

no resbalarse
tener cuidado de no caer en la vereda
y partirse la boca

decían las madres...
................................


Sandro Barrella, Buenos Aires, 1967. De Caseros. Inédito

Vía Las afinidades electivas- Las elecciones afectivas

jueves, enero 17, 2008

Villon / Balada

Balada de los ahorcados (El epitafio de Villon)

Hermanos humanos, que vivís después de nosotros,
no tengáis contra nosotros endurecidos corazones,
pues, teniendo piedad de nuestras pobres almas,
Dios la tendrá antes de vosotros.
Aquí nos veis atados, cinco o seis:
en cuanto a la carne, que hemos alimentado en demasía,
hace tiempo que está podrida y devorada
y los huesos, nosotros, ceniza y polvo nos volvemos.
De nuestros males no se burle nadie;
pero rogad que a todos Dios nos quiera absolver.

Si hermanos nos llamamos, en nuestro clamor sin desdén
nos tratéis, aunque hayamos sido muertos
por Justicia. Pues debéis entender
que no todos los hombres pueden ser sensatos;
perdonadnos ahora, ya que hemos partido
hacia el hijo de la Virgen María;
que su gracia no nos sea negada
y pueda preservarnos del rayo infernal.
Muertos estamos, que nadie nos moleste:
pero rogad que a todos Dios nos quiera absolver.

La lluvia nos ha limpiado y lavado,
y el sol desecado y ennegrecido;
urracas, cuervos, nos han cavado los ojos
y arrancado la barba y nuestras cejas.
Nunca jamás, ni un instante, pudimos sentarnos:
luego aquí, luego allá, como varía el viento,
a su placer sin cesar nos acarrea,
siendo más picoteados por los pájaros que dedales de coser.
De nuestra cofradía nadie sea:
pero rogad que a todos Dios nos quiera absolver.

Príncipe Jesús, que sobre todo reinas,
guarda que el Infierno no tenga sobre nosotros dominio:
nada tenemos que hacer con él ni qué pagarle.
Hombres, en esto no hay ninguna burla:
pero rogad que a todos Dios nos quiera absolver.

François Villon (París, 1431 ó 1432 -después de 1463). Versión de Juan Carlos Villavicencio.

De Biblioteca Descontexto vía Dr. Gnomegang
Poesía escatológica



(A Don Luis de Góngora)


Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano;
este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;

éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.

Francisco de Quevedo, Poemas satríricos y burlescos. Edición y prólogo de José Manuel Blecua. Llibres de Sinera, Barcelona, 1970.




La Desesperación


Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.

Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.
Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.

La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Me gusta una campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.

Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.

Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.

Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.

Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.

Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.

Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello...
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!

Atribuido a José de Espronceda (Almendralejo, 1808-Madrid, 1842)





Una carroña

Recuerde aquel objeto que vimos, alma mía,
esa bella mañana de verano tan dulce:
a la vuelta de un sendero una carroña infame
sobre un lecho sembrado de guijarros.

Las piernas al desnudo, como lúbrica mujer,
ardiente y exudando su veneno,
de manera descuidada y cínica abría
su vientre lleno de exhalaciones.

El sol brillaba sobre esta podredumbre,
como si quisiera cocerla a punto,
y a la gran Naturaleza dar por centuplicado
todo lo que ella había reunido en un conjunto.

Y, como una flor al abrirse,
al cielo miraba la soberbia carcasa.
El hedor era tan fuerte que sobre la hierba
usted sintió que se desmayaba.

Las moscas zumbaban sobre ese vientre pútrido,
de donde salían negros batallones
de larvas, que chorreaban como un líquido espeso
a lo largo de esos vivientes harapos.

Todo eso descendía, subía como una ola
o se lanzaba burbujeante.
Se hubiera dicho que el cuerpo, inflado por un soplo vago,
vivía al multiplicarse.

Y ese mundo producía una música extraña,
como el agua que corre y el viento,
o el grano que, con rítmico movimiento, un cribador
en su criba da vuelta y agita.

Las formas se borraban y no eran más que un sueño,
un esbozo demorado en llegar
a la tela olvidada, y que el artista completa
sólo con su recuerdo.

