sábado, diciembre 30, 2006

Industrias culturales

Desde el aire

Los que llegan en avión
se sorprenden
por lo que ha crecido
año tras año la ciudad:
el cordón industrial,
el cordón policial,
el cordón umbilical,
la alquimia del verso.

Fabián Casas (Buenos Aires, 1965), Horla City, inédito

De Casas en este blog:
Hace algún tiempo

En tu barrio pasa algo

La Secretaría de Cultura de la Nación elaboró un mapa de industrias culturales. Tu barrio está lleno de pymes.



  • Industrialización cultural
  • Jarchas

    1
    (Salá-Solé)
    18 (Stern), 18 (Heger), XVIII (García Gómez) (*)

    tanto amare tanto amare
    habîb tanto amare
    enfermeron olios nidios
    e dolen tan male

    ¡Tanto amar, tanto amar,
    amigo, tanto amar!
    ¡Enfermaron unos ojos brillantes
    y duelen tan mal!


    2a,b
    (Salá-Solé)
    28a,b (Stern), 28a,b (Heger), VIIa,b (García Gómez)

    ben yâ sahhârâ
    alba quee stá kon bi-al-fogore
    k(u)and bene bide amore

    Ven, oh hechicero:
    un alba que está (o: tiene) con fogor
    cuando viene pide amor.


    5a
    (Salá-Solé)
    44a (Stern), 44a (Heger), XXXa (García Gómez)

    ya mam(m)a si no lesa al-ginna
    allora mor(r)ey
    traïde hamrî min al-hâgib
    'asà sanarey

    Oh madre, si no cesa la locura (de amor),
    enseguida moriré.
    Traed mi vino de (casa de) el hagib,
    acaso sanaré.


    9
    (Salá-Solé)
    52 (Heger), XXVI (García Gómez)

    qultu es
    yuhayyî bokel(l)a
    hulú mitl es(e)

    Dije: 'Cómo
    reanima a una boquita
    algo dulce como eso'.


    12
    (Salá-Solé)
    37 (Stern), 37 (Heger), XX (García Gómez)

    si si ben yâ sîdî
    k(u)ando benis vos y
    la bokella hamrâ
    sibarey ka-al-warsi

    Sí, sí, ven, oh señor mío,
    cuando (si) venís aquí,
    la boquita roja
    alimentaré (de besos) como la paloma rojiza.


    13
    (Salá-Solé)
    27 (Stern), 27 (Heger), VI (García Gómez)

    al-sa'amu mio hâli
    borqe hâlî qad bâri
    ke farey yâ ümmi
    fâniqî bad lebare

    La muerte es mi estado,
    porque mi estado (es) desesperado.
    ¿Qué haré, oh madre mía?
    El que me mima va a marcharse.


    15
    (Salá-Solé)
    32 (Stern), 32 (Heger), XIII (García Gómez)

    non kero yo ün hil(l)ello
    il(l)â al-samarello

    No quiero yo ningún halagador,
    más que el morenito.


    17
    (Salá-Solé)
    34 (Stern), 34 (Heger), XV (García Gómez)

    li-an(n)a lâ kâna fî bon asmadore
    fumâ
    al-wad(d)u sanará non mio morire
    yâ um(m)â

    Como que no existe (hay) en el buen amador
    boca,
    el amigo no curará mi morir,
    oh madre.


    18
    (Salá-Solé)
    50 (Stern), 50 (Heger), XXXIII (García Gómez)

    no se kedad ni me kered gaïre
    kilmâ
    non ayo kon seno esusto dormire
    ma(m)â

    No se queda ni me quiere decir
    palabra
    No dormiré con el seno abrasado,
    madre.


    20
    (Salá-Solé)
    13 (Stern), 13 (Heger), 13 (García Gómez)

    baido-me ad isbilyâ
    fî zayî tâgir
    qebrare al-gudures
    de aben muhâgir

    Me voy a Sevilla
    en traje de mercader
    (a) quebrar los muros
    de Ibn Muhâgir.

    _________________

    (*)
    Salá-Solé:
    J. M. Salá-Solé, Corpus de poesía mozárabe, Barcelona 1973
    Stern:
    S. M. Stern, Les chansons mozarabe, Palermo 1953/Oxford 1964
    Heger:
    K. Heger, Die bisher veröffentlichen Hargas, Tübingen 1960
    García Gómez:
    E. García Gómez, Las jarchas romances, Madrid 1965


  • bibliotheca Augustana
  • viernes, diciembre 29, 2006

    La rosa...