Detrás de las rocas una perra inquieta
nos miraba con ojos enfadados
espiando el momento de volver a tomar del esqueleto
el pedazo que había soltado.

-¡Y sin embargo se parecerá usted a esta basura,
a esta horrible infección,
estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza,
usted, mi ángel y mi pasión!

¡Sí! así será usted, oh, mi reina de las gracias,
luego de los últimos sacramentos,
cuando, bajo la hierba y las floraciones jugosas,
vaya a enmohecerse entre las osamentas.

¡Entonces, oh mi bella, dígales a los gusanos,
que la comerán a besos,
que yo he guardado la forma y la esencia divina
de mis amores descompuestos!

Charles Baudelaire (París, 1821-1867), Las flores del mal,1857,1861. Versión: Mauli.





Ciclo

El molar solitario de una ninfa
muerta no identificada
tenía un arreglo de oro.
Los demás se habían marchado como a una cita furtiva.
El sirvecadáveres se lo arrancó a golpes
lo empeñó, y se fue p`al baile.
Total, dijo sólo el polvo ha de volver al polvo...

Gottfried Benn (Mansfeld, 1886-Berlín, 1956). De Morgue (publicado en 1912). Trad. Susana Romano halllada aquí




Soneto a tus vísceras

Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus extremas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.

Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.

Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.

Baldomero Fernández Moreno (Buenos Aires, 1886-1950), Antología poética argentina, de Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Buenos Aires, 1953.




Fecal

A Doña Margarita Michelena


Tanta cosa como estudian, y nadie se interroga
por la mierda de los seres mitológicos.
¿Era ancha plasta la del Minotauro?
¿boñigo ovoide la de la Quimera?
¿Eran mixtas, acuosas, blancuzcas, como de ave
las deyecciones de la Hidra? ¿especialmente pestalocis
las de la Esfinge? ¿Fue estreñida Escila?
¿Qué aclarar, al respecto, de Tifón?
–si Nonno nos lo pinta melómano, entre otras cosas,
informa muy poco acerca de sus aguas mayores.

Fuentes, las eternas, los vasos, las inscripciones,
/la colección Teubener
y hay otras. Que perforar tarjetas. Paralelamente
convendría establecer el corpus de los coprolitos
encontrados en la cuencia mediterránea,
Asia Menor, el Euxino y aun Panticapea, por si acaso.
Ir, cada mañana, del manoseo respetuoso
al banco de datos, y viceversa.
Llevar un cedazo de Boas en la canana
y mientras no se vea claro, buscarle funciones inéditas
con entremeses, postres y otros materiales no procesados.

Diréis, congéneres, lo que a mi juicio ocurrió
(y si los resultados de las investigaciones
/computadorizadas discrepan,
peor para las investigaciones computadorizadas):
los excrementos de cada uno de aquellos
entes abonaron sendas parcelas del escribir clásico,
géneros nuevos brotaron en suelos feraces
diferencialmente, y así tuvimos tragedia y comedia,
épica y lírica, historia, elocuencia,
más la filosofía, cosecha inexhaurible.
Olfateando las clámides a distintos estilistas
–como esos conocedores que huelen los corchos del coñac–
podría conjeturarse, apostar.
–Ego, inquit, poeta sum...

Gerardo Deniz (Madrid, 1934), Erdera, Fondo de Cultura Económica, México, 2005
En fin, que la antología sobre poesía escatológica es un fracaso parcial.
Ha derivado, en gran parte por mi causa, hacia:

1) el erotismo vulgar y la picaresca
2) la antipoesía.

Ambos campos son infinitos, pues sus motivos y referentes se hacen tópicos, molde, y no tiene caso hacer de ellos una antología. Los antecedentes de lo que Parra denominó antipoesía se remontan, por cualquier vía, hasta los orígenes de la poesía. Parra no hizo más que colocar una etiqueta provisoria al movimiento connatural de la lírica a burlarse de sí misma. En parte, este movimiento es escatológico, en gran parte es burlesco y satírico, en alguna otra proporción es picaresco o de erotismo libre, orgánico, rústico, al estilo de "Decamerón". En buena proporción, sobre todo a partir del siglo Veinte, es deliberadamente antilírico, exaltador consciente de un vocabulario y un escenario bastos, comunes, las "sillas y mesas" de Parra, menciones que no inventó Parra ni fue el primero en poner en letras de imprenta. Hasta el romanticismo tuvo su propio antilirismo, su apelación a lo morboso y execrable, ya que antes que Baudelaire y su programático poema "La carroña", entre los que hablamos lengua castellana el romántico José de Espronceda había escrito, o a él se le atribuye, aquel poema que declara:

Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar...


Bueno, que un romántico español habría inventado el cine de horror clase B.

Así pues, si la idea original fue el hacer una antología de poesía escatológica, creo que, incluyendo la atribuida a Espronceda, debemos limitarla a los poemas de Deniz, Fernández Moreno, Baudelaire, Quevedo (su poema al culo de Góngora) y Benn, porque otros no fueron aportados que se ajusten a ese tema.

A quienes les satisfaga el erotismo de burdel, la verdad es que recomiendo fervorosamente el blog Antrobiótica, de Alonso Rucalva, y sus ramificaciones, que dan una leve idea, aun con su vasta erudición, de la extensión de ese tipo de literatura.

Gracias a todos.

martes, enero 15, 2008


En el blog señalado por jorge en el comentario al posteo de abajo, elijo este soneto a Diana (la diosa romana, Artemisa para los griegos) de don Diego Hurtado de Mendoza:

Señora, la del arco y las saetas,
que anda siempre cazando en despoblado,
dígame por su vida: ¿No ha topado
quien la meta las manos en las tetas?

Andando entre las selvas más secretas,
corriendo tras algún corzo ó venado:
¿No ha habido algún pastor desvergonzado
que le enseñase el son de las gambetas?

Hará unos milagrones y asquecillos,
diciendo que á una diosa consagrada
nadie se atreverá, siendo tan casta;

allá para sus Ninfas eso basta;
mas acá para el vulgo, por Dios, nada,
que quien quiera se pasa dos gritillos.

Diego Hurtado de Mendoza (Madrid, 1503-1575)


Y ojo con lo que nos enseña la Wikipedia:
"Artemisa mataba a cualquiera de sus compañeras que perdiese su virginidad".

viernes, enero 11, 2008

Ya que andábamos por Quevedo:


Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano;
este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;

éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.

Francisco de Quevedo, Poemas satríricos y burlescos. Edición y prólogo de José Manuel Blecua. Llibres de Sinera, Barcelona, 1970.
Lejana poesía escatológica


XVI
Se la meteré y me la chuparán,
Aurelio, comilón, y Furio, culastro,
que me consideran basto
porque son mis versos ligeros.
Es adecuado que el poeta
sea personalmente puro,
pero no que sus versos lo sean.


XXXIII
Malandra supremo de los baños,
Vibenio, el padre, mariposón el hijo,
(tan diestra la mano del padre
como insaciable el culo del hijo):
¿por qué no se exilian en maldita orilla,
ya que las rapiñas del padre
son populares, y el hijo ni por un centavo
logra vender sus peludas nalgas?

Cayo Valerio Catulo, Verona, 87aC.-Roma, 54 aC.

miércoles, enero 09, 2008

Acerca de "Una carroña"


“(Es) El peor comprendido, quizá de los poemas de las Flores del Mal. Habrá que esperar al Rilke de los Cuadernos de Malte Laurids Brigge para que otro poeta reconozca, por fin, su sentido. En verdad, este poema exige ser leído en un doble nivel. A nivel literal, consagra no sin provocación, la caída de una posición idealizante (o petrarquizante, para retomar la expresión de Saint Beuve, que alaba a Baudelaire por haber 'petrarquizado lo horrible'), que consiste en idealizar a la mujer amada contra las realidades tan incontestables como repugnantes de la finitud. (…)
A nivel más reflexivo, se puede comprender 'Una carroña' como una meditación sobre la poesía misma. Más que una mujer, la interlocutora podría entenderse entonces como una figura de la poesía lírica, y su sensibilidad exaltada e casi histérica como el rechazo del lirismo a tomar en cuenta la realidad de la finitud. Ese sentido (…) tendería a definir el deber que el joven Baudelaire siente que tiene la poesía que vendrá. Se comprende que haya confiado luego a Nadar que le era 'penoso pasar por el Príncipe de las Carroñas'”.