    La rosa es obsoleta


    La rosa es obsoleta,
    pero cada pétalo termina
    en filo, el doble facetado
    soporta las columnas
    estriadas del aire – El filo
    corta sin cortar
    no encuentra – nada – se renueva
    a sí mismo en metal o porcelana –

    ¿Dónde? Termina –

    Pero si termina
    es que empieza el principio
    así que engranar rosas
    se vuelve geometría –

    Más afiladas, nítidas, cortantes,
    pintadas en cerámica –
    adorna el plato roto
    una rosa vidriada

    El sentido transmuta en algún sitio
    a las rosas de cobre
    en rosas aceradas –

    La rosa transportaba el peso del amor
    pero el amor está al final – de las rosas

    Es al filo del pétalo
    donde el amor aguarda

    Pulida, trabajada para vencer
    la laboriosidad – frágil,
    cortada, húmeda, a medio erguir,
    fría, precisa, próxima

    A qué

    El lugar entre el filo
    del pétalo y el

    Desde el filo del pétalo una línea comienza
    que al ser de acero,
    infinitamente fina, infinitamente
    rígida penetra
    la Vía Láctea
    sin contacto – y se alza
    desde allí ­­– sin colgar
    ni hacer presión –

    Y la fragilidad de la flor
    intocada
    penetra el espacio

    William Carlos Williams
    versión de zaidenwerg


  • zaidenwerg
  • jueves, diciembre 28, 2006

    Lo digo porque es verano

    El último avance de la poesía en su terreno, en equilibrio e inteligencia, es Ashbery, y ya tiene 80 años.

    sábado, diciembre 23, 2006

    La naturaleza de un "error"

    Entonces, desde cierta perspectiva, el viaje de Orfeo al país de los muertos y su ruego inicialmente exitoso para que se libere a Eurídice del inframundo pueden representar la capacidad del arte -poesía, música, lenguaje- para vencer la muerte; y sin embargo, desde otro punto de vista, el que Orfeo vuelva fatalmente la mirada atrás de igual suerte habrá de representar "el fracaso del arte ante la realidad última de la muerte"; o bien, según la más drástica formulación de Charles Segal, la pérdida de Eurídice expresa "la intransigencia de la realidad frente a la plasticidad del lenguaje".

    Seamus Heaney, Al buen entendedor, Fondo de Cultura Económica, México, 2006.

    De lo que se comprueba: que en el mito -no solo en este- estaba encapsulada la tragedia; y que, en particular en el muy llevado y traído mito órfico se cuenta el triunfo del arte sobre todo poder extrahumano tanto como el fracaso del hombre.

    ***

    Es difícil sellar esta falla. Restituir el poder del canto cuesta unas cuantas operaciones, todas parcialmente exitosas.

    Por ejemplo, las de Esteban Ierado, quien describe así la cuestión: "Como yo que controla con éxito un territorio extraño y desconocido, Orfeo llega al centro del laberinto, a la morada de Hades, y allí sus poderes trepan hasta su cima: con su voz disipa el enojo de Hades, lo persuade, lo convence de generar una excepción, un hecho singular, que transgrede la ley, la ley que dice que ningún muerto puede regresar a la vida. Pero ahora, un alma del Hades, un ser del mundo de los muertos, podrá regresar a la tierra de los vivos. Pero la concesión excepcional que el hermano de Zeus le hace a Orfeo es condicional. La excepción a la ley general crea una ley particular. Una regla única para un evento singular. Orfeo podrá regresar al mundo de la superficie sólo si cumple una condición: no contemplar nuevamente a la bella Eurídice antes de que ésta se halle plenamente bañada por la luz del día."

    ¿En qué consiste el fracaso de Orfeo?

    En que: "La duda contamina a Orfeo. La ansiedad cruje en sus entrañas. El miedo, la inseguridad, tuerce su cuello. Y Orfeo mira hacia atrás. Eurídice desaparece. Nunca estuvo. Lo que se desvanece en realidad es la imaginaria historia del dominio del Orfeo humano sobre el mundo divino."

    En este acto, el impersonal Orfeo, el que era impersonal "mensajero del movimiento vibratorio y universal" ha asumido su condición de hombre.

    A salvo pues el poder órfico del canto. Enterrado el poder de Orfeo junto con su ego personal.

    Así, Occidente ha callado. Nunca más entró en conexión con el canto extrahumano, el designio sin símbolos de los dioses. Muerto el cantor, sobrevive el canto.

  • El silencio de Orfeo


  • ¿Por qué no pensar que la poesía se basa en el momento en que Orfeo quiere saber si Eurídice lo sigue o sólo va un fantasma tras de él? En que la regla única para la única excepción no puede ni debe ser aceptada. En que la plasticidad de Orfeo era su obra, no la de los dioses. Y en que Hades no hizo más que tenderle una celada y confundirnos para siempre.