Les fleurs du mal, Collection “Classiques” de “Le livre de poche” de la Librairie Générale Française, 1999. Edición establecida y comentada por John E. Jackson.

martes, enero 08, 2008

Copio la propuesta de irene:


Gracias y desgracias del ojo del culo

No se espantarán de que el culo sea tan desgraciado los que supieren que todas las cosas aventajadas en nobleza y virtud, corren esta fortuna de ser despreciadas de ella, y él en particular por tener más imperio y veneración que los demás miembros del cuerpo; mirado bien es el más perfecto y bien colocado dél, y más favorecido de la naturaleza, pues su forma es circular, como la esfera, y dividido en un diámetro o zodíaco como ella. Su sitio es en medio como el del sol; su tacto es blando: tiene un solo ojo, por lo cual algunos le han querido llamar tuerto, y si bien miramos, por esto debe ser alabado, pues se parece a los cíclopes, que tenían un solo ojo y descendían de los dioses del ver.
[…]
Y así, como cosa tan necesaria, preciosa y hermosa, lo traemos tan guardado y en lo más seguro del cuerpo, pringado entre dos murallas de nalgas, amortajado en una camisa, envuelto en unos dominguillos, envainado en unos gregüescos, abahado en una capa, y por eso se dijo: “Bésame donde no me da el sol“.
[…]
Lo otro, su vecindad, es sin comparación mejor, pues anda siempre, en hombres y mujeres, vecino de los miembros genitales; y así se prueba que es bueno, según aquel refrán: Dime con quien andas, te diré quien eres. El se acredita mejor con la vecindad y compañía que tiene que no los ojos de la cara, que éstos son vecinos de los piojos y caspa de la cabeza y de la cera de los oídos, cosa que dice claro la ventaja que les hace el serenísimo ojo, del culo.
[…]
Pues decir que no es miembro que da gusto a las gentes, pregúnteselo a uno que con gana desbucha, que él dirá lo que el común proverbio, que, para encarecer, que quería a uno sobremanera, dijo: “Más te quiero que a una buena gana de cagar“.
[…]
Pues ¿qué diremos si probamos este punto con texto del filósofo que dijo:

No hay contento en esta vida
que se pueda comparar
al contento que es cagar.

Otro dijo lo descansado que quedaba el cuerpo después de haber cagado:

No hay gusto más descansado
que después de haber cagado.

[…]

Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1580-Villanueva de los Infantes, 1645).

La obra fue publicada alrededor de 1628. Y su portada decía:

GRACIAS Y DESGRACIAS DEL OJO DEL CULO
Dirigidas a Doña JUANA MUCHA, MONTÓN DE CARNE,
Mujer gorda por arrobas.
Escribiólas JUAN LAMAS, EL DEL CAMISÓN CAGADO.
Edición de DANIEL LEBRATO, Maestro Oculista.

Rappelez-vous l'objet


Una carroña

Recuerde aquel objeto que vimos, alma mía,
esa bella mañana de verano tan dulce:
a la vuelta de un sendero una carroña infame
sobre un lecho sembrado de guijarros.

Las piernas al desnudo, como lúbrica mujer,
ardiente y exudando su veneno,
de manera descuidada y cínica abría
su vientre lleno de exhalaciones.

El sol brillaba sobre esta podredumbre,
como si quisiera cocerla a punto,
y a la gran Naturaleza dar por centuplicado
todo lo que ella había reunido en un conjunto.

Y, como una flor al abrirse,
al cielo miraba la soberbia carcasa.
El hedor era tan fuerte que sobre la hierba
usted sintió que se desmayaba.

Las moscas zumbaban sobre ese vientre pútrido,
de donde salían negros batallones
de larvas, que chorreaban como un líquido espeso
a lo largo de esos vivientes harapos.

Todo eso descendía, subía como una ola
o se lanzaba burbujeante.
Se hubiera dicho que el cuerpo, inflado por un soplo vago,
vivía al multiplicarse.

Y ese mundo producía una música extraña,
como el agua que corre y el viento,
o el grano que, con rítmico movimiento, un cribador
en su criba da vuelta y agita.

Las formas se borraban y no eran más que un sueño,
un esbozo demorado en llegar
a la tela olvidada, y que el artista completa
sólo con su recuerdo.

Detrás de las rocas una perra inquieta
nos miraba con ojos enfadados
espiando el momento de volver a tomar del esqueleto
el pedazo que había soltado.

-¡Y sin embargo se parecerá usted a esta basura,
a esta horrible infección,
estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza,
usted, mi ángel y mi pasión!

¡Sí! así será usted, oh, mi reina de las gracias,
luego de los últimos sacramentos,
cuando, bajo la hierba y las floraciones jugosas,
vaya a enmohecerse entre las osamentas.

¡Entonces, oh mi bella, dígales a los gusanos,
que la comerán a besos,
que yo he guardado la forma y la esencia divina
de mis amores descompuestos!

Charles Baudelaire (París, 1821-1867), Las flores del mal,1857, 1861
Versión: Mauli

Une charogne
Rappelez-vous l'objet que nous vîmes, mon âme,/Ce beau matin d'été si doux :Au détour d'un sentier une charogne infâme/Sur un lit semé de cailloux,//Les jambes en l'air, comme une femme lubrique,/Brûlante et suant les poisons,/Ouvrait d'une façon nonchalante et cynique/Son ventre plein d'exhalaisons.//Le soleil rayonnait sur cette pourriture,/Comme afin de la cuire à point,/Et de rendre au centuple à la grande nature//Tout ce qu'ensemble elle avait joint;//Et le ciel regardait la carcasse superbe/Comme une fleur 'épanouir./La puanteur était si forte, que sur l'herbe/Vous crûtes vous évanouir.//Les mouches bourdonnaient sur ce ventre putride,/D'où sortaient de noirs bataillons/De larves, qui coulaient comme un épais liquide/Le long de ces vivants haillons.//Tout cela descendait, montait comme une vague,/Ou s'élançait en pétillant;/On eût dit que le corps, enflé d'un souffle vague,/Vivait en se multipliant.//Et ce monde rendait une étrange musique,/Comme l'eau courante et le vent,/Ou le grain qu'un vanneur d'un mouvement rythmique/Agite et tourne dans son van.//Les formes s'effaçaient et n'étaient plus qu'un rêve,/Une ébauche lente à venir,/Sur la toile oubliée, et que l'artiste achève/Seulement par le souvenir.//Derrière les rochers une chienne inquiète/Nous regardait d'un oeil fâché,/Épiant le moment de reprendre au squelette/Le morceau qu'elle avait lâché.//Et pourtant vous serez semblable à cette ordure,/A cette horrible infection,/Étoile de mes yeux, soleil de ma nature,/Vous, mon ange et ma passion!//Oui ! telle vous serez, ô reine des grâces,/Après les derniers sacrements,/Quand vous irez, sous l'herbe et les floraisons grasses./Moisir parmi les ossements.//Alors, ô ma beauté ! dites à la vermine/Qui vous mangera de baisers,/Que j'ai gardé la forme et l'essence divine/De mes amours décomposés !

lunes, enero 07, 2008


Habría que poner "La carroña" de Baudelaire. No encuentro buena traducción, pero seguro la hay. Entonces, todo empezó con Baudelaire, "el padre de la poesía moderna" como decía R.González Tuñón. ¡Ah Baudelaire, Baudelaire! decía una señora.



Esta imagen no tiene intención publicitaria: es testimonio del amplio campo que cubre el t-shirt. Hay camiseta para todo.

domingo, enero 06, 2008

¿Tú eres la gran poietisa...?