    jueves, diciembre 21, 2006

    Garbeld y lo improbable

    En 1946, un ex oficial de inteligencia le dijo a Garbeld que sin duda en poco tiempo más los hombres estarían en condiciones de comunicarse a través de una vasta red conectada a dispositivos caseros. -Estamos precisamente hablando por teléfono -replicó Garbeld. -Esto es cierto. Pero le hablo de una red que permitirá trasmitir textos, imágenes, sonidos, diarios enteros, filmes, tarjetas de Navidad, y todo esto al instante. -¿Desde dónde se transmitirá todo eso? ¿Desde centrales del gobierno? -No, todos absolutamente podrán trasmitir lo que quieran a través de esta red -dijo el ex oficial de inteligencia. -Bien -dijo Garbeld-, como decía mi viejo amigo, el doctor Doyle, descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad. -Y es así. Usted incluso podrá escribirle esquelas instantáneas a sus amigos o a quien considere pertinente, de manera instantánea- agregó el ex oficial de inteligencia.- Eso es malo -dijo Garbeld. -Es un paso esencial en la correspondencia que las cartas demoren cierto tiempo en llegar a su destino. -No lo entiendo -dijo el otro. -Pues vea, en el trayecto, solas, a oscuras en sus sobres, las cartas reflexionan; a veces empeoran.-Es usted un lírico, Garbeld. -En lo absoluto. ¿Ha tenido oportunidad de volver a leer, después de un tiempo, una carta suya? -Bueno,tal oportunidad no es frecuente... pero sí, he leído una cartas a una querida que me las devolvió al romperse nuestra relación. -¿Qué impresión le causaron? -Debo admitir que algunas frases, parráfos enteros a veces, no los recordaba, y me parecieron muy buenos, casi le diría, demasiado buenos para ser míos. Otros, eran mucho mas cursis de lo que los recordaba. -Ha visto... -No, Garbeld, pero estas son jugarretas de la memoria. Usted quiere decirme sin duda que, a la manera en que los escritores dejan sus escritos "reposar" para percibir luego mejor sus errores o aciertos, así el que escribe una carta se sorprende de cosas que una atención insuficiente pasó por alto. El que ha reflexionado o tiene oportunidad de reflexionar es el escritor, no el escrito. -¿Puede indicarme usted la diferencia ente una cosa y otra? -preguntó Garbeld. -Lo que se ha inscripto sobre el papel no ha cambiado, cambió el pensamiento del autor, eso es obvio, Garbeld.-Usted ha sido espía y ha leído códigos cifrados que podían decir una u otra cosa; ahora me dice que imágenes, textos, sonidos, nos llegarán a través de un cable, y, sin embargo, no puede admitir que tal vez algo se mueva en un texto en la soledad de un cajón o de un sobre. Por lo demás, ¿cómo establecer si han cambiado las ideas del autor o las letras han encontrado su lugar a solas? ¿Y qué caso tiene negar que unas puedan mutar y otras no? Como decía mi viejo amigo, el doctor Doyle... El espía cortó bruscamente la comunicación.

    Gustav Who, Papeles borroneados de Garbeld, Tijuana, 1953

    domingo, diciembre 17, 2006

    Letras argentinas

  • Bien por DF
  • cuando diferencia genio de freak y cuestiona --le costará un precio-- a la Administración Puig & Duchamp. Es un golpe a dos puntas: por un lado, al pensamiento entero del talento (en el sentido etimológico de peso específico) y del genio artístico (en el sentido tradicional de don), desacreditados más por la academia que por el vulgo; por otro lado, a la trama del discurso local: aquí se construye mucho con muy poco. El ensayo literario argentino da la impresión a veces de esas prefabricadas Tarzán que en las fotos parecían pequeñas residencias californianas.

    viernes, diciembre 15, 2006

    El malestar de Poe

    Un movimiento expansivo afecta también a las partículas de la época de Poe. Mientras que las multitudes avanzan sobre las ciudades modernas, al compás de los valores heredados de la Revolución, los conocimientos científicos y la incipiente nación del norte fijan en el infinito los límites de sus respectivos dominios. Pero bien lo dijo Baudelaire, ni el siglo XIX ni EEUU constituían el ambiente más propicio para las "almas enamoradas del fuego eterno" como Poe. En su vagabundeo errático de exiliado del mundo Poe se desplazó sobre un suelo hostil...
    Zenda Liendivit


  • La máquina del tiempo




  • N.de R.: Cuando Poe murió, faltaban 14 años para la Guerra de Secesión. De forma que la "incipiente nación del norte" no había fijado aún sus limites internos. La presunción de que Poe vivió en los "incipientes" Estados Unidos como en una cárcel es un lugar común debido precisamente a Baudelaire. Baudelaire consideraba a los Estados Unidos como una nación bárbara, no como una que había fijado en el infinito el límite de sus dominios. Baudelaire confundió el ingenuo desprecio sureño de Poe por la masa, a la que cantaría Whitman, con desprecio por el mundo burgués. Si Poe se movía en los Estados Unidos como en una cárcel se debe a que no era el pionero burgués que conquistaría el Oeste ni el plantador de tabaco cuya industria esclavista se encontraba ya amenazada. Poe estaba incómodo porque la burguesía de la Costa Este aún no había creado el mundo de alta cultura del que gozaba Baudelaire, y que Baudelaire despreciaba. Armando Bazán (Poe, Miscelánea, Editorial Claridad) ofrece una mirada más equilibrada sobre este punto: "Es verdad que 'los Estados Unidos no fueron para Poe sino una inmensa prisión la cual recorría con el frenesí de un hombre nacido para respirar en un mundo más anormal' (esta y las siguientes citas son de Baudelaire), pero no es enteramente cierto que 'su vida interior, espiritual, de poeta, y aun de borracho' solo haya sido 'un esfuerzo perpetuo para escapar de la influencia de aquella atmósfera antipática' (...) Después de todo, el medio ambiente de los Estados Unidos no es del todo hostil para los escritores. Y lo prueba el hecho de que se promueven concursos literarios con premios pecuniarios de cierta importancia. Y otro hecho, aun más importante: el hecho de que en esos concursos suelen triunfar los valores auténticos. Tal fue el caso del concurso literario de Baltimore, en el que Poe obtuvo el primer premio con su poema El Coliseo y con el primero de sus cuentos, 'El manuscrito encontrado en una botella'. Ese triunfo le depara una fama que irá en aumento y le abre la puerta a una arena de lucha en la que caerá definitivamente después de dieciséis años de gloriosa agonía".

    jueves, diciembre 14, 2006

    Seguimos con Pavese

    Percibir o intuir aquello que hay de necesario en lo fortuito o en lo casual. La razón quizá indiscernible a la que esa presencia casual responde. ¿No sería eso la experiencia poética (al menos unos cuantos, durante un tiempo, sostuvimos una creencia que iba en esa dirección, inspirada seguramente, y a menudo sin saberlo, en la idea de “correspondencias” de Baudelaire) o uno de los modos en que eso que llamábamos "experiencia poética" puede darse? ¿No sería esa intuición, esa “presencia” irresoluble de una necesariedad o una razón en lo fortuito lo que hace que nos detengamos especialmente, como ante un misterio, en ciertas imágenes o ciertos encuentros de palabras (no sólo en poemas, también en el cine de Tarkovski o en el de Kitano, o en los modos en que suspende o introduce notas Monk)? ¿Y tendrá algo que ver eso con la extrañeza pavesiana que hace emerger lo desconocido en lo conocido o muy conocido? A primera vista son lo opuesto, pero quién sabe si no se trata de dos ángulos desde donde ver lo mismo, dos extremos de un arco. La poesía, al fin y al cabo, es una supervivencia de ese modo integral de relación con el prójimo y el cosmos que en los antiguos se daba a traves del mito. Bueno, convengamos que la poesía no: alguna poesía. Ni siquiera la mejor poesía, necesariamente: la que más me importa.


  • Freidemberg
  • domingo, diciembre 10, 2006

    Mi primo habló esta tarde...

    Los mares del Sur

    Caminamos una tarde sobre la ladera de una colina,
    en silencio. En la sombra del tardo crepúsculo
    mi primo es un gigante vestido de blanco,
    que se mueve despacio, el rostro bronceado,
    taciturno. Callar es nuestra virtud.
    Algún antepasado nuestro debe de haber estado muy solo,
    un gran hombre entre idiotas o un pobre loco,
    para enseñar a los suyos tanto silencio.

    Mi primo habló esta tarde. Me pidió
    que subiera con él: desde la cumbre se divisa
    en las noches serenas el reflejo del faro,
    lejano, de Turín. "Tú que vives en Turín
    -me dijo-... pero tienes razón, la vida hay que vivirla
    lejos de la tierra: se progresa y se goza;
    luego, cuando se regresa, como yo, a los cuarenta,
    se encuentra todo nuevo. Las Langas no se pierden".
    Todo esto me dijo y no habla italiano
    sino el lento dialecto que, como estas mismas piedras,
    es tan áspero que veinte años de idiomas y de océanos diversos
    no consiguieron pulirlo. Y camina por la cuesta
    con la mirada hacia adentro que yo vi, de chico,
    llevar a los campesinos un poco cansados.

    Veinte años ha estado viajando por el mundo,
    Se fue cuando yo era un nene en brazos de mujeres
    y lo dieron por muerto. Sentí después hablar de él
    a las mujeres, a veces, como en una fábula,
    pero los hombres, más graves, lo olvidaron.
    Un invierno, a mi padre, ya muerto, le llegó una postal
    con una gran estampilla verdosa de naves en un puerto
    y augurios de buena vendimia. Fue un gran estupor,
    pero el muchacho, crecido, explicó ávidamente
    que el billete venía de una isla llamada Tasmania
    circundada de un mar muy azul, plagado de escualos,
    en el Pacífico, al sur de la Australia, y añadió
    que seguro el primo pescaba perlas. Y guardó la estampilla.
    Todos dieron su opinión, pero todos concluyeron
    que si no había muerto, moriría.

    Desde que jugué a los piratas malayos, ¡cuánto tiempo ha pasado!,
    y desde la última vez que bajé a bañarme a un sitio peligroso
    y he seguido a un compañero de juegos sobre un árbol
    quebrando hermosas ramas y le rompí la cabeza a un rival
    y también me la dieron, cuánta vida transcurrió.
    Otros días, otros juegos, otros golpes de sangre
    delante de rivales más evasivos: los pensamientos y lo sueños.
    La ciudad me ha enseñado infinitas pavuras,
    una muchedumbre, una calle, me han hecho temblar;
    un pensamiento, tal vez, espiado sobre un rostro.
    Todavía siento en los ojos esa luz burlona
    de millares de faroles sobre el estruendo de pasos.

    Mi primo regresó al final de la guerra,
    gigantesco como pocos. Y tenía dinero.
    La parentela decía por lo bajo: "En un año, por decir mucho,
    se lo comió todo y vuelve a vagar.
    Así terminan los desesperados".
    Mi primo tiene una cara rotunda.
    Compró un lote en el pueblo y se hizo construir
    un garaje de cemento que en el frente tenía
    un surtidor flamante de nafta
    y sobre la curva del puente,
    bien grande, un cartel metálico.
    Después puso un mecánico adentro a cobrar el dinero
    y él se dedico a recorrer Las Langas, fumando.
    Se había casado. Tomó una chica rubia y flaca
    como las extranjeras que seguramente conoció en el mundo.
    Pero sale todavía solo, vestido de blanco,
    con las manos atrás y el rostro bronceado;
    por la mañana recorría las ferias, con aire cazurro,
    negociando caballos. Después me explicó,
    cuando fracasó el proyecto, que su plan
    era quitarle al valle todas las bestias
    y obligar a la gente a comprarle motores.
    "Pero la bestia más grande de todas", decía,
    "fui yo al pensarlo. Debía saber
    que bueyes y personas son aquí la misma raza."

    Caminamos más de media hora. La cima está cerca.
    aumenta alrededor el susurro y el silbido del viento.
    Mi primo se para de golpe y se da vuelta: "Este año
    escribo en el cartel: Santo Stefano es siempre
    el primero en los festejos del valle de Belbo.
    Y que chillen los de Canelli". Después, sigue la subida.
    Un perfume de tierra y viento nos envuelve en lo oscuro.
    algunas luces en la distancia, casitas, automóviles
    que se sienten apenas. Y yo pienso en la fuerza
    que me ha dado a este hombre, rescatándolo del mar,
    de las tierras lejanas, del silencio que dura.
    Mi primo no habla de los viajes que hizo; dice, seco,
    que ha estado en este lugar, aquel otro,
    y piensa en los motores.

    Sólo un sueño le ha quedado en la sangre.
    Cruzó una vez, viajando como maquinista
    de un ballenero holandés, el cetáceo,
    y ha visto volar los pesados arpones en el sol,
    vio huir las ballenas entre espumarajos de sangre
    y la persecusión, y las colas alzadas y la lucha en la lanza.
    Me lo recuerda a veces.

    Pero cuando le digo que es de los elegidos que vieron la aurora
    sobre las islas más bellas de la tierra,
    sonríe al recordarlo y responde que el sol
    se levantaba cuando el día era viejo para ellos.

    Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), Lavorare stanca, 1936, 1943
    Versión: J. Aulicino

    I mari del sud
    Camminiamo una sera sul fianco di un colle, / in silenzio. Nell'ombra del tardo crepuscolo / mio cugino è un gigante vestito di bianco,/ che si muove pacato, abbronzato nel volto,/ taciturno. Tacere è la nostra virtù./ Qualche nostro antenato dev'essere stato ben solo / un grand'uomo tra idioti o un povero folle / per insegnare ai suoi tanto silenzio. // Mio cugino ha parlato stasera. Mi ha chiesto / se salivo con lui: dalla vetta si scorge / nelle notti serene il riflesso del faro / lontano, di Torino. "Tu che abiti a Torino" / mi ha detto "ma hai ragione. / La vita va vissuta / lontano dal paese: si profitta e si gode / e poi, quando si torna, come me a quarant'anni, / si trova tutto nuovo. Le Langhe non si perdono". / Tutto questo mi ha detto e non parla italiano,/ ma adopera lento il dialetto, che, come le pietre / di questo stesso colle, è scabro tanto / che vent'anni di idiomi e di oceani diversi / non gliel'hanno scalfito. E cammina per l'erta / con lo sguardo raccolto che ho visto, bambino, / usare ai contadini un poco stanchi. // Vent'anni è stato in giro per il mondo. / Se n'andò ch'io ero ancora un bambino portato da donne / e lo dissero morto. Sentii poi parlarne / da donne, come in favola, talvolta;/ ma gli uomini, giù gravi, lo scordarono. / Un inverno a mio padre già morto arrivò un cartoncino / con un gran francobollo verdastro di navi in un porto / e augurî di buona vendemmia. Fu un grande stupore,/ ma il bambino cresciuto spiegò avidamente / che il biglietto veniva da un'isola detta Tasmania / circondata da un mare più azzurro, feroce di squali,/ nel Pacifico, a sud dell'Australia. E aggiunse che certo / il cugino pescava le perle. E staccò il francobollo./ Tutti diedero un loro parere, ma tutti conclusero / che, se non era morto, morirebbe./ Poi scordarono tutti e passò molto tempo. // Oh da quando ho giocato ai pirati malesi,/ quanto tempo è trascorso. E dall'ultima volta / che son sceso a bagnarmi in un punto mortale / e ho inseguito un compagno di giochi su un albero / spaccandone i bei rami e ho rotta la testa / a un rivale e son stato picchiato, / quanta vita è trascorsa. Altri giorni, altri giochi, / altri squassi del sangue dinanzi a rivali / più elusivi: i pensieri ed i sogni. / La città mi ha insegnato infinite paure: / una folla, una strada mi han fatto tremare, / un pensiero talvolta, spiato su un viso. /Sento ancora negli occhi la luce beffarda / dai lampioni a migliaia sul gran scalpiccio. // Mio cugino è tornato, finita la guerra, / gigantesco, tra i pochi. E aveva denaro. / I parenti dicevano piano: "Fra un anno, a dir molto, / se li è mangiati tutti e torna in giro. / I disperati muoiono così". / Mio cugino ha una faccia recisa. / Comprò un pianterreno / nel paese e ci fece riuscire un garage di cemento / con dinanzi fiammante la pila per dar la benzina / e sul ponte ben grossa alla curva una targa-réclame. / Poi ci mise un meccanico dentro a ricevere i soldi / e lui girò tutte le Langhe fumando. / S'era intanto sposato, in paese. Pigliò una ragazza / esile e bionda come le straniere / che aveva certo un giorno incontrato nel mondo. // Ma uscì ancora da solo. Vestito di bianco, / con le mani alla schiena e il volto abbronzato,/ al mattino batteva le fiere e con aria sorniona / contattava i cavalli. Spiegò poi a me, / quando fallì il disegno, che il suo piano / era stato di togliere tutte le bestie alla valle / e obbligare la gente a comprargli i motori. / "Ma la bestia" diceva "più grossa di tutte, / sono stato io a pensarlo. Dovevo sapere / che qui buoi e persone son tutta una razza". // Camminiamo da più di mezz'ora. La vetta è vicina, / sempre aumenta d'intorno il frusciare e il fischiare del vento. / Mio cugino si ferma d'un tratto e si volge: "Quest'anno / scrivo sul manifesto: 'Santo Stefano / è sempre stato il primo nelle feste / della valle del Belbo' e che la dicano / quei di Canelli". Poi riprende l'erta. / Un profumo di terra e vento ci avvolge nel buio, / qualche lume in distanza: cascine, automobili / che si sentono appena; e io penso alla forza / che mi ha reso quest'uomo, / trappandolo al mare, / alle terre lontane, al silenzio che dura. / Mio cugino non parla dei viaggi compiuti. / Dice asciutto che è stato in quel lungo e in quell'altro / e pensa ai suoi motori. // Solo un sogno / gli è rimasto nel sangue: ha incrociato una volta, / da fuochista su un legno olandese da pesca, il cetaceo, / e ha veduto volare i ramponi pesanti nel sole,/ ha veduto fuggire balene tra schiume di sangue / e inseguirle e innalzarsi le code e lottare alla lancia. / Me ne accenna talvolta. / Ma quando gli dico / ch'egli è tra i fortunati che han visto l'aurora / sulle isole più belle della terra, / al ricordo sorride e risponde che il sole / si levava che il giorno era vecchio per loro.





  • Pavese y el objetivismo local
  • jueves, diciembre 07, 2006

    Después nos quejamos de cómo Pigna escribe la historia

    "(Fabián) Casas, compañero pretérito de (Martín) Gambarotta, (Alejandro) Rubio y Washington Cucurto en la extinta revista 18 Whiskys ..."



  • Paralelo Sur, Revista de Literatura
  • La perla de la casa

    Por qué nunca viene...

    un Don Nadie a llevarse la perla de la casa,
    y a falta de un verdadero espíritu malvado que apedree las ventanas
    o pisotee las flores del jardín,
    mi mundo es revisitado a diario
    por quien está de turno y me toca en suerte:
    un demonio al que llaman "mal menor",
    porta la nariz roja de los seres castigados por la justicia poética,
    su apodo lo avergüenza, y cuando desciende al averno
    sus compañeros de cuadrilla se burlan de él.
    Nuevamente cabe preguntarme por qué nunca viene un Don Nadie
    a llevarse la perla de la casa,
    y solo es recurrente un gato
    trayéndome un ratón muerto a la memoria
    y ésta lo rechaza como quien repite:
    "No quiero animales en mi casa".

    Ainbinder, Mi descubridor, Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2006 (en todos los quioscos)

    Formación hospitalaria

    Sangre arterial

    El médico virgen
    intenta extraer sangre arterial,
    presiona su proyección
    fálica y aguda
    contra el vaso elástico.

    Falla.

    Ignora
    el par de ojos mirones,
    el silencio obligado de la cuadripléjica,
    y sigue
    con su mete saca de aguja
    practicando en el antebrazo
    tatuado de gigantes rojas.

    Marina Serrano (Quequén, 1973), Formación hospitalaria, Sigamos Enamoradas, Buenos Aires, 2006

    Nota: No conozco demasiados poemas dedicados a la clínica hospitalaria. Sólo alusiones a hospitales, en Vallejo, en Carriego, en Viel Temperley. Morgue, de Gottfried Benn, es más bien posclínico. Un libro que causó legítimo espanto. A esta estirpe parece integrarse Formación hospitalaria.

    miércoles, diciembre 06, 2006

    Nota bene

    Los términos fascismo blanco no aluden a los médicos ni a las políticas sanitarias. Sintetizan a mi juicio una serie de restricciones de tipo fascista pero que deja felices a los portadores de un sentimiento de justicia, liberación, convivencia y bondad intrínseca.

    Escohotado y el fascismo blanco

    LOS FUMADORES, ENTRE EL ATRACO Y LA ESTAFA
    por Antonio Escohotado

    Que las leyes prohíban, o impongan, actos por nuestro propio bien dejó de ser legítimo ya en 1789


    Existe la tentación de convertir los estados de Derecho en estados terapéuticos, legisladores sobre el dolor y el placer, donde lo que antes se imponía por teológicamente puro pueda ahora imponerse por médicamente recomendable


    Pensaba dejar los cigarrillos el próximo febrero, dando por suficientes 40 y muchos años de gran fumador, pero el recrudecimiento de la cruzada antitabaco justifica un ejercicio de solidaridad con quienes siguen fumando, y aspiran a ser respetados.
    En efecto, los reglamentos no mandan que las tiendas de alpinismo estampen en sus artículos esquelas sobre peligros de la escalada; ni imponen a la manteca y la mantequilla esquelas parejas sobre los riesgos del colesterol. Ni siquiera los concesionarios de motos y coches deportivos deben incorporar algo análogo sobre accidentes de tráfico. Vendedores y bebedores de alcohol, quizá por respeto al vino de la misa, no son molestados. Quienes usan compulsivamente pastillas de botica resultan pacientes decorosos, y quienes toman drogas ilícitas son inocentes víctimas, redimibles con tratamiento. El tabacómano y el simple usuario ocasional de tabaco, en cambio, son una especie de leprosos desobedientes, que pueden curarse con sanciones y publicidad truculenta.
    Es indiscutible que el humo molesta, y que debe haber amplias zonas para no fumadores. Sólo se discute qué tamaño tendrán en cada sitio (edificios, barcos, aviones) las zonas para fumadores. Cuando algo que usa un tercio de la población recibe una centésima o milésima parte del espacio -o simplemente ninguna- oprimimos a gran número de adultos, capacitados todos ellos para exigir que las leyes no reincidan en defenderles de sí mismos. Que las leyes prohíban, o impongan, actos por nuestro propio bien dejó de ser legítimo ya en 1789, al reconocerse los Derechos del Hombre y del Ciudadano, gracias a lo cual en vez de súbditos-párvulos empezamos a ser tratados como mayores de edad autónomos. Y es llamativo que en un momento tan sensible al respeto por muy distintas minorías cunda un desprecio tan olímpico hacia la única minoría que se acerca a una mayoría del censo. Sólo se entiende, de hecho, considerando la tentación de convertir los estados de Derecho en estados terapéuticos, legisladores sobre el dolor y el placer, donde lo que antes se imponía por teológicamente puro pueda ahora imponerse por médicamente recomendable.
    Con todo, la sustancia del atropello no cambia al sustituir sotanas negras por batas blancas. Si atendemos al asunto concreto, vemos enseguida que la fanfarria terapeutista disimula y deforma sus términos. En primer lugar, la nicotina estimula, seda y previene algunas enfermedades; los agentes propiamente nocivos son alquitranes derivados de asimilarla por combustión. El gendarme terapéutico ¿se ocupa acaso de promover alternativas al alquitrán? Las primeras patentes de cajetillas con una pila que calienta el tabaco a unos cien grados, hasta liberar la nicotina sin producir alquitranes, tienen más de 20 años. Esos revolucionarios inventos para inhalar selectivamente han ido siendo comprados por las grandes tabaqueras, como es lógico; pero que Philip Morris o Winston se arriesguen a poner en marcha tanto cambio pide un cambio paralelo en la actitud oficial, hoy por hoy anclada al simplismo de satanizar la nicotina.
    En segundo lugar, las incoherencias del terapeutismo coactivo brillan en el hecho de que sus desvelos por la salud del fumador no incluyen informar sobre o intervenir en qué fumamos, cuando el tabaco ronda una quinta parte del contenido de cada pitillo. El resto, llamado sopa, es una receta confidencial del fabricante, cuya discrecionalidad le permite novedades como añadir tenues filamentos de fósforo al papel, para que queme más deprisa. En tercer lugar, a este generalizado trágala se añaden promesas de doblar el ya exorbitante precio de las cajetillas, como si sumir en ruina al tabacómano le resultara salutífero.
    Así, los deleites unidos a fumar -que son básicamente energía y paz de espíritu-, y los inconvenientes de dejar esa costumbre -que son desasosiego, y resucitar la codicia oral del lactante- pretenden solventarse con un cuadro de castigos: no saber qué fumamos, no tener alternativas a una inhalación de ilimitados alquitranes, padecer atracos al bolsillo, sufrir discriminación social, o comulgar con falsedades (como que estaremos a salvo de cáncer pulmonar, bronquitis, arteriosclerosis e infartos evitando el tabaco). Curiosamente, el cruzado farmacológico norteamericano, que está en el origen de esta iniciativa, se niega por sistema a reducir sus emisiones de gases tóxicos firmando Kioto, sin duda porque tragar humo de modo involuntario y no selectivo es tan admisible como inadmisible resulta tragarlo de modo voluntario y selectivo.
    Ante tal suma de iniquidades, un grupo tan nutrido como el tabaquista debe reclamar los mismos derechos que cualquier minoría, empezando por regular él mismo sus propios asuntos. Actos de pacífica desobediencia civil en cada país, como encender todos los días varios millones de cigarrillos a cierta hora, parecen sencillos de organizar, y prometen tanta fiesta para los rebeldes como impotente consternación en el gendarme higienista.
    Moliére lo comenta ya en L'amour médecin: «el tabaco es droga de gente honrada, como el café». Reconozcamos también que en tiempos de Moliére no se había descubierto el cigarrillo, ni Hollywood había promocionado tan abrumadoramente su empleo. Doy por evidente que los ceniceros sucios despiden un olor asqueroso, que el tabacómano es una especie de manco, y que fumar muchos cigarrillos genera a la larga efectos secundarios funestos. No por ello resulta más arriesgado que conducir deprisa. Ni es más insensato que ignorar el cultivo del conocimiento, la práctica de la generosidad o prepararse cada uno para su venidera muerte. Lo arriesgado es que la ley saque los pies del tiesto, lanzándose a proteger a los ciudadanos de sí mismos, como si la sociedad civil pudiera administrarse a la manera de un parvulario.
    Cuando nos atracan entregamos el botín a disgusto, conscientes de padecer una agresión. Cuando nos estafan lo damos a gusto, imaginando hacer un buen negocio. Pero es estafa, y no buen negocio, cargar con planes eugenésico-paternalistas que siempre aúnan despotismo con frivolidad. Dejar de fumar sólo cuesta tanto porque sus efectos primarios -anímicos y coreográficos- generan un placer sutil. Sin duda, haremos bien dejando de fumar compulsivamente, mientras eso no nos amargue el carácter y desemboque en efectos secundarios como obesidad, inquietud o sustitutos químicos para la sedación-estimulación que obteníamos encadenando cigarrillos. Como dijo Epicteto, "nada hay bueno ni malo salvo la voluntad humana", y si lo olvidamos todo el horizonte se torna banal, no menos que proclive a confundir opresión con protección, estafa con benevolencia.

  • escohotado.com
  • Crisis de las élites

    Lo característico de las élites es su consustanciación con las estructuras políticas, económicas o ideológicas, y su control de ellas. En la sociedad burguesa, vastos sectores de clases medias se asocian a las élites, y careciendo de control sobre las estructuras, apoyan mediante el consenso a los que sí las controlan. Ambos son grupos responsables y que se sienten responsables, pues una estructura se defiende por las élites y por los sectores que le prestan consentimiento. Esto es lo que dejó de ocurrir en ese momento de disconformismo y de allí la crisis fundamental de la mentalidad burguesa. Domina a las élites un sentimiento de escepticismo y una actitud hedonista que recuerda el carpe diem de Horacio, casi siempre acompañado por una actitud cínica respecto del sistema de valores morales que organizan a la comunidad y que, unido a todos los demás sistemas de relaciones, constituyen la estructura. De allí que la primera posguerra significara una crisis fundamental, pues aunque las élites no se enfrentaron con la estructura, combatiéndola, como ocurrió luego de la Segunda Guerra de una manera radical, le hicieron el mismo daño retirándole su consenso. Las estructuras se manifestaron indefensas, porque sus defensores naturales abandonaron su defensa. Esta fue la actitud típica de las élites, que no fue la de las masas enfervorizadas por seguir a Mussolini. Las elites legítimas son las que, a juicio de una sociedad, gozan de privilegios para cumplir mejor sus deberes. En el momento en que abandonan sus deberes y se quedan nada más que con sus privilegios, las masas le retiran su consenso y se desencadena la crisis. Esto es lo que ocurrió en la posguerra, en ese proceso en que las élites, escépticas y cínicas, transformaron las garantías que rodeaban sus deberes de élite en simples privilegios personales y automáticamente se transformaron en ilegítimas.

    (...)

    Si esta sociedad diluye las élites tradicionales, forma simultáneamente nuevas élites, que no son campos sociales definidos sino ondas cortadas a lo largo de toda la sociedad. Son élites funcionales, que no se fijan sino que se encuentran en estado de permanente movilidad, y que generan un tipo de marginalidad estrictamente funcional...


    José Luis Romero, Estudio de la mentalidad burguesa, 1987

    viernes, diciembre 01, 2006

    Robbie y Blas Pascal

    ...Solo miren el pasado de esa imagen tan promocionada de bad-boy de Robbie y encontrarán un unico y refrescante retrato, alguien que está enormemente perdido en un mundo cada vez más inclinado a la verdad del blanco o negro. Williams es un filósofo moderno.

    Sus ideas pueden engancharse con melodías pegadizas y los lyrics pueden ser menos eruditos que Platon o Kant, pero la honestidad y el intento son reales, lo que lo hace accesible. Tomen por ejemplo estas líneas de Come Undone: ”I’m contemplating thinking about thinking/ It’s overrated, just get another drink and/watch me come undone".

    El pensador francés del siglo XVII Blaise Pascal probablemente estaría orgulloso de esos sentimientos, habiendo llegado él mismo a la confusa conclusion de que la mente es una facultad engañosa, que fue hecha para conducirnos al inevitable error. Williams parece creer que nuestra mente racional es inadecuada cuando nos guía hacia el lugar correcto. Pascal creía que estamos guiados por el corazón, nada que la razón ignore sobre cómo son las elecciones vitales de la vida, cómo se conjugan y cómo están enlazadas...

    Mark Christensen
    Sydney Morning Herald

  • Si escuchan con cuidado, hasta los pop stars cantan la tristeza