La antología

¿tú eres
la gran poietisa
Susana Etcétera?
mucho gusto
me llamo Petrona Smith-Jones
soy profesora adjunta
de la Universidad de Poughkeepsie
que queda un poquipsi al sur de Vancouver
y estoy en la Argentina becada
por la Putifar Comissión
para hacer una antología
de escritoras en vías de desarrollo
desarrolladas y también menopáusicas
aunque es cosa sabida que sea como fuere
todas las que escribieron y escribirán en Argentina
ya pertenecen a la generación del 60
incluso las que están en guardería
e inclusísimamente las que están en geriátrico
pero lo que importa profundamente
de tu poesía y alrededores
es esa profesión –aaah ¿cómo se dice?–
profusión de íconos e índices
¿tú qué opinas del ícono?
¿lo usan todas las mujeres
o es también cosa del machismo?
porque tú sabes que en realidad
lo que a mí me interesa
es no sólo que escriban
sino que sean feministas
y si es posible alcohólicas
y si es posible anoréxicas
y si es posible violadas
y si es posible lesbianas
y si es posible muy muy desdichadas

es una antología democrática
pero por favor no me traigas

ni sanas ni independientes


Susana Thénon (Buenos Aires, 1935-1991), Ova Completa. Sudamericana, Buenos Aires, 1987

sábado, enero 05, 2008

Había pensado que debían incluirse en esta antología (ver penúltimo posteo) los poemas que siguen a continuación. Uno de ellos también es de Neruda, ligeramente "antipoético" también aquí, y con intención.


Tango del viudo

Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado
/de furia,
y habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre
y ya no podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos,
/mis comidas,
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún
quejándome del trópico de los coolíes corringhis,
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño
y de los espantosos ingleses que odio todavía.

Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez
tiro al suelo los pantalones y las camisas,
no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie
/en las paredes.
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.

Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde
el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables substancias divinas.

Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el corazón,
así también veo las muertes que están entre nosotros
/desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.

Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo.
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas.

Pablo Neruda, Residencia en la tierra. Santiago de Chile, Nascimento, 1933.


Total cero

2

Mientras escribo la palabra mientras
y los diarios anuncian el suicidio de Pablo de Rokha
vale decir el homicidio de Carlos Díaz Loyola
perpetrado por su propio hermano de leche
en Valladolid 106
-un balazo en la boca
con un Smith & Wesson calibre 44-,
mientras escribo la palabra mientras
aunque parezca un poquito grandilocuente
pienso muerto de rabia
así pasa la gloria del mundo
sin pena
sin gloria
sin mundo
sin un miserable sandiwich de mortadela.

Nicanor Parra (San Fabián de Alico, 1914). Obra gruesa, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1971



Ciclo

El molar solitario de una ninfa
muerta no identificada
tenía un arreglo de oro.
Los demás se habían marchado como a una cita furtiva.
El sirvecadáveres se lo arrancó a golpes
lo empeñó, y se fue p`al baile.
Total, dijo sólo el polvo ha de volver al polvo...

Gottfried Benn (Mansfeld, 1886-Berlín, 1956). De Morgue (publicado en 1912). Trad. Susana Romano halllada aquí
Bien, de acuerdo. Incluimos el antilírico aunque amable poema de Neruda al caldillo de congrio, como sugiere Mauli (ver comentarios al posteo anterior) y el abominable poema (?) de Arjona, sugerido por jorge (ver asimismo comentarios al posteo anterior). Me parece que escapan al registro lírico tradicional de modo intencional, militante (en el caso de Arjona no sé si intencional...). Y seguimos.
PD: ¿Cuál sería el nombre de la antología?

Oda al caldillo de congrio

En el mar
tormentoso
de Chile
vive el rosado congrio,
gigante anguila
de nevada carne.
Y en las ollas
chilenas,
en la costa,
nació el caldillo
grávido y suculento,
provechoso.
Lleven a la cocina
el congrio desollado,
su piel manchada cede
como un guante
y al descubierto queda
entonces
el racimo del mar,
el congrio tierno
reluce
ya desnudo,
preparado
para nuestro apetito.
Ahora
recoges
ajos,
acaricia primero
ese marfil
precioso,
huele
su fragancia iracunda,
entonces
deja el ajo picado
caer con la cebolla
y el tomate
hasta que la cebolla
tenga color de oro.
Mientras tanto
se cuecen
con el vapor
los regios
camarones marinos
y cuando ya llegaron
a su punto,
cuando cuajó el sabor
en una salsa
formada por el jugo
del océano
y por el agua clara
que desprendió la luz de la cebolla,
entonces
que entre el congrio
y se sumerja en gloria,
que en la olla
se aceite,
se contraiga y se impregne.
Ya sólo es necesario
dejar en el manjar
caer la crema
como una rosa espesa,
y al fuego
lentamente
entregar el tesoro
hasta que en el caldillo
se calienten
las esencias de Chile,
y a la mesa
lleguen recién casados
los sabores
del mar y de la tierra
para que en ese plato
tú conozcas el cielo.

Pablo Neruda (Parral, 1903-Santiago de Chile, 1973), Odas elementales. Losada, Buenos Aires, 1954


De vez en mes

De vez en mes te haces artista
dejando un cuadro impresionista
debajo del edredón

de vez en mes, con tu acuarela
pintas girones de ciruela
que van a dar hasta el colchón

de vez en mes un detergente
se roba el arte intermitente
de tu vientre y su creación

Es natural, cuando eres dama
que pintes rosas en la cama, una vez
de vez en mes...

Ricardo Arjona (Jocotenango,1964)

jueves, enero 03, 2008

Propone J. Fondebrider una antología de la poesía estrambótica, idea que le surge después de leer un poema de Gerardo Deniz, nacido en 1934 en Madrid y radicado desde 1942 en México. Dado el motivo del poema, que a continuación se verá, más bien me incliné por una antología de la poesía escatológica, pero eso es fácil y lo han hecho los neobarrocos con ingenua seriedad. La idea sería entonces poemas fuera del registro tradicional lírico, y que paródicamente lo desafíen o altaneramente pretendan provocarlo. Aquí va pues el poema de Deniz, seguido de otro de Baldomero Fernández Moreno, como ejemplos. Se aceptan todo tipo de sugerencias.


Fecal

A Doña Margarita Michelena


Tanta cosa como estudian, y nadie se interroga
por la mierda de los seres mitológicos.
¿Era ancha plasta la del Minotauro?
¿boñigo ovoide la de la Quimera?
¿Eran mixtas, acuosas, blancuzcas, como de ave
las deyecciones de la Hidra? ¿especialmente pestalocis
las de la Esfinge? ¿Fue estreñida Escila?
¿Qué aclarar, al respecto, de Tifón?
–si Nonno nos lo pinta melómano, entre otras cosas,
informa muy poco acerca de sus aguas mayores.

Fuentes, las eternas, los vasos, las inscripciones,
/la colección Teubener
y hay otras. Que perforar tarjetas. Paralelamente
convendría establecer el corpus de los coprolitos
encontrados en la cuencia mediterránea,
Asia Menor, el Euxino y aun Panticapea, por si acaso.
Ir, cada mañana, del manoseo respetuoso
al banco de datos, y viceversa.
Llevar un cedazo de Boas en la canana
y mientras no se vea claro, buscarle funciones inéditas
con entremeses, postres y otros materiales no procesados.

Diréis, congéneres, lo que a mi juicio ocurrió
(y si los resultados de las investigaciones
/computadorizadas discrepan,
peor para las investigaciones computadorizadas):
los excrementos de cada uno de aquellos
entes abonaron sendas parcelas del escribir clásico,
géneros nuevos brotaron en suelos feraces
diferencialmente, y así tuvimos tragedia y comedia,
épica y lírica, historia, elocuencia,
más la filosofía, cosecha inexhaurible.
Olfateando las clámides a distintos estilistas
–como esos conocedores que huelen los corchos del coñac–
podría conjeturarse, apostar.
–Ego, inquit, poeta sum...

Gerardo Deniz, Op. Cit. (1996)



Soneto a tus vísceras

Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus extremas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.

Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.

Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.

Baldomero Fernández Moreno (Buenos Aires, 1886-1950), Antología poética argentina, de Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Buenos Aires, 1953